Karp y
Zamiska (2025) en su obra The Technological Republic han hecho un llamamiento
moral y político a los empresarios, especialmente del sector tecnológico de Occidente,
para que abandonen la “complacencia” y el “foco estrecho en productos de
consumo triviales” debido a que, por una parte, las
estructuras de poder, la participación ciudadana y la gestión de la sociedad
están siendo radicalmente transformadas por la tecnología digital, dando lugar
a una nueva forma de organización política y, por la
otra, se ha estado produciendo un “vaciamiento” de la mente del estadounidense
que está amenazando ese orden político. Por ello, exhortan a que asuman su obligación
cívica de colaborar con el Estado-nación en la innovación tecnológica
teniendo como norte el bien común y la defensa de los valores
occidentales.
Esta
orientación basada en el poder por parte de los autores estadounidenses fue
considerada originalmente siguiendo la estela de Immanuel Kant y Martin
Heidegger por Ernesto Mayz Vallenilla en su Esbozo de una Crítica de la
razón técnica. Mayz Vallenilla (1974) expresó que el origen de la técnica
proviene de un impulso más profundo y metafísico: el ansia de poder para
dominar a la naturaleza y superar sus propias limitaciones y su propósito es
expandir y prolongar las capacidades naturales y finitas del ser humano, es
decir, movernos más rápido, golpear más fuerte o manejar grandes volúmenes de
información de manera más rápida y eficiente. Además, agregó que la fusión de
la ciencia moderna con la técnica produjo una gran ruptura que nosotros hoy en
día estamos viviendo bajo la expresión de ‘tecnociencia’. Esto el filósofo
venezolano lo denominó Ratio Technica, es decir, una razón que no busca
el Ser o la verdad, sino la eficacia, la función y el dominio a
través de la aplicación de un método que se ha ido perfeccionando desde el
inicio de la modernidad y que está trayendo como consecuencia que la técnica no
solo haya dejado de ser un instrumento del hombre para convertirse en su
hábitat, sino también está haciendo que la técnica entendida como imagen del
mundo sea objeto para que el hombre se represente a si mismo convirtiéndose en
un ente objeto de manipulación en vista de una razón económica[1].
La razón
técnica, en este sentido, ha significado que todo en el mundo se ha organizado teleonómicamente
como parte funcional de un sistema de acuerdo con la capacidad de lograr
resultados esperados dentro del mismo. Esto, según Mayz Vallenilla (1974), ha
provocado que la propia transformación en un “homo technicus” (hombre
técnico) sea la expresión del hombre moderno, como ya hemos alertado, debido a
que está dejando de ser un ser autónomo para convertirse en un engranaje dentro
de un sistema tecnológico que él mismo ha creado, perdiendo su condición humana
para devenir en un ente sustituible. Esta sustituibilidad ha llegado a un
máximo grado cuando observamos que el hombre se ha convertido en un dato, es
decir, una materia prima dentro de un engranaje económico que está socavando
las bases de las comunidades políticas, digamos tradicionales, para
enfrentarnos a una utopía sin tener clara sus consecuencias. Esto, que hemos
estado indicando en ensayos que retomaremos en esta reflexión es, en parte, el marco
de la obra de Alexander Karp y Nicholas Zamiska dentro del contexto geopolítico
actual caracterizado por la conformación de un mundo multipolar que se está
sirviendo de la alta tecnología para la consolidación del nuevo nomos de la
tierra[2]. Para
analizar esta obra vamos a examinar, en primer lugar, qué es un tecno-leviatán
para comprender el contexto de la obra de los autores estadounidenses, en
segundo lugar, qué proponen Karp y Zamiska y cuál podría ser la utopía que pudiéramos
enfrentar y, en tercer lugar, vamos a reflexionar acerca de cómo Ser-en-el-mundo
en la era de la alta tecnología desde una perspectiva filosófica.
1.- De la
razón técnica al tecno-Leviatán.
El contexto
de aceleración social que estamos viviendo ha acrecentado la brecha política
generando inestabilidad en lo que se conoce como Occidente. Esta inestabilidad
tiene una vertiente interna y una vertiente externa. Desde el punto de vista
interno se cuestiona a los sistemas políticos representativos
del siglo XX por ser lentos, anacrónicos y vulnerables a la manipulación,
incapaces de procesar la complejidad de la sociedad moderna y la velocidad de
la información. En vista de esta situación se ha observado una tendencia a
proponer que la toma de decisiones políticas (desde la asignación de recursos
hasta la creación de leyes) se delegue a sistemas de Inteligencia Artificial Generativa
(IAG) que analicen big data, minimizando así la irracionalidad humana,
la corrupción y el cortoplacismo, es decir, lograr más transparencia,
inclusión, eficiencia, "objetividad" y predictibilidad. Ello obligaría
a que se desarrollen nuevas formas de participación directa y permanente a
través de plataformas digitales (plebiscitos continuos, deliberación en redes,
evaluación de políticas en tiempo real), redefiniendo el concepto de “voluntad
general” y de soberanía en el plano digital[3].
Esta tendencia, que se presenta como un ideal deseable para actualizar
el Estado a través de las actuales plataformas tecnológicas y evitar así que
los ciudadanos terminen convirtiéndose en una multitud dentro de un estado de
naturaleza en sentido hobbesiano (un estado de desconfianza, de inseguridad y
de guerra efectiva o potencial) y se mantenga el estado civil en nuevas
circunstancias[4].
Eso es lo que hemos denominado, siguiendo a Gray (2024), un tecno-Leviatán.
Aquí
es dónde empiezan los problemas porque esta tendencia por alcanzar un ideal
deseable está generando ya la consolidación de una élite formada por
ingenieros, científicos de datos, CEOs de Big Tech y expertos en
ciberseguridad, quienes están detentando el poder real por su control sobre la
infraestructura crítica tecnológico-científica y el conocimiento técnico como
Francis Bacon (1627 [2016]) visualizó bajo el nombre de Bensalem y que está
afectando las relaciones políticas dentro de una comunidad debido a que está
promoviendo, más allá de un tecno-Leviatán, la vigilancia masiva, la ingeniería
social a gran escala, la erosión de la privacidad y la autonomía, bajo una idea
del bien que pudiera ser expresión de un tecno-totalitarismo[5].
En
un escenario tendencial de constitución de una nueva Bensalem se hace necesario
un diseño ético y jurídico para evitar que la tecnología consolide nuevas formas
de tiranías y, en cambio, se utilice para materializar el bien común. Esta
nueva tiranía sería entonces la consecuencia: en primer lugar, de la falacia de
la neutralidad tecnológica, en segundo lugar, de la coacción de la eficiencia y
pérdida de lo político, en tercer lugar, de la pérdida de agencia y libertad
humana, en cuarto lugar, de la delegación masiva de decisiones públicas en
sistemas opacos (black boxes), en quinto lugar, de la vigilancia y control social
y, en sexto lugar, se reduce al ser humano a materia prima[6].
Teniendo
todo esto presente se infiere que pensar en una república tecnológica comporta
riesgo que deben ser considerados para evitar que una ciber-Bensalem sea
expresión de un nuevo leviatán en condiciones más elaboradas. La tecnología, en
ese sentido, debe ser una herramienta al servicio de la república y no su
sustituto. Desde esta perspectiva, el reto que se nos presenta en el horizonte no
es construir una república gobernada por máquinas, sino fortalecer nuestras
repúblicas humanas para que puedan regular, dominar y orientar la tecnología
hacia fines verdaderamente justos y liberadores, preservando espacios humanos
de deliberación, conflicto y decisión no cuantificable. Esto es debido a que
hay una creencia poco consistente de que para cualquier problema social,
político o humano complejo (la corrupción, la política, la educación, la
felicidad) existe una “solución” tecnológica. Al contrario, como hemos visto en
el pasado reciente en lo que concierne al sistema automatizado electoral
estadounidense puede ser fuente de conflictos[7].
Desde
el punto de vista externo, la tecnología en el momento histórico actual nos ha
conducido a un estado de naturaleza digital desde dos perspectivas: por una
parte, el control multinivel que nos afecta a nivel local y global porque ha
roto la separación entre lo público y lo privado[8]
y, por la otra, el estado de naturaleza entre leviatanes ha reconceptualizado
la tecnología dentro de la lucha geopolítica afectado la seguridad de las
comunidades políticas. Esto lo explicaremos más ampliamente en el siguiente
parágrafo.
2.- La
república tecnológica de Karp y Zamiska como una ciber-Bensalem.
La
obra de Karp y Zamiska (2025), como indicamos en la introducción, es la
respuesta al discurso publicitario, acrítico y mercantilista de Silicon Valley
que ha socavado, según ellos, las bases de la fortaleza de Occidente y generado
una vulnerabilidad estratégica frente a adversarios
antioccidentales. En esta obra
se desarrollan cuatro temas de actualidad que tienen que ver con el impacto
político de la aceleración social relacionada con los desarrollos tecnológicos.
Los temas centrales de esta obra están relacionados con la primacía de lo político,
la amenaza de la IAG, la creencia de la necesidad de renovación de un contrato
social tecnológico y el papel de la agencia humana y la confrontación
ideológica. Vamos a examinarlas sucintamente a continuación.
En relación con
la primacía de lo político ambos autores sostienen que el
Estado-nación sigue siendo el estrato más alto donde las afiliaciones cívicas
pueden cumplirse razonablemente. La tecnología, por lo tanto, no solo no puede
ser “neutral”, sino también los conductores políticos deben usarla como medio
para defender “los valores que sustentan el Occidente liberal” y evitar lo que
denominaron “pesadilla orwelliana” o que adversarios antiliberales establezcan
las reglas dentro del contexto de crisis en que se encuentran como hemos
indicado. Aquí es dónde se evidencia que la defensa de estos valores, en ese
espacio político, además de no estar claramente especificados puede conducir a
una tiranía como ya muchos autores están denunciando (Byung Chul-An, Agamben,
Morozov, etc.). Además, no sólo están proponiendo un sesgo específico, sino
también pueden determinar quien tendrá acceso o no a la tecnología o a la
información por lo que el problema que salta a la vista está relacionado con la
seguridad nacional. Por ello, el foco de atención de la citada obra está
orientado a la defensa y a la colaboración entre sectores públicos y privados.
La amenaza
de la IAG y otras tecnologías autónomas para Karps y Zamiska (2025) ha
generado una nueva carrera armamentista. Por esta causa se han
basado en la siguiente premisa: “en un mundo peligroso, el software es la
espada y el escudo de Occidente” (Arjona, 2026). Si se considera que en Davos
(2026) se está escribiendo el epitafio del orden de Yalta de 1945 para dar paso
a una especie de Yalta 2.0[9] es
relevante la propuesta de Karp y Zamiska porque: Por una parte, están considerando, según Arjona (2026), a la guerra
desde una perspectiva cognitiva aplicada en función de la calidad de un software de gestión de
batalla que fusiona petabytes de datos gracias a la IAG lo cual supone la
racionalización total de la violencia afectando la naturaleza del nuevo orden mundial
porque la disuasión estratégica se está empezando a medir no
solo por el número de armas de destrucción masiva que puede disponer un país,
sino también por la alta calidad de los modelos de visión por computadora y de
la velocidad de los ciclos de actualización de la realidad a través de la
capacidad del software disponible (y que están perfeccionando) en un teatro de
operaciones. Esto plantea interrogantes, en primer lugar,
acerca
de la soberanía en el siglo XXI debido a la brecha tecnológica existente entre países
donde se desarrolla esa tecnología y los que no y, en segundo lugar, expone una
nueva dimensión del geoderecho donde la jurisdicción digital se impone sobre la
físico-territorial. Y, por la otra, Europa Occidental se está comportando
como el Imperio Austrohúngaro en el año 1914 con lo cual se evidencia no sólo una
actitud de los autores de apoyar a su país en la carrera armamentista que la
humanidad está presenciando, sino el de prepararse ante cualquier contingencia
dado el alto riesgo de que acaezca una guerra de importantes proporciones para
asegurar su posición como potencial mundial bicéfala: Europa occidental (una
reedición del sacro imperio romano germánico)[10] y el mundo
anglosajón.
La renovación
de un contrato social tecnológico en función de la necesidad de hacer
frente a los desafíos más urgentes (incluyendo la seguridad nacional) que
enfrenta Occidente, en general, y al gobierno estadounidense a adoptar la
mentalidad tecnocrática y la eficacia que ha impulsado el éxito de Silicon
Valley. Pero, aunque no plantean la forma ideal de organizar la sociedad y el pueblo,
en sí, para la era de la IAG creemos que el imaginario de la república que
están concibiendo es aquella, que como dijimos, pensó Francis Bacon y
denominamos Ciber-Bensalem. Esta nueva Ciber-Bensalem, en este sentido, debe,
por una parte, mejorar los procesos burocráticos de los gobiernos en términos
de velocidad y eficacia para competir con la velocidad de desarrollo de sus
adversarios y, por la otra, desarrollar una IAG ética y legal que permita a
Occidente establecer normas globales y presionar a sus adversarios para que se
adhieran a estándares más altos, o al menos exponer su falta de respeto por los
derechos humanos. Pero el problema es que en esta ciber-Bensalem que sería la
reproducción de una sociedad ideal, como concibió Francis Bacon (1627 [2016]) en
La nueva Atlántida estaría, por una parte, caracterizada por su avance
científico, su sabiduría y su “profunda piedad” y, por la otra, gobernada por un grupo de científicos e intelectuales
que formarían parte de lo que sería una nueva Casa de Salomón, determinarían lo que es bueno para la comunidad y es allí donde los riesgos
de una tiranía totalitaria se tornan más amenazantes.
La agencia humana
y la confrontación ideológica son aspectos que Karp y Zamiska (2025) consideraron
para preservar la autonomía individual y los valores fundamentales de
las democracias liberales. Esto significa que mantienen a los seres humanos en
el centro en la palestra pública insistiendo en que todavía tenemos opciones para
la autonomía individual a pesar del poder cada vez mayor que está adquiriendo la
tecnología. En este sentido, han afirmado que si Occidente se retira de la
carrera por el desarrollo de la IAG va a perder la capacidad de darle forma
para que sirva a estos fines defensivos y ello hace necesario, como dijimos, la
colaboración entre las empresas más avanzadas (del mundo privado) y el Estado (la
esfera pública). Por ello, como dijimos al principio, rechazan la “fragilidad
intelectual” argumentando que la voluntad de arriesgarse como emprendedores es fundamental
para lograr un alto rendimiento tecnológico y económico. Para ambos autores, la
IAG es “la prueba definitiva de la capacidad de Occidente para
defenderse a sí mismo y a sus valores” y, en consecuencia, abogan por el
desarrollo de lo que se podría llamar un "poder duro" tecnológico, es
decir, la capacidad de usar la IAG como una ventaja competitiva para protegerse
militar y estratégicamente.
En general,
Karp y Zamiska (2025) plantearon un modelo de renovación nacional a través de la
herramienta tecnológica a partir de la creencia en la reafirmación de la
validez del proyecto occidental frente al nihilismo y la “fragilidad
intelectual” que, según ellos, impera en las juntas directivas y los campus
universitarios en el mundo Atlántico.
3.- Ser-en-el-mundo
en la era de la alta tecnología
En función
de lo examinado en los parágrafos anteriores se puede observar que mientras
Mayz Vallenilla plantea la tecno-ciencia desde una perspectiva existencial del
ser humano, Karp y Zamiska plantean una crisis existencial desde la perspectiva
de Occidente dentro de un contexto geopolítico competitivo y multipolar que,
según ellos, se debe superar. El centro de gravedad en ambos casos es la lucha
por el poder: en el primer caso, para mantener la condición humana y, en el
segundo caso, “para defender los valores liberales occidentales”. Todos los
autores coinciden en que la tecnología no es apolítica o neutral, pero las
orientaciones que siguen son diferentes desde el punto de vista ético y en cómo
observan la tecnología como herramienta.
Desde la
perspectiva ética el foco de atención de Mayz Vallenilla a partir de una
reflexión ontológica no es solo la superación y/o impedimento de la alienación
dentro de un contexto signado por la crisis de la civilización moderna Occidental
que se extiende a los fundamentos de la filosofía, la ciencia, el derecho y la
ética con un fenómeno unitario que ya había sido alertado por Martin Heidegger
en 1938: la emergencia de una racionalidad tecnológica que disuelve los
antiguos códigos de creencias. Además, el filósofo venezolano hizo también un
llamado de atención acerca de los abusos del uso incontrolable de estos medios
y los excesos de este poder debido a que se corre el riesgo de que el hombre devenga
irónicamente “libre” dentro del sistema técnico solo en la medida en que cumpla
su función perfectamente. Y, el foco de atención para Karp y Zamiska, como
dijimos, es la élite tecnológica de Occidente que está fallando en su deber
cívico de proteger a la república liberal de amenazas externas y, por tanto, proponen
la elección y responsabilidad cívica para que esta nueva
aristocracia defienda los valores de Occidente a partir de lo que creemos sería
una ciber-Bensalem.
En términos
instrumentales para Karp y Zamiska el problema es quién usa la herramienta (IAG
y/o las tecnologías avanzadas) y con qué propósito político. Desde esta
perspectiva, como dijimos, observan esos medios como la palanca
que Occidente debe tomar para sobrevivir. Ahora si pensamos en Mayz
Vallenilla en función de las tecnologías que ofrece Palantir y han irrumpido en
la humanidad a la luz del raid del 03ENE2026 en Caracas, siguiendo a Arjona
(2026), podríamos afirmar que el riesgo no es solo acerca de quién usa la
herramienta, sino también la Ratio Technica que la crea con una
finalidad política. La IAG, en este sentido, es la resultante de una razón que
prioriza la eficiencia absoluta y que inevitablemente trata al hombre y al
mundo como materia funcionalmente disponible, por tanto, podemos observar la
IAG como el espejo que podría estar reflejando nuestra propia alienación como
seres funcionales. Usar la Razón Técnica para “defender” los valores de
Occidente, para Mayz Vallenilla, es un sin sentido debido a que se está creando
una Tecnópolis que es alienante y está convirtiendo a un individuo para
que sólo exista para formar parte de una estructura, independientemente de si
esta operará bajo una bandera republicana o autoritaria dentro de un contexto
competitivo. Ello explica por qué usamos la palabra ciber-Bensalem, porque
estamos observando la emergencia de múltiples ciber-Bensalem dentro de un orden
multipolar altamente competitivo. Esto nos conduce a la superación de la
técnica a través de la meta-técnica.
En el libro Fundamentos
de la metatécnica Mayz Vallenilla (1990) siguiendo la estela dejada
por su maestro Martin Heidegger[11] planteó el
tránsito de una Técnica antropomórfica y geocéntrica (que toma al hombre como
modelo y opera en la Tierra) hacia un nuevo logos metatécnico que se
despliegue desde una alteridad que es trans-racional y trans-humana
y que se constituya en el fundamento del saber tecnocientífico que opera con
recursos y límites distintos a los de la razón tradicional. Esto resulta
pertinente cuando se considera que Elon Musk expresó en Davos (2026)[12] que la IAG
va a superar a toda la humanidad combinada al inicio de la próxima década a
partir de una praxis disruptiva. Así pues, mientras Karp y Zamiska abogan por
una reunificación del Estado y la industria del software para salvar al
Occidente y Musk en Davos 2026 expone la materialización empírica de estas
teorías en un horizonte incierto, Mayz Vallenilla describe este proceso como la
culminación de la Ratio Technica, una racionalidad que tiende a la
alienación absoluta del sujeto en favor de la función dentro de un sistema.
Por ello, así
como la “República Tecnológica” de Karp y Zamiska es el intento de dotar de un “logos”
político a los desarrollos tecnológicos que está comenzando a vivir la
humanidad caracterizada por la existencia de una realidad autónoma que ya no
depende de la presencia física o los fines biológicos del hombre que trasciende,
a su vez, al espacio terrestre obligándolo a ajustarse a la lógica funcional de
la técnica, la metatécnica, en este sentido, sería “el esfuerzo por desentrañar
el significado esencial y el papel de la técnica en la configuración de la
realidad, y en última instancia, del Ser mismo”. Este significado
pareciera apuntar a lo que se ha dado en denominar como "aptitud
atípica" (outlier aptitude) dentro de un contexto signado por el
énfasis que se hace en la creatividad y la innovación. Creemos que este es el
camino para preservar la condición humana y sobrevivir a la técnica dentro de
un contexto tecnológico competitivo donde la tecnología hará la inmigración
"obsoleta", nacionalizará el mercado laboral y generará una autarquía
productiva.
Este proceso
está generando tensión en todos los órdenes convirtiéndose en el núcleo del
conflicto filosófico contemporáneo debido a que, por una parte, Karp y Zamiska podrían
estar, sin saberlo, acelerando la "funcionalización" del ser humano, haciendo
que la estructura de creencias se convierta en otro parámetro optimizable
dentro del sistema y, por la otra, Musk al definir a la conciencia como una
"pequeña vela en una vasta oscuridad" intentando justificar, al igual
que Karp y Zamiska todo su proyecto tecnológico como un esfuerzo por asegurar
que esa luz no se extinga podría hacer que el hombre dejase de ser humano
en una “tentación faustiana” al transmutarse más allá de la propuesta metatécnica.
4.- Escolio
La obra de
Karp y Zamiska es el manifiesto político de una era que Mayz Vallenilla ya
había cartografiado metafísicamente por lo que podemos afirmar que nos
encontramos ante el nacimiento de una nueva metafísica del poder dentro de un
contexto signado por el hecho de que nuestro hábitat se está haciendo más
artificial y el espacio público se está observando como un sistema automatizado.
En este contexto, como la República Tecnológica o mejor dicho ciber-Bensalem
parece ser el destino inevitable de un Occidente que ha decidido correr el
riesgo de ser una sociedad de expertos sin sabiduría y que su futuro se escribe
en código, la supervivencia como res-publica dependerá de cómo transmutar el
logos metatécnico en una nueva forma de humanismo que, aun siendo consciente de
su propia obsolescencia funcional, se niegue a extinguir la luz de su original
y radical expectativa.
Referencias Bibliográficas
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filósofo es el arma militar más mortífera de Donald Trump”. Documento en línea.
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The Folly of Technological Solutionism. New York. PublicAffairs. 415 p.
Documento en línea. Disponible: https://archive.org/details/tosaveeverything0000moro
[1] Ver al respecto: Blanco (2024b).
[2] Ver al respecto: Blanco (2021).
[3]
Ver al respecto: Blanco (2024b).
[4] Ver al respecto: Blanco (2024 a).
[5] Esto lo desarrollamos en: Geofilosofía: espacio,
tierra y territorio en el Instituto de Filosofía de la UCV.
[6]
Ver También: Morozov (2013). Este autor ha destacado entre otras críticas: el
uso de la tecnología como una ideología y su uso como medio para el activismo
político.
[7] Ver al respecto: voter fraud en https://www.breitbart.com/tag/voter-fraud/
[8]
Ver al respecto: Blanco (2024 a).
[9]
Ver al respecto: «Construir algo mejor»: el discurso completo de Mark Carney en
Davos. Documento en línea. Disponible: https://legrandcontinent.eu/es/2026/01/21/construir-algo-mejor-el-discurso-completo-de-mark-carney-en-davos-x/
y Blanco, E. (2025). Moscú, 09 de mayo de 2025: Yalta 2.0. Caracas.
Festina Lente BG. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2025/03/moscu-09-de-mayo-de-2025-yalta-20.html
[10] Ver al respecto: Gray (2024).
[11]
Heidegger, M. (1953 [1997]). “La pregunta por la técnica”. 3° ed. Santiago (T. F. Soler). Universidad
de Chile. En Filosofía, Ciencia y Técnica. 306 p. Documento en línea.
Disponible: https://olimpiadadefilosofiaunt.files.wordpress.com/2012/02/heidegger-tecnica_ocr.pdf
[12]
Ver al respecto: Elon Musk en
el Foro Económico Mundial de Davos el 22 de enero de 2026. Documento en línea.
Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=xNE96r8FOSw
