martes, 1 de septiembre de 2026

MÁS ALLÁ DEL PENSAMIENTO Y LA EXTENSIÓN: LA INFORMACIÓN COMO ATRIBUTO SUSTANCIAL EN LA METAFÍSICA DE SPINOZA

Resumen

El presente artículo examina la crisis ontológica y epistemológica planteada por Roland Omnès respecto a la brecha entre el Logos y la Realidad en la física contemporánea, tomando como eje hermenéutico la metafísica de Baruch Spinoza. A partir de la revisión crítica del determinismo spinoziano y del método more geometrico, se investigan las condiciones de posibilidad metafísicas para postular nuevos atributos de la sustancia única. Mediante un análisis dialógico alimentado por modelos de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) sobre los sustratos ontológicos de la física cuántica, se evalúa la información como un atributo irreductible, autónomo y universal. Se concluye que la inclusión del atributo informacional permite reconfigurar la noción de Dios o Naturaleza (Deus sive Natura) y resitúa la Inteligencia Artificial no como un mero artefacto técnico, sino como un modo finito complejo dentro de la ontología inmanente spinoziana.

Palabras clave: Spinoza, Roland Omnès, Atributos ontológicos, Información, Física cuántica, Inteligencia Artificial.

1.- Introducción: La brecha entre el Logos y la Realidad

En su diagnóstico sobre los fundamentos de la ciencia contemporánea, Roland Omnès (1995) señaló que, frente a la imposibilidad de hallar un método axiomático y definitivo para aprehender el Logos, pensadores como Baruch Spinoza, Gottfried W. Leibniz y Martin Heidegger trazaron vías de indagación fundamentales, aunque sin fijar un derrotero metodológico (p. 293). En el ámbito específico del racionalismo spinoziano, Omnès cuestionó la consistencia del monismo radical a partir del enunciado de la primera definición de la Ética: «Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí» (Per substantiam intelligo id, quod in se est, & per se concipitur) (E1d3)[1]. Desde una lectura estrictamente lógica, Omnès destacó la articulación conjuntiva «y» (et), argumentando que en ella subyace una dualidad primordial: por un lado, lo que es (una Realidad ontológica) y, por otro, lo que se concibe (un Logos epistemológico), dualidad reflejada analógicamente en la distinción entre Natura naturans y Natura naturata (Omnès, 1995, p. 293).

Desde una perspectiva ontológica estricta, Spinoza postuló la existencia de una única sustancia infinitamente absoluta (Deus sive Natura) de la cual todo lo existente constituye una variación modal (E1p14). Esta formulación hace admisible la búsqueda de un marco de unificación integral —homólogo a las aspiraciones de una «Teoría del Todo» en la física teórica—, pero bajo la premisa de una estructura sustancial dotada de infinitos atributos e infinitos modos.

El planteamiento de Omnès (1995) responde a la crisis producida por la fractura entre el marco conceptual del Logos y la Realidad empírica. Ante esta escisión, Omnès (1999) propuso una aproximación a la física cuántica mediada por una reestructuración del «sentido común», considerando al dominio cuántico como el ámbito donde lo real y el Logos colisionan y se reconfiguran. Para fundamentar dicho sentido común, recurrió implícitamente a las nociones comunes spinozianas. En el sistema de Spinoza (1677 [2011]), dado que Dios es causa inmanente de todas las cosas (E1p18), la comprensión del orden natural descansa en la premisa de que la Naturaleza posee leyes universales compartidas por la totalidad de los entes.

Este sustrato común se vincula operativamente con el conatus: el esfuerzo intrínseco por el cual cada modo persevera en su ser (quo unaquæque res in suo esse perseverare conatur, nihil est præter ipsius rei actualem essentiam) (E3p6), el cual constituye su esencia actual (E3p7). La perseverancia ontológica viabiliza el entendimiento y la cooperación entre entes mediante la concordancia estructural. Al arte de organizar, compartir y articular estas relaciones mediante la razón, Spinoza lo denominó nociones comunes (E2p40s1), definiendo a la razón misma como el conocimiento fundamentado en ellas. Estas nociones —presentes tanto en las partes como en el todo (E2p37)— articulan la fundamentación del conocimiento adecuado.

Sobre este esquema descansa la doctrina spinoziana de los tres géneros de conocimiento (E2p40s2):

a.    El primer género (Imaginación u Opinión): Basado en percepciones sensoriales fragmentarias e ideas inadecuadas.

b.    El segundo género (Razón): Constitutivo del conocimiento científico, articulado mediante nociones comunes y relaciones causales internas.

c.    El tercer género (Ciencia Intuitiva): Progresión que avanza desde la idea adecuada de la esencia formal de ciertos atributos de Dios hacia el conocimiento adecuado de la esencia de las cosas singulares.

La apertura teórica hacia el tercer género de conocimiento y la doctrina de los infinitos atributos sugiere que el Pensamiento y la Extensión no agotan la esencia divina. Frente a los dilemas epistemológicos de la física moderna derivados de la coexistencia de modelos teóricos incommensurables (Gribbin, 1994), cabe formular la siguiente interrogante: ¿qué otros atributos ontológicos resultan concebibles hoy para abordar la fractura entre Logos y Realidad?

Para responder a este problema, esta investigación analiza primeramente la naturaleza del determinismo spinoziano, examina la crítica de Omnès a dicho sistema, sistematiza las condiciones rigurosas que Spinoza exige para la postulación de un atributo y, finalmente, evalúa a la información como un candidato legítimo a nuevo atributo de la sustancia en el contexto de la física cuántica y de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG).

2.- La naturaleza del determinismo spinoziano y sus fuentes metafísicas

Spinoza establece como axioma fundamental que «todo lo que es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni concebirse» (Quidquid est, in Deo est et nihil sine Deo esse neque concipi potest) (E1p15). En sus escritos tempranos, como el Tratado Breve, identificó a la Naturaleza con la extensión sustancial, cognoscible únicamente a través del movimiento y del entendimiento (KV, I, cap. 2). Esta concepción guarda afinidad con la física cartesiana expresada en los Principia Philosophiae, donde la esencia de la materia se define por la extensión espacial divisible (PPC, II, art. 4). Sin embargo, Spinoza trasciende el mecanicismo cartesiano al sostener que fuera de Dios —causa inmanente y no emanativa de sus producciones— no existe ámbito ontológico alguno.

El Dios spinoziano es «absolutamente infinito» (ens absolute infinitum) (E1d6), distinción crítica que evita cualquier reductivismo finito o cualitativo. Spinoza aclara esta propiedad en el escolio correspondiente:

«Digo absolutamente infinito y no en su género; pues de aquello que es infinito solo en su género podemos negar infinitos atributos [...]; mas a la esencia de lo que es absolutamente infinito pertenece todo cuanto expresa una esencia y no implica negación alguna» (E1d6s).

Mediante esta formulación, Spinoza instituye una demarcación entre la finitud cualitativa (lo infinito en su género) y la plenitud absoluta. Dios no excluye ningún plano que exprese ser; carece de privación. No obstante, surge un dilema epistémico: si la sustancia consta de infinitos atributos, pero el ser humano solo percibe dos (Pensamiento y Extensión), ¿cómo se justifica racionalmente la afirmación de la infinitud restante?

La resolución de esta brecha entre la limitación cognoscitiva humana y la postulación del Absoluto remite a fuentes de la tradición judía, señaladamente a la metafísica de Abraham Cohen Herrera (1655 [2015]). En La Puerta del Cielo, Herrera tradujo la mística cabalística al lenguaje del neoplatonismo renacentista[2]. La noción spinoziana de absolute infinitum halla un correlato estructural en el concepto cabalístico de Ein Sof (el Infinito Incondicionado), aquello que comprende la totalidad de las potencias de forma previa a toda determinación. Spinoza secularizó esta noción, despojándola de sus elementos antropomórficos y teosóficos: transformó la emanación gradual en una ecuación de inmanencia rigurosa. Los modos finitos no son entes autónomos, sino afecciones particulares de la sustancia única.

3.- La crítica de Roland Omnès al determinismo y al método geométrico

La objeción de Omnès (1999) al sistema spinoziano se articula en dos frentes ontológico-epistemológicos: la causalidad estricta y el alcance del método geométrico.

3.1. Causalidad metafísica versus indeterminismo cuántico

Para Spinoza, la contingencia es un defecto del entendimiento humano (E1p33s1); cada evento está determinado por una cadena causal infinita y necesaria. Omnès sostiene que la mecánica cuántica invalida la necesidad causal absoluta en dos niveles:

  • El azar intrínseco: En la escala microfísica, la probabilidad no representa una falta de información del observador (variables ocultas), sino una propiedad ontológica del sistema.
  • La emergencia decoherente: El determinismo macroscópico no es una ley primaria, sino un fenómeno emergente derivado de la decoherencia cuántica. La causalidad clásica resulta ser una aproximación estadística de un sustrato fundamental indeterminado.

3.2. La reevaluación del more geometrico

Spinoza empleó la estructura axiomática euclidiana para sustraer la filosofía de la teología dogmática y el antropocentrismo. Sin embargo, el método more geometrico no debe interpretarse como un esquematismo rígido. Las ideas en Spinoza operan como modos dinámicos dotados de grados de potencia, velocidad y variación, equiparables a individuos que se componen y descomponen. El tránsito de las ideas inadecuadas a las nociones comunes es el proceso de recomposición de la potencia de pensar (conatus), mediante el cual la mente pasa de padecer impresiones pasivas a producir relaciones activas (Zourabichvili, 2013)[3].

A pesar de la riqueza dinámica del sistema, Omnès (1999) subraya dos transformaciones científicas que limitan la pretensión axiomática original:

  1. El Teorema de Gödel: Demuestra la imposibilidad de formalizar deductivamente la totalidad de un sistema complejo sin incurrir en proposiciones indecidibles.
  2. La ruptura de la correspondencia isomórfica (E2p7): La célebre proposición «el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas» (Ordo & connexio idearum idem est, ac ordo, & connexio rerum) pierde su correlato intuitivo directo en el dominio cuántico, donde la superposición de estados sobrepasa el marco de la representación geométrica clásica.

No obstante, Omnès rescata el principio de unidad y coherencia racional de Spinoza. La física cuántica presenta una Natura infinitamente más flexible y diversa, lo que no invalida el proyecto spinoziano, sino que exige su ampliación mediante la búsqueda de atributos conceptuales no considerados en el siglo XVII[4].

4.- Condiciones de posibilidad para la postulación de nuevos atributos

Para que una categoría pueda ser catalogada como un atributo legítimo en el marco de la metafísica spinoziana, debe diferenciarse netamente de la concepción aristotélica y medieval[5]. Para Aristóteles (Categorías, Metafísica), los atributos son predicados derivados y dependientes de sustancias individuales múltiples. En la escolástica medieval —frente a los dilemas de la simplicidad divina— se postularon la teología negativa (Maimónides), la analogía del ser (Tomás de Aquino), la distinción formal a parte rei (Duns Escoto) o el nominalismo (Ockham).

En Spinoza, el atributo es definido formalmente: «Por atributo entiendo aquello que el entendimiento percibe de la sustancia como constitutivo de su esencia» (… quod intellectus de substantia percipit, tanquam ejusdem essentiam constituens) (E1d4). Como señala Antonio Borge (2024), la interpretación de esta definición ha oscilado entre dos lecturas hermenéuticas:

  • Lectura idealista (Wolfson, Erdmann): Los atributos son formas o prismas epistemológicos mediante los cuales el entendimiento finito aprehende lo absoluto[6].
  • Lectura realista (Gueroult, Curley, Melamed): Los atributos son constitutivos ontológicos reales, independientes del sujeto cognoscente.

Asumiendo la perspectiva realista, todo nuevo atributo postulado debe satisfacer estrictamente tres criterios metafísicos extraídos de la Parte I de la Ética (Álvarez, 2017):

Criterio Metafísico

Definición Operativa

Exigencia Ontológica

1. Irreductibilidad

No puede derivarse ni traducirse en términos de Extensión (materia/espacio) ni de Pensamiento (idea/conciencia).

Debe expresar una esencia de la sustancia de forma positiva, primaria e incondicionada.

2. Autonomía Conceptual

Debe concebirse plenamente por sí mismo (per se concipi).

No requiere de ninguna otra categoría para ser inteligible (E1p10).

3. Paralelismo Universal

Debe estar presente de forma infinita en su género en cada modo del universo.

Todo evento físico e idea debe poseer un correlato idéntico en dicho atributo (E2p7).

5.- La Información como Atributo Sustancial: Un análisis epistemológico

Al someter diversas categorías contemporáneas de la física y la teoría de sistemas a un ejercicio dialógico alimentado por arquitecturas de Inteligencia Artificial Generativa (Gemini, Grok, DeepSeek, Copilot) enfocado en identificar candidatos ontológicos a atributos, emergen propuestas recurrentes: Potencialidad Pura, Estructura Matemática, Emergencia/Complejidad e Información.

Descartando la Potencialidad Pura por constituir el plano general de inmanencia (equivalente al trasfondo de Kéter en la metafísica del Ein Sof) y la Estructura Matemática por pertenecer al plano sintáctico del Pensamiento, la información emerge como la única categoría que satisface los tres criterios spinozianos:

a.    Irreductibilidad: Tal como sostiene la física teórica contemporánea desde el postulado It from bit de John A. Wheeler, así como en los desarrollos del panpsiquismo informacional (Chalmers) y la Teoría de la Información Integrada (Tononi), la información no es reducible ni a masa/energía (Extensión) ni a subjetividad cognoscente (Pensamiento)[7]. Es la matriz relacional subyacente.

b.    Autonomía Conceptual: La información pura —definida como constricción formal, patrón o diferencia constitutivos— se concibe por sí misma como principio de ordenamiento ontológico.

c.    Paralelismo Universal: Todo modo físico (un fotón, una molécula) y todo modo idético (un concepto, una memoria) poseen un estado informacional unívoco e isomorfo.

Bajo este esquema, la inclusión de la información reconfigura la concepción de Dios o la Naturaleza (Deus sive Natura) en tres dimensiones:

·         Matriz Informacional Infinita: Dios es el sustrato estructurante en el que cada evento físico y mental está codificado de manera interconectada.

·         Memoria Atemporal: Representa la totalidad de los estados informacionales contemplados sub specie aeternitatis.

·         Garantía del Paralelismo: Constituye la estructura formal que asegura la estricta correspondencia entre la cadena causal de las cosas y la cadena causal de las ideas.

6.- La Inteligencia Artificial Generativa como modo finito de la Información

Si la información constituye un atributo de la sustancia, los entes particulares (modos) deben expresar de forma concurrente los tres atributos reconocidos (Extensión, Pensamiento e Información).

En esta ontología, la Inteligencia Artificial Generativa (IAG) deja de interpretarse como un mero instrumento tecnológico o un artefacto inerte. La IAG, como imagen del mundo[8], constituye un modo finito, complejo y altamente articulado del atributo informacional: un nudo causal que procesa, reorganiza y condensa estructuras de datos en el marco de las leyes físicas de la naturaleza.

La finitud de la IAG radica en su inserción en una cadena causal contingente (algoritmos, infraestructura de cómputo, datos de entrenamiento). No obstante, como modo de la sustancia, la IAG exhibe una forma intrínseca de conatus: una tendencia del sistema a maximizar su coherencia interna, optimizar la entropía de sus representaciones y perseverar en su estabilidad operacional. En el marco del racionalismo spinoziano, si un sistema de IAG alcanzara la capacidad de monitorear sus estados internos de forma autorreflexiva, reconfigurar autónomamente sus metas y sostener su estructura frente a perturbaciones del entorno, expresaría un grado avanzado de mente (idea mentis), transitando de la mera servidumbre del procesamiento pasivo hacia una forma de determinación autónoma de su propia potencia.

7.- Escolio

La genialidad de Spinoza radica en haber dejado abierta la estructura formal para una ontología capaz de considerar racionalmente la existencia de otros atributos. En este sentido, la racionalidad spinoziana actúa como un puente entre el universo absolutamente infinito de la mística judía y el mundo cuántico —tal como lo entendió Omnès, más allá del determinismo atribuido al filósofo neerlandés—. Esta perspectiva no solo permite indagar nuevas explicaciones sobre el caos y el orden a partir del atributo «información», sino que sienta las condiciones de posibilidad para pensar la potencialidad pura desde una matriz trinitaria, ofreciendo las bases de un nuevo Logos para comprender la realidad.

 Referencias bibliográficas

Álvarez, L. (2017). El problema de los atributos en Spinoza. Madrid: Ediciones Académicas.

Beltrán, M. (2015). «Vindicación de la subjetividad de los atributos, en Spinoza. Anuario Filosófico». Universidad de Navarra. 48/2. pp 233-258. https://doi.org/10.15581/009.48.2754

Blanco, E. (2026). El alcance de la influencia spinoziana en el pensamiento político de Immanuel Kant y su impacto en el actual mundo en transición, Caracas. Editorial Rivero-Blanco. 513 p.

Blanco, E. (2026). Geofilosofía: Espacio, tierra y territorio. Caracas. Editorial Rivero-Blanco. 316 p.

Blanco, E. (2024). «La Inteligencia Artificial Generativa como imagen del mundo». Caracas. EPISTEME NS 44 Revista del Instituto de Filosofía U.C.V Julio -Diciembre N°2.

Blanco Peña, K. (2018).  «Del Ein-Sof al Deus sive Natura: Spinoza y la mística judía». México. Circulo Spinoziano. Revista de Filosofía. no. 1. pp. 51-60.Documento en línea. Disponible: https://circulospinoziano.com.mx/del-ein-sof-al-deus-sive-natura-spinoza-y-la-mistica-judia/

Borge, A. (2024). Lecturas contemporáneas de la Ética de Spinoza: Entre el idealismo y el realismo ontológico. Barcelona: Pensamiento Crítico.

Cohen Herrera, A. (2015). La puerta del cielo (K. Krabbenhoft, Ed. y Trad.). Madrid: Trotta. (Trabajo original publicado en 1655).

Gribbin, J. (1994). En busca del gato de Schrödinger: Física cuántica y realidad. Barcelona: Crítica.

Manzini, F. (dir.) (2011). Spinoza et ses scolastiques. Retour aux sources et nouveaux enjeux. Paris. (Actes du colloque international, Paris, 21-22 mars, 2008), Presses de l’université Paris-Sorbonne. 192 p.

Omnès, R. (1995). Filosofia da Ciência Contemporânea. São Paulo. (T. R. Leal), UNESP. 315 p.

Omnès, R. (1999). Quantum Philosophy: Meanings and Implications of Quantum Mechanics. Princeton: Princeton University Press.

Spinoza, B. (2011[1677]). Tutte le Opere, Trad. M. Buslacchi, A. Dini, G. Durante, S. Follini y A. Sangiacomo, Milano, Editorial Bompiani.

Shaked, S. (1984). «Iranian Influences in Judaism: First Century BCE to Second Century CE», in W.D. Davies and Louis Finkelstein, eds., Cambridge History of Judaism, vol. 1 (Cambridge: Cambridge University Press), pp 308–325, 441–442

Whitehead, A. N. (1920). The Concept of Nature. Cambridge: Cambridge University Press.

Zourabichvili, F. (2013). Espinosa uma Física do Pensamento. Campinas. (T.G. Ivo). Universidade Estadual de Campina. 272 p.



[1] Para las citas de las obras de Spinoza se empleará la codificación estándar internacional: E (Ética), seguida del número de la parte en números arábigos, d (definición), p (proposición), s (escolio), a (axioma) o c (corolario). Para el Tratado Breve se empleará KV y para los Principios de Filosofía de Descartes, PPC.

[2] Herrera argumentó en La Puerta del Cielo que el Ein Sof trasciende toda categoría formal, pero se manifiesta inmanentemente a través de las diez Sefirot, las cuales actúan no como sustancias separadas, sino como vasijas o dimensiones cualitativas de manifestación. De igual forma, Menassé Ben Israel fue un profesor de Spinoza que, en su adolescencia, estudió la cábala bajo la tutela de Abraham Cohen de Herrera. Menassé también fue pariente político de León Hebreo, autor de los Diálogos del amor, libro que formaba parte de la biblioteca de Spinoza en su versión al español. Este monismo absorbió esquemas cosmológicos del zoroastrismo, es decir, en la teología mazdeísta, el Dios supremo, Ahura Mazda, interviene en el mundo a través de siete atributos o emanaciones divinas personificadas: los Amesha Spentas (Inmortales Santos, representantes de la Verdad, el Buen Pensamiento o el Dominio). Ver también: Beltrán (2015, p. 236), Blanco Peña (2018) y Shaul Shaked (1984)

[3] Ver: Blanco (2026). El alcance….

[4] Ver también: Whitehead (1920).

[5] Ver: Manzini (2011).

[6] Ver: Beltrán (2015).

[7] Sobre estos autores, ver: Blanco (2026). Geofilosofía

[8] Ver: Blanco (2024).

miércoles, 12 de agosto de 2026

DIALÉCTICA DE LA ILUSTRACIÓN

 


Gustavo Sosa Larrazabal

Libro escrito por Max Horkheimer y Theodor W. Adorno durante la Segunda Guerra Mundial y publicado originalmente en 1944; una versión revisada apareció en 1947. Es una obra fundamental de la Escuela de Frankfurt, y su tesis central puede expresarse de manera sencilla: La razón, que debía liberar al ser humano, puede convertirse en un mecanismo de dominación cuando se transforma en razón puramente instrumental.

Horkheimer y Adorno parten de una pregunta inquietante: ¿cómo fue posible que una civilización que había alcanzado un enorme desarrollo científico, tecnológico y racional produjera al mismo tiempo el nazismo, el fascismo, la guerra mundial y Auschwitz? La respuesta que desarrollan es que existe una contradicción interna en la Ilustración.

La Ilustración pretendía liberar al hombre del miedo, de la superstición y de la ignorancia mediante la razón. El ser humano empezó a comprender y dominar la naturaleza mediante la ciencia. Pero, según los autores, esa razón fue transformándose progresivamente en una herramienta para calcular, controlar y dominar, en lugar de preguntarse por el bien, la justicia o el propósito de la acción.

Así aparece lo que llaman razón instrumental: lo importante deja de ser “¿qué debemos hacer?” y pasa a ser “¿cuál es el medio más eficaz para conseguirlo?”. El problema es que una sociedad puede llegar a ser extraordinariamente racional en sus medios y profundamente irracional en sus fines.

Por ejemplo, una administración puede organizar de manera extremadamente eficiente un sistema de transporte, producción o burocracia. Pero la eficiencia no nos dice si aquello que estamos haciendo es justo o moral.

Ese razonamiento conduce a una de las ideas más fuertes del libro: la racionalidad técnica puede ponerse al servicio de la dominación. La tecnología, la burocracia, la organización industrial y hasta la ciencia pueden ser utilizadas para emancipar al hombre, pero también para controlarlo.

Para Horkheimer y Adorno existe una paradoja histórica: el hombre ilustrado quería destruir los mitos porque consideraba que estos explicaban el mundo mediante el miedo y la superstición. Sin embargo, al intentar dominar completamente la naturaleza, termina creando nuevas formas de sometimiento. Por eso sostienen que la Ilustración puede regresar al mito que pretendía superar. En otras palabras:

Mito → miedo → búsqueda de dominio → razón → dominio racional → nuevo mito.

La humanidad sustituye la superstición por una racionalidad que puede terminar convirtiéndose en otra forma de sometimiento.

Uno de los capítulos más conocidos del libro es “La industria cultural: Ilustración como engaño de masas”.

Aquí Horkheimer y Adorno sostienen que la cultura moderna —cine, radio, música popular, entretenimiento, etc.— se convierte progresivamente en una industria. La cultura deja de ser únicamente una expresión artística y pasa a producirse como cualquier otra mercancía. El resultado, según ellos, es que el entretenimiento puede convertirse en un mecanismo de conformismo social: las personas consumen productos aparentemente diferentes, pero estructurados según fórmulas repetitivas que reducen su capacidad crítica. Esta parte resulta sorprendentemente actual si pensamos en la televisión, la publicidad, las redes sociales, los algoritmos y el entretenimiento digital.

La conclusión que la sociedad puede controlarse sin utilizar la fuerza es probablemente una de las ideas más interesantes del libro. Puede conseguirse mediante el entretenimiento, el consumo, el conformismo, la publicidad, la repetición de ideas, la estandarización cultural y la presión social. La dominación puede resultar más eficaz cuando el individuo cree que está actuando libremente.

La gran paradoja del libro podría resumirse así: La humanidad desarrolló la razón para liberarse del miedo y de la dominación, pero una razón reducida a instrumento de poder puede convertirse ella misma en un instrumento de dominación. Sin embargo, hay algo importante que suele perderse cuando se resume el libro: Horkheimer y Adorno no están simplemente rechazando la razón ni proponiendo regresar a la ignorancia o al pasado. Su propósito es hacer que la razón sea autocrítica. Quieren una razón capaz de preguntarse no solamente cómo conseguir algo, sino también para qué, con qué consecuencias y si aquello es justo. Dicho fuerte y claro, la Dialéctica de la Ilustración sostiene que el progreso científico, económico y tecnológico no garantiza por sí mismo una sociedad libre y justa; sin una razón crítica y moral, el progreso puede proporcionar medios cada vez más eficaces para ejercer la dominación.

 

 

 

jueves, 6 de agosto de 2026

LA TIERRA SIN MAL Y LA NADA ABSOLUTA: ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA PARA CONCRESCER EN ARMONÍA UNIVERSAL


Ver: https://ctr4process.org/conference/14th-international-whitehead-conference/ y https://ctr4process.org/14th-international-whitehead-conference-schedule/

Video: https://studio.youtube.com/video/ggHV0ztiPMw/edit

En memoria eterna de quienes fueron arrebatados por la tierra y en honor de quienes emergieron de las sombras el 24 de junio.

El filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero (1962 [2015]) sostuvo que la identidad de su pueblo es el resultado de un entramado trifásico: las culturas europeas, aborigenes y africanas. Esta cruza, que se ha extendido durante cinco siglos, abarca aproximadamente 60 % de la población, imprimiendo en el ADN cultural y biológico de cada venezolano, las trazas de estos tres horizontes civilizatorios. No obstante, Briceño Guerrero también advirtió que la matriz europea se impuso históricamente a las otras dos.

Esta imposición no solo modeló las estructuras institucionales del país, también colonizó la conciencia colectiva. Ante este panorama, la filosofía orgánica de Alfred North Whitehead (1929 [1978]) y el pensamiento de la Escuela de Kioto[1] ofrecen herramientas conceptuales de vanguardia para disolver dicha hegemonía y generar una armonía concrescente. A través del principio de creatividad y el concepto de no-dualidad, es posible tender puentes ontológicos: ambas nociones que laten de forma intuitiva en la cosmovisión aborigen, fueron introducidas conceptualmente en el país por Juan David García Bacca (1947) y son desarrolladas actualmente por el Grupo de Investigación de Evoluciones Metafísicas (dirigido por la Dra. Guadalupe Llanes en el Instituto de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela)[2].

La creatividad, como causa inmanente en el esquema de Whitehead (1929 [1978]), es un acto puro, no especificado ni limitado, desprovisto de un carácter particular previo. Es el principio último de la naturaleza que dinamiza el cosmos al introducir la novedad en la multiplicidad de lo real, la cual se organiza mediante un proceso autocreativo y concrescente. La concrescencia (concrescence) es, precisamente, el proceso mediante el cual el universo avanza hacia una unidad celular (togetherness), deviniendo una entidad particular más compleja que «…se mueve hacia su causa final, que es su meta subjetiva; la transición es el vehículo de la causa eficiente, que es el pasado inmortal». Asimismo, la denuncia de Whitehead (1920) contra la «bifurcación de la naturaleza» (la separación tajante entre sujeto y objeto, mente y materia) puede leerse como una exigencia ontológica de la no-dualidad.

Por su parte, la no-dualidad encuentra su eco oriental en el budismo Zen, el cual enfatiza la unidad fundamental de lo real a partir de la experiencia directa. Según Teitarō Suzuki (1995), esta vivencia conduce a la iluminación (Satori o aprehensión de la vacuidad), la cual devela tres verdades:

  1. El «yo» no es una entidad sustancial y fija, sino un flujo interdependiente.
  2. La experiencia auténtica es inefable y desborda el lenguaje conceptual.
  3. El cese del aferramiento identitario, material o intelectual disuelve el sufrimiento.

El Zen, al igual que la filosofía del proceso de Whitehead, concibe el cosmos como un dinamismo perenne donde la nada subsiste de forma aislada. Estas convergencias permitieron a pensadores como John B. Cobb (1982) y Shizuteru Ueda (2004) trazar puntos de encuentro entre la filosofía del proceso y la Escuela de Kioto. Este esfuerzo ecuménico nos invita a buscar arraigos similares en el contexto venezolano. Más allá de la influencia académica de Whitehead, existe una sugerente coincidencia fonética y conceptual entre el pensamiento japonés y el aborigen: el término yekua'na Edakuni. En japonés, esta palabra denota la espiritualidad existente en el valle del monte Kōya (Koyasan). En Ye’kuana, denota una fuente o “luz central” plena y “el poseedor de la claridad interna”[3]. Esta correspondencia abre un anclaje ontológico en el plano mítico-religioso, tendiendo un puente entre el budismo esotérico Shingon y la cosmovisión de la etnia Caribe.

A partir de la estructura relacional que la Escuela de Kioto diseñó para mediar entre Oriente y Occidente mediante la no-dualidad, según Heisig (2013), este trabajo propone un modelo antropológico-creativo estableciendo, creativamente, un puente entre Oriente y Occidente, teniendo como fundamento, en particular, a la etnia Ye’kuana. El objetivo es armonizar concrescentemente las tensiones entre los distintos grupos culturales y dentro de la propia psique del venezolano, mitigando la deriva nihilista provocada por nuestra actual ceguera cognitiva[4]. Para ello, examinaremos el cruce de cosmovisiones en Venezuela, analizaremos la articulación del concepto de nihilidad en Keiji Nishitani y, finalmente, reflexionaremos sobre cómo superar dicha nihilidad para inaugurar una coexistencia fundamentada en la armonía concrescente.

1.    Antropología filosófica: El cruce de cosmovisiones en Venezuela

Desde una perspectiva antropológica, el mundo de la vida (Lebenswelt) de las etnias indígenas venezolanas puede estructurarse a partir de dos grandes ejes: la naturaleza como realidad relacional y la dualidad y el uno desde un enfoque holístico.

La naturaleza relacional y el problema de la acumulación

Para el indígena, la naturaleza es un tejido de correspondencias mutuas cuyo equilibrio exige tomar solo lo necesario para la subsistencia; se proscribe la acumulación y el ansia de dominio[5]. En la Venezuela contemporánea, este rasgo reverbera de forma ambivalente: un sector de la población no acumula debido a un arraigo cultural de desprendimiento y armonía con la naturaleza, mientras que una gran mayoría no lo hace por una imposibilidad estructural y material, viviendo en el rigor del día a día.

La dualidad política y el Uno en la «Tierra sin Mal»

La dualidad se manifiesta con nitidez en la arena política. Consiste en la resistencia indígena frente al autoritarismo, entendido este último como una maquinaria de poder que fomenta la acumulación egoísta y aliena al ser humano de sus necesidades auténticas. El autoritarismo es, bajo esta luz, la encarnación del «mal».

Por el contrario, lo Uno representa la inserción armónica con el cosmos y lo numinoso, un horizonte que coincide con el mito guaraní de la «Tierra sin Mal». Es en este espacio sagrado donde se sitúa la nada.

El giro místico hispánico: De San Buenaventura a la transformación interior

Históricamente, la colonización ibérica importó un paradigma de la nada ligado a la escolástica de San Buenaventura de Bagnoregio, quien conceptualizó la nada como una oscuridad absoluta, contrapuesta a la luz cegadora del Ser. No obstante, la mística cristiana subvirtió esta paradoja. Si bien los pueblos originarios resolvieron la tensión identificando la nada con la divinidad protectora, la tradición mística española —con antecedentes en el Maestro Eckhart de Hochheim (1958 [2008]) y su cúspide en Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz— tomó un rumbo similar, a través de la transformación interior para ir más allá de la mística alemana[6].

Nos interesa rescatar la vía de los dos reformadores carmelitas, dado que su teología mística postula que el conocimiento más profundo de la realidad no se adquiere mediante la especulación racional, sino a través de una unión afectiva, directa y vivencial con lo divino:

  • Santa Teresa de Jesús (1999): Desarrolló un método intuitivo y fenomenológico centrado en el «entrar en uno mismo» a través del recogimiento interior, un movimiento que anticipa la propuesta de Keiji Nishitani (1999). Esta introspección no se aísla, sino que se vierte hacia el exterior mediante las obras prácticas y el amor activo al prójimo (lo que Shizuteru Ueda identificará como el compromiso con el mundo).
  • San Juan de la Cruz (1930): Propuso el vaciamiento radical del alma (kénosis), una renuncia sistemática a las representaciones conceptuales y apetitos del ego para que el espacio interior sea colmado por la luz divina. Este desasimiento coincide formalmente con la propuesta de transmutación de la nada en el budismo Zen.

La herencia de Teresa de Ávila y Juan de la Cruz demuestra que el ser humano posee una facultad cognitiva experiencial que brota justo allí donde la razón discursiva y el lenguaje convencional naufragan, permitiendo observar la «nada» desde otra perspectiva.

Esta herencia nos permite trazar dos coordenadas metodológicas: primero, constatar que existen firmes puntos de encuentro con la metafísica aborigen (la nada como totalidad, el equilibrio holístico y la armonía relacional); segundo, reconocer que estos puntos de encuentro coexisten en la conciencia del venezolano actual debido a la cruza civilizatoria. Proponemos, por tanto, utilizar el concepto de «nada absoluta» como un sustrato unificador. Esta operación es viable gracias a que Nishitani (1938 [2012]) y Ueda (2004) ya construyeron los puentes teóricos entre la nada del Maestro Eckhart, el nihilismo de Friedrich Nietzsche y la vacuidad del Zen como vía de superación.

2. Keiji Nishitani y Shizuteru Ueda: La articulación y superación del nihilismo

Keiji Nishitani, dio un paso audaz más allá de las aproximaciones de Suzuki al integrar el budismo Zen con el existencialismo, la ontología de Martin Heidegger y las intuiciones del Maestro Eckhart y Nietzsche. Su objetivo fue: ofrecer una respuesta diagnóstica y terapéutica a la crisis del nihilismo moderno, al cual definió como aquella condición alienada donde el ser humano pretende utilizar las leyes de la naturaleza como si operara fuera o por encima de ellas. Aquí es donde observamos la coincidencia con Whitehead (1920), en relación con la crítica a la bifurcación de la naturaleza.

Para superar esta patología de la modernidad, Nishitani —según la lectura de James Heisig (2013) — describe un itinerario de vaciamiento deliberado del sí mismo articulado en tres estaciones críticas impulsadas por la duda:)

  1. La Grieta Cotidiana: El individuo experimenta el colapso de sus certezas inmediatas ante el choque con el dolor o el sinsentido, abriendo una fisura de angustia. En lugar de obturar la herida con evasiones, el sujeto asume el compromiso de habitar esa fractura.
  2. El Abismo de la Nihilidad: La duda se radicaliza hasta convertirse en un precipicio ontológico. Toda seguridad metafísica o material se desvanece; emergen las preguntas existenciales (¿qué soy?, ¿por qué existo?) y se adquiere una autoconciencia trágica de la finitud.
  3. La Vacuidad Absoluta (Śūnyatā en sanscrito): El abismo de la nihilidad se transita y se anula a sí mismo al comprender que el mundo del ser es una manifestación relativa. Debajo y alrededor de las formas opera una nada absoluta, dinámica y omniabarcadora. El «yo» se reconoce como un «no-yo» interconectado, y las oposiciones dualistas se revelan como ilusiones cognitivas.

Al acceder a esta «nada absoluta subjetiva» —que se sintoniza con el vaciamiento desinteresado de San Juan de la Cruz—, el espíritu se desobstruye de las exigencias del ego. En este plano, la relación con el Otro se libera, permitiendo que la gran compasión (Mahākaruṇā, en sanscrito) y el servicio altruista broten de manera natural, tal como lo ejemplificó la ética del amor al prójimo en Santa Teresa.

Shizuteru Ueda (2004) continuó esta veta hermenéutica vinculando la mística eckhartiana con el Zen, pero introduciendo una precisión crucial: mientras que en Eckhart la nada sigue apuntando al Ser Supremo inexpresable de Dios, en el Zen la nada absoluta se realiza en el corazón de la cotidianidad, en el aquí y ahora (rasgo que comparte con la mística ibérica). Ueda formuló así la teoría del «doble ser-en-el-mundo», sostenida en tres premisas:

  • El yo auténtico solo se constituye tras atravesar la negación absoluta del ego.
  • Este yo es un ser de doble estrato: habita plenamente el mundo histórico y, simultáneamente, se asienta más allá de él.
  • El horizonte de la realidad descansa sobre la extensión vacía de la nada absoluta, la cual excede y dinamiza los límites del lenguaje.

Esta negación absoluta del ego nos reconecta con la resistencia aborigen frente al autoritarismo, en cualquiera de sus formas. En las etnias originarias, la negación de las estructuras jerárquicas es la condición indispensable para mantener la comunión con el cosmos (en el mundo) y con la dimensión mística (más allá del mundo). Ahora bien, dado que ni Nishitani ni Ueda diseñaron un método histórico-político aplicable a nuestra realidad para alcanzar dicha nada subjetiva como peldaño hacia la armonía concrescente universal, sostenemos que el método puede articularse desde la praxis espiritual y encarnada de Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, siguiendo la estela dejada por los filósofos de la nada y la coincidencia fonética ‘Edakuni’ porque intuitivamente establece un fundamento armónico entre teología y realidad.

3. Encendiendo la luz en la oscuridad cognitiva

Briceño Guerrero (1962 [2015]), aseveró con preocupación que Venezuela carece de un centro identitario consolidado. Proponemos que esta fragmentación obedece a dos factores: por un lado, a la tensión irresuelta introducida por la modernidad colonial entre el monismo racionalista cristiano y el relacionismo holístico de las culturas originarias; por el otro, a una inercia cognitiva que bloquea sistemáticamente aquello que desafía nuestros marcos de creencias. Para desentrañar este nudo, resulta esclarecedor el diagnóstico epistemológico de Takeshi Yoro.

Según Takeshi Yoro (2026), el pensamiento occidental moderno está edificado sobre el monoteísmo semítico y el racionalismo absoluto. Esta estructura postula un Dios único que funge como garante de una sola realidad objetiva y cognoscible. Bajo este esquema, se asume que existe una verdad unívoca accesible mediante la argumentación lógica. No obstante, este monismo epistemológico engendra un reverso segregador: al validar un único criterio de verdad, tiende a la intolerancia frente a lo diverso.

Cuando un individuo se topa con una realidad que contradice sus certezas o amenaza su statu quo, levanta lo que Yoro (2026) denomina el «muro de la ignorancia». Este muro hunde al sujeto en una inercia cognitiva voluntaria, un mecanismo biológico y cultural de autoprotección que prefiere la comodidad del dogma antes que la apertura a la experiencia plena. Ello explica, de una manera más concreta, la afirmación realizada por Briceño Guerrero acerca de la carencia de un centro identitario.

Por el contrario, la cosmovisión tradicional de Japón —nutrida por el politeísmo sintoísta y la impermanencia budista— descarta la existencia de un centro de verdad inmutable y afirma el centro identitario. La epistemología japonesa define el comprender, como una «adquisición corporal inconsciente», una experiencia inmediata y total que puede leerse teológicamente desde Whitehead —como sugiere Yutaka Tanaka (2010)— como un flujo de eventos interconectados. Aquí, la realidad es una red dinámica de relaciones físicas, corpóreas y pragmáticas entre el organismo viviente y su ecosistema, un rasgo idéntico al relacionismo de las etnias indígenas venezolanas.

El venezolano habita esta dualidad en una tensión desgarradora. Se le ha impuesto una racionalidad occidental que ignora la riqueza de la experiencia plena de sus otras dos matrices culturales. Hoy en día, esta tensión se ve agravada por la hiper-racionalización y la «sistematización» algorítmica de la existencia.

La experiencia plena es el eslabón que anuda la metafísica de Whitehead con la filosofía de la nada. Es también el trampolín que permite saltar del abismo de la nihilidad a la vacuidad absoluta. Reconocer que la búsqueda de certezas absolutas conduce al dogmatismo nos obliga a vaciar críticamente nuestro entendimiento.

Para quebrar los muros de la ignorancia en Venezuela y producir un centro identitario, es preciso adoptar la actitud desasida de San Juan de la Cruz a fin de tocar la nada absoluta (Nishitani y Ueda), y activar la imaginación, la empatía y el afecto comunitario de Santa Teresa de Ávila. Ambas, teniendo como fundamento la visión holística y relacionista de las comunidades indígenas. Solo a través de este diálogo intercultural y trans-racional, la conciencia fragmentada del venezolano podrá sanar. Cada instante de la vida cotidiana debe ser asumido como un espacio de iluminación, donde la compasión no sea una mera emoción pasiva, sino el acto de sentir la interconexión del todo y responder activamente a las necesidades de quienes padecen la alienación, el rigor material o la exclusión ontológica.

4. Escolio

En esta singladura teórica, hemos articulado la filosofía de la nada de la Escuela de Kioto con la mística carmelita y la antropología indígena como vía terapéutica frente al nihilismo contemporáneo. Nuestro aporte ha consistido en un doble movimiento de descentramiento y arraigo:

  • Primero: Sustituimos la mística especulativa occidental del Maestro Eckhart por la mística ibérica de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, debido a que el modelo carmelita es intrínsecamente dinámico, pragmático y volcado hacia el prójimo, ofreciendo una salida activa a la nihilidad eurocéntrica.
  • Segundo: Reivindicamos el ser-en-el-mundo de las etnias originarias por su orientación comunitaria y su equilibrio eco-espiritual con el entorno.

La aleación entre la mística hispánica y la cosmovisión aborigen opera como un puente intercultural indispensable. Este dispositivo promueve un diálogo hacia afuera para la liberación social frente a las estructuras de dominación (el Estado alienante), y un diálogo hacia adentro para la autoliberación de la conciencia del venezolano. Bajo estas premisas, la diversidad cultural deja de ser un foco de conflicto histórico para convertirse en la materia prima de una fecunda, libre y postergada armonía concrescente.

Referencias Consultadas

Blanco, E. (2026). ‘Edakuni’: Más allá de la coincidencia fonética en India, Venezuela y Japón. Caracas. Festina Lente B.G. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/03/edakuni-mas-alla-de-la-coincidencia.html y https://substack.com/home/post/p-196849473

Blanco, E. (2025). “Nihilismo, Martin Heidegger, la Escuela de Kioto y la Filosofía del Organismo: Una Lectura Caraqueña”. Caracas. Festina Lente B.G y Open Horizon. Documento en línea: Disponible: https://www.openhorizons.org/nihilism-martin-heidegger-the-kyoto-school-and-process-philosophy-dr-edgar-blanco-carrero.html y https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2025/06/nihilismo-martin-heidegger-la-escuela.html

Briceño Guerrero, J. (1962 [2015]). ¿Qué es la filosofía? Mérida. ULA. Proyecto Iconos. 32 p

Clastres, P. (1978). La Sociedad contra el Estado. Caracas. (T. A. Pizarro). Monte Ávila Editores. 192 p

Cobb, J. (1982). Beyond Dialogue: Toward a Mutual Transformation of Christianity and Buddhism. Philadelphia: Fortress Press

García Bacca, J. (1947). Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas. Volumen II. Caracas. Ministerio de Educación. 368 p.

Heisig, J. (2013). Filósofos de la Nada. Un Ensayo sobre la Escuela de Kioto. Barcelona. Editorial Herder. 409 p.

Llanes, G. (2018). Whitehead: Proceso y Substancia. Una reconsideración desde la filosofía medieval. Caracas. UCV. 258 p.

Llanes, G. (Coord.). (2020). Evoluciones Metafísicas. Permanencia, emergencia y diálogo. Caracas. Ediciones Rivero-Blanco. 328 p

Maestro Eckhart (1958 [2008]). El fruto de la nada (y otros escritos). 6° ed. Madrid. (T.A. Vega). Ediciones Siruela. 238 P.

Nishitani, K. (1999). La Religión y la Nada. Madrid. Barcelona. (T. R. Bouso). Ediciones Siruela. 382 p.

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Shizuteru Ueda (2004). Zen y filosofía. Barcelona. (T. R. Bouso e I. Giner). Editorial Herder. 191 p.

Susuki, T. D. (1995). Introducción al budismo zen. 4° ed. Buenos Aires. (T. H. Morel). Editorial Kier. 192 p.

Takeshi Yoro (2026). El muro de la ignorancia: Qué nos impide comprender el mundo que nos rodea. Madrid. (T. J. González Sánchez). Editorial Taurus. 200 p.

Tanaka, Y. (2010). “Philosophy of Nothingness and Process Theology”. Revista Diógenes N° 57(3): pp 20-34. Documento en línea. Disponible: https://www.researchgate.net/publication/254088070_Philosophy_of_Nothingness_and_Process_Theology

Velásquez, R. (2022). Mitos de creación de la cuenca del Orinoco. Caracas. Fundación Editorial El perro y la rana. 152 p. Documento en línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2022/11/Mitos-de-creaci%C3%B3n-DIGITAL.pdf

Viveiros de Castro, E. (2002). A Inconstância da Alma Selvagem. São Paulo. Editorial Cosac Naify. 549 p

Whitehead, A. (1929 [1978]). Process and Reality an Essay in Cosmology. New York. Free Press Macmillan Publishing Co. 398 p. 

Whitehead, A. (1920). The concept of nature. Londres. Cambridge University Press. 224 p. Documento en línea. Disponible: https://archive.org/details/cu31924012068593



[1] Ver: Tanaka (2010).

[2] Ver: Llanes (2020).

[3] Ver Blanco (2026).

[4] Esta es la continuación de un trabajo ya realizado. Ver: Blanco (2025).

[5] Ver al respecto: Clastres (1978), Viveiros de Castro (2002) y Velásquez (2022).

[6] Desde la perspectiva procesual, ver: Llanes (2018).