viernes, 6 de noviembre de 2026

DISERTACIÓN SOBRE GEOFILOSOFÍA ESPACIO TIERRA Y TERRITORIOS


En esta investigación denominada GEOFILOSFÍA: ESPACIO, TIERRA Y TERRITORIOS partimos de la consideración de que Gilles Deleuze y Félix Guattari al tratar de explicar sus conceptos de espacio liso y espacio estriado (o estratificado) usando, entre otros, un modelo marítimo hicieron mención a la relación tierra y mar citando de manera superficial la obra de Carl Schmitt del mismo nombre, sin embargo, este pensador alemán realizó una obra posterior que denominó EL NOMOS DE LA TIERRA Y EL DERECHO PÚBLICO EUROPEO donde explicó cómo las bulas alejandrinas que desembocaron en el Tratado de Tordesillas, o sea, el establecimiento de una línea en un espacio desconocido para dar inicio a un proceso de reordenamiento que tuvo un alcance global, eso fue primero hasta la paz de Westfalia y después con los desarrollos tecnológicos que configuraron el orden global después de 1945. Al final de la obra, Carl Schmitt observó que, con el inicio de la conquista del espacio ultraterrestre, la humanidad estaba comenzando a vivir un cambio de nomos que iba más allá de lo que imaginaron portugueses y españoles a finales del siglo XV y que serviría para establecer el meridiano ‘0°’ en GREENWICH en el siglo XIX.

Hoy en día ese cambio lo estamos viviendo de una manera patente gracias a los cambios tecnológicos y avances científicos y ello ha hecho que conceptos como geopolítica y biopolítica, tal como lo ha observado Roberto Esposito, así como geoestrategia y geoderecho, deban ser valorados a la luz del proceso de cambio de nomos que está en curso. 

Considerando que la geofilosofía, siguiendo a Deleuze y Guattari, es la relación de la tierra con el pensamiento para producir territorios, hemos pensado conveniente DETERMINAR EL ALCANCE DEL NUEVO NOMOS DE LA TIERRA, teniendo presente la emergencia de nuevos espacios como el ciberespacio o el espacio ultraterrestre. La territorialización, en este caso, significa ordenación, es decir, dominación y control. Por otra parte, cuando hablamos de espacio liso y espacio estriado, según Deleuze y Guattari, no nos estamos refiriendo sólo al espacio físico, sino también al espacio mental, es decir, así como un espacio físico puede ser ordenado, estriado, territorializado en ciudades, estados, etc., el espacio mental también y, por tanto, el espacio liso, mental, es la condición de posibilidad para la creatividad y para perseverar en la propia existencia sin ningún condicionamiento intencional.

Para tal fin hicimos 

En primer lugar, desarrollamos una arqueología del concepto de espacio hasta la revolución copernicana de Immanuel Kant para comprender la relación entre teología y ordenamiento desde los orígenes de la humanidad y el proceso de desteologización del mismo, destacando algunas interpretaciones que hoy en día han servido para explicar nuevos espacios desde una perspectiva matemática y física. Debemos decir, por una parte, que las concepciones de espacios lisos y estriados tienen un anclaje ontológico en el pensamiento de Ibn Jaldún, quien hizo la distinción entre pueblos sedentarios que ocupan espacios estriados (métricos) y pueblos nómadas que habitan espacios lisos (no métricos) sin ocuparlos y, por la otra, que la concepción spinoziana de Dios como un ser que posee infinitos atributos de los que solo conocemos pensamiento y extensión y la kantiana que observó al espacio como una intuición pura y como una URSTOFF van a estar en el ambiente en las concepciones de espacio que estaremos examinando.

En segundo lugar, continuamos con esta arqueología del concepto de espacio para desocultar las dificultades que comenzaron a presentarse debido a la revolución industrial, el descubrimiento del electromagnetismo (el ciberespacio fue concebido originalmente como un espacio electromagnético) y el advenimiento del concepto de espacio-tiempo y del mundo cuántico. Esta singladura me sirvió para establecer un puente entre ciencia y filosofía, por una parte, gracias al pensamiento de Alfred Whitehead en relación con el concepto de naturaleza, proceso y conciencia y de Erwin Schröndiger en relación con el concepto de vida y su concepción acerca del papel de un observador, el colapso de un estado y el entrelazamiento. Y, por la otra, a la concepción deleuziana del espacio en su obra Diferencia y Repetición.

Deleuze se apoyó en la primera y segunda ley de la termodinámica para hablar, por una parte, de intensidades dentro de un proceso dinámico para explicar la preespacialidad y, por la otra, de la entropía en un sentido diferente para explicar la estabilización inestable (cualificación y su matematización resultante) que promueve la creatividad. Nosotros también observamos que se puede comprender la preespacialidad en el plano cuántico, el colapso que permite hablar de intensidad extensiva a extensión, es decir, espacio y, finalmente, lo que Whitehead denominó naturaleza aparente.

En tercer lugar, analizamos los conceptos de espacio liso y espacio estriado, pero quisimos profundizar su comprensión a través de los modelos que propusieron Deleuze y Guattari, específicamente el tecnológico, el marítimo, el matemático y el físico, porque si bien ambos autores lo observaron de manera separada, con los avances tecnológicos acelerados que estamos viviendo cada día, los cuatro modelos están cada vez más estrechamente relacionados. Aquí quisimos destacar algunas críticas a esos modelos.

1.- En las etnias indígenas venezolanas lo liso y lo estriado se presentan de manera simultánea, en especial, en las civilizaciones de agua: eso se observa en los waraos, los añus y los yekuanas donde lo liso son los flujos acuáticos y lo sedentario son las construcciones sobre los flujos.

2.- En el modelo marítimo tuvieron en cuenta la tesis de Carl Schmitt que dijimos al principio, pero Deleuze y Guattari no pensaron en un nuevo nomos referido al espacio sino en la axiomática del capitalismo en constante cambio. Este hecho, comprensible por la fecha de la obra, nos permitió analizar otro modelo que plantearon y no desarrollaron, como lo es lo que denominaron modelo noológico. Para ellos el mar y el desierto son los espacios lisos por excelencia y los esfuerzos de estriaje (o de estratificación) se han dirigido a los planos astronómico y cartográfico para establecer vectores, rutas, etc.. Esa forma de estriaje se extendió a las rutas aéreas y al espacio ultraterrestre y depende de un sistema de referenciación que, como dijimos, se inició con la partición del mar en Tordesillas. En el sistema de referenciación confluyen la tecnología, la matemática y la física. El inicio de la aplicación de la geometría no-euclideana está relacionada, en este sentido, con el desarrollo de la navegación marítima de finales del siglo XIX.

3.- La geometría no euclidiana y el conjunto iterativo de Gastón Julia, que permitió el desarrollo de la matemática fractal, le sirvieron primeramente a Benoit Mandelbrot y después a Deleuze y Guattari para pensar en la relación entre finito e infinito a partir de las ideas de autosimilitud desde una perspectiva estructural, como se observa en las ramificaciones de nuestras neuronas, de los ríos, de las costas, de las galaxias, etc. Estas circunstancias les permitieron a los autores franceses desarrollar su concepto de multiplicidad a partir de la idea de que el todo está en cada parte y que la naturaleza usa el mismo patrón de diseño a diferentes escalas.

4.- El modelo físico lo relacionaron con la estructura organizacional del Estado que nosotros asociamos a un espacio-tiempo mundial que permite el control de los flujos financieros y económicos desde el nomos establecido a partir de un meridiano ‘0°’. Estos flujos, a los que agregamos los informacionales y migratorios, permiten constatar que la realidad es un flujo y que el espacio siempre se está haciendo. Estos flujos abarcan tanto a los conglomerados a nivel subatómico como a los sociales. Como se puede observar, la matemática fractal ha permitido comprender estos flujos desde una misma lectura y esto explica no sólo la interrelación que hemos realizado a partir de la propuesta de Deleuze y Guattari, sino también nos ha permitido ir más allá y pensar en una ANTROPOGRAFÍA en proceso de concreción más allá de los avances tecnocientíficos logrados hasta el presente lo cual supone manipulación, ajustes, etc., en función de un orden establecido o por establecerse.

En cuarto lugar, para pensar en términos ANTROPOGRÁFICOS partimos de la interrelación de los modelos antes indicados considerando, por una parte, cómo es posible fundamentarse en un mismo sistema de medida o de una episteme evolucionada que sigue siendo geométrica y, por la otra, en los desarrollos tecnocientíficos actuales y sus tendencias. Por ello examinamos la concepción de la naturaleza de Whitehead y vinculamos este concepto con el de vida realizado por Erwin Schröndiger, como ya hemos indicado. Ello no sólo nos permitió pensar en términos cuánticos a pesar de los inconvenientes que representa la existencia de varias teorías y de sus múltiples aplicaciones actuales, sino también examinar la utilización de conceptos cuánticos en conjunto con la matemática fractal a los sistemas sociales. Este campo está en desarrollo y a pesar de sus defensores y sus detractores, el hecho de que esté en la palestra pública nos es suficiente para considerarlo por su potencial de territorialización, como se observa en la antropología fractal y la antropología cuántica. El potencial de territorialización bajo un mismo fundamento ontológico y una episteme en proceso de desarrollo hace indistinguibles los conceptos de geopolítica y biopolítica: ambos están estrechamente relacionados más allá de expresiones del pasado como aquella que conocimos como lebensraum, es decir, espacio vital. Así como Rudolf Kjellen pensó la geopolítica a partir de la biología, nosotros estamos pensando la ANTROPOGRAFÍA como una antropología dada a partir de la medida de la tierra. Esto en sí es el reverso de la biopolítica. En la ANTROPOGRAFÍA está convergiendo, entonces, la biopolítica, algo así que pudiéramos llamar epistemología cuántica, y la biopolítica a través de la extracción de datos.

Ahora, para considerarlos desde una perspectiva geofilosófica con el fin de valorar la consistencia de la relación entre el pensar, el producir y la geografía que les otorgó a Deleuze y Guattari la imagen de la batalla de Salamina, examinamos el plano noológico.

En quinto lugar, para este propósito partimos de la concepción de inteligencia sentiente de Javier Xubiri para analizar qué impide que lo real y la realidad se presenten de forma libre y no condicionada por un aparato del Estado tal como lo pensaron los autores franceses. Esto nos llevó primeramente a explorar el potencial de territorialización de la teoría de la REDUCCIÓN OBJETIVA ORQUESTADA de Penrose y Hameroff para explicar la conciencia y las limitaciones que han encontrado sus intérpretes. Creemos que el desarrollo de la computación cuántica, entre otras cosas, va a aclarar un poco más el grado de consistencia de la teoría, permitiendo, además de mejorar la extracción de nuestros datos, graficar nuestro comportamiento. Uno de los aspectos interesantes de la teoría es cómo se produce la espacialidad debido a que ello se puede traducir en territorialidad. Es decir, la conciencia, con el desarrollo de la IAG cuántica, está empezando a estar bajo asedio debido a que los algoritmos correlacionales están actuando como funciones de onda anticipando y modelando el deseo y determinando la naturaleza de la realidad.

De la extracción de datos consideramos que los indígenas, en Venezuela, usan su cuerpo en procesos rituales como medio para marcar, es decir, territorializar, en su conciencia, la pertenencia al grupo. La tecnología, como dijimos, está produciendo un marcaje al revés al extraer los datos de nuestros procesos vitales y de nuestra conciencia en un contexto donde convergen geopolítica, biopolítica y ciberespacio como un modo de ser-digital. El objetivo final del proceso de estriaje que estamos viviendo, entonces, no es la tierra desde una perspectiva física, sino la mente humana. La graficación de nuestros patrones tiene dos propósitos: la economía y la seguridad. De ahí lo que han dado en denominar PANOPTICO DIGITAL. 

Esto nos condujo a examinar sus implicaciones en los conglomerados sociales y en la política a partir del concepto de URSTAAT entendido como ciudad originaria y como estructura de ordenación política para oponerlo al de URBE. La primera nos llevó a pensar en las ciudades inteligentes de alcance global y el segundo a lo que denominamos URBE ORBI GLOBAL. La primera promueve el surgimiento de NUEVOS LEVIATANES NÓMADAS Y SEDENTARIOS (verde, digital y moral) gracias a la tecno-ciencia y la segunda parte de la idea que, así como UR denota la ciudad sumeria antigua, también en el lenguaje vasco antiguo denota flujo. Las urbes originarias eran conglomerados de flujos autoorganizados que permiten que cada miembro pueda perseverar en su propia existencia en mejores condiciones. Es hacia allí hacia donde debemos pensar en términos políticos.

La brecha existente entre los dos tipos de urbes consideradas (URSTAAT GLOBAL y URBI ORBI) nos condujo a la política. Y en el caso específico de la URSTAAT DIGITAL GLOBAL, la tecnociencia nos hizo pensar en la utopía baconiana de BENSALEM como una nueva BENSALEM debido al rol que está jugando en el surgimiento de nuevos espacios que requieren su territorialización. La utopía de la nueva BENSALEM entonces nos condujo de nuevo al plano teológico no sólo desde la perspectiva de la fe en la tecnología, sino también en sus desarrolladores y ordenadores debido a que el contexto de cambios acelerados está generando miedo que se expresa en el plano individual, colectivo y geopolítico. Es decir, los cambios sociales acelerados que están provocando los desarrollos tecnológicos han generado incertidumbre acerca del futuro porque están produciendo cambios en la cartografía del poder en el ámbito internacional, como hoy en día estamos observando.

Así pues, la política nos plantea la emergencia de un mosaico de nuevos leviatanes sedentarios (representados por EE.UU. junto o no con la anglosfera, Rusia, China, India y la UE vista como una reedición del Sacro Imperio Romano Germánico) y leviatanes nómadas (representados por las grandes corporaciones tecnológicas) como una especie de orden neo-westfaliano que estarán en competencia entre sí por imponer el nuevo nomos de la tierra dentro de un contexto signado por la existencia de sistemas autónomos del que no sabemos cuál va a ser su alcance. Este es el lado más oscuro del actual proceso de territorialización del espacio. 

Finalmente considerando las advertencias hechas por autores como Martín Heidegger, Karl Jaspers, Giorgio Agamben, Markus Gabriel e incluso podemos agregar a García Bacca y Mayz Vallenilla, en el tiempo que resta, desde una perspectiva geofilosófica en este proceso de establecimiento de un nuevo nomos que tendrá como espacio gráfico último la conciencia nos queda la lucidez que, sin apartar la tecnología, se expresa en: ser-auténtico, ser-meditativo, ser-nómada, ser-anarca o ser-único (monje) como medio para hacer frente a los efectos del nuevo nomos y llenar cualquier potencial vacío existencial que pudiera estar embargándonos antes de quedar completamente sumergidos en dicho ordenamiento. Pero para ello primero hay que conocerse a sí mismo, como reza el pronaos del templo de Apolo, y asumir nuestra condición. Ello nos podrá conducir a una nueva forma de praxis, construir auténticos territorios y vivir en mejores condiciones.


domingo, 1 de noviembre de 2026

DE LA GEOFICCIÓN TIAMATERIALISTA AL NEORRACIONALISMO COMPUTACIONAL. INTRODUCCIÓN AL PENSAMIENTO DE REZA NEGARESTANI

 


1. Introducción: Contextualización Arqueológica y Epistemológica de Negarestani

La comprensión del pensamiento del filósofo iraní Reza Negarestani en el panorama contemporáneo estadounidense exige superar las lecturas historiográficas fragmentadas que oponen su etapa inicial —asociada a la teoría-ficción, la geofilosofía, la demonología petropolítica y las temporalidades anómalas— a su posterior ubicación como exponente del neorracionalismo funcionalista de Sellars y Brandon, la actualización de la filosofía de Kant y Hegel, la filosofía de la mente computacional vinculada a la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) y el fundamento espacial que observamos en Deleuze y Sloterdijk. Desde esta perspectiva, su orientación filosófica apunta al desmantelamiento del antropocentrismo y la desacralización normativamente orientada del sujeto humano.

Negarestani ha tratado de disolver, como lo están haciendo los filósofos del proceso, la aparente trinchera entre la tradición analítica y la continental. La ambición de la filosofía del pensador iraní converge en la psicología trascendental kantiana, la lógica dialéctica del Geist, la lingüística formal, la lógica matemática, la ciencia de la computación teórica y la filosofía procesual que asociamos con Deleuze.

Desde la perspectiva metodológica, Negarestani adopta explícitamente la distinción formulada por Jay Rosenberg en Accessing Kant, que contrapone el enfoque Apolíneo al enfoque Dionisíaco en la lectura de la historia de la filosofía. Mientras que el erudito apolíneo persigue la fidelidad historiográfica estricta y la elaboración de tratados exegéticos, el filósofo dionisíaco asume la premisa hegeliánica de que la filosofía es "su propio tiempo aprehendido en pensamientos", empleando el presente histórico como una lente que distorsiona productivamente los textos clásicos para extraer sus intuiciones positivas, transmutarlas, reingenierizarlas e integrarlas a las necesidades de la época.

La idea central de esta investigación es sostener que geofilosóficamente la desacralización de la naturaleza de Nagarestani apunta a la desacralización de la mente en fases sucesivas. Si en sus primeros escritos la inmediatez del espacio geológico y del tiempo cronológico es pulverizada para demostrar que la Tierra y el tiempo son entidades traumáticas no humanas, en su fase madura la inmediatez de la conciencia privada y de la experiencia perceptiva es disuelta mediante un funcionalismo profundo (deep picture of function). En ambos momentos, el objetivo es el mismo: despojar al sujeto humano de su estatus ontológico, revelando que la mente no es una sustancia natural inefable, sino un artefacto histórico y normativo construido a través del espacio semántico del lenguaje y la interacción social privatizada. Teniendo esta orientación presente, vamos a examinar la fase eofilosófica, seguidamente el giro neorracionalista y, finalmente, la Sistemática del Espíritu y la IAG.

2. La Fase Geoficticia y Tiamaterialista: Cyclonopedia y Chronosis

La utilización de la "teoría-ficción" en la obra temprana de Negarestani debe interpretarse como un dispositivo ontológico riguroso y un supercolisionador de abstracción diseñado para desmantelar la concepción antropocéntrica de la presencia, la naturaleza y la temporalidad lineal. En obras como Chronosis (desarrollada junto al artista Keith Tilford y el filósofo Robin Mackay) y Cyclonopedia, el medio narrativo y gráfico opera como un laboratorio especulativo donde las nociones heredadas de espacio, materia y memoria son sometidas a dinámicas de atrición y socavamiento estructural.

Tiamatismo, en este sentido, en alusión a la diosa babilónica del caos primordial y el océano salado: Tiamat, le sirve a Negarestani a través de la inversión de ese mito de Enuma Elish, para describir cómo un orden macrocósmico se ha impuesto en el mundo y cómo la tierra (Cthelll), está insurgiendo bajo la forma de materiales inmanentes, fluidos y corrosivos que conspiran activamente contra el nomos impuesto. Este fundamento nos recuerda al papel del mito de Mitra y Varuna en la filosofía de Deleuze y Guattari (2008).

El petróleo encarna, en este sentido, la memoria química y biológica de la Tierra, un compuesto viviente (Tellurian lube o sangre de Tiamat), en putrefacción que satura la corteza terrestre e instiga dinámicas sociopolíticas y narrativas como las están viviendo, actualmente, Irán y Venezuela. Esta petropolítica desintegra la cosmovisión tradicional al revelar que la economía política de la superficie está impulsada y parasitada desde abajo por una entidad subterránea, autónoma y opaca que devora la consistencia del planeta.

El instrumento analítico fundamental de esta desintegración es la poromecánica, una sintaxis ontológica organizada en torno a la figura de ficción del agujero complejo. La poromecánica demuestra que las estructuras aparentemente sólidas, holísticas y continuas de la naturaleza están internamente carcomidas por vacuidades, cavidades y poros entrelazados. El agujero complejo no es una mera ausencia de materia o un vacío estático, sino un vector de infiltración que pudre las ontologías de la presencia inmediata desde dentro. Un objeto poromecánico está permanentemente perforado, abierto a influencias exógenas que contaminan su interioridad y erosionan las pretensiones de un holismo naturalista autosuficiente.

En la novela gráfica Chronosis, la exploración de estas estructuras aberrantes se traslada al problema del tiempo. Utilizando el lenguaje del cómic como un acelerador conceptual, la obra categoriza la irrupción del Tiempo como una entidad personificada y traumática que inflige devastación sobre cualquier orden galáctico que pretende domesticarlo.

Existe una continuidad técnica directa entre esta ficción gráfica y la madurez teórica del autor: el dispositivo narrativo de la tecnología temporal en Chronosis anticipa la discusión epistemológica y termodinámica desarrollada en el Apéndice de Intelligence and Spirit respecto a la paradoja de los "cinco minutos atrás" (abordada formalmente mediante la perspectiva de microestados y macroestados). En ambos casos, el objetivo de Negarestani es demostrar que la certeza intuitiva sobre el pasado inmediato y la inmutabilidad de la memoria perceptiva constituyen ilusiones construidas sobre la ceguera hacia los niveles de micro-organización subyacentes. Las dimensiones ontológicas de la poromecánica y la geoficción están relacionadas con:

  • Desintegración de la Finitud Corpórea: La infiltración poromecánica disuelve las fronteras del cuerpo biológico y de los objetos sólidos, demostrando que toda entidad está estructuralmente perforada por redes de cavidades que impiden la clausura autonómica.

  • Subversión de la Inmediatez Temporal: La manipulación de los intervalos temporales (como la tecnología en Chronosis que prefigura el análisis termodinámico de macroestados) pulveriza la fe febril en el flujo del "ahora" fenomenológico, revelando que el tiempo presente es una construcción mediada e inestable.

  • Desmitificación de la Memoria y la Senciencia (conocimiento a través de las sensaciones): La capacidad de editar la memoria histórica y la desvalorización de las categorías de vida/muerte demuestran que las vivencias biológicas inmediatas carecen de fundamento ontológico propio, preparando el terreno para la crítica neorracionalista al Mito de lo Dado.

La disolución poromecánica de la subjetividad inmediata y la profanación de la naturaleza en estas geoficciones demuestran que la experiencia sensible no es un cimiento sólido, preparando conceptualmente el camino para la crítica formal al humanismo en la fase de lo que denominó inhumanismo racional.

3. El Giro Neorracionalista y el Inhumanismo (no-humano) Ilustrado 

El giro neorracionalista en el pensamiento de Negarestani marca el tránsito formal desde una ontología materialista subterránea hacia la articulación de una normatividad racional no biológica. En esta etapa, expuesta en ensayos como O trabalho do inumano, el inhumanismo no se define como la destrucción misantrópica del hombre ni como un abandono de sus valores, sino como la consecuencia lógica y rigurosa del racionalismo crítico: la razón es una fuerza autocorrectiva e inhumana que no pertenece por derecho divino a la especie Homo sapiens, sino que exige la transformación e incesante revisión de la figura del humano.

Para fundamentar su propuesta, Negarestani establece una distinción crucial entre dos órdenes que, según él, la filosofía tradicional tiende a confundir: La senciencia, que ya hemos introducido con la sapiencia. La equiparación o confusión entre senciencia y sapiencia constituye la raíz del "Mito de lo Dado" (Myth of the Given) denunciado por Wilfrid Sellars. Asumir que las impresiones sensibles inmediatas de la senciencia pueden servir de fundamento justificativo para los conceptos de la sapiencia es, para Negarestani, un error categórico. La razón, según él, no emana de la biología ni de la introspección privada; es una facultad normativa socialmente organizada.

A partir de este marco inferencialista, Negarestani despliega una crítica paralela en dos frentes simultáneos:

  • Contra el Humanismo Esencialista: Critica la sacralización de la figura dada del humano, la cual asume la condición humana biológica o histórica actual como una totalidad consumada, intocable y dotada de un privilegio ontológico intrínseco.

  • Contra el Anti-humanismo y Posthumanismo Ingenuos: Critica a aquellas corrientes que celebran una negación abstracta o un colapso irrestricto de lo humano sin proponer una determinación funcional. Este posthumanismo ingenuo suele caer en un romanticismo del caos o en un reduccionismo biológico/tecnológico que disuelve la normatividad de la razón en favor de una mera aceleración de la senciencia o de una superinteligencia física sin restricciones lógicas.

Frente a estas desviaciones, el Inhumanismo Racional concibe la razón no como una facultad fija o un órgano natural, sino como un espacio de reglas y compromisos autocorrectivos. Pensar racionalmente implica ingresar en un juego de consecuencias inferenciales donde cada afirmación obliga al agente a revisar sus premisas previas a la luz de nuevas razones. La razón es la herramienta que, según él, nos permite borrar nuestro rostro dado (nuestros sesgos biológicos, prejuicios históricos e ilusiones fenomenológicas), para rediseñar pragmática y conceptualmente lo que podemos llegar a ser.

Para formalizar este proceso de autotransformación, Negarestani rescata el concepto hegeliano de Aufhebung (superación) y basándose en la lógica dialéctica, desglosa los cuatro significados alemanes fundamentales de aufheben:

  1. Heben: Elevar o levantar del suelo algo que ha caído.

  2. Auf-heben: Asir, tomar o apoderarse activamente de algo.

  3. Preservar: Retener o conservar un momento estructural previo.

  4. Cancelar: Anular, abolir o dejar fuera de acción un estado de cosas.

Hegel, y con él Negarestani, enfatiza la síntesis entre la cancelación (4) y la preservación (3). En el ámbito de la mente, la Aufhebung cancela la inmediatización del sujeto cartesiano o introspectivo (su pretensión de ser un dato primario), pero preserva la diferencia mediada entre ese sujeto y sus relaciones con los otros. De este modo, la Aufhebung opera mediante la negación determinada (que requiere tiempo, trabajo conceptual y construcción de estructuras alternativas), en oposición diametral a la negación abstracta e indeterminada propia de la política revolucionaria abolicionista o del posthumanismo ingenuo, los cuales pretenden destruir la totalidad de un golpe sin ofrecer un reemplazo normativo.

Esta fundamentación dialéctica del inhumanismo normativo exige una formalización sistemática capaz de encarnar el espacio de la razón en una arquitectura lógica y computacional, tarea que Negarestani emprende en su análisis del Geist y la IAG.

4. La Sistemática del Espíritu y la IAG (Intelligence and Spirit)

La obra más relevante hasta ahora de Negarestani, Intelligence and Spirit, reescribe la historia de la filosofía como la elaboración gradual de un programa sistemático para la realización de la IAG. En este tratado, la inteligencia es definida como la evolución impersonal y colectiva de un pensamiento que se construye a sí mismo desde la perspectiva de un "ningún dónde y ningún cuándo" (view from nowhere and nowhen).

Para ello, Negarestani reinterpreta el concepto de Geist (Espíritu) de Hegel despojándolo de toda connotación trascendente y lo define funcionalmente como una comunidad multiagente constituida ontológicamente por el espacio semántico de un lenguaje público y privatizado. Apoyándose en Hegel sostiene que la mente es un sistema socializado donde los agentes emergen como subproductos de una red normativa de reconocimiento mutuo. La percepción sensible solo adquiere el estatus de conocimiento porque es apercepción discursiva, y la apercepción es un artefacto de este espacio semántico privado.

El Funcionalismo Profundo (Deep Picture of Function) defiende que una función mental está "dimensionalmente variada" y "múltiplemente constreñida" (dimensionally varied and multiply constrained). La mente es lo que hace únicamente en la medida en que existen estructuras causales-materiales y lógico-semánticas organizadas jerárquicamente que soportan sus actividades. El funcionalismo profundo explica cómo está organizada una función a través de múltiples niveles de complejidad que no pueden fusionarse de manera simplista.

El funcionalismo profundo, en este sentido, demuestra que el capitalismo es una función determinada por lo que hace. Existen prácticas sociales sui generis —como las prácticas sociolingüísticas y las reglas formales del juicio— que poseen autonomía estructural y no se reducen al modo de producción capitalista. Esta diferenciación de niveles permite la negación determinada: la capacidad de intervenir, reconfigurar y reingenierizar estructuras específicas sin caer en la parálisis nihilista o en la fantasía de una destrucción instantánea e indeterminada.

En Intelligence and Spirit, el lenguaje es caracterizado como el Dasein (la existencia determinada) del Geist: el espacio formal y semántico donde la computación, la matemática y la lógica convergen. Es a través del lenguaje público que los agentes pueden formalizar sus inferencias, someter sus juicios a la crítica colectiva y trascender la inmediatez de la senciencia.

El programa de la IAG la concibe como un experimento mental prolongado y un "juego modelado" (toy model) que funciona como una vista externa (outside view) y un negativo fotográfico del ser humano. Al intentar construir un autómata pensante desde cero (analizando las condiciones trascendentales kantianas de la intuición, la imaginación y la apercepción discursiva), la AGI nos revela objetivamente lo que somos en virtud de lo que determinadamente no somos. Este distanciamiento objetivo quiebra nuestras impresiones subjetivistas e introspectivas, permitiendo, según su perspectiva, la desbiologización radical de la mente.

Para evitar que la construcción de la mente caiga en nuevos dogmatismos, Negarestani asimila el escepticismo pirrónico dentro de la razón dialéctica. La epoché (suspensión del juicio) y la isostheneia (equipolencia de argumentos contrapuestos) son rescatadas de su estancamiento paralizante e incorporadas al Geist como un "escepticismo autocompletado" (self-consummating skepticism). La razón así se convierte en una "dialéctica entre la sospecha y la confianza": una dinámica donde el escepticismo racional pone en duda permanentemente el estatus del sujeto aquí y ahora, obligándolo a superar sus ataduras históricas y contingentes.

En el Apéndice de la obra, Negarestani, al redefinir la inducción y la deducción como operaciones formalmente estructuradas sobre marcos jerárquicos de hipótesis y evidencia (articulando la perspectiva termodinámica e informacional de microestados y macroestados), el filósofo iraní demuestra que la inferencia racional no requiere de un salto de fe inductivo, sino de una integración de niveles de explicación que garantiza la corrección epistémica sin recurrir a dogmas absolutistas. De ahí que haya expresado lo siguiente: "La mente no es una cosa: es sólo lo que hace." (Mind is not a thing: it is only what it does.)

Esta concepción del Geist computacional y la IAG conduce directamente a la redefinición de la filosofía como un artefacto histórico y una tecnología de autocultivo.

5. Corolario: La Filosofía como Organón y Artefacto de Auto-cultivo

El recorrido por alguna de las obras de Reza Negarestani expone la solidez de un proyecto intelectual cuyo propósito fundamental ha sido liberar a la inteligencia de los sesgos del chauvinismo biológico y de la inmediatez fenomenológica. Desde los socavamientos petropolíticos de Cyclonopedia y las rupturas temporales de Chronosis hasta la arquitectura computacional del Geist en Intelligence and Spirit, la filosofía de Negarestani se presenta  como una de las intervenciones teóricas más ambiciosas del siglo XXI. Al definir al Geist y a la mente como un Objekt —un objeto de pensamiento y un artefacto de su propio concepto— Negarestani demuestra que la mente puede intervenir sobre sí misma, reconfigurando sus propias condiciones trascendentales.En última instancia, para Negarestani, la filosofía es un programa, es decir, un sistema operativo conceptual que posee "un conjunto de axiomas (puntos de partida normativos o condiciones de posibilidad del pensamiento) y principios de acción". La filosofía, desde esta perspectiva, diseña operaciones que permiten al pensamiento construir libremente nuevas realidades conceptuales y cognitivas que antes eran imposibles.

La libertad, consecuentemente, es la capacidad racional de asumir compromisos normativos, comprender las leyes necesarias de nuestra propia realización y actuar sobre ellas para rediseñar la mente, y el inhumanismo es, para nuestro autor, el compromiso ético y teórico con la transformación continua de lo que significa pensar.


Fuentes Consultadas

Blanco, E. (2026). Geofilosofía: espacio, tierra y territorio. Caracas. Ediciones Rivero-Blanco

Deleuze, G. y Guattari, F. (2008). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8° ed. Valencia. (T. J. Vásquez y U. Larraceleta). Editorial Pre-Textos. 522p 

Negarestani, R. (2008). Cyclonopedia: Complicity with Anonymous Materials. Melbourne: re.press.

Negarestani, R. (2014). O trabalho do inumano (Trad. J.-P. Caron). Zazie Edições.

Negarestani, R. (2018). Intelligence and Spirit. Cambridge, MA: Urbanomic / MIT Press.

Negarestani, R., Tilford, K., & Mackay, R. (2021). Chronosis. Urbanomic

miércoles, 14 de octubre de 2026

LA ACTUALIDAD DE MARTIN HEIDEGGER EN UNA LECTURA DELEUZOGUATTARIANA

 


En ¿Qué es la filosofía?, Gilles Deleuze y Félix Guattari (1991 [2009]) despliegan una serie de referencias a Martin Heidegger, entre las cuales destaca el agudo diagnóstico de su deriva política:

«Las democracias son mayorías, pero un devenir es por naturaleza lo que se sustrae siempre a la mayoría... El caso Heidegger ha complicado más las cosas: ha hecho falta que un gran filósofo se reterritorializara efectivamente en el nazismo para que los comentarios más sorprendentes se opongan...» (p. 110).

«No siempre es fácil ser heideggeriano… Tenía que ser un filósofo, como si la ignominia tuviera que entrar en la filosofía misma. Pretendió alcanzar a los griegos a través de los alemanes en el peor momento de su historia… Heidegger se perdió por las sendas de la reterritorialización, pues se trata de caminos sin balizas ni parapetos... Se equivocó de pueblo, de tierra, de sangre. Pues la raza llamada por el arte o la filosofía no es la que se pretende pura, sino una raza oprimida, bastarda, inferior, anárquica, nómada, irremediablemente menor» (p. 111).

Estas palabras suscitan una interrogante crucial: ¿fueron Deleuze y Guattari heideggerianos a pesar de la expresa y enconada hostilidad de esta cita? En la obra mencionada, el pensador alemán es citado en diecinueve ocasiones. Esto sugiere que el esfuerzo de los franceses estuvo orientado a apoyarse en su ontología para, simultáneamente, intentar superarla.

El horizonte de esta superación fue el espacio, una dimensión que Heidegger evadió persistentemente hasta la publicación de sus conferencias Construir, habitar, pensar (1951 [1997]) y El arte y el espacio (1968 [2009]), como bien han señalado Franck Didier (1986) y Peter Sloterdijk (1999). Mientras que Deleuze y Guattari critican a Heidegger por vincular el origen filosófico a los griegos desde un historicismo temporal, ellos operan una fundamentación espacial también anclada en Grecia para explicar la filosofía contemporánea, excluyendo otros entornos geopolíticos. Este artículo examina dicha presencia heideggeriana, el intento de superación y el estado actual de este cruce conceptual.

1. La presencia heideggeriana en la obra de Deleuze y Guattari

Para rastrear la huella de Heidegger en el pensamiento deleuzoguattariano, es preciso considerar —siguiendo a Alberto Rosales (2008)— la reconstrucción filosófica posterior a Ser y Tiempo. En los autores franceses, el anclaje ontológico se sitúa, por un lado, en la unidad de los contrarios de Heráclito de Éfeso y, por el otro, en la relación entre la batalla de Salamina y el pensamiento fractal[1]. Esta lectura, no obstante, suele sobreponderar ciertos fragmentos heracleiticos sin evaluar exhaustivamente el contexto sociopolítico del pensador jonio[2].

La veta heideggeriana en Deleuze se remonta a Diferencia y repetición, donde cuestiona el principio de identidad del alemán para proponer un concepto de acontecimiento que desborde al "Ser" y se asiente experimentalmente en la multiplicidad. Más tarde, en colaboración con Guattari, esta tesis se formaliza mediante una ontología del rizoma inspirada en Spinoza y Whitehead. Ya en Mil mesetas y ¿Qué es la filosofía?, la convergencia con Heidegger se hace patente en dos núcleos: el sustrato heracléitico y la noción del habitar, reconfigurada por los franceses a través del nomos y el territorio.

  • El anclaje ontológico y el "Entre": En sus cursos de 1943, Heidegger utiliza la unidad heracléitica para definir la mismidad como un espacio relacional e intersticial —el "entre" o la inter-cisión— donde el Ser y el ente entablan una tensión contingente e intransmisible (p. 163) que prefigura la idea de acontecimiento (Ereignis). Para Deleuze y Guattari, este "entre" se reformula mediante lo que podríamos entender como el pliegue leibniziano: una brecha originaria de N-dimensiones que integra los acontecimientos de nuestra época. El pliegue salvaguarda la singularidad de los elementos, aloja una indeterminación potencial y viabiliza la diferencia ontológica.
  • Tierra y Territorio: Respecto a Construir, habitar, pensar, existe una coincidencia sustancial al vincular el pensamiento con el lazo intrínseco entre tierra y territorio. En El origen de la obra de arte, Heidegger (1996) sostiene que la creación es un erigir consagrador que abre un mundo histórico apoyado sobre la tierra (esta última entendida como lo impenetrable y clausurado). Deleuze y Guattari operan aquí una reconfiguración geofilosófica con hondas implicaciones políticas, alterando la concepción de la espacialidad, la animalidad y los afectos.

En Mil mesetas, los franceses asocian el pensar a la desterritorialización absoluta, es decir, al desmantelamiento de toda unidad subjetiva molar. Este movimiento expone la mente al caos, transformando el pensamiento en una empresa peligrosa, colindante con el delirio o la esquizofrenia. De allí emerge la máxima «pensar es viajar» sin cartografía previa, así como la noción de lo Natal en ¿Qué es la filosofía? como máxima expresión de la potencia creativa.

Aquí estalla la crítica más severa: Deleuze y Guattari acusan a Heidegger de haber traicionado la desterritorialización absoluta que él mismo vislumbró. Como intuyen los franceses y ratifica Sloterdijk (1998 [2003]), Heidegger elaboró un diagnóstico correcto, pero ofreció una respuesta equivocada en una época signada por el resentimiento político. Al encadenar el acontecer del Ser al territorio histórico de Grecia y a la tierra de Occidente, Heidegger clausuró las líneas de fuga filosóficas, sometiendo la potencia nómada de la tierra a una reterritorialización mística e historicista en una "pequeña patria" excluyente. Paradójicamente, Deleuze y Guattari incurrirían más tarde en un sesgo similar.

2. El esfuerzo de superación

Si bien la geofilosofía deleuzoguattariana desplaza el pensar desde la línea histórico-temporal del Ser hacia un mapa geográfico de relaciones físicas y políticas —el pensamiento no sucede en el tiempo, según ellos, sino que se des/reterritorializa en el espacio—, su premisa de que pensar consiste en producir conceptos que resistan al caos comparte el mismo suelo diagnóstico de Heidegger.

Este punto de partida se halla en la «comprensión preontológica» (o preconceptual) del Ser, entendida como la disposición que faculta a la filosofía como «creación de conceptos e instauración de [un] plano de inmanencia» (p. 45). De esta matriz, los franceses derivan dos ramificaciones: la demarcación entre filosofía, ciencia y arte, y la analítica de las sociedades de control.

La distinción entre filosofía, ciencia y arte resulta paradójica. Al edificar una epistemología que incorpora variables científicas, la separación nítida de estas disciplinas se debilita, especialmente si recordamos que en la Grecia clásica lo bueno, lo bello y lo verdadero componían una unidad. Esta inconsistencia, visible en Mil mesetas, intenta resolverse en ¿Qué es la filosofía? mediante el enunciado pragmático «yo funciono» (en el capítulo "Del caos al cerebro"), donde la distinción adquiere un carácter teleológico dependiente de la operatividad individual: ‘yo funciono’.

Por otra parte, Deleuze y Guattari conceptualizan al griego como un ciudadano libre, en contraste con la visión heideggeriana del griego como un ser telúrico y autóctono[3]. Esta divergencia es nodal: el filósofo alemán se orienta a la Tierra histórica-territorial de Grecia, mientras que los franceses dirigen la mirada hacia el porvenir, hacia una «nueva tierra» (p. 95) —nótese que postulan una nueva tierra y no un nuevo territorio—. Pensar una nueva tierra exige anular el pasado, ejecutar una tabula rasa para fundar un territorio inédito. Slavoj Žižek ha homologado esta propuesta deleuzoguattariana al radicalismo de la Revolución Cultural china; basta calibrar sus repercusiones históricas para advertir el peligro. Así, la objeción deleuzoguattariana acusa a Heidegger de fijar el Ser entre el suelo griego y el destino alemán, clausurando la potencia revolucionaria del nuevo comienzo. No obstante, cabe adelantar que dicho "nuevo comienzo" propuesto por los franceses terminó teniendo patas cortas.

En lo concerniente a las sociedades de control, se observa una clara línea de continuidad y superación entre los textos heideggerianos de 1938 y 1954 y el célebre Post-scriptum deleuziano, donde se precisa cómo la ciencia y la técnica se operacionalizan políticamente. Esto arroja luz sobre la célebre disputa en torno a los Cuadernos negros. Si Deleuze advierte que los individuos devienen «piezas componentes» (materias primas) de megamáquinas informacionales, la cosificación del ser, el genocidio y la opresión que Heidegger leyó como "síntomas" u "oscurecimientos" de una época del Ser, deben ser reinterpretados no como una deriva política sino como una advertencia. Bajo la luz de su praxis, entonces, las reflexiones de los Cuadernos XII al XV no representan únicamente la disolución de la alteridad producto de una tendencia histórica a la cual había que hacer frente, sino el residuo de un colosal esfuerzo de autopreservación que creemos, fue producto de una arrogancia académica y una estulticia política.

Si el fascismo es, en palabras de Sloterdijk, la metafísica de la inmoderación, para Heidegger, cuando se percató del error, constituyó una síntesis de humanismo y bestialismo. Más allá de los clichés historiográficos, el reto, para nosotros, estriba en producir conceptos propios que nos aseguren no ser medio de una situación política determinada. Ello nos conduce directo al estado de la cuestión actual.

3. El estado de cosas actual del pensamiento heideggeriano

Tres vectores esenciales permiten mensurar hoy la vigencia de Heidegger a través del prisma deleuzoguattariano:

  1. La reterritorialización nacionalista de la filosofía: Deleuze y Guattari afirman que la filosofía se reterritorializa en el Estado-nación y en el espíritu del pueblo (Volksgeist). Apoyándose en Nietzsche, confieren un rol estelar a las tradiciones filosóficas alemana, francesa e inglesa, en detrimento de la producción italiana o española, atribuyendo la supuesta minusvalía latina al catolicismo[4]. Con ello, los franceses reproducen el mismo sesgo eurocéntrico que le criticaron a Heidegger para el caso alemán. Esta arrogancia metodológica de esos autores postmodernos pudiera explicar, por contraste, por qué estamos aquí conversando de un filósofo alemán.
  2. Derivas metodológicas y posthumanismo: Mientras Heidegger recusó la lógica tradicional y el cálculo científico en favor de un pensar meditativo, Deleuze y Guattari articularon una ontología aliada con las ciencias contemporáneas y la física molecular. En la práctica, este aparato metodológico está acelerando la objetivación del Ser y pavimentando una era posthumana y tecnificada. A diferencia de la resistencia heideggeriana, Ernesto Mayz Vallenilla (1990) y Peter Sloterdijk han demostrado que este devenir técnico es irreversible y hay que encararlo reflexivamente. Frente a este panorama creemos que, la filosofía de Heidegger, así como la de Deleuze y Guattari, opera como una cartografía que ayuda a responder a las exigencias del mundo de hoy.
  3. Técnica, política y biología: Las intuiciones de Heidegger observadas hoy desde la convergencia bio-tecno-política[5] iluminan la realidad en tres bandas:
    • La espacialidad, entendida por Sloterdijk como una "atmósfera compartida" (microclima social), por Markus Gabriel (2017) como un "campo de sentido" y por Deleuze y Guattari (2008), como un nuevo nomos.
    • El destino del humanismo, marcado por el escándalo desatado por Sloterdijk en Normas para el parque humano en relación con la pregunta heideggeriana y la actual inmersión en los medios contemporáneos de desinhibición digital analizados por Byung-Chul Han (2014), que nos reconducen a las sociedades de control deleuzianas y los dispositivos de Agamben.
    • La mutación técnica, donde la Inteligencia Artificial generativa y el ciberespacio como expresión de una nueva Weltanschauung reducen definitivamente al mundo y al ser humano a meras "existencias" u objetos disponibles para la explotación global.

4. Escolio

La arquitectura conceptual de Deleuze y Guattari resulta indescifrable sin este diálogo sistemático, discordante pero armónico, con Martin Heidegger. Al dinamitar la tradición, los franceses confiscaron la potencia de la diferencia ontológica y el abismo, despojándolos de su envoltura poética y su arraigo patrio para lanzarlos a una velocidad nómada. Es precisamente en esta tensión productiva donde el pensador de Meßkirch continúa resonando de forma subterránea e ineludible en las mesetas de la ontología contemporánea.

Finalmente, se vuelve perentorio despojar a la filosofía tanto de su anclaje sagrado a Grecia como de la gravedad institucional utilizada históricamente como escudo de supervivencia. Esa solemnidad nos vuelve crónicamente vulnerables al cinismo del poder, un fenómeno nítido en los autores examinados y dramáticamente constatable en nuestra propia experiencia venezolana.

5. Referencias bibliográficas

Byung-Chul Han (2014). En el enjambre. Barcelona. (T. R. Gabás). Herder Editorial. 111 p

Deleuze, Gilles (2006). “Post-scriptum sobre las sociedades de control”. Polis Revista Latinoamericana N° 13. Documento en línea. Disponible: https://journals.openedition.org/polis/5509

Deleuze, G. y Guattari, F. (1991 [2009]). Qu’est-ce que la Philosophie? París. Editorial Minuit. 206 p.

Deleuze, G. y Guattari, F. (2008). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8º éd. Valencia. (T. J. Vásquez y U. Larraceleta).  Editorial Pre-Textos. 522 p.

Didier, F. (1986). Heidegger et le problème de l'espace. Paris. Editions de Minuit. 132 p.

Gabriel, M. (2017). Sentido y existencia. Una ontología realista. (Sinn und Existenz - Eine realistische Ontologie). Barcelona (T. R. Gabás). Editorial Herder.  515 p

Heidegger, M. (1954 [1997]). Filosofía, Ciencia y Técnica. 3° ed. Santiago (T. F. Soler). Universidad de Chile. 306 p. Documento en línea. Disponible: https://olimpiadadefilosofiaunt.files.wordpress.com/2012/02/heidegger-tecnica_ocr.pdf

Heidegger, M. (1957 [1990]). Identidad y Diferencia. Edición bilingüe. Barcelona. (T. H. Cortés y A. Leyte). Editorial Antrophos.

Heidegger, M. (2012). Heráclito. Cursos de Fribugo del semestre de verano de 1943 y del semestre de verano I944. Buenos Aires. (T. C. Másmela), editorial el Hilo de Ariadna, 460 p

Heidegger, M. (1996). El origen de la obra de arte. Madrid. (H. Cortés y A. Leyte). En: Caminos de bosque. 29 p

Heidegger, M. (1968 [2009]). El Arte y el Espacio. Barcelona. (T.J. Escudero). Editorial Herder. 48 p

Heidegger, Martín (1938). La Época de la imagen del Mundo, Trad. H. Cortés y A. Leyte, Madrid, Alianza Editorial, Caminos de bosque, 1996. disponible en: http://www.fadu.edu.uy/estetica-diseno-i/files/2015/08/heidegger_epoca_imagen_mundo.pdf

Heidegger, M. (1927[1967]). Sein und Zeit. Tübingen. Max Niemeyer Verlag. 449 p. En español: (1927 [1998]). El Ser y el Tiempo. (2ª ed.). (T. J. Gaos) Santa Fé de Bogotá. FCE. 478 p.

Mayz Vallenilla, E. (1990). Metatécnica: Sobre la técnica y su fundamentación. Caracas: Universidad Simón Bolívar. 158 p

Rosales, A. (2008). “Heidegger y la Pregunta por el Ser”. Mérida, Revista Filosofía Nº 19. Universidad de Los Andes. Pp 43-79.

Sloterdijk, P. (1999). "Normas para el parque humano". Madrid. Revista Observaciones Filosóficas. Documento en línea. Disponible: https://cursosluispatinoffyl.wordpress.com/wp-content/uploads/2014/01/00_peter_sloterdijk__reglas_para_el_parque_humano_revista_observaciones_filosoficas1.pdf

Sloterdijk, P. (1998 [2003]). Esferas I. Burbujas. Microsferología. Madrid. Editorial Siruela. (T. I. Reguera). 584 p.



[1] Cabe recordar aquí la sentencia atribuida a Temístocles: la polis no la constituyen los muros, sino los hombres que la habitan. Esta máxima empujó a los atenienses a abandonar la tierra y embarcarse para enfrentar a los medos, transicionando de la certidumbre del suelo a un espacio marítimo abstracto que Deleuze y Guattari asocian con el funcionamiento libre del cerebro como vía de comunicación fluida.

[2] Éfeso, durante la vida de Heráclito, se hallaba bajo el dominio del Imperio Aqueménida. Fue de las pocas ciudades jonias que no se plegó a la revuelta y no existe certeza filológica sobre el sentido político original de sus fragmentos conservados.

[3] La idealización de la libertad griega se vincula inicialmente al levantamiento jonio frente a los persas. No obstante, cabe preguntarse si los griegos antiguos gozaban de una libertad real dadas las estructuras de gobierno descritas por Heródoto, o si habitaban formas estatales degeneradas y opresivas, tal como sugirió Tucídides.

[4]  Mientras Deleuze y Guattari anclan la filosofía en la Grecia de Salamina para reterritorializarla en el eje franco-anglo-alemán, Heidegger intentaba tender un puente exegético entre Oriente y Occidente. Su lectura del fuego (Lichtung y physis) traza una línea de fuga que conecta directamente con el fuego primordial del zoroastrismo custodiado por Ahura Mazda.

[5] Las tempranas intuiciones de Heidegger en torno a las alteraciones biogenéticas despuntan ya en el segundo curso sobre Heráclito dictado en colaboración con Eugen Fink.