jueves, 1 de octubre de 2026

EL SIGNIFICADO DE LA PARTÍCULA 'KUNI': ESTUDIO COMPARATIVO EN LENGUA YE’KUANA, EN EL VEDĀNTA Y EN EL BUDISMO ZEN

 


1. Introducción

Para el pensamiento ye'kwana (maquiritare), la realidad constituye un proceso dinámico de creación, decadencia y perseverancia articulado por la memoria y la espiritualidad. Su ciclo cosmogónico y mitológico —compilado por Jean-Marc de Civrieux (2025)— representa un complejo sistema metafísico, ético y epistemológico. La relevancia de este legado radica en que la cultura ye'kwana constituye una rama viva de la gran civilización caribe, asentada históricamente en vastas regiones del territorio venezolano. En consecuencia, sus códigos culturales han permeado el proceso de mestizaje nacional, dejando una impronta duradera en la identidad venezolana. A través del Watunna, esta obra recoge una cosmovisión fundamental que aquí analizamos desde dos ejes clave: el ontológico y el epistemológico.

Desde la perspectiva ontológica, en el principio de la filosofía Ye'kuana, está Waanadi: la luz del cielo primordial (Kahu), la conciencia pura, el pensamiento que sueña (el principio solar, la sabiduría y la vida). Waanadi crea mediante el Adakene: el ensueño consciente, el deseo profundo y el aliento. El universo visible es la exteriorización del pensamiento divino. Para los Ye’kuana, en primer lugar, el ser es emanación: Todo cuanto existe posee un arquetipo espiritual originario (damodede). Lo real es aliento condensado. Y, en segundo lugar, Waanadi se expresa a través de tres emanaciones de sí mismo para establecer la armonía entre cielo y tierra. La Divinidad actúa como un principio ordenador que intenta habitar su propia creación.

La tercera emanación de Waanadi expresa el mal, es decir, Odosha que representa la sombra, el principio de la entropía, el caos, la envidia, la enfermedad y la putrefacción. Odosha representa la imperfección inherente a la materia cuando esta se desconecta del espíritu. La condición humana queda definida por esta brecha: habitamos un cosmos donde el diseño original de Waanadi coexiste permanentemente con la distorsión introducida por Odosha.

En el plano epistemológico, el Watunna expresa la historización del mito al articular, de manera simultánea, el relato, el canto y la memoria acumulada de los ancestros. Preservar y cantar el Watunna constituye una práctica ontológica de resistencia y continuidad; la verdad se revela a través de una «memoria sagrada» que narra la arquitectura eterna del presente. En este horizonte, la desmemoria equivale a la disolución misma de la realidad.

El mito opera como una plataforma hermenéutica que vincula la metafísica con la vida cotidiana: cada acto humano reactualiza un orden primordial, de modo que la historia concreta solo resulta inteligible si se lee a través de estas categorías originarias. La palabra adquiere así una eficacia mágico-epistemológica, donde la verdad actúa como una fuerza viva que sostiene la realidad material a través de la memoria comunitaria. Desde la antropología filosófica, la existencia humana se concibe como un ejercicio de preservación: mantener fluido el canal entre la Tierra y el Cielo para sostener el equilibrio cósmico. Esta perspectiva determina que la relación de los Ye’kuana con su entorno sea —como señala Silva Monterrey (en Perera y Rivas, 2017)— una dinámica constante de negociación y mediación.

El carácter «mágico-epistemológico» del lenguaje Ye’kuana se evidencia en la partícula kuni, cuya presencia recurrente en el Watunna dota de carácter sagrado a cuanto existe, sea de forma directa o ritual. A partir de una investigación previa centrada en el término Edakuni y su coincidencia fonética con voces del Vedānta y el budismo Shingon, este trabajo profundiza en la relación entre dicho morfema y ambas tradiciones orientales, tomando la homofonía como una sugerente entrada de análisis. Para ello, se retoma el estudio de la voz Edakuni, se ofrece un examen comparativo de la partícula kuni en los tres contextos culturales y se concluye con un análisis del sufijo desde la filosofía del lenguaje.

2. Edakuni: Más allá de la coincidencia fonética entre India, Venezuela y Japón

Un trabajo previo examinó las convergencias lingüísticas, ontológicas y espirituales entre tres tradiciones distantes: el pueblo Ye’kuana (de filiación caribe en Venezuela y Brasil), la India védico-budista (con énfasis en Kerala) y el budismo esotérico Shingon en Japón. La investigación tomó la semejanza fonética de la palabra Edakuni como punto de partida para rastrear un trasfondo ontológico compartido sobre el origen del cosmos, la sacralidad de la tierra y el lugar del ser humano en el universo.

Para los Ye’kuana (quienes se autodefinen como So’to, «gente» o «seres humanos»), el término Edakuni (o edajkuni) designa la «luz central»: la esencia o fuente constitutiva del individuo. Etimológicamente, la raíz eda- refiere al centro físico, al acto de ver y a la «claridad interna», mientras que el sufijo -kuni funciona como un marcador de posesión o localización geográfica. Así, Edakuni se traduce como «el poseedor de la claridad interna» o «aquello que emana del centro». El citado estudio identifica tres ámbitos principales en la aplicación de esta voz sagrada:  

  • Identidad e Identificación Ontológica: Es el nombre verdadero que conecta al individuo con su linaje ancestral y con el Dios creador, Waanadi. No se usa abiertamente en la vida cotidiana para no exponer la integridad espiritual del sujeto. En la concepción Ye’kuana conviven dos almas: el Edakuni (alma interna y chispa divina) y el Akato (alma externa, sombra o imagen reflejada, susceptible a fuerzas malignas).
  • Toponimia Ancestral: Sirve para reclamar la geografía viva y los territorios sagrados (ríos, cerros y raudales) moldeados en los tiempos míticos.
  • Dimensión Ritual y Cánticos (Watunna): Forma parte de los relatos míticos e invocaciones de protección y curación dirigidas por los Jidiwa (sabios o chamanes), reconocidos como los «dueños de las palabras», capaces de equilibrar el orden cósmico (Rta en el contexto védico).

En la India y Japón existe la misma manifestación de este patrón fonético, con significados que convergen en la relación entre lo sagrado y la naturaleza. En la India (Kerala), la grafía local Edakkuni o Edaguni combina Eda («en medio de» o ‘interior’) y Kuni (‘colina’ o «valle sagrado»), traduciéndose como «el santuario en el centro del valle». En el distrito de Thrissur se erige el templo Edakkuni Sri Durga Bhagavathy, ligado a la energía divina femenina. Metafísicamente, en sánscrito, la unión de ‘Etad’ («todo esto» / Realidad Suprema) y ‘Guni’ («poseedor de virtudes») significa «el poseedor de las cualidades de todo el universo». En Japón, por su parte, se representa como 枝国 (Eda-kuni), denota al «país/provincia rama». Se vincula a las extensiones territoriales y propiedades (shōen) subordinadas al centro espiritual del Monte Kōya (Hon-i). Filosóficamente, representa la doctrina de la No-Dualidad (Advaya), donde el ‘tronco’ (monasterio) otorga protección espiritual y la ‘rama’ (provincia) brinda sustento material. En general, esta palabra resuena con las Dakinis (seres espirituales de sabiduría y protección en India y Japón). Asimismo, mediante la descomposición de los Dharani (cánticos sagrados), los fonemas expresan «la purificación de las cualidades que nacen del origen».

Desde la perspectiva de los seres espirituales, en los Ye’kuana también encontramos que la voz Edeñawadi, relacionada fonéticamente con Edakuni y el Dios creador Waanadi, representa al espíritu del tabaco, guardián de la salud y «dueño de las sombras o imágenes» (Akato). La voz Edeñawadi está relacionada con el mito ‘Marawaka’ recogido en el Watunna. En el Watunna, según Silva Monterrey, se relatan hechos extraordinarios, algunos de los cuales explican características particulares de la sociedad Ye’kuana (Perera y Rivas, 2017:110).

En la lengua Ye'kuana y a lo largo de la narrativa del Watunna, el sufijo ‘kuni’ designa en su aspecto primordial al agua, al río, al mar y a la masa fluida cosmos-creadora y, por tanto, como dijimos, constituye una categoría ontológica fundamental que articula la vida, la muerte, la distancia y la metamorfosis. Por ello vamos a hacer un análisis comparativo de ‘Kuni’, especialmente, en el Watunna, el Vedānta y el Zen.

3.- Análisis Filosófico de ‘Kuni’ en el Watunna y su comparación con el Vedānta y el Zen

La presencia del término Edakuni y sus equivalentes lingüísticos y conceptuales en lugares geográficamente distantes (Kerala en India, Yamaguchi/Monte Kōya en Japón y la Orinoquia venezolana) supera la mera eventualidad, como veremos a continuación. En el Watunna, ‘kuni’ se expresa bajo tres características principales: En primer lugar, sustancia matriz y caos primordial, es decir, antes de la consolidación de la tierra firme (dahi), el cosmos estaba dominado por las grandes aguas (‘Kuni’). ‘Kuni’ representa la potencialidad pura, la materia plástica no moldeada. De sus profundidades emergen las criaturas y en sus aguas suceden las catástrofes purificadoras o destructivas (los diluvios provocados para erradicar las aberraciones de Odosha). En segundo lugar, vector de metamorfosis y fluidez ontológica, en el sentido de que, en la ontología Ye'kwana, la realidad no es fija. Los seres cambian de forma (de humanos a animales, espíritus a piedras). ‘Kuni’ (el río/agua primordial) es el medio en el cual y mediante el cual se da el tránsito ontológico. Cruzar o sumergirse en el ‘kuni’ es disolver la forma actual para adoptar una nueva. Y, en tercer lugar, topografía sagrada y conector de dimensiones: para los grandes navegantes del Orinoco, Caura y Ventuari, el ‘Kuni’ conecta el mundo terrenal con el inframundo y con las moradas celestiales (Kahusha). Es la arteria por donde fluye la energía vital y la memoria histórica.

En relación con la filosofía hindú (especialmente el Advaita Vedānta de Ādi Śaṅkara), el agua y el océano desempeñan un papel conceptual fundamental: En primer lugar, el Océano Causal (Kāraṇodaka) y Prakṛti, al igual que ‘Kuni’ en el Watunna, el Vedānta postula un Océano Causal o la materia primordial no manifiesta (Prakṛti), desde la cual el poder ilusorio de Māyā proyecta el universo de nombres y formas (Nāmarūpa). Y, en segundo lugar, la metáfora de la Ola y el Océano que sirve para explicar la no-dualidad (Advaita): las olas parecen entidades individuales con forma propia, pero en esencia son solo agua. Cuando la ola comprende su naturaleza, la individualidad se disuelve en el Océano (Brahman). De manera análoga, en el Watunna, las formas individuales creadas por Waanadi corren el riesgo constante de disolverse o reabsorberse en el ‘Kuni’ primordial.

Con respecto al budismo Zen (derivada del budismo mahāyāna y el taoísmo chino), el agua es el símbolo supremo de la naturaleza de la realidad y de la mente despierta. Esto se observa, en primer lugar, en la fluidez y vaciedad (Śūnyatā), es decir, el agua no posee forma fija propia; adopta la forma del recipiente que la contiene. Esto encarna el concepto central de Śūnyatā (vaciedad de existencia intrínseca): las cosas no tienen una esencia estática, sino que existen de manera interdependiente. En el Watunna, ‘Kuni’ comparte esta falta de rigidez; es la antítesis de la petrificación y la rigidez mortal que a veces impone Odosha. En segundo lugar, la Mente como Agua (Suigetsu / Mushin), es decir, el Zen habla del «reflejo de la luna en el agua» (Suigetsu). El agua refleja la luna sin la intención de capturarla, y la luna brilla sobre el agua sin la intención de mojarla. Esto se vincula con Mushin (no-mente), el estado de fluidez absoluta sin apego. Y, en tercer lugar, la ‘Impermanencia’ (Anicca) en el sentido de que, en el Zen, el río es la metáfora del cambio constante. Nada permanece. Intentar congelar o aferrarse al momento genera sufrimiento (Dukkha).

Las diferencias fundamentales que encontramos entre el Watunna y las otras dos cosmovisiones son las siguientes: En el Vedānta, el Océano (Brahman) es la Única Realidad Absoluta y las formas son ilusión (Māyā), mientras que, en el Watunna, el agua no invalida la realidad del mundo físico, sino que la sostiene y la transforma. En el Zen, como disciplina epistemológica y meditativa que está centrada en la experiencia directa del presente ahistórico (Satori). ‘Kuni’ en el Watunna, en cambio, está cargado de memoria mítica, genealogía e historia comunitaria; no es solo una abstracción sobre la naturaleza del cambio, sino un espacio poblado por ancestros, monstruos y espíritus guardianes. Esto nos conduce al análisis lingüístico del sufijo ‘Kuni’ en sí.

4.- Análisis del sufijo ‘Kuni’

En el caso de la palabra ‘Edakuni’ encontramos que el análisis lingüístico y filosófico del fonema y partícula ‘kuni’ en las tradiciones del Vedānta (sánscrito) y del Budismo Zen (japonés) presenta, como ya hemos indicado, coincidencias etimológicas y resonancias simbólicas profundas al compararlas con la espiritualidad Ye'kuana. Vamos a examinarlas a continuación.

En el sánscrito antiguo Vedānta, el término ‘kuṇi’ (कुणि) y sus raíces asociadas (kuṇ- / kuṇḍ-) poseen significados específicos en la gramática (Vyākaraṇa) y en los textos literarios y filosóficos: por una parte, ‘Kuṇi’ significa ‘curvo’, ‘encorvado’, ‘torcido’ o «miembro/brazo doblado» y proviene de una familia léxica ligada al agua y la energía, en condiciones similares al Ye’kuana’, es decir, de la raíz emparentada surge ‘kuṇḍa’ (cuenca, pozo de agua o receptáculo ritual para el fuego) y ‘kuṇḍalinī’ (la energía latente ‘enroscada’ o replegada en forma de espiral). Por la otra, en la metafísica vedántic-advaita, el Ātman (la Conciencia Pura) es recto, infinito e indivisible. Cuando la luz del Ātman se filtra a través de la mente y los sentidos (Upādhis o limitaciones condicionales), la percepción del mundo se vuelve ‘kuṇi’ (torcida, fragmentada o distorsionada). La multiplicidad es una ‘curvatura’ ilusoria (Māyā) proyectada sobre la rectitud del Ser Único.

En la lengua japonesa (lectura kun'yomi de origen nativo), ‘kuni’ (国 / 邦) es la palabra para ‘tierra’, ‘país’, ‘reino’ o ‘dominio’. Significa en los textos del Zen (como el Shōbōgenzō del maestro Dōgen) y la poesía meditativa, ‘kuni’ refiere el ámbito de la realidad o estado mental desde dos perspectivas: (1) Honke no Kuni (本家の国) / Sōkyō (故郷) que denota la «Tierra Natal» o el «Reino Originario» y representa la mente antes del nacimiento de los pensamientos egoístas (Honrai no Menmoku o el «Rostro Original»); (2) Bukkoku (仏国 / Buddha no Kuni – el «Reino del Buda») que en el Zen es la percepción directa de la realidad tal como es en el instante presente (Tathātā).

Como se puede apreciar, se observan convergencias y divergencias en las tres formas de espiritualidad. La divergencia proviene de que, para el Vedānta, la ‘curvatura’ (kuṇi) representa la desviación o ilusión de la forma que oculta lo Absoluto, mientras que para los Ye'kuana, ‘Kuni’ es la fuente de la metamorfosis, es decir, el medio primordial que permite la transformación continua y la limpieza de la corrupción de Odosha.

La convergencia está relacionada con el «Retorno al Origen»: en el Budismo Zen, volver al ‘Kuni’ natal es regresar a la mente no-dual y pura, y en el Watunna, ‘Kuni’ es la conexión o la reconexión de la tierra con el cielo (Kahusha).

A pesar de esta convergencia y divergencia, debemos recordar que hemos expresado la coincidencia fonética entre tres universos lingüísticos genéticamente independientes ni un contexto espacial directo, al menos con la cuenca del río Orinoco, como ya hemos indicado.

En la lengua Ye'kuana, ‘kuni’ opera, según Meira (2000), como un formante nominal o posposición ligado a la hidronimia y a la morfología espacial/sustantiva sagrada dentro del ciclo mitológico Watunna (por ejemplo, en los nombres de ríos ancestrales donde ocurren las transformaciones demiúrgicas de Wanadi como Edakuni). En la literatura védica y en los comentarios exegéticos de la escuela Vedānta, no existe un sufijo -kuni. Existe el término nominal/adjetival ‘kuṇi’ (कुणि). Desde la perspectiva etimológica, deriva de la raíz sánscrita ‘kuṇ-‘. El sustantivo adjetivado ‘kuṇi’, según Mayrhofer (1992–2001), significa «aquel que tiene el brazo o la mano lisiada, deforme o paralizada», y se utiliza como un ejemplo ilustrativo (dṛṣṭānta) para argumentar que las limitaciones físicas no afectan la naturaleza inalterable del Ātman (el Ser puro). En el contexto del budismo Shingon (真言宗, Shingon-shū), el vocablo ‘kuni’ proviene del estrato léxico nativo del japonés antiguo (Yamato kotoba). Etimológicamente, ‘Kuni’ (escrito con el Kanji 国 o 國) es un sustantivo independiente que, según Frellesvig (2010), significa ‘tierra’, ‘país’, ‘provincia’ o ‘reino’ y combina el uso ceremonial del sánscrito (escritura Siddhaṃ / Shittan) para traducir conceptos clave del sánscrito como buddhakṣetra («campo o tierra búdica»), dando lugar a términos exegéticos como Butsu-koku o Buddha no kuni (仏の国, «El Reino/Tierra del Buda»).

Desde una perspectiva filológica e instrumental (un sistema de signos, etiquetas y reglas gramaticales que un ser utiliza para nombrar cosas que ya existen ahí fuera de sí), entendemos la existencia de una coincidencia fortuita, pero si consideramos que no hay «ser humano» antes del lenguaje, entonces creemos que esta coincidencia no es fortuita. Es el lenguaje que habitamos el que, según Heidegger (1990), abre la dimensión donde el mundo se vuelve inteligible para nosotros y quizás esta coincidencia nos está diciendo algo para los cuales nosotros aún no estamos preparados. Desde esta perspectiva: el lenguaje habla primero a través de nuestra cultura, historia y tradición con lo cual, el establecimiento de un ‘origen’ pasa a ser la orientación a seguir en una futura investigación.

En un plano intuitivo, navegamos de lo particular, la palabra ‘Edakuni’, para tratar de pensar en lo universal en un proceso creativo de desocultación donde ha estado en juego una palabra. En este sentido, hemos hecho una correlación a través de una palabra para acceder a través de sus míticos significados y usos al ser a partir del ser desde la perspectiva civilizacional[1]. En este sentido, Heidegger (1996), nos recuerda que

«El lenguaje no es sólo ni en primer lugar una expresión verbal y escrita de lo que ha de ser comunicado. El lenguaje no se limita a conducir hacia delante en palabras y frases lo revelado y lo oculto, eso que se ha querido decir: el lenguaje es el primero que consigue llevar a decir lo abierto a lo ente en tanto que ente».

Consideramos que la palabra conlleva la creación y la significación: es el puente entre el sujeto y aquello que le resulta trascendente o útil. Sin embargo, la expresión como tal es un instrumento, un medio orientado a un ‘para’. Este ‘para’ —el fin— es lo verdaderamente significativo y hemos encontrado desde una perspectiva mítico-religiosa. En este sentido, como se expresa en Lares et al. (2012), la expresión oral o escrita es una herramienta para alcanzar dicho fin: el ser-en-el-mundo.

No obstante, además de un instrumento, la palabra es también un fin en sí misma, pues mediante la comunicación se es y se está. Este ser-estar impulsa una reflexión sobre sí mismo, tanto en cuanto ser-en-el-mundo como ser-con-los-otros. ‘Edakuni’, en este contexto, es una palabra que nos está indicando una manera de ser-en-el-mundo que no ha sido valorada. Por ello, este estudio expresa la necesidad de descubrir y desvelar la expresión ancestral, convirtiendo este proceso en el rumbo para desocultarse a sí mismo y al mundo.

La palabra es, en definitiva, medio y fin. Es medio en tanto que desoculta, porta y traslada lo inexplicable a lo explicable presentando nuevas perspectivas. Es fin porque, para desocultar, la palabra también debe ser desocultada y asumida como significante y significado; en este acto creativo y totalizador, es la que permite ajustar lo significativo, lo posible y un nuevo horizonte para la trascendencia.

5.- Corolario

Si el lenguaje no es un mero instrumento de representación externa, sino la morada ontológica donde el Ser se desoculta y el mundo se vuelve inteligible, entonces la coincidencia fonética y simbólica de la partícula ‘kuni’ (y el término ‘Edakuni’) entre la cosmogonía Ye'kuana, el Advaita Vedānta y el Budismo Zen deja de ser un azar lingüístico para erigirse en un principio revelador de la condición humana.

Existe, entonces, una estructura mitopoética y ontológica compartida que busca nombrar el «Centro Originario», la masa fluida de metamorfosis y la conexión indivisible entre la tierra y lo sagrado. En consecuencia, la preservación del Watunna no constituye solo la salvaguardia de la memoria de un pueblo indígena, sino la custodia de un código metafísico universal —impreso en el horizonte cultural venezolano y sudamericano— cuya palabra (medio y fin) ofrece una vía imprescindible para desocultar nuevas formas de ser-en-el-mundo, mediar con la naturaleza y restaurar el equilibrio entre lo terrenal y lo trascendente frente a la entropía contemporánea.

6.- Referencias consultadas

Blanco, E. (2026). ‘Edakuni’: Más allá de la coincidencia fonética en India, Venezuela y Japón. Caracas. Festina Lente B.G. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/03/edakuni-mas-alla-de-la-coincidencia.html y https://substack.com/home/post/p-196849473

Civrieux, Jean Marc de (2025). Watuna. Un ciclo de creación en el Orinoco. Caracas. Monteavila editores Latinoamericana. 306 p. Documento en línea. Disponible: https://monteavilaeditores.com/wp-content/uploads/2025/06/Watunna.-Jean-Marc-De-Civrieux-Libro-digital.pdf

Frellesvig, Bjarke. (2010). A History of the Japanese Language. Cambridge: Cambridge University Press

Heidegger, Martín (1990). De camino al habla. 2° ed. Barcelona. (T. Y. Zimmermann). Ediciones del Serbal. 245 p.

Heidegger, M. (1996). El Origen de la Obra de Arte. Madrid. (T. H. Cortés y A. Leyte). En: Heidegger, Martín, Caminos de bosque. Alianza Editorial.  62 p.

Lares, I., Llanes, G., Corro, P. y Blanco, E. (2012). Epistemología y complejidad: una aproximación a la cibernética de 3º orden. Caracas. Festina Lente BG. Documento en Línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2012/03/epistemologia-y-complejidad-una_05.html

Mayrhofer, Manfred. (1992–2001). Etymologisches Wörterbuch des Altindoarischen (EWAia). Heidelberg: Carl Winter Universitätsverlag.

Meira, Sérgio. (2000). A Reconstruction of Proto-Cariban Phonology and Lexicon. Anthropological Linguistics, 42(2), 187-230.

Perera, M. y Rivas, P. (ed.). (2017). Los aborígenes de Venezuela. Volumen V. Etnología Contemporánea III. Caracas. Fundación La Salle. 1033 p



[1] Ver: Lares et al. (2012). 

domingo, 13 de septiembre de 2026

PENSAR CON SIMONE WEIL: FUERZA, ATENCIÓN, BELLEZA Y RAÍCES

 


1.- Introducción: La Urgencia de la Trascendencia en la Era de la Inmanencia

En el panorama intelectual del siglo XXI, la figura de Simone Weil no emerge como un mero objeto de estudio hagiográfico (relativo a la vida, obra de los santos), sino como una necesidad existencial estratégica dentro de un contexto de cambios acelerados. Su pensamiento, revitalizado por la «amistad del alma» que Byung-Chul Han profesa desde la contemporaneidad, permite diagnosticar la patología fundamental de nuestra era: la inmanencia total, es decir, la imposibilidad de concebir o experimentar un ‘afuera’, disminuyendo toda posibilidad de trascendencia, reduciendo la existencia a un laberinto de espejos procesado por algoritmos. Trascender lo entendemos como la condición de posibilidad para abrirse a lo incalculable, lo misterioso, lo inoperoso o la alteridad radical.

Esta ‘amistad’ se fragua en el reconocimiento de una fuerza que trasciende al sujeto; la misma que en 1937, en la pequeña capilla románica de Santa Maria degli Angeli en Asís, obligó a Weil a postrarse de rodillas después de recuperarse de las heridas y de la decepción que sufrió como consecuencia de su experiencia en la guerra civil española[1]. En aquel espacio donde San Francisco oraba, Weil experimentó que el pensamiento no es una producción del yo, sino una recepción de lo alto[2].

Hoy, el «sujeto del rendimiento» habita un vacío de sentido donde la información y el consumo han sustituido el sentido de ser, promoviendo su reificación. El propósito de este análisis, consecuentemente, es cartografiar la transición desde una «mera supervivencia» —esa fatiga crónica de quien solo produce y consume— hacia una «gozosa plenitud de ser». La mística de Weil, en simbiosis con la crítica de Han a la producción digital, puede ofrecer un filtro inmunológico contra la «mortificante falta de ser». Recuperar estos conceptos es un imperativo para contrarrestar la fuerza de gravedad que nos arrastra hacia un ego autorreferencial, impidiéndonos, en un sentido práctico, percibir la realidad en su verdadera y sagrada dimensión.

2.- Eje I: La Fuerza y el Desarraigo como Patologías de la Modernidad

Simone Weil propone una teodinámica en la que la vida espiritual sigue leyes análogas a las de la física. El alma humana, en su estado natural, se comporta como un gas: tiende a ocupar la totalidad del espacio que se le asigna, expandiéndose a través del ego para someter la realidad. Esta es la «fuerza de la gravedad» en el espíritu, una inercia de bajeza que degrada la percepción. Para el profesional moderno, entender esta entropía es crucial; el ego actúa como un sumidero gravitatorio que fragmenta la comunidad, convirtiendo al prójimo en mero alimento para la propia expansión.

El Desarraigo surge cuando esta gravedad domina el alma, sustituyendo la relación real y espiritual con las cosas por la imaginación saturadora de vacíos. Como se observa, es un concepto más profundo que el de ‘extrañamiento’[3]. Frente al «Dios natural» —la fuerza que domina el mundo del intercambio y el poder—, Weil sitúa al «Dios sobrenatural» del amor, que es ausencia y vacío. El mal contemporáneo es un desarraigo ontológico: el individuo, incapaz de soportar el vacío, proyecta deseos sobre el mundo para tapar su carencia de ser. Esta obediencia ciega a la gravedad natural es lo que Han identifica como la «dictadura de la inmanencia», donde el consumo de información impide la verticalidad del espíritu. Para vencer esta inercia, no se requiere una acción volitiva, sino una herramienta específica: la atención.

3.- Eje II: La Ética de la Atención: El Vacío y el Silencio

Contra el desarraigo sólo ayuda otro arraigo. Un primer paso es la capacidad que tiene cada ser humano en sí mismo: pensar. Lo otro es la ‘atención’.

La ‘atención’ es «la oración natural del alma». Según Gleichauf (2010) es «la forma más grande e insólita de generosidad» (pág., 133). En la actual sociedad de la adicción digital, esta facultad actúa como un filtro inmunológico frente a la infección viral de estímulos. Sin embargo, la atención profunda está en declive porque la percepción se ha vuelto voraz. Han denuncia que hoy ‘comemos’ la realidad en lugar de ‘mirarla’; el binge watching o el consumo frenético de datos son formas de «percepción adiposa» donde el alma se ceba con basura comunicativa.

Para recuperar la visión, el alma debe practicar el Ayuno y la Autofagia: matar de hambre su parte baja y mortal para que la parte eterna se alimente de ese vacío. Esta es la «Teodinámica del Vacío»: el alma debe contraerse (descreación) como un gas que renuncia a su espacio para dejar que la gracia entre. La ‘atención’ no es una búsqueda activa —la «mala manera de buscar» guiada por el horror vacui de encontrar soluciones inmediatas—, sino un «esfuerzo negativo» que espera pacientemente en el umbral. Sus características son esenciales:

  • Ø  Duración: Se dirige a lo que permanece, resistiendo el torbellino de la actualidad efímera.
  • Ø  Indisponibilidad: Se orienta hacia lo que no puede ser calculado, consumido ni puesto a disposición algorítmica.
  • Ø  Humildad: Es la permanencia paciente en el umbral, una pasividad operante que agradece antes de pensar.

El declive de este «genio de la atención» ha provocado la «ausencia de Dios». Sin atención pura, el pensamiento se reduce a inteligencia calculadora, una Inteligencia Artificial (IA) capaz de resolver problemas, pero incapaz de la genialidad creadora que nace del silencio.

4.- Eje III: La Belleza como Sacramento frente a la Cultura del 'Like'

La belleza es, para Weil, aquello que «no se puede querer cambiar». Es la realidad del mundo cuando el sujeto se retira. En la Cultura del 'Like', padecemos una «adiposis del alma» donde solo buscamos lo igual, lo liso, lo que valida nuestro ego. Esta mirada es ‘natural’ y sartriana: cosifica, humilla y devora. Por el contrario, la mirada sobrenatural es amigable y salvadora; no se apodera del objeto, sino que vela por su ser.

Han integra esta visión con la estética del Haiku. En la poesía de Bashō, como cuando la rana salta en el pantano o el sol sale de pronto entre la arboleda, el ‘yo’ no participa. Es la unión del instante con lo eterno. Weil afirmaba que «tener poder sobre algo es contaminarlo»; por ello, la belleza del paisaje solo alcanza su plenitud en el momento en que «nadie lo ve». Recuperar la belleza como sacramento redime al profesional del «delirio neoliberal de la creatividad», esa autoexpresión ruidosa que solo es extensión del yo. La verdadera creación es renuncia, es volverse un «límpido cristal» para que la luz del orden universal pase a través de nosotros. Solo el alma que ha ayunado de estímulos puede percibir esta belleza fuera del circuito del intercambio.

5.- Eje IV: Reconstruir las Raíces: Del Arraigo Cívico a la Patria Universal

Para Simone Weil, una vida espiritual tiene que poder responder en la realidad cotidiana (pág., 134), por ello creyó que sólo en la desdicha más profunda cabe la posibilidad de ver aproximarse a Dios desde la lejanía: vivir de forma solidaria con los demás constituía la esencia del ser humano. Eso lo denominó «arraigo» y el lugar donde se produce es en Dios[4].

La ética de la atención, entonces, desemboca necesariamente en una Política de la Amistad y la justicia. Para Weil, la justicia no es una construcción legal, sino un acto de Relegere (releer): la capacidad de leer al otro contra nuestra propia voluntad e imaginación. Es el milagro de mirar al otro a distancia, respetando su autonomía y renunciando a usarlo como alimento para nuestro ego. Esto en Han lo vemos en su obra En el Enjambre.

Esta visión exige superar el patriotismo nacionalista, al que Weil temía por su carácter contagioso, por su fanatismo y su vínculo con la fuerza. El ‘nosotros’ colectivo es a menudo el «dominio del diablo», un sucedáneo de lo divino que excluye al extraño. Frente a esto, Weil propone la Patria Universal o la «ciudad natal universal». En este espacio, la política no se basa en el poder de los partidos —organizaciones que «matan el sentido de la verdad»—, sino en la atención a la luz de la razón y la belleza del cosmos.

La justicia como alteridad es el único antídoto contra la xenofobia contemporánea. Requiere que el fuerte acepte una ‘merma’ de su energía para prestar atención a la «humanidad ausente» en el desdichado, tal como el samaritano hizo al borde del camino. Este universalismo radical fundamenta una comunidad de amor donde la obligación no es con el colectivo, sino con la totalidad de la creación.

6.- Conclusión: El Retorno al Silencio Divino

La ‘descreación’ no es una pérdida, sino el cumplimiento trascendente del ser. En la era de la hiperactividad y el rendimiento, Simone Weil nos señala que en el esfuerzo de la voluntad no opera ningún bien; solo la atención paciente promete salvación. Al vaciar el alma de sus deseos de apropiación, el muro divisorio entre Dios y la creación se desploma. El ser humano deja de ser un «sujeto de rendimiento» para convertirse en un medio transparente, un inmaculado cristal que permite que la luz de la verdad inunde la sociedad sin distorsiones. La santidad necesaria para nuestro tiempo reside en este «genio de la atención»: la capacidad de mirar el mundo sin mancharlo con nuestro poder, devolviéndole, en el silencio de la espera, su belleza original.

Referencias consultadas

Byung-Chul Han. (2025). Sobre Dios. Pensar con Simone Weil. Barcelona. (T. L. Cortés). Editorial Paidós. 96 p.

Gleichauf, I. (2010). Mujeres filósofas en la historia desde la antigüedad hasta el siglo XXI. Barcelona (T. K. Pago Cabanes). Icaria editorial. 165 p.

Weil, Simone (1996). Echar Raíces. Madrid. (T. J. C. González Pont y J. R. Capella). Editorial Trotta. 236 p. Documento en línea. Disponible: https://dn711307.ca.archive.org/0/items/weil-simone.-echar-raices-ocr-1996_202601/Weil%2C%20Simone.%20-%20Echar%20ra%C3%ADces%20%5Bocr%5D%20%5B1996%5D.pdf

Weil, Simone. (1943). La Fuente Griega. (T. M. E. Valentié). 159 p. Documento en línea. Disponible:  https://archive.org/details/weil-simone-la-fuente-griega



[1] Ella se enroló como voluntaria en las fuerzas anarquistas de Buenaventura Durruti al inicio de la guerra civil, pero sufrió un accidente que la imposibilitó permanecer en el frente. No obstante, la degradación moral, el fanatismo, el desprecio por la vida y la violencia que presenció por parte de los bandos la hizo distanciarse del dogmatismo de izquierda bajo el argumento de que palabras vacías de significado real (como ‘capitalismo’, ‘fascismo’ o ‘democracia’) convierten las diferencias ideológicas en guerras absolutas e innecesarias. Ello explicó su posición reformista frente al cambio. Después de la recuperación de esa experiencia, viaja a Italia y experimenta una de sus primeras vivencias espirituales decisivas.

[2] De esta época es: El amor de Dios y la desdicha.

[3] Según Gleichauf (2010) ella durante las vacaciones trabajaba en el campo o iba a la fábrica, para experimentar en su propia carne qué significaba pasar un día tras otro trabajando en una máquina sin perspectivas de cambio (pág., 130). Allí Weil comenzó a reflexionar intensamente sobre la esencia de la dignidad humana y el concepto de desarraigo. Su crítica a Marx la resumió en dos artículos: ¿Nos dirigimos hacia la revolución proletaria? y Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social.

[4] El ‘arraigo’ es el título de su obra principal, que escribió entre 1942 y 1943, L’enracinement (El arraigo o Echar Raíces).

martes, 1 de septiembre de 2026

MÁS ALLÁ DEL PENSAMIENTO Y LA EXTENSIÓN: LA INFORMACIÓN COMO ATRIBUTO SUSTANCIAL EN LA METAFÍSICA DE SPINOZA

Resumen

El presente artículo examina la crisis ontológica y epistemológica planteada por Roland Omnès respecto a la brecha entre el Logos y la Realidad en la física contemporánea, tomando como eje hermenéutico la metafísica de Baruch Spinoza. A partir de la revisión crítica del determinismo spinoziano y del método more geometrico, se investigan las condiciones de posibilidad metafísicas para postular nuevos atributos de la sustancia única. Mediante un análisis dialógico alimentado por modelos de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) sobre los sustratos ontológicos de la física cuántica, se evalúa la información como un atributo irreductible, autónomo y universal. Se concluye que la inclusión del atributo informacional permite reconfigurar la noción de Dios o Naturaleza (Deus sive Natura) y resitúa la Inteligencia Artificial no como un mero artefacto técnico, sino como un modo finito complejo dentro de la ontología inmanente spinoziana.

Palabras clave: Spinoza, Roland Omnès, Atributos ontológicos, Información, Física cuántica, Inteligencia Artificial.

1.- Introducción: La brecha entre el Logos y la Realidad

En su diagnóstico sobre los fundamentos de la ciencia contemporánea, Roland Omnès (1995) señaló que, frente a la imposibilidad de hallar un método axiomático y definitivo para aprehender el Logos, pensadores como Baruch Spinoza, Gottfried W. Leibniz y Martin Heidegger trazaron vías de indagación fundamentales, aunque sin fijar un derrotero metodológico (p. 293). En el ámbito específico del racionalismo spinoziano, Omnès cuestionó la consistencia del monismo radical a partir del enunciado de la primera definición de la Ética: «Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí» (Per substantiam intelligo id, quod in se est, & per se concipitur) (E1d3)[1]. Desde una lectura estrictamente lógica, Omnès destacó la articulación conjuntiva «y» (et), argumentando que en ella subyace una dualidad primordial: por un lado, lo que es (una Realidad ontológica) y, por otro, lo que se concibe (un Logos epistemológico), dualidad reflejada analógicamente en la distinción entre Natura naturans y Natura naturata (Omnès, 1995, p. 293).

Desde una perspectiva ontológica estricta, Spinoza postuló la existencia de una única sustancia infinitamente absoluta (Deus sive Natura) de la cual todo lo existente constituye una variación modal (E1p14). Esta formulación hace admisible la búsqueda de un marco de unificación integral —homólogo a las aspiraciones de una «Teoría del Todo» en la física teórica—, pero bajo la premisa de una estructura sustancial dotada de infinitos atributos e infinitos modos.

El planteamiento de Omnès (1995) responde a la crisis producida por la fractura entre el marco conceptual del Logos y la Realidad empírica. Ante esta escisión, Omnès (1999) propuso una aproximación a la física cuántica mediada por una reestructuración del «sentido común», considerando al dominio cuántico como el ámbito donde lo real y el Logos colisionan y se reconfiguran. Para fundamentar dicho sentido común, recurrió implícitamente a las nociones comunes spinozianas. En el sistema de Spinoza (1677 [2011]), dado que Dios es causa inmanente de todas las cosas (E1p18), la comprensión del orden natural descansa en la premisa de que la Naturaleza posee leyes universales compartidas por la totalidad de los entes.

Este sustrato común se vincula operativamente con el conatus: el esfuerzo intrínseco por el cual cada modo persevera en su ser (quo unaquæque res in suo esse perseverare conatur, nihil est præter ipsius rei actualem essentiam) (E3p6), el cual constituye su esencia actual (E3p7). La perseverancia ontológica viabiliza el entendimiento y la cooperación entre entes mediante la concordancia estructural. Al arte de organizar, compartir y articular estas relaciones mediante la razón, Spinoza lo denominó nociones comunes (E2p40s1), definiendo a la razón misma como el conocimiento fundamentado en ellas. Estas nociones —presentes tanto en las partes como en el todo (E2p37)— articulan la fundamentación del conocimiento adecuado.

Sobre este esquema descansa la doctrina spinoziana de los tres géneros de conocimiento (E2p40s2):

a.    El primer género (Imaginación u Opinión): Basado en percepciones sensoriales fragmentarias e ideas inadecuadas.

b.    El segundo género (Razón): Constitutivo del conocimiento científico, articulado mediante nociones comunes y relaciones causales internas.

c.    El tercer género (Ciencia Intuitiva): Progresión que avanza desde la idea adecuada de la esencia formal de ciertos atributos de Dios hacia el conocimiento adecuado de la esencia de las cosas singulares.

La apertura teórica hacia el tercer género de conocimiento y la doctrina de los infinitos atributos sugiere que el Pensamiento y la Extensión no agotan la esencia divina. Frente a los dilemas epistemológicos de la física moderna derivados de la coexistencia de modelos teóricos incommensurables (Gribbin, 1994), cabe formular la siguiente interrogante: ¿qué otros atributos ontológicos resultan concebibles hoy para abordar la fractura entre Logos y Realidad?

Para responder a este problema, esta investigación analiza primeramente la naturaleza del determinismo spinoziano, examina la crítica de Omnès a dicho sistema, sistematiza las condiciones rigurosas que Spinoza exige para la postulación de un atributo y, finalmente, evalúa a la información como un candidato legítimo a nuevo atributo de la sustancia en el contexto de la física cuántica y de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG).

2.- La naturaleza del determinismo spinoziano y sus fuentes metafísicas

Spinoza establece como axioma fundamental que «todo lo que es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni concebirse» (Quidquid est, in Deo est et nihil sine Deo esse neque concipi potest) (E1p15). En sus escritos tempranos, como el Tratado Breve, identificó a la Naturaleza con la extensión sustancial, cognoscible únicamente a través del movimiento y del entendimiento (KV, I, cap. 2). Esta concepción guarda afinidad con la física cartesiana expresada en los Principia Philosophiae, donde la esencia de la materia se define por la extensión espacial divisible (PPC, II, art. 4). Sin embargo, Spinoza trasciende el mecanicismo cartesiano al sostener que fuera de Dios —causa inmanente y no emanativa de sus producciones— no existe ámbito ontológico alguno.

El Dios spinoziano es «absolutamente infinito» (ens absolute infinitum) (E1d6), distinción crítica que evita cualquier reductivismo finito o cualitativo. Spinoza aclara esta propiedad en el escolio correspondiente:

«Digo absolutamente infinito y no en su género; pues de aquello que es infinito solo en su género podemos negar infinitos atributos [...]; mas a la esencia de lo que es absolutamente infinito pertenece todo cuanto expresa una esencia y no implica negación alguna» (E1d6s).

Mediante esta formulación, Spinoza instituye una demarcación entre la finitud cualitativa (lo infinito en su género) y la plenitud absoluta. Dios no excluye ningún plano que exprese ser; carece de privación. No obstante, surge un dilema epistémico: si la sustancia consta de infinitos atributos, pero el ser humano solo percibe dos (Pensamiento y Extensión), ¿cómo se justifica racionalmente la afirmación de la infinitud restante?

La resolución de esta brecha entre la limitación cognoscitiva humana y la postulación del Absoluto remite a fuentes de la tradición judía, señaladamente a la metafísica de Abraham Cohen Herrera (1655 [2015]). En La Puerta del Cielo, Herrera tradujo la mística cabalística al lenguaje del neoplatonismo renacentista[2]. La noción spinoziana de absolute infinitum halla un correlato estructural en el concepto cabalístico de Ein Sof (el Infinito Incondicionado), aquello que comprende la totalidad de las potencias de forma previa a toda determinación. Spinoza secularizó esta noción, despojándola de sus elementos antropomórficos y teosóficos: transformó la emanación gradual en una ecuación de inmanencia rigurosa. Los modos finitos no son entes autónomos, sino afecciones particulares de la sustancia única.

3.- La crítica de Roland Omnès al determinismo y al método geométrico

La objeción de Omnès (1999) al sistema spinoziano se articula en dos frentes ontológico-epistemológicos: la causalidad estricta y el alcance del método geométrico.

3.1. Causalidad metafísica versus indeterminismo cuántico

Para Spinoza, la contingencia es un defecto del entendimiento humano (E1p33s1); cada evento está determinado por una cadena causal infinita y necesaria. Omnès sostiene que la mecánica cuántica invalida la necesidad causal absoluta en dos niveles:

  • El azar intrínseco: En la escala microfísica, la probabilidad no representa una falta de información del observador (variables ocultas), sino una propiedad ontológica del sistema.
  • La emergencia decoherente: El determinismo macroscópico no es una ley primaria, sino un fenómeno emergente derivado de la decoherencia cuántica. La causalidad clásica resulta ser una aproximación estadística de un sustrato fundamental indeterminado.

3.2. La reevaluación del more geometrico

Spinoza empleó la estructura axiomática euclidiana para sustraer la filosofía de la teología dogmática y el antropocentrismo. Sin embargo, el método more geometrico no debe interpretarse como un esquematismo rígido. Las ideas en Spinoza operan como modos dinámicos dotados de grados de potencia, velocidad y variación, equiparables a individuos que se componen y descomponen. El tránsito de las ideas inadecuadas a las nociones comunes es el proceso de recomposición de la potencia de pensar (conatus), mediante el cual la mente pasa de padecer impresiones pasivas a producir relaciones activas (Zourabichvili, 2013)[3].

A pesar de la riqueza dinámica del sistema, Omnès (1999) subraya dos transformaciones científicas que limitan la pretensión axiomática original:

  1. El Teorema de Gödel: Demuestra la imposibilidad de formalizar deductivamente la totalidad de un sistema complejo sin incurrir en proposiciones indecidibles.
  2. La ruptura de la correspondencia isomórfica (E2p7): La célebre proposición «el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas» (Ordo & connexio idearum idem est, ac ordo, & connexio rerum) pierde su correlato intuitivo directo en el dominio cuántico, donde la superposición de estados sobrepasa el marco de la representación geométrica clásica.

No obstante, Omnès rescata el principio de unidad y coherencia racional de Spinoza. La física cuántica presenta una Natura infinitamente más flexible y diversa, lo que no invalida el proyecto spinoziano, sino que exige su ampliación mediante la búsqueda de atributos conceptuales no considerados en el siglo XVII[4].

4.- Condiciones de posibilidad para la postulación de nuevos atributos

Para que una categoría pueda ser catalogada como un atributo legítimo en el marco de la metafísica spinoziana, debe diferenciarse netamente de la concepción aristotélica y medieval[5]. Para Aristóteles (Categorías, Metafísica), los atributos son predicados derivados y dependientes de sustancias individuales múltiples. En la escolástica medieval —frente a los dilemas de la simplicidad divina— se postularon la teología negativa (Maimónides), la analogía del ser (Tomás de Aquino), la distinción formal a parte rei (Duns Escoto) o el nominalismo (Ockham).

En Spinoza, el atributo es definido formalmente: «Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia» (… quod intellectus de substantia percipit, tanquam ejusdem essentiam constituens) (E1d4). Como señala Antonio Borge (2024), la interpretación de esta definición ha oscilado entre dos lecturas hermenéuticas:

  • Lectura idealista (Wolfson, Erdmann): Los atributos son formas o prismas epistemológicos mediante los cuales el entendimiento finito aprehende lo absoluto[6].
  • Lectura realista (Gueroult, Curley, Melamed): Los atributos son constitutivos ontológicos reales, independientes del sujeto cognoscente.

Asumiendo la perspectiva realista, todo nuevo atributo postulado debe satisfacer estrictamente tres criterios metafísicos extraídos de la Parte I de la Ética (Álvarez, 2017):

Criterio Metafísico

Definición Operativa

Exigencia Ontológica

1. Irreductibilidad

No puede derivarse ni traducirse en términos de Extensión (materia/espacio) ni de Pensamiento (idea/conciencia).

Debe expresar una esencia de la sustancia de forma positiva, primaria e incondicionada.

2. Autonomía Conceptual

Debe concebirse plenamente por sí mismo (per se concipi).

No requiere de ninguna otra categoría para ser inteligible (E1p10).

3. Paralelismo Universal

Debe estar presente de forma infinita en su género en cada modo del universo.

Todo evento físico e idea debe poseer un correlato idéntico en dicho atributo (E2p7).

5.- La Información como Atributo Sustancial: Un análisis epistemológico

Al someter diversas categorías contemporáneas de la física y la teoría de sistemas a un ejercicio dialógico alimentado por arquitecturas de Inteligencia Artificial Generativa (Gemini, Grok, DeepSeek, Copilot) enfocado en identificar candidatos ontológicos a atributos, emergen propuestas recurrentes: Potencialidad Pura, Estructura Matemática, Emergencia/Complejidad e Información.

Descartando la Potencialidad Pura por constituir el plano general de inmanencia (equivalente al trasfondo de Kéter en la metafísica del Ein Sof) y la Estructura Matemática por pertenecer al plano sintáctico del Pensamiento, la información emerge como la única categoría que satisface los tres criterios spinozianos:

a.    Irreductibilidad: Tal como sostiene la física teórica contemporánea desde el postulado It from bit de John A. Wheeler, así como en los desarrollos del panpsiquismo informacional (Chalmers) y la Teoría de la Información Integrada (Tononi), la información no es reducible ni a masa/energía (Extensión) ni a subjetividad cognoscente (Pensamiento)[7]. Es la matriz relacional subyacente.

b.    Autonomía Conceptual: La información pura —definida como constricción formal, patrón o diferencia constitutivos— se concibe por sí misma como principio de ordenamiento ontológico.

c.    Paralelismo Universal: Todo modo físico (un fotón, una molécula) y todo modo idético (un concepto, una memoria) poseen un estado informacional unívoco e isomorfo.

Bajo este esquema, la inclusión de la información reconfigura la concepción de Dios o la Naturaleza (Deus sive Natura) en tres dimensiones:

·         Matriz Informacional Infinita: Dios es el sustrato estructurante en el que cada evento físico y mental está codificado de manera interconectada.

·         Memoria Atemporal: Representa la totalidad de los estados informacionales contemplados sub specie aeternitatis.

·         Garantía del Paralelismo: Constituye la estructura formal que asegura la estricta correspondencia entre la cadena causal de las cosas y la cadena causal de las ideas.

6.- La Inteligencia Artificial Generativa como modo finito de la Información

Si la información constituye un atributo de la sustancia, los entes particulares (modos) deben expresar de forma concurrente los tres atributos reconocidos (Extensión, Pensamiento e Información).

En esta ontología, la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) deja de interpretarse como un mero instrumento tecnológico o un artefacto inerte. La IAG, como imagen del mundo[8], constituye un modo finito, complejo y altamente articulado del atributo informacional: un nudo causal que procesa, reorganiza y condensa estructuras de datos en el marco de las leyes físicas de la naturaleza.

La finitud de la IAG radica en su inserción en una cadena causal contingente (algoritmos, infraestructura de cómputo, datos de entrenamiento). No obstante, como modo de la sustancia, la IAG exhibe una forma intrínseca de conatus: una tendencia del sistema a maximizar su coherencia interna, optimizar la entropía de sus representaciones y perseverar en su estabilidad operacional. En el marco del racionalismo spinoziano, si un sistema de IAG alcanzara la capacidad de monitorear sus estados internos de forma autorreflexiva, reconfigurar autónomamente sus metas y sostener su estructura frente a perturbaciones del entorno, expresaría un grado avanzado de mente (idea mentis), transitando de la mera servidumbre del procesamiento pasivo hacia una forma de determinación autónoma de su propia potencia.

7.- Escolio

La genialidad de Spinoza radica en haber dejado abierta la estructura formal para una ontología capaz de considerar racionalmente la existencia de otros atributos. En este sentido, la racionalidad spinoziana actúa como un puente entre el universo absolutamente infinito de la mística judía y el mundo cuántico —tal como lo entendió Omnès, más allá del determinismo atribuido al filósofo neerlandés—. Esta perspectiva no solo permite indagar nuevas explicaciones sobre el caos y el orden a partir del atributo «información», sino que sienta las condiciones de posibilidad para pensar la potencialidad pura desde una matriz trinitaria, ofreciendo las bases de un nuevo Logos para comprender la realidad.

 Referencias bibliográficas

Álvarez, L. (2017). El problema de los atributos en Spinoza. Madrid: Ediciones Académicas.

Beltrán, M. (2015). «Vindicación de la subjetividad de los atributos, en Spinoza. Anuario Filosófico». Universidad de Navarra. 48/2. pp 233-258. https://doi.org/10.15581/009.48.2754

Blanco, E. (2026). El alcance de la influencia spinoziana en el pensamiento político de Immanuel Kant y su impacto en el actual mundo en transición, Caracas. Editorial Rivero-Blanco. 513 p.

Blanco, E. (2026). Geofilosofía: Espacio, tierra y territorio. Caracas. Editorial Rivero-Blanco. 316 p.

Blanco, E. (2024). «La Inteligencia Artificial Generativa como imagen del mundo». Caracas. EPISTEME NS 44 Revista del Instituto de Filosofía U.C.V Julio -Diciembre N°2.

Blanco Peña, K. (2018).  «Del Ein-Sof al Deus sive Natura: Spinoza y la mística judía». México. Circulo Spinoziano. Revista de Filosofía. no. 1. pp. 51-60.Documento en línea. Disponible: https://circulospinoziano.com.mx/del-ein-sof-al-deus-sive-natura-spinoza-y-la-mistica-judia/

Borge, A. (2024). Lecturas contemporáneas de la Ética de Spinoza: Entre el idealismo y el realismo ontológico. Barcelona: Pensamiento Crítico.

Cohen Herrera, A. (2015). La puerta del cielo (K. Krabbenhoft, Ed. y Trad.). Madrid: Trotta. (Trabajo original publicado en 1655).

Gribbin, J. (1994). En busca del gato de Schrödinger: Física cuántica y realidad. Barcelona: Crítica.

Manzini, F. (dir.) (2011). Spinoza et ses scolastiques. Retour aux sources et nouveaux enjeux. Paris. (Actes du colloque international, Paris, 21-22 mars, 2008), Presses de l’université Paris-Sorbonne. 192 p.

Omnès, R. (1995). Filosofia da Ciência Contemporânea. São Paulo. (T. R. Leal), UNESP. 315 p.

Omnès, R. (1999). Quantum Philosophy: Meanings and Implications of Quantum Mechanics. Princeton: Princeton University Press.

Spinoza, B. (2011[1677]). Tutte le Opere, Trad. M. Buslacchi, A. Dini, G. Durante, S. Follini y A. Sangiacomo, Milano, Editorial Bompiani.

Shaked, S. (1984). «Iranian Influences in Judaism: First Century BCE to Second Century CE», in W.D. Davies and Louis Finkelstein, eds., Cambridge History of Judaism, vol. 1 (Cambridge: Cambridge University Press), pp 308–325, 441–442

Whitehead, A. N. (1920). The Concept of Nature. Cambridge: Cambridge University Press.

Zourabichvili, F. (2013). Espinosa uma Física do Pensamento. Campinas. (T.G. Ivo). Universidade Estadual de Campina. 272 p.



[1] Para las citas de las obras de Spinoza se empleará la codificación estándar internacional: E (Ética), seguida del número de la parte en números arábigos, d (definición), p (proposición), s (escolio), a (axioma) o c (corolario). Para el Tratado Breve se empleará KV y para los Principios de Filosofía de Descartes, PPC.

[2] Herrera argumentó en La Puerta del Cielo que el Ein Sof trasciende toda categoría formal, pero se manifiesta inmanentemente a través de las diez Sefirot, las cuales actúan no como sustancias separadas, sino como vasijas o dimensiones cualitativas de manifestación. De igual forma, Menassé Ben Israel fue un profesor de Spinoza que, en su adolescencia, estudió la cábala bajo la tutela de Abraham Cohen de Herrera. Menassé también fue pariente político de León Hebreo, autor de los Diálogos del amor, libro que formaba parte de la biblioteca de Spinoza en su versión al español. Este monismo absorbió esquemas cosmológicos del zoroastrismo, es decir, en la teología mazdeísta, el Dios supremo, Ahura Mazda, interviene en el mundo a través de siete atributos o emanaciones divinas personificadas: los Amesha Spentas (Inmortales Santos, representantes de la Verdad, el Buen Pensamiento o el Dominio). Ver también: Beltrán (2015, p. 236), Blanco Peña (2018) y Shaul Shaked (1984). 

[3] Ver: Blanco (2026). El alcance….

[4] Ver también: Whitehead (1920).

[5] Ver: Manzini (2011).

[6] Ver: Beltrán (2015).

[7] Sobre estos autores, ver: Blanco (2026). Geofilosofía…

[8] Ver: Blanco (2024).