En ¿Qué
es la filosofía?, Gilles Deleuze y Félix Guattari (1991 [2009]) despliegan
una serie de referencias a Martin Heidegger, entre las cuales destaca el agudo
diagnóstico de su deriva política:
«Las
democracias son mayorías, pero un devenir es por naturaleza lo que se sustrae
siempre a la mayoría... El caso Heidegger ha complicado más las cosas: ha hecho
falta que un gran filósofo se reterritorializara efectivamente en el nazismo
para que los comentarios más sorprendentes se opongan...» (p. 110).
«No siempre
es fácil ser heideggeriano… Tenía que ser un filósofo, como si la ignominia
tuviera que entrar en la filosofía misma. Pretendió alcanzar a los griegos a
través de los alemanes en el peor momento de su historia… Heidegger se perdió
por las sendas de la reterritorialización, pues se trata de caminos sin balizas
ni parapetos... Se equivocó de pueblo, de tierra, de sangre. Pues la raza
llamada por el arte o la filosofía no es la que se pretende pura, sino una raza
oprimida, bastarda, inferior, anárquica, nómada, irremediablemente menor» (p.
111).
Estas
palabras suscitan una interrogante crucial: ¿fueron Deleuze y Guattari
heideggerianos a pesar de la expresa y enconada hostilidad de esta cita? En la
obra mencionada, el pensador alemán es citado en diecinueve ocasiones. Esto
sugiere que el esfuerzo de los franceses estuvo orientado a apoyarse en su
ontología para, simultáneamente, intentar superarla.
El horizonte
de esta superación fue el espacio, una dimensión que Heidegger evadió
persistentemente hasta la publicación de sus conferencias Construir,
habitar, pensar (1951 [1997]) y El arte y el espacio (1968 [2009]),
como bien han señalado Franck Didier (1986) y Peter Sloterdijk (1999). Mientras
que Deleuze y Guattari critican a Heidegger por vincular el origen filosófico a
los griegos desde un historicismo temporal, ellos operan una fundamentación
espacial también anclada en Grecia para explicar la filosofía contemporánea,
excluyendo otros entornos geopolíticos. Este artículo examina dicha presencia
heideggeriana, el intento de superación y el estado actual de este cruce
conceptual.
1. La
presencia heideggeriana en la obra de Deleuze y Guattari
Para
rastrear la huella de Heidegger en el pensamiento deleuzoguattariano, es
preciso considerar —siguiendo a Alberto Rosales (2008)— la reconstrucción
filosófica posterior a Ser y Tiempo. En los autores franceses, el
anclaje ontológico se sitúa, por un lado, en la unidad de los contrarios de
Heráclito de Éfeso y, por el otro, en la relación entre la batalla de Salamina
y el pensamiento fractal[1].
Esta lectura, no obstante, suele sobreponderar ciertos fragmentos heracleiticos
sin evaluar exhaustivamente el contexto sociopolítico del pensador jonio[2].
La veta
heideggeriana en Deleuze se remonta a Diferencia y repetición, donde
cuestiona el principio de identidad del alemán para proponer un concepto de acontecimiento
que desborde al "Ser" y se asiente experimentalmente en la multiplicidad.
Más tarde, en colaboración con Guattari, esta tesis se formaliza mediante una
ontología del rizoma inspirada en Spinoza y Whitehead. Ya en Mil mesetas
y ¿Qué es la filosofía?, la convergencia con Heidegger se hace patente
en dos núcleos: el sustrato heracléitico y la noción del habitar,
reconfigurada por los franceses a través del nomos y el territorio.
- El
anclaje ontológico y el "Entre": En sus
cursos de 1943, Heidegger utiliza la unidad heracléitica para definir la
mismidad como un espacio relacional e intersticial —el "entre" o
la inter-cisión— donde el Ser y el ente entablan una tensión
contingente e intransmisible (p. 163) que prefigura la idea de acontecimiento
(Ereignis). Para Deleuze y Guattari, este "entre" se
reformula mediante lo que podríamos entender como el pliegue
leibniziano: una brecha originaria de N-dimensiones que integra los
acontecimientos de nuestra época. El pliegue salvaguarda la singularidad
de los elementos, aloja una indeterminación potencial y viabiliza la
diferencia ontológica.
- Tierra
y Territorio: Respecto a Construir,
habitar, pensar, existe una coincidencia sustancial al vincular el
pensamiento con el lazo intrínseco entre tierra y territorio. En El
origen de la obra de arte, Heidegger (1996) sostiene que la creación
es un erigir consagrador que abre un mundo histórico apoyado sobre la
tierra (esta última entendida como lo impenetrable y clausurado). Deleuze
y Guattari operan aquí una reconfiguración geofilosófica con hondas
implicaciones políticas, alterando la concepción de la espacialidad, la
animalidad y los afectos.
En Mil
mesetas, los franceses asocian el pensar a la desterritorialización
absoluta, es decir, al desmantelamiento de toda unidad subjetiva molar.
Este movimiento expone la mente al caos, transformando el pensamiento en una
empresa peligrosa, colindante con el delirio o la esquizofrenia. De allí emerge
la máxima «pensar es viajar» sin cartografía previa, así como la noción de lo
Natal en ¿Qué es la filosofía? como máxima expresión de la potencia
creativa.
Aquí estalla
la crítica más severa: Deleuze y Guattari acusan a Heidegger de haber traicionado
la desterritorialización absoluta que él mismo vislumbró. Como intuyen los
franceses y ratifica Sloterdijk (1998 [2003]), Heidegger elaboró un diagnóstico
correcto, pero ofreció una respuesta equivocada en una época signada por el
resentimiento político. Al encadenar el acontecer del Ser al territorio
histórico de Grecia y a la tierra de Occidente, Heidegger clausuró las líneas
de fuga filosóficas, sometiendo la potencia nómada de la tierra a una
reterritorialización mística e historicista en una "pequeña patria"
excluyente. Paradójicamente, Deleuze y Guattari incurrirían más tarde en un
sesgo similar.
2. El
esfuerzo de superación
Si bien la
geofilosofía deleuzoguattariana desplaza el pensar desde la línea
histórico-temporal del Ser hacia un mapa geográfico de relaciones físicas y
políticas —el pensamiento no sucede en el tiempo, según ellos, sino que
se des/reterritorializa en el espacio—, su premisa de que pensar consiste en
producir conceptos que resistan al caos comparte el mismo suelo diagnóstico de
Heidegger.
Este punto
de partida se halla en la «comprensión preontológica» (o preconceptual) del
Ser, entendida como la disposición que faculta a la filosofía como «creación de
conceptos e instauración de [un] plano de inmanencia» (p. 45). De esta matriz,
los franceses derivan dos ramificaciones: la demarcación entre filosofía,
ciencia y arte, y la analítica de las sociedades de control.
La
distinción entre filosofía, ciencia y arte resulta paradójica. Al edificar una
epistemología que incorpora variables científicas, la separación nítida de
estas disciplinas se debilita, especialmente si recordamos que en la Grecia
clásica lo bueno, lo bello y lo verdadero componían una unidad. Esta
inconsistencia, visible en Mil mesetas, intenta resolverse en ¿Qué es
la filosofía? mediante el enunciado pragmático «yo funciono» (en el
capítulo "Del caos al cerebro"), donde la distinción adquiere un
carácter teleológico dependiente de la operatividad individual: ‘yo funciono’.
Por otra
parte, Deleuze y Guattari conceptualizan al griego como un ciudadano libre, en
contraste con la visión heideggeriana del griego como un ser telúrico y
autóctono[3].
Esta divergencia es nodal: el filósofo alemán se orienta a la Tierra
histórica-territorial de Grecia, mientras que los franceses dirigen la mirada
hacia el porvenir, hacia una «nueva tierra» (p. 95) —nótese que postulan
una nueva tierra y no un nuevo territorio—. Pensar una nueva
tierra exige anular el pasado, ejecutar una tabula rasa para fundar un
territorio inédito. Slavoj Žižek ha homologado esta propuesta deleuzoguattariana
al radicalismo de la Revolución Cultural china; basta calibrar sus repercusiones
históricas para advertir el peligro. Así, la objeción deleuzoguattariana acusa
a Heidegger de fijar el Ser entre el suelo griego y el destino alemán,
clausurando la potencia revolucionaria del nuevo comienzo. No obstante, cabe
adelantar que dicho "nuevo comienzo" propuesto por los franceses terminó
teniendo patas cortas.
En lo
concerniente a las sociedades de control, se observa una clara línea de
continuidad y superación entre los textos heideggerianos de 1938 y 1954 y el
célebre Post-scriptum deleuziano, donde se precisa cómo la ciencia y la
técnica se operacionalizan políticamente. Esto arroja luz sobre la célebre
disputa en torno a los Cuadernos negros. Si Deleuze advierte que los
individuos devienen «piezas componentes» (materias primas) de megamáquinas
informacionales, la cosificación del ser, el genocidio y la opresión que
Heidegger leyó como "síntomas" u "oscurecimientos" de una
época del Ser, deben ser reinterpretados no como una deriva política sino como
una advertencia. Bajo la luz de su praxis, entonces, las reflexiones de los Cuadernos
XII al XV no representan únicamente la disolución de la alteridad producto
de una tendencia histórica a la cual había que hacer frente, sino el residuo de
un colosal esfuerzo de autopreservación que creemos, fue producto de una
arrogancia académica y una estulticia política.
Si el
fascismo es, en palabras de Sloterdijk, la metafísica de la inmoderación, para
Heidegger, cuando se percató del error, constituyó una síntesis de humanismo y
bestialismo. Más allá de los clichés historiográficos, el reto, para nosotros,
estriba en producir conceptos propios que nos aseguren no ser medio de una
situación política determinada. Ello nos conduce directo al estado de la
cuestión actual.
3. El estado
de cosas actual del pensamiento heideggeriano
Tres
vectores esenciales permiten mensurar hoy la vigencia de Heidegger a través del
prisma deleuzoguattariano:
- La
reterritorialización nacionalista de la filosofía:
Deleuze y Guattari afirman que la filosofía se reterritorializa en el
Estado-nación y en el espíritu del pueblo (Volksgeist). Apoyándose
en Nietzsche, confieren un rol estelar a las tradiciones filosóficas alemana,
francesa e inglesa, en detrimento de la producción italiana o española,
atribuyendo la supuesta minusvalía latina al catolicismo[4].
Con ello, los franceses reproducen el mismo sesgo eurocéntrico que le
criticaron a Heidegger para el caso alemán. Esta arrogancia metodológica de
esos autores postmodernos pudiera explicar, por contraste, por qué estamos
aquí conversando de un filósofo alemán.
- Derivas
metodológicas y posthumanismo:
Mientras Heidegger recusó la lógica tradicional y el cálculo científico en
favor de un pensar meditativo, Deleuze y Guattari articularon una
ontología aliada con las ciencias contemporáneas y la física molecular. En
la práctica, este aparato metodológico está acelerando la objetivación del
Ser y pavimentando una era posthumana y tecnificada. A diferencia de la
resistencia heideggeriana, Ernesto Mayz Vallenilla (1990) y Peter
Sloterdijk han demostrado que este devenir técnico es irreversible y hay
que encararlo reflexivamente. Frente a este panorama creemos que, la
filosofía de Heidegger, así como la de Deleuze y Guattari, opera como una
cartografía que ayuda a responder a las exigencias del mundo de hoy.
- Técnica,
política y biología: Las intuiciones de Heidegger observadas
hoy desde la convergencia bio-tecno-política[5]
iluminan la realidad en tres bandas:
- La espacialidad,
entendida por Sloterdijk como una "atmósfera compartida"
(microclima social), por Markus Gabriel (2017) como un "campo de
sentido" y por Deleuze y Guattari (2008), como un nuevo nomos.
- El destino
del humanismo, marcado por el escándalo desatado por Sloterdijk en Normas
para el parque humano en relación con la pregunta heideggeriana y la
actual inmersión en los medios contemporáneos de desinhibición digital
analizados por Byung-Chul Han (2014), que nos reconducen a las sociedades
de control deleuzianas y los dispositivos de Agamben.
- La mutación
técnica, donde la Inteligencia Artificial generativa y el
ciberespacio como expresión de una nueva Weltanschauung reducen
definitivamente al mundo y al ser humano a meras "existencias"
u objetos disponibles para la explotación global.
4. Escolio
La
arquitectura conceptual de Deleuze y Guattari resulta indescifrable sin este
diálogo sistemático, discordante pero armónico, con Martin Heidegger. Al
dinamitar la tradición, los franceses confiscaron la potencia de la diferencia
ontológica y el abismo, despojándolos de su envoltura poética y su arraigo
patrio para lanzarlos a una velocidad nómada. Es precisamente en esta tensión
productiva donde el pensador de Meßkirch continúa resonando de forma
subterránea e ineludible en las mesetas de la ontología contemporánea.
Finalmente,
se vuelve perentorio despojar a la filosofía tanto de su anclaje sagrado a
Grecia como de la gravedad institucional utilizada históricamente como escudo
de supervivencia. Esa solemnidad nos vuelve crónicamente vulnerables al cinismo
del poder, un fenómeno nítido en los autores examinados y dramáticamente
constatable en nuestra propia experiencia venezolana.
5.
Referencias bibliográficas
Byung-Chul Han (2014). En el enjambre.
Barcelona. (T. R. Gabás). Herder Editorial. 111 p
Deleuze, Gilles (2006). “Post-scriptum sobre
las sociedades de control”. Polis Revista Latinoamericana N° 13. Documento en
línea. Disponible: https://journals.openedition.org/polis/5509
Deleuze, G. y Guattari, F. (1991 [2009]). Qu’est-ce que la Philosophie?
París. Editorial Minuit. 206 p.
Deleuze, G. y Guattari, F. (2008). Mil
Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8º éd. Valencia. (T. J. Vásquez y U.
Larraceleta). Editorial Pre-Textos. 522
p.
Didier, F. (1986). Heidegger et le
problème de l'espace. Paris. Editions de Minuit. 132 p.
Gabriel, M. (2017). Sentido y existencia.
Una ontología realista. (Sinn und Existenz - Eine realistische Ontologie).
Barcelona (T. R. Gabás). Editorial Herder.
515 p
Heidegger, M. (1954 [1997]). Filosofía,
Ciencia y Técnica. 3° ed. Santiago (T. F. Soler). Universidad de Chile. 306 p. Documento en
línea. Disponible: https://olimpiadadefilosofiaunt.files.wordpress.com/2012/02/heidegger-tecnica_ocr.pdf
Heidegger, M. (1957
[1990]). Identidad y Diferencia. Edición bilingüe. Barcelona. (T. H.
Cortés y A. Leyte). Editorial Antrophos.
Heidegger, M. (2012). Heráclito. Cursos de
Fribugo del semestre de verano de 1943 y del semestre de verano I944.
Buenos Aires. (T. C. Másmela), editorial el Hilo de Ariadna, 460 p
Heidegger, M. (1996). El origen de la obra de
arte. Madrid. (H. Cortés y A. Leyte). En: Caminos de bosque. 29 p
Heidegger, M. (1968
[2009]). El Arte y el Espacio. Barcelona. (T.J. Escudero). Editorial
Herder. 48 p
Heidegger, Martín (1938). La Época de la
imagen del Mundo, Trad. H. Cortés y A. Leyte, Madrid, Alianza Editorial,
Caminos de bosque, 1996. disponible en: http://www.fadu.edu.uy/estetica-diseno-i/files/2015/08/heidegger_epoca_imagen_mundo.pdf
Heidegger, M. (1927[1967]). Sein und
Zeit. Tübingen. Max Niemeyer
Verlag. 449 p. En español: (1927 [1998]). El Ser y el Tiempo. (2ª ed.).
(T. J. Gaos) Santa Fé de Bogotá. FCE. 478 p.
Mayz Vallenilla, E. (1990). Metatécnica:
Sobre la técnica y su fundamentación. Caracas: Universidad Simón Bolívar.
158 p
Rosales, A. (2008). “Heidegger y la Pregunta
por el Ser”. Mérida, Revista Filosofía Nº
19. Universidad de Los Andes. Pp 43-79.
Sloterdijk, P. (1999). "Normas
para el parque humano". Madrid. Revista Observaciones Filosóficas.
Documento en línea. Disponible: https://cursosluispatinoffyl.wordpress.com/wp-content/uploads/2014/01/00_peter_sloterdijk__reglas_para_el_parque_humano_revista_observaciones_filosoficas1.pdf
Sloterdijk, P. (1998 [2003]). Esferas I. Burbujas. Microsferología.
Madrid. Editorial Siruela. (T. I. Reguera). 584 p.
[1] Cabe recordar aquí la sentencia atribuida a Temístocles: la polis no
la constituyen los muros, sino los hombres que la habitan. Esta máxima empujó a
los atenienses a abandonar la tierra y embarcarse para enfrentar a los medos,
transicionando de la certidumbre del suelo a un espacio marítimo abstracto que
Deleuze y Guattari asocian con el funcionamiento libre del cerebro como vía de
comunicación fluida.
[2] Éfeso,
durante la vida de Heráclito, se hallaba bajo el dominio del Imperio
Aqueménida. Fue de las pocas ciudades jonias que no se plegó a la revuelta y no
existe certeza filológica sobre el sentido político original de sus fragmentos
conservados.
[3] La idealización de la libertad griega se vincula inicialmente al
levantamiento jonio frente a los persas. No obstante, cabe preguntarse si los
griegos antiguos gozaban de una libertad real dadas las estructuras de gobierno
descritas por Heródoto, o si habitaban formas estatales degeneradas y
opresivas, tal como sugirió Tucídides.
[4] Mientras Deleuze y Guattari anclan la
filosofía en la Grecia de Salamina para reterritorializarla en el eje
franco-anglo-alemán, Heidegger intentaba tender un puente exegético entre
Oriente y Occidente. Su lectura del fuego (Lichtung y physis) traza una línea
de fuga que conecta directamente con el fuego primordial del zoroastrismo
custodiado por Ahura Mazda.
[5] Las tempranas intuiciones de Heidegger en torno a las alteraciones
biogenéticas despuntan ya en el segundo curso sobre Heráclito dictado en
colaboración con Eugen Fink.


