jueves, 9 de abril de 2026

INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA. FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN (UCV)

 


Introducción

La obra que más encanta de Platón es Timeo, especialmente el dialogo que sostiene Solón con los sacerdotes egipcios (bajo el reinado de Amasis)[1]. El relato se sitúa en Sais, Egipto. Solón, el sabio legislador griego, intenta impresionar a los sacerdotes egipcios hablando de las tradiciones más antiguas de Grecia (Phoroneo, Niobe, el diluvio). La respuesta del sacerdote es una de las frases más famosas de Platón:

"¡Oh Solón, Solón! Vosotros los griegos sois siempre niños; no hay ningún griego viejo. Y oyendo esto, preguntó [Solón]: “¿Qué quieres decir con esto?” Y el sacerdote replicó: “Tú tienes el alma joven, cada uno de vosotros la tiene. Por esto no poseéis ni una sola creencia que sea antigua y derivada de la vieja tradición, ni tampoco una ciencia que sea vieja”

Platón estableció aquí una distinción entre la memoria acumulativa (Egipto) y el olvido cíclico (Grecia). Para el filósofo, el conocimiento no es solo acumulación de datos, sino la capacidad de mantener una “tradición de verdad” que resista los embates del tiempo.

Contenido

1.- Sobre las palabras ‘filosofía’ e ‘historia’

2.- Pensar la historia en el mundo pre-griego: Egipto e India

3.- Historia, Historiografía y Filosofía de la Historia

4.- Hechos, Causalidad, Progreso, Objetividad, Determinismo-Azar y Sentido

El objetivo con esta orientación y este derrotero es hacer una introducción a la filosofía de la historia.

1.- Sobre las palabras ‘filosofía’ e ‘historia’

Aunque la tradición suele otorgar a Pitágoras el mérito de haber acuñado el término por una cuestión de humildad de acuerdo con Cicerón o Diógenes Laercio, Heráclito de Éfeso es fundamental porque en sus fragmentos encontramos uno de los usos documentados más antiguos y significativos de la raíz de esta palabra. Su papel no fue solo nominal, sino conceptual, al definir qué es lo que realmente hace un "amante de la sabiduría". En el Fragmento B35 aparece explícitamente el término: "Es necesario que los hombres filósofos (philosophous andras) sean investigadores (historas) de muchas cosas"[2]. Aquí, Heráclito no usa "filosofía" como una etiqueta de humildad, sino como una actividad de investigación. Para él, el filósofo es aquel que se compromete con una búsqueda exhaustiva de la naturaleza de las cosas.

Para Heráclito, ser un “amante de la sabiduría” no es lo mismo que ser un acumulador de datos como vimos en los egipcios en el dialogo de Solón y Amasis en el Timeo de Platón, una obra realizada mucho tiempo después que los fragmentos de Heráclito. Él lanzó fuertes críticas contra figuras como Homero, Hesíodo o el propio Pitágoras, acusándolos de tener polimatía (polymathiē), es decir, el conocimiento de muchas cosas, pero sin entendimiento. Según Heráclito, "el mucho saber no enseña a comprender". La filosofía, en este sentido, implica la capacidad de ver la unidad en la diversidad. No basta con conocer muchos hechos; el filósofo debe ser capaz de conectar esos hechos con el Logos (la razón o ley universal).

El papel de Heráclito en el origen del concepto fue dotarlo de una dimensión epistemológica: el filósofo es: el que escucha, el que investiga la physis (naturaleza) y el que busca la unidad de los contrarios.

En otro de sus fragmentos (B108), Heráclito dice que "la sabiduría consiste en una sola cosa: conocer el pensamiento que gobierna todo a través de todo". Al usar el término philosophous, sugiere que el hombre está en una posición de tensión hacia esa sabiduría única. Mientras que los dioses son sabios (sophoi) por naturaleza, los hombres deben ser "investigadores" (philosophous). Heráclito eleva la filosofía de una mera curiosidad a una exigencia ontológica: investigar la estructura del universo para vivir en armonía con ella.

La correlación entre filosofía e historia, desde la perspectiva de Heráclito y el pensamiento griego arcaico, es pertinente debido a que ambas palabras compartían originalmente una misma raíz metodológica: la investigación directa. Cuando Heráclito dice en el fragmento 35 que los filósofos deben ser "investigadores de muchas cosas", utiliza el término historas. Aquí es donde ambos conceptos se fusionan, es decir, el filósofo es un histōr (un testigo, el que ve o investiga) y la filosofía es, en su origen, una forma de historia: una indagación activa sobre la naturaleza (physis) y el orden del mundo (logos).

Si aplicamos la tesis de Heráclito ("todo fluye") al concepto moderno de Historia, la correlación se vuelve ontológica debido a que correlaciona la filosofía con la historia en un sentido ético: ambas exigen que el sujeto no acepte verdades heredadas o relatos tradicionales (mitos), sino que realice su propia “historia” (investigación) para descubrir la verdad. El filósofo es el historiador de la realidad presente; investiga el flujo del devenir mientras este ocurre.

La palabra filosofía (el amigo de la sabiduría) y la palabra historia (el acto de investigar) eran, para los presocráticos, dos caras de la misma moneda. Heráclito jugó un papel clave al exigir que esa "historia" (investigación) fuera una búsqueda de la ley universal que gobierna el cambio.

2.- Pensar la historia en el mundo pre-griego: Egipto e India

Generalmente se ha reconocido que los cimientos de la explicación histórica se encuentran en la antigüedad clásica, particularmente en Grecia y Roma, donde la historia comenzó a diferenciarse de otras formas de relato, sin embargo, si consideramos el pasaje del Timeo donde Solón fue tildado de joven por sabios egipcios por desconocer la historia de sus antepasados, nosotros debemos examinar cómo entendían la historia los egipcios y los indios por ser las fuentes más directas de la historiografía griega.

La concepción de la historia en el Antiguo Egipto es radicalmente diferente a las filosofías de la historia posteriores ya que tenía como fundamento su religión[3]. Eso lo vamos a observar también en el Antiguo Testamento. En el antiguo Egipto se consideraba: su cosmogonía, el papel central que ocupaba el faraón, los registros del pasado y el pasado como modelo. Por ello vamos a examinar sucintamente las líneas generales de su concepción de la historia para comprender esto que más que una filosofía es una teología de la historia que tiene importantes elementos mitológicos que sirven para comprender las relaciones de poder en esa sociedad antigua.

En relación con el orden cósmico los egipcios lo consideraban como el concepto central que gobernaba toda la realidad, incluida la historia, es decir, ‘Ma’at’ (diosa hija de Ra) porque estaba relacionada con su concepción de justicia. Esta divinidad representaba el orden cósmico, la verdad, la justicia y la armonía. Su opuesto era ‘Isfet’, que representaba el caos, la falsedad y la desintegración. Por ello, el objetivo de la sociedad y del faraón era mantener y restaurar constantemente a Ma’at en la tierra y la “historia” buscaba preservar el equilibrio dinámico que debía preservarse dentro de un contexto cíclico de eterna renovación siguiendo los ciclos de la naturaleza (astronómico y de las inundaciones del Nilo). La historia, en este sentido, entendía los hechos como repetición de arquetipos divinos establecidos en el "Tiempo Primordial" (Zep Tepi). Esto es lo que podríamos inferir del dialogo de Solón en el Timeo.

Con respecto al rol del faraón consideraban que estaba orientado a la re-actuación de los mitos de los dioses para garantizar la continuidad del ciclo. En este sentido, el faraón era el Pivote entre lo Divino y lo Histórico y su misión principal era ser el guardián de Ma’at. La historia, en este sentido, era el registro de los hechos del faraón para preservar a Ma’at. Estos registros de los hechos del pasado podrían entenderse que eran realizados con una función religiosa y política, es decir, eliminar lo negativo (derrotas militares, faraones tiránicos), reforzaban el poder del faraón (estereotipo de la perfección y la garantía del orden), a partir de los mitos mantener de forma ritual la vinculación del faraón con lo divino y con la estabilidad de orden, un orden que tenía que ser entendido como perfecto (reafirmación del legitimo lugar del faraón frente a sus antecesores).

En general los antiguos egipcios tenían un profundo respeto por el pasado, que veían como un modelo a imitar a través de una cosmovisión mítico-sagrada que debía ser preservada mediante el rito. En este sentido, en su filosofía de la historia estaba presente la idea del ciclo y la regeneración con un ‘sentido’ orientado, como hemos dicho, para la preservación del orden frente al caos. El ‘sentido’ se observa en las producciones culturales mismas (mitos, textos, imágenes, arquitectura, rituales, etc.), por tanto, lo consideró en forma plural, es decir, una multiplicidad que establece, transforma, reprime y hereda para mantener el orden a lo largo de la existencia. Por otra parte, se negaba la historicidad o temporalidad, es decir, factualmente no estaba condicionada por la idea del cambio, del tiempo y de la evolución, y no existía la idea del progreso.

En la antigua India en contraposición a la idea de permanencia y no existencia de la idea del progreso egipcia existía lo contrario a la idea del progreso, es decir, la decadencia que acaece con la finalidad de lograr la liberación espiritual (moksha) del ciclo histórico. Esto nos conduce a su examen.

La palabra que denota historia en sanscrito es ‘Itihāsa’ que literalmente significa “así sucedió”, pero considerado en un sentido más amplio. El Mahābhārata[4], como expresión de un universo filosófico, es la forma en que se expresa la historia. El Itihāsa no es solo un registro de hechos sino también un relato del pasado con un propósito ético, filosófico y espiritual. Su objetivo, como enseñanza del pasado, es transmitir Verdad (Satya) sobre la condición humana, el Dharma (el orden cósmico y deber) y el Karma (la ley de causa y efecto). Dicho de otra manera, es un vehículo para explorar dilemas morales como se observa en la descripción de la batalla de Kurukshetra donde se plantea una profunda reflexión sobre el deber, la justicia, la violencia y la naturaleza de la realidad. En la filosofía de la historia india tal como se observa en el Mahābhārata, la egipcia e incluso en la arqueología de las etnias aborígenes en Venezuela, el tiempo no es lineal sino cíclico[5]. En el caso indio el universo pasa por cuatro eras (Yugas) de degeneración progresiva: Satya Yuga (Edad de Oro en su máxima plenitud donde el Dharma es deber, ley, orden), Treta Yuga y Dvapara Yuga que son reducciones degenerativas del Dharma y el Kali Yuga (Edad de Hierro caracterizada por el conflicto, hipocresía y desintegración). Esta degeneración progresiva la vamos a observar en el pensamiento platónico, es decir, en su obra La República. La guerra en el Mahābhārata, en este sentido, señala el comienzo del Kali Yuga, es decir, el punto de inflexión catastrófico que conduce a una era de oscuridad. Por ello, la historia no sigue la línea del progreso, sino de la decadencia. Aun así, se aprecia que existe la idea de la renovación.

El sentido en la filosofía de la historia india es la lucha por la preservación del Dharma en un proceso cíclico que inevitablemente decae para la liberación espiritual (moksha) del ciclo histórico. El individuo, en este contexto, es un agente moral cuyas acciones (karma) afectan el tejido del cosmos. Su deber es actuar de acuerdo al Dharma como observamos en el Bhagavad-gītā donde la verdad es ética y espiritual (Satya) transmitida a través del mito y la alegoría. Esta mención al Bhagavad-gītā que es parte del Mahābhārata nos permite hacer otras precisiones acerca de la concepción de la historia en la india antigua.

La concepción de la historia india, consecuentemente, se fundamenta en el Dharma y el Karma. El Dharma es observado como el eje central que orbita en torno a su violación, su restauración y su ambigüedad inherente y como expresión de la duda entre cumplir el deber familiar y la defensa de la justicia para poder actuar de una forma correcta. La duda se genera porque la sutilidad del Dharma (sukshma) hace que la historia efectiva exprese una cadena de hechos que reflejan una moral con grises tonalidades. De acuerdo al pensamiento indio una acción debe realizarse de forma desinteresada (karma yoga) para poder estar en armonía con el orden cósmico, incluso cuando esta acción sea terrible.

En relación con el Karma podemos afirmar que es expresión de la ley moral de causa y efecto observado desde la perspectiva histórica donde la guerra, en su sentido amplio, es la cosecha kármica de generaciones de acciones, ambiciones, engaños y transgresiones con lo cual el sufrimiento y la serenidad no son aleatorios, sino consecuencias de acciones previas.

Teniendo todo esto presente, se puede afirmar que la filosofía de la historia india como se observa en el Mahābhārata tiene componentes éticos y morales, está determinada por el Karma y es pesimista desde una lectura cíclica y didáctica. Nos interesa destacar este último aspecto. Mientras que para el antiguo Egipto sirve para la preservación del orden desde una perspectiva que podemos entender como ideológica, en la India la historia busca mostrar las complejidades del deber, la rectitud y las consecuencias de la acción para extraer lecciones eternas sobre la conducta humana dentro de un cosmos cíclico y gobernado por el Dharma y el Karma desde una perspectiva espiritual y lo moral.

Estas diferencias en India y Egipto contrastadas con el desarrollo de la filosofía occidental de la historia que en sí ha buscado explicar el cambio y encontrar un sentido nos va a permitir explicar, por una parte, el hecho de que pensar que los sentidos de la preservación o de la correcta acción están presentes no sólo en las cosmogonías de las etnias aborígenes en Venezuela, sino también explica muchos de los sentidos de la historia en nuestro país y, por la otra, la búsqueda de sentido que veremos a lo largo de este estudio como herederos de occidente pareciera ser un sinsentido que nos obliga a pensar en una historia abierta y en permanente movimiento. Esto nos conduce a examinar el proceso de conceptualización.

3.- Historia, Historiografía y Filosofía de la Historia

Los tres conceptos que dan nombre a este parágrafo, aunque relacionados, tienen orientaciones distintas como veremos a continuación. La historia puede ser entendida como el conjunto de los hechos y sucesos del pasado en sí mismos. Etimológicamente, como dijimos, proviene de la palabra ‘ἱστορία’ que denota ‘investigación’ o ‘información’ y conocimiento adquirido por investigación). Proviene del verbo ‘ἱστορεῖν’ (‘investigar’). Por ello, también se refiere a la disciplina científica que se dedica a estudiar hechos del pasado utilizando, al efecto, un método crítico para reconstruirlos, comprenderlos e interpretarlos. Historiografía, por su parte, es la manera en que la historia se escribe y se narra. Se refiere al estudio de las obras de los historiadores, sus métodos, sus fuentes, sus enfoques teóricos y las tendencias a lo largo del tiempo. Es, en esencia, la historia de cómo se ha escrito la Historia. Finalmente, la filosofía de la historia es una rama de la filosofía que reflexiona sobre el sentido, la finalidad y la estructura general del proceso histórico. Se pregunta si la historia tiene un propósito, si sigue leyes universales, y qué papel juegan la moralidad y la razón en su desarrollo como hemos visto en el caso indio[6].

El concepto de Filosofía de la Historia es curioso porque, aunque la humanidad ha registrado sus hechos desde siempre, la reflexión filosófica sobre por qué y hacia dónde va la historia es relativamente joven. Veamos sucintamente una genealogía del concepto, trazando su evolución desde la voluntad divina hasta el escepticismo moderno.

1. El Preludio: El Providencialismo (Siglo V). Antes de que existiera el término, existía la idea. San Agustín de Hipona, en su obra La Ciudad de Dios, rompió con la visión circular del tiempo de los griegos (el eterno retorno) y propuso una visión lineal. La idea: La historia tiene un principio (la Creación) y un fin (el Juicio Final). El motor: La voluntad de Dios. Los eventos humanos son parte de un plan divino que no siempre comprendemos, pero que tiene un propósito salvífico.

2. El Nacimiento: La Ilustración (Siglo XVIII). Aquí es donde el término nace oficialmente. Voltaire fue el primero en acuñar la expresión "philosophie de l'histoire" en 1765. El giro: Se desplaza a Dios y se pone a la Razón en el centro. La idea: La historia no es un caos ni un milagro; es el progreso gradual de la humanidad desde la "barbarie" hacia la "civilización". Aporte clave: Se empieza a estudiar la historia de forma crítica, tratando de encontrar leyes naturales en el comportamiento humano.

3. El Apogeo: El Idealismo Alemán (Siglo XIX). Con G.W.F. Hegel, la Filosofía de la Historia alcanza su forma más ambiciosa y compleja. Para Hegel, la historia es el despliegue del "Espíritu" (Geist) a través del tiempo. La dialéctica: La historia avanza mediante conflictos (tesis, antítesis y síntesis). El objetivo: La libertad. Cada gran era (el mundo oriental, el griego, el romano, el germánico) es un paso más hacia la conciencia plena de la libertad. Famosa frase: "Todo lo racional es real, y todo lo real es racional".

4. El Giro Materialista: Karl Marx. Marx toma la estructura de Hegel, pero "la pone sobre sus pies". El motor: No son las ideas ni el Espíritu, sino la economía y la lucha de clases. Materialismo Histórico: La historia se explica por cómo los seres humanos producen sus medios de subsistencia. El fin de la historia sería la sociedad sin clases (comunismo).

5. La Crisis del Siglo XX: Del Sentido al Sin sentido. Después de dos guerras mundiales, la idea de "progreso inevitable" se desmoronó. La filosofía de la historia se dividió en dos ramas: Enfoque Descripción Exponentes. Sustantiva Busca el sentido o la meta de la historia (en decadencia). Spengler, Toynbee Analítica Se pregunta cómo escribimos la historia y si es posible la objetividad. Raymond Aron, Hayden White Posmodernidad (Lyotard): Surge la "muerte de los grandes relatos". Ya no creemos en una única historia que explique todo; solo quedan fragmentos y perspectivas. El fin de la historia (Fukuyama): Tras la caída del muro de Berlín, se propuso que la democracia liberal era la meta final, una idea que hoy es fuertemente debatida.

Resumen de la Evolución:

·         Agustín: La historia es Dios manifestándose.

·         Voltaire: La historia es el hombre razonando.

·         Hegel: La historia es la Razón realizándose.

·         Marx: La historia es la materia transformándose.

·         Hoy: La historia es una construcción que intentamos interpretar sin verdades absolutas. Considerando que hoy vivimos en una era de "posverdad" y cambios tecnológicos acelerados.

Esto nos lleva a los hechos en sí.

4. Hechos, Causalidad, Progreso, Objetividad, Determinismo-Azar y Sentido[7]

Los conceptos que alude el título de este parágrafo son claves para que los historiadores y filósofos analicen, interpreten y comprendan el pasado. Los Hechos son los sucesos o eventos singulares y verificables del pasado (pej. La Batalla del Lago de Maracaibo, la caída del Muro de Berlín, el ataque del 11 de septiembre de 2001 contra EE.UU. o el ataque ocurrido en Caracas el 03 de enero de 2026). El historiador aquí selecciona y establece los hechos a partir de las fuentes. Ahí, no todos los hechos son considerados “históricos”, sino solo aquellos que se consideran relevantes para la explicación o comprensión, es decir, sólo aquellos que deben ser mantenidos presente. La causalidad, por su parte, es el intento de establecer las relaciones de causa y efecto entre los hechos históricos. Implica identificar las condiciones, motivos o procesos que llevaron a que un evento ocurriera para poder ser explicados históricamente. El Progreso es la idea de que la historia avanza linealmente hacia una mejora continua (moral, tecnológica, social). Esta idea ha sido cuestionada; muchos historiadores no creen en un progreso automático o universal y prefieren hablar de cambio o desarrollo sin implicar una mejora obligatoria.

La Objetividad es el ideal de que la historia debe ser imparcial y basarse únicamente en la evidencia, libre de prejuicios o sesgos del investigador. Es un tema de intenso debate; mientras que la total objetividad puede ser inalcanzable (pues el historiador selecciona y la interpreta), la búsqueda de la honestidad intelectual y el rigor metodológico es esencial. En relación con el determinismo y el azar tenemos lo siguiente: El Determinismo es la postura, como vimos en el caso indio, que sugiere que los acontecimientos históricos están predeterminados por leyes inmutables (sociales, económicas, geográficas) o fuerzas mayores, dejando poco espacio para la voluntad individual o la casualidad. Debemos recordar también que los egipcios antiguos buscaban que la historia fuese determinada. El azar, por su parte, es una postura que enfatiza el papel de la casualidad, los accidentes o las decisiones impredecibles de individuos en el curso de la historia que como vimos en los egipcios antiguos buscaban evitar y los indios reflexionar. El debate es sobre cuánto peso tienen las estructuras inevitables y cuánto la contingencia.

Finalmente, el sentido refiere a la significación o propósito último de la historia que como hemos visto en el caso egipcio es la conservación y en el caso indio la mejora espiritual y es una pregunta de la filosofía de la historia, es decir: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hay un significado global en la sucesión de los eventos? Para muchos, el "sentido" de la historia es el que la propia humanidad le da al interpretar su pasado para comprender el presente.



[1] Platón, (358-356 a.C [2010]). Timeo. Madrid. (T. J. M. Zamora). Abada Editores. 473 p.

[2] Marcovich, M. (1968 2008). Heraclitus. Texto Griego y versión Castellana. Editio Minor. ULA. 149 p.

[3] Assmann, J. (2005). Egipto historia de un sentido. Madrid. (T. J. Chamorro). Abada Editores. Documento en línea. Disponible: https://ia801403.us.archive.org/2/items/assmann-jan.-egipto.-historia-de-un-sentido-ocr-2005/Assmann%2C%20Jan.%20-%20Egipto.%20Historia%20de%20un%20sentido%20%5Bocr%5D%20%5B2005%5D.pdf

[4] Vyasa Mahābhārata. Documento en línea. Disponible: https://budismolibre.org/docs/libros_budistas/El_Mahabharata.pdf

[5] Gilij, F. S. (1782 [1965]). Ensayo de Historia Americana. Tomo III. De la religión y de las lenguas de los orinoquenses y de los otros americanos. Caracas. (T. A. Tovar). Academia Nacional de la Historia. 346 p. Documento en línea. Disponible: https://objdigital.bn.br/objdigital2/acervo_digital/div_obrasgerais/drg364187/drg364187.pdf

[6] Blanco, E. (2026). Métodos de explicación histórica. Caracas. Cátedra de la Maestría en filosofía y ciencias humanas. Instituto de filosofía.

[7] Walsh, William Henry (2003). Introducción a la filosofía de la historia. México. Editorial Siglo XXI. 256 p. 

miércoles, 1 de abril de 2026

LHAMSUREN MUNKH-ERDENE: MÁS ALLÁ DEL TRATADO DE NOMADOLOGÍA DE DELEUZE Y GUATTARI


Lhamsuren Munkh-Erdene (2023) hizo una deconstrucción ontológica de cómo entendemos el poder político y la civilización en su obra The Nomadic Leviathan. A Critique of the Sinocentric Paradigm teniendo muy presente el pensamiento de Deleuze y Guattari. En esta obra este autor expresó que las organizaciones políticas del Asia Interior (como el imperio mongol) no fueron simples «confederaciones tribales», sino estados efectivos (leviatanes) con una sofisticación comparable o superior a los de la Europa moderna absolutista debido a que esas comunidades políticas nómadas crearon estructuras de mando, burocracia y ley que eran independientes de un espacio fijo, pero efectiva y absolutamente funcionales y soberanas. En este sentido observamos que el autor mongol partió de las categorías desarrolladas por Deleuze y Guattari en Mil mesetas, y por sobre todo de Ibn Jaldún a través de la fuente indirecta representada por el antropólogo ruso Anatoly Khazanov (1994) quien tradujo la dialéctica jalduniana del nómada y el sedentario a un lenguaje científico-social contemporáneo. Para comprender el pensamiento del autor mongol vamos, en primer lugar, a examinar las referencias deleuzoguattarianas de los gengiskánidas y de Ibn Jaldún, en segundo lugar, a analizar sucintamente el pensamiento de Jaldún, en tercer lugar, analizar la exégesis realizada por Khazanov de los pueblos nómadas y sedentarios y, en cuarto lugar, valorar críticamente la propuesta Munkh-Erdene.

1.- Deleuze y Guattari: los gengiskanidas y Jaldún

En Mil Mesetas Deleuze y Guattari (1980 [2008]) se apoyan de la palabra gengiskánidas (Gengis Khan y sus herederos) y de la obra de Ibn Jaldún para sustentar, en parte, su tesis de la máquina de guerra. Vamos a examinarlos sucintamente a continuación.

Con respecto a los mongoles Deleuze y Guattari (1980 [2008]) expresaron que ellos no buscaban ‘administrar’ la tierra en el sentido sedentario del término (estriar o estratificar el espacio con límites fijos, agricultura y ordenamiento), sino mantener el espacio liso de la estepa. Desde esta perspectiva los gengiskánidas representan una forma de «soberanía nómada» que no se asienta sobre la tierra, sino sobre el movimiento. Mencionan cómo el imperio mongol integró diversas religiones y técnicas sin intentar homogeneizarlas bajo una «Ley» estatal única, siempre y cuando se mantuviese el flujo de la máquina de guerra (págs. 361-434).

En relación con la obra de Jaldún, de acuerdo con el pensamiento de Deleuze y Guattari ya hemos hecho considerables análisis[1]. En Mil Mesetas la presencia de Jaldún se observa en el cuerpo del texto en dos oportunidades para explicar los conceptos de máquina de guerra y los conceptos de espacio liso y espacio estriado y en dos notas explicativas al pie para ampliar las referencias indicadas. Veámoslo a continuación. La primera está relacionada con la definición de la máquina de guerra nómada por: las familias o linajes, más el espíritu de cuerpo para indicar «que los cuerpos colectivos siempre tienen márgenes o minorías que reconstituyen equivalentes de máquina de guerra, bajo formas a veces inesperadas...» (pág., 372-373). Esto significa que un nómada, en el mundo de hoy, puede ser un ser que vive o puede vivir dentro de una u otra comunidad política y es capaz de provocar un cambio político desde el mismo momento que su existencia dentro de un orden dado amenaza su existencia. La primera nota explicativa está relacionada con la mención a los conceptos de Umrán (orden) y ‘asabiyyah (espíritu de cuerpo) con el fin de pensar ambos conceptos en el mundo contemporáneo (pág., 424). Indicamos que los puntos en común entre ‘asabiyyah y la solidaridad materializada en un espíritu de cuerpo está relacionada con la conjunción de tres factores: la competencia, la co-implicación entendida como complicidad y el reconocimiento. Creemos que el espíritu de cuerpo es la forma, la sustancia la constituye el lazo de sangre entendido de manera amplia, es decir, la que circula y la que se derrama.

La otra cita tiene que ver con la explicación de la oposición entre los espacios lisos y estriados para señalar sus combinaciones concretas y disimétricas que permiten comprender la relación entre las formas de vidas nómadas y sedentarias (pág., 489). Lo liso y lo estriado son formas de territorialización. Su oposición se expresa en des-territorialización y re-territorialización. Estos dos actos indican linealidad o circularidad en los modos de observar la historia. De igual forma en lo liso y lo estriado se evidencia cómo se produce la relación entre lo público y lo privado. En el espacio liso prevalece lo público y en el espacio estriado prevalece lo privado.

En la otra nota al pie explicativa Deleuze y Guattari señalan la coexistencia de estas dos formas de territorialización bajo el concepto de nomos entendido bajo la relación originaria entre distribución y repartición que posteriormente designará el principio de las leyes y del derecho y luego se identificará a las propias leyes (pág., 426).

Podemos afirmar que Deleuze y Guattari al apoyarse en el pensamiento jalduniano están pensando en un contexto de degeneración política, y están buscando crear las condiciones de posibilidad para adecuar lo social a lo político oponiendo la idea del ciclo histórico a la idea de la línea que pudiera indicar un fin de la historia y un nuevo renacimiento. El concepto de nómada es lo que les permite pensar en la desarticulación de la estructura que le da sentido a la línea temporal y el de máquina de guerra indica el cómo puede ser esta desarticulación producida. Pero la propuesta del ciclo deleuzoguattariano resultante deja un halo de incertidumbre porque no apunta hacia dónde se pudiera dirigir la nueva fase histórica. Nosotros creemos que indica una detención de la historia que se podría materializar en una oposición permanente. Esto nos conduce al pensamiento de Ibn Jaldún.

2.- Jaldún y la Muqaddinah

Abd Ar Rahman bin Muhammed Ibn Jaldún fue un político, historiador y filósofo magrebí que trató de crear una ciencia nueva que se preocupase de la reunión de los hombres en sociedad y el estudio de las causas y naturaleza de los acontecimientos que ahí acaecen.

Jaldún (1378 [2021]) fundamentó su pensamiento político desde tres perspectivas: jurídicas, teológicas y prácticas. En lo jurídico tendencialmente en el consenso y la utilidad común. Teológicamente aceptó la demostración racional de los dogmas de la fe desde una perspectiva práctica y, como tercer aspecto práctico, en la existencia de tres órdenes políticos: el ideal, el teológico y el racional regido por leyes humanas que solo proporciona felicidad en esta vida. Sobre este orden fue que dirigió Jaldún su esfuerzo intelectual para explicar la necesidad de reunirse en sociedad a partir de la relación familiar. Fue aquí donde desarrolló la distinción entre la vida nómada (beduina) caracterizada por la transitoriedad y la vida sedentaria (urbana) ubicada en las ciudades que busca la permanencia[2].

Estas formas de vida o de organización humana, que se corresponden con un tipo de orden dado según Jaldún, son sucesivas, es decir, la nómada (beduina) precede a la sedentaria o urbana y se impone de forma pasiva (por migración) o activa (por imposición). La nómada es esencialmente básica en el sentido que el hombre en este estadio piensa sólo en obtener lo necesario para la supervivencia. La sedentaria se corresponde con la inteligencia experimental y la inteligencia especulativa donde las necesidades vitales han sido resueltas. A través del concepto de Umrán, es decir, orden y acuerdo existente dentro de una comunidad con el fin de permanecer siendo-en-acto, Jaldún reconoce a ambas, es decir, los nómadas o beduinos y los sedentarios o urbanos como dos formas de civilización humana. Consecuentemente cuando estos chocan, según Jaldún, prevalece generalmente la nómada. Pero, en cierta forma ambos coexisten y se han complementado históricamente. Este hecho es para nosotros fundamental debido a la interpretación del concepto de nómada que en siglo XX será utilizado por Deleuze y Guattari.

El factor de cohesión social que estructura estas dos formas de civilización se fundamenta en tres elementos: la ‘asabiyyah, la religión y los lazos de parentesco. La ‘asabiyyah que entrelaza los afectos empujando a los hombres a la solidaridad. Este carácter es para el pensador magrebí la fuerza política importante para la formación de imperios y/o Estado. Si bien considera el parentesco importante para la formación de comunidades políticas, el ‘asabiyyah es el lazo que permite la conformación de un espíritu guerrero debido a que parte de un sentimiento de solidaridad por la generación de lazos de sangre que van más allá de lo meramente familiar. De igual forma, la religión tampoco es separable de la ‘asabiyyah, pero su papel es fortalecerla a partir del lazo de sangre. En relación con los lazos de parentesco señaló que el linaje era la forma más fuerte de conservación de una comunidad porque era en sí una forma de legitimación de la autoridad.

El pensamiento de Jaldún orbita en torno a las ideas del progreso y la ruina que nos permite introducir el tema de los ciclos históricos. Esta es, podemos afirmar, su objeto como una filosofía de la historia, es decir, tomando como eje el tiempo interpretar de forma sistemática el pasado, indicar el futuro y de esta manera apoyar la acción moral con un norte específico que debe apuntar al progreso. Con ello se puede afirmar que Jaldún fue un determinista absoluto, es decir, para él todo está determinado por Dios, en su infinitud, no por el hombre en su finitud, pero esta finitud, en un contexto de infinitud, hace que todo se presente de forma azarosa. Por ello habría que buscar alcanzar el saber de Dios para evitar ser sorprendidos por los acontecimientos.

En general, las sociedades nómadas y sedentarias coexisten y se complementan por lo que la tendencia es que una absorba a la otra en una suerte de relación recíproca que tiende a la circularidad, pero Jaldún consideró que en raros casos se regresa a una condición nómada sino más bien aparecen nuevos grupos surgidos a partir de la aparición de nuevas formas de relación social. Aun así, el sentido de la historia para el magrebí no es propiamente el del ciclo, es decir, cada reinicio del proceso histórico de un pueblo en relación al que le ha precedido significa un avance en relación con los procesos anteriores. Con ello se puede evidenciar en el autor norafricano a idea de progreso. Esto nos conduce al pensamiento del antropólogo ruso A. Khazanov.

3.- Khazanov: Los nómadas y el mundo exterior

La tesis central de Khazanov (1994) se fundamenta en la idea de que el nomadismo no es un sistema cerrado en la misma línea de Jaldún y Deleuze y Guattari. Al contrario, es una estructura política segmentada, fluida (formada por clanes) y flexible que depende de las sociedades sedentarias por ser una especialización económica incompleta. Desde esta perspectiva, según el autor, las grandes civilizaciones nómadas (como el de los mongoles o los de la península arábiga) surgieron como una reacción o adaptación al contacto con estados sedentarios poderosos para su supervivencia. Analizando críticamente el pensamiento de Ibn Jaldún se destacan tres aspectos que vamos a examinar sucintamente: en primer lugar, el reconocimiento de la «‘asabiyyah», en segundo lugar, la crítica al ciclo histórico y, en tercer lugar, la relación entre dependencia y autonomía.

Con respecto al reconocimiento de la «‘asabiyyah» («solidaridad de grupo») Khazanov consideró, al igual que Jaldún, que es la base sobre la cohesión social permitiéndole explicar cómo grupos numéricamente pequeños de nómadas pudieron someter a grandes civilizaciones sedentarios.

Con respecto a la crítica a la idea del ciclo histórico Khazanov tiende a ser menos ‘determinista’ que Jaldún debido a que mientras que el pensador magrebí el ciclo es casi una ley natural biológica, para Khazanov el destino de los nómadas depende de la economía y la política exterior. Es decir, muchos estados nómadas no se ‘ablandaron’ simplemente por el lujo, sino que fallaron porque su base económica (el comercio y el tributo de los sedentarios) se colapsó o cambió de manos. Sin embargo, creemos que la distancia entre Jaldún y Khazanov es aparente, las civilizaciones nómadas que se impusieron condujeron en ambos autores a un nuevo estadio civilizatorio.

Finalmente, en relación con la dependencia y la autonomía Khazanov se distancia de Jaldún en el sentido de que rechaza la idea de la «pureza» nómada debido a que, según él, los beduinos siempre dependieron de los intercambios urbanos para sobrevivir. Esta distinción nos obliga a examinar sucintamente los conceptos de identidad desde una ontología de la relación, de espacio desde la relación entre Deleuze, Guattari y Khazanov y la alteridad desde la perspectiva moderna y postmoderna.

La identidad desde la perspectiva ontológica de la relación rompe con la idea de la ‘esencia’ nómada. Es decir, Khazanov consideró que, si la identidad del nómada se define por su relación con el sedentario, entonces el nómada no “es” en aislamiento. Es decir, no existió un Gengis Khan sin una China o una Persia a la cual enfrentarse (y de la cual asimilarse). Sin embargo, el antropólogo ruso mantiene su cercanía con el magrebí en el sentido que analiza al nómada desde una perspectiva grupal. No considera a un individuo nómada en sí mismo como lo hicieron Deleuze y Guattari.

Con respecto al espacio Khazanov apoyándose en los conceptos deleuzoguattarianos de espacio liso y espacio estriado destacó la dependencia como carácter específico de la relación entre nómadas y sedentarios. En este sentido, el nómada se mueve en la apertura, pero su brújula siempre apunta hacia las ciudades en los bordes. Aquí se puede observar que el antropólogo ruso sigue a los autores franceses en la idea de que en estos bordes se puede pensar en líneas de fuga desde una perspectiva individual, que no observamos en Jaldún ni en el pensamiento de Munkh-Erdene.

En el plano de la modernidad Khazanov consideró el fin del nomadismo desde una perspectiva ética debido a que su dependencia con el mundo exterior hace que pierda su movilidad dentro de un contexto totalizador, es decir, su razón de ser. La movilidad es la principal herramienta de negociación política del nómada. Aquí Khazanov se distancia de Jaldún y de los autores franceses debido a que no asocia la movilidad con la movilidad social que es fuente para nuevos nomadismos y para el cambio. Es aquí donde observamos la influencia del antropólogo ruso en Munkh-Erdene. Por otra parte, considerando que el nomadismo es un intento de independencia que se logra a través de una dependencia extrema, lo postmoderno nos remite finalmente al Leviatán nómada.

4.- Munkh-Erdene y el Leviatán nómada

En el Leviatán nómada Munkh-Erdene (2023) expresó, a pesar de la tesis de Jaldún, que la dicotomía histórica entre nómadas y sedentarios es artificial por considerarla una estrategia política y tecnológica. De ahí su innovadora idea acerca del Leviatán móvil basada en la creencia de que el poder no se ejerce sobre la ‘tierra’, sino sobre ‘la gente’ a partir del dominio de los flujos determinados por la relaciones sociales y políticas, y no sobre el territorio desde el paradigma westfaliano.

Munkh-Erdene, desde esta perspectiva, nos está planteando la existencia de un Estado sin territorio lo cual se coloca en las antípodas del pensamiento deleuzoguattariano en su Tratado de Nomadología debido a que observa la propuesta de los autores franceses como idealista, es decir, como una fuerza “anti-Estado” (máquina de guerra) capaz de destruir un orden político. Según Munkh-Erdene un nómada puede estar inmerso, dentro de una realidad política, en una relación de mando y obediencia dentro de una máquina estatal móvil e híper-organizada que puede tener la misma orientación destructiva de ordenes sedentarios como nos lo indicó Jaldún y Deleuze y Guattari. En este sentido, Munkh-Erdene debió hacer una exégesis profunda del pensamiento de Jaldún (1378 [2021]) a pesar del importante esfuerzo realizado por Khazanov para darle una mayor consistencia a su novedoso planteamiento. Jaldún les otorgó a los nómadas el mismo estatus civilizacional que a los sedentarios por lo que la idea del Leviatán nómada tiene mucho sentido. Como indicamos el foco de atención del magrebí, como un hecho natural, fue la relación recíproca y antagónica entre ambas formas de vida. Por ello lo incluimos en este estudio porque le pudo haber dado una mayor profundidad a la crítica a Deleuze y Guattari.

En Mil Mesetas, Deleuze y Guattari (2008) expresaron que el nómada habita un «espacio liso», en oposición al sedentario que habita en el «espacio estriado» del Estado. A partir de esta idea expresaron que el nómada, como indicamos, se caracteriza por su exterioridad en relación con el Estado, su resistencia a ser capturado por el mismo y por una organización a-jerárquica, a-centrada y a-significante que denominaron «rizoma» que a su vez es fluida y cambiante. Munkh-Erdene (2023), a partir de la historia de los gengiskánidas criticó esta tesis por considerarla eurocéntrica, muy romántica y superficial debido a que a pesar de la estructura móvil del nómada hay orden. Para este autor mongol contemporáneo el nómada del Asia Interior no estaba «fuera» del Estado, al contrario, el imperio gengiskánida era un Estado totalitario que rígidamente estrió a la población bajo un sistema numérico, una burocracia militar y un código legal (la Yassa) que se aplicaba con una estricta disciplina. Sin embargo, si consideramos que el nómada postmoderno vive dentro de un Estado el «a fuera» tiene un sentido metafísico que hace a las tesis de los autores más convergentes.

Por otra parte, al definir al Estado solo como algo vinculado a la tierra y al sedentarismo, a diferencia de Deleuze y Guattari, la filosofía occidental «despoja» al nómada, según el autor mongol, de su capacidad de crear instituciones como si se observa en Jaldún. Los autores franceses usan al nómada como expresión de una metáfora de la libertad creativa. Munkh-Erdene nos enseña que el Leviatán necesita para existir sólo lealtad y mando por ser una estructura de dominación política masiva donde no hay escape y no necesita del territorio para ser-en-acto donde la libertad está restringida a solo aquello que no afecte la Yassa.

La importancia de esta tesis de Munkh-Erdene la encontramos en la analogía que podemos hacer con respecto a los movimientos migratorios usados como armas, es decir, como una máquina de guerra, y a las sociedades de control que el propio Deleuze (2006) visualizó en su post-scriptum en el mundo de hoy si consideramos a las corporaciones tecnológicas (Google, Amazon, Meta, Apple) como leviatanes móviles siguiendo la tesis de Munkh-Erdene y John Gray (2024).

En relación a la máquina de guerra entendemos la propuesta de Munkh-Erdene a partir del uso del concepto de nomadismo deleuzoguattariano desde una perspectiva que de alguna u otra manera nos sirvió para explicar, en el pasado reciente, el uso del desplazamiento de millones de personas como arma, es decir, como medio para producir daño tal como hemos observado de forma explícita en América y Europa[3]. Desde esta perspectiva nos colocamos, en esa oportunidad, conscientemente cercanos al nombre ‘nómada’ y alejados del concepto deleuzoguattariano. Y en el caso de Munkh-Erdene si bien nos mantuvimos alejados conceptualmente, estructuralmente nos acercamos en el sentido que el Leviatán Nómada de las migraciones forzadas, aunque fue más flexible que la gengiskánida y más rígida que la jaldúnica. En términos del concepto deleuzoguattariano de aparato de captura podemos decir que nuestra propuesta en el 2018, así como la de Munkh-Erdene y Deleuze y Guattari estuvieron cercanas.

Por otra parte, si aceptamos que el Leviatán es una estructura de mando sobre una población, entonces vivimos en la era del renacimiento de un Leviatán Nómada algorítmico en el ciberespacio que opera más allá de la capacidad de control de un Estado siguiendo leal y rígidamente a la «maquinaria» del nuevo Gran Khan por actuar en otro estrato. Un nómada, en este sentido, si bien puede establecer líneas de fuga para salirse del control de un orden territorial estatal, de acuerdo con Deleuze (2006), en realidad pasa a ser súbdito del nuevo Leviatán Nómada que posee, en primer lugar, una infraestructura hiper-rígida: Starlink, sistemas de pago (Visa/Stripe), y plataformas de trabajo (Upwork), en segundo lugar, una capacidad de controlar la movilidad por algoritmos y, en tercer lugar, los «Términos y Condiciones» constituyen el código de leyes que, como la Yassa mongol, se han convertido en nuestra Yassa digital que nos sigue en cualquier parte del mundo. En todo caso a partir de Munkh-Erdene (2023) podemos concluir lo siguiente:

·         El poder siempre tiende a la organización. No existe el «vacío de poder». Si escapas del Leviatán Territorial, puedes ser capturado por el Leviatán Nómada.

·         El Leviatán más poderoso no es el que te encierra en una celda, sino el que te permite moverte organizando simultáneamente tus movimientos.

A pesar de lo antes mencionado creemos que la verdadera grieta en la armadura del Leviatán Nómada es su dependencia de nuestra participación. El Leviatán Nómada es un parásito de la actividad humana. Si dejamos de «fluir» de la manera que él espera, el sistema entra en crisis. Esta es la gran enseñanza que podemos extraer del trabajo de Munkh-Erdene.

5.- Corolario

Podemos decir que la propuesta de Munkh-Erdene (2023) abre a la comprensión los fenómenos actuales de una manera amplia a partir de constructo teórico de Deleuze y Guattari, pero es muy asiática todavía para la comprensión de los fenómenos de flujos civilizacionales a escala global sobre todo cuando, por una parte, se ha usado la expresión gobierno de las migraciones y, por la otra, estamos viviendo en la actualidad un contraflujo conservador que está tratando de frenar esos procesos migratorios.

En el plano ciberespacial, la propuesta del pensador mongol enciende luces que ayudan a comprender de una manera más clara los fenómenos políticos que han generado el desarrollo acelerado de las tecnologías de información y comunicación.

En ambos casos, la obra de Munkh-Erdene (2023) como una perspectiva diferente y complementaria al pensamiento de Deleuze y Guattari y sus críticos sirve para ayudar a comprender el cambio de circunstancias que estamos viviendo en el mundo de hoy que en el caso de Jaldún estuvo marcado por la decadencia de un orden (nomos) civilizacional dado como se está observando en el presente.

Referencias consultadas

Blanco, E. (2018). «Ibn Jaldún y el impacto político de las migraciones: De Machiavelli a Deleuze y Guattari». Caracas. Festina Lente BG. Documento en línea: Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2018/12/ibn-jaldun-y-el-impacto-politico-de-las.html?m=0

Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. (1980 [2008]). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8º éd. Valencia. (T. J. Vásquez y U. Larraceleta).  Editorial Pre-Textos. 522 p.

Deleuze, Gilles (2006). “Post-scriptum sobre las sociedades de control”. Polis Revista Latinoamericana N° 13. Documento en línea. Disponible: https://journals.openedition.org/polis/5509

Gray, J. (2024). Los nuevos leviatanes. Reflexiones tras el liberalismo. México. (T. A. Santos Mosquera). Editorial Sexto Piso. 221 p

Jaldún, Ibn. (1378 [2021]). Introducción a la historia universal (Al - Muqaddimah). (T.J. Feres). Editor digital: Titivillus. 1950 p

Khazanov, A. M. (1994). Nomads and the Outside World. Cambridge: Cambridge University Press.

Munkh-Erdene, Lhamsuren. (2023). The Nomadic Leviathan. A Critique of the Sinocentric Paradigm. Leiden. Editorial Brill. 542 p



[1] Ver al respecto: Blanco (2018).

[2] Ver también: Blanco (2018).

[3] Ver al respecto: Blanco (2018).