1.
Introducción
Para
el pensamiento ye'kwana (maquiritare), la realidad constituye un proceso
dinámico de creación, decadencia y perseverancia articulado por la memoria y la
espiritualidad. Su ciclo cosmogónico y mitológico —compilado por Jean-Marc de
Civrieux (2025)— representa un complejo sistema metafísico, ético y
epistemológico. La relevancia de este legado radica en que la cultura ye'kwana
constituye una rama viva de la gran civilización caribe, asentada
históricamente en vastas regiones del territorio venezolano. En consecuencia,
sus códigos culturales han permeado el proceso de mestizaje nacional, dejando
una impronta duradera en la identidad venezolana. A través del Watunna,
esta obra recoge una cosmovisión fundamental que aquí analizamos desde dos ejes
clave: el ontológico y el epistemológico.
Desde
la perspectiva ontológica, en el principio de la filosofía Ye'kuana, está
Waanadi: la luz del cielo primordial (Kahu), la conciencia pura, el
pensamiento que sueña (el principio solar, la sabiduría y la vida). Waanadi
crea mediante el Adakene: el ensueño consciente, el deseo profundo y el
aliento. El universo visible es la exteriorización del pensamiento divino. Para
los Ye’kuana, en primer lugar, el ser es emanación: Todo cuanto existe posee un
arquetipo espiritual originario (damodede). Lo real es aliento
condensado. Y, en segundo lugar, Waanadi se expresa a través de tres emanaciones
de sí mismo para establecer la armonía entre cielo y tierra. La Divinidad actúa como un principio ordenador que intenta
habitar su propia creación.
La
tercera emanación de Waanadi expresa el mal, es decir, Odosha que representa la
sombra, el principio de la entropía, el caos, la envidia, la enfermedad y la
putrefacción. Odosha representa la imperfección inherente a la materia cuando
esta se desconecta del espíritu. La condición humana queda definida por esta
brecha: habitamos un cosmos donde el diseño original de Waanadi coexiste
permanentemente con la distorsión introducida por Odosha.
En
el plano epistemológico, el Watunna expresa la historización del mito al
articular, de manera simultánea, el relato, el canto y la memoria acumulada de
los ancestros. Preservar y cantar el Watunna constituye una práctica
ontológica de resistencia y continuidad; la verdad se revela a través de una
«memoria sagrada» que narra la arquitectura eterna del presente. En este
horizonte, la desmemoria equivale a la disolución misma de la realidad.
El
mito opera como una plataforma hermenéutica que vincula la metafísica con la
vida cotidiana: cada acto humano reactualiza un orden primordial, de modo que
la historia concreta solo resulta inteligible si se lee a través de estas
categorías originarias. La palabra adquiere así una eficacia
mágico-epistemológica, donde la verdad actúa como una fuerza viva que sostiene
la realidad material a través de la memoria comunitaria. Desde la antropología
filosófica, la existencia humana se concibe como un ejercicio de preservación:
mantener fluido el canal entre la Tierra y el Cielo para sostener el equilibrio
cósmico. Esta perspectiva determina que la relación de los Ye’kuana con su
entorno sea —como señala Silva Monterrey (en Perera y Rivas, 2017)— una
dinámica constante de negociación y mediación.
El
carácter «mágico-epistemológico» del lenguaje Ye’kuana se evidencia en la
partícula kuni, cuya presencia recurrente en el Watunna dota de
carácter sagrado a cuanto existe, sea de forma directa o ritual. A partir de
una investigación previa centrada en el término Edakuni y su
coincidencia fonética con voces del Vedānta y el budismo Shingon, este trabajo
profundiza en la relación entre dicho morfema y ambas tradiciones orientales,
tomando la homofonía como una sugerente entrada de análisis. Para ello, se
retoma el estudio de la voz Edakuni, se ofrece un examen comparativo de
la partícula kuni en los tres contextos culturales y se concluye con un
análisis del sufijo desde la filosofía del lenguaje.
2. Edakuni: Más allá de la
coincidencia fonética entre India, Venezuela y Japón
Un
trabajo previo examinó las convergencias lingüísticas, ontológicas y
espirituales entre tres tradiciones distantes: el pueblo Ye’kuana (de filiación
caribe en Venezuela y Brasil), la India védico-budista (con énfasis en Kerala)
y el budismo esotérico Shingon en Japón. La investigación tomó la semejanza
fonética de la palabra Edakuni como punto de partida para rastrear un
trasfondo ontológico compartido sobre el origen del cosmos, la sacralidad de la
tierra y el lugar del ser humano en el universo.
Para los Ye’kuana (quienes se autodefinen como So’to, «gente» o «seres humanos»), el término Edakuni (o edajkuni) designa la «luz central»: la esencia o fuente constitutiva del individuo. Etimológicamente, la raíz eda- refiere al centro físico, al acto de ver y a la «claridad interna», mientras que el sufijo -kuni funciona como un marcador de posesión o localización geográfica. Así, Edakuni se traduce como «el poseedor de la claridad interna» o «aquello que emana del centro». El citado estudio identifica tres ámbitos principales en la aplicación de esta voz sagrada:
- Identidad
e Identificación Ontológica: Es el nombre verdadero que
conecta al individuo con su linaje ancestral y con el Dios creador, Waanadi.
No se usa abiertamente en la vida cotidiana para no exponer la integridad
espiritual del sujeto. En la concepción Ye’kuana conviven dos almas: el Edakuni
(alma interna y chispa divina) y el Akato (alma externa, sombra o
imagen reflejada, susceptible a fuerzas malignas).
- Toponimia
Ancestral: Sirve para reclamar la geografía viva y los
territorios sagrados (ríos, cerros y raudales) moldeados en los tiempos
míticos.
- Dimensión
Ritual y Cánticos (Watunna): Forma
parte de los relatos míticos e invocaciones de protección y curación
dirigidas por los Jidiwa (sabios o chamanes), reconocidos como los
«dueños de las palabras», capaces de equilibrar el orden cósmico (Rta
en el contexto védico).
En la India y Japón existe la misma manifestación de
este patrón fonético, con significados que convergen en la relación entre lo
sagrado y la naturaleza. En la India (Kerala), la grafía local Edakkuni
o Edaguni combina Eda («en medio de» o ‘interior’) y Kuni
(‘colina’ o «valle sagrado»), traduciéndose como «el santuario en el centro del
valle». En el distrito de Thrissur se erige el templo Edakkuni Sri Durga
Bhagavathy, ligado a la energía divina femenina. Metafísicamente, en
sánscrito, la unión de ‘Etad’ («todo esto» / Realidad Suprema) y ‘Guni’
(«poseedor de virtudes») significa «el poseedor de las cualidades de todo el
universo». En Japón, por su parte, se representa como 枝国 (Eda-kuni),
denota al «país/provincia rama». Se vincula a las
extensiones territoriales y propiedades (shōen) subordinadas al centro
espiritual del Monte Kōya (Hon-i). Filosóficamente, representa la
doctrina de la No-Dualidad (Advaya), donde el ‘tronco’ (monasterio)
otorga protección espiritual y la ‘rama’ (provincia) brinda sustento material. En
general, esta palabra resuena con las Dakinis (seres espirituales de
sabiduría y protección en India y Japón). Asimismo, mediante la descomposición
de los Dharani (cánticos sagrados), los fonemas expresan «la
purificación de las cualidades que nacen del origen».
Desde la perspectiva de los seres espirituales, en los
Ye’kuana también encontramos que la voz Edeñawadi, relacionada
fonéticamente con Edakuni y el Dios creador Waanadi, representa
al espíritu del tabaco, guardián de la salud y «dueño de las sombras o
imágenes» (Akato). La voz Edeñawadi está relacionada con el mito
‘Marawaka’ recogido en el Watunna.
En el Watunna, según Silva Monterrey, se relatan hechos extraordinarios,
algunos de los cuales explican características particulares de la sociedad
Ye’kuana (Perera y Rivas, 2017:110).
En la lengua Ye'kuana y a lo largo de la narrativa del
Watunna, el sufijo ‘kuni’ designa en su aspecto primordial al agua, al
río, al mar y a la masa fluida cosmos-creadora y, por tanto, como
dijimos, constituye una categoría ontológica fundamental que articula la vida,
la muerte, la distancia y la metamorfosis. Por ello vamos a hacer un análisis
comparativo de ‘Kuni’, especialmente, en el Watunna, el Vedānta y el
Zen.
3.- Análisis Filosófico de ‘Kuni’ en el Watunna y su
comparación con el Vedānta y el Zen
La presencia
del término Edakuni y sus equivalentes lingüísticos y conceptuales en
lugares geográficamente distantes (Kerala en India, Yamaguchi/Monte Kōya en
Japón y la Orinoquia venezolana) supera la mera eventualidad, como veremos a
continuación. En el Watunna, ‘kuni’ se expresa bajo tres características
principales: En primer lugar, sustancia matriz y caos primordial, es decir, antes
de la consolidación de la tierra firme (dahi), el cosmos estaba dominado por
las grandes aguas (‘Kuni’). ‘Kuni’ representa la potencialidad pura, la materia
plástica no moldeada. De sus profundidades emergen las criaturas y en sus aguas
suceden las catástrofes purificadoras o destructivas (los diluvios provocados
para erradicar las aberraciones de Odosha). En segundo lugar, vector de metamorfosis
y fluidez ontológica, en el sentido de que, en la ontología Ye'kwana, la
realidad no es fija. Los seres cambian de forma (de humanos a animales,
espíritus a piedras). ‘Kuni’ (el río/agua primordial) es el medio en el cual y
mediante el cual se da el tránsito ontológico. Cruzar o sumergirse en el ‘kuni’
es disolver la forma actual para adoptar una nueva. Y, en tercer lugar, topografía
sagrada y conector de dimensiones: para los grandes navegantes del Orinoco,
Caura y Ventuari, el ‘Kuni’ conecta el mundo terrenal con el inframundo y con
las moradas celestiales (Kahusha). Es la arteria por donde fluye la energía
vital y la memoria histórica.
En relación con la filosofía hindú (especialmente el
Advaita Vedānta de Ādi Śaṅkara), el agua y el océano desempeñan un papel
conceptual fundamental: En primer lugar, el Océano Causal (Kāraṇodaka) y
Prakṛti, al igual que ‘Kuni’ en el Watunna, el Vedānta postula un
Océano Causal o la materia primordial no manifiesta (Prakṛti), desde la cual el
poder ilusorio de Māyā proyecta el universo de nombres y formas (Nāmarūpa). Y,
en segundo lugar, la metáfora de la Ola y el Océano que sirve para explicar la
no-dualidad (Advaita): las olas parecen entidades individuales con forma
propia, pero en esencia son solo agua. Cuando la ola comprende su naturaleza,
la individualidad se disuelve en el Océano (Brahman). De manera análoga, en el Watunna,
las formas individuales creadas por Waanadi corren el riesgo constante
de disolverse o reabsorberse en el ‘Kuni’ primordial.
Con respecto al budismo Zen (derivada del
budismo mahāyāna y el taoísmo chino), el agua es el símbolo supremo de la
naturaleza de la realidad y de la mente despierta. Esto se observa, en primer
lugar, en la fluidez y vaciedad (Śūnyatā), es decir, el agua no posee
forma fija propia; adopta la forma del recipiente que la contiene. Esto encarna
el concepto central de Śūnyatā (vaciedad de existencia intrínseca): las cosas
no tienen una esencia estática, sino que existen de manera interdependiente. En
el Watunna, ‘Kuni’ comparte esta falta de rigidez; es la antítesis de la
petrificación y la rigidez mortal que a veces impone Odosha. En segundo lugar,
la Mente como Agua (Suigetsu / Mushin), es decir, el Zen habla
del «reflejo de la luna en el agua» (Suigetsu). El agua refleja la luna sin la
intención de capturarla, y la luna brilla sobre el agua sin la intención de
mojarla. Esto se vincula con Mushin (no-mente), el estado de fluidez absoluta
sin apego. Y, en tercer lugar, la ‘Impermanencia’ (Anicca) en el sentido de
que, en el Zen, el río es la metáfora del cambio constante. Nada permanece.
Intentar congelar o aferrarse al momento genera sufrimiento (Dukkha).
Las diferencias fundamentales que encontramos entre el
Watunna y las otras dos cosmovisiones son las siguientes: En el Vedānta,
el Océano (Brahman) es la Única Realidad Absoluta y las formas son
ilusión (Māyā), mientras que, en el Watunna, el agua no invalida la
realidad del mundo físico, sino que la sostiene y la transforma. En el Zen, como
disciplina epistemológica y meditativa que está centrada en la experiencia
directa del presente ahistórico (Satori). ‘Kuni’ en el Watunna, en
cambio, está cargado de memoria mítica, genealogía e historia comunitaria; no
es solo una abstracción sobre la naturaleza del cambio, sino un espacio poblado
por ancestros, monstruos y espíritus guardianes. Esto nos conduce al análisis lingüístico
del sufijo ‘Kuni’ en sí.
4.- Análisis del sufijo ‘Kuni’
En el caso
de la palabra ‘Edakuni’ encontramos que el análisis lingüístico y filosófico
del fonema y partícula ‘kuni’ en las tradiciones del Vedānta (sánscrito) y del
Budismo Zen (japonés) presenta, como ya hemos indicado, coincidencias
etimológicas y resonancias simbólicas profundas al compararlas con la
espiritualidad Ye'kuana. Vamos a examinarlas a continuación.
En el
sánscrito antiguo Vedānta, el término ‘kuṇi’ (कुणि) y sus raíces
asociadas (kuṇ- / kuṇḍ-) poseen significados específicos en la
gramática (Vyākaraṇa) y en los textos literarios y filosóficos: por una
parte, ‘Kuṇi’ significa ‘curvo’, ‘encorvado’, ‘torcido’ o «miembro/brazo
doblado» y proviene de una familia léxica ligada al agua y la energía, en
condiciones similares al Ye’kuana’, es decir, de la raíz emparentada surge ‘kuṇḍa’
(cuenca, pozo de agua o receptáculo ritual para el fuego) y ‘kuṇḍalinī’ (la
energía latente ‘enroscada’ o replegada en forma de espiral). Por la otra, en la
metafísica vedántic-advaita, el Ātman (la Conciencia Pura) es recto,
infinito e indivisible. Cuando la luz del Ātman se filtra a través de la
mente y los sentidos (Upādhis o limitaciones condicionales), la
percepción del mundo se vuelve ‘kuṇi’ (torcida, fragmentada o distorsionada).
La multiplicidad es una ‘curvatura’ ilusoria (Māyā) proyectada sobre la
rectitud del Ser Único.
En la lengua
japonesa (lectura kun'yomi de origen nativo), ‘kuni’ (国 / 邦) es la
palabra para ‘tierra’, ‘país’, ‘reino’ o ‘dominio’. Significa en los textos del
Zen (como el Shōbōgenzō del maestro Dōgen) y la poesía meditativa, ‘kuni’
refiere el ámbito de la realidad o estado mental desde dos perspectivas: (1) Honke
no Kuni (本家の国) / Sōkyō (故郷) que
denota la «Tierra Natal» o el «Reino Originario» y representa la mente antes
del nacimiento de los pensamientos egoístas (Honrai no Menmoku o el «Rostro
Original»); (2) Bukkoku (仏国 / Buddha no Kuni – el «Reino del Buda») que en
el Zen es la percepción directa de la realidad tal como es en el instante presente
(Tathātā).
Como se
puede apreciar, se observan convergencias y divergencias en las tres formas de
espiritualidad. La divergencia proviene de que, para el Vedānta, la ‘curvatura’
(kuṇi) representa la desviación o ilusión de la forma que oculta lo Absoluto,
mientras que para los Ye'kuana, ‘Kuni’ es la fuente de la metamorfosis,
es decir, el medio primordial que permite la transformación continua y la
limpieza de la corrupción de Odosha.
La
convergencia está relacionada con el «Retorno al Origen»: en el
Budismo Zen, volver al ‘Kuni’ natal es regresar a la mente no-dual y
pura, y en el Watunna, ‘Kuni’ es la conexión o la reconexión de la
tierra con el cielo (Kahusha).
A pesar de
esta convergencia y divergencia, debemos recordar que hemos expresado la
coincidencia fonética entre tres universos lingüísticos genéticamente
independientes ni un contexto espacial directo, al menos con la cuenca del río
Orinoco, como ya hemos indicado.
En la lengua
Ye'kuana, ‘kuni’ opera, según Meira (2000), como un formante nominal o
posposición ligado a la hidronimia y a la morfología espacial/sustantiva sagrada
dentro del ciclo mitológico Watunna (por ejemplo, en los nombres de ríos
ancestrales donde ocurren las transformaciones demiúrgicas de Wanadi como
Edakuni). En la literatura védica y en los comentarios exegéticos de la
escuela Vedānta, no existe un sufijo -kuni. Existe el término
nominal/adjetival ‘kuṇi’ (कुणि). Desde la
perspectiva etimológica, deriva de la raíz sánscrita ‘kuṇ-‘. El
sustantivo adjetivado ‘kuṇi’, según Mayrhofer (1992–2001), significa «aquel
que tiene el brazo o la mano lisiada, deforme o paralizada», y se utiliza
como un ejemplo ilustrativo (dṛṣṭānta) para argumentar que las
limitaciones físicas no afectan la naturaleza inalterable del Ātman (el
Ser puro). En el contexto del budismo Shingon (真言宗, Shingon-shū),
el vocablo ‘kuni’ proviene del estrato léxico nativo del japonés antiguo (Yamato
kotoba). Etimológicamente, ‘Kuni’ (escrito con el Kanji 国 o 國) es un
sustantivo independiente que, según Frellesvig (2010), significa ‘tierra’, ‘país’,
‘provincia’ o ‘reino’ y combina el uso ceremonial del sánscrito
(escritura Siddhaṃ / Shittan) para traducir conceptos clave del
sánscrito como buddhakṣetra («campo o tierra
búdica»), dando lugar a términos exegéticos como Butsu-koku o Buddha
no kuni (仏の国, «El Reino/Tierra del Buda»).
Desde una
perspectiva filológica e instrumental (un sistema de signos, etiquetas y
reglas gramaticales que un ser utiliza para nombrar cosas que ya existen ahí
fuera de sí), entendemos la existencia de una coincidencia fortuita, pero si
consideramos que no hay «ser humano» antes del lenguaje, entonces creemos que
esta coincidencia no es fortuita. Es el lenguaje que habitamos el que, según
Heidegger (1990), abre la dimensión donde el mundo se vuelve inteligible para
nosotros y quizás esta coincidencia nos está diciendo algo para los cuales
nosotros aún no estamos preparados. Desde esta perspectiva: el lenguaje habla
primero a través de nuestra cultura, historia y tradición con lo cual, el
establecimiento de un ‘origen’ pasa a ser la orientación a seguir en una futura
investigación.
En un plano
intuitivo, navegamos de lo particular, la palabra ‘Edakuni’, para tratar de
pensar en lo universal en un proceso creativo de desocultación donde ha estado
en juego una palabra. En este sentido, hemos hecho una correlación a través de
una palabra para acceder a través de sus míticos significados y usos al ser a
partir del ser desde la perspectiva civilizacional[1].
En este sentido, Heidegger (1996), nos recuerda que
«El lenguaje no es sólo ni en primer
lugar una expresión verbal y escrita de lo que ha de ser comunicado. El
lenguaje no se limita a conducir hacia delante en palabras y frases lo revelado
y lo oculto, eso que se ha querido decir: el lenguaje es el primero que
consigue llevar a decir lo abierto a lo ente en tanto que ente».
Consideramos
que la palabra conlleva la creación y la significación: es el puente entre el
sujeto y aquello que le resulta trascendente o útil. Sin embargo, la expresión
como tal es un instrumento, un medio orientado a un ‘para’. Este ‘para’ —el
fin— es lo verdaderamente significativo y hemos encontrado desde una
perspectiva mítico-religiosa. En este sentido, como se expresa en Lares et al.
(2012), la expresión oral o escrita es una herramienta para alcanzar dicho fin:
el ser-en-el-mundo.
No obstante,
además de un instrumento, la palabra es también un fin en sí misma, pues
mediante la comunicación se es y se está. Este ser-estar impulsa una reflexión
sobre sí mismo, tanto en cuanto ser-en-el-mundo como ser-con-los-otros.
‘Edakuni’, en este contexto, es una palabra que nos está indicando una manera
de ser-en-el-mundo que no ha sido valorada. Por ello, este estudio expresa la
necesidad de descubrir y desvelar la expresión ancestral, convirtiendo este
proceso en el rumbo para desocultarse a sí mismo y al mundo.
La palabra
es, en definitiva, medio y fin. Es medio en tanto que desoculta, porta y
traslada lo inexplicable a lo explicable presentando nuevas perspectivas. Es
fin porque, para desocultar, la palabra también debe ser desocultada y asumida
como significante y significado; en este acto creativo y totalizador, es la que
permite ajustar lo significativo, lo posible y un nuevo horizonte para la
trascendencia.
5.- Corolario
Si el lenguaje no es un mero instrumento de
representación externa, sino la morada ontológica donde el Ser se desoculta y
el mundo se vuelve inteligible, entonces la coincidencia fonética y simbólica
de la partícula ‘kuni’ (y el término ‘Edakuni’) entre la cosmogonía Ye'kuana,
el Advaita Vedānta y el Budismo Zen deja de ser un azar lingüístico para
erigirse en un principio revelador de la condición humana.
Existe, entonces, una estructura mitopoética y
ontológica compartida que busca nombrar el «Centro Originario», la masa fluida
de metamorfosis y la conexión indivisible entre la tierra y lo sagrado. En
consecuencia, la preservación del Watunna no constituye solo la
salvaguardia de la memoria de un pueblo indígena, sino la custodia de un código
metafísico universal —impreso en el horizonte cultural venezolano y
sudamericano— cuya palabra (medio y fin) ofrece una vía imprescindible para
desocultar nuevas formas de ser-en-el-mundo, mediar con la naturaleza y
restaurar el equilibrio entre lo terrenal y lo trascendente frente a la
entropía contemporánea.
6.- Referencias consultadas
Blanco, E.
(2026). ‘Edakuni’: Más allá de la coincidencia fonética en India, Venezuela y
Japón. Caracas. Festina Lente B.G. Documento en línea. Disponible:
https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/03/edakuni-mas-alla-de-la-coincidencia.html
y https://substack.com/home/post/p-196849473
Civrieux, Jean Marc de (2025). Watuna. Un ciclo de creación en el Orinoco.
Caracas. Monteavila editores Latinoamericana. 306 p. Documento en línea.
Disponible:
https://monteavilaeditores.com/wp-content/uploads/2025/06/Watunna.-Jean-Marc-De-Civrieux-Libro-digital.pdf
Frellesvig, Bjarke. (2010). A History of the Japanese
Language. Cambridge: Cambridge University Press
Heidegger, Martín (1990). De camino al habla. 2° ed. Barcelona. (T. Y.
Zimmermann). Ediciones del Serbal. 245 p.
Heidegger,
M. (1996). El Origen de la Obra de Arte. Madrid. (T. H. Cortés y A.
Leyte). En: Heidegger, Martín, Caminos de bosque. Alianza Editorial. 62 p.
Lares, I.,
Llanes, G., Corro, P. y Blanco, E. (2012). Epistemología y complejidad: una
aproximación a la cibernética de 3º orden. Caracas. Festina Lente BG.
Documento en Línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2012/03/epistemologia-y-complejidad-una_05.html
Mayrhofer, Manfred. (1992–2001). Etymologisches
Wörterbuch des Altindoarischen (EWAia). Heidelberg: Carl Winter
Universitätsverlag.
Meira, Sérgio. (2000). A Reconstruction of Proto-Cariban
Phonology and Lexicon. Anthropological Linguistics, 42(2), 187-230.
Perera, M. y
Rivas, P. (ed.). (2017). Los aborígenes de Venezuela. Volumen V. Etnología
Contemporánea III. Caracas. Fundación La Salle. 1033 p


