Aristóteles
en su Metafísica nos ha dicho que la filosofía comienza con el asombro.
Creemos que el exhaustivo estudio de naturaleza técnica realizado por Gustavo
Sosa y Pedro San Miguel ha seguido ese derrotero del asombro al tratar de
desocultar qué fueron los destructores de la clase “Nueva Esparta” en sí, qué
fueron para sus tripulaciones originales y cuál ha sido su verdadero legado. En
este sentido, encontramos expresiones que invitan a la reflexión como los mitos
en la explicación histórica, “ideología de progreso técnico” y una especie de
imaginario naval orientado a considerar que esos buques representaron lo más
alto que el país dispuso en el plano tecnológico considerado la época de
adquisición. En este sentido, la exégesis que hacen los autores al combinar el
análisis histórico desde una perspectiva hermenéutica y un análisis teórico y
técnico de las capacidades de los citados destructores para responder a la
pregunta de por qué esos destructores de la clase Nueva Esparta fueron un
hito para el país dentro del imaginario naval venezolano nos permite hacer
una reflexión sobre la filosofía de la tecnología, siguiendo el espíritu de los
autores, con la finalidad de comprender la verdadera situación en la que nos
encontramos como venezolanos en el mundo de hoy.
Sabemos
que esos buques fueron adquiridos dentro de un contexto de profunda
modernización del país, pero este proceso planteó un conjunto de problemas que
hoy en día se han agravado por la revolución industrial basada en las
tecnologías de información y comunicación y la irrupción de la física moderna
en todos los asuntos de la vida cotidiana. Estos problemas fueron planteados originalmente
por Martin Heidegger en su obra La pregunta por la técnica[1]. Heidegger (1953
[1997]) al efecto expresó que, si bien la técnica es, por una parte, un modo de
comprensión del mundo y, por la otra, un
medio y un hacer del hombre, se hace necesario llevar al hombre a la justa
relación con la técnica debido a que la técnica moderna se
caracteriza por imponer una lógica que fuerza a todos los entes –la naturaleza,
los animales e incluso el ser humano– a presentarse como "fondo
disponible" (Bestand), es decir, como recurso calculable,
almacenable y optimizable como lo fueron los destructores de la clase Nueva
Esparta no sólo por el acto económico en sí, sino también por la dependencia
que están produciendo. Este modo de revelar es a la vez un ocultamiento, ya que
enmascara cualquier otra forma de ser de los entes (lo sagrado, lo
contemplativo), puesto que convierte a los humanos en recursos en relación con
la situación de dependencia. La esencia de este proceso es el Gestell
(Im-posición) que se entiende como la estructura que dispone y ordena este
revelar agresivo de todo lo que es posible de ser cuantificado y optimizado (pág., 114-115).
Al respecto Heidegger tomó el sentido griego de la palabra ‘téchnē’ y lo convirtió en una disposición fundamental del existente humano
y, posteriormente, lo trasladó a los modos de ser de los entes ontologizándolos
con la finalidad de desocultar la verdad debido a que esta se caracteriza
además por la aplicación de reglas de fabricación y por la posibilidad de
aprendizaje desde tres perspectivas: como producción, como episteme y como
praxis.
Como se va a poder observar, las tres maneras de
observar la téchnē en una lectura heideggeriana no estuvieron en el
proceso de adquisición de los destructores de la clase Nueva Esparta de una
manera que permitiera a los venezolanos trascender y dominar esos sistemas.
Creemos que sólo adquirimos unos equipamientos navales para operarlos y es allí
donde se ubicó la preocupación de Ernesto Mayz Vallenilla. Este pensador
venezolano discípulo del filósofo alemán antes citado asumió su diagnóstico,
pero lo
llevó a unas aguas gnoseológicas y antropológicas más concretas. En su "Esbozo
a una crítica de la razón técnica"[2],
expresó que el Gestell se encarna en una forma específica de
racionalidad que se expresa en una razón ejecutante u operativa que
circunscribe el rol de un usuario donde el único criterio de validez, como ya expresamos,
está relacionado con la eficacia y el rendimiento.
Esta razón que se ha
convertido en el a priori que fundamenta la realidad de la era
tecnológica no estuvo presente en el proceso de adquisición de los destructores
de la clase Nueva Esparta. Fue a partir de la experiencia que se fue acumulando
de su uso que fuimos aprendiendo a ser operadores hasta convertirnos en
sujetos-operadores con las limitaciones del caso debido a que la adquisición de
esos buques se hizo en condiciones que limitaban su operación de acuerdo con
los criterios del fabricante. Este sujeto lo definió Mayz Vallenilla (1974) a
través de la expresión "puedo, luego existo" constituyendo su esencia
en su capacidad de operar, transformar y ejecutar dentro del sistema técnico en
nuestro caso naval con la salvedad de que se pudo, en nuestro caso, operar,
pero no transformar y ejecutar. Así, el marino venezolano devino en el “primer
sirviente” del Gestell desde la perspectiva heideggeriana,
internalizando su lógica y convirtiéndose a sí mismo en el recurso más
importante y a la vez más amenazado porque pasó a ser prescindible en función
de la necesidad que creaba el propio medio. En el caso de los negociadores y
marinos venezolanos que tuvieron que aprender a operar los destructores de la
clase Nueva Esparta a pesar de que padecieron la im-posición no fue con la
misma intensidad con que la padecimos todos sus herederos en las diversas fases
de desarrollo de la marina de guerra venezolana hasta el presente logrando un
razonable nivel de eficacia y rendimiento, pero a costa del ser llamado a
operar esos sistemas. Esto fue así motivado a que los negociadores y marinos
que participaron en dicho proceso no estaban conscientes de la transición que
se estaba produciendo en el plano tecnológico.
Retornando a Heidegger
(1953 [1997]), si consideramos los logros desde el plano de la ‘téchnē’ observada como un modo de comportarse relacionado con
la producción, la episteme y la praxis a la luz de las preocupaciones de Sosa y
San Miguel debemos decir lo siguiente
·
Como producción fuimos capaces de reemplazar los medios al
adquirirlos dentro de la lógica del sujeto-operador, pero se hizo sin saber si
verdaderamente si iba a satisfacer nuestras necesidades por los problemas que
presentaran esos buques y sin tener certeza de si esas eran nuestras verdaderas
necesidades en función del cambio tecnológico que estaba viviendo la humanidad.
·
Como episteme no nos planteamos develar ni cómo develar la naturaleza de
esos medios ni antes, ni durante, ni después de la adquisición de los destructores
de la clase Nueva Esparta hasta que en el pasado reciente hubo modestos
esfuerzos para ello y en el presente Sosa y San Miguel asumiesen el reto de
desocultar ese proceso para el conocimiento de las generaciones venideras de
marinos venezolanos.
·
Como praxis entendida como el modo de desocultar prudente
orientado al éxito de la acción adquisitiva venezolana no fue posible la acción
prudente, por una parte, por la confianza absoluta que se depositó en los
ofertantes y, por la otra, por una incompleta valoración del contexto en que se
produjo la adquisición.
En las líneas
de los autores de Los Destructores que nunca fueron… están presentes
están preocupaciones tanto en el análisis del equipamiento adquirido en
relación con el usado por los buques británicos en lo concerniente al armamento
principal y secundario, así como en el sistema de propulsión. Pero por qué está
en el imaginario naval que los destructores de la clase Nueva Esparta fueron un
gran logro del país convirtiéndose, por una parte, en una especie de sentido
común que ha llegado hasta el presente y, por la otra, en una especie de
paradigma sobre el cual orbitó todas las adquisiciones navales venezolanas posteriores.
Pudiéramos decir que la respuesta a esta pregunta se encuentra en algo que se
ubicaría en una especie de imaginario naval.
Los imaginarios navales
entendidos como el conjunto narrativas y supuestos tácitos que le dieron
sentido y estructuraron la experiencia de los marinos de guerra venezolanos de
ese momento histórico pueden observarse como la “interfaz” a través del cual ellos
abrazaron esa tecnología como una suerte de religión que, como hemos dicho, sin
tener un razonable conocimiento de la misma. Este hecho introdujo la necesidad
de dominarla y optimizarla a través del cálculo y del control y previsión a
pesar de que no se disponían de las capacidades para ello. El imaginario naval,
desde esta perspectiva, ha hecho que el ser-operador se haya convertido, en
primer lugar, en el signo de un marino exitoso debido a que se comenzó a
premiar la acción inmediata y la solución rápida de problemas por encima de la
reflexión profunda, la crítica o la contemplación que permitiese, al menos, un
razonable grado de experticia en la operación y en la sostenibilidad de los
medios y, en segundo lugar, la identidad del ser-operador se comenzó a
producir, desarrollar y optimizar haciendo del ser-marino la operación
principal promoviendose el individualismo y eclipsando otras formas de razón
que están más allá de lo técnico (ética, tradición) y que pudieran tener en la
historia una fuerza con la que se puede dialogar para convertir cualquier
tecnología en algo a ser dominado. Sin embargo, aún existe el imaginario.
Creemos que la nostalgia de una época donde se le abrió al país un abanico
inimaginable de posibilidades se trasladó al ámbito naval y los avatares de
nuestra historia contemporánea ha impedido que lo superemos. Aquí es donde se ubica la esencia de Los
destructores que nunca lo fueron…
De esta
situación me surgen dos reflexiones de dos autores que de alguna u otra forma
debemos tener presentes por su actualidad: Immanuel Kant y Juan Nuño. El
filósofo de Königsberg en su obra Observaciones sobre el sentimiento de lo
bello y lo sublime (1764) desarrolló una teoría estética para analizar los
caracteres nacionales de algunos pueblos europeos. Allí expresó, creemos de
forma errónea, que el carácter español es sublime, es decir, es solemne y
pausado debido a que considera la vida como algo trascendente, pero su
orientación estaba dirigida al pasado y no al futuro como en ese momento se
vivía en Europa a propósito de la idea del progreso. Por su parte Nuño
describió la patología histórica de Venezuela a través de un ave
mitológica que Jorge Luis Borges describió en su obra El libro de los seres
imaginarios[3].
Esta ave la denominó el pájaro Goofus (o Goffus) que se caracteriza por
volar hacia atrás porque no le importa adónde va, sino saber dónde ha estado,
es decir, su punto de partida indiferentemente de sus circunstancias. Según Nuño
Venezuela es un país que navega hacia el futuro mirando hacia el pasado a
través de una “teología bolivariana”[4].
Ahora en nuestro caso en particular, en Los Destructores que nunca fueron…
creemos que los autores nos dicen que al anclar el imaginario naval en el
proceso de adquisición y posterior operación de esos medios navales se ocultó
la verdadera realidad que caracterizó el proceso en cuestión a pesar de los
esfuerzos a posteriori por tratar, en muchos casos en vano, de evitar
los errores cometidos. La nostalgia ha servido para ese proceso de
ocultamiento. Esto nos lleva a la superación.
El propósito de
Sosa y San Miguel ha sido, desocultar, por una parte, ese proceso para evitar
su repetición y, por la otra, ese contexto para que se evalúe de forma más
exhaustiva qué necesitamos estableciendo un punto futuro en el horizonte para
evitar la obsolescencia inducida o la obsolescencia provocada por otros
desarrollos insuficientemente valorados. Esto nos remite de nuevo al
pensamiento de Mayz Vallenilla.
Mayz Vallenilla
(1993) pensó en la superación constructiva de esta situación a través de su
obra Metatécnica[5].
En esta obra trató de reflexionar más allá de la operatividad para establecer
un saber del fundamento de la técnica que en las líneas de Sosa y San Miguel
burbujean de forma exuberante a partir de los criterios de libertad y
responsabilidad debido a que se comportaron como unos sujetos metatécnicos al
juzgar, develar y pensar libremente sobre el sentido y los límites de los
medios técnicos adquiridos en la década de los años cincuenta con miras al
futuro. Consideramos que este es el valor de Los Destructores que nunca
fueron… y los invitamos a su lectura para reflexionar desde una perspectiva
práctica en cómo re-fundar la Marina de Guerra de Venezuela.
Edgar
Blanco Carrero
Caracas, 10 de diciembre de 2025
[1] Heidegger,
M. (1953 [1997]). “La pregunta por la técnica”. 3° ed. Santiago (T. F. Soler). Universidad
de Chile. En Filosofía, Ciencia y Técnica. 306 p. Documento en línea.
Disponible: https://olimpiadadefilosofiaunt.files.wordpress.com/2012/02/heidegger-tecnica_ocr.pdf
[2] Mayz
Vallenilla, E. (1974). Esbozo de una Crítica de la razón técnica.
Caracas. Equinoccio, Ediciones de la Universidad Simón Bolívar. 249 p.
Documento en línea. Disponible: https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Filosofos_Venezuela/Esbozo_critica_r.tecnica-Mayz_Vallenilla.pdf
[3] Borges,
Jorge Luis (2005). El libro de los seres imaginarios. Buenos Aires.
Editorial Emecé. 239 p. Documento en línea. Disponible: https://archive.org/details/ellibrodelossere0000borg/page/6/mode/2up
[4] Nuño, Juan
(1988). La veneración de las astucias. Ensayos polémicos. Caracas. Monte
Ávila editores. 273 p. Documento en línea. Disponible: https://es.scribd.com/document/168791612/Juan-Nuno-Ensayos-Polemicos
[5] Mayz
Vallenilla, E. (1990). Metatécnica: Sobre la técnica y su fundamentación.
Caracas: Universidad
Simón Bolívar. 158 p

