En esta investigación denominada GEOFILOSFÍA: ESPACIO, TIERRA Y TERRITORIOS partimos de la consideración de que Gilles Deleuze y Félix Guattari al tratar de explicar sus conceptos de espacio liso y espacio estriado (o estratificado) usando, entre otros, un modelo marítimo hicieron mención a la relación tierra y mar citando de manera superficial la obra de Carl Schmitt del mismo nombre, sin embargo, este pensador alemán realizó una obra posterior que denominó EL NOMOS DE LA TIERRA Y EL DERECHO PÚBLICO EUROPEO donde explicó cómo las bulas alejandrinas que desembocaron en el Tratado de Tordesillas, o sea, el establecimiento de una línea en un espacio desconocido para dar inicio a un proceso de reordenamiento que tuvo un alcance global, eso fue primero hasta la paz de Westfalia y después con los desarrollos tecnológicos que configuraron el orden global después de 1945. Al final de la obra, Carl Schmitt observó que, con el inicio de la conquista del espacio ultraterrestre, la humanidad estaba comenzando a vivir un cambio de nomos que iba más allá de lo que imaginaron portugueses y españoles a finales del siglo XV y que serviría para establecer el meridiano ‘0°’ en GREENWICH en el siglo XIX.
Hoy en día ese cambio lo estamos viviendo de una manera patente gracias a los cambios tecnológicos y avances científicos y ello ha hecho que conceptos como geopolítica y biopolítica, tal como lo ha observado Roberto Esposito, así como geoestrategia y geoderecho, deban ser valorados a la luz del proceso de cambio de nomos que está en curso.
Considerando que la geofilosofía, siguiendo a Deleuze y Guattari, es la relación de la tierra con el pensamiento para producir territorios, hemos pensado conveniente DETERMINAR EL ALCANCE DEL NUEVO NOMOS DE LA TIERRA, teniendo presente la emergencia de nuevos espacios como el ciberespacio o el espacio ultraterrestre. La territorialización, en este caso, significa ordenación, es decir, dominación y control. Por otra parte, cuando hablamos de espacio liso y espacio estriado, según Deleuze y Guattari, no nos estamos refiriendo sólo al espacio físico, sino también al espacio mental, es decir, así como un espacio físico puede ser ordenado, estriado, territorializado en ciudades, estados, etc., el espacio mental también y, por tanto, el espacio liso, mental, es la condición de posibilidad para la creatividad y para perseverar en la propia existencia sin ningún condicionamiento intencional.
Para tal fin hicimos
En primer lugar, desarrollamos una arqueología del concepto de espacio hasta la revolución copernicana de Immanuel Kant para comprender la relación entre teología y ordenamiento desde los orígenes de la humanidad y el proceso de desteologización del mismo, destacando algunas interpretaciones que hoy en día han servido para explicar nuevos espacios desde una perspectiva matemática y física. Debemos decir, por una parte, que las concepciones de espacios lisos y estriados tienen un anclaje ontológico en el pensamiento de Ibn Jaldún, quien hizo la distinción entre pueblos sedentarios que ocupan espacios estriados (métricos) y pueblos nómadas que habitan espacios lisos (no métricos) sin ocuparlos y, por la otra, que la concepción spinoziana de Dios como un ser que posee infinitos atributos de los que solo conocemos pensamiento y extensión y la kantiana que observó al espacio como una intuición pura y como una URSTOFF van a estar en el ambiente en las concepciones de espacio que estaremos examinando.
En segundo lugar, continuamos con esta arqueología del concepto de espacio para desocultar las dificultades que comenzaron a presentarse debido a la revolución industrial, el descubrimiento del electromagnetismo (el ciberespacio fue concebido originalmente como un espacio electromagnético) y el advenimiento del concepto de espacio-tiempo y del mundo cuántico. Esta singladura me sirvió para establecer un puente entre ciencia y filosofía, por una parte, gracias al pensamiento de Alfred Whitehead en relación con el concepto de naturaleza, proceso y conciencia y de Erwin Schröndiger en relación con el concepto de vida y su concepción acerca del papel de un observador, el colapso de un estado y el entrelazamiento. Y, por la otra, a la concepción deleuziana del espacio en su obra Diferencia y Repetición.
Deleuze se apoyó en la primera y segunda ley de la termodinámica para hablar, por una parte, de intensidades dentro de un proceso dinámico para explicar la preespacialidad y, por la otra, de la entropía en un sentido diferente para explicar la estabilización inestable (cualificación y su matematización resultante) que promueve la creatividad. Nosotros también observamos que se puede comprender la preespacialidad en el plano cuántico, el colapso que permite hablar de intensidad extensiva a extensión, es decir, espacio y, finalmente, lo que Whitehead denominó naturaleza aparente.
En tercer lugar, analizamos los conceptos de espacio liso y espacio estriado, pero quisimos profundizar su comprensión a través de los modelos que propusieron Deleuze y Guattari, específicamente el tecnológico, el marítimo, el matemático y el físico, porque si bien ambos autores lo observaron de manera separada, con los avances tecnológicos acelerados que estamos viviendo cada día, los cuatro modelos están cada vez más estrechamente relacionados. Aquí quisimos destacar algunas críticas a esos modelos.
1.- En las etnias indígenas venezolanas lo liso y lo estriado se presentan de manera simultánea, en especial, en las civilizaciones de agua: eso se observa en los waraos, los añus y los yekuanas donde lo liso son los flujos acuáticos y lo sedentario son las construcciones sobre los flujos.
2.- En el modelo marítimo tuvieron en cuenta la tesis de Carl Schmitt que dijimos al principio, pero Deleuze y Guattari no pensaron en un nuevo nomos referido al espacio sino en la axiomática del capitalismo en constante cambio. Este hecho, comprensible por la fecha de la obra, nos permitió analizar otro modelo que plantearon y no desarrollaron, como lo es lo que denominaron modelo noológico. Para ellos el mar y el desierto son los espacios lisos por excelencia y los esfuerzos de estriaje (o de estratificación) se han dirigido a los planos astronómico y cartográfico para establecer vectores, rutas, etc.. Esa forma de estriaje se extendió a las rutas aéreas y al espacio ultraterrestre y depende de un sistema de referenciación que, como dijimos, se inició con la partición del mar en Tordesillas. En el sistema de referenciación confluyen la tecnología, la matemática y la física. El inicio de la aplicación de la geometría no-euclideana está relacionada, en este sentido, con el desarrollo de la navegación marítima de finales del siglo XIX.
3.- La geometría no euclidiana y el conjunto iterativo de Gastón Julia, que permitió el desarrollo de la matemática fractal, le sirvieron primeramente a Benoit Mandelbrot y después a Deleuze y Guattari para pensar en la relación entre finito e infinito a partir de las ideas de autosimilitud desde una perspectiva estructural, como se observa en las ramificaciones de nuestras neuronas, de los ríos, de las costas, de las galaxias, etc. Estas circunstancias les permitieron a los autores franceses desarrollar su concepto de multiplicidad a partir de la idea de que el todo está en cada parte y que la naturaleza usa el mismo patrón de diseño a diferentes escalas.
4.- El modelo físico lo relacionaron con la estructura organizacional del Estado que nosotros asociamos a un espacio-tiempo mundial que permite el control de los flujos financieros y económicos desde el nomos establecido a partir de un meridiano ‘0°’. Estos flujos, a los que agregamos los informacionales y migratorios, permiten constatar que la realidad es un flujo y que el espacio siempre se está haciendo. Estos flujos abarcan tanto a los conglomerados a nivel subatómico como a los sociales. Como se puede observar, la matemática fractal ha permitido comprender estos flujos desde una misma lectura y esto explica no sólo la interrelación que hemos realizado a partir de la propuesta de Deleuze y Guattari, sino también nos ha permitido ir más allá y pensar en una ANTROPOGRAFÍA en proceso de concreción más allá de los avances tecnocientíficos logrados hasta el presente lo cual supone manipulación, ajustes, etc., en función de un orden establecido o por establecerse.
En cuarto lugar, para pensar en términos ANTROPOGRÁFICOS partimos de la interrelación de los modelos antes indicados considerando, por una parte, cómo es posible fundamentarse en un mismo sistema de medida o de una episteme evolucionada que sigue siendo geométrica y, por la otra, en los desarrollos tecnocientíficos actuales y sus tendencias. Por ello examinamos la concepción de la naturaleza de Whitehead y vinculamos este concepto con el de vida realizado por Erwin Schröndiger, como ya hemos indicado. Ello no sólo nos permitió pensar en términos cuánticos a pesar de los inconvenientes que representa la existencia de varias teorías y de sus múltiples aplicaciones actuales, sino también examinar la utilización de conceptos cuánticos en conjunto con la matemática fractal a los sistemas sociales. Este campo está en desarrollo y a pesar de sus defensores y sus detractores, el hecho de que esté en la palestra pública nos es suficiente para considerarlo por su potencial de territorialización, como se observa en la antropología fractal y la antropología cuántica. El potencial de territorialización bajo un mismo fundamento ontológico y una episteme en proceso de desarrollo hace indistinguibles los conceptos de geopolítica y biopolítica: ambos están estrechamente relacionados más allá de expresiones del pasado como aquella que conocimos como lebensraum, es decir, espacio vital. Así como Rudolf Kjellen pensó la geopolítica a partir de la biología, nosotros estamos pensando la ANTROPOGRAFÍA como una antropología dada a partir de la medida de la tierra. Esto en sí es el reverso de la biopolítica. En la ANTROPOGRAFÍA está convergiendo, entonces, la biopolítica, algo así que pudiéramos llamar epistemología cuántica, y la biopolítica a través de la extracción de datos.
Ahora, para considerarlos desde una perspectiva geofilosófica con el fin de valorar la consistencia de la relación entre el pensar, el producir y la geografía que les otorgó a Deleuze y Guattari la imagen de la batalla de Salamina, examinamos el plano noológico.
En quinto lugar, para este propósito partimos de la concepción de inteligencia sentiente de Javier Xubiri para analizar qué impide que lo real y la realidad se presenten de forma libre y no condicionada por un aparato del Estado tal como lo pensaron los autores franceses. Esto nos llevó primeramente a explorar el potencial de territorialización de la teoría de la REDUCCIÓN OBJETIVA ORQUESTADA de Penrose y Hameroff para explicar la conciencia y las limitaciones que han encontrado sus intérpretes. Creemos que el desarrollo de la computación cuántica, entre otras cosas, va a aclarar un poco más el grado de consistencia de la teoría, permitiendo, además de mejorar la extracción de nuestros datos, graficar nuestro comportamiento. Uno de los aspectos interesantes de la teoría es cómo se produce la espacialidad debido a que ello se puede traducir en territorialidad. Es decir, la conciencia, con el desarrollo de la IAG cuántica, está empezando a estar bajo asedio debido a que los algoritmos correlacionales están actuando como funciones de onda anticipando y modelando el deseo y determinando la naturaleza de la realidad.
De la extracción de datos consideramos que los indígenas, en Venezuela, usan su cuerpo en procesos rituales como medio para marcar, es decir, territorializar, en su conciencia, la pertenencia al grupo. La tecnología, como dijimos, está produciendo un marcaje al revés al extraer los datos de nuestros procesos vitales y de nuestra conciencia en un contexto donde convergen geopolítica, biopolítica y ciberespacio como un modo de ser-digital. El objetivo final del proceso de estriaje que estamos viviendo, entonces, no es la tierra desde una perspectiva física, sino la mente humana. La graficación de nuestros patrones tiene dos propósitos: la economía y la seguridad. De ahí lo que han dado en denominar PANOPTICO DIGITAL.
Esto nos condujo a examinar sus implicaciones en los conglomerados sociales y en la política a partir del concepto de URSTAAT entendido como ciudad originaria y como estructura de ordenación política para oponerlo al de URBE. La primera nos llevó a pensar en las ciudades inteligentes de alcance global y el segundo a lo que denominamos URBE ORBI GLOBAL. La primera promueve el surgimiento de NUEVOS LEVIATANES NÓMADAS Y SEDENTARIOS (verde, digital y moral) gracias a la tecno-ciencia y la segunda parte de la idea que, así como UR denota la ciudad sumeria antigua, también en el lenguaje vasco antiguo denota flujo. Las urbes originarias eran conglomerados de flujos autoorganizados que permiten que cada miembro pueda perseverar en su propia existencia en mejores condiciones. Es hacia allí hacia donde debemos pensar en términos políticos.
La brecha existente entre los dos tipos de urbes consideradas (URSTAAT GLOBAL y URBI ORBI) nos condujo a la política. Y en el caso específico de la URSTAAT DIGITAL GLOBAL, la tecnociencia nos hizo pensar en la utopía baconiana de BENSALEM como una nueva BENSALEM debido al rol que está jugando en el surgimiento de nuevos espacios que requieren su territorialización. La utopía de la nueva BENSALEM entonces nos condujo de nuevo al plano teológico no sólo desde la perspectiva de la fe en la tecnología, sino también en sus desarrolladores y ordenadores debido a que el contexto de cambios acelerados está generando miedo que se expresa en el plano individual, colectivo y geopolítico. Es decir, los cambios sociales acelerados que están provocando los desarrollos tecnológicos han generado incertidumbre acerca del futuro porque están produciendo cambios en la cartografía del poder en el ámbito internacional, como hoy en día estamos observando.
Así pues, la política nos plantea la emergencia de un mosaico de nuevos leviatanes sedentarios (representados por EE.UU. junto o no con la anglosfera, Rusia, China, India y la UE vista como una reedición del Sacro Imperio Romano Germánico) y leviatanes nómadas (representados por las grandes corporaciones tecnológicas) como una especie de orden neo-westfaliano que estarán en competencia entre sí por imponer el nuevo nomos de la tierra dentro de un contexto signado por la existencia de sistemas autónomos del que no sabemos cuál va a ser su alcance. Este es el lado más oscuro del actual proceso de territorialización del espacio.
Finalmente considerando las advertencias hechas por autores como Martín Heidegger, Karl Jaspers, Giorgio Agamben, Markus Gabriel e incluso podemos agregar a García Bacca y Mayz Vallenilla, en el tiempo que resta, desde una perspectiva geofilosófica en este proceso de establecimiento de un nuevo nomos que tendrá como espacio gráfico último la conciencia nos queda la lucidez que, sin apartar la tecnología, se expresa en: ser-auténtico, ser-meditativo, ser-nómada, ser-anarca o ser-único (monje) como medio para hacer frente a los efectos del nuevo nomos y llenar cualquier potencial vacío existencial que pudiera estar embargándonos antes de quedar completamente sumergidos en dicho ordenamiento. Pero para ello primero hay que conocerse a sí mismo, como reza el pronaos del templo de Apolo, y asumir nuestra condición. Ello nos podrá conducir a una nueva forma de praxis, construir auténticos territorios y vivir en mejores condiciones.


