jueves, 8 de enero de 2026

ELEGÍA NAVAL PARA UN MARINO VENEZOLANO: ALMIRANTE CARLOS GIACOPINI, PENSADOR NAVAL Y REPUBLICANO

 


Si bien Carlos Giacopini y yo somos compañeros de promoción la relación personal se forjó en las fragatas de la clase “Mariscal Sucre” poco después de que la fragata “General Soublette” regresase de Italia. La relación orbitó en el campo profesional como tripulantes tanto en la escuadra como en guardacostas participando en ejercicios y operaciones navales, y como profesores de geopolítica y estrategia, en el campo de la historia naval, militar y venezolana, y en el campo familiar, él es el padrino de mi hija Isabella. Este devenir me permite recordar su memoria en el campo de la táctica, la estrategia, la política y la teología en un experimento de elegía naval.

En el campo de la táctica quiero recordar dos momentos relacionados con la táctica naval y la táctica militar.

Desde la perspectiva de la táctica naval dos fueron las conversaciones más recordadas que incluso he utilizado en seminarios y conferencias a bordo de la fragata “General Soublette” y de la Guardacosta “General Moran”: la primera anécdota, estuvo relacionada con el papel de la intuición y la razón en la campaña de Guadalcanal a propósito de la mentalidad del estadounidense y del venezolano a través de dos oficiales: William Mussberger y Arleigh Burke. El primero tuvo una acción destacada al intuir la forma de acción del enemigo previo al combate logrando impedir la destrucción del aeropuerto de Guadalcanal en la 3ª batalla de la isla de Savo improvisando contramedidas de defensa, el segundo logro desarrollar la doctrina de operación de destructores. Siempre tratamos de imaginarnos cómo debieron haber sido esas noches sin luna en que se realizaron esos duelos de torpedos y cañones. Vale decir que para nosotros más importante fue el primero por nuestra cultura, para los estadounidenses el segundo. Ambos oficiales tuvieron carreras brillantes. Un día me contó que fue ayudante del comandante de una fuerza de tarea japonesa que visitó la Guaira en la década de los ochenta. El comandante era de apellido Yamamoto… no era familia del celebre almirante japones, pero como los oficiales vieron que estaba muy interesado en la historia naval le presentaron a un nieto del almirante Raizo Tanaka.

La segunda anécdota fue a propósito de dos libros que consiguió el CN Emilio de Rogatis uno de los artífices de esta reunión: el primero llamado "entre minas y torpedos" un libro que nos permitió hablar mucho acerca de las impresionantes operaciones Navales de escolta de la Regia Marina Militare Italiana y de la participación del recordado profesor Luciano Furlan como segundo comandante de submarinos especialmente en las operaciones contra el convoy inglés “Pedestal” en agosto de 1942, así como de las acciones de la X flotilla MAS en el mar Mediterráneo y el mar Negro entre 1941 y 1943. El protagonista del libro era un guardiamarina que estaba haciendo pasantías en plena guerra. A Carlos le impresionó porque él así como Iriza Contreras y otros venezolanos que estudiaron en Livorno les tocó lo propio. El segundo libro fue el diario de operaciones del príncipe negro de la X flotilla MAS extraído de los archivos históricos italianos que me hace recordar en este momento el plan de desarrollo de la marina de guerra venezolana antes de la Segunda Guerra Mundial.

En el plano de la táctica militar además de las conversaciones que tuvimos de las guerras napoleónicas y las guerras mundiales del siglo XX en el octubre del año 1993, en un atribulado momento de la historia venezolana contemporánea tuvimos, en Puerto Cabello, la visita del presidente de Venezuela Ramón J. Velázquez y ante la soledad que lo embargaba por los avatares de la misma política Carlos y yo nos acercamos a él y hablamos acerca de momentos históricos en la obra La caída del liberalismo amarillo. Para Giacopini, además del tema del bloqueo naval del que pudimos hablar con detalles, esa obra le traía recuerdos familiares: la batalla de la Victoria y la carga final a la bayoneta de los restauradores entre quienes se encontraba su tío Francisco Linares. Ese fue un momento especial que rememoró otra vez a la partida de su padre un poco más de una década después. Enfrentar lo inexorable da una paz espiritual.

En el plano estratégico debo recordar cuatro momentos donde compartimos conocimientos: el primero en las cátedras de geopolítica y estrategia en la Escuela Superior de Guerra Naval y en el Centro de Estudios Militares Avanzados. En ambos, a través de una lectura exegética de la historia, desde una perspectiva hermenéutica, quisimos introducir nuevos ángulos de análisis en dichos campos. Aquí de alguna u otra manera pusimos en práctica un proyecto de prospectiva estratégica que, junto con Alberto Monagas, denominamos Verba Omnia Significat (VOS) y no pudimos concretar. Carlos también introdujo los Principios Matemáticos-históricos y la Evolución de la Libertad del coronel Víctor Fernández Bolívar para ayudar a pensar en términos prospectivos.

En el segundo momento no compartimos conocimientos, pero operamos bajo la misma lógica histórica: por una parte, ambos luchamos para evitar la minimización de la armada en la construcción del comando estratégico operacional. La resultante fue el desarrollo de la región estratégica de defensa integral marítima que pudo concretar Giacopini a pesar de las limitaciones de medios. El logos para él que justificó la ubicación en Margarita de dicho comando fue la equidistancia en términos marítimos y la autonomía funcional de la propia institución considerando la experiencia histórico-política venezolana de la que él estaba muy bien versado. Por la otra, tuvo una destacada participación en la elaboración del concepto estratégico militar del año 2004 que se caracterizó por tratar de mantener la conducta estratégica venezolana que se había mantenido a todo lo largo del siglo XX sobre todo en lo concerniente a la defensa del espacio geográfico. La tercera fue la elaboración e instrumentación, junto con otras competentes personas, de la directiva estratégica del Instituto Nacional de los Espacios Acuáticos. Esta fue una muy bonita experiencia debido a que una larga travesía profesional pudimos poner en práctica muchas cosas que habíamos compartido. La cuarta fue la elaboración del proyecto del Observatorio Nacional de los Espacios Acuáticos que, aunque no ha sido instrumentado, su consistencia ha permitido favorecer el incremento de la importancia de los asuntos marítimos, fluviales y lacustres.

En el plano político podemos mencionar también tres momentos que deben ser recordados: en el primero trabajamos en el proyecto original de la Ley Orgánica de los Espacios Acuáticos, un instrumento que lo tratamos de construir hasta dónde pudimos pensando en el beneficio de todos los venezolanos. En el segundo tratamos de ayudar a construir un nuevo orden republicano a partir de la Constitución del año 1999 que valorara los asuntos marítimos a pesar de las intensas presiones que apuntaron a lo contrario. Y en el tercero, cuando Giacopini fue nombrado secretario del Consejo de Estado traté desde una lectura crítica alertar sobre la deriva que había seguido el país allá por el año 2012, sin embargo, las gigantescas olas que se levantaron en la turbulencia que estábamos viviendo nos hicieron incapaces de contribuir a enderezar el rumbo del país. Ya convaleciente hablamos mucho de la situación de Venezuela después del 28 de julio. Decíamos que estábamos viendo los toros dentro de la barrera sin poder hacer nada, solo tratar de que no nos embistiera. En esos momentos me dijo que cuando saliera del trance en que se encontraba iba a estudiar teología, pero entendí que no era por un tema de religiosidad a pesar de que él era un católico practicante. Aquí hubo un tema de trascendencia.

Por teología de forma utilitaria la entendemos como cualquier declaración coherente sobre cuestiones de interés último que reconozca que la perspectiva por la que se rige esta proviene de una comunidad de fe. En esta definición, que estamos asumiendo, hay tres cosas que hablamos en esos momentos finales: en primer lugar, además de religión hablamos de Dios, el hombre, la historia, la naturaleza, la cultura, los orígenes, la moralidad y el destino, en segundo lugar, consideramos que esas conversaciones no se diferenciaban por su contenido de todas las demás formas de pensamiento a pesar de la convulsa transición política que vive la humanidad y, en tercer lugar, buscamos observar la realidad a través de lo real concreto y lo potencial.

De alguna u otra manera nos dejamos llevar e hicimos reflexiones críticas de todo lo que habíamos conocido tratando de superponer dos círculos, el teológico de sus inquietudes y el filosófico a partir de la experiencia vivida. En todo caso orbitamos en torno a una visión cristiana de la realidad pensando en cómo ayudar al país a pesar de sus circunstancias personales. Ya reestablecido de la última crisis que padeció me dijo sintiéndose derrotado que oyó cuando le estaban haciendo la extremaunción. Ya era la hora de la carga a la bayoneta. Sólo se me ocurrió decirle en ese crucial momento que el filósofo neerlandés Benedicto de Spinoza había dicho que el propósito último del ser humano era perseverar en su propia existencia, le agregué, que hasta que Dios quisiera y que a pesar de las circunstancias serias que vivía tenía cuidarse a sí mismo y seguir perseverando, no mirar a más nadie, ni siquiera a las personas que tenía a su alrededor. Claro, siguió pensando en su familia y en el país porque en su espíritu se mantuvo inquebrantable la fe, la esperanza y la caridad. Tres virtudes que aseguraban su comunión con Dios en esta tierra.

Hasta aquí hemos seguido una derrota marcada por la superación y la trascendencia. La vida es la superación de las contingencias. Me recuerdo un pasaje del libro segundo de la República de Platón que trataba sobre la amistad y un dialogo comenzó con la pregunta ¿he vivido bien? En el ocaso de la vida, con familia, con comodidades, con amigos no había, según ese dialogo, ningún tipo de objeción para no sentirse satisfecho. Pero en Platón siempre había algo que le inquietaba. Así es como comienza esa gran obra. En nuestro caso la vida nunca tiene finalidad a no ser la de vivir. Vivir como dije es superar contingencias. Trascender es lograr que esta lucha por la superación de las contingencias sirva como enseñanza para las generaciones venideras. Carlos Giacopini y ninguno de nosotros hemos podido reposar como guerreros porque las contingencias no nos han dejado, pero a la pregunta de ¿Giacopini vivió bien?

Esa pregunta no merece respuesta porque no sólo fue un maestro para sus amigos y sus subalternos también con su ejemplo irradió formas de ser que deberían ser emuladas. Él encarnó el ideal de la virtud republicana a pesar, en primer lugar, de las turbulencias que hemos vivido, es decir, exteriorizó valor, prudencia, justicia, fortaleza y templanza, entre otras, en segundo lugar, de ser tolerante ante una realidad signada por la existencia de una diversidad de los valores. En ambos casos vivió y actuó siguiendo una creencia cuya verdad no podemos conocer, pero con la seguridad de que la experiencia general de la humanidad revelaba una verdad cristiana que reafirmaba sus convicciones.

Para finalizar Carlos, como hemos dicho, cuando despidió a su padre hizo una alegoría de la carga final de las fuerzas restauradoras en la batalla de la Victoria del año 1902. Si mal no recuerdo, al increpar los subalternos a su tío, el general Francisco Linares Alcántara, de que se habían acabado las municiones mandó a cargar a la bayoneta. En nuestro caso, el papa de Giacopini debía cargar a la bayoneta hacia la eternidad. Carlos los hizo también. Pero nosotros debemos cargar a la bayoneta para que, con los pocos recursos que tenemos, llevar el pensamiento sobre los asuntos del mar y de nuestros ríos y lagos a un estadio más alto de trascendencia como intentó Carlos...

Muchas gracias… Señores

 

 

 

 

 

1 comentario:

  1. Tiempos aquellos en que la Armada enviaba jóvenes cadetes a la Escuela Naval de Livorno en Italia. Particularmente, recibí clases del Almirante Giacopini y del Teniente de Navío Lepore Ferrante, mentes brillantes sin duda alguna. Lamentablemente, a mi opinión persona, la Armada no supo aprovechar esas mentes. Solo el Almirante Giacopini tuvo una dilatada trayectoria institucional. Son aprendizajes que debemos tomar en cuenta cuando comienzo el resurgimiento de las cenizas de nuestra otrora gloriosa institución naval. Dios y Patria.

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