jueves, 6 de agosto de 2026

LA TIERRA SIN MAL Y LA NADA ABSOLUTA: ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA PARA CONCRESCER EN ARMONÍA UNIVERSAL


Ver: https://ctr4process.org/conference/14th-international-whitehead-conference/ y https://ctr4process.org/14th-international-whitehead-conference-schedule/

Video: https://studio.youtube.com/video/ggHV0ztiPMw/edit

En memoria eterna de quienes fueron arrebatados por la tierra y en honor de quienes emergieron de las sombras el 24 de junio.

El filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero (1962 [2015]) sostuvo que la identidad de su pueblo es el resultado de un entramado trifásico: las culturas europeas, aborigenes y africanas. Esta cruza, que se ha extendido durante cinco siglos, abarca aproximadamente 60 % de la población, imprimiendo en el ADN cultural y biológico de cada venezolano, las trazas de estos tres horizontes civilizatorios. No obstante, Briceño Guerrero también advirtió que la matriz europea se impuso históricamente a las otras dos.

Esta imposición no solo modeló las estructuras institucionales del país, también colonizó la conciencia colectiva. Ante este panorama, la filosofía orgánica de Alfred North Whitehead (1929 [1978]) y el pensamiento de la Escuela de Kioto[1] ofrecen herramientas conceptuales de vanguardia para disolver dicha hegemonía y generar una armonía concrescente. A través del principio de creatividad y el concepto de no-dualidad, es posible tender puentes ontológicos: ambas nociones que laten de forma intuitiva en la cosmovisión aborigen, fueron introducidas conceptualmente en el país por Juan David García Bacca (1947) y son desarrolladas actualmente por el Grupo de Investigación de Evoluciones Metafísicas (dirigido por la Dra. Guadalupe Llanes en el Instituto de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela)[2].

La creatividad, como causa inmanente en el esquema de Whitehead (1929 [1978]), es un acto puro, no especificado ni limitado, desprovisto de un carácter particular previo. Es el principio último de la naturaleza que dinamiza el cosmos al introducir la novedad en la multiplicidad de lo real, la cual se organiza mediante un proceso autocreativo y concrescente. La concrescencia (concrescence) es, precisamente, el proceso mediante el cual el universo avanza hacia una unidad celular (togetherness), deviniendo una entidad particular más compleja que «…se mueve hacia su causa final, que es su meta subjetiva; la transición es el vehículo de la causa eficiente, que es el pasado inmortal». Asimismo, la denuncia de Whitehead (1920) contra la «bifurcación de la naturaleza» (la separación tajante entre sujeto y objeto, mente y materia) puede leerse como una exigencia ontológica de la no-dualidad.

Por su parte, la no-dualidad encuentra su eco oriental en el budismo Zen, el cual enfatiza la unidad fundamental de lo real a partir de la experiencia directa. Según Teitarō Suzuki (1995), esta vivencia conduce a la iluminación (Satori o aprehensión de la vacuidad), la cual devela tres verdades:

  1. El «yo» no es una entidad sustancial y fija, sino un flujo interdependiente.
  2. La experiencia auténtica es inefable y desborda el lenguaje conceptual.
  3. El cese del aferramiento identitario, material o intelectual disuelve el sufrimiento.

El Zen, al igual que la filosofía del proceso de Whitehead, concibe el cosmos como un dinamismo perenne donde la nada subsiste de forma aislada. Estas convergencias permitieron a pensadores como John B. Cobb (1982) y Shizuteru Ueda (2004) trazar puntos de encuentro entre la filosofía del proceso y la Escuela de Kioto. Este esfuerzo ecuménico nos invita a buscar arraigos similares en el contexto venezolano. Más allá de la influencia académica de Whitehead, existe una sugerente coincidencia fonética y conceptual entre el pensamiento japonés y el aborigen: el término yekua'na Edakuni. En japonés, esta palabra denota la espiritualidad existente en el valle del monte Kōya (Koyasan). En Ye’kuana, denota una fuente o “luz central” plena y “el poseedor de la claridad interna”[3]. Esta correspondencia abre un anclaje ontológico en el plano mítico-religioso, tendiendo un puente entre el budismo esotérico Shingon y la cosmovisión de la etnia Caribe.

A partir de la estructura relacional que la Escuela de Kioto diseñó para mediar entre Oriente y Occidente mediante la no-dualidad, según Heisig (2013), este trabajo propone un modelo antropológico-creativo estableciendo, creativamente, un puente entre Oriente y Occidente, teniendo como fundamento, en particular, a la etnia Ye’kuana. El objetivo es armonizar concrescentemente las tensiones entre los distintos grupos culturales y dentro de la propia psique del venezolano, mitigando la deriva nihilista provocada por nuestra actual ceguera cognitiva[4]. Para ello, examinaremos el cruce de cosmovisiones en Venezuela, analizaremos la articulación del concepto de nihilidad en Keiji Nishitani y, finalmente, reflexionaremos sobre cómo superar dicha nihilidad para inaugurar una coexistencia fundamentada en la armonía concrescente.

1.    Antropología filosófica: El cruce de cosmovisiones en Venezuela

Desde una perspectiva antropológica, el mundo de la vida (Lebenswelt) de las etnias indígenas venezolanas puede estructurarse a partir de dos grandes ejes: la naturaleza como realidad relacional y la dualidad y el uno desde un enfoque holístico.

La naturaleza relacional y el problema de la acumulación

Para el indígena, la naturaleza es un tejido de correspondencias mutuas cuyo equilibrio exige tomar solo lo necesario para la subsistencia; se proscribe la acumulación y el ansia de dominio[5]. En la Venezuela contemporánea, este rasgo reverbera de forma ambivalente: un sector de la población no acumula debido a un arraigo cultural de desprendimiento y armonía con la naturaleza, mientras que una gran mayoría no lo hace por una imposibilidad estructural y material, viviendo en el rigor del día a día.

La dualidad política y el Uno en la «Tierra sin Mal»

La dualidad se manifiesta con nitidez en la arena política. Consiste en la resistencia indígena frente al autoritarismo, entendido este último como una maquinaria de poder que fomenta la acumulación egoísta y aliena al ser humano de sus necesidades auténticas. El autoritarismo es, bajo esta luz, la encarnación del «mal».

Por el contrario, lo Uno representa la inserción armónica con el cosmos y lo numinoso, un horizonte que coincide con el mito guaraní de la «Tierra sin Mal». Es en este espacio sagrado donde se sitúa la nada.

El giro místico hispánico: De San Buenaventura a la transformación interior

Históricamente, la colonización ibérica importó un paradigma de la nada ligado a la escolástica de San Buenaventura de Bagnoregio, quien conceptualizó la nada como una oscuridad absoluta, contrapuesta a la luz cegadora del Ser. No obstante, la mística cristiana subvirtió esta paradoja. Si bien los pueblos originarios resolvieron la tensión identificando la nada con la divinidad protectora, la tradición mística española —con antecedentes en el Maestro Eckhart de Hochheim (1958 [2008]) y su cúspide en Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz— tomó un rumbo similar, a través de la transformación interior para ir más allá de la mística alemana[6].

Nos interesa rescatar la vía de los dos reformadores carmelitas, dado que su teología mística postula que el conocimiento más profundo de la realidad no se adquiere mediante la especulación racional, sino a través de una unión afectiva, directa y vivencial con lo divino:

  • Santa Teresa de Jesús (1999): Desarrolló un método intuitivo y fenomenológico centrado en el «entrar en uno mismo» a través del recogimiento interior, un movimiento que anticipa la propuesta de Keiji Nishitani (1999). Esta introspección no se aísla, sino que se vierte hacia el exterior mediante las obras prácticas y el amor activo al prójimo (lo que Shizuteru Ueda identificará como el compromiso con el mundo).
  • San Juan de la Cruz (1930): Propuso el vaciamiento radical del alma (kénosis), una renuncia sistemática a las representaciones conceptuales y apetitos del ego para que el espacio interior sea colmado por la luz divina. Este desasimiento coincide formalmente con la propuesta de transmutación de la nada en el budismo Zen.

La herencia de Teresa de Ávila y Juan de la Cruz demuestra que el ser humano posee una facultad cognitiva experiencial que brota justo allí donde la razón discursiva y el lenguaje convencional naufragan, permitiendo observar la «nada» desde otra perspectiva.

Esta herencia nos permite trazar dos coordenadas metodológicas: primero, constatar que existen firmes puntos de encuentro con la metafísica aborigen (la nada como totalidad, el equilibrio holístico y la armonía relacional); segundo, reconocer que estos puntos de encuentro coexisten en la conciencia del venezolano actual debido a la cruza civilizatoria. Proponemos, por tanto, utilizar el concepto de «nada absoluta» como un sustrato unificador. Esta operación es viable gracias a que Nishitani (1938 [2012]) y Ueda (2004) ya construyeron los puentes teóricos entre la nada del Maestro Eckhart, el nihilismo de Friedrich Nietzsche y la vacuidad del Zen como vía de superación.

2. Keiji Nishitani y Shizuteru Ueda: La articulación y superación del nihilismo

Keiji Nishitani, dio un paso audaz más allá de las aproximaciones de Suzuki al integrar el budismo Zen con el existencialismo, la ontología de Martin Heidegger y las intuiciones del Maestro Eckhart y Nietzsche. Su objetivo fue: ofrecer una respuesta diagnóstica y terapéutica a la crisis del nihilismo moderno, al cual definió como aquella condición alienada donde el ser humano pretende utilizar las leyes de la naturaleza como si operara fuera o por encima de ellas. Aquí es donde observamos la coincidencia con Whitehead (1920), en relación con la crítica a la bifurcación de la naturaleza.

Para superar esta patología de la modernidad, Nishitani —según la lectura de James Heisig (2013) — describe un itinerario de vaciamiento deliberado del sí mismo articulado en tres estaciones críticas impulsadas por la duda:)

  1. La Grieta Cotidiana: El individuo experimenta el colapso de sus certezas inmediatas ante el choque con el dolor o el sinsentido, abriendo una fisura de angustia. En lugar de obturar la herida con evasiones, el sujeto asume el compromiso de habitar esa fractura.
  2. El Abismo de la Nihilidad: La duda se radicaliza hasta convertirse en un precipicio ontológico. Toda seguridad metafísica o material se desvanece; emergen las preguntas existenciales (¿qué soy?, ¿por qué existo?) y se adquiere una autoconciencia trágica de la finitud.
  3. La Vacuidad Absoluta (Śūnyatā en sanscrito): El abismo de la nihilidad se transita y se anula a sí mismo al comprender que el mundo del ser es una manifestación relativa. Debajo y alrededor de las formas opera una nada absoluta, dinámica y omniabarcadora. El «yo» se reconoce como un «no-yo» interconectado, y las oposiciones dualistas se revelan como ilusiones cognitivas.

Al acceder a esta «nada absoluta subjetiva» —que se sintoniza con el vaciamiento desinteresado de San Juan de la Cruz—, el espíritu se desobstruye de las exigencias del ego. En este plano, la relación con el Otro se libera, permitiendo que la gran compasión (Mahākaruṇā, en sanscrito) y el servicio altruista broten de manera natural, tal como lo ejemplificó la ética del amor al prójimo en Santa Teresa.

Shizuteru Ueda (2004) continuó esta veta hermenéutica vinculando la mística eckhartiana con el Zen, pero introduciendo una precisión crucial: mientras que en Eckhart la nada sigue apuntando al Ser Supremo inexpresable de Dios, en el Zen la nada absoluta se realiza en el corazón de la cotidianidad, en el aquí y ahora (rasgo que comparte con la mística ibérica). Ueda formuló así la teoría del «doble ser-en-el-mundo», sostenida en tres premisas:

  • El yo auténtico solo se constituye tras atravesar la negación absoluta del ego.
  • Este yo es un ser de doble estrato: habita plenamente el mundo histórico y, simultáneamente, se asienta más allá de él.
  • El horizonte de la realidad descansa sobre la extensión vacía de la nada absoluta, la cual excede y dinamiza los límites del lenguaje.

Esta negación absoluta del ego nos reconecta con la resistencia aborigen frente al autoritarismo, en cualquiera de sus formas. En las etnias originarias, la negación de las estructuras jerárquicas es la condición indispensable para mantener la comunión con el cosmos (en el mundo) y con la dimensión mística (más allá del mundo). Ahora bien, dado que ni Nishitani ni Ueda diseñaron un método histórico-político aplicable a nuestra realidad para alcanzar dicha nada subjetiva como peldaño hacia la armonía concrescente universal, sostenemos que el método puede articularse desde la praxis espiritual y encarnada de Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, siguiendo la estela dejada por los filósofos de la nada y la coincidencia fonética ‘Edakuni’ porque intuitivamente establece un fundamento armónico entre teología y realidad.

3. Encendiendo la luz en la oscuridad cognitiva

Briceño Guerrero (1962 [2015]), aseveró con preocupación que Venezuela carece de un centro identitario consolidado. Proponemos que esta fragmentación obedece a dos factores: por un lado, a la tensión irresuelta introducida por la modernidad colonial entre el monismo racionalista cristiano y el relacionismo holístico de las culturas originarias; por el otro, a una inercia cognitiva que bloquea sistemáticamente aquello que desafía nuestros marcos de creencias. Para desentrañar este nudo, resulta esclarecedor el diagnóstico epistemológico de Takeshi Yoro.

Según Takeshi Yoro (2026), el pensamiento occidental moderno está edificado sobre el monoteísmo semítico y el racionalismo absoluto. Esta estructura postula un Dios único que funge como garante de una sola realidad objetiva y cognoscible. Bajo este esquema, se asume que existe una verdad unívoca accesible mediante la argumentación lógica. No obstante, este monismo epistemológico engendra un reverso segregador: al validar un único criterio de verdad, tiende a la intolerancia frente a lo diverso.

Cuando un individuo se topa con una realidad que contradice sus certezas o amenaza su statu quo, levanta lo que Yoro (2026) denomina el «muro de la ignorancia». Este muro hunde al sujeto en una inercia cognitiva voluntaria, un mecanismo biológico y cultural de autoprotección que prefiere la comodidad del dogma antes que la apertura a la experiencia plena. Ello explica, de una manera más concreta, la afirmación realizada por Briceño Guerrero acerca de la carencia de un centro identitario.

Por el contrario, la cosmovisión tradicional de Japón —nutrida por el politeísmo sintoísta y la impermanencia budista— descarta la existencia de un centro de verdad inmutable y afirma el centro identitario. La epistemología japonesa define el comprender, como una «adquisición corporal inconsciente», una experiencia inmediata y total que puede leerse teológicamente desde Whitehead —como sugiere Yutaka Tanaka (2010)— como un flujo de eventos interconectados. Aquí, la realidad es una red dinámica de relaciones físicas, corpóreas y pragmáticas entre el organismo viviente y su ecosistema, un rasgo idéntico al relacionismo de las etnias indígenas venezolanas.

El venezolano habita esta dualidad en una tensión desgarradora. Se le ha impuesto una racionalidad occidental que ignora la riqueza de la experiencia plena de sus otras dos matrices culturales. Hoy en día, esta tensión se ve agravada por la hiper-racionalización y la «sistematización» algorítmica de la existencia.

La experiencia plena es el eslabón que anuda la metafísica de Whitehead con la filosofía de la nada. Es también el trampolín que permite saltar del abismo de la nihilidad a la vacuidad absoluta. Reconocer que la búsqueda de certezas absolutas conduce al dogmatismo nos obliga a vaciar críticamente nuestro entendimiento.

Para quebrar los muros de la ignorancia en Venezuela y producir un centro identitario, es preciso adoptar la actitud desasida de San Juan de la Cruz a fin de tocar la nada absoluta (Nishitani y Ueda), y activar la imaginación, la empatía y el afecto comunitario de Santa Teresa de Ávila. Ambas, teniendo como fundamento la visión holística y relacionista de las comunidades indígenas. Solo a través de este diálogo intercultural y trans-racional, la conciencia fragmentada del venezolano podrá sanar. Cada instante de la vida cotidiana debe ser asumido como un espacio de iluminación, donde la compasión no sea una mera emoción pasiva, sino el acto de sentir la interconexión del todo y responder activamente a las necesidades de quienes padecen la alienación, el rigor material o la exclusión ontológica.

4. Escolio

En esta singladura teórica, hemos articulado la filosofía de la nada de la Escuela de Kioto con la mística carmelita y la antropología indígena como vía terapéutica frente al nihilismo contemporáneo. Nuestro aporte ha consistido en un doble movimiento de descentramiento y arraigo:

  • Primero: Sustituimos la mística especulativa occidental del Maestro Eckhart por la mística ibérica de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, debido a que el modelo carmelita es intrínsecamente dinámico, pragmático y volcado hacia el prójimo, ofreciendo una salida activa a la nihilidad eurocéntrica.
  • Segundo: Reivindicamos el ser-en-el-mundo de las etnias originarias por su orientación comunitaria y su equilibrio eco-espiritual con el entorno.

La aleación entre la mística hispánica y la cosmovisión aborigen opera como un puente intercultural indispensable. Este dispositivo promueve un diálogo hacia afuera para la liberación social frente a las estructuras de dominación (el Estado alienante), y un diálogo hacia adentro para la autoliberación de la conciencia del venezolano. Bajo estas premisas, la diversidad cultural deja de ser un foco de conflicto histórico para convertirse en la materia prima de una fecunda, libre y postergada armonía concrescente.

Referencias Consultadas

Blanco, E. (2026). ‘Edakuni’: Más allá de la coincidencia fonética en India, Venezuela y Japón. Caracas. Festina Lente B.G. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/03/edakuni-mas-alla-de-la-coincidencia.html y https://substack.com/home/post/p-196849473

Blanco, E. (2025). “Nihilismo, Martin Heidegger, la Escuela de Kioto y la Filosofía del Organismo: Una Lectura Caraqueña”. Caracas. Festina Lente B.G y Open Horizon. Documento en línea: Disponible: https://www.openhorizons.org/nihilism-martin-heidegger-the-kyoto-school-and-process-philosophy-dr-edgar-blanco-carrero.html y https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2025/06/nihilismo-martin-heidegger-la-escuela.html

Briceño Guerrero, J. (1962 [2015]). ¿Qué es la filosofía? Mérida. ULA. Proyecto Iconos. 32 p

Clastres, P. (1978). La Sociedad contra el Estado. Caracas. (T. A. Pizarro). Monte Ávila Editores. 192 p

Cobb, J. (1982). Beyond Dialogue: Toward a Mutual Transformation of Christianity and Buddhism. Philadelphia: Fortress Press

García Bacca, J. (1947). Nueve grandes filósofos contemporáneos y sus temas. Volumen II. Caracas. Ministerio de Educación. 368 p.

Heisig, J. (2013). Filósofos de la Nada. Un Ensayo sobre la Escuela de Kioto. Barcelona. Editorial Herder. 409 p.

Llanes, G. (2018). Whitehead: Proceso y Substancia. Una reconsideración desde la filosofía medieval. Caracas. UCV. 258 p.

Llanes, G. (Coord.). (2020). Evoluciones Metafísicas. Permanencia, emergencia y diálogo. Caracas. Ediciones Rivero-Blanco. 328 p

Maestro Eckhart (1958 [2008]). El fruto de la nada (y otros escritos). 6° ed. Madrid. (T.A. Vega). Ediciones Siruela. 238 P.

Nishitani, K. (1999). La Religión y la Nada. Madrid. Barcelona. (T. R. Bouso). Ediciones Siruela. 382 p.

Nishitani, K. (1938 [2012]). “Le Zarathoustra de Nietzsche et Maître Eckhart”. París. (T. S. Isaac). Théologiques, 20 (1-2). Pp 169–198. [Documento en Línea]. Disponible: https://doi.org/10.7202/1018858ar [Consulta:24JUL2019].

San Juan de la Cruz (1930). Obras de San Juan de la Cruz. Burgos. Editorial Monte Carmelo. 612 p Documento en línea. Disponible: https://dn760007.eu.archive.org/0/items/obrasdesanjuande03john/obrasdesanjuande03john.pdf

Santa Teresa de Jesús (1999). Camino de Perfección. Editorial El Aleph. 155 p. Documento en línea. Disponible: https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/CAMINO%20DE%20PERFECCION.pdf

Shizuteru Ueda (2004). Zen y filosofía. Barcelona. (T. R. Bouso e I. Giner). Editorial Herder. 191 p.

Susuki, T. D. (1995). Introducción al budismo zen. 4° ed. Buenos Aires. (T. H. Morel). Editorial Kier. 192 p.

Takeshi Yoro (2026). El muro de la ignorancia: Qué nos impide comprender el mundo que nos rodea. Madrid. (T. J. González Sánchez). Editorial Taurus. 200 p.

Tanaka, Y. (2010). “Philosophy of Nothingness and Process Theology”. Revista Diógenes N° 57(3): pp 20-34. Documento en línea. Disponible: https://www.researchgate.net/publication/254088070_Philosophy_of_Nothingness_and_Process_Theology

Velásquez, R. (2022). Mitos de creación de la cuenca del Orinoco. Caracas. Fundación Editorial El perro y la rana. 152 p. Documento en línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2022/11/Mitos-de-creaci%C3%B3n-DIGITAL.pdf

Viveiros de Castro, E. (2002). A Inconstância da Alma Selvagem. São Paulo. Editorial Cosac Naify. 549 p

Whitehead, A. (1929 [1978]). Process and Reality an Essay in Cosmology. New York. Free Press Macmillan Publishing Co. 398 p. 

Whitehead, A. (1920). The concept of nature. Londres. Cambridge University Press. 224 p. Documento en línea. Disponible: https://archive.org/details/cu31924012068593



[1] Ver: Tanaka (2010).

[2] Ver: Llanes (2020).

[3] Ver Blanco (2026).

[4] Esta es la continuación de un trabajo ya realizado. Ver: Blanco (2025).

[5] Ver al respecto: Clastres (1978), Viveiros de Castro (2002) y Velásquez (2022).

[6] Desde la perspectiva procesual, ver: Llanes (2018).

sábado, 1 de agosto de 2026

EL LEVIATÁN ALGORITMO: LA QUIEBRA DEL LIBERALISMO Y EL MITO DEL INDIVIDUO SOBERANO

 


Ver también: Nuevo Orden y nuevos leviatanes en https://youtu.be/xI08aYi_M4E?si=LKXn3WSAKZNcaqqM

Introducción

Presenciamos una fractura tectónica en la arquitectura del poder global. La transición actual no constituye una mera evolución digital, sino un cambio de paradigma en el que la asimetría de poder —que históricamente favoreció a las estructuras estatales encargadas de gestionar la seguridad a escala global— se ha debilitado severamente. Este fenómeno discurre en paralelo a la descomposición del hiperliberalismo de mercado, caracterizado por la fe ciega en una voluntad humana dotada de capacidades creadoras tradicionalmente atribuidas a la divinidad. En su lugar, emergen espacios económicamente compensados donde el Estado reasume un rol central en el control económico[1].

La liberación tecnológica, catalizada por un acceso democratizado a una potencia de cálculo sin precedentes, ha otorgado al individuo una paridad estratégica frente a un Estado incapaz de seguir el ritmo de la innovación (Davidson y Rees-Mogg, 1997). Este escenario impulsa dos dinámicas simultáneas: por un lado, la emergencia de los «nómadas digitales» (u individuos soberanos), concebidos por los autores citados como emprendedores de su propia soberanía; por el otro, la aparición de nuevos leviatanes orientados a reconfigurar la preservación del statu quo político. En este ecosistema, la responsabilidad económica se desplaza de la colectividad forzosa hacia la gestión autónoma mediante herramientas de encriptación que erigen fronteras lógicas allí donde las físicas perdieron eficacia. La capacidad estatal para capturar valor y actuar como garante exclusivo ha sido superada por la eficiencia de las soluciones privadas.

El presente trabajo examina a estos individuos soberanos en el marco de la emergencia de los nuevos leviatanes —nómadas y sedentarios— para ponderar el alcance real de la soberanía individual. Para ello, se abordará la mutación del estado de naturaleza, se evaluará la autonomía efectiva del individuo soberano y se analizará su proyección frente a la amenaza de los leviatanes nómadas.

1. Los nuevos leviatanes y la mutación del estado de naturaleza

La pretensión de una sociedad global gestionada de manera racional y tecnocrática ha cedido el paso al resurgimiento de nuevos leviatanes de índole autoritaria, ya sean sedentarios (Estados convencionales) o nómadas (articulaciones entre Estados y corporaciones). Este fenómeno remite a la célebre caracterización de Thomas Hobbes en Leviatán (1651 [1989]):

«Gracias al arte se crea ese gran Leviatán que llamamos república o Estado (en latín civitas), que no es sino un hombre artificial, aunque de mayor estatura y robustez que el natural, para cuya protección y defensa fue instituido; y en el cual la soberanía es un alma artificial que da vida y movimiento al cuerpo entero; los magistrados y otros funcionarios [...] nexos artificiales; la recompensa y el castigo [...] los nervios que hacen lo mismo en el cuerpo natural; la riqueza y la abundancia de todos los miembros particulares constituyen su potencia; la salus populi (la salvación del pueblo) son sus negocios; los consejeros [...] la memoria; la equidad y las leyes, una razón y una voluntad artificiales; la concordia, la salud; la sedición, la enfermedad; la guerra civil, la muerte. Por último, los convenios mediante los cuales las partes de este cuerpo político se crean, combinan y unen entre sí, aseméjanse a aquel fiat, o hagamos al hombre, pronunciado por Dios en la Creación».

A diferencia del soberano hobbesiano original, cuyo fin legítimo era mitigar el estado de naturaleza y garantizar la seguridad de los súbditos, los nuevos leviatanes operan como agentes activos de inseguridad, reintroduciendo a las sociedades en un estado de naturaleza virtual. Instrumentalizan la polarización y la manufactura de crisis para autolegitimarse, exigiendo no solo obediencia externa, sino la adhesión dogmática a proyectos de salvación secular e identitaria. Como señala John Gray (2024), el nuevo orden no persigue la paz social, sino la imposición de una uniformidad ideológica bajo el pretexto de la seguridad colectiva. Este escenario es el que llevó a Giorgio Agamben (2015) a conceptualizar nuestra era bajo la categoría de «guerra civil global»[2].

En el plano geopolítico, esta mutación deriva en la coexistencia conflictiva de grandes bloques estatales que han adaptado sus mecanismos de control a sus respectivas tradiciones históricas: China, Rusia y EE. UU. (junto a sus áreas de influencia), sumados a una Europa Occidental que evoca una reedición del Sacro Imperio Romano Germánico. El orden internacional ya no se articula mediante valores compartidos, sino a través de la competencia entre bloques económicamente compensados que justifican bajo teologías políticas la fragmentación del globo y el fortalecimiento de las estructuras autoritarias.

En Occidente, el auge de teologías como la woke o la mesiánica halla explicación en la tesis de Carl Schmitt (1938 [2008]): el Estado moderno perdió su capacidad para exigir el sacrificio supremo al despojarse de su dimensión mítica y neutralizarse mediante la separación entre la fe privada y la confesión pública. Esta neutralización técnica facilitó con el tiempo la captura del aparato estatal por parte de corporaciones privadas, abriendo la puerta a formas de dominación desterritorializada amplificadas por las tecnologías de la información. Se consolida así una transferencia de soberanía: del marco legal formal hacia quienes operan las infraestructuras intangibles del código algorítmico.

Gilles Deleuze (2006) anticipó este tránsito hacia las sociedades de control, donde las instituciones cerradas entran en crisis y son reemplazadas por mecanismos que modulan de forma continua y ultrarrápida los flujos de información. El individuo habita una inestabilidad permanente donde la formación, el trabajo y el consumo se prolongan en una red metaestable que dirige su existencia. En este entorno, la disolución de los límites entre lo público y lo privado fuerza una adaptación continua. De este contexto emerge una élite cognitiva que aspira a consolidarse como «individuo soberano» dentro de una automatización extrema. Hoy, dicha automatización está condicionada por ecosistemas de agentes autónomos de inteligencia artificial generativa que negocian y ejecutan transacciones de manera independiente, desafiando los marcos institucionales de la propiedad tradicional.

2. El Individuo Soberano

Para Davidson y Rees-Mogg (1997), la privacidad digital trascendió la categoría de derecho civil para convertirse en un blindaje técnico frente a la voracidad fiscal del Estado. La adopción masiva de la criptografía y los flujos financieros cifrados representan una amenaza existencial para las burocracias heredadas de la era industrial: la invisibilidad financiera erosiona la recaudación y subvierte la premisa de la soberanía, pues un Estado incapaz de auditar la renta pierde su facultad para gobernar mediante la coerción o la persuasión. Esta desintermediación coercitiva transforma al contribuyente en un agente nómada dotado de tres implicaciones estratégicas:

  • El Estado como proveedor de servicios: Pierde su estatus de «Señor Soberano» y pasa a competir como un ofertante más en un mercado de servicios gubernamentales.
  • Arbitraje jurisdiccional: La élite cognitiva traslada su residencia y patrimonio en función de la relación coste-beneficio, forzando a los gobiernos a adoptar una eficiencia de mercado.
  • Movilidad total del capital: Al volverse intangible y cifrada, la riqueza se insubordina a los mecanismos tradicionales de captura estatal.

Esta dinámica cataliza la fragmentación del poder público y afianza a una élite cognitiva definida por tres rasgos clave:

  • Desvinculación territorial: Su lealtad no responde a fronteras nacionales, sino a la eficiencia del capital y los flujos tecnológicos.
  • Dominio informático: Utiliza la capacidad de cómputo para proteger su patrimonio al margen del sistema financiero tradicional.
  • Autonomía laboral: Opera mediante la contratación especializada, al margen de la protección o regulación del empleo tradicional.

No obstante, la figura del «Individuo Soberano» o «nómada digital» exige una relectura crítica. Siguiendo a Deleuze (2006), este sujeto no se ha liberado del control, sino que se ha reterritorializado en un flujo modulado en un estrato superior. Aunque rompe con el arraigo geográfico y comunitario para preservar su existencia, la búsqueda de autonomía es una carrera de hiperproductividad que encuentra el límite del agotamiento, tal como advierte Byung-Chul Han (2012) en La sociedad del cansancio.

Asimismo, desde la perspectiva de Deleuze y Guattari (2008), mientras el verdadero nómada se resiste a ser codificado por los aparatos de captura, el nómada digital tan solo se emancipa del control estatal para inscribirse en la infraestructura del hipercapitalismo. No transita por un espacio liso y libre, sino por canales trazados por plataformas tecnológicas. La pretendida «línea de fuga» corre el riesgo de convertirse en el camino más rápido hacia una nueva servidumbre. Surgen así dos paradojas:

  • Lo que para el nómada representa una vía de escape, para el sedentario se traduce en una barrera de exclusión.
  • La plataforma digital actúa, en sí misma, como el aparato de captura definitivo.

3. El Leviatán nómada

Frente al nomadismo como metáfora de libertad, Lhamsuren Munkh-Erdene (2023) introduce en The Nomadic Leviathan una perspectiva donde el poder se ejerce dominando los flujos de las relaciones sociales y políticas. Bajo este enfoque, el sujeto puede estar sometido a una estructura de mando hiperorganizada y móvil aun residiendo dentro de una «burbuja territorial». La soberanía del nómada digital se despliega en el intersticio entre dicha burbuja y el ciberespacio.

Actualmente, la arquitectura criptográfica booleana permite trabajar desde Caracas, bancarizarse en Catar y alojar datos en Virginia. Sin embargo, el advenimiento de la computación cuántica vulnerará estos esquemas de cifrado, destruyendo la confianza técnica e instaurando nuevas formas de captura. Sin la garantía de una identidad e información inviolables, la libertad geográfica colapsa. El nomadismo digital, que exige una fe ciega en la red, enfrentará una crisis cuando el espacio virtual sea intervenido por sistemas de seguridad cuántica.

La física cuántica desafía las nociones tradicionales de espacio y tiempo. Mientras el nomadismo aprovecha la flexibilidad espacio-temporal, la computación cuántica permite estríar el espacio reduciendo la incertidumbre. Al sustituir el bit por el qubit, la certeza por la probabilidad, la secuencia lineal por la superposición y el aislamiento por el entrelazamiento, el paradigma del poder se vuelve probabilístico. El control ya no se ejerce prohibiendo, sino modulando los estados de superposición de la sociedad. En este entorno, la soberanía individual se reduce a una cuestión de velocidad e inmunidad matemática, marcando el paso del panóptico digital al panóptico cuántico.

A nivel estatal, la tecnología cuántica trasciende el cálculo masivo: permite simular sistemas complejos en tiempo real, modelar la biopolítica, predecir colapsos económicos e incluso reconstruir el historial digital de cualquier actor (soberanía retroactiva). Los Estados incapaces de desarrollar estas tecnologías quedarán reducidos a una condición de vasallaje frente a los nuevos leviatanes cuánticos.

4. Corolario: El modus vivendi en la penumbra del orden global

El tránsito hacia los nuevos leviatanes y la hegemonía del código algorítmico sitúan en crisis la soberanía individual. La reubicación del individuo en burbujas territoriales lo convierte en la vanguardia de un capital que modula y reconfigura constantemente el territorio. Esta condición se agrava en tanto la política deja de ser el arte de la prudencia —la reacción ponderada ante los hechos— para transformarse en una técnica de asimetría epistémica basada en la simulación predictiva y en la clausura de la libertad humana mediante la observación continua.

Ante este panorama, conviene recuperar dos intuiciones fundamentales: la advertencia de Martin Heidegger sobre la necesidad de resguardar al ser frente al dominio de la técnica, y el principio de indeterminación de Werner Heisenberg. El peligro sustancial de la era de la información no reside únicamente en el extractivismo de datos o la pérdida de privacidad, sino en la abolición de la indeterminación: el riesgo de que el aparato técnico-político mida e hiperdetermine la vida hasta erradicar lo imprevisto, la transformación personal y la posibilidad misma de perseverar en una existencia autónoma.

Bibliografía consultada

Agamben, G. (2015). Stasis. La guerra civile come paradigma politico. Homo sacer II, 2. Torino: Bollati Boringhieri.

Blanco, E. (2026a). Lhamsuren Munkh-Erdene: Más allá del Tratado de Nomadología de Deleuze y Guattari. Caracas: Festina Lente B.G. [Documento en línea]. Disponible en: [https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/04/lhamsuren-munkh-erdene-mas-alla-del.html](https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/04/lhamsuren-munkh-erdene-mas-alla-del.html)

Blanco, E. (2026b). Spykman 2.0 y el debilitamiento del ‘rimland’ como espacio de contención en la geoestrategia del siglo XXI. Caracas: Festina Lente B.G. [Documento en línea]. Disponible en: [https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/07/spykman-20-y-el-debilitamiento-del.html](https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/07/spykman-20-y-el-debilitamiento-del.html)

Byung-Chul Han. (2012). La sociedad del cansancio (Trad. A. Saratxaga Arregi). Barcelona: Herder Editorial.

Davidson, J. y Rees-Mogg, W. (1997). The Sovereign Individual: How to Survive and Prosper During the Collapse of the Welfare State. London: Macmillan.

Deleuze, G. (2006). «Post-scriptum sobre las sociedades de control». Polis. Revista Latinoamericana, (13).

Deleuze, G. y Guattari, F. (1980 [2008]). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia (8.ª ed., Trad. J. Vásquez y U. Larraceleta). Valencia: Editorial Pre-Textos.

Gray, J. (2024). Los nuevos leviatanes. Reflexiones tras el liberalismo (Trad. A. Santos Mosquera). México: Editorial Sexto Piso.

Hobbes, T. (1651 [1989]). Leviatán. O la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil (Trad. C. Mellizo). Madrid: Alianza Editorial.

Munkh-Erdene, L. (2023). The Nomadic Leviathan. A Critique of the Sinocentric Paradigm. Leiden: Brill.

Schmitt, C. (1938 [2008]). El Leviatán en la doctrina del Estado de Thomas Hobbes. México: Editorial Fontamara.

 



[1] Ver al respecto: Blanco (2026a).

[2] Ver al respecto: Blanco (2026b).