domingo, 13 de septiembre de 2026

PENSAR CON SIMONE WEIL: FUERZA, ATENCIÓN, BELLEZA Y RAÍCES

 


1.- Introducción: La Urgencia de la Trascendencia en la Era de la Inmanencia

En el panorama intelectual del siglo XXI, la figura de Simone Weil no emerge como un mero objeto de estudio hagiográfico (relativo a la vida, obra de los santos), sino como una necesidad existencial estratégica dentro de un contexto de cambios acelerados. Su pensamiento, revitalizado por la «amistad del alma» que Byung-Chul Han profesa desde la contemporaneidad, permite diagnosticar la patología fundamental de nuestra era: la inmanencia total, es decir, la imposibilidad de concebir o experimentar un ‘afuera’, disminuyendo toda posibilidad de trascendencia, reduciendo la existencia a un laberinto de espejos procesado por algoritmos. Trascender lo entendemos como la condición de posibilidad para abrirse a lo incalculable, lo misterioso, lo inoperoso o la alteridad radical.

Esta ‘amistad’ se fragua en el reconocimiento de una fuerza que trasciende al sujeto; la misma que en 1937, en la pequeña capilla románica de Santa Maria degli Angeli en Asís, obligó a Weil a postrarse de rodillas después de recuperarse de las heridas y de la decepción que sufrió como consecuencia de su experiencia en la guerra civil española[1]. En aquel espacio donde San Francisco oraba, Weil experimentó que el pensamiento no es una producción del yo, sino una recepción de lo alto[2].

Hoy, el «sujeto del rendimiento» habita un vacío de sentido donde la información y el consumo han sustituido el sentido de ser, promoviendo su reificación. El propósito de este análisis, consecuentemente, es cartografiar la transición desde una «mera supervivencia» —esa fatiga crónica de quien solo produce y consume— hacia una «gozosa plenitud de ser». La mística de Weil, en simbiosis con la crítica de Han a la producción digital, puede ofrecer un filtro inmunológico contra la «mortificante falta de ser». Recuperar estos conceptos es un imperativo para contrarrestar la fuerza de gravedad que nos arrastra hacia un ego autorreferencial, impidiéndonos, en un sentido práctico, percibir la realidad en su verdadera y sagrada dimensión.

2.- Eje I: La Fuerza y el Desarraigo como Patologías de la Modernidad

Simone Weil propone una teodinámica en la que la vida espiritual sigue leyes análogas a las de la física. El alma humana, en su estado natural, se comporta como un gas: tiende a ocupar la totalidad del espacio que se le asigna, expandiéndose a través del ego para someter la realidad. Esta es la «fuerza de la gravedad» en el espíritu, una inercia de bajeza que degrada la percepción. Para el profesional moderno, entender esta entropía es crucial; el ego actúa como un sumidero gravitatorio que fragmenta la comunidad, convirtiendo al prójimo en mero alimento para la propia expansión.

El Desarraigo surge cuando esta gravedad domina el alma, sustituyendo la relación real y espiritual con las cosas por la imaginación saturadora de vacíos. Como se observa, es un concepto más profundo que el de ‘extrañamiento’[3]. Frente al «Dios natural» —la fuerza que domina el mundo del intercambio y el poder—, Weil sitúa al «Dios sobrenatural» del amor, que es ausencia y vacío. El mal contemporáneo es un desarraigo ontológico: el individuo, incapaz de soportar el vacío, proyecta deseos sobre el mundo para tapar su carencia de ser. Esta obediencia ciega a la gravedad natural es lo que Han identifica como la «dictadura de la inmanencia», donde el consumo de información impide la verticalidad del espíritu. Para vencer esta inercia, no se requiere una acción volitiva, sino una herramienta específica: la atención.

3.- Eje II: La Ética de la Atención: El Vacío y el Silencio

Contra el desarraigo sólo ayuda otro arraigo. Un primer paso es la capacidad que tiene cada ser humano en sí mismo: pensar. Lo otro es la ‘atención’.

La ‘atención’ es «la oración natural del alma». Según Gleichauf (2010) es «la forma más grande e insólita de generosidad» (pág., 133). En la actual sociedad de la adicción digital, esta facultad actúa como un filtro inmunológico frente a la infección viral de estímulos. Sin embargo, la atención profunda está en declive porque la percepción se ha vuelto voraz. Han denuncia que hoy ‘comemos’ la realidad en lugar de ‘mirarla’; el binge watching o el consumo frenético de datos son formas de «percepción adiposa» donde el alma se ceba con basura comunicativa.

Para recuperar la visión, el alma debe practicar el Ayuno y la Autofagia: matar de hambre su parte baja y mortal para que la parte eterna se alimente de ese vacío. Esta es la «Teodinámica del Vacío»: el alma debe contraerse (descreación) como un gas que renuncia a su espacio para dejar que la gracia entre. La ‘atención’ no es una búsqueda activa —la «mala manera de buscar» guiada por el horror vacui de encontrar soluciones inmediatas—, sino un «esfuerzo negativo» que espera pacientemente en el umbral. Sus características son esenciales:

  • Ø  Duración: Se dirige a lo que permanece, resistiendo el torbellino de la actualidad efímera.
  • Ø  Indisponibilidad: Se orienta hacia lo que no puede ser calculado, consumido ni puesto a disposición algorítmica.
  • Ø  Humildad: Es la permanencia paciente en el umbral, una pasividad operante que agradece antes de pensar.

El declive de este «genio de la atención» ha provocado la «ausencia de Dios». Sin atención pura, el pensamiento se reduce a inteligencia calculadora, una Inteligencia Artificial (IA) capaz de resolver problemas, pero incapaz de la genialidad creadora que nace del silencio.

4.- Eje III: La Belleza como Sacramento frente a la Cultura del 'Like'

La belleza es, para Weil, aquello que «no se puede querer cambiar». Es la realidad del mundo cuando el sujeto se retira. En la Cultura del 'Like', padecemos una «adiposis del alma» donde solo buscamos lo igual, lo liso, lo que valida nuestro ego. Esta mirada es ‘natural’ y sartriana: cosifica, humilla y devora. Por el contrario, la mirada sobrenatural es amigable y salvadora; no se apodera del objeto, sino que vela por su ser.

Han integra esta visión con la estética del Haiku. En la poesía de Bashō, como cuando la rana salta en el pantano o el sol sale de pronto entre la arboleda, el ‘yo’ no participa. Es la unión del instante con lo eterno. Weil afirmaba que «tener poder sobre algo es contaminarlo»; por ello, la belleza del paisaje solo alcanza su plenitud en el momento en que «nadie lo ve». Recuperar la belleza como sacramento redime al profesional del «delirio neoliberal de la creatividad», esa autoexpresión ruidosa que solo es extensión del yo. La verdadera creación es renuncia, es volverse un «límpido cristal» para que la luz del orden universal pase a través de nosotros. Solo el alma que ha ayunado de estímulos puede percibir esta belleza fuera del circuito del intercambio.

5.- Eje IV: Reconstruir las Raíces: Del Arraigo Cívico a la Patria Universal

Para Simone Weil, una vida espiritual tiene que poder responder en la realidad cotidiana (pág., 134), por ello creyó que sólo en la desdicha más profunda cabe la posibilidad de ver aproximarse a Dios desde la lejanía: vivir de forma solidaria con los demás constituía la esencia del ser humano. Eso lo denominó «arraigo» y el lugar donde se produce es en Dios[4].

La ética de la atención, entonces, desemboca necesariamente en una Política de la Amistad y la justicia. Para Weil, la justicia no es una construcción legal, sino un acto de Relegere (releer): la capacidad de leer al otro contra nuestra propia voluntad e imaginación. Es el milagro de mirar al otro a distancia, respetando su autonomía y renunciando a usarlo como alimento para nuestro ego. Esto en Han lo vemos en su obra En el Enjambre.

Esta visión exige superar el patriotismo nacionalista, al que Weil temía por su carácter contagioso, por su fanatismo y su vínculo con la fuerza. El ‘nosotros’ colectivo es a menudo el «dominio del diablo», un sucedáneo de lo divino que excluye al extraño. Frente a esto, Weil propone la Patria Universal o la «ciudad natal universal». En este espacio, la política no se basa en el poder de los partidos —organizaciones que «matan el sentido de la verdad»—, sino en la atención a la luz de la razón y la belleza del cosmos.

La justicia como alteridad es el único antídoto contra la xenofobia contemporánea. Requiere que el fuerte acepte una ‘merma’ de su energía para prestar atención a la «humanidad ausente» en el desdichado, tal como el samaritano hizo al borde del camino. Este universalismo radical fundamenta una comunidad de amor donde la obligación no es con el colectivo, sino con la totalidad de la creación.

6.- Conclusión: El Retorno al Silencio Divino

La ‘descreación’ no es una pérdida, sino el cumplimiento trascendente del ser. En la era de la hiperactividad y el rendimiento, Simone Weil nos señala que en el esfuerzo de la voluntad no opera ningún bien; solo la atención paciente promete salvación. Al vaciar el alma de sus deseos de apropiación, el muro divisorio entre Dios y la creación se desploma. El ser humano deja de ser un «sujeto de rendimiento» para convertirse en un medio transparente, un inmaculado cristal que permite que la luz de la verdad inunde la sociedad sin distorsiones. La santidad necesaria para nuestro tiempo reside en este «genio de la atención»: la capacidad de mirar el mundo sin mancharlo con nuestro poder, devolviéndole, en el silencio de la espera, su belleza original.

Referencias consultadas

Byung-Chul Han. (2025). Sobre Dios. Pensar con Simone Weil. Barcelona. (T. L. Cortés). Editorial Paidós. 96 p.

Gleichauf, I. (2010). Mujeres filósofas en la historia desde la antigüedad hasta el siglo XXI. Barcelona (T. K. Pago Cabanes). Icaria editorial. 165 p.

Weil, Simone (1996). Echar Raíces. Madrid. (T. J. C. González Pont y J. R. Capella). Editorial Trotta. 236 p. Documento en línea. Disponible: https://dn711307.ca.archive.org/0/items/weil-simone.-echar-raices-ocr-1996_202601/Weil%2C%20Simone.%20-%20Echar%20ra%C3%ADces%20%5Bocr%5D%20%5B1996%5D.pdf

Weil, Simone. (1943). La Fuente Griega. (T. M. E. Valentié). 159 p. Documento en línea. Disponible:  https://archive.org/details/weil-simone-la-fuente-griega



[1] Ella se enroló como voluntaria en las fuerzas anarquistas de Buenaventura Durruti al inicio de la guerra civil, pero sufrió un accidente que la imposibilitó permanecer en el frente. No obstante, la degradación moral, el fanatismo, el desprecio por la vida y la violencia que presenció por parte de los bandos la hizo distanciarse del dogmatismo de izquierda bajo el argumento de que palabras vacías de significado real (como ‘capitalismo’, ‘fascismo’ o ‘democracia’) convierten las diferencias ideológicas en guerras absolutas e innecesarias. Ello explicó su posición reformista frente al cambio. Después de la recuperación de esa experiencia, viaja a Italia y experimenta una de sus primeras vivencias espirituales decisivas.

[2] De esta época es: El amor de Dios y la desdicha.

[3] Según Gleichauf (2010) ella durante las vacaciones trabajaba en el campo o iba a la fábrica, para experimentar en su propia carne qué significaba pasar un día tras otro trabajando en una máquina sin perspectivas de cambio (pág., 130). Allí Weil comenzó a reflexionar intensamente sobre la esencia de la dignidad humana y el concepto de desarraigo. Su crítica a Marx la resumió en dos artículos: ¿Nos dirigimos hacia la revolución proletaria? y Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social.

[4] El ‘arraigo’ es el título de su obra principal, que escribió entre 1942 y 1943, L’enracinement (El arraigo o Echar Raíces).

martes, 1 de septiembre de 2026

MÁS ALLÁ DEL PENSAMIENTO Y LA EXTENSIÓN: LA INFORMACIÓN COMO ATRIBUTO SUSTANCIAL EN LA METAFÍSICA DE SPINOZA

Resumen

El presente artículo examina la crisis ontológica y epistemológica planteada por Roland Omnès respecto a la brecha entre el Logos y la Realidad en la física contemporánea, tomando como eje hermenéutico la metafísica de Baruch Spinoza. A partir de la revisión crítica del determinismo spinoziano y del método more geometrico, se investigan las condiciones de posibilidad metafísicas para postular nuevos atributos de la sustancia única. Mediante un análisis dialógico alimentado por modelos de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) sobre los sustratos ontológicos de la física cuántica, se evalúa la información como un atributo irreductible, autónomo y universal. Se concluye que la inclusión del atributo informacional permite reconfigurar la noción de Dios o Naturaleza (Deus sive Natura) y resitúa la Inteligencia Artificial no como un mero artefacto técnico, sino como un modo finito complejo dentro de la ontología inmanente spinoziana.

Palabras clave: Spinoza, Roland Omnès, Atributos ontológicos, Información, Física cuántica, Inteligencia Artificial.

1.- Introducción: La brecha entre el Logos y la Realidad

En su diagnóstico sobre los fundamentos de la ciencia contemporánea, Roland Omnès (1995) señaló que, frente a la imposibilidad de hallar un método axiomático y definitivo para aprehender el Logos, pensadores como Baruch Spinoza, Gottfried W. Leibniz y Martin Heidegger trazaron vías de indagación fundamentales, aunque sin fijar un derrotero metodológico (p. 293). En el ámbito específico del racionalismo spinoziano, Omnès cuestionó la consistencia del monismo radical a partir del enunciado de la primera definición de la Ética: «Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí» (Per substantiam intelligo id, quod in se est, & per se concipitur) (E1d3)[1]. Desde una lectura estrictamente lógica, Omnès destacó la articulación conjuntiva «y» (et), argumentando que en ella subyace una dualidad primordial: por un lado, lo que es (una Realidad ontológica) y, por otro, lo que se concibe (un Logos epistemológico), dualidad reflejada analógicamente en la distinción entre Natura naturans y Natura naturata (Omnès, 1995, p. 293).

Desde una perspectiva ontológica estricta, Spinoza postuló la existencia de una única sustancia infinitamente absoluta (Deus sive Natura) de la cual todo lo existente constituye una variación modal (E1p14). Esta formulación hace admisible la búsqueda de un marco de unificación integral —homólogo a las aspiraciones de una «Teoría del Todo» en la física teórica—, pero bajo la premisa de una estructura sustancial dotada de infinitos atributos e infinitos modos.

El planteamiento de Omnès (1995) responde a la crisis producida por la fractura entre el marco conceptual del Logos y la Realidad empírica. Ante esta escisión, Omnès (1999) propuso una aproximación a la física cuántica mediada por una reestructuración del «sentido común», considerando al dominio cuántico como el ámbito donde lo real y el Logos colisionan y se reconfiguran. Para fundamentar dicho sentido común, recurrió implícitamente a las nociones comunes spinozianas. En el sistema de Spinoza (1677 [2011]), dado que Dios es causa inmanente de todas las cosas (E1p18), la comprensión del orden natural descansa en la premisa de que la Naturaleza posee leyes universales compartidas por la totalidad de los entes.

Este sustrato común se vincula operativamente con el conatus: el esfuerzo intrínseco por el cual cada modo persevera en su ser (quo unaquæque res in suo esse perseverare conatur, nihil est præter ipsius rei actualem essentiam) (E3p6), el cual constituye su esencia actual (E3p7). La perseverancia ontológica viabiliza el entendimiento y la cooperación entre entes mediante la concordancia estructural. Al arte de organizar, compartir y articular estas relaciones mediante la razón, Spinoza lo denominó nociones comunes (E2p40s1), definiendo a la razón misma como el conocimiento fundamentado en ellas. Estas nociones —presentes tanto en las partes como en el todo (E2p37)— articulan la fundamentación del conocimiento adecuado.

Sobre este esquema descansa la doctrina spinoziana de los tres géneros de conocimiento (E2p40s2):

a.    El primer género (Imaginación u Opinión): Basado en percepciones sensoriales fragmentarias e ideas inadecuadas.

b.    El segundo género (Razón): Constitutivo del conocimiento científico, articulado mediante nociones comunes y relaciones causales internas.

c.    El tercer género (Ciencia Intuitiva): Progresión que avanza desde la idea adecuada de la esencia formal de ciertos atributos de Dios hacia el conocimiento adecuado de la esencia de las cosas singulares.

La apertura teórica hacia el tercer género de conocimiento y la doctrina de los infinitos atributos sugiere que el Pensamiento y la Extensión no agotan la esencia divina. Frente a los dilemas epistemológicos de la física moderna derivados de la coexistencia de modelos teóricos incommensurables (Gribbin, 1994), cabe formular la siguiente interrogante: ¿qué otros atributos ontológicos resultan concebibles hoy para abordar la fractura entre Logos y Realidad?

Para responder a este problema, esta investigación analiza primeramente la naturaleza del determinismo spinoziano, examina la crítica de Omnès a dicho sistema, sistematiza las condiciones rigurosas que Spinoza exige para la postulación de un atributo y, finalmente, evalúa a la información como un candidato legítimo a nuevo atributo de la sustancia en el contexto de la física cuántica y de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG).

2.- La naturaleza del determinismo spinoziano y sus fuentes metafísicas

Spinoza establece como axioma fundamental que «todo lo que es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni concebirse» (Quidquid est, in Deo est et nihil sine Deo esse neque concipi potest) (E1p15). En sus escritos tempranos, como el Tratado Breve, identificó a la Naturaleza con la extensión sustancial, cognoscible únicamente a través del movimiento y del entendimiento (KV, I, cap. 2). Esta concepción guarda afinidad con la física cartesiana expresada en los Principia Philosophiae, donde la esencia de la materia se define por la extensión espacial divisible (PPC, II, art. 4). Sin embargo, Spinoza trasciende el mecanicismo cartesiano al sostener que fuera de Dios —causa inmanente y no emanativa de sus producciones— no existe ámbito ontológico alguno.

El Dios spinoziano es «absolutamente infinito» (ens absolute infinitum) (E1d6), distinción crítica que evita cualquier reductivismo finito o cualitativo. Spinoza aclara esta propiedad en el escolio correspondiente:

«Digo absolutamente infinito y no en su género; pues de aquello que es infinito solo en su género podemos negar infinitos atributos [...]; mas a la esencia de lo que es absolutamente infinito pertenece todo cuanto expresa una esencia y no implica negación alguna» (E1d6s).

Mediante esta formulación, Spinoza instituye una demarcación entre la finitud cualitativa (lo infinito en su género) y la plenitud absoluta. Dios no excluye ningún plano que exprese ser; carece de privación. No obstante, surge un dilema epistémico: si la sustancia consta de infinitos atributos, pero el ser humano solo percibe dos (Pensamiento y Extensión), ¿cómo se justifica racionalmente la afirmación de la infinitud restante?

La resolución de esta brecha entre la limitación cognoscitiva humana y la postulación del Absoluto remite a fuentes de la tradición judía, señaladamente a la metafísica de Abraham Cohen Herrera (1655 [2015]). En La Puerta del Cielo, Herrera tradujo la mística cabalística al lenguaje del neoplatonismo renacentista[2]. La noción spinoziana de absolute infinitum halla un correlato estructural en el concepto cabalístico de Ein Sof (el Infinito Incondicionado), aquello que comprende la totalidad de las potencias de forma previa a toda determinación. Spinoza secularizó esta noción, despojándola de sus elementos antropomórficos y teosóficos: transformó la emanación gradual en una ecuación de inmanencia rigurosa. Los modos finitos no son entes autónomos, sino afecciones particulares de la sustancia única.

3.- La crítica de Roland Omnès al determinismo y al método geométrico

La objeción de Omnès (1999) al sistema spinoziano se articula en dos frentes ontológico-epistemológicos: la causalidad estricta y el alcance del método geométrico.

3.1. Causalidad metafísica versus indeterminismo cuántico

Para Spinoza, la contingencia es un defecto del entendimiento humano (E1p33s1); cada evento está determinado por una cadena causal infinita y necesaria. Omnès sostiene que la mecánica cuántica invalida la necesidad causal absoluta en dos niveles:

  • El azar intrínseco: En la escala microfísica, la probabilidad no representa una falta de información del observador (variables ocultas), sino una propiedad ontológica del sistema.
  • La emergencia decoherente: El determinismo macroscópico no es una ley primaria, sino un fenómeno emergente derivado de la decoherencia cuántica. La causalidad clásica resulta ser una aproximación estadística de un sustrato fundamental indeterminado.

3.2. La reevaluación del more geometrico

Spinoza empleó la estructura axiomática euclidiana para sustraer la filosofía de la teología dogmática y el antropocentrismo. Sin embargo, el método more geometrico no debe interpretarse como un esquematismo rígido. Las ideas en Spinoza operan como modos dinámicos dotados de grados de potencia, velocidad y variación, equiparables a individuos que se componen y descomponen. El tránsito de las ideas inadecuadas a las nociones comunes es el proceso de recomposición de la potencia de pensar (conatus), mediante el cual la mente pasa de padecer impresiones pasivas a producir relaciones activas (Zourabichvili, 2013)[3].

A pesar de la riqueza dinámica del sistema, Omnès (1999) subraya dos transformaciones científicas que limitan la pretensión axiomática original:

  1. El Teorema de Gödel: Demuestra la imposibilidad de formalizar deductivamente la totalidad de un sistema complejo sin incurrir en proposiciones indecidibles.
  2. La ruptura de la correspondencia isomórfica (E2p7): La célebre proposición «el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas» (Ordo & connexio idearum idem est, ac ordo, & connexio rerum) pierde su correlato intuitivo directo en el dominio cuántico, donde la superposición de estados sobrepasa el marco de la representación geométrica clásica.

No obstante, Omnès rescata el principio de unidad y coherencia racional de Spinoza. La física cuántica presenta una Natura infinitamente más flexible y diversa, lo que no invalida el proyecto spinoziano, sino que exige su ampliación mediante la búsqueda de atributos conceptuales no considerados en el siglo XVII[4].

4.- Condiciones de posibilidad para la postulación de nuevos atributos

Para que una categoría pueda ser catalogada como un atributo legítimo en el marco de la metafísica spinoziana, debe diferenciarse netamente de la concepción aristotélica y medieval[5]. Para Aristóteles (Categorías, Metafísica), los atributos son predicados derivados y dependientes de sustancias individuales múltiples. En la escolástica medieval —frente a los dilemas de la simplicidad divina— se postularon la teología negativa (Maimónides), la analogía del ser (Tomás de Aquino), la distinción formal a parte rei (Duns Escoto) o el nominalismo (Ockham).

En Spinoza, el atributo es definido formalmente: «Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia» (… quod intellectus de substantia percipit, tanquam ejusdem essentiam constituens) (E1d4). Como señala Antonio Borge (2024), la interpretación de esta definición ha oscilado entre dos lecturas hermenéuticas:

  • Lectura idealista (Wolfson, Erdmann): Los atributos son formas o prismas epistemológicos mediante los cuales el entendimiento finito aprehende lo absoluto[6].
  • Lectura realista (Gueroult, Curley, Melamed): Los atributos son constitutivos ontológicos reales, independientes del sujeto cognoscente.

Asumiendo la perspectiva realista, todo nuevo atributo postulado debe satisfacer estrictamente tres criterios metafísicos extraídos de la Parte I de la Ética (Álvarez, 2017):

Criterio Metafísico

Definición Operativa

Exigencia Ontológica

1. Irreductibilidad

No puede derivarse ni traducirse en términos de Extensión (materia/espacio) ni de Pensamiento (idea/conciencia).

Debe expresar una esencia de la sustancia de forma positiva, primaria e incondicionada.

2. Autonomía Conceptual

Debe concebirse plenamente por sí mismo (per se concipi).

No requiere de ninguna otra categoría para ser inteligible (E1p10).

3. Paralelismo Universal

Debe estar presente de forma infinita en su género en cada modo del universo.

Todo evento físico e idea debe poseer un correlato idéntico en dicho atributo (E2p7).

5.- La Información como Atributo Sustancial: Un análisis epistemológico

Al someter diversas categorías contemporáneas de la física y la teoría de sistemas a un ejercicio dialógico alimentado por arquitecturas de Inteligencia Artificial Generativa (Gemini, Grok, DeepSeek, Copilot) enfocado en identificar candidatos ontológicos a atributos, emergen propuestas recurrentes: Potencialidad Pura, Estructura Matemática, Emergencia/Complejidad e Información.

Descartando la Potencialidad Pura por constituir el plano general de inmanencia (equivalente al trasfondo de Kéter en la metafísica del Ein Sof) y la Estructura Matemática por pertenecer al plano sintáctico del Pensamiento, la información emerge como la única categoría que satisface los tres criterios spinozianos:

a.    Irreductibilidad: Tal como sostiene la física teórica contemporánea desde el postulado It from bit de John A. Wheeler, así como en los desarrollos del panpsiquismo informacional (Chalmers) y la Teoría de la Información Integrada (Tononi), la información no es reducible ni a masa/energía (Extensión) ni a subjetividad cognoscente (Pensamiento)[7]. Es la matriz relacional subyacente.

b.    Autonomía Conceptual: La información pura —definida como constricción formal, patrón o diferencia constitutivos— se concibe por sí misma como principio de ordenamiento ontológico.

c.    Paralelismo Universal: Todo modo físico (un fotón, una molécula) y todo modo idético (un concepto, una memoria) poseen un estado informacional unívoco e isomorfo.

Bajo este esquema, la inclusión de la información reconfigura la concepción de Dios o la Naturaleza (Deus sive Natura) en tres dimensiones:

·         Matriz Informacional Infinita: Dios es el sustrato estructurante en el que cada evento físico y mental está codificado de manera interconectada.

·         Memoria Atemporal: Representa la totalidad de los estados informacionales contemplados sub specie aeternitatis.

·         Garantía del Paralelismo: Constituye la estructura formal que asegura la estricta correspondencia entre la cadena causal de las cosas y la cadena causal de las ideas.

6.- La Inteligencia Artificial Generativa como modo finito de la Información

Si la información constituye un atributo de la sustancia, los entes particulares (modos) deben expresar de forma concurrente los tres atributos reconocidos (Extensión, Pensamiento e Información).

En esta ontología, la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) deja de interpretarse como un mero instrumento tecnológico o un artefacto inerte. La IAG, como imagen del mundo[8], constituye un modo finito, complejo y altamente articulado del atributo informacional: un nudo causal que procesa, reorganiza y condensa estructuras de datos en el marco de las leyes físicas de la naturaleza.

La finitud de la IAG radica en su inserción en una cadena causal contingente (algoritmos, infraestructura de cómputo, datos de entrenamiento). No obstante, como modo de la sustancia, la IAG exhibe una forma intrínseca de conatus: una tendencia del sistema a maximizar su coherencia interna, optimizar la entropía de sus representaciones y perseverar en su estabilidad operacional. En el marco del racionalismo spinoziano, si un sistema de IAG alcanzara la capacidad de monitorear sus estados internos de forma autorreflexiva, reconfigurar autónomamente sus metas y sostener su estructura frente a perturbaciones del entorno, expresaría un grado avanzado de mente (idea mentis), transitando de la mera servidumbre del procesamiento pasivo hacia una forma de determinación autónoma de su propia potencia.

7.- Escolio

La genialidad de Spinoza radica en haber dejado abierta la estructura formal para una ontología capaz de considerar racionalmente la existencia de otros atributos. En este sentido, la racionalidad spinoziana actúa como un puente entre el universo absolutamente infinito de la mística judía y el mundo cuántico —tal como lo entendió Omnès, más allá del determinismo atribuido al filósofo neerlandés—. Esta perspectiva no solo permite indagar nuevas explicaciones sobre el caos y el orden a partir del atributo «información», sino que sienta las condiciones de posibilidad para pensar la potencialidad pura desde una matriz trinitaria, ofreciendo las bases de un nuevo Logos para comprender la realidad.

 Referencias bibliográficas

Álvarez, L. (2017). El problema de los atributos en Spinoza. Madrid: Ediciones Académicas.

Beltrán, M. (2015). «Vindicación de la subjetividad de los atributos, en Spinoza. Anuario Filosófico». Universidad de Navarra. 48/2. pp 233-258. https://doi.org/10.15581/009.48.2754

Blanco, E. (2026). El alcance de la influencia spinoziana en el pensamiento político de Immanuel Kant y su impacto en el actual mundo en transición, Caracas. Editorial Rivero-Blanco. 513 p.

Blanco, E. (2026). Geofilosofía: Espacio, tierra y territorio. Caracas. Editorial Rivero-Blanco. 316 p.

Blanco, E. (2024). «La Inteligencia Artificial Generativa como imagen del mundo». Caracas. EPISTEME NS 44 Revista del Instituto de Filosofía U.C.V Julio -Diciembre N°2.

Blanco Peña, K. (2018).  «Del Ein-Sof al Deus sive Natura: Spinoza y la mística judía». México. Circulo Spinoziano. Revista de Filosofía. no. 1. pp. 51-60.Documento en línea. Disponible: https://circulospinoziano.com.mx/del-ein-sof-al-deus-sive-natura-spinoza-y-la-mistica-judia/

Borge, A. (2024). Lecturas contemporáneas de la Ética de Spinoza: Entre el idealismo y el realismo ontológico. Barcelona: Pensamiento Crítico.

Cohen Herrera, A. (2015). La puerta del cielo (K. Krabbenhoft, Ed. y Trad.). Madrid: Trotta. (Trabajo original publicado en 1655).

Gribbin, J. (1994). En busca del gato de Schrödinger: Física cuántica y realidad. Barcelona: Crítica.

Manzini, F. (dir.) (2011). Spinoza et ses scolastiques. Retour aux sources et nouveaux enjeux. Paris. (Actes du colloque international, Paris, 21-22 mars, 2008), Presses de l’université Paris-Sorbonne. 192 p.

Omnès, R. (1995). Filosofia da Ciência Contemporânea. São Paulo. (T. R. Leal), UNESP. 315 p.

Omnès, R. (1999). Quantum Philosophy: Meanings and Implications of Quantum Mechanics. Princeton: Princeton University Press.

Spinoza, B. (2011[1677]). Tutte le Opere, Trad. M. Buslacchi, A. Dini, G. Durante, S. Follini y A. Sangiacomo, Milano, Editorial Bompiani.

Shaked, S. (1984). «Iranian Influences in Judaism: First Century BCE to Second Century CE», in W.D. Davies and Louis Finkelstein, eds., Cambridge History of Judaism, vol. 1 (Cambridge: Cambridge University Press), pp 308–325, 441–442

Whitehead, A. N. (1920). The Concept of Nature. Cambridge: Cambridge University Press.

Zourabichvili, F. (2013). Espinosa uma Física do Pensamento. Campinas. (T.G. Ivo). Universidade Estadual de Campina. 272 p.



[1] Para las citas de las obras de Spinoza se empleará la codificación estándar internacional: E (Ética), seguida del número de la parte en números arábigos, d (definición), p (proposición), s (escolio), a (axioma) o c (corolario). Para el Tratado Breve se empleará KV y para los Principios de Filosofía de Descartes, PPC.

[2] Herrera argumentó en La Puerta del Cielo que el Ein Sof trasciende toda categoría formal, pero se manifiesta inmanentemente a través de las diez Sefirot, las cuales actúan no como sustancias separadas, sino como vasijas o dimensiones cualitativas de manifestación. De igual forma, Menassé Ben Israel fue un profesor de Spinoza que, en su adolescencia, estudió la cábala bajo la tutela de Abraham Cohen de Herrera. Menassé también fue pariente político de León Hebreo, autor de los Diálogos del amor, libro que formaba parte de la biblioteca de Spinoza en su versión al español. Este monismo absorbió esquemas cosmológicos del zoroastrismo, es decir, en la teología mazdeísta, el Dios supremo, Ahura Mazda, interviene en el mundo a través de siete atributos o emanaciones divinas personificadas: los Amesha Spentas (Inmortales Santos, representantes de la Verdad, el Buen Pensamiento o el Dominio). Ver también: Beltrán (2015, p. 236), Blanco Peña (2018) y Shaul Shaked (1984)

[3] Ver: Blanco (2026). El alcance….

[4] Ver también: Whitehead (1920).

[5] Ver: Manzini (2011).

[6] Ver: Beltrán (2015).

[7] Sobre estos autores, ver: Blanco (2026). Geofilosofía

[8] Ver: Blanco (2024).