sábado, 7 de marzo de 2026

‘EDAKUNI’: MÁS ALLÁ DE LA COINCIDENCIA FONÉTICA EN INDIA, VENEZUELA Y JAPÓN

      Navegando en internet me topé por casualidad con un video que explica cómo los Yekuana construyen sus curiaras (Kudiyada o Ku-diada)[1]. Según ese video Kenú Kenú creó un Edakuni. Edakuni creó la primera curiara que llamó Kayaje. A los remos los llamó Edatuweni. Los Yekuana se hacen llamar Deyaruá que quiere decir ‘dueño y señor de la selva’. Pero observando otras fuentes no usaban las palabras ‘Kenú Kenú’, sino ‘Kushi-kushi’ (o Kuchi-kuchi)[2] con lo cual me he encontrado con variantes escritas de la fonética de un mismo ente. Junto con la palabra ‘Edakuni’ conseguí con otra voz yekuana, es decir, Edeñawadi que es el nombre de la esposa de Kamaso Wochi quien fue la llamada a plantar el árbol ‘Dodoima’.

La coincidencia fonética la consideramos el marco referencial debido a que la escritura sanscrita en la India es de alrededor del siglo III a.C. y ello significa que esa cultura se sostuvo a través de la tradición oral por más de un milenio, así como observamos en los Yekuana y en otras civilizaciones aborigen en Venezuela.

A este punto al considerar que los Yekuana ejecutan un rito inicial para talar el árbol para hacer la curiara me focalice en la palabra ‘Edakuni’, vamos a examinar qué denota esta palabra, después vamos a examinar si existen palabras fonéticamente semejantes en otras culturas y, finalmente, vamos a analizar el papel que juega la palabra ‘Edeñawadi[3] para comprender la conexión sagrada que pudiera existir con otras culturas.

Esta orientación arqueológica investigativa obedece a que desde la perspectiva de la explicación histórica estamos buscando un anclaje ontológico más firme que pueda estar a la par del pensamiento europeo de origen greco-romano. Por ello nos hemos apoyado, por una parte, en los criterios de Gilles Deleuze y Félix Guattari (2008) en lo concerniente al uso de la pareja de dioses védicos Mitra y Varuna, desde una perspectiva estructural y a-histórica, que le sirvió para demostrar la soberanía sagrada a partir del pensamiento del lingüista y antropólogo Georges Dumézil (1988) y, por la otra, la propuesta de Giorgio Agamben (2008) en el sentido de establecer un anclaje ontológico último que permita comprender al ser-venezolano como un campo de tensiones esencialmente históricas.

1.- Edakuni en voz Yekuana

Los Yekuana son un pueblo de filiación lingüística caribe que actualmente habita en las cuencas de los ríos del Escudo Guayanés entre Venezuela y Brasil luego de haberse replegado hacia la selva por el avance de los europeos. Se hacen llamar a sí mismo como So’to (‘Gente’ o ‘Seres humanos’). Para los Yekuana un So’to es aquel ser que posee un Edakuni, es decir, una fuente o “luz central” plena. En este contexto, el término Edakuni (o edajkuni) se produce en un mundo donde el lenguaje no es solo una herramienta de comunicación, sino un vehículo de poder espiritual y memoria ancestral. Esto nos permite comprender cómo fue el proceso que condujo a la primera curiara según su cosmogonía. Etimológicamente, Edakuni proviene de la raíz ‘eda-’ (que en ocasiones varía a ede- o edi- según el contexto fonético) está intrínsecamente ligada a dos campos semánticos que para ellos son uno solo: el centro físico (o receptáculo de la vida) y la percepción luminosa en el sentido de que edai refiere ‘ver’ y el sustantivo edano denota ‘luz’ o ‘claridad’. Se podría afirmar que ‘Eda’ denota “lo que brilla en el centro" o "la claridad interna”. Por su parte, la partícula ‘-kuni’ es un sufijo de “esencia posesiva” que tiene la función de indicar que algo "posee la cualidad de" o es “el dueño de” algo. Por lo tanto, al unirlo, Edakuni, se traduce etimológicamente como “el poseedor de la claridad interna” o “aquello que emana del centro”. Esta palabra tiene esencialmente tres usos que examinaremos a continuación.

En primer lugar, la palabra ‘Edakuni’ se asocia directamente con la identidad y la pertenencia, es decir, el Edakuni es el nombre propio que es observado como una parte esencial e intrínseca de un individuo que lo vincula con un linaje específico y lo conecta con sus antepasados. En la vida social se usa de forma restringida debido a que puede considerarse una falta de respeto o incluso una vulnerabilidad ante fuerzas espirituales negativas. Por ello en lugar de usar el Edakuni se refieran a las personas por su relación de parentesco para proteger la integridad espiritual del individuo. Esto hace que el nombre, como veremos, tienda a ser más estático y sagrado debido a que una vez que se establece el vínculo con un antepasado o un espíritu a través del nombre, este define la esencia de la persona para toda la vida. Es, en este sentido, un ancla que conecta al individuo con el linaje y el territorio.

En segundo lugar, Edakuni se usa también, desde la perspectiva toponímica, para reclamar un territorio ancestral. Por ello vimos en la introducción la relación de la palabra con la curiara y el río. Los Yekuana son conocidos como "la gente de la curiara" y su geografía está viva. El Edakuni de un lugar (un río, un cerro o un raudal) cuenta la historia de cómo ese sitio fue creado por Waanadi (el ser creador) o cómo fue transformado durante los tiempos míticos.

En tercer lugar, la palabra Edakuni está relacionada con el Watunnwa (el ciclo de cantos y narraciones ancestrales) que se invoca en los rituales de curación, en la construcción de una Atta (casa comunal)[4] y en la protección de los niños al nacer para asegurar que su alma esté anclada al mundo de los vivos. Aquí debemos tener presente que el ser humano tiene dos almas que expresa la existencia de los dos nombres: Por una parte, Edakuni “alma interna” que, como hemos dicho, es la chispa divina, la parte del ser que está conectada directamente con el Creador, Waanadi. Y, por la otra, Akato, es decir, “alma externa” o la sombra. Es la imagen que vemos reflejada en el agua o la silueta que proyectamos en el suelo. Es vulnerable y puede ser robada por entes maléficos (odoyos). Vamos a detenernos un momento aquí porque nos encontramos aquí la relación entre el ser y el no-ser debido a que las sombras tienen alma.

Las palabras Akato u odoyos, en este sentido, son vehículos que conectan el espíritu de los Jidiwa (sabios o chamanes) con los espíritus del más allá. Es un modo de actuar que implica, según Viveiros de Castro (2002), un modo de conocer. Conocer para los Yekuana es personificar. Ahora, conocer verdaderamente es, para ellos, lograr atribuir la interpretación de una observación de forma acertada y proporcional a un estado acontecimental o a predicados intencionales de algún agente.

La palabra posee componentes divinos debido a que, además de la conexión entre los dos mundos, tienen caracteres proféticos. Por este motivo los Yekuana hablaban y hablan poco ya que los Jidiwa eran los únicos que podían lograr que el uso de la palabra produjera el efecto a que está destinada. Con estas palabras pronunciadas por las personas adecuadas se podía, según Bracho (2019) “detener el tiempo y el río, petrificar los árboles” para lograr algo que fuese de beneficio para el grupo. Esto lo observaremos más adelante con el mito Marawaka. A estos Jidiwa se les denomina, según Bracho (2019), “gobernador o dueño de las palabras” puesto que, con ellas, dichas adecuadamente, se aseguraba el mantenimiento del orden existente desde todos los puntos de vista. Por el contrario, existen otros individuos que denominan “saco de palabras”, es decir, palabras vacías de contenido que denominan “La sombra de las Palabras” que podían ser perjudiciales cuando eran pronunciadas de forma inadecuada. Así pues, la pérdida del espíritu de la trascendencia se produce, según los Yekuana, cuando las palabras son vaciadas de divinidad.

‘Edakuni’ dentro de esta perspectiva es el ‘entre’ entre lo humano y el orden cósmico que en los vedas se entiende bajo el nombre de ‘Rta’.

Para finalizar, en la antropología contemporánea se considera que el nombre proviene del Watunnwa (el corpus mítico) y, por tanto, al ser un acto de recuperación histórica están predeterminados por la tradición y la historia de la creación. Para los Yekuana la palabra Edakuni es entonces la “Esencia Ontológica Universal” cuya raíz los sostiene en la tierra de sus ancestros y, por tanto, el nombre pasa a ser uno de los “soportes de la memoria”. Por tal motivo, se observa que ellos tienen una estructura social centralizada y ritualista, que hace que el conocimiento sea poder y deba ser resguardado. En este sentido, sin el Edakuni, el individuo está perdido en el cosmos, sin raíces ni destino. Esto nos conduce a la búsqueda de la existencia de esta palabra en otras culturas por su connotación ontológica y religiosa.

2.- Edakuni en otras culturas

Me encontré en la primera singladura con la palabra Edakuni en Japón y una variante fonética en la India, ‘Edaguni’. En ambos casos con aparentes orígenes y significados diferentes.

En la India, específicamente en el estado de Kerala (al sur del país), existe una localidad llamada ‘Edaguni’ (a veces transcrita como Edakuni debido a la fonética local como veremos más adelante). Hay que agregar que en las lenguas dravídicas (como el malayalam que se habla en Kerala) los nombres de lugares generalmente describen características geográficas. En el idioma malayalam, la raíz Eda o Edaykku (ഇട) significa "entre" o "en medio de". Es un prefijo muy común en nombres de lugares de la región (como Edappally o Edakkad). Por su parte, la raíz ‘Guni’ o ‘Kuni’ denota a una pequeña colina, depresión o terreno bajo. Así nos encontramos que el significado de Edaguni o Edakuni pudiera ser “El lugar en medio de las colinas”.

En Japón la palabra Edakuni (枝国) es de origen clánico y administrativo, nacido durante la era en la que las familias comenzaron a adoptar apellidos fijos. Al parecer, en la antigüedad la partícula "Kuni" (), refiere a provincias que así denominaban. Cuando una familia se mudaba de su provincia de origen para establecer una "rama" en un nuevo territorio, generalmente incorporaban el carácter de "rama" (Eda) y "país/provincia" (Kuni) con lo cual denotaba “Rama de la provincia” o “La rama de la nación”. El uso de la palabra Edakuni en Japón está asociado, por una parte, con los extensos territorios y fincas (shōen) que estaban bajo la jurisdicción directa del Monte Kōya (Osaka) y, por la otra, con la región sur como la prefectura de Yamaguchi, donde era común que los clanes locales usaran el sufijo -kuni para denotar su lealtad o posesión de tierras.

Hasta ahora encontramos aquí una coincidencia evolutiva lingüística paralela, pero como el origen de la inquietud en el caso Yekuana tiene una vertiente religiosa la siguiente singladura siguió esa orientación en el caso indio y japones considerando el papel que jugaron las migraciones en términos culturales y teniendo presente el budismo como vehículo cultural. Debemos tener presente que muchas palabras japonesas actuales tienen un origen indio con lo cual el tronco común, según la IA Gemini, se encuentra en el Sánscrito y Pali. Ya hemos dicho que el sufijo "-kuni" / "-ghuni", en Japón, Kuni (), significa provincia, país o tierra. En la India, especialmente en contextos religiosos o antiguos, existe la raíz “Guni” o “Guna”, que en sánscrito significa "cualidad", "virtud" o "atributo espiritual". Así pues, la palabra Eda-Kuni tiene una resonancia con términos budistas. Kerala, en este sentido, tiene una historia muy antigua de contacto con el budismo antes de que el hinduismo se volviera predominante allí y, por tanto, muchos nombres de lugares en Kerala que terminan en sonidos similares a "-kuni" o "-guni" eran antiguamente asentamientos o monasterios budistas. Si bien en Japón hubo un sincretismo[5] religioso hasta ahora observamos una coincidencia fonética potenciada por el hecho de que ambos idiomas (japonés y malayalam/sánscrito) utilizan sonidos muy similares para describir conceptos de pertenencia, tierra y origen que guardan reminiscencia con el Yekuana. Esto nos condujo a una nueva singladura.

En este nuevo derrotero dirigimos nuestras velas teniendo como norte una etimología espiritual y lingüística para determinar si es posible conectar los textos sagrados (Sutras) o el sánscrito y el budismo que conecte todos estos mundos. Encontramos, como veremos, una conexión a través de la filosofía del lenguaje y la estructura del cosmos.

En sánscrito existen los términos ‘Etad’ y ‘Guni’ por lo que podemos descomponer la sonoridad “Edakuni” bajo una nota religiosa india. Allí encontramos lo siguiente: En los textos sagrados como los Upanishads[6], la palabra ‘Etad’ (एतद्) significa ‘Esto’ o ‘Todo esto’ y se usa para referirse a la Realidad Suprema o al Brahman cuando el maestro de la ceremonia religiosa señala el universo y dice: Etad vai tat (“Esto es, en verdad, aquello”). Por su parte, Guni (गुणि) significa “Aquel que posee las cualidades” o “El poseedor de virtudes” y refiere a la divinidad o al alma que se manifiesta con atributos en el mundo físico como observamos en Yekuana. La combinación de ambas palabras significaría “El poseedor de las cualidades de todo esto (el universo)” con lo cual observamos una estructura metafísica que describe la unión entre la tierra y lo divino.

En el budismo existen las palabras ‘Eda’ (Ida) y ‘Kunda’ que están relacionadas también con lo esotérico (el budismo Shingon - la “Palabra Verdadera”)[7]. En las tradiciones yóguicas y budistas tántricas ‘Ida’ es uno de los canales energéticos principales del cuerpo (el canal lunar) y ‘Kunda’ refiere a un recipiente o estanque sagrado donde se hacen rituales de fuego. En ambas culturas hay un ritual común que en la India denominan ‘Homa’ y en Japón ‘Goma’ que consiste en quemar maderas sagradas en un recipiente. Ese recipiente se llama Kunda en sánscrito. La palabra Edakuni refiere, entonces, a un lugar destinado a estos fuegos sagrados (el "Sitio del Kunda"). Debemos tener presente aquí que en el proceso ritual de construcción de la curiara (Kudiyada o Ku-diada) Yekuana se usa el fuego para darle forma al receptáculo de los navegantes[8]. Así pues, en India, Japón y los Yekuana ‘Kunda’ refiere cosas sagradas que posee referencias botánicas y mitológicas que son importantes para los ritos, cultos y la purificación espiritual.

Aquí empezamos a encontrar algo más allá que una coincidencia fonética en relación con la palabra Edakuni es la Tierra de la Rama Sagrada (el significado japonés) y es el “Lugar entre las colinas sagradas” (el significado en la India). Ambas comparten una raíz conceptual: el lugar donde lo divino se manifiesta en la naturaleza. Ecos de este carácter sagrado lo vamos a encontrar en el mito Yekuana de Marawaka o Mará’huaka. Desde esta perspectiva, el “tronco común” no es solo fonético, sino algo que nos remite a una visión del mundo compartida que apunta a algo mucho más grande y sagrado que nos pudiera decir algo más.

Edakuni se presenta también como una vibración específica en la fonética de los mantras y los textos sagrados que une el sánscrito antiguo (India) con la liturgia budista esotérica (Japón). Dentro de este marco se destaca la palabra ‘Dakini’ (en sánscrito डाकिनी. En la India esta palabra estaba asociada con seres espirituales femeninos, guardianas de la sabiduría secreta, de la energía transformadora y ayuda, además, a la iluminación. En el sur de la India estas figuras están relacionadas con los lugares sagrados en la naturaleza (colinas, lugares ubicados en medio de ellas y cuevas). En Japón, por su parte, con la introducción del budismo esotérico, las Dakinis en un proceso sincrético adoptaron el nombre de ‘Dakini-ten’ (荼枳尼天), es decir, una deidad relacionada con la protección de la agricultura, la riqueza y la fecundidad. Ahora, si se le agrega el prefijo ‘E-’ que en sánscrito puede funcionar como un llamado o una dirección (‘Hacia’), la combinación ‘E-Dakini’ (Hacia la energía sagrada) suena semejante a Edakuni, pero que nosotros vamos a asociar con Edeñawadi que examinaremos en el próximo parágrafo.

De igual forma, en la India y Japón, específicamente en los cantos rítmicos sagrados Dharani, los sonidos individuales tienen significados propios: ‘E’ () denota el origen de todos los fenómenos, el estado de vacuidad del que nace la vida; ‘Da’ (दा) es la raíz de "Dar" o "Purificar" y; ‘Kuni’ (o Guni), como hemos visto, es “Cualidad” o “Virtud”. Si un monje antiguo cantara estos fonemas en un mantra el significado espiritual sería: “La purificación de las cualidades que nacen del origen”. ‘Edakuni’ en India y Japón tiene, entonces, un tronco común religioso que tiene su raíz en el sánscrito. Este hallazgo nos obligó a hacer otra singladura para precisar aquellos lugares sagrados en Kerala con ese nombre.

En el distrito de Thrissur se encuentra una población llamada Edakkuni (esta es la grafía más precisa en los registros locales según IA Gemini). Thrissur es conocida como la "Capital Cultural de Kerala" y es el corazón de la espiritualidad védica y budista antigua de la región. En ese lugar se encuentra el famoso templo Edakkuni Sri Durga Bhagavathy donde se le rinde culto a la diosa Durga (la energía femenina divina) que está relacionada con las Dakinis. En el contexto de este templo y su población, Edakkuni en la lengua local (malayalam) denota: Eda: "En medio" o "Interior" y Kuni: "Lugar bajo" o "Valle sagrado". En conjunto significa desde la perspectiva espiritual "El santuario en el centro del valle". El templo de Edakkuni es un centro de poder espiritual donde se realizan rituales de fuego y cánticos de mantras. Por otra parte, en Japón el Monte Kōya o Tronco de la Iluminación[9] es el Hon-i (el lugar de origen o base) que en la cosmología Shingon constituye el centro del Mandala del Reino del Útero. Su conexión con la realidad material concreta proviene de su relación con el concepto de Edakuni. Aquí los Edakuni refieren a las emanaciones de ese centro. Son tierras consagradas al Buda Mahavairocana a través de su representante, el templo Kongōbu-ji. Edakuni expresa la doctrina de la No-Dualidad (Advaya). El "Tronco" (el monasterio) proporciona el mérito espiritual y la protección ritual, mientras que las "Ramas" (las provincias subordinadas) proporcionan el sustento material que permite la continuidad del rito eterno.

A este punto se puede afirmar que la palabra ‘Edakuni’ expresa la confluencia de tres culturas que geográficamente son distantes. Así pues, tanto en la India como en Japón es una misma palabra que sirve para describir un “centro de energía en la tierra”. Cómo queda el mito Marawaca o Mará’huaka anteriormente nombrado. Esto nos obliga a volver sobre los Yekuana y en especial, el mito Marawaka para constatar que Marawaka es otro de esos centros.

2.- Edañawadi

Para examinar el mito Marawaka vamos a considerar el papel de Edeñawadi y la cestería Yekuana como preservadora de los mitos de esa civilización antigua.

Para el pueblo Yekuana el término Edeñawadi (o Ede-ñawadi) es fundamental por su relación con la salud, la naturaleza y la protección espiritual. Su significado puede ser observado desde dos ángulos de análisis: En primer lugar, es el nombre que recibe el espíritu del tabaco y, por extensión, el "doble" o la fuerza vital que se libera mediante el uso ritual de esta planta. Ello significa que, por una parte, actúa como un puente entre el mundo humano y el mundo espiritual de las divinidades y, por la otra, se usa para diagnosticar enfermedades, negociar con los espíritus de la selva o proteger a la comunidad. Y, en segundo lugar, es el guardián de la salud y la vida espiritual, es decir, Edeñawadi es, por una parte, un guardián que “limpia” el aire y el cuerpo y, por la otra, es invocado para extraer los “dardos invisibles” que causan algún tipo de malestar. Ahora bien, la relación de Edeñawadi con Edakuni no es solo lingüística, sino que define la estructura misma del universo y del alma de los Yekuana. Si descomponemos la palabra Edeñawadi, es decir, ‘Edeña’ y ‘wadi’ podemos pensar que esta última tiene una relación con la palabra ‘Waanadi’ que denota al Dios creador de los Yekuana. Así que ‘wadi’ tiene cercanía con ‘Waanadi’. Y ‘Edeña’ tiene una cercanía con la partícula ‘Eda’ que ya dijimos que está relacionada con “lo que brilla en el centro” o “la claridad interna”. Pudiéramos atrevernos a decir que es “la claridad interna que provee Waanadi”. Esto nos conduce a tres planos: el mítico, el onírico y el ritual debido a que nos va a permitir responder la pregunta ¿quién es Edañawadi?

En el plano mítico Edeñawadi es el “Dueño”, es decir, si consideramos que para los Yekuana el mundo fue creado por Waanadi, Edeñawadi es uno de los tres momentos de su manifestación que permanece en el mundo invisible, en el Kahuña (el cielo más alto). En este sentido es el “Dueño de las Sombras” o el “Dueño de las Imágenes”. Se relaciona con Edakuni en el hecho de que, por una parte, en la mitología del Watunnwa, Edeñawadi es quien posee los “nombres verdaderos” (Edakuni) de todas las cosas (plantas, animales, piedras, personas) y, por la otra, nada existe plenamente en el mundo Yekuana hasta que Edeñawadi le asigna su Edakuni. Así pues, cuando en la introducción dijimos que “Edakuni creó la primera curiara que llamó Kayaje”, estamos diciendo que el acto de nombrar es un acto de crear y si bien quien nombre es un ser divino que no es Edeñawadi, es decir, Kenú Kenú, veremos cómo esta divinidad cumple un rol dentro de la cosmogonía Yekuana.

En el plano onírico, Edeñawadi es el guardián de todas las sombras o dobles espirituales (Akati) del que ya hemos hecho mención. En este sentido, el Edakuni es la "llave" verbal para acceder a ese Akati. Cuando un niño nace y se le asigna su Edakuni, los ancianos están, en efecto, pidiendo permiso a Edeñawadi para "anclar" una sombra espiritual a ese cuerpo físico. Si pierdes tu nombre o si un enemigo lo usa mal, tu sombra (Akati) se desprende y vuelve al reino de Edeñawadi, lo que provoca la enfermedad o la muerte como también ya hemos mencionado.

En el plano ritual el entrelazamiento se vuelve práctico en la figura del Jidiwa cuando invoca los Edakuni para sanar. Es por esto que los Yekuana son tan celosos con sus nombres; revelar un Edakuni es dejar tu “sombra” expuesta ante el mundo invisible que Edeñawadi gobierna. A pesar de lo hasta aquí expresado hemos dicho en la introducción que Edeñawadi era la esposa de otro personaje mítico, es decir, Kamaso Kochi. Por tanto, vamos a hacer una exposición sucinta del mito para su posterior análisis

“… para comer hay que ir hasta la montaña Dodoima, está muy retirado de nosotros. Pensó en lo que podían hacer y entonces Kamaso Wochi envió a una mujer llamada Edeñawadi para que hablara con Kuchi sobre el inconveniente de haber sembrado el árbol de yuca en la montaña, ya que estando el árbol en su territorio (Oriente) solo los más cercanos a él podrían comer, pero los … que ocupaban territorio en el poniente, no lo podrían hacer fácilmente. Kuchi, que no era egoísta, le regaló a Edeñawadi una estaca de yuca para que la plantara en su territorio, pero le advirtió que debería sembrarla esa misma noche. Edeñawadi regresó a su territorio, pero como era lejano, le llegó la noche en un lugar llamado Uai-anti, (Auyan-tepuy), que es una zona de roca, pero para no desobedecer las orientaciones de Kuchi, tuvo que sembrar la estaca de yuca allí en Auyan-tepuy, y allí mismo se durmió. Mientras dormía soñaba con el gran árbol de yuca, pero su sorpresa fue tan grande que al despertarse se encontró con una matica de yuca muy débil que apenas había retoñado. Esa tierra rocosa no era buena para la siembra. Edeñawadi muy triste arrancó la matica para continuar su viaje… hasta que al fin logró llegar hasta las tierras de Kamaso Wochi, lugar de donde había salido, y le entregó la matica a Kamaso Wochi. Como allí había bastante gente, todos se reunieron con alegría y gritaban: Ya tendremos comida, ya habrá comida. Kamaso Wochi, que también era chamán, tomó la matica y cantó y sopló sobre ella. Luego durante la noche la sembró y pasó la noche esperando que creciera, pero al amanecer, solo había un retoño y no había producido ningún fruto. Kamaso Wochi explicó que esa tierra no era buena, y toda la gente regresó a sus casas muy triste a buscar lombrices de tierra para comer. La noticia corrió y así llegó a oídos de una mujer chamán llamada Maduñawe. Esta vino a hablar con Kamaso Wochi y le dijo que ella conocía el lugar donde había tierra negra, pero que esa tierra solo se encontraba en la región del Dwida (Duida), lugar intermedio a la región donde vivía Kuchi. Recomendó que tenían que sembrarla allá, y así lo decidieron. Se dirigieron hacia los territorios del Dwida y a través de un largo viaje, la matica fue plantada allá. Maduñawe la sembró en tierra Negra. Al amanecer, el árbol estaba altísimo. Maduñawe lo llamó Marawaka…” (Velásquez, 2022:47-48).

Como se puede observar el mito está relacionado con los bosques, la agricultura y el bienestar. Estamos hablando también de que cuando este gran árbol Dodoima fue cortado empezó a ser llamado tepuy o montaña Roraima, es decir, una montaña sagrada que permite el contacto con lo divino (Velásquez, 2022:46). Creemos que su constitución elevada similar en el caso indio permitía que el agua fluyese de forma canalizada con lo cual se preserva su estatus de templo y de la conexión de los creyentes. Si se considera que la expresión ‘Mahāvairocana Tantra’ (o Dainichi-kyo) en los sutras de la revelación están relacionados con la compasión y en cómo la iluminación se manifiesta en el mundo fenoménico, habría que examinar si más allá de lo fonético existe algún tipo de relación con la palabra ‘Marawaka’ debido a que al ser entendido como un tronco puede ser observado como un monasterio que remite a una teología de la sustentación, es decir, así como la yuca es el alimento base de los Yekuanas (y otras etnias aborigen en Venezuela), en Japón (y otros países orientales) es el arroz. Debemos tener presente que en el pensamiento de Kūkai el cultivo del arroz en un Edakuni es un acto litúrgico y los campesinos y administradores de esas tierras los considera parte de la familia del Buda que se sustentan en una “extensión” del jardín sagrado del Kōya con lo cual existe una protección ritual que asegura la armonía del cosmos local y una soberanía espiritual que también observamos en el mito fundacional Yekuana. Esto nos conduce a la palabra ‘Edañawadi’.

Edañawadi, en este sentido, la podríamos asociar aquí con las Dakinis y con la capacidad de visualización profunda, ‘Samadhi’, en India y Japón debido a que estamos hablando de un ser mítico que estaba tratando de resolver un problema de siembra. Ahora bien, sabemos que en estos dos países existen templos relacionados con la expresión Edakuni, en nuestro caso Yekuana los templos sagrados están relacionados con su artesanía. Dadas sus características iterativas las asociamos con los mantras.

La remisión a lo sagrado en esta singladura nos condujo de nuevo a los ‘mantras’. Un mantra es una palabra sagrada de origen sánscrito ("man" – mente - y "tra" - instrumento o liberación) que aparece en textos antiguos como el Rigveda y es común en el hinduismo y el budismo y más allá de ello los mándalas[10]. El mantra se repite rítmicamente para enfocar la mente, meditar y lograr estados de calma o iluminación. Para tal fin actúa como un “instrumento de la mente” para protegerla y guiarla, generando vibraciones que benefician cuerpo y espíritu, reduciendo estrés y promoviendo la conciencia plena. Los mándalas (círculo o centro en sanscrito) o la geometría de la Iluminación es un diseño que simboliza el cosmos y sirve como herramienta espiritual para la meditación, enfocando la mente, reduciendo el estrés y conectando con el yo interior, representando la totalidad y el universo de forma simbólica. En los Yekuana las iteraciones se observan, como dijimos, en su artesanía, especialmente sus cestas wajas o guapas, que tienen connotaciones sagradas e históricas que nos recuerdan los mándalas[11]. Su tejido constituye

“un reservorio de sabiduría, cultura y espiritualidad. En su mayoría son represen­taciones gráficas de los héroes culturales de su pasado mítico ... El tejido de la waja es una actividad diaria para el hombre… que representa un espacio de meditación sobre la naturaleza de la realidad, aun cuando simultáneamente se hable con los ancianos o se comparta una reunión y conversación del grupo familiar”[12].

Al respecto Alessandra Caputo (2018) expresó que la cestería, y en general, la artesanía de los Yekuana, constituyen prácticas estéticas que reproducen la memoria de Waanadi y reflejan el orden social, desde una perspectiva histórica, educando a los miembros de la comunidad sobre su entorno social, sobrenatural y natural (pág., 118). Esto es debido a que son “libros” tejidos donde se escribe, registra y enseña su historia. Tejer, para ellos, es una forma de meditación y educación. La forma circular de la cesta representa el mundo. Cuando un joven aprende a tejer, no solo está aprendiendo una técnica manual, está aprendiendo a “ordenar el mundo”. En este sentido, el Centro representa el origen, el lugar de donde se concibió a la humanidad y los Bordes representan las montañas que rodean el territorio Yekuana y los límites del universo conocido. Como se puede observar la cestería Yekuana está a medio camino entre los templos budistas indios y los clanes japoneses, pero su efectividad como medio de expresión de lo sagrado ha sido la misma que en las otras culturas.

Con lo antes indicado no podemos finalizar de forma conclusiva esta pesquisa debido a que la coincidencia fonética nos condujo a una coincidencia de naturaleza sagrada que hace necesario investigar mucho mas para tratar de conocer qué más une a estas tres civilizaciones y por qué. De hecho, las filosofías vedānta y budista que remiten al concepto de la nada ha sido abordada en otra investigación y aquí se le da una fundamentación más sólida para desplegar nuevas velas para llegar a un puerto seguro[13].

4.- Escolio

En orden hicimos mención a India, Yekuana y Japón en ese orden, pero nos preguntamos: ¿Es ese el orden? Caputo (2018) expresó que las sociedades orales como la Yekuana han demostrado ser más flexibles al cambio de lo que se ha creído. Pero su permanencia, en los límites en que ahora se encuentra ha sido posible porque se replegó en la selva para resistir la influencia externa. Ello no sólo la alejó de algunos de sus lugares sagrados, también le ha permitido adaptarse a los acontecimientos e incluir en sus ‘libros’ los momentos históricos trascendentales junto a los relatos fundacionales (pág., 127-128). En todo caso las coincidencias que hemos encontrado con respecto a Kerala, Yamaguchi y los Yekuana podría hacer que lo lejano se haga cercano más allá del auge de las tecnologías de información y comunicación actualmente disponible.

Otras referencias documentales

Agamben, G. (2008). Signatura Rerum. Sobre el Método. Buenos Aires. (T.F. Costa y M. Ruvituso). Editora Adriana Hidalgo. 162 p.

Blanco, E. (2025). “Nihilismo, Martin Heidegger, la Escuela de Kioto y la Filosofía del Organismo: Una Lectura Caraqueña”. Caracas. Festina Lente B.G y Open Horizon. Documento en línea: Disponible: https://www.openhorizons.org/nihilism-martin-heidegger-the-kyoto-school-and-process-philosophy-dr-edgar-blanco-carrero.html y https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2025/06/nihilismo-martin-heidegger-la-escuela.html

Blanco, E. (2019). Prólogo a la obra Muana Ïmajana (El Alma de la Sombra) de Jairo Bracho. Caracas. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2019/11/muana-imajana.html

Caputo Jaffe, Alessandra. (2018). “Entretejidos ye’kuana: oralidad, mito, artesanía”. Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología 31: pp 109-130. https://doi.org/10.7440/antipoda31.2018.06

Deleuze, G y Guattari, F. (2008). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8º éd. Valencia. (T. J. Vásquez y U. Larraceleta).  Editorial Pre-Textos. 522 p.

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Moore, Ch. (org.) (1944[1978]). Filosofia: Oriente, Ocidente. São Paulo. (T. A. Soares dos Santos). Editorial Cultrix – EDUSP. 348 p

Pandit Satyakam Vidyalankar (2005). The Holy Vedas. A Golden Treasury. New Delhi. Clarion Books. 546 p

Torres, D. y Bermúdez, B. (2008). Curiara y cesta Yekuana. Caracas. Editorial El perro y la rana.  66 p. Documento en línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2017/08/curiara_y_cesta_yekuana.pdf

Velásquez, R. (2022). Mitos de creación de la cuenca del Orinoco. Caracas. Fundación Editorial El perro y la rana. 152 p. Documento en línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2022/11/Mitos-de-creaci%C3%B3n-DIGITAL.pdf

Viveiros de Castro, E. (2002). A Inconstância da Alma Selvagem. São Paulo. Editorial Cosac Naify. 549 p

 



[2] Velásquez (2022:45).

[3] Vamos a decir aquí también que podría asociarse esta palabra ‘Edeñawadi’ con la palabra ‘Edelweiss’ (“blanco noble”) el nombre de una planta que denota ‘dedicación’.

[4] Vivir en una Atta construida bajo la guía de un Edakuni es, para un Yekuana, vivir "dentro de la protección de Dios".

[5] Ver al respecto: Moore (1944[1978]).

[6] Ver al respecto: Anónimo. (400 a. C. [2015]). Los Upanishads. Buenos Aires. (T. J. Abeleira). Editorial‎ Penguin. 272 p. Documento en línea. Disponible: https://www.sociedadteosoficaba.org.ar/panel/materiales/11_27_02Upanishads%20-%20Anonimo.pdf

[7] Para un filósofo del Shingon, la "fuente" no es solo un libro de papel, sino la vibración misma de la realidad a pesar de que, según Heisig (2013), la orientación de esta filosofía tendía al laicismo (pág., 21). Ver al respecto los tratados filosóficos de Kūkai (Kōbō-Daishi). Para él el Shingon tiene varias características: En primer lugar, los seis elementos (tierra, agua, fuego, aire, espacio y conciencia) son la esencia tanto del Buda como de los seres humanos, permitiendo la unión inmediata. En segundo lugar, el lenguaje no solo describe la realidad, sino que es la realidad. Cada sonido es una vibración del Buda. Y, en tercer lugar, el esoterismo es la comunicación directa del Buda desde su propio estado de meditación. Finalmente, el Shingon sostiene que la verdad más profunda no se puede leer, debe ser transmitida de maestro a discípulo de forma ininterrumpida desde Mahavairocana. Ver al respecto Heisig (2013).

[8] Ver al respecto: Torres y Bermúdez (2008:19-21).

[9] El monte Kōya está situado en un valle rodeado de los ocho picos de la montaña del mismo nombre, junto al pueblo de Kōya, en un lugar que se creía sembrado de lotos. Esto nos recuerda al valle rodeado de montañas en Kerala.

[10] Ver al respecto: Pandit Satyakam Vidyalankar (2005).

[11] “Nuestras cestas se ven muchas veces adornadas con las formas de aquéllos que en el principio estuvieron aquí con nosotros. Son nuestros antepasados, los mensajeros de Waanadi que trajeron saber a la gente. Nuestros padres tejen en las cestas sus figuras para mantener viva esa memoria. En las cestas está nuestra historia, nuestras creencias. Las cestas son un tributo sagrado a todo aquello que ha hecho y hace posible nuestro alimento. Por eso, entre nosotros los Yekuana, sólo aquel que es excelente maestro hacedor de cestas, sabio conocedor de Watunna, apreciado y respetado por todos, gracias a su buen juicio y saber, puede ser nuestro jefe” (pág., 48-49).

[12] Ver al respecto: Fundación Empresas Polar. “La cestería Ye´kwana en la artesanía indígena”. Documento en línea. Disponible: https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/media/1280499/es_ciencia_13_i_cesteria_ye_kwana.pdf

[13] Ver al respecto: Blanco (2025).

domingo, 1 de marzo de 2026

EL 'SENTIDO COMÚN' EN UN MUNDO COSMOPOLITA Y MULTIPOLAR

 


En el mundo actual dominado por la aceleración social provocada por los vertiginosos avances en la ciencia y la tecnología el sentido común (ennoai koinai) ha sido observado con sospecha. Si bien, puede ser definido como aquel sustrato de evidencias compartidas que permite la coordinación de la vida social sin la necesidad de una reflexión crítica constante, para muchos pensadores, este sustrato no solo es el punto de partida incuestionable de toda reflexión, sino el fundamento que sostiene nuestra convivencia ética a pesar de que esta está atravesando en el siglo XXI una transformación con consecuencias impredecibles. Si consideramos que para Alfred N. Whitehead la filosofía es la unión del sentido común con la imaginación, esa unión es hoy en día más pertinente cuando la ciencia contemporánea ha descubierto que la materia es pura energía y actividad[1]. Para reducir esta sospecha, Roland Omnès (1999) consideró, en primer lugar, que el universo es una relación armónica del «Uno y Todo» como lo expresó Benedicto de Spinoza y, en segundo lugar, que las leyes cuánticas, aunque parezcan extrañas, tienen una convergencia lógica que permite que la realidad macroscópica en nuestro sentido común siga siendo válida en la misma línea whiteheadana. Ambos autores le permitieron observar la realidad bajo una estructura de experimentación que contempla la existencia de «muchos mundos posibles», es decir, una gama de trayectorias lógicamente coherentes que el ser humano puede explorar.

La importancia de esta afirmación para nuestros efectos radica en que en un mundo cada vez condicionado por la tecnología y, en especial la tecnología cuántica, la posibilidad de relacionarnos a nivel individual, local y global adquiere una nueva dimensión que nos obliga a pensar sobre el sentido común desde otra perspectiva teniendo presente las tensiones políticas que estamos viviendo.

Esta circunstancia de tener al sentido común como punto de partida nos permite examinarlo desde dos perspectivas: desde el campo de las ciencias naturales y desde el campo de las ciencias humanas estableciendo para ello un anclaje de modo que nos pueda servir para otear en el horizonte del futuro que se nos presenta teniendo en cuenta que estas dos perspectivas tienden a unificarse nuevamente bajo un concepto no-antropocéntrico de naturaleza. Por ello vamos a establecer como anclaje el pensamiento del filósofo y teólogo granadino Francisco Suárez porque las trazas de su pensamiento pueden observarse tanto en el mundo hispánico como anglosajón en el plano de la política y del derecho, luego analizaremos el sentido común desde la perspectiva de la filosofía de la ciencia, continuaremos con las ciencias humanas y finalmente auscultaremos en el horizonte para otear en el porvenir y crear así las condiciones de posibilidad de reducir las tensiones en un mundo multipolar.

1.- Francisco Suárez como anclaje ontológico del concepto de sentido común

La Escuela de Salamanca fue el puente entre el pensamiento medieval y moderno en relación con el concepto de sentido común. Su importancia para nosotros obedece a que un filósofo de la citada escuela, Francisco Suárez, como heredero de la tradición aristotélico-tomista consideró que el sentido común no es solo una facultad biológica capaz de conocer los objetos de los sentidos externos en su conjunto (Lombo, 2010:101), sino el fundamento de la ley natural y la convivencia humana. El filósofo granadino sistematizó estas ideas en su obra De Legibus (Sobre las Leyes)[2]. Vamos a examinar el concepto de sentido común de este pensador desde dos dimensiones: la psicológica (cómo percibimos) y la ética/jurídica (cómo razonamos colectivamente).

Desde la dimensión psicológica el sentido común es una facultad interna que Suárez definió como el «centro» donde se coordinan los datos de los cinco sentidos externos. Esta facultad, por una parte, tiene como función la de permitirnos distinguir, por ejemplo, el color de un mango de su olor, y entender que ambos pertenecen al mismo objeto y, por la otra, contiene las siguientes propiedades: uno, verdadero y bueno. La importancia que le dio Suárez (1597 [2011]) se basó en el hecho de que el conocimiento comienza en esta síntesis orgánica para luego tornarse en algo abstracto. Desde esta perspectiva todos los seres humanos comparten la misma estructura básica para percibir la realidad y ello establece una base para el realismo filosófico (DM, VIII.1.17).

Desde la «razón natural» el sentido común fue usado por Suárez (1612 [1967]) como fundamento para establecer principios universales que sirviesen para abordar problemas nuevos como el derecho de los indígenas americanos o el creciente comercio internacional. Desde esta perspectiva correlacionó el sentido común con la Ley Natural: en primer lugar, como principio autoevidente, es decir, Suárez consideró que existen verdades morales que son evidentes para cualquier persona que use su razón de manera normal. A esto lo denominó sentido común en el habla cotidiana: el juicio básico sobre lo que es justo o injusto y, en segundo lugar, como Consensus Gentium, esto es, si todas las personas y los pueblos, a pesar de sus diferencias culturales, llegan a conclusiones similares (por ejemplo, que no se debe matar al inocente), es porque hay un sentido común o razón compartida que emana de la misma naturaleza humana.

Considerando estas dos dimensiones se puede afirmar que el sentido común para el filósofo granadino es, entonces, la recta razón actuando sobre principios morales evidentes. Esta conceptualización contribuyó a formar las ideas modernas que después se impusieron en la humanidad de forma directa e indirecta y están siendo retomadas de nuevo debido a la crisis de la modernidad.

Teniendo esto presente la contribución de Francisco Suárez en relación con el concepto de sentido común se puede articular en dos vertientes: el derecho de gentes (Ius Gentium) y la idea de que el poder político reside en el pueblo. Sobre el derecho de gentes, Suárez (1612 [1967]) distinguió entre la ley natural (que es inmutable) y el derecho de gentes. El derecho de gentes, según él, nace de la costumbre y el sentido común de los integrantes de las comunidades políticas. Es una razón práctica aplicada a la política internacional. Estas ideas serían retomadas, en parte, por Hugo Grocio y le servirán para contribuir a configurar el orden político que se instaurará en Europa con la Paz de Westfalia en 1648.

Con respecto a la idea de que el poder reside en el pueblo, Suárez expresó que contrario a la idea del derecho divino de los reyes, el sentido común permite afirmar que, por naturaleza, todos los hombres nacen libres. El poder político no cae del cielo, sino que es otorgado por la comunidad basándose en la necesidad racional de ser gobernados para el bien común a partir de la alienación voluntaria de la soberanía absoluta del pueblo. Este bien común nos conduce al plano de la ciencia.

2.- El sentido común y la filosofía de la ciencia

Desde la filosofía de la ciencia vamos a examinar el sentido común desde tres perspectivas: una en contra defendida por Gastón Bachelard quien lo consideró como el primer obstáculo epistemológico y dos a favor, es decir, Karl Popper quien partió del criterio de que la ciencia, la filosofía y el pensamiento racional deben fundamentarse en el sentido común a pesar de considerarlo inconsistente, vago y cambiante, muchas veces adecuados y verdaderos, pero otras veces inadecuados o falsos debido a que proviene de los instintos y los juicios de individuos basados en los sentimientos o la tradición, y Roland Omnès desde una lectura cuántica.

Bachelard (1938 [2000]) expresó que «la opinión piensa mal y traduce necesidades en conocimientos» y, por tanto, no surge como una continuación del conocimiento común. El espíritu científico, en estas circunstancias, debe realizar una ruptura radical con lo cotidiano para poder construir un saber objetivo. Las ciencias «rompen abiertamente con el conocimiento vulgar» porque nuestras intuiciones y experiencias inmediatas son lo que él llamó «obstáculos epistemológicos: barreras que impiden la formación de un verdadero espíritu científico». De ahí la necesidad de formarse reformándose a sí mismo en contra de estas ‘seductoras’, pero engañosas certezas que ofrece el conocimiento vulgar.

Además de ello, Bachelard (1938 [2000]) introdujo el concepto de fenomenotécnica para explicar que la ciencia no solo observa la realidad, sino que la produce. Es decir, un termómetro no se limita sólo a medir una sensación térmica cualquiera, sino también crea el fenómeno de la ‘temperatura’ como un concepto objetivo y preciso, rompiendo con la sensación subjetiva de ‘frío’ o ‘calor’. La ciencia, en este sentido, construye activamente una nueva realidad para poder estudiarla. Esto ha redefinido el progreso científico. No es una simple acumulación de datos, sino una lucha constante por superar nuestras formas habituales de pensar.

Karl Popper, por su parte, consideró que el conocimiento científico debe ser una ampliación o desarrollo del sentido común. Este fundamento popperiano del sentido común se debió a que él no se planteó construir un sistema teórico consistente sobre algún fundamento inamovible e indubitable dentro de un contexto de avances científicos. Para Popper (1988), partiendo de la idea del cambio y de la evolución «Toda ciencia y toda filosofía son sentido común esclarecido», con lo cual, todo sentido común y todo conocimiento científico puede ser criticado, corregido o rechazado en una suerte de escepticismo dinámico (pág., 42). A partir de esta consideración surgieron los lineamientos básicos de lo que denominó la filosofía crítica del sentido común. Al ser un punto de partida el sentido común, aun desde una posición crítica por ser de carácter conjetural, posee una carga teórica anticipatoria a partir de disposiciones innatas o a priori que puede ayudar a que un ser funcione en el mundo desde un enfoque realista. Desde esta perspectiva, partiendo de un realismo científico, Popper expresó que

«… está muy claro que no sobreviviremos si nuestras acciones y reacciones están mal ajustadas al medio. Puesto que las creencias están íntimamente ligadas a las expectativas y a la disposición a actuar, podemos decir que nuestras creencias más prácticas están más próximas a la verdad en la medida en que sobrevivimos. Así se erigen en la parte más dogmática del sentido común que, aunque no sea en absoluto fiable, verdadero o cierto, constituye siempre un buen punto de partida» (1994: 72).

 

Es decir, se parte del ensayo y del error o de hacer conjeturas e intentar refutarlas a partir de un proceso que tiene por finalidad buscar y encontrar regularidades o patrones. Desde esta perspectiva, el conocimiento de sentido común es semejante a la estructura básica de adquisición de conocimiento que históricamente hemos heredado.

Como hemos indicado, la ciencia y el sentido común, más allá de las tensiones que mantiene, tienen diferentes alcances, métodos y objetivos, pero teniendo presente que el sentido común desempeña un papel fundamental porque ayuda a tomar decisiones racionales y comprender las implicaciones de las teorías científicas sobre todo cuando hay que dar cuenta de la realidad. Estas circunstancias explican de suyo el surgimiento del realismo científico puesto que, así como vimos en la introducción en la apelación que hizo Omnès al sentido común, los realistas científicos apelan al sentido común para justificar su posición desde una perspectiva anti-escéptica, y podemos decir pragmática, debido a que la ciencia investiga una realidad objetiva que existe independientemente de la actividad cognitiva humana. Como el resultado de la investigación científica efectiva es el conocimiento, las investigaciones apuntan a las entidades inobservables cuya conducta es responsable de la conducta de las entidades observables debido a que el conocimiento científico no está restringido a un ámbito observable o fenomenal, es decir, se extiende a la naturaleza subyacente de la realidad al identificar las causas inobservables de los fenómenos observados. Por ello, Sankey (2010) expresó que el realismo acerca de las entidades inobservables es una extensión natural del realismo acerca del sentido común (pág., 48-49).

Para Roland Omnès (1999) el sentido común puede ser fundamentado sobre bases científicas y filosóficas firmes. Para ello, partió del enfoque de las historias consistentes y el efecto de la decoherencia. En relación con las historias consistentes expresó que la mecánica cuántica debe entenderse como una teoría de las probabilidades de secuencias de eventos y, por tanto, es una sucesión de propiedades que ocurren en tiempos definidos y no generan contradicciones. Por su parte, la decoherencia es el proceso irreversible por medio del cual la interacción de un sistema macroscópico con su entorno destruye las interferencias cuánticas de manera casi instantánea. La decoherencia, en este sentido, actúa como el puente que transforma la multiplicidad de posibilidades cuánticas en la unicidad de los hechos macroscópicos.

Teniendo esto presente, Omnès (1999) realizó una distinción entre el «sentido común intuitivo» del «sentido común lógico» para indicar que la lógica que sustenta nuestras acciones cotidianas es un caso especial y derivado de la lógica cuántica universal. Desde esta perspectiva, según él, el sentido común y la mecánica cuántica no son incompatibles, al contrario, el primero es la manifestación macroscópica de la segunda.

Omnès (1999) agregó que la consistencia de la teoría de las probabilidades se debe a la existencia de leyes de la naturaleza que son expresables matemáticamente y, por tanto, son expresión de las leyes que gobiernan el universo y sus partículas. Desde esta perspectiva, como el cerebro humano ha interiorizado por evolución el logos matemático cuando razonamos matemáticamente o mediante un sentido común ejercitado estamos operando en sintonía con la estructura fundamental de la realidad. Esta estructura de la realidad observada como una «historia de relaciones de medición» en términos procesuales le permitió, por una parte, introducir la noción de praxis para indicar la existencia de un estado objetivo de un sistema cuyas potencialidades se definen contextualmente en lo que se conoce como «Realismo Relacional» y, por la otra, considerar lo local y lo no local como mutuamente implicados y posibles de ser ordenados lógicamente en una red de eventos-relación históricamente seriados. Estos dos aspectos lo consideramos de sumo interés para considerar el sentido común desde lo individual, lo grupal, lo local, lo regional (multipolar) y lo global. Esto nos conduce al plano de las ciencias humanas.

3.- El sentido común y las ciencias humanas

Hans-Georg Gadamer (2003) expresó que la naturaleza de las ciencias del espíritu se puede entender mejor desde la tradición humanista que de la idea moderna de la ciencia puesto que así se puede superar el extrañamiento del hombre respecto del mundo que produce la conciencia metódico-científica. Para ello se apoyó en el pensamiento de Giambattista Vico para rescatar el sensus communis como una virtud social. Vico lo definió como un «juicio sin reflexión compartido por todo el género humano». Gadamer, yendo más allá, expresó que el sentido común es el sentido que funda la comunidad, es decir, no «es sólo cierta capacidad general sita en todos los hombres, sino al mismo tiempo el sentido que funda la comunidad». Además, agregó que «es el sentido de lo justo y del bien común que vive en todos los hombres, más aún, un sentido que se adquiere a través de la comunidad de vida y que es determinado por las ordenaciones y objetivos de ésta» (pág., 50-52).

Para Gadamer (2003), siguiendo la estela dejada por Heidegger, el sentido común es un saber históricamente legado por la tradición que nos permite conducir nuestras acciones en el seno de una cultura. Esto es así debido a que las ciencias del espíritu al tener como objeto la existencia moral e histórica del hombre tal como se configura en sus hechos y obras, está a su vez determinada por el mismo sensus communis (pág., 52). El concepto de tradición, es decir, ­una forma de autoridad consagrada por prácticas provenientes del pasado, que se han hecho anónimas y que determinan nuestra acción, comportamiento e instituciones es «fundamental para la comprensión de la mediación histórica, pues a partir de él se puede describir la comprensión como interpenetración del movimiento de la tradición y del movimiento del intérprete». La mención de Heidegger aquí obedece a que Omnès consideró, siguiendo también al filósofo alemán, que la ciencia y la técnica son expresión de la condición existencial del «ser-ahí» (Dasein) y ello lo analizó en obras como La época de la imagen del mundo y La pregunta por la técnica. Con esta acotación entendemos que Omnès, así como Gadamer siguiendo otro derrotero, buscó la superación del extrañamiento provocado por la ciencia y la técnica.

Si bien el sentido común puede, por una parte, ser incoherente, inconsistente, engañoso o parcial, por ser expresión de prejuicios según lo dicho por el propio Gadamer, y puede limitarnos a cuestionar o ampliar nuestra concepción del mundo y, por la otra, puede ser manipulado o impuesto por el poder, la tradición o la costumbre, que nos pueden condicionar a aceptar lo que nos dicen o exigen sin cuestionarlo es también una base para imaginar y reconstruir ideas que nos permiten vivir en comunidad. Es lo que nos permite ponernos en el lugar del otro y alcanzar una solidaridad ética y una justicia compartida. Roger Scruton siguió esta línea de pensamiento.

Roger Scruton (2014) defendió el sentido común como el acceso primario al mundo de la vida (Lebenswelt) desde un realismo directo donde las creencias perceptuales básicas se aceptan como puntos de partida no negociables que sirven para la toma de decisiones política y ética, especialmente en casos donde la razón científica no puede ofrecer respuestas definitivas. Su idea del sentido común se encuentra

«… en lo que las personas ordinarias podrían decir que están involucradas cuando lidian, sin el beneficio de ningún tipo de entrenamiento filosófico especial, de una manera relativamente abstracta, con ciertos problemas que les conciernen… [y]… No podemos reemplazar nuestros conceptos cotidianos más básicos por nada más útil que ellos mismos, ya que evolucionaron bajo la presión de las circunstancias humanas y en respuesta a las necesidades de generaciones».

Su tesis alineada con el pensamiento de Gadamer sugirió que el sentido común es relevante para nosotros debido a que se produce a través de la articulación de la filosofía analítica, la fenomenología continental y la tradición política conservadora. Si bien no niega los avances científicos, sostiene que son incapaces de captar la Lebenswelt debido a que mientras que la ciencia reduce al ser humano a un organismo biológico o una «máquina de genes», el sentido común nos permite reconocer al otro como una persona.

Desde la perspectiva política Scruton (2018) asumiendo una posición conservatista expresó que esta posición parte del ‘instinto’ compartido por la gente común para abrazar el mundo tal como es y trata el cambio con un escepticismo saludable ante la ley de las consecuencias imprevistas. Por ello, sostuvo que debemos aceptar el sentido común que proviene de nuestros antepasados y desconfiar sanamente de las ideas nuevas y artificiosas que buscan desplazar la sabiduría recibida debido a que se fundamenta en el «conocimiento práctico» que dota a los seres humanos de la capacidad de ejercer su libertad de manera responsable. La nación según Scruton es un «subproducto de la vecindad humana» moldeado por innumerables acuerdos entre personas que comparten un territorio, un idioma y una historia. Por ello, el sentido común nacional es un ‘nosotros’ territorial que permite la rendición de cuentas mutua dentro de un contexto republicano.

Este ‘nosotros’ nacional desde una lectura conservatista permite considerar el pensamiento scrutoniano con la escolástica tardía de Francisco Suárez y con el concepto de «sentido común lógico» de Omnès. En relación con Suárez debido a que, para ambos, el sensus communis implica que el conocimiento humano no comienza con la duda radical, sino con un acto de confianza natural en nuestras facultades y en la estructura del mundo que se expresa a través de una sabiduría heredada que permite crear una imagen coherente del orden social. Los otros puntos de encuentro se ubican en, primer lugar, en la teoría de la ley natural y las limitaciones del poder, en segundo lugar, en la comunidad política y el contrato social y, en tercer lugar, el bien común.

El concepto suareciano de ley natural es el antecedente directo de la noción de orden objetivo de Scruton que subyace a la defensa de las instituciones tradicionales. Suárez (1612 [1967]) definió la ley natural como la participación de la ley eterna en la criatura racional y refleja la naturaleza misma de las cosas. Dios manda lo que es bueno porque es intrínsecamente bueno para la naturaleza humana, y lo prohíbe porque es intrínsecamente dañino. Esta concepción de la ley natural tiene importantes implicaciones políticas debido a que, dada la existencia de una ley superior a la voluntad del gobernante, entonces el poder político está intrínsecamente limitado por la moral y el bien común. El filósofo granadino expresó que el poder político reside originalmente en el pueblo como comunidad orgánica, y que este lo delega en el gobernante para el cumplimiento de la ley natural y la búsqueda del bien común. El concepto de «valores objetivos» de Scruton (2014) al igual que la ley natural suareciana proporciona un fundamento estable para juzgar la justicia de las leyes humanas considerando la «moralidad tradicional» enraizada en la naturaleza humana y en la experiencia histórica.

Suárez y Scruton coincidieron también en una visión orgánica y asociativa de la comunidad. Ambos observaron a la sociedad política como el desarrollo natural de las inclinaciones humanas hacia la cooperación y el bien común. Suárez (1612 [1967]) denominó la communitas perfecta a la sociedad civil que posee todos los medios necesarios para su propia preservación y para el florecimiento de sus miembros mucho antes de que exista un gobernante por tanto él debe respetar el orden establecido. El contrato social es un acto por el cual una multitud de individuos se une para formar un orden místico y político. Para Scruton, la comunidad política también se basa en una red de lealtades prepolíticas, afectos compartidos y una historia común. Al igual que la communitas perfecta de Suárez, el Estado scrutoniano es una comunidad de destino que protege los bienes comunes —como el paisaje, la cultura y la ley— para las generaciones futuras.

En relación con el bien común Suárez y Scruton coincidieron en que es algo que surge de la vitalidad de las asociaciones intermedias debido a que es una cualidad del cuerpo social en su conjunto. La sociedad, en este sentido, es una jerarquía de comunidades: la familia, la aldea, el gremio y, finalmente, el Estado. Cada una de estas comunidades tiene su propio ámbito de autonomía y su contribución específica al bien común. El papel del Estado es coordinar estas partes para el beneficio del todo, no suplantar sus funciones. Desde esta perspectiva, el bien común para Suárez consiste en un orden de paz y justicia que permite a cada individuo y a cada familia alcanzar su fin natural y sobrenatural.  Es decir, en una sociedad entendida como un organismo compuesto por partes vivas, la salud del todo depende de la vitalidad y la autonomía de sus miembros constituyentes.

Desde la perspectiva del «sentido común lógico» observamos en Omnès un esfuerzo consciente por elevar las capacidades del ser humano para que esté a la altura de las circunstancias del mundo de hoy caracterizada por una aceleración de los procesos sociales, es decir, la aceleración del Lebenswelt impulsada por el cambio tecnológico. Esto implica un gran esfuerzo formativo para hacer viable esta tesis. Creemos que Scruton no sintió esta aceleración ni sus consecuencias visibles en lo concerniente al desarrollo de la Inteligencia Artificial Generativa y, en general, del transhumanismo, pero los esfuerzos que hoy en día se están realizando para establecer controles indica que el sentido común está operando, en parte, globalmente. Esto nos coloca en el mundo de hoy y el del porvenir.

4.- El horizonte cosmopolita del sentido común en el nuevo multipolarismo

Desde el sentido común hemos podido observar que la realidad no es una construcción arbitraria de la voluntad, sino una estructura histórica dotada de sentido y propósito que el ser humano debe reconocer y habitar. Por ello, más allá de ser un obstáculo a superar para el científico o como la piedra angular de la justicia para las ciencias del espíritu, el sentido común en el mundo de hoy es lo que nos define como seres que compartimos una realidad que nos permite pensar moralmente en una nueva ontología de la complejidad. Este hecho, con la ayuda de Omnès, nos obliga a pensar en un sentido común a partir del supuesto de que el mundo multipolar es la expresión política de la mecánica cuántica, es decir, visualizamos un sentido común cosmopolita que acepte la paradoja y la incertidumbre como fundamento de la convivencia dentro de un contexto de aceleración social.

Desde la perspectiva multipolar hoy en día podemos hablar de superposición y entrelazamiento en el ámbito de la geopolítica: por una parte, un país puede estar geopolíticamente superpuesto en la órbita comercial de China, en la órbita de seguridad de EE.UU. y en la órbita cultural europea y, por la otra, lo que sucede en el mercado petrolero en Irán puede afectar simultáneamente a la inflación en el extremo oriente debido al entrelazamiento de las economías. Es una interdependencia no local. Estos dos principios cuánticos hacen que el cosmopolitismo se haya convertido en una necesidad lógica debido a la exigencia de cumplir con estándares globales y una gestión ética que trasciende fronteras. Esta situación nos hace pensar que si la realidad está entrelazada (cuánticamente) y el poder está distribuido de forma superpuesta (multipolarmente), el cosmopolitismo puede ser observado como el conatus necesario para que el sistema no colapse debido a que nos encontramos en una «lógica de las relaciones». Es aquí donde el «sentido común lógico» adquiere un importante grado de consistencia. No se trata de borrar las culturas a partir de la fuerza atractora de un polo de poder, sino de comprender que somos nodos en una red donde el daño a uno (o el auto-daño) es, literalmente, el daño al sistema completo. Desde esta perspectiva, el cosmopolitismo visto como un armonizador de las diferencias tanto desde la perspectiva vertical (lo global y lo local) como horizontal (entre polos) lo observamos como el nuevo sentido común global de una humanidad que ha descubierto que solo existe la lógica de la relación. El sentido común lógico es la lógica de las relaciones.

Desde la perspectiva vertical hemos dicho que, en primer lugar, Suárez habló acerca de la «Communitas Humana». En este sentido, la soberanía de los estados, en términos multipolares no es absoluta. Existe un Ius Gentium (Derecho de Gentes) que es el «sentido común jurídico». Esto lo observamos también en el pensamiento de John Rawls. Ahora bien, la relación entre estados es una necesidad natural no es un contrato y, por tanto, hay un entrelazamiento en el sentido de que lo que una nación hace afecta lógicamente, siguiendo a Omnès, a la «salud» del orden místico de la humanidad. Y, en segundo lugar, Scruton desde una concepción local podría pensarse en un «vecindario de hogares» considerando el cosmopolitismo «con rostro», es decir, ser un anfitrión que respeta el hogar del otro: una red Oikophilica global. Esto nos coloca en dos perspectivas: una estructural, es decir, un «campo de fuerza común» basado en la unidad de la especie (cosmopolitismo) y otra estética donde el «sentido común lógico» nos dicta que la multipolaridad es razonable para proteger la diversidad del “hogar” humano y promover el desarrollo considerando múltiples opciones desde una estructura equilibrada. Este equilibrio que considera lo global y lo local en una suerte de sentido común global nos permite examinar la idea de los ‘justo’.

John Rawls (1999) hizo un esfuerzo para extender al ámbito internacional los principios de justicia que, según el autor, se practican en aquellas sociedades que poseen un orden razonablemente justo (pág., 17-18). Él no hizo mención a “estados” (que buscan solo su interés), sino de ‘Pueblos’ debido a que buscó hacer una distinción entre sociedad y Estado haciendo a la primera susceptible de gozar de los beneficios de seguir los principios de razonabilidad propuestos por el autor (pág., 29). Su objetivo no fue la fundación de un Estado mundial bajo la idea de la ciudadanía mundial, sino describir las características base, los principios y las normas sobre las cuales es posible construir contractualmente una relación entre los pueblos (pág., 32). Un pueblo, para Rawls, tiene un carácter moral y una cultura que lo define que permite pensar no sólo en la oikophilia scrutoniana a pesar de que el filósofo estadounidense establece una jerarquía de pueblos a partir del respeto de los derechos humanos y la tolerancia, sino también, desde la perspectiva del sentido común lógico, en la existencia de una pluralidad de formas de vida. Además de esta acotación el filósofo estadounidense consideró otro de los aspectos que permite pensar en una confluencia de los autores antes mencionados como lo es el Deber de Asistencia a los pueblos en condiciones más desfavorecidas sin afectar la cultura local del receptor. Esta propuesta rawlsoniana nos trae al presente y al futuro cuando debemos pensar el sentido común en un mundo caracterizado por la existencia de varios centros de poder con diferentes cosmovisiones tendencialmente antagónicas en un contexto signado por la intensificación de una interconexión cosmopolita mediada por las tecnologías información y comunicación que fragmentan la percepción de la realidad.

Si consideramos que el sentido común es el fundamento de la ley natural y de la convivencia humana a pesar de la pluralidad de derroteros existentes es posible pensar el cosmopolitismo como una nueva forma de sentido común no a partir de la relación entre lo local y lo global, sino entre lo local, lo regional y lo global, como dijimos, desde una perspectiva lógica y relacional. Desde este enfoque consideramos la existencia de una relación recíproca entre cosmopolitismo y sentido común, es decir, el cosmopolitismo puede ayudar a construir el sentido común global apoyándose en las tecnologías de información y comunicación y el sentido común global puede reducir los conflictos. El sentido común lógico y relacional puede ser, entonces, el fundamento de una paz perpetua que, como pensó Kant, sea el resultado del despliegue de una racionalidad humana enriquecida por todas las culturas de la Tierra.   

5.- Escolio

Al correlacionar la obra de Francisco Suárez con el pensamiento de Roger Scruton y Roland Omnès complementado con las propuestas de otros autores contemporáneos en torno al concepto de sentido común se hace evidente que el conservatismo no es una idea estática, sino una tradición viva que busca preservar las condiciones del desarrollo humano frente a los desafíos cambiantes del presente y del porvenir. Ello plantea de forma actualizada preguntas que siempre deben ser realizadas acerca de qué preservar y qué cambiar en un contexto altamente dinámico y por qué para evitar consecuencias lamentables en el futuro por venir.

Referencias consultadas

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[1] Ver al respecto: Blanco (2025).

[2] Ver al respecto: Heider (2017).