sábado, 1 de febrero de 2025

FRANCISCO DE MIRANDA Y ANTOINE DESTUTT DE TRACY: VIDAS PARALELAS EN TIEMPOS DE REVOLUCIÓN

 


La revolución francesa fue un vórtice que acercó y alejó ideas e individuos en una época de cambios acelerados.  Podemos decir que Francisco de Miranda (1750-1816) y Antoine Destutt de Tracy (1754-1836) fueron un caso ejemplar. Ambos eran coroneles al momento del estallido de la revolución francesa que fueron promovidos a generales por méritos de guerra, ambos sufrieron con cárcel la represión jacobina, ambos siguieron caminos diferentes a la era napoleónica y ambos realizaron propuestas revolucionarias para salvar la revolución francesa y los órdenes políticos resultantes tanto en Venezuela como en Francia.

El espacio de encuentro de estos dos personajes fue la Francia en plena revolución. Miranda llegó a ese país el 20 de marzo de 1792 en medio de una situación de crisis que al final significó la caída del marqués de Lafayette y su huida y captura en Austria a finales de ese mismo año y el refugio de Destutt de Tracy junto con su familia cerca de París, después de ser representante de la nobleza en los Estados Generales, de dedicarse a la solución de los problemas financieros del Estado y de servir a las órdenes del marqués de Lafayette en el año 1792[1]. En dicho refugio se dedicó al estudio sistemático de filosofía y ciencias de la mano de los enciclopedistas y los economistas ilustrados convirtiéndose en uno de los fundadores del grupo republicano liberal clásico conocido como los «ideólogos», que incluía figuras tan destacadas como el marqués de Condorcet o Madame de Staël (Marty, 2024: 36). El fruto de su trabajo estuvo relacionado con el desarrollo del concepto de ‘ideología’ y con la convicción de que las ciencias físico-matemáticas son tan necesarias para una educación completa, como las ciencias morales y políticas. Mientras esto sucedía Miranda en Paris fue presentado en el círculo de los girondinos (Jérôme Petión, Jacques Pierre Brissot, Thomas Paine entre otros) y aceptó enrolarse en el ejército francés bajo el mando del general Charles Francois Dumouriez y se hizo ciudadano francés.

Si consideramos además que ambos autores fueron protagonistas y testigos de la revolución francesa desde perspectivas paralelas debemos decir que este acontecimiento espacialmente no se produjo en un plano sino en un espacio curvo y movedizo donde este paralelismo es aparente. Son líneas que se acercan y se alejan siguiendo un curso que al final de cuentas alejó a ambos personajes de la revolución. Por ello, vamos, en primer lugar, a examinar la vida militar de ambos autores, en segundo lugar, analizar el contexto revolucionario en que se desenvolvieron ambos autores, en tercer lugar, analizar el pensamiento político en Francisco de Miranda y, en cuarto lugar, examinar el pensamiento ideológico de Antoine Destutt de Tracy

1.- La vida militar de ambos autores

El contexto militar de ambos autores estuvo signado inicialmente por la participación franco-española en la guerra de independencia de los Estados Unidos. Antoine Destutt fue Conde de Tracy y Señor de Paray-le-Frésil e hizo la carrera militar hasta el grado de coronel del Real de Caballería sirviendo a las órdenes del marqués de Lafayette en el año 1792. Miranda por su parte, fue un oficial de infantería que combatió en el norte de África y participó en la recuperación española de Pensacola durante la guerra de independencia de los Estados Unidos. Aquí debemos hacer una reflexión acerca de la doctrina militar en la cual estuvieron inmersos ambos personajes.

Miranda siendo testigo de la masacre de Paris del 02SEP1792 fue testigo y participe en un nuevo tipo de guerra que le permitió a Arendt asociarla con la revolución. Desde el 06SEP llega a Granpré para unirse a la campaña del Norte bajo las órdenes del General del ejército del Norte, Charles François Dumouriez. Allí reorganizó las tropas francesas y contuvo a los prusianos en Wargermoulin, participa en la victoria de Valmy. Es ascendido a teniente general en un contexto donde se abole la monarquía proclamándose así la Primera República de Francia (21SEP). Miranda toma la ciudadela de Amberes y posteriormente Ruremonde. El guillotinamiento del rey Louis XVI el 21ENE1793 colocó a Francia en guerra contra todas las monarquías europeas inaugurándose un nuevo tipo de guerra: la guerra revolucionaria.

El impacto de la muerte del rey de Francia fue muy grande en el ejército del norte causando desorden. Miranda ocupó Tongers y después Tirlemond. Luego se le ordenó atacar Maastricht a pesar de aconsejar lo contrario y el fracaso allí y en Neerwinden lo condujo al Tribunal revolucionario en la capital el 25MAR1793[2]. Luego de ser absuelto y liberado fue detenido nuevamente por orden de Robespierre a través del Comité de Salvación Pública. Contemporáneamente a la detención de Miranda comenzó lo que se conoció como el levantamiento de la Vendée la mayor insurrección armada y popular contra la Primera República Francesa[3]. Miranda tomará las armas nuevamente en el año 1806 para liberar la América meridional y en el año 1812 para defender la república de Venezuela.

Hasta 1792 la guerra que había vivido Miranda y Destutt se enmarcaba en lo que se conoce como guerra limitada a pesar de la desorganización y poco entrenamiento de los voluntarios que tuvieron que resolver ambos personajes. A partir del 21ENE1793 la guerra tendencialmente llevada a los extremos alcanzó un carácter casi absoluto en términos clausewitzianos con la aparición de las fuerzas armadas nacionales y la democratización de la guerra[4]. En este sentido, Jacques-Antoine-Hippolyte conde de Guibert fue el artífice de la expresión “nación en armas”. Este militar francés fue el primero que hizo la diferenciación entre, por una parte, las naciones armadas y, por la otra, de los ejércitos de los gobernantes, decantándose por el sistema de milicia (le soldat citoyen). Es decir, los ejércitos de gobernantes (permanentes) compuestos por profesionales y mercenarios son inadecuados para lograr resultados decisivos en una guerra, mientras tanto la masa del pueblo, sin entrenamiento militar, tiende a la degeneración. Por ello vaticinó, quizás siguiendo la estela dejada por Machiavelli en el arte de la guerra, que la hegemonía sobre Europa caerá en manos de esa nación que logre desarrollar virtudes varoniles y crear un ejército nacional. Para Guibert un ejército nacional es entonces aquel en el que todo soldado es ciudadano y todo ciudadano soldado. Para él esta es la forma eficiente de organización militar. Las ideas de este militar francés, según Moloeznik (2018), inspiraron el decreto revolucionario del 23 de agosto de 1793, que estableció la leva en masa, surgiendo de esta forma el concepto de nación armada (Pág., 251). En este decreto se nombró a Lázaro Carnot como responsable de las operaciones militares después de la deserción de Dumouriez.

Lázaro Carnot, según Müller Rojas (1990), produjo unos cambios en la estrategia operacional desde una perspectiva administrativa y logística que aseguró el continuo abastecimiento de los combatientes. Dicho de otra manera, él determinó que la relación entre recursos disponibles en el Estado, generalmente limitados, y el costo de una defensa cuya ejecución exitosa exigía gran cantidad de medios era sólo posible colocando la responsabilidad de la defensa nacional en la sociedad (Pág., 216). Con esta acción, como la soberanía nacional residía en el pueblo, no sólo la guerra fue democratizada, sino también él orden político comenzó a disponer de contingentes humanos y los recursos materiales necesarios para sostener el esfuerzo bélico en múltiples frentes. La implantación de esta nueva concepción tuvo que afrontar tres óbices: el número de efectivos, los materiales y la disciplina. La leva en masas resolvió el primer y los castigos severos el tercero. Para la solución del segundo óbice el citado decreto designó a los administradores de distrito para avituallar a los combatientes y organizar a la población para sostener el esfuerzo bélico (Pág., 217). En este sentido, el decreto señaló lo siguiente:

“todos los franceses estaban sujetos a requisición para el servicio de los ejércitos. Los jóvenes irían al combate, los hombres casados forjaran las armas y transportaran suministros; las mujeres confeccionarán las tiendas, los uniformes y servirán en los hospitales, los niños recogerán las telas viejas para picarlas y convertirlas en vendas, los ancianos se harían trasladar en las plazas públicas para excitar el coraje de los guerreros y predicar el odio al rey y la unidad de la república” (Pág., 217).

Como se puede observar este decreto fue la génesis de la nación en armas y de la era del terror. Este decreto llevará a prisión a Miranda y Destutt de Tracy y los alejaría de la acción política en la medida en que el país se fue dirigiendo a la dictadura en golpes de estado sucesivos. Veamos ese contexto.

 2.- El contexto revolucionario en que se desenvolvieron ambos autores

El contexto revolucionario de ambos autores estuvo signado por las diversas fases del proceso revolucionario que se evidencia en los diversos cambios de ordenes políticos. El primero se inicio en el año 1789 cuando la Asamblea Nacional se convierte en Asamblea Constituyente.  Destutt de Tracy forma parte de esta asamblea y su firma aparece, entre otras, en la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano” (26AGO1789) y en la Constitución de 1791 junto con las de Lafayette, Siéyes, Talleyrand, entre otros. Fue en este periodo en que comenzaron las discusiones acerca de la instrucción pública que constituirá el foco de atención del pensador y militar francés. Esta fase finaliza el 23AGO1793 cuando se consolida el régimen del terror. Destutt de Tracy, como dijimos, se refugia en las afueras de París y después será detenido en noviembre de 1793 junto con Lavoisier y otros por acusarlos de antirrevolucionarios.

El 09JUL1793 Miranda fue nuevamente arrestado y permaneció 18 meses en prisión: primero en la Force y luego en la de las Madelonnettes donde conoció a Quatremère de Quincy con quien establecerá una relación que le ocasionará también problemas. Miranda dirá en su panfleto de 1794 Sobre la Situación actual de Francia y los remedios adecuados para sus dolores que

“La tiranía horrible de Robespierre y del antiguo Comité de Salvación Pública, fue causada por esta fatal confusión entre los poderes. (...) Seis años de revolución nos evita buscar en la historia de los poderes, hemos traspasado los límites de todos los crímenes y de todos los sufrimientos que los anales del mundo nos hayan transmitido; y esto precisamente porque la Convención se otorgó una plenitud de poder más grande que la que ningún otro tirano haya obtenido jamás”.

Miranda y Destutt de Tracy serán liberados después de la caída de Robespierre. Pero mientras el primero se dedicó a la política, el segundo se dedicó al progreso del conocimiento en el Instituto de Francia creado en el año 1795 que tendrá un importante papel en el golpe de Brumario. En abril de 1796 Destutt leyó su «Memoria sobre la adquisición del conocimiento» que constituirá el punto de partida desde la perspectiva metodológica porque trató la moral, la política y la educación.

La tercera fase comenzó en el año 1795 cuando se elabora la constitución del año III que entraría en vigor en octubre de ese mismo año. En ese nuevo instrumento que estuvo vigente hasta el año 1799 se depositó el poder legislativo en el Consejo de los Quinientos y en el Consejo de los Antiguos cuya característica estuvo dada en que le truncó las aspiraciones a todo aquel considerado contrarrevolucionario, mientras que el poder ejecutivo recayó en un Directorio de cinco miembros. Esta estructura se convirtió en fuente de descontento creando las condiciones de posibilidad de una sublevación. Esta sublevación se produjo el 13 Vendimiario (5 de octubre de 1795) y convirtió a Napoleón Bonaparte en el salvador de la República después de que había logrado un importante éxito en Tolón contra fuerza navales hispano-británicas. En el año 1797, una mayoría monárquica fue elegida en el directorio y ello motivó lo que se conoció como el golpe de Estado del 18 Fructidor. La represión que siguió significó el intento fallido de destierro de Miranda a Guayana acusado de ser realista y agitador de potencias extranjeras. A Ana Luisa Germana Necker, Madame de Staël, se le ordenó, de igual forma, abandonar el territorio francés tras ser acusada de apoyar la rebelión monarquista. Miranda huyó a Londres. El detonante, en el caso del americano, fue la publicación realizada por Quatremère de Quincy de sus Lettres au général Miranda sur les préjudices qu’occasionneraient le déplacement des monuments de l’art de l’Italie, le démembrement de ses écoles, et la spoliation de ses collections, galerie, musées, etc. Esta carta fue una denuncia de la política del general Bonaparte quien pensaba conservar el patrimonio romano en la nueva Roma que, según él, debía ser París.

Los éxitos en Italia lo llevaron a asumir el mando del ejército de Italia y después de un año de operaciones victoriosas logró la paz de Campo-Formio (1797), que hizo acrecentar su fama (Fernández, 1994). A la llegada triunfal de Bonaparte a Paris logra ingresar al Instituto de Francia que ya llevaba a cabo reformas educativas desde inicios de ese periodo con la finalidad de establecer un gobierno más moderado y estable en comparación con el período del Terror (Marty, 2024:37) y, a la par de que es nombrado General en jefe del Ejército de Inglaterra, pero dada la dificultad de realizar un ataque directo a la isla propuso una aproximación indirecta para amenazar la dominación británica en la India. Fue aquí donde surgió la campaña de Egipto. Esta campaña contó con la aprobación del directorio, en primer lugar, por razones económicas y, en segundo lugar, por causas políticas, es decir, les preocupó el carisma del corso. También contó con el apoyó del Instituto y es en este contexto en que Bonaparte invita a Destutt de Tracy a recoger su espada y unirse a él en la citada campaña (Fernández, 1994). Al rechazar la invitación en Destutt se produjo la conversión del militar al filósofo. Fue en este contexto donde el autor francés introdujo el pensamiento de Kant en Francia en 1798 especialmente la obra la Paz Perpetua con el objeto de ser discutida en la asamblea general creemos que fue debido a la convicción de que el nuevo tipo de guerra que se había generado no iba a tener límites[5].

La campaña de Egipto comenzó de forma exitosa hasta que la flota francesa fuese derrotada en Abukir y la estabilidad política del directorio comienza a resquebrajarse. Las dos situaciones empujan a Bonaparte a regresar a Francia. En su país reanudó su relación con el Instituto que, a la sazón, muchos de sus miembros ocupaban cargos públicos y buscó reunirse, en primer lugar, con Mme. Helvetius porque su casa era un lugar frecuentado por ellos y, en segundo lugar, con Sieyès porque consideró necesario establecer un nuevo gobierno y consideró que él nombrado recientemente Director en mayo de 1799 y veterano constitucionalista podía ayudarlo en ello. De estas reuniones surgió la comisión ejecutiva del consulado formada por Bonaparte, Sieyès y Roger Ducos el 18-19 brumario. La cuarta fase comienza con la elaboración de la constitución colocó a Bonaparte como primer cónsul y a los miembros del Instituto como miembros de un senado conservador dominado por una élite revolucionaria inmóvil eclipsando así la soberanía popular y allanando el camino para que Bonaparte se convirtiera en Cónsul decenal, Cónsul vitalicio y, posteriormente, Emperador. Miranda regresaría a Paris una vez que el Primer Cónsul Napoleón autorizó su regreso. Pero sería nuevamente detenido por órdenes de Joseph Fouché, el ministro de la Policía, quien le acusó de ser un agente británico.

Miranda fue liberado posteriormente por lo que abandonó Paris y no regresó más nunca. Por ello, después de esa experiencia francesa Miranda afirmó a Lanjuinais en carta del 08JUN1801 lo siguiente

“No me importa el impacto que los funestos ejemplos de la revolución francesa hayan podido producir en la mente de la gente pusilánime o de lis que intencionalmente han aprovechado la oportunidad para infundir desprecio hacia el único valor que en todos los tiempos fue capaz de hacer en general felices a los hombres... Cuando hablo de Libertad, no me estoy refiriendo a lo que Robespierre, Sieyes o Fouché quisieron establecer, sino más bien a la que Montesquieu y Locke definieron con mucha claridad...” (Miranda, 1982:292).

La salida de Miranda no fue el único hecho. Contemporáneamente, el instituto también comenzó a distanciarse del primer Cónsul.

El enfrentamiento con el Instituto comenzó formalmente con la organización de la enseñanza pública. En octubre de 1800 el Consejo de Estado ordenó la disolución del Comité de Instrucción pública del que formaba parte Destutt de Tracy. En 1803, Bonaparte ordenó cerrar el instituto e inició una campaña de desprestigio llamándolos despectivamente como “ideólogos”, «charlatanes», «espíritus confusos y falsos» y «metafísicos nebulosos» causantes de todos los males de Francia acusándolos, entre otras cosas, del desastre de Rusia. Con este marco, Destutt de Tracy abogó por la destitución del emperador en el año 1814 cuando la guerra en Europa había pisado territorio francés después de sus derrotas en España y Alemania.

La crítica a los ideólogos, en este sentido, la ubicamos en su participación en el golpe y constitución del brumario que acabó con la soberanía popular y la defensa de una instrucción pública que se alejó del principio de igualdad preconizado por la revolución.  Más allá de nuestras críticas Napoleón logró cambiar a través de su crítica a los ideólogos una abstracción inherente a cada individuo, segregado, por lo tanto, del conjunto de las relaciones sociales y de las determinaciones históricas por una concepción donde el hombre comienza a ser analizado como un ser social e histórico.

3.- La praxis política de Francisco de Miranda en la Francia revolucionaria

En el país galo Miranda pudo contemplar y contribuir en el proceso de implantación a la fuerza de las ideas políticas de la ilustración, en especial, las ideas de Rousseau. Es decir, al contrario de lo que ocurrió en Norteamérica, en una lectura arendtiana, donde las injusticias inglesas generaron un estado que produjo una necesidad de cambios y estos cambios tuvieron como fin la libertad, en Francia la pobreza y la exclusión generaron un estado de necesidad que hizo que el objetivo original del proceso de cambio político fuese cambiado en aras del bienestar del pueblo (Blanco, 2011). La experiencia de Miranda en la Francia revolucionaria parece constatar esta idea, puesto que al salir de una prisión en la época del terror después de haber participado en operaciones militares en Francia, Bélgica y los Países Bajos, propuso un proyecto político que buscaba asegurar la libertad atribuyendo todo el mal que se había gestado en la república francesa a la sumisión del poder ejecutivo y el judicial a la Convención.

No sabemos hasta qué punto Miranda estuvo consciente del impacto que tuvo el decreto de agosto de 1793 no sólo en lo concerniente a la defensa contra los enemigos externos, sino también en relación con el brutal aplastamiento de la insurrección de la Vendée. Lo que si puede entender de Miranda es que, siguiendo a Parra-Pérez (1966) él al igual que Bonaparte buscaron el poder, pero por vías diferentes: mientras Miranda lo intentó por la vía de acabar con la Convención, Napoleón buscó usarla como un medio para sus fines. Por ello Miranda, a pesar que al final buscó restituir el orden, fue perseguido por los nuevos actores que entraron en escena y el General Bonaparte asumiría el protagonismo político en ese país y en Europa por veinte años. Esto nos lleva a la tesis de Hannah Arendt (1967) sobre la revolución y el establecimiento de un nuevo origen.

En concordancia con Arendt (1967) sobre la idea de origen y sus implicaciones en el concepto de revolución, se puede inferir que el proceso francés contuvo diversas concepciones de un nuevo origen que además de presentarse de forma simultánea como lo acabamos de indicar en el párrafo anterior en relación con Miranda y Bonaparte y sucesiva, por las diversas constituciones que se pusieron en vigencia, también estuvieron presente de manera simultánea otras ideas que buscaron poner un freno al proceso revolucionario en sí y sus desmanes. Estas corrientes que explican la metáfora del espacio curvo y movedizo se mantuvieron durante todo el transcurso del proceso hasta que se produjo la restauración napoleónica materializada en su coronación en la que estuvo presente Simón Bolívar. Miranda vivió ese proceso hasta el año 1801, Destutt de Tracy la restauración después de la caída de Napoleón. Los nuevos orígenes estuvieron relacionados con: 1.-) acabar con la política del terror desatada por Robespierre y restaurar a la libertad como el objetivo del proceso, 2.-) en restaurar el orden perdido para poder preparar al país para la defensa frente a las otras potencias europeas, 3.-) adecuar la estructura del Estado para hacer más eficaz la movilización nacional. En estos tres momentos estuvo también presente la idea de la restauración por lo que se puede concluir que el pensamiento que prevaleció del origen contuvo su contradicción ya que fue planteada de diversas formas y la imposibilidad de superar esas contradicciones generó la circularidad que hizo que se produjera, en Francia, la restauración en 1815. En el intento de restauración del orden perdido, Miranda intentó implantar un orden político en Francia donde tuviese más preeminencia el poder ejecutivo que el legislativo. A tal efecto señaló que la fuerza del poder ejecutivo debía estar en razón directa con la libertad del pueblo. Específicamente expresó lo siguiente:

“Los desgraciados acontecimientos de la revolución han producido... que... Las personas y las propiedades [hayan] sido tan repetidas veces presas de las violencias públicas y privadas que aún los más fríos egoístas conocen la necesidad que hay de una autoridad protectora, y de una organización que se componga de diferentes poderes, de suerte que los ciudadanos nada tengan que temer de la arbitrariedad de su ejercicio”.

“… Así es que solamente por una sabia división de poderes podrá dársele estabilidad al gobierno [en donde] las autoridades constituidas vienen a celarse mutuamente, porque todas se interesan en la permanencia de la constitución de que ellas emanan, y es por esto por la que todas se ligan contra cualquiera que intente atacar a una de ellas. Más al contrario, si todos los poderes se concentran en un solo cuerpo, se arrogará siempre la autoridad de la masa entera y bastará a una facción dirigir sus tiros a esta masa soberana de hecho para hacer una revolución...”

“La espantosa tiranía de Robespierre… no fue producida sino por esta fatal confusión de los poderes... la Convención, transfiriendo toda su fuerza al comité de salud pública, hizo desvanecer enteramente... el poder ejecutivo [luego el] judicial”.

“Para volver pues a los principios de que tan horriblemente nos hemos separado, conviene seguir una carrera inversa. Es necesario que la libertad los divida escrupulosamente y haga desde luego imposible esa monstruosa confusión...”

“Dos condiciones son esenciales para la independencia absoluta de los poderes: la primera que la fuente de donde ellos emanen sea una; la segunda que velen continuamente los unos sobre los otros. El pueblo no sería soberano si uno de los poderes constituidos que le representan no emanase inmediatamente de él, y no habría independencia si uno de ellos fuera el creador del otro” (1982:177-180).

Como se puede observar, Miranda desarrolló un análisis fundamentado en la separación de poderes de Montesquieu y la observación directa de los órdenes políticos más avanzados de su tiempo, como el Reino Unido y Estados Unidos. Si consideramos sus reflexiones a la luz del estado de cosas en Francia encontramos coherencia en sus apreciaciones, pero habría que considerar otros aspectos que también estuvieron en el contexto de estas palabras: en primer lugar, la peligrosa inestabilidad remanente después del terror que generaba una atmosfera de nerviosismo agravada por la existencia de movimientos antirrevolucionarios y, en segundo lugar, el hambre causada por las malas cosechas y la devastación económica ocasionada por la continua guerra que Francia trató de mitigar con las imposiciones que hizo a los vencidos. Por ello se infiere que Miranda, como lo hará después Destutt de Tracy tres años después, tratará de buscar un retorno a la paz a través de la construcción de un nuevo Estado dentro de unas fronteras razonables especialmente en relación con Alemania y Bélgica. Aquí es importante destacar el intercambio epistolar realizado con Madame de Staël un interesante personaje que formó parte en el mismo grupo en que estuvo Destutt de Tracy, es decir, la ideología[6]. Este personaje que por sus ideas liberales fue acusado de monárquica y desterrada posteriormente hizo un llamamiento a los extremistas (monárquicos y republicanos) para preservar las libertades civiles (Staël, 1817 [2018]). Pero, la marea revolucionaria estaba dando paso a otro de sus extremos, es decir, de la concentración del poder en una asamblea se fue pasando de forma sostenida a una situación donde el poder pasó a manos de un individuo. Este fue el escenario donde los o idéologistes, se convirtieron en idéologues (según su acepción napoleónica).

4.- La ideología en Antoine Destutt de Tracy

El termino ‘ideología’ fue usado por primera vez por Destutt de Tracy en el año 1796 en la lectura de su Memoire sur la faculté de penser que sería publicado en el año 1798 a partir de la consideración de que el hombre es un ser sensible. Con esta palabra trató de describir una nueva manera de pensar basada en la ciencia que estudia la génesis de las ideas que pudiera explicar la idea estética y la idea moral a través de la interacción de estas con el entorno, pero manteniendo un enfoque enciclopédico que mantuviera alejada a la religión (lo cual le traerá muchas críticas) y la metafísica como el sistema unificador dominante. En este sentido, la ‘ideología’ como no podía ser reducida a ninguna corriente de pensamiento podía, por una parte, garantizar la unidad de las ciencias reduciéndolas todas a ella y, por la otra, considerarse como una fuerza positiva capaz de generar avances sociales al confiar en la capacidad de la ideología para estructurar la sociedad de “manera beneficiosa” (Marty, 2024:36).

El fundamento antes indicado tenía como propósito orientar las ideas que nos hacemos sobre el entorno para que correspondiera con las secuencias de la educación de la razón y para configurar y orientar las ideas económicas y políticas de los que han de detentar el poder y la acción de gobierno. De ahí que propuso la existencia de una Escuela Central para la formación de los que han de cumplir funciones en la alta administración pública. De ahí la importancia que tuvo la ideología y los ideólogos en el sentido que orientaron desde su fundación, desde una perspectiva liberal, tanto en sentido negativo (para apoyar el 18 de brumario) como positivo (criticar la deriva imperialista de Napoleón) hasta el final la marcha de la revolución.

El carácter liberal del ideologismo de Destutt de Tracy tuvo dos vertientes: el liberalismo y la metodología deductiva de Condillac, y el derecho de propiedad de John Locke. Pero se distinguió en el hecho de que consideró a las ciencias sociales como un cuerpo diferente de conocimientos que los separa de las ciencias físicas a pesar de que ambos aplican métodos deductivos. En este sentido se distinguió de los positivistas al rechazar el uso de las herramientas de las ciencias físicas en el campo de las ciencias sociales porque consideró que gran parte de la realidad no podía ser reducida a construcciones matemáticas y se adelantó a los fenomenólogos del siglo XX. En esta fuente de influencia nuestros dos personajes tuvieron un momento de convergencia cuya trascendencia se extendería al pensamiento de los eclécticos franceses e ingleses y en el pensamiento de Andrés Bello. Lo antes indicado nos lleva a examinar los aspectos sociales, políticos y educativos del pensamiento del autor francés.

Con respecto a la sociedad consideró como una estructura histórica seriada, continua y evolutiva de intercambios que se desarrollan libremente y sin restricciones en la que no hay perdedores. Desde un enfoque cataláctico esta afirmación se corresponde desde la perspectiva económica que los postulados económicos de Ludwig von Mises, es decir, la sociedad es una sucesión acumulativa e ininterrumpida de ventajas que se renueva sin cesar para todos sus miembros. Estas ventajas están determinadas por la vivacidad con que se desea una cosa que permiten hablar, no sólo de ‘medida de la utilidad’, sino también, del valor de una cosa, por ello cuestionó la intervención del Estado en la actividad económica. Para el consumo era el principal destructor de la utilidad considerando que el Estado era el principal consumidor en el sentido que la relación del este con cualquier tipo de emprendimiento terminaba siendo nociva. El trabajo, en una lectura lockeana, motoriza la medida de utilidad.

La perspectiva política en Destutt de Tracy tiene dos vertientes: una tendencia aislacionista en política exterior considerando que Francia era un país autosuficiente y de alto crecimiento y, por esta razón, defendió la propiedad y la libertad económica. Por ello criticó el igualitarismo comunista de la Francia revolucionaria en una lectura convergente al pensamiento de Hannah Arendt cuando expresó que

“Deberíamos ver tantas peleas por una mayor parte de los bienes comunes, o una menor parte de los problemas comunes, como puedan existir entre nosotros para la defensa de la propiedad de los individuos; y el único efecto de tal orden de cosas sería establecer una igualdad de miseria y privación, extinguiendo la actividad de la industria personal” (Terrell, 2008)

Si tenemos presente las causas socio-económicas de la revolución francesas y las diferentes crisis que vivió el país en medio de las guerras de la revolución se observa que Destutt de Tracy propuso las mismas medidas económicas que en su momento aplicarían Rusia y China en el siglo XX. Por ello, se puede afirmar que sus ideas sobre la libertad individual y la importancia que en ella juega la razón, desde una perspectiva práctica, influyeron en el desarrollo del pensamiento liberal.

Finalmente, desde la perspectiva educativa, como ya indicamos, consideró que la ideología podía mejorar la sociedad y promover la libertad individual apoyándose en las ciencias naturales y sociales porque proporcionaban herramientas para comprender el mundo de manera objetiva, por una parte, para liberar al individuo de los prejuicios y, por la otra, promover un pensamiento racional y crítico. Para ello la educación como un medio transformador debía, en primer lugar, basarse en la experiencia, en segundo lugar, fomentar el desarrollo de todas nuestras facultades mentales, como la razón, el juicio y la memoria, en tercer lugar, promover la libertad individual y el pensamiento crítico, permitiendo a cada persona desarrollar sus propias ideas y capacidades y, en cuarto lugar, permitir a los individuos comprender mejor el mundo y tomar decisiones informadas promoviendo el progreso social.

Los mecanismos a través de los cuales Destutt de Tracy pensó que ese propósito era posible fueron la creación de las Escuelas Centrales debido a que a partir de allí se podía transmitir rápidamente la ideología y la aplicación, por una parte, del método inductivo, es decir, partir de la observación de hechos particulares para llegar a conclusiones generales y, por la otra, el uso de un lenguaje claro y preciso. La eliminación de estas escuelas fueron el punto definitivo de ruptura entre los ideologistas y Napoleón.

Para finalizar, Destutt de Tracy concibió el propósito de la ideología como la expresión práctica de los ideales de la Revolución Francesa como la igualdad de oportunidades y la importancia de la educación para todos (Marty, 2024:36-37).

5.- Corolario

No se sabe si ambos personajes lograron encontrarse. Pudo haber sido en las cárceles parisinas considerando que Miranda estuvo en las cuatro que existían o en el salón de conversaciones de la casa de Delphine Custine[7]. Con Mme Staël sabemos que ambos mantuvieron intercambios epistolares, pero ello no supuso en sí una convergencia entre las paralelas que hemos trazado de los personajes analizados. Lo que sí se puede afirmar es Francisco de Miranda y Destutt de Tracy compartieron el ideario liberal y la búsqueda de una sociedad más justa y equitativa y este ideario hizo que ambos estuvieran presentes en la elaboración de la primera constitución venezolana. Destutt de Tracy a través de las trazas dejadas de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa expresadas en la declaración de los derechos del hombre y la constitución de 1791 que se esparcieron al otro lado del Atlántico y fueron recogidas por los constitucionalistas venezolanos, entre ellos Miranda. En este sentido, las ideas de ambos pensadores inspiraron los movimientos independentistas en Iberoamérica.

Referencias bibliográficas

Arendt, H. (1967). Sobre la Revolución. Ediciones Revista de Occidente. Madrid. 343 p

Blanco, E. (2019). “Francisco de Miranda: De la construcción teórica de una república liberal a una praxis fallida de 200 años”. Caracas. Festina Lente B.G. Documento en línea. Disponible:  https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2019/03/francisco-de-miranda-de-la-construccion.html

Blanco, E. (2011). “El Concepto de Revolución de Hannah Arendt y el Proceso que dio inicio a la Independencia Venezolana”. Caracas. CGA. Correo de la Armada. [Documento en Línea]. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2011/08/el-concepto-de-revolucion-de-hannah.html

Blanco, E. (2005). “Consideraciones de Orden Estratégico que Enmarcaron el Intento de Francisco de Miranda de Independizar la América del Sur”. Comp.: H. Jiménez. En el Desembarco de la Vela de Coro. Caracas. CGA. 203 p.

Blanco, E. (2016). De la Guerra y la Paz: Una perspectiva hermenéutica: Estudio de la obra de Carl von Clausewitz a partir del método hermenéutico de Hans-Georg Gadamer. Londres. Editorial Académica Española. 356 p.

Destutt de Tracy, A. (1798). Memoire sur la faculté de penser. París. Memoires de l’Institut National des Sciencies et arts… sciences morales et politiques termidor del año VI, pp. 287-323. Documento en línea. Disponible: https://ia601502.us.archive.org/10/items/116DestuttTracy/116-DestuttTracy.pdf

Fernández, J. (1994). “Ideología «brumarista» y Napoleón Bonaparte”. Oviedo. El Basilisco, Nº 17, pp 37-44. Documento en línea. Disponible: https://filosofia.org/rev/bas/bas21702.htm#n01

Guibert, J. (1790). De la force publique, considérée dans tous ses rapports. Paris. Editorial. DIDOT l'aîné. 202 p. Documento en línea. Disponible: https://www.force-publique.net/wp-content/uploads/2024/01/De-la-force-publique-Guibert-2.pdf

Madame de Staël (1817 [2018]). Reflexiones sobre la paz. México. Partido de la Revolución Democrática. Documento en línea. Disponible: https://www.prd.org.mx/libros/documentos/libros/Reflexiones-Paz.pdf

Marty, A. (2024). Ideologías. Las ideas políticas que mueven el mundo. Barcelona. Ediciones Deusto. 405 p

Miranda, F. (1982). América Espera. Caracas. Biblioteca Ayacucho. 686 p

Moloeznik, M. (2018). Tratado sobre pensamiento estratégico-militar. México. CASEDE, A.C. 550 p. Documento en línea. Disponible: https://www.editorialjuris.com/administracion/frm-libros/pdf/1571320754_Tratado-sobre-pensamiento-estrategico-militar.pdf

Müller Rojas, A. (1990). “Carnot, la revolución francesa y la concepción moderna de la defensa del Estado”. Caracas. UCV. Revista de la facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas N° 77. pp 209 – 227. Documento en línea. Disponible: http://www.ulpiano.org.ve/revistas/bases/artic/texto/RDUCV/77/rucv_1990_77_207-227.pdf

Parra-Pérez, C (1966). Miranda y la Revolución Francesa. Tomos I y II. Caracas. Ediciones del Banco del Caribe.

Terrell, T. (2008).  La economía de Destutt de Tracy. Auburn. Instituto Mises. Documento en línea. Disponible: https://mises.org/es/mises-daily/la-economia-de-destutt-de-tracy#footnoteref2_FdhiZAb9aLBI0QhiJexmW75HvKbFDJFC9YUD5zyerUc_ybj9bvjU6Kua

 

 



[1] Destutt de Tracy se instaló con su familia en casa de Mme. Helvetius cuando en 1792 decidió no acompañar a La Fayette en su huida a Austria. La importancia de esta casa en ese entonces estuvo relacionada con el hecho de que fue un centro de reunión de intelectuales franceses y de ideólogos después de que surgió la citada filosofía.

[3] Hubo otra insurrección monárquica denominada guerra de los chuanes que contó con el apoyo de la marina británica en Quiberon, Bretaña.

[4] Ver al respecto: Blanco (2016)

[5] Ver al respecto: Belissa, M. (2005). Kant idéaliste? Le débat sur la paix perpétuelle 1795-1801. París. Universidad de Paris. Documento en línea. Disponible:  https://revolution-francaise.net/2005/11/21/7-kant-idealiste-le-debat-sur-la-paix-perpetuelle-1795-1801 y Bourel, Dominique (1994). Chapitre premier. Les premiers pas de Kant en France en: La réception de la philosophie allemande en France aux XIXe et XXe siècles. Villeneuve d'Ascq: Presses universitaires du Septentrion, [Documento en línea]. Disponible: http://books.openedition.org/septentrion/73343

[6] Correspondencia con Madame de Staël (1795). Documento en línea. Disponible: https://www.franciscodemiranda.info/es/documentos/correspondenciastael.htm

[7] Carta de Delphine de Custine a Francisco de Miranda (1796). Documento en línea. Disponible: https://www.franciscodemiranda.info/es/documentos/delphinelettre.htm

domingo, 5 de enero de 2025

LA GUERRA SANTA: EL PASADO VISTO COMO PRESENTE

 



El punto de inicio de las cruzadas lo ubicamos en el siglo VII, como consecuencia de la rápida expansión musulmana, debido a que, en ese entonces, tres de los cuatro Patriarcados orientales quedaron sometidos al poder político del islam: Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Como hemos indicado en una oportunidad anterior la batalla de Siffin en el año 657 d.C. no sólo marcó las escisiones en el islam en las principales corrientes que conocemos (sunitas, chiitas y jariyismo), sino también el inicio de la expansión al Asia Central, al cercano oriente, al norte de África y la península ibérica arrebatándole territorios al imperio bizantino y derrotando al imperio persa[1]. Gran parte de esta expansión se produjo bajo la dinastía de los omeyas que rigieron al islam desde mediados del siglo VII hasta mediados del siguiente siguiendo las prácticas administrativas y militares bizantinas y la cultura persa, y se extendería a la península ibérica entre los siglos X y XI[2]. A pesar de esta rápida expansión los omeyas establecieron que la nueva religión estaría reservada especialmente a los árabes, y mostraron poco interés en que otros pueblos no árabes se convirtieran debido a que de ellos obtenían tributos al que estaban exceptuados los musulmanes.

Si bien los omeyas trataron de tomar Constantinopla en varias oportunidades tuvieron que solicitar treguas debido a los conflictos internos que debió enfrentar. Una vez estabilizado el califato emprendieron su avance hacia el oeste y el norte dominando rápidamente Egipto, la actual Libia y Túnez, desde donde los árabes atacaron por mar Sicilia, las Baleares, el sur de Italia y Cerdeña, y por tierra España y el sur de Francia, es decir, una dinámica que se está observando de manera similar en el siglo XXI. En el siglo VIII el califato alcanzó los máximos límites territoriales hasta que en Poitiers fueron detenidos por el príncipe franco Carlos Martel. Fue en estas treguas que los árabes bajo los omeyas tradujeron las obras de filósofos, médicos y sabios del mundo de lengua griega.

Con los avances de los omeyas el Oriente cristiano se identificó con la Iglesia bizantina, es decir, el Patriarcado de Constantinopla y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera y se produjo un alejamiento del obispado de Roma que empezó a buscar la protección en los emperadores francos o germánicos a pesar de los esfuerzos de Bizancio de reunificar el imperio. El alejamiento dio paso a fricciones y enfrentamientos que comenzaron por el problema de la iconoclastia, se extendieron a la solución al problema de la procedencia de la segunda persona de la Santísima Trinidad y a conflictos por la autoridad (Primado de la Iglesia universal) y culminaron en el año 1054 con la mutua excomunión de los representantes designados para negociar una paz eclesiástica[3]. Además de los antes indicado, Molero (2007) agregó, la antipatía existente entre “asiáticos” y “europeos”, agravada por el “desprecio que sentían los cristianos orientales hacia los latinos” debido a la estrecha relación de estos con los germanos (Pág., 11)[4].

Un año después del cisma de la cristiandad en el año 1055 d.C. una tribu nómada de origen turco logró tomar Bagdad y establecer allí lo que se conoció como el imperio selyúcida liderado Togril nieto de Selyuq. A Togril lo sucedió Alp Arslan quien derrotó a los bizantinos al mando del emperador Romano IV en la batalla de Manzikert en 1071. Este hecho sumió a Bizancio en la guerra civil y permitió a los selyúcidas expandirse a los territorios de la actual Siria y la anatolia. Fue con esta presencia selyúcida en el área que acaecieron los hechos que detonaron las cruzadas. Por ello, vamos, en primer lugar, describir sus antecedentes inmediatos, en segundo lugar, examinar las cruzadas en sí mismas y, en tercer lugar, analizar los movimientos militares y migratorios entendidos como visto como presente o a la luz de los actuales acontecimientos en Siria.

1.- Antecedentes

Las Cruzadas o, como lo denominó el historiador John Frederick Charles Fuller (1985) el contrataque del cristianismo sobre el islam, fueron el conjunto de campañas militares realizadas originalmente para ocupar Jerusalén y crear un imperio en el Cercano Oriente y posteriormente para tratar de recuperar de forma infructuosa la ciudad reconquistada por Saladino[5]. El contexto en que se iniciaron las campañas cristianas fue el siguiente:

·         La estabilización que se produjo en Europa Occidental luego de la batalla de Poitiers y, consecuentemente, la reconquista iniciada por los reinos ibéricos en la península e italianos en Cerdeña, así como las costas que bordean el mar Tirreno, Sicilia y Mahdia (Túnez), que les permitió a los cristianos obtener el control casi absoluto del mar Mediterráneo occidental.

·         La decadencia acelerada del imperio bizantino sobre todo después de la derrota sufrida en la batalla de Manzikert (1071 d. C.). Consecuentemente, la ocupación selyúcida del Cercano Oriente y la oportunidad que se le presentó a la Roma itálica de expandir su influencia en oriente gracias a la solicitud de ayuda bizantina.

·         Los frecuentes ataques que sufrieron peregrinos cristianos por parte de las autoridades selyúcidas porque la presencia extranjera era percibida como un foco de inseguridad. Esta inseguridad se agravó debido a que más allá de los sufrimientos que padecían los peregrinos portaron enfermedades que en ese entonces eran totalmente desconocidas para los que dominaban dicho espacio que los colocaron en constante riesgo de contagios[6].

·         Un crecimiento poblacional en Europa Occidental que planteó la necesidad de conquistar tierras lejanas para alimento y cobijo.

Estos cuatro estados de cosas crearon las condiciones de posibilidad para que el papa Urbano II aceptara el pedido de ayuda bizantino antes mencionado e iniciara una campaña de promoción por toda Francia de las ventajas materiales que se podían obtener de una empresa dirigida a liberar los lugares santos de la cristiandad. Una vez logrado su objetivo, el 27 de noviembre de 1095 durante el concilio de Clermont, proclamó:

“Toda la cristiandad se siente acongojada por los triunfos y supremacía de los musulmanes en Oriente. Las Iglesias orientales han solicitado repetidamente nuestra ayuda. Tierra Santa, tan querida para todos los corazones cristianos y posesión cristiana por derecho propio, se ve profanada y esclavizada por sus gobernantes infieles. En consecuencia, los reyes cristianos deben volver sus armas contra estos enemigos de Dios, en vez de guerrear entre sí como acontece ahora. Han de rescatar Tierra Santa y la Ciudad Santa; han de alejar de sí el reproche de la Cristiandad y destruir para siempre el poderío musulmán. La guerra a la cual os llamamos es una Guerra Santa y el grito de batalla será Deus volt. Quienes pierdan la vida en semejante empresa ganarán el paraíso y la remisión de sus pecados”.

 

Esta proclama generó una máquina de guerra cuyos efectos han llegado hasta el presente en momentos en que el islam vivía un momento de gran esplendor que tuvo en Al-Fârâbî (872-950) e Ibn Sina (Avicena) (980-1037) a dos de sus principales exponentes en el plano filosófico. Para Al-Fârâbî (950 [2008]), quien vivió la inestabilidad política que caracterizó la dinastía de los abasíes, las cosas humanas por medio de las cuales los hombres alcanzan su felicidad, que entiende como un bien absoluto, en esta vida y en el más allá son las virtudes (Pág., 98)[7]. Las virtudes las define como “las disposiciones propias del alma por las que el hombre puede realizar actos buenos y acciones hermosas”, lo contrario son los vicios, los defectos y las cualidades despreciables (Pág., 169). Estas virtudes son cuatro, es decir, teoréticas o racionales (sabiduría, intelecto, talento, agudeza mental y la excelencia en comprender), éticas (la templanza, la fortaleza, la largueza y la justicia), prácticas o deliberativas (que proviene de la reflexión y se enmarcan en la concepción aristotélica de la prudencia) (Pág., 183-184) y las relativas a las artes prácticas (Pág., 222). Todas ellas reúnen la perfección práctica.

Pero fue sobre todo su sucesor Ibn Sina (Avicena) quien su pensamiento tuvo un gran impacto en la manera de pensar y de ser de los protagonistas que vivirían el enfrentamiento entre oriente y occidente. Él fue más allá de las ideas de Al-Fârâbî, es decir, siguiendo la senda aristotélica observa las virtudes como la inclinación hacia el justo medio respecto del placer y todo lo que se agrupa bajo el concepto de irascibilidad. Dicho de otra manera, las virtudes fueron por él enmarcadas en una forma de prudencia donde el conocimiento tenía como fin la acción, praxis, pero llevada de la mano de la templanza, la sabiduría y el valor, que constituyen para este pensador en fundamento de la justicia.

Avicena tendió un puente entre oriente y occidente puesto que su pensamiento influyó en la medicina y en la filosofía en la Europa medieval hasta la irrupción del pensamiento de Averroes y a través de su discípulo Sohravardî se desarrolló una “filosofía oriental” cuyos efectos están aún presentes en la actual Irán[8].

Con esta filosofía práctica que en principio fue puesta de lado por la amenaza cristiana entendida de manera absoluta vamos ahora a examinar sucintamente las cruzadas.

2.- Las cruzadas

Entre los siglos XI y XIII se llevaron a cabo ocho cruzadas, aunque hay autores que señalan que fueron nueve, de mayor o menor intensidad en las que miles de guerreros cristianos batallaron contra el islam con la esperanza de alcanzar el reino de los cielos y los musulmanes se defendieron con la misma esperanza con lo cual el enfrentamiento, en principio tendió a asumir un carácter absoluto. Aunque también se realizaron cruzadas contra comunidades de otras religiones. Con este preámbulo vamos a examinar sucintamente cada campaña.

En la primera cruzada se organizó, según Fuller (1985), una armada de alrededor de treinta mil hombres divididos en dos agrupamientos militares claramente diferenciados: los de Pedro el Ermitaño y los que luego se agruparían en torno a Bohemundo de Tarento[9]. Ambos grupos convergieron en Constantinopla dedicándose al saqueo como único modo de sustento por una gran falta de organización y logística. Los primeros fueron neutralizados, exterminados, esclavizados o vendidos como mano de obra después del desastre del sitio de Xerigordos (21-29SEP1096). El sitio de Xerigordos por parte de los cruzados se inició después de unas escaramuzas provocadas por los selyúcidas. Esta acción se emprendió de forma exitosa puesto que los cruzados lograron mediante una acción sorpresa expugnar la fortaleza.  Pero una vez los cruzados establecidos en la fortaleza fueron sorpresivamente contraatacados por refuerzos selyúcidas quedando sitiados y sin acceso a sus fuentes de comida y agua en el lago Iznik por lo que se vieron obligados a rendirse con las consecuencias antes indicadas. Este hecho les permitió a los selyúcidas atacar la caravana de peregrinos y su protección en Civetot (1096) produciendo una gran masacre.

Los segundos partieron de Constantinopla en el año 1097 conquistando Nicea con ayuda bizantina y derrotaron a los turcomanos selyúcidas en Dorylaeum (1097) lo que les permitió seguir avanzando hacia Antioquia que fue sometida a un asedio de ocho meses. En el momento culminante del sitio los cruzados lograron entrar a la ciudad, pero fueron sitiados por refuerzos selyúcidas. En el medio de la crisis el monje cruzado Pedro Bartolomé afirmó haber encontrado la Lanza Sagrada (lanza del soldado romano que atravesó el cuerpo de Jesús) en la ciudad y esto se consideró un milagro que presagiaba que obtendrían la victoria frente a los musulmanes. La victoria de los cruzados se produjo y fundaron los reinos de Eufratesia (Edesa) y Antioquia después de exterminar a los pobladores musulmanes. Después de seis meses de descanso, lograron tomar Jerusalén por asalto el 15 de junio de 1099 “matándose sin piedad a sus habitantes”. Luego de esta victoria, lograron, por una parte, conquistar el puerto de Jaffa permitiéndole la comunicación marítima directa entre Europa y Tierra Santa y establecer un condado en Trípoli y, por la otra, derrotar a una fuerza de refuerzo musulmana (integrada también por armenios, árabes y etíopes) en Absalón.

Pero otras ciudades como Damasco, Alepo relativamente cercanas siguieron en manos musulmanas, así como la propia Absalón permitiendo la comunicación entre Bagdad o Mosul y Egipto. Este hecho en sí constituyó una gran vulnerabilidad para los cruzados porque desde todos esos lugares atacarían sus conquistas o cortar sus líneas de suministros. Los cruzados para asegurar sus dominios se limitaron, por una parte, a establecer solo una red de fortificaciones y una eficiente línea de comunicaciones marítimas con Europa y, por la otra, a mantener la alianza con Bizancio con la finalidad de tratar de frenar a los musulmanes en Siria.

La segunda cruzada se inició casi cincuenta años después que se produjo la estabilización del mundo islámico le permitió establecer un reino en Siria y emprender la conquista de Edesa recuperándola casi completamente después de la derrota cruzada en Harrán. La importancia de Edesa para los cruzados estaba dada por ser un centro de peregrinación debido a que allí, al parecer, se había encontrado la Sábana Santa. La bula Quantum Praedecessores emitida por el papa Eugenio III del 01DIC1145[10]. En la primavera de 1147, Bernardo de Claraval, nombrado santo, bajo la consigna de que “tomar la cruz era un medio para lograr la absolución de los pecados y alcanzar la gracia”[11], un contingente de las islas británicas que lograron liberar Lisboa y Conrado III de Alemania y Luis VII de Francia después de tomar la cruz de peregrinos trataron de dirigirse al Cercano Oriente, pero sólo lo lograron los segundos debido a que el contingente del primero fue destruido en la segunda batalla de Dorylaeum. Una vez reorganizados los franceses emprendieron el sitio de Damasco, pero no solo fracasaron, sino también perdieron el resto de Edesa con lo cual las fuerzas cruzadas sobrevivientes tuvieron que replegarse en Jerusalén ante la llegada de fuerzas superiores selyúcidas.

Alentados por esta victoria, en el mundo islámico se produjo un proceso político-estratégico que culminó con la inclusión de Egipto bajo la autoridad espiritual del califa de Bagdad. El artífice de este proceso fue el Kurdo Melik en Nasir Salah ed-Din Yusuf ibn Ayyub (mejor conocido como Saladino). Una vez que los cristianos se percataron de este proceso se sintieron amenazados por lo que tuvieron que dedicar todos sus esfuerzos en fortalecer su posición. Ello no lo lograron por causas externas, la derrota del emperador bizantino en Miriocéfalo en 1176 en un intento por recuperar territorios perdidos con lo cual la cristiandad de oriente perdió definitivamente la Anatolia y, por causas internas, debido a las disensiones que empezaron a producirse en el seno de los reinos cristianos. A pesar de esta situación los cristianos lograron sorprender a Saladino y derrotarlo en Ramleh (Montgisard) en 1177.

Luego de una tregua acordada entre cristianos y musulmanes, que fue rota por los primeros, se inició la fase final de la campaña que culminó con la caída dl reino cristiano de Jerusalén. Esta fase final tuvo varios momentos: el primero fue naval cuando Reinaldo de Chatillón realizó una incursión naval en el mar Rojo con una escuadra de galeras para perturbar el tráfico marítimo de Egipto, Arabia y la India y destruir La Meca y Medina. La fuerza naval cruzada fue destruida por el gobernador de Egipto, hermano de Saladino, Malik al-Adil, pero el hecho causó una gran consternación en el mundo islámico agravado por el asalto de una caravana de peregrinos a la Meca. El segundo momento lo constituyó el intento fallido de Saladino de ocupar la fortaleza de Kerak. El tercer momento, se inició con el agravamiento de las disensiones interna entre los francos por una sucesión que no dejó herederos. Estas disensiones fueron aprovechadas por Saladino para profundizarlas. El punto culminante de la disensión fue aprovechado por el jefe musulmán creando las condiciones para emboscar a los cruzados. Los cruzados se lanzaron al rescate el 03 de julio de 1187 y cayeron en una trampa. Emboscados los cruzados se vieron obligados a buscar fuentes dirigiéndose al cuerno de Hattin. En el cuerno de Hattin el ejercito cruzado colapso cayendo prisioneros el rey cristiano, algunos nobles y la Vera Cruz.

Después de esta victoria Saladino ocupó tiberiades y se dirigió a Jerusalén. Esta ciudad cayó el 02 de octubre de 1187 después de una tenaz e inútil resistencia. A esta caída se sumó la de Mirabel, Absalón, Jaffa y, especialmente, Acre porque alteró el equilibrio naval en favor de los musulmanes. A pesar de las ejecuciones que realizó después de Hattin, la fama de Saladino se acrecentó porque no repitió las atrocidades que cometieron los cruzados cuando tomaron el espacio un siglo antes. Además, Saladino permitió peregrinaciones cristianas a Jerusalén, y permitió que la Iglesia del Santo Sepulcro permaneciera en manos cristianas. A la caída de Jerusalén le siguió también Montreal y Krak en 1188 y 1189 respectivamente.

Este desastre cruzado, según Read (2000), dejó atónitos a toda la cristiandad europea[12], “y asumieron de inmediato que el abandono de Dios tenía que obedecer a los pecados de su gente”. El papa Gregorio VIII expresó que la pérdida de Jerusalén era un castigo divino por los pecados de los cristianos de Europa. ¿Cuáles eran estos pecados? Quizás el estado de cosas vivido por Juan de Salisbury que murió siete años antes de la caída de Jerusalén nos de una pista de qué estaba sucediendo. Este autor, alumno de Pedro Abelardo, produjo una obra que denominó Policraticus (1159[1984]) que ha sido catalogada como la primera obra del medioevo de filosofía política que describe la realidad de su tiempo[13]. Su importancia radica en que a pesar de exigir a los gobernantes la sumisión a Dios y la ejecución de sus planes, es el primer esfuerzo de un pensador cristiano de secularizar la política al asociarla con el orden de la naturaleza para hacer la vida más digna. En esta obra expresó que el “príncipe es ministro de la utilidad pública y servidor de la equidad” (Pág., 308). De ahí que afirmara

"…la salud de toda comunidad solo será perfecta y manifiesta si los miembros superiores se vuelcan hacia los inferiores y los inferiores responden con igual derecho, de tal manera que mutuamente los unos sean los miembros de los otros y cada uno se sienta principalmente interpelado en aquello que perciba que es más útil a los demás" (Pág., 471).

Esta doble relación se sintetiza en la expresión “el pueblo se configura en la medida del príncipe y el principado según los merecimientos del pueblo” por lo que se explica las veces que tuvo que refugiarse de las persecuciones políticas porque sus afirmaciones contrastaban con la realidad imperante. La palabra clave aquí es corrupción debido a que su fuente es el placer. El placer fue el signo de la crisis que afectaba el orden europeo en la primera centuria del primer milenio de la era cristiana (Pág., 494). Fue en esta situación agravada por la caída de Jerusalén que se produjo un nuevo llamamiento para emprender una nueva cruzada en la encíclica Audita Tremendi[14] que tuvo una inmediata respuesta. Esta respuesta dio origen a la tercera cruzada.

Para la tercera cruzada tomaron la cruz personajes emblemáticos como los reyes Ricardo Corazón de León de Inglaterra y Felipe Augusto de Francia y el emperador Federico I Hohenstaufen (Barbarroja) de Alemania. Esta congregación produjo la agrupación de un importante ejército que se dirigió por mar (los primeros) y por tierra (el segundo), produciéndose un cambio en la conducta de los que iban realizar la empresa guerra desde el mismo momento que dio paso al surgimiento de ideas caballeresca. Read indicó que

“Los emblemas heráldicos, desconocidos en tiempos de la primera Cruzada blasonaban escudos y estandartes; y había entonces en la mente de la nobleza europea la sensación de que la cruzada era la mayor prueba de coraje y de virtud: la justa suprema contra las fuerzas del mal, la prueba final del caballero”.

 

Barbarroja fue el que arribó primero al teatro de operaciones después de que su ejército sufriera grandes penalidades por la inhospitalidad de los bizantinos. No obstante, les propinaron una contundente derrota a las fuerzas del yerno de Saladino Malik Shah el 18 de mayo de 1190 y se abrieron paso hacia el sur, pero en el cruce del rio Cydnus, el emperador alemán cayó al agua y se ahogó por el peso de la armadura. Este hecho hizo dispersar al ejército germano, aunque una parte del mismo llegó a Palestina. Allí un grupo fundó un Hospital bajo el patronazgo de Santa María de los germanos que luego se convertirían en la Orden de los Caballeros Teutónicos.

Contemporáneamente el rey francés llegó a Tiro sin inconveniente y el rey ingles tuvo que ocupar primeramente Chipre. Luego de que ambos se reunieran en Tiro, Ricardo asumió el comando de las fuerzas cristianas y se dirigieron a Acre tomándola sin inconvenientes. Los cristianos se dirigieron al sur y se toparon directamente con las fuerzas de Saladino. Éste último fue derrotado en Cesárea. Los cruzados siguieron entonces a Jerusalén, pero no la tomaron por considerar que su captura iba a ser insostenible. Saladino consecuentemente atacó Jaffa mientras el rey inglés fortificaba Absalón, pero salió en su rescate logrando sostenerla. Pero ambos líderes se percataron de la imposibilidad de una victoria decisiva y pactaron un arreglo:

“[Aceptó] que Absalón fuese demolida. A cambio, Saladino garantizaba las posesiones cristianas de las ciudades costeras desde Antioquia hasta Jaffa. Musulmanes y cristianos podrían visitar libremente Jerusalén y los demás lugares sagrados para la religión cristiana”.

 

Así terminó la tercera cruzada en el año 1191. Saladino murió poco tiempo después y Ricardo Corazón de León murió en el año 1199, mientras sitiaba el castillo de Châlus.

En virtud de los resultados de la tercera cruzada, la cuarta cruzada o mejor conocida como cruzada mercantil fue convocada por el papa Inocencio III con muy poca receptividad en Europa por los conflictos, por una parte, entre la iglesia y el sacro imperio y, por la otra entre Francia e Inglaterra. Estuvo originalmente dirigida contra Jerusalén, pero teniendo como foco Egipto con apoyo veneciano. Sin embargo, después de apoyar a los venecianos a petición de Enrico Dandolo duque de Venecia para conquistar Zara y Dalmacia, fueron dirigidos contra Bizancio, es decir, para ocupar Constantinopla en el año 1203, primero para restituir el emperador legítimo de Bizancio, después para vengar los desaires y traiciones sufridas por los latinos lo cual supuso que la capital imperial fuese sometida, según Fuller,

“… a un saqueo total, sucediéndose las escenas de matanzas. El saqueo conseguido fue tan grande que no podía columbrarse el fin del mismo… Nunca, desde que el mundo fue creado, se consiguió obtener tanta riqueza de una sola ciudad” de este modo…, el Imperio bizantino se convirtió en imperio feudal de los francos… creándose, además, el imperio colonial de Venecia”.

 

Con este hecho se neutralizó el imperio bizantino, aunque en las décadas siguientes logró restituir parte de su poder, distanciaron definitivamente a la Iglesia Católica romana y la Iglesia Ortodoxa y se crearon las condiciones de posibilidad para que otra civilización asiática llenara ese vacío, es decir, el imperio otomano.

La quinta cruzada fue convocada en el año 1215 en el concilio de Letrán por el sentimiento de fortaleza que generó en el orden instaurado en Europa la represión interna que supuso la cruzada contra los cátaros[15] y la importante victoria española sobre los musulmanes en Navas de Tolosa que marcó el inicio de la decadencia acelerada del islam en la península ibérica y que bien nos la describió Averroes (1194 [1998]) en la Exposición de la República de Platón unas décadas antes de ese suceso[16].  En este concilio, que contó con la presencia de Francisco de Asís[17], se evidencia cómo las medidas que adoptó la iglesia contra cualquier forma de pensamiento no autorizada indicaban que se estaba produciendo un cambio de circunstancias por el surgimiento de una nueva subjetividad. Ello explica no sólo la cruzada contra los cátaros, sino también la condena al místico Gioacchino da Fiore y la obligación que se exigió a todo católico de comulgar y confesarse al menos una vez al año para detectar y combatir la herejía.

Esta cruzada efectivamente se desarrolló entre los años 1228-1229 por el emperador Federico II, pero tuvo inicialmente una avanzada húngara (e inglesa) que se conoce como quinta cruzada que logró establecer una cabeza de puente en Damietta y sitiar la ciudad. Contó también con cruzados ingleses y neerlandeses que después de ayudar a los portugueses en la península ibérica se dirigieron a Chipre y seguidamente a Acre. Esta fuerza llegó a San Juan de Acre y luego de un acuerdo con el sultán de Egipto obtuvo Jerusalén, Belén, Nazareth y la Vera Cruz y los musulmanes conservaron el Monte del Templo y la mezquita de al-Aqsa. La importancia de estas acciones fue que Federico II se desvió a Sicilia y fue excomulgado por el papa por lo que, cuando llegó finalmente al Cercano Oriente (sexta cruzada) no contaba con el apoyo papal. Aun así, el emperador alemán sentó un importante precedente: una cruzada podía tener éxito sin apoyo papal. A partir de ese momento, dos reyes europeos tomaron la Cruz, es decir, Luis IX de Francia (Séptima y Octava Cruzadas) y Eduardo I de Inglaterra (Novena Cruzada).

Esta paz se mantuvo de manera precaria y al expirar el tratado firmado por Federico II, se reanudó el conflicto. Por ello el papa Gregorio IX convocó una nueva cruzada después de 1239 y partieron a Tierra Santa un conjunto de nobles atendiendo el llamado. En el Cercano Oriente se consiguieron una situación complicada debido a que, por una parte, los reinos musulmanes se habían dividido y los cristianos tomaron partido por uno de los bandos rompiendo la tregua con los egipcios y, por la otra, al Cercano Oriente estaban llegando restos de los ejércitos que habían logrado salvarse del avance mongol desde el Este. Jerusalén sería reconquistada por uno de estos grupos musulmanes (corasmios) en agosto de 1244. Después de este hecho, en Herbiya (La Forbie) se enfrentaron y la coalición damasceno-cristiana fue derrotada por los egipcios y corasmios en condiciones similares a Hattin perdiéndose en consecuencia Jerusalén de forma definitiva.

Este desastre motivo formalmente la séptima cruzada que fue conducida por el rey Luis IX de Francia. En 1249 se dirigió a Damietta y la tomó sin dificultad. Una vez hechos fuertes allí se dirigieron a Mansurah y fueron derrotados. Luego contratacaron los egipcios siendo también repelidos. La imposibilidad de un resultado comenzó a inclinar la balanza a la causa musulmana. En consecuencia, el rey ordenó la retirada a Damietta pero fue perseguido y capturado, por lo que tuvo que pagar un rescate. Después de ser liberado fortaleció las defensas de San Juan de Acre y Sidón e hizo negociaciones con los egipcios y otra civilización que había arribado a la región proveniente del oriente, es decir, con los mongoles. Con los primeros lograría liberar a los prisioneros cristianos cautivos en el Cairo. Con los segundos sólo obtuvo la oferta de someterse si no querían ser destruidos. Luego regresaría a Francia.

Los mongoles serían detenidos en el año 1260 en Ain Jalut cerca de Nazareth por los mamelucos reestableciéndose, en consecuencia, el equilibrio que había logrado Saladino a su favor. En esta situación, el sultán Baybars conquistó gran parte de los territorios de los territorios Cruzados de Levante, es decir, capturó Nazaret, Cesárea, Haifa, Arsuf, Salef y otras fortificaciones templarías en la región hasta llegar a Antioquia. Los cristianos en estos lugares fueron asesinados o vendidos como esclavos y las estructuras demolidas debido a su falta de colaboración frente a los mongoles que, aunque derrotados, todavía eran una amenaza en Siria. Para el año 1277 los cruzados solo contaban con Acre, Tiro, Sidón, Trípoli, Gibelet, Tortosa y Latakia y las fortalezas de Marqab y Atlit.

Estas derrotas empujaron al rey Luis IX a tomar la cruz nuevamente[18]. Así pues, condujo una fuerza a Cartago (Túnez) ocupándola exitosamente en la séptima cruzada, pero una epidemia en la región diezmo a los cruzados hasta que el propio rey cayó enfermo y murió poco tiempo después en el año 1270. Esta cruzada se desintegró rápidamente, pero la llegada de un refuerzo inglés comandado por Eduardo de Gales hizo que se emprendiera la que pasaría a la historia como la Novena Cruzada cuando decidieron dirigirse a San Juan de Acre. Sin embargo, no pudo hacer otra cosa que una especie de guerra de guerrillas hasta que se percató que su esfuerzo fue inútil. El heredero de Baybars Qalawun continuó con la captura del resto de las posiciones latinas hasta conquistar San Juan de Acre en 1291. Con la caída de Acre sólo quedó en posesión latina la isla de Ruad, que lograron mantenerla por 12 años. A pesar de algunos otros intentos no se pudo organizar otra cruzada.

3.- Los movimientos militares y migratorios: el pasado visto como presente

Kínder y Hilgemann (1988) expresaron que las cruzadas fracasaron en su empresa de conquista debido a la imposibilidad de congregar los intereses particulares de sus principales dirigentes en una causa común. Las discrepancias que opusieron, en primer lugar, los príncipes cruzados y, en segundo lugar, al papa con el emperador, impidieron la concentración de esfuerzos y mermaron la eficacia combativa de los expedicionarios. Debemos decir también que este fracaso se debió a que los defensores tuvieron la tenacidad de defender su territorio sin medir los costos. Entre sus consecuencias se mencionan:

·         Las ciudades marítimas de Italia y el sur de Francia experimentaron una gran expansión económica gracias a su contacto con el Cercano Oriente.

·         El contacto directo con egipcios, árabes, selyúcidas y bizantinos elevó el nivel cultural de Europa en la medida en que incrementó el conocimiento en filosofía, medicina y en las matemáticas y se adoptaron nuevas tecnologías: por una parte, instrumentos como el astrolabio, el gnomon, el sextante y la brújula marinera y, por la otra, se introdujo el molino de viento y se perfeccionó la forja del acero y la alfarería. Además, gracias a este intercambio, se introdujo una importante cantidad de nuevos alimentos.

·         El papado comenzó su declive político, después de que había sido el reino de reyes. Los desastres cristianos en el Cercano Oriente comenzaron a producir disensiones internas en Europa por el surgimiento de una nueva subjetividad que provocaron primero la separación entre imperio y papado y después dentro de la misma iglesia.

·         La aparición en el escenario del Cercano Oriente de otras civilizaciones como la mongola y, finalmente, la otomana que generaron una nueva dinámica político-estratégica en ese espacio.

Los europeos regresaron al Cercano Oriente con el fin de la Primera Guerra Mundial en específico desde el año 1917. El auge del petróleo hizo que fortalecieran su presencia, pero con ello comenzaron los movimientos de resistencia. Estos movimientos de resistencia se acrecentaron en diferentes momentos: el rechazo a la creación de estados a imagen y semejanza de occidente (Israel, Líbano, Siria, Jordania, Irak, etc.), el embargo petrolero árabe y la revolución islámica en Irán. Con estos hechos se comenzó un reflujo que nos regresa al siglo VII momento de la expansión de la dinastía de los omeyas con una diferencia: el avance del islam, como dijimos, fue a expensas del imperio bizantino. El reflujo y la presencia de occidente en el Cercano Oriente nos conduce a los movimientos militares y migratorios en esa gran área de operaciones que constituye los territorios que bordean el mar mediterráneo cuyos límites, son el mar del norte, el desierto del Sahara, el océano Atlántico y hasta ahora el mar Caspio.

Los movimientos migratorios hacia Europa provocados por la situación económica y/o por la guerra en varios estados de mayoría islámica nos obliga a hacer mención al concepto de máquina de guerra de Deleuze y Guattari (2008) en un doble sentido: como máquina de guerra cuyo fin es la destrucción del Estado y como máquina de guerra capturada por el Estado[19]. El primero tiene que ver con los flujos migratorios y el segundo con la presencia militar de Occidente en el Cercano Oriente que nosotros vamos a correlacionar con las ordenes de caballería.

Como máquina de guerra cuyo fin es la destrucción del Estado entendemos que las olas de migrantes a Europa han tenido originalmente un componente social en el sentido de que su aceptación se produjo por solidaridad (identificación por el sufrimiento humano y sentimiento de culpa por el pasado colonialista) y por necesidades económicas (mantener el ritmo del crecimiento económico). El hecho que se financiaran desde los emiratos del golfo pérsico la construcción de mezquitas le dio a esta migración un poderoso componente porque estos dejaron de ser nómadas y se convirtieron en sedentarios en tierras donde muchos antecesores ocuparon (España, Portugal, Italia, Francia) y en otras nuevas (el resto de Europa Occidental). Esto generó núcleos de subjetividad diferente que comenzaron a desafiar el orden político o adoptarlo (alcaldes musulmanes en el Reino Unido, guetos en toda Europa). Esta situación ha puesto a Europa en jaque debido a que desde su mismo seno han surgido movimientos de resistencia contra estas “invasiones bárbaras”. La palabra ‘bárbaro’ se usa aquí en el sentido griego del término.

La progresión de este movimiento migratorio en cierta medida fue similar al acaecido en el siglo IX en la península ibérica. La diferencia está dada en el plano militar. La expansión musulmana en Europa se tornó militar cuando tuvieron una basa política fuerte. En la actualidad no ha sido así debido, por una parte, al poder científico y tecnológico de Occidente a pesar de su decadencia política y, por la otra, Occidente mantiene un importante grado de control sobre las monarquías de la península arábiga, así como de los estados hechos a imagen y semejanza de Occidente, es decir, Israel y Jordania y, un relativo bajo grado de control sobre Irak, Líbano y Siria. Siria en los actuales momentos se presenta con un gran signo de interrogación porque una parte del país tiende a convertirse en una teocracia en condiciones similares a la que dio inicio a la dinastía de los omeyas. Creemos que el vacío generado en aquellos espacios no controlados por el nuevo orden en Siria y expresa la presencia de otros intereses (turcos, estadounidenses, iraníes, rusos, franceses e israelíes) va a generar una nueva fase de conflictos en el área.

En relación con las órdenes de caballería sobre las que orbitaron las empresas guerreras originalmente se crearon siguiendo el ideal ascético con el caballeresco, es decir, voto monástico (pobreza, castidad y obediencia) con la misión del caballero (protección del oprimido) en condiciones similares a aquellas que defendió Bernardo de Claraval. Las más representativas fueron:

·         Los caballeros de San Juan (hospitalarios y posteriormente caballeros de Malta) que se originaron de la hermandad hospitalaria de Jerusalén. Su misión fue el cuidado de los enfermos y el servicio de armas para la defensa de la fe. Esta orden se mantiene más o menos vigente.

·         Los caballeros del temple (templarios) que tuvieron como propósito la protección armada de los peregrinos y Tierra Santa[20].

Según Read, estas dos órdenes fueron “una fuerza multinacional financiada por una corporación multinacional que combatía a los enemigos de la iglesia en diversos frentes”. De alguna otra manera en la actualidad, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), después del fin de la guerra fría, realiza un parecido propósito, es decir, la defensa del neoliberalismo soterrado en expresiones como libertad, democracia y derechos humanos. Esta corporación, en el pasado, basó su poder en el diezmo que sirvió como la más importante fuente de ingresos. De esta manera fue posible el desarrollo de la banca y se generó un ciclo de producción e intercambios que en Europa generó prosperidad. En el presente, la principal fuente de ingresos del neoliberalismo es la guerra misma entendida como una actividad productiva bajo una lógica basada en la relación entre destrucción y construcción. Las otras órdenes fueron:

·         Los caballeros teutónicos que también tuvieron como propósito la protección de los enfermos y Tierra Santa, aunque después se dedicaron a combatir a los no cristianos en Europa oriental.

·         La del Santo Sepulcro fue una orden compuesta por clérigos y laicos y su propósito fue proteger el Santo Sepulcro y, por último

·         La orden de San Lázaro de Jerusalén que originalmente fue creada para proteger a los leprosos y, posteriormente, se convirtió en una orden militar.

Hubo otras dos órdenes de origen español que estuvieron al mismo nivel que las antes mencionadas y todavía están vigentes. Nos referimos a la de los caballeros de Calatrava y los caballeros de Santiago que tuvieron poca participación en las cruzadas debido a que su foco estuvo dirigido a la expulsión de los musulmanes de la península ibérica. Pero como la orden de los templarios fue la única que no sobrevivió vamos a examinarla sucintamente.

La orden de los caballeros templarios luego de la caída de San Juan de Acre estableció su base en Chipre. Desde ahí se sostuvo la isla de Ruad mientras se mantuvo en manos cristianas y realizó una serie de incursiones contra los mamelucos de Egipto que hicieron convencer a estos últimos de la necesidad de arrebatar esa isla a los cristianos. Piénsese en el presente el conjunto de acciones militares estadounidenses en Irak o Afganistán a pesar de que el EE.UU. se “retiró” de esos países o de Rusia, EE.UU., Israel, Reino Unido y Francia en Siria. Debemos recordar aquí que con la excepción de Rusia el resto de los países son de la OTAN o asociado.  

La pérdida de todas las posiciones cristianas en Tierra Santa hizo que se pensara en realizar una nueva cruzada y para ello se creyó que era necesario fusionar a los templarios y los hospitalarios. La resistencia a esta fusión hizo que salieran a relucir acusaciones de grave impropiedad a algunos de sus miembros que obligaron a abrir una investigación en Francia. De esta investigación siguió la detención de más de 15000 miembros de la orden y la confiscación de sus bienes a pesar de depender esta orden directamente del papa. De estas acciones siguió la tortura por parte de la inquisición para hacerlos admitir los cargos que se le imputaban. Los crímenes, según Read, esencialmente eran que:

“se entregan a la adoración y al servicio del diablo,… Jesucristo era un falso profeta que había sido crucificado no para redimir los pecados de la humanidad sino como castigo a los suyo propios… En ceremonias secretas adoraban a un demonio llamado Bafomet que aparecía bajo la forma de un gato, o de un cráneo, o de una cabeza con tres rostros”.

 

En el presente y en Occidente las adoraciones a otras entidades consideradas como ‘divinas’ parten, no sólo, de la libertad de culto consagrada políticamente, sino también de la decadencia de las religiones católicas y protestantes. Además, se le agregaban otras acusaciones como la sodomía, traición al pactar con los musulmanes y adquirir bienes de forma legal e ilegal. La sodomía es un elemento que, en Occidente, en la actualidad, ha generado conmoción cuando se hace mención a la pedofilia, ideología transgénero, prostitución infantil, etc. La traición al pactar con musulmanes en el presente se observa no en el pacto en sí porque estamos en un mundo cada vez más pequeño, sino en la creación de grupos armados a los cuales Occidente ha perdido el control y se ven obligados a combatirlos como ISIS o Dáesh. Y la adquisición de bienes de forma legal o ilegal, en el presente se observa en la causa económica del conflicto actual y explica la gran presencia de mercenarios.

Una vez que estas acusaciones en el pasado fueron admitidas, en su mayor parte bajo tortura, el papa Clemente V dio la orden de arrestar a todos los templarios y colocar todas sus propiedades en salvaguarda de la iglesia bajo la acusación de brujería, herejía y la responsabilidad de perder Tierra Santa. Esto hizo que el foco de atención de la persecución se dirigiera a la captura de las inmensas propiedades de la orden, aunque en muchos casos no lograron dar con ellas. Basta tener presente que una de las ofertas de la campaña electoral pasada en EE.UU. es abrir una investigación acerca de la forma en que ese país se retiró de Afganistán. Piénsese en el presente en los intereses económicos derivados del petróleo y el gas que ha obligado a las potencias extrarregionales a utilizar, como dijimos, mercenarios para cumplir aquellas tareas que antes estaban reservadas a los estados como el uso de la fuerza.

Mediante la bula Vox in excelso se abolió, a perpetuidad, la Orden del Temple. Sus propiedades, aunque fueron transferidas a los hospitalarios, partes considerables de estas quedaron en manos de los reyes de Inglaterra, Aragón y Francia. Después de una serie de confusiones y de contraordenes, los tres principales maestres de la orden fueron quemados en la hoguera. Se debe decir aquí que en la actualidad han existido voces que piden la reinstitucionalización de dicha orden, pero una iglesia católica que requiere de una renovación profunda dentro del contexto de la existencia de una guerra espiritual en las mismas condiciones en que fueron acusados los templarios haría riesgoso cualquier intento. No solo por los templarios, sino también por el hecho de que Occidente vive una crisis de espiritualidad. Por ello en el islam se habla de jihad dentro de un contexto de guerra santa y en Occidente se habla de guerra contra el terrorismo.

De igual forma una política que se ha separado de la ética como se vive Occidente indica que su declive cada vez será más pronunciado si no resuelve su crisis espiritual.  

4.- Corolario

El saqueo veneciano de Constantinopla redujo las posibilidades de reunir de nuevo las iglesias de oriente y occidente a pesar de los esfuerzos unionistas que siguieron. Hubo momentos como en el concilio II de Lyon (1274) y el de Florencia (1439) en que pareció que se había logrado, pero estas posibilidades fueron sepultadas con la caída de Constantinopla y la reforma protestante que sumieron a Europa en terribles guerras religiosas. Después del tratado de Paz de Westfalia hubo intentos, como el realizado por Gottfried Leibniz de reunir de nuevo a las iglesias en Europa.

En la época de máximo apogeo del unipolarismo estadounidense los estudios de escenarios indicaban que en el presente el conflicto que enfrentaría Occidente sería con el islam, pero decían que no tenían las armas suficientes para hacerles frente. Sin embargo, la máquina de guerra que está operando en Europa y en Siria indican que no sólo con las armas cinéticas se gana o evitan guerras, también se requiere de dos componentes de la trinidad de la guerra que expresó Clausewitz, es decir, la voluntad del jefe político en la determinación de los objetivos y la voluntad del pueblo para soportar las penalidades de un conflicto. En Occidente no se cuenta con ninguno, sino con las armas de alta tecnología. El islam parece no contar con el primero, pero si cuenta con el segundo. Así pues, la importancia de los acontecimientos que estamos viviendo es que, con seguridad, habrá gente que piense que se está repitiendo el proceso que se inició en Siffin, siguió en Al Raqqa y finalizó en Damasco con la instauración de un nuevo califato del que no se visualiza su orientación política, pero que podría disponer del dinero de los países de la península arábiga y de la voluntad que emana de una fe que parece inquebrantable.



[1] Blanco, E. (2024). “Ucrania y Siria: Las dos caras de la derrota de los órdenes Postwestfalianos”. Caracas, Festina Lente BG. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2024/12/ucrania-y-siria-las-dos-caras-de-la.html

[2] Bajo el reinado de Omar el islam conquistó Persia, pero fue abatido por un cautivo persa y el califato fue asumido por Uzman, descendiente de Umayya. Este hecho produjo disensiones entre los musulmanes que provocaron la guerra civil que finalizaría en la batalla de Siffin. Martínez, F. (2019). La gran expansión del Islam: los Omeyas. La Vanguardia. Documento en línea. Disponible: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/edad-media/20190807/47312081762/la-gran-expansion-del-islam-los-omeyas.html

[3] Según Molero, “los papas habían introducido en el credo la afirmación de que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (“Credo in Spiritum Sanctum qui ex Patre Filioque procedit”), en contra de lo que sostenían los patriarcas orientales, que no reconocían esta última procedencia” (2007:11). Ver también: https://es.catholic.net/op/articulos/9479/cat/443/xii-el-cisma-de-oriente.html#modal

[4] Molero, J. (2007). El Cisma de Oriente y Occidente. Una introducción. GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año VI. Número 51. Documento en línea. Disponible: https://gibralfaro.uma.es/historia/pag_1404.htm

[5] Ver al respecto: Fuller, J. (1985). Batallas decisivas del Mundo Occidental y su Influencia en la Historia. Vol 1. Desde los tiempos remotos hasta la batalla de Lepanto.  2° ed. Madrid. (T. J. Fernández). Ediciones Ejército. 670 p.

[6] Ver al respecto: Cuestas, J. (2009). Breve Historia de las Cruzadas. Madrid. Ediciones Nowtilus. 254 p.

[7] Al-Fârâbî, A. (950 [2008]). Obras Filosóficas y Políticas. Madrid. (T.R. Guerrero) Editorial Trotta. 256 p

[8] Ver al respecto: López Farjeat, Luis Xavier, Avicena, en Fernández Labastida, Francisco – Mercado, Juan Andrés (editores), Philosophica: Enciclopedia filosófica on line, URL: http://www.philosophica.info/archivo/2009/voces/avicena/Avicena.html

[9] El primero fue el líder espiritual del movimiento de la cruzada popular o de los pobres y él segundo condujo la cruzada de los nobles. Aquí se puede observar la división social que explicará la posición política de Bernardo de Claraval

[10] El obispo Hugo de Jabala que le transmitió al papa Eugenio III la mala noticia también le habló de un rey oriental cristiano, conocido como Preste Juan que ayudaría a los cruzados. Esta fue primera mención documentada del citado rey.

[11] Bernardo de Claraval (1091-1153) fue miembro de la Orden del Císter que se destacó por imponer un ideal que se va a extender a las órdenes de caballería, es decir, disciplina, austeridad, oración y simplicidad. Logró obtener gran importancia política, no sólo, por defender los derechos políticos y económicos del papa, sino también porque su discípulo Eugenio III (1145-53) llegó a ser papa. Él luchó contra las tendencias laicistas que surgieron de su tiempo, haciendo condenar el racionalismo de Pedro Abelardo (1079 - 1142) y las propuestas de Arnaldo de Brescia de que la Iglesia volviera a la pobreza primitiva. De hecho, promovió la condena a las llamas en el Concilio de Soissons (1121) del tratado De la unidad y la trinidad divinas de Pedro Abelardo, así como de otras frases de sus libros en el Concilio de Sens (1140) debido a que consideró que la fe fuese limitada por “principios racionales”, que desarrolló en su Dialéctica (1121) corriendo el riesgo de ser acusado de hereje. Bernardo también legitimó el uso de la fuerza en apoyo de la Iglesia, promovió y condujo a franceses y alemanes en la segunda Cruzada (1146) y promovió el reconocimiento de la Orden del Temple como realización del ideal del fraile-soldado (1128). Ver al respecto: Tomás Fernández y Elena Tamaro (2004). «Biografia de Pedro Abelardo y Bernardo de Claraval» Barcelona, España: Editorial Biografías y Vidas. Documento en línea. Disponible: https://www.biografiasyvidas.com

[12]   Read, P. (2000). Los Templarios. Buenos Aires. (T. G. Gambolini). Editorial Vergara. 399 p.

[13] Juan de Salisbury. (1159 [1984]). Policraticus. Madrid. (T. M. García y T. Zamarriego). Editora Nacional. 529 p.

[14] Ver al respecto: “Medieval Monday: Pope Gregory VIII, the Audita tremendi, and the Third Crusade”. Pennsylvania. University of Pennsylvania Press. [Documento en Línea]. Disponible: http://pennpress.typepad.com/pennpresslog/2013/04/medieval-monday-pope-gregory-viii-audita-tremendi-and-the-third-crusade.html  .

[15] Esta fue una secta considerada como herética alojada en la ciudad de Albi al suroeste de Francia que cobró gran auge debido a que la iglesia estuvo en decadencia y una jerarquía eclesiástica poco preocupado “por proteger su rebaño”. La doctrina de esa comunidad se basaba en el zoroastrismo. Esta doctrina sostenía que había dos dioses: “una deidad benévola cuyo reino era espíritu puro, y una deidad malévola que había creado el mundo. Todo lo material era por lo tanto intrínsecamente perjudicial y la salvación radicaba en emanciparse de la carne”.  Un personaje histórico que de joven abrazó esta doctrina fue San Agustín de Hipona.

[16] Averroes hizo una interpretación aristotélica de La República de Platón teniendo como foco la realidad de los reinos árabes en la península ibérica. Esta obra realizada en el marco, por una parte, del proceso de descomposición de las instituciones políticas árabes y de la lucha civil que se desató en consecuencia y, por la otra, de la lucha contra los castellanos, significó la persecución política del autor y el destierro. La influencia de su pensamiento marcó e inició la estructuración del espíritu laico al separar la sabiduría religiosa de la filosofía, tal como la indicó Dante Alighieri en El Infierno, que se hará presente en los siglos venideros. Él creyó en la necesidad del ser de reunirse en sociedad para su perfección. Siguiendo a Aristóteles creyó que en sociedad dos eran los modos de alcanzar las virtudes: convencimiento dialectico y coerción punitiva y este último era el que había que aplicar a enemigos, adversarios y delincuentes, así como a las sociedades injustas y malvadas. El islam adoptó este principio para quienes rechazasen su mensaje y para ello había que esforzarse (yihad), pero su fin es la paz… proclama la igualdad de la mujer. A diferencia de Platón que no indica posibilidad de renovación, Averroes cree que sí, si hombres probos toman las riendas del poder. Ver al respecto: Averroes (1194 [1998]). Exposición de la República de Platón. 5° ed. Madrid. (T.M. Cruz). Editorial Tecnos. 158 p. Ver también: Kinder, H y Hilgemann, W. (1988). Atlas Histórico Mundial. De los orígenes a la Revolución Francesa. Madrid. (T. C. Martín y A. Dieterich). Editorial Istmo. 311 p.

[17] San Francisco de Asís (1182 - 1226) fue un religioso y místico italiano que sin proponérselo lideró un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo una inmensa repercusión entre las clases populares. Este movimiento que propugnaba una vuelta al cristianismo primitivo requirió de la autorización papal debido a que los movimientos anteriores habían sido declarados heréticos. Ello fue aprobado por Inocencio III. En el concilio de Letrán se reconoció su congregación. Tuvo la oportunidad de viajar al Cercano Oriente y visitar los Santos Lugares. Ver al respecto: Fernández y Tamaro (2004).

[18] Santo Tomás de Aquino fue consejero del rey en el año 1269.

[19] Deleuze, G. y Guattari, F. (2008). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8º éd. Valencia. (T. J. Vásquez y U. Larraceleta).  Editorial Pre-Textos. 522 p.

[20] Hubo una orden de origen español, denominada del Monte Gaudio que pasó a formar parte del patrimonio del Temple en el año 1186. Ver al respecto: Cuestas (2009).