Introducción
La obra que más
encanta de Platón es Timeo, especialmente el dialogo que sostiene Solón con los
sacerdotes egipcios (bajo el reinado de Amasis)[1]. El relato se sitúa en
Sais, Egipto. Solón, el sabio legislador griego, intenta impresionar a los
sacerdotes egipcios hablando de las tradiciones más antiguas de Grecia
(Phoroneo, Niobe, el diluvio). La respuesta del sacerdote es una de las frases
más famosas de Platón:
"¡Oh
Solón, Solón! Vosotros los griegos sois siempre niños; no hay ningún griego
viejo. Y oyendo esto,
preguntó [Solón]: “¿Qué quieres decir con esto?” Y el sacerdote replicó: “Tú
tienes el alma joven, cada uno de vosotros la tiene. Por esto no poseéis ni una
sola creencia que sea antigua y derivada de la vieja tradición, ni tampoco una
ciencia que sea vieja”
Platón
estableció aquí una distinción entre la memoria acumulativa (Egipto) y
el olvido cíclico (Grecia). Para el filósofo, el conocimiento no es solo
acumulación de datos, sino la capacidad de mantener una “tradición de verdad”
que resista los embates del tiempo.
Contenido
1.- Sobre las
palabras ‘filosofía’ e ‘historia’
2.- Pensar la
historia en el mundo pre-griego: Egipto e India
3.- Historia,
Historiografía y Filosofía de la Historia
4.- Hechos,
Causalidad, Progreso, Objetividad, Determinismo-Azar y Sentido
El objetivo con
esta orientación y este derrotero es hacer una introducción a la filosofía de
la historia.
1.- Sobre las
palabras ‘filosofía’ e ‘historia’
Aunque la tradición suele otorgar a Pitágoras el
mérito de haber acuñado el término por una cuestión de humildad de acuerdo con
Cicerón o Diógenes Laercio, Heráclito de Éfeso es fundamental porque en
sus fragmentos encontramos uno de los usos documentados más antiguos y
significativos de la raíz de esta palabra. Su papel no fue solo nominal, sino
conceptual, al definir qué es lo que realmente hace un "amante de la
sabiduría". En el Fragmento B35 aparece explícitamente el término: "Es
necesario que los hombres filósofos (philosophous andras) sean
investigadores (historas) de muchas cosas"[2].
Aquí, Heráclito no usa "filosofía" como una etiqueta de humildad,
sino como una actividad de investigación. Para él, el filósofo es aquel que se
compromete con una búsqueda exhaustiva de la naturaleza de las cosas.
Para Heráclito, ser un “amante de la sabiduría” no es
lo mismo que ser un acumulador de datos como vimos en los egipcios en el
dialogo de Solón y Amasis en el Timeo de Platón, una obra realizada mucho
tiempo después que los fragmentos de Heráclito. Él lanzó fuertes críticas
contra figuras como Homero, Hesíodo o el propio Pitágoras, acusándolos de tener
polimatía (polymathiē), es decir, el conocimiento de muchas
cosas, pero sin entendimiento. Según Heráclito, "el mucho saber no enseña
a comprender". La filosofía, en este sentido, implica la capacidad de ver
la unidad en la diversidad. No basta con conocer muchos hechos; el filósofo
debe ser capaz de conectar esos hechos con el Logos (la razón o ley
universal).
El papel de Heráclito en el origen del concepto fue
dotarlo de una dimensión epistemológica: el filósofo es: el que escucha, el que
investiga la physis (naturaleza) y el que busca la unidad de los
contrarios.
En otro de sus fragmentos (B108), Heráclito dice que
"la sabiduría consiste en una sola cosa: conocer el pensamiento que gobierna
todo a través de todo". Al usar el término philosophous, sugiere
que el hombre está en una posición de tensión hacia esa sabiduría única. Mientras
que los dioses son sabios (sophoi) por naturaleza, los hombres deben ser
"investigadores" (philosophous). Heráclito eleva la filosofía
de una mera curiosidad a una exigencia ontológica: investigar la estructura del
universo para vivir en armonía con ella.
La correlación entre filosofía e historia, desde la
perspectiva de Heráclito y el pensamiento griego arcaico, es pertinente debido
a que ambas palabras compartían originalmente una misma raíz metodológica: la investigación
directa. Cuando Heráclito dice en el fragmento 35 que los filósofos deben ser
"investigadores de muchas cosas", utiliza el término historas.
Aquí es donde ambos conceptos se fusionan, es decir, el filósofo es un histōr
(un testigo, el que ve o investiga) y la filosofía es, en su origen, una forma
de historia: una indagación activa sobre la naturaleza (physis) y
el orden del mundo (logos).
Si aplicamos la tesis de Heráclito ("todo
fluye") al concepto moderno de Historia, la correlación se vuelve
ontológica debido a que correlaciona la filosofía con la historia en un sentido
ético: ambas exigen que el sujeto no acepte verdades heredadas o relatos
tradicionales (mitos), sino que realice su propia “historia” (investigación)
para descubrir la verdad. El filósofo es el historiador de la realidad
presente; investiga el flujo del devenir mientras este ocurre.
La palabra filosofía (el amigo de la sabiduría)
y la palabra historia (el acto de investigar) eran, para los
presocráticos, dos caras de la misma moneda. Heráclito jugó un papel clave al
exigir que esa "historia" (investigación) fuera una búsqueda de la
ley universal que gobierna el cambio.
2.- Pensar la historia en el mundo pre-griego: Egipto e India
Generalmente
se ha reconocido que los cimientos de la explicación histórica se encuentran en
la antigüedad clásica, particularmente en Grecia y Roma, donde la historia
comenzó a diferenciarse de otras formas de relato, sin embargo, si consideramos
el pasaje del Timeo donde Solón fue tildado de joven por sabios egipcios
por desconocer la historia de sus antepasados, nosotros debemos examinar cómo
entendían la historia los egipcios y los indios por ser las fuentes más
directas de la historiografía griega.
La
concepción de la historia en el Antiguo Egipto es radicalmente diferente a las
filosofías de la historia posteriores ya que tenía como fundamento su religión[3]. Eso
lo vamos a observar también en el Antiguo Testamento. En el antiguo
Egipto se consideraba: su cosmogonía, el papel central que ocupaba el faraón,
los registros del pasado y el pasado como modelo. Por ello vamos a examinar
sucintamente las líneas generales de su concepción de la historia para
comprender esto que más que una filosofía es una teología de la historia que
tiene importantes elementos mitológicos que sirven para comprender las
relaciones de poder en esa sociedad antigua.
En
relación con el orden cósmico los egipcios lo consideraban como el concepto
central que gobernaba toda la realidad, incluida la historia, es decir, ‘Ma’at’
(diosa hija de Ra) porque estaba relacionada con su concepción de justicia.
Esta divinidad representaba el orden cósmico, la verdad, la justicia y la
armonía. Su opuesto era ‘Isfet’, que representaba el caos, la falsedad y la
desintegración. Por ello, el objetivo de la sociedad y del faraón era mantener
y restaurar constantemente a Ma’at en la tierra y la “historia” buscaba
preservar el equilibrio dinámico que debía preservarse dentro de un contexto
cíclico de eterna renovación siguiendo los ciclos de la naturaleza (astronómico
y de las inundaciones del Nilo). La historia, en este sentido, entendía los
hechos como repetición de arquetipos divinos establecidos en el "Tiempo
Primordial" (Zep Tepi). Esto es lo que podríamos inferir del
dialogo de Solón en el Timeo.
Con
respecto al rol del faraón consideraban que estaba orientado a la re-actuación
de los mitos de los dioses para garantizar la continuidad del ciclo. En este
sentido, el faraón era el Pivote entre lo Divino y lo Histórico y su misión
principal era ser el guardián de Ma’at. La historia, en este sentido, era el
registro de los hechos del faraón para preservar a Ma’at. Estos registros de
los hechos del pasado podrían entenderse que eran realizados con una función religiosa
y política, es decir, eliminar lo negativo (derrotas militares, faraones
tiránicos), reforzaban el poder del faraón (estereotipo de la perfección y la
garantía del orden), a partir de los mitos mantener de forma ritual la
vinculación del faraón con lo divino y con la estabilidad de orden, un orden
que tenía que ser entendido como perfecto (reafirmación del legitimo lugar del
faraón frente a sus antecesores).
En
general los antiguos egipcios tenían un profundo respeto por el pasado, que
veían como un modelo a imitar a través de una cosmovisión mítico-sagrada que
debía ser preservada mediante el rito. En este sentido, en su filosofía de la
historia estaba presente la idea del ciclo y la regeneración con un ‘sentido’
orientado, como hemos dicho, para la preservación del orden frente al caos. El ‘sentido’
se observa en las producciones culturales mismas (mitos, textos, imágenes,
arquitectura, rituales, etc.), por tanto, lo consideró en forma plural, es
decir, una multiplicidad que establece, transforma, reprime y hereda para
mantener el orden a lo largo de la existencia. Por
otra parte, se negaba la historicidad o temporalidad, es decir, factualmente no
estaba condicionada por la idea del cambio, del tiempo y de la evolución, y no
existía la idea del progreso.
En
la antigua India en contraposición a la idea de permanencia y no existencia de
la idea del progreso egipcia existía lo contrario a la idea del progreso, es
decir, la decadencia que acaece con la finalidad de lograr la liberación espiritual (moksha) del ciclo histórico.
Esto nos conduce a su examen.
La palabra que denota historia en sanscrito es ‘Itihāsa’ que
literalmente significa “así sucedió”, pero considerado en un sentido más
amplio. El Mahābhārata[4],
como expresión de un universo filosófico, es la forma en que se expresa la
historia. El Itihāsa no es solo un registro de hechos sino también un relato
del pasado con un propósito ético, filosófico y espiritual. Su objetivo, como
enseñanza del pasado, es transmitir Verdad (Satya) sobre la condición humana,
el Dharma (el orden cósmico y deber) y el Karma (la ley de causa y efecto).
Dicho de otra manera, es un vehículo para explorar dilemas morales como se observa
en la descripción de la batalla de Kurukshetra donde se plantea una profunda
reflexión sobre el deber, la justicia, la violencia y la naturaleza de la
realidad. En la filosofía de la historia india tal como se observa en el
Mahābhārata, la egipcia e incluso en la arqueología de las etnias aborígenes en
Venezuela, el tiempo no es lineal sino cíclico[5].
En el caso indio el universo pasa por cuatro eras (Yugas) de degeneración
progresiva: Satya Yuga (Edad de Oro en su máxima plenitud donde el Dharma es deber,
ley, orden), Treta Yuga y Dvapara Yuga que son reducciones degenerativas del Dharma
y el Kali Yuga (Edad de Hierro caracterizada por el conflicto, hipocresía y
desintegración). Esta degeneración progresiva la vamos a observar en el
pensamiento platónico, es decir, en su obra La República. La guerra en
el Mahābhārata, en este sentido, señala el comienzo del Kali Yuga, es decir, el
punto de inflexión catastrófico que conduce a una era de oscuridad. Por ello,
la historia no sigue la línea del progreso, sino de la decadencia. Aun así, se
aprecia que existe la idea de la renovación.
El
sentido en la filosofía de la historia india es la lucha por la preservación
del Dharma en un proceso cíclico que inevitablemente
decae para la liberación espiritual (moksha) del ciclo histórico. El individuo,
en este contexto, es un agente moral cuyas acciones (karma) afectan el tejido
del cosmos. Su deber es actuar de acuerdo al Dharma como observamos en el Bhagavad-gītā donde la verdad es ética y espiritual
(Satya) transmitida a través del mito y la alegoría. Esta mención al
Bhagavad-gītā que es parte del Mahābhārata nos permite hacer otras precisiones
acerca de la concepción de la historia en la india antigua.
La
concepción de la historia india, consecuentemente, se fundamenta en el Dharma y
el Karma. El Dharma es observado como el eje central que orbita en torno a su
violación, su restauración y su ambigüedad inherente y como expresión de la
duda entre cumplir el deber familiar y la defensa de la justicia para poder
actuar de una forma correcta. La duda se genera porque la sutilidad del
Dharma (sukshma) hace que la historia efectiva exprese una cadena de hechos
que reflejan una moral con grises tonalidades. De acuerdo al pensamiento indio
una acción debe realizarse de forma desinteresada (karma yoga) para poder estar
en armonía con el orden cósmico, incluso cuando esta acción sea terrible.
En
relación con el Karma podemos afirmar que es expresión de la ley moral de causa
y efecto observado desde la perspectiva histórica donde la guerra, en su
sentido amplio, es la cosecha kármica de generaciones de acciones, ambiciones,
engaños y transgresiones con lo cual el sufrimiento y la serenidad no son
aleatorios, sino consecuencias de acciones previas.
Teniendo
todo esto presente, se puede afirmar que la filosofía de la historia india como
se observa en el Mahābhārata tiene componentes éticos y morales, está
determinada por el Karma y es pesimista desde una lectura cíclica y didáctica.
Nos interesa destacar este último aspecto. Mientras que para el antiguo Egipto
sirve para la preservación del orden desde una perspectiva que podemos entender
como ideológica, en la India la historia busca mostrar las complejidades del
deber, la rectitud y las consecuencias de la acción para extraer lecciones
eternas sobre la conducta humana dentro de un cosmos cíclico y gobernado por el
Dharma y el Karma desde una perspectiva espiritual y lo moral.
Estas
diferencias en India y Egipto contrastadas con el desarrollo de la filosofía
occidental de la historia que en sí ha buscado explicar el cambio y encontrar
un sentido nos va a permitir explicar, por una parte, el hecho de que pensar
que los sentidos de la preservación o de la correcta acción están presentes no
sólo en las cosmogonías de las etnias aborígenes en Venezuela, sino también
explica muchos de los sentidos de la historia en nuestro país y, por la otra,
la búsqueda de sentido que veremos a lo largo de este estudio como herederos de
occidente pareciera ser un sinsentido que nos obliga a pensar en una historia
abierta y en permanente movimiento. Esto nos conduce a examinar el proceso de
conceptualización.
3.- Historia, Historiografía y Filosofía de la Historia
Los tres conceptos que dan nombre a este parágrafo,
aunque relacionados, tienen orientaciones distintas como veremos a
continuación. La historia puede ser entendida como el conjunto de los hechos
y sucesos del pasado en sí mismos. Etimológicamente, como dijimos, proviene
de la palabra ‘ἱστορία’ que denota ‘investigación’ o ‘información’ y
conocimiento adquirido por investigación). Proviene del verbo ‘ἱστορεῖν’
(‘investigar’). Por ello, también se refiere a la disciplina científica
que se dedica a estudiar hechos del pasado utilizando, al efecto, un método
crítico para reconstruirlos, comprenderlos e interpretarlos. Historiografía, por su parte, es la manera en que la historia se
escribe y se narra. Se refiere al estudio de las obras de los historiadores,
sus métodos, sus fuentes, sus enfoques teóricos y las tendencias a lo largo del
tiempo. Es, en esencia, la historia de cómo se ha escrito la Historia.
Finalmente, la filosofía de la historia es una rama de la filosofía
que reflexiona sobre el sentido, la finalidad y la estructura general del
proceso histórico. Se pregunta si la historia tiene un propósito, si sigue
leyes universales, y qué papel juegan la moralidad y la razón en su desarrollo
como hemos visto en el caso indio[6].
El concepto de Filosofía
de la Historia es curioso porque, aunque la humanidad ha registrado sus
hechos desde siempre, la reflexión filosófica sobre por qué y hacia dónde va la
historia es relativamente joven. Veamos sucintamente una genealogía del
concepto, trazando su evolución desde la voluntad divina hasta el escepticismo
moderno.
1. El Preludio:
El Providencialismo (Siglo V). Antes de que existiera el término, existía la
idea. San Agustín de Hipona, en su obra La Ciudad de Dios, rompió con la
visión circular del tiempo de los griegos (el eterno retorno) y propuso una
visión lineal. La idea: La historia tiene un principio (la Creación) y un fin
(el Juicio Final). El motor: La voluntad de Dios. Los eventos humanos son parte
de un plan divino que no siempre comprendemos, pero que tiene un propósito
salvífico.
2. El
Nacimiento: La Ilustración (Siglo XVIII). Aquí es donde el término nace
oficialmente. Voltaire fue el primero en acuñar la expresión "philosophie
de l'histoire" en 1765. El giro: Se desplaza a Dios y se pone a la Razón
en el centro. La idea: La historia no es un caos ni un milagro; es el progreso
gradual de la humanidad desde la "barbarie" hacia la
"civilización". Aporte clave: Se empieza a estudiar la historia de
forma crítica, tratando de encontrar leyes naturales en el comportamiento
humano.
3. El Apogeo: El
Idealismo Alemán (Siglo XIX). Con G.W.F. Hegel, la Filosofía de la Historia
alcanza su forma más ambiciosa y compleja. Para Hegel, la historia es el
despliegue del "Espíritu" (Geist) a través del tiempo. La dialéctica:
La historia avanza mediante conflictos (tesis, antítesis y síntesis). El
objetivo: La libertad. Cada gran era (el mundo oriental, el griego, el romano,
el germánico) es un paso más hacia la conciencia plena de la libertad. Famosa
frase: "Todo lo racional es real, y todo lo real es racional".
4. El Giro
Materialista: Karl Marx. Marx toma la estructura de Hegel, pero "la pone
sobre sus pies". El motor: No son las ideas ni el Espíritu, sino la
economía y la lucha de clases. Materialismo Histórico: La historia se explica
por cómo los seres humanos producen sus medios de subsistencia. El fin de la
historia sería la sociedad sin clases (comunismo).
5. La Crisis del
Siglo XX: Del Sentido al Sin sentido. Después de dos guerras mundiales, la idea
de "progreso inevitable" se desmoronó. La filosofía de la historia se
dividió en dos ramas: Enfoque Descripción Exponentes. Sustantiva Busca el
sentido o la meta de la historia (en decadencia). Spengler, Toynbee Analítica
Se pregunta cómo escribimos la historia y si es posible la objetividad. Raymond
Aron, Hayden White Posmodernidad (Lyotard): Surge la "muerte de los
grandes relatos". Ya no creemos en una única historia que explique todo;
solo quedan fragmentos y perspectivas. El fin de la historia (Fukuyama): Tras
la caída del muro de Berlín, se propuso que la democracia liberal era la meta
final, una idea que hoy es fuertemente debatida.
Resumen de la Evolución:
·
Agustín: La
historia es Dios manifestándose.
·
Voltaire: La
historia es el hombre razonando.
·
Hegel: La
historia es la Razón realizándose.
·
Marx: La
historia es la materia transformándose.
·
Hoy: La historia
es una construcción que intentamos interpretar sin verdades absolutas.
Considerando que hoy vivimos en una era de "posverdad" y cambios
tecnológicos acelerados.
Esto nos lleva
a los hechos en sí.
4. Hechos, Causalidad, Progreso, Objetividad,
Determinismo-Azar y Sentido[7]
Los
conceptos que alude el título de este parágrafo son claves para que los
historiadores y filósofos analicen, interpreten y comprendan el pasado. Los Hechos
son los sucesos o eventos singulares y verificables del pasado (pej. La Batalla
del Lago de Maracaibo, la caída del Muro de Berlín, el ataque del 11 de
septiembre de 2001 contra EE.UU. o el ataque ocurrido en Caracas el 03 de enero
de 2026). El historiador aquí selecciona y establece los hechos a partir de las
fuentes. Ahí, no todos los hechos son considerados “históricos”, sino solo
aquellos que se consideran relevantes para la explicación o comprensión, es
decir, sólo aquellos que deben ser mantenidos presente. La causalidad, por su
parte, es el intento de establecer las relaciones de causa y efecto entre los
hechos históricos. Implica identificar las condiciones, motivos o procesos que
llevaron a que un evento ocurriera para poder ser explicados históricamente. El
Progreso es la idea de que la historia avanza linealmente hacia una mejora
continua (moral, tecnológica, social). Esta idea ha sido cuestionada; muchos
historiadores no creen en un progreso automático o universal y prefieren hablar
de cambio o desarrollo sin implicar una mejora obligatoria.
La Objetividad
es el ideal de que la historia debe ser imparcial y basarse únicamente en
la evidencia, libre de prejuicios o sesgos del investigador. Es un tema de
intenso debate; mientras que la total objetividad puede ser inalcanzable (pues
el historiador selecciona y la interpreta), la búsqueda de la honestidad
intelectual y el rigor metodológico es esencial. En relación con el
determinismo y el azar tenemos lo siguiente: El Determinismo es la
postura, como vimos en el caso indio, que sugiere que los acontecimientos
históricos están predeterminados por leyes inmutables (sociales,
económicas, geográficas) o fuerzas mayores, dejando poco espacio para la
voluntad individual o la casualidad. Debemos recordar también que los egipcios
antiguos buscaban que la historia fuese determinada. El azar, por su parte, es
una postura que enfatiza el papel de la casualidad, los accidentes o las
decisiones impredecibles de individuos en el curso de la historia que como
vimos en los egipcios antiguos buscaban evitar y los indios reflexionar. El
debate es sobre cuánto peso tienen las estructuras inevitables y cuánto
la contingencia.
Finalmente,
el sentido refiere a la significación o propósito último de la historia que
como hemos visto en el caso egipcio es la conservación y en el caso indio la
mejora espiritual y es una pregunta de la filosofía de la historia, es decir: ¿Hacia
dónde vamos? ¿Hay un significado global en la sucesión de los eventos? Para
muchos, el "sentido" de la historia es el que la propia humanidad le
da al interpretar su pasado para comprender el presente.
[1] Platón, (358-356 a.C [2010]). Timeo. Madrid. (T. J. M.
Zamora). Abada Editores. 473 p.
[2] Marcovich, M. (1968 2008). Heraclitus. Texto Griego y
versión Castellana. Editio Minor. ULA. 149 p.
[3] Assmann, J. (2005). Egipto historia de un sentido.
Madrid. (T. J. Chamorro). Abada Editores. Documento en línea. Disponible: https://ia801403.us.archive.org/2/items/assmann-jan.-egipto.-historia-de-un-sentido-ocr-2005/Assmann%2C%20Jan.%20-%20Egipto.%20Historia%20de%20un%20sentido%20%5Bocr%5D%20%5B2005%5D.pdf
[4] Vyasa Mahābhārata. Documento en línea. Disponible: https://budismolibre.org/docs/libros_budistas/El_Mahabharata.pdf
[5] Gilij, F. S. (1782 [1965]). Ensayo de Historia
Americana. Tomo III. De la religión y de las lenguas de los orinoquenses y de
los otros americanos. Caracas. (T. A. Tovar). Academia Nacional de la Historia.
346 p. Documento en línea. Disponible: https://objdigital.bn.br/objdigital2/acervo_digital/div_obrasgerais/drg364187/drg364187.pdf
[6] Blanco, E. (2026).
Métodos de explicación histórica. Caracas. Cátedra de
la Maestría en filosofía y ciencias humanas. Instituto de filosofía.
[7] Walsh, William
Henry (2003). Introducción a la filosofía de la historia. México. Editorial
Siglo XXI. 256 p.

