jueves, 1 de enero de 2026

SENTIDO COMÚN: UNA LECTURA ORGÁNICA Y PROCESUAL


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Hace dos años atrás dentro del marco del proyecto de construcción de ciudadanía emprendido por el Grupo de Investigación de Evoluciones Metafísicas y el Centro de investigación y proyectos Giroscopio la profesora Ingrid Lares y mi persona desarrollamos un seminario sobre ‘sentido común y ciudadanía’. Este seminario, que se planteó como una genealogía del concepto se apoyó en primer lugar, en la intuición de Hannah Arendt (1971 [1984]) orientada a través del concepto de sensus comunis kantiano para construir una nueva manera de hacer la política (Kant, 1790 [1963])., en segundo lugar, en la propuesta de Roland Omnès (1999) quien consideró la necesidad de acercarse al mundo cuántico a partir del sentido común como medio para que un ser pueda ser-sí-mismo, no escindido en un mundo tecnológico dentro de un contexto de aceleración social, en tercer lugar, en Timothy Eastman (2020), un pensador que ha seguido la estela dejada por A. N. Whitehead y Roland Omnès, sintetizó el pensamiento procesual con la física moderna a través del concepto de sentido común, dentro de un contexto donde la computación cuántica y la inteligencia artificial cada día se hacen más presente en nuestra vida cotidiana, para proponer nuevos tipos de praxis que creen las condiciones de posibilidad de que el hombre sea ser-en-sí-mismo. Y, en cuarto lugar, Isabella Stengers (2022), la llamo Isabella por mi hija, planteó la necesidad de reactivar el sentido común a partir del pensamiento de Whitehead considerando que nos encontramos, según ella, en tiempos de debacle. Estos dos últimos autores que remiten al pensamiento de Whitehead nos permitieron dar una unidad de sentido consistente para buscar, siguiendo la intuición arendtiana, un marco referencial que pudiera articular la experiencia humana completamente, que incluya, a su vez, la ciencia y la tecnología, las humanidades, las estructuras sociales, la experiencia inmediata, lo material, lo estético y lo espiritual considerando el impacto de las tendencias neo-conservadoras que han emergido en el mundo de hoy como una alternativa para hacer frente a la aceleración social más allá de las agendas global que se trataron de imponer en época reciente.

Hay dos momentos que nos sirven para comprender el concepto de sentido común en Alfred North Whitehead. Estos fueron sus reflexiones acerca de la crisis de Atenas que vivió Sócrates y durante el siglo XVIII periodo en que surgió la escuela escocesa del sentido común que tuvo en Andrés Bello a uno de sus más destacados intérpretes.

En relación con Sócrates, Isabella Stengers (2022) expresó que Whitehead (1938) en Modos del pensamiento dijo lo siguiente: “Sócrates pasó su vida analizando las presuposiciones corrientes del mundo de Atenas. Reconoció explícitamente que su filosofía era una actitud frente a la ignorancia”. Pero los ciudadanos de Atenas no eran ignorantes, sabían todo lo que tenían que saber, el problema fue la crisis que los embargaba. Por ello, Whitehead, en una lectura que nos recuerda a Popper expresó que “El sentido común, que rumia los aspectos de la existencia, (los) pone en manos de la filosofía para que los elucide dándoles una comprensión coherente” (Pág., 65).

Rumiar, según Stengers (2022) refiere a la activación del sentido de la importancia y su vinculación “con un aspecto de la existencia, perteneciente a la existencia en sí misma, irreductible a lo que nos hemos acostumbrado a despachar a la relatividad de lo “subjetivo’” (Pág., 16). Por ello para Whitehead no hay una definición estable del sentido común, más bien lo consideró como una condición para la filosofía. Desde esta perspectiva, la filosofía, según Whitehead, tiene por tarea “soldar el sentido común con la imaginación” (PR, 35)

En relación con el siglo XVIII Whitehead, por una parte, apoyándose en Thomas Reid y la Escuela Escocesa del Sentido Común y, por la otra, coincidiendo con el Heidegger de la Época de la imagen del mundo, expresó que el sentido común había obrado sobre la humanidad “a la manera de un lavado moral” frente a la inevitabilidad de que la visión científica del mundo pudiera corromperse. En este sentido, Stengers (2022) expresó que

“La originalidad de Whitehead como filósofo se ubica en su relación especulativa con el sentido común. Y no es solamente una condición, es un reto. El sentido común, para poder soldarse con la imaginación, debe ser capaz de rumiar, es decir, no dejarse manejar, no aceptar con docilidad la descalificación de lo que le importa. No puede ser reducido a aquello de lo que hablan los filósofos, lo que definen, lo que hacen que tenga un rol en el pensamiento, ya sea un rol de autoridad o bien de contraste. Pero la posibilidad de soldar … es especulativa, su reto es una aventura —no el progreso— e implica que la filosofía debe, no traer una respuesta por fin satisfactoria a las rumias del sentido común, sino alimentar lo que hace rumiar. Es esa su «actitud» en relación con la ignorancia que Sócrates hace admitir a los habitantes de Atenas. Frente a la inmensidad de las cosas, la ignorancia es un acervo común. Se trata más bien de osar imaginar aquello que insiste sordamente que hace rumiar y que, a pesar de las garantías de los saberes especializados, expresa una cierta comprensión de la inmensidad de las cosas, aun si no sabemos decirla bien” (Pág., 18-19)

Por ello, la tarea que Whitehead le propuso a la filosofía —soldar el sentido común con la imaginación— expresa directamente lo que él consideraba la mayor debilidad del mundo moderno. Ello es así debido a que Stengers afirmó que el sentido común tal y como es “ha sido derrotado” cuando la física comenzó a ejercer la autoridad, cuando destruyó las certezas de lo que fue caracterizado comúnmente como sentido común a pesar de que ella ha necesitado de él para llegar hasta dónde ha llegado. Las teorías modernas se glorifican en descalificar el sentido común, en convencerlo de remitirse a la autoridad de «los que saben» con lo cual se comenzó a cuestionar la capacidad de objetar y hasta de imaginar que lo que sabemos podría permitirnos objetar, y eso significa la pérdida de aquello sin lo cual no puede haber rumia. La ciencia y la tecnología, en este sentido, con su infatigable insistencia en la especialización y la expertez, vinieron a cerrar una con otra un círculo, quedando aprisionadas y convertidas en un sacerdocio como cualquier otro de la historia. Markus Gabriel (2017) hizo una lectura parecida de esta conversión. Si el sacerdote se volvía al ritual comunal para convalidar su visión de la realidad, los expertos científicos han tenido que recurrir cada vez más a la aprobación profesional de autoridades autonombradas para convalidar su conocimiento mucho más esotérico como hemos vivido en toda la polémica del cambio climático o como se vivió durante la pandemia del COVID 19. La paradoja en ambos casos es que parece que la experticia ha fallado por exceso (hoy en día se requiere de un mayor consumo de energía y se busca fuentes sin importar su origen. Solo basta observar la crisis ucraniana) o por defecto (las decisiones de obligar a inyectarse con un agente sintético no probado durante la pandemia).

Por ello, Stengers expresó que “deshacer el sentido común remite a volver impotente la rumia, a separarla de cualquier capacidad de objetar en contra del orden de cosas, a reducirla a un imaginario quejumbroso que sueña, en el mejor de los casos, con un mundo en el que «la gente» no fuera tan egoísta, irresponsable, influenciable” (2022:19-20). Para la filósofa rumiar es rechazar perder confianza en el valor de la experiencia, aunque sea difícil de ponerla en palabras o aunque una teoría pueda descalificarla y ponerla en dificultad. Esta preocupación de la filósofa belga en cierta forma ya la había expresado Hans-Georg Gadamer.

Gadamer (2003) apeló al sentido común como concepto fundamental del humanismo y saber históricamente heredado y circunscrito a los límites de una tradición debido a la generalizada metodización de la ciencia para construir una teoría hermenéutica que buscase dar cuenta del tipo de experiencia propio de las ciencias del espíritu del siglo XX (2003:48). En esta preocupación humanista Mungaray y Núñez (2016) expresaron que la Organización de las Naciones Unidas realizó el documento “El humanismo, una nueva idea” (2011) donde se considera el sentido común, desde una perspectiva crítica y práctica, “como un ejercicio de las comunidades de seres vivos, que buscan entre sí un entorno para asimilar el sentido humanista de la cultura”. A partir de esta consideración Mundaray y Núñez (2016) plantearon que

“el sentido común se construye por una parte desde la conciencia de las determinaciones sensibles comunes también a varios; y por otra parte, por una visión que varía en el tiempo a la luz de los consensos paradigmáticos. Estos elementos permiten visualizar una estructura de conocimiento posible que formula a su vez los marcos de referencia necesarios para cimentar la validez del conocimiento”.

Desde esta perspectiva, ambos autores creen que el sentido común puede seguirse como el sentido de la comunidad, que remite al hábito, al gusto, al modo común de vivir o a las formas de hacer propio el uso de la realidad. Esto nos remite al contexto neoconservador actual porque el sentido común es el término que está presente en su discurso político. Vamos a examinarlo desde dos perspectivas: en primer lugar, como herramienta retórica y política, es decir, cómo se usa el término en el discurso público y, en segundo lugar, como concepto filosófico y moral, es decir, qué entienden los neoconservadores por "sentido común".

Como Herramienta Retórica y Política el sentido común ha sido un medio, en primer lugar, de establecer formas de identificación y deslegitimación frente a aquellos que tratan de imponer una realidad (élites liberales/progresistas, burócratas, académicos, etc.) y, en segundo lugar, de buscar anclarse en valores tradicionales (familia, nación, orden, mérito) que se presentan como atemporales y probados por la experiencia frente a lo que han sido percibido como dudosos y perniciosos experimentos de ingeniería social dentro de un contexto biopolítico.

Como concepto filosófico y moral el sentido común ya hemos expresado que es un conjunto de principios morales y sociales que se consideran evidentes por sí mismos y universales que, en la actualidad, están sirviendo para hacer frente al relativismo postmoderno desde una lectura que entendemos como conservatista que parte de la existencia de verdades morales y naturales que son accesibles para cualquier persona racional. Una idea de ello lo constituye el sexo biológico o las dudas acerca de las causas y efectos del cambio climático. Esto nos permite examinar eso que denominamos ley natural y el pragmatismo como actitud de vida frente a la implantación de proyectos de ingeniería social. En el primer caso, muchos pensadores conservadores (desde Edmund Burke y sus Reflexiones en 1790 sobre la Revolución en Francia, pasando por Roger Scruton y el significado del conservatismo de 1980 hasta el presente representado por Jordan B. Peterson y sus 12 Reglas para la vida: Un Antídoto para el Caos de 2018) relacionan el "sentido común" con la tradición de la ley natural desde una perspectiva orgánica e histórica. Es decir, parten de la idea de que hay un orden moral inherente a la realidad humana capaz de evitar la tiranía en cualquiera de sus formas que la razón práctica puede descubrir gracias a la existencia de un contrato intergeneracional que se va renovando evolutivamente. Las instituciones tradicionales (como la familia), en este sentido, serían el depósito de esta sabiduría acumulada a lo largo del tiempo.

En el segundo caso, se valora positivamente el pragmatismo y las soluciones que han demostrado funcionar en el pasado y se valora negativamente a aquellas que no han funcionado en el presente. Se desconfía profundamente de los grandes proyectos de ingeniería social que buscan transformar la sociedad desde cero basándose en abstracciones ideológicas (como la Revolución Francesa y rusa, y tienen a Venezuela como un ejemplo paradigmático contemporáneo). El "sentido común", en este sentido, prefiere la implantación de reformas graduales, a pesar del contexto de aceleración que estamos viviendo, que respeten la complejidad orgánica e intergeneracional de la sociedad. Por ello más que conservadurismo hablamos de conservatismo que en cierta forma nos remite, por una parte, a la visión reformista kantiana que encontramos en Teoría y praxis frente a los excesos de la revolución francesa y a la Crisis de la República y el intento de plantear una nueva manera de hacer política mediante la ingeniería social que realizó Hannah Arendt.

En los Orígenes del Totalitarismo Hannah Arendt planteó el conflicto entre lo que hay que conservar y lo que hay que cambiar. Kant se inclinó por el reformismo, es decir, el cambio evolutivo y no, digamos, la ingeniería social. Ese conflicto enmarcado en la revolución industrial condujo, según ella, a las guerras mundiales del siglo XX. Creemos que en el siglo XXI este conflicto se ha hecho de nuevo presente y que el conservatismo fundamentado en el sentido común es el remedio frente al conservadurismo y el progresismo frente a la situación de crisis de la idea de republica que estamos viviendo. Pero hay que seguir la huella dejada por la citada autora.

Referencias consultadas

Arendt, H. (1971 [1984]). La Vida del Espíritu. El Pensar, la Voluntad y el Juicio en la Filosofía y la Política. Madrid. (T. R. Montoro y F. Vallespín). Centros de Estudios Constitucionales. 541 p.

Arendt, H. (2015). Crisis de la República. Madrid. (T. G. Solana). Editorial Trotta. 182 p.  

Arendt, H. (2004). Los Orígenes del Totalitarismo. 4° ed. Madrid. (T. G. Solana). Santillana ediciones generales. 618 p

Eastman, T (2020). Untying the Gordian Knot Process Reality and Context. Maryland. Editorial Lexington Books.

Gabriel, Markus (2017). Sentido y existencia. Una ontología realista. (Sinn und Existenz - Eine realistische Ontologie). Barcelona (T. R. Gabás). Editorial Herder.  515 p

Gadamer, Hans-Georg (2003). Verdad y método. Tomos I y II. 10° ed. Salamanca. (T. A. Aparicio y R. de Agapito). Editorial Sígueme.

Heidegger, Martín (1938). La Época de la imagen del Mundo, Trad. H. Cortés y A. Leyte, Madrid, Alianza Editorial, Caminos de bosque, 1996. disponible en: http://www.fadu.edu.uy/estetica-diseno-i/files/2015/08/heidegger_epoca_imagen_mundo.pdf

Kant, I. (1790/1963). Kritik der Urteilskraft. Stuttgart. [Documento en Línea]. Disponible: http://gutenberg.spiegel.de/buch/kritik-der-urteilskraft-3507/1 Versión en español (2005). Crítica del Juicio. (T. J. Rovira). Buenos Aires. Editorial Losada. 368 p.

Kant, I. (1793[1986]). Teoría y Práctica. Madrid. (T. J. Palacios, M. Pérez y R. Rodríguez) Editorial Tecnos. 68 p.

Mungaray, A. y Núñez, H. (2016) “El sentido común en el horizonte del humanismo” Revista Internacional de Ciencias Humanas. Revista Internacional de Estudios Literarios y Humanísticos 5 (1). Pp 131-140. Documento en línea. Disponible: https://journals.eagora.org/revHUMAN/article/download/447/57/1183

Omnès, R. (1999). Quantum Philosophy, Understanding and Interpreting Contemporary Science. Princeton, Princeton University Press.

Reid, T. (2003). La filosofía del sentido común. Breve antología de textos de Thomas Reid. México. (T. J. Hernández Prado). Amalgama Arte Editorial. 372 p.

Stengers, I. (2022). Reactivar el sentido común. Whitehead en tiempos de debacle. (T. D. Milos). Fondo de Cultura Económica. 208 p.

Whitehead, A. (1938). Modes of thought. New York, The Macmillan company. 175 p. Documento en línea. Disponible: https://altexploit.wordpress.com/wp-content/uploads/2017/09/alfred-north-whitehead-modes-of-thought-fireside-1938.pdf  

Whitehead, A. N. (1929 [1978]). Process and Reality. New York. Editorial MacMillan Co. Documento en línea. Disponible: https://ia801908.us.archive.org/34/items/AlfredNorthWhiteheadProcessAndReality/Alfred%20North%20Whitehead%20-%20Process%20and%20Reality.pdf