Enlace: https://youtu.be/kN1x2E1MYq0
Hace dos años atrás
dentro del marco del proyecto de construcción de ciudadanía emprendido por el
Grupo de Investigación de Evoluciones Metafísicas y el Centro de investigación
y proyectos Giroscopio la profesora Ingrid Lares y mi persona desarrollamos un
seminario sobre ‘sentido común y ciudadanía’. Este seminario, que se planteó
como una genealogía del concepto se apoyó en primer lugar, en la intuición de
Hannah Arendt (1971 [1984]) orientada a través del concepto de sensus
comunis kantiano para construir una nueva manera de hacer la política
(Kant, 1790 [1963])., en segundo lugar, en la propuesta de Roland Omnès (1999)
quien consideró la necesidad de acercarse al mundo cuántico a partir del
sentido común como medio para que un ser pueda ser-sí-mismo, no escindido en un
mundo tecnológico dentro de un contexto de aceleración social, en tercer lugar,
en Timothy
Eastman (2020), un pensador que ha seguido la estela dejada por A. N. Whitehead
y Roland Omnès, sintetizó el pensamiento procesual con la física moderna a través
del concepto de sentido común, dentro de un contexto donde la computación
cuántica y la inteligencia artificial cada día se hacen más presente en nuestra
vida cotidiana, para proponer nuevos tipos de praxis que creen las condiciones
de posibilidad de que el hombre sea ser-en-sí-mismo. Y, en cuarto lugar,
Isabella Stengers (2022), la llamo Isabella por mi hija, planteó la necesidad
de reactivar el sentido común a partir del pensamiento de Whitehead considerando
que nos encontramos, según ella, en tiempos de debacle. Estos dos últimos
autores que remiten al pensamiento de Whitehead nos permitieron dar una unidad
de sentido consistente para buscar, siguiendo la intuición arendtiana, un marco
referencial que pudiera articular la experiencia humana completamente, que
incluya, a su vez, la ciencia y la tecnología, las humanidades, las estructuras
sociales, la experiencia inmediata, lo material, lo estético y lo espiritual
considerando el impacto de las tendencias neo-conservadoras que han emergido en
el mundo de hoy como una alternativa para hacer frente a la aceleración social
más allá de las agendas global que se trataron de imponer en época reciente.
Hay dos momentos que nos sirven para comprender el
concepto de sentido común en Alfred North Whitehead. Estos fueron sus
reflexiones acerca de la crisis de Atenas que vivió Sócrates y durante el siglo
XVIII periodo en que surgió la escuela escocesa del sentido común que tuvo en
Andrés Bello a uno de sus más destacados intérpretes.
En relación con Sócrates, Isabella Stengers (2022)
expresó que Whitehead (1938) en Modos del pensamiento dijo lo siguiente:
“Sócrates pasó su vida analizando las presuposiciones corrientes del mundo de
Atenas. Reconoció explícitamente que su filosofía era una actitud frente a la
ignorancia”. Pero los ciudadanos de Atenas no eran ignorantes, sabían todo lo
que tenían que saber, el problema fue la crisis que los embargaba. Por ello,
Whitehead, en una lectura que nos recuerda a Popper expresó que “El sentido
común, que rumia los aspectos de la existencia, (los) pone en manos de la
filosofía para que los elucide dándoles una comprensión coherente” (Pág., 65).
Rumiar, según Stengers (2022) refiere a la activación
del sentido de la importancia y su vinculación “con un aspecto de la
existencia, perteneciente a la existencia en sí misma, irreductible a lo que
nos hemos acostumbrado a despachar a la relatividad de lo “subjetivo’” (Pág., 16).
Por ello para Whitehead no hay una definición estable del sentido común, más
bien lo consideró como una condición para la filosofía. Desde esta perspectiva,
la filosofía, según Whitehead, tiene por tarea “soldar el sentido común con la
imaginación” (PR, 35)
En relación con el siglo XVIII Whitehead, por una
parte, apoyándose en Thomas Reid y
la Escuela Escocesa del Sentido Común y, por la otra, coincidiendo con
el Heidegger de la Época de la imagen del mundo, expresó que el sentido
común había obrado sobre la humanidad “a la manera de un lavado moral” frente a
la inevitabilidad de que la visión científica del mundo pudiera corromperse. En
este sentido, Stengers (2022) expresó que
“La originalidad de Whitehead como filósofo se ubica en su relación
especulativa con el sentido común. Y no es solamente una condición, es un reto.
El sentido común, para poder soldarse con la imaginación, debe ser capaz de
rumiar, es decir, no dejarse manejar, no aceptar con docilidad la
descalificación de lo que le importa. No puede ser reducido a aquello de lo que
hablan los filósofos, lo que definen, lo que hacen que tenga un rol en el
pensamiento, ya sea un rol de autoridad o bien de contraste. Pero la
posibilidad de soldar … es especulativa, su reto es una aventura —no el
progreso— e implica que la filosofía debe, no traer una respuesta por fin
satisfactoria a las rumias del sentido común, sino alimentar lo que hace
rumiar. Es esa su «actitud» en relación con la ignorancia que Sócrates hace
admitir a los habitantes de Atenas. Frente a la inmensidad de las cosas, la
ignorancia es un acervo común. Se trata más bien de osar imaginar aquello que
insiste sordamente que hace rumiar y que, a pesar de las garantías de los
saberes especializados, expresa una cierta comprensión de la inmensidad
de las cosas, aun si no sabemos decirla bien” (Pág., 18-19)
Por ello, la tarea que Whitehead le propuso a la
filosofía —soldar el sentido común con la imaginación— expresa directamente lo
que él consideraba la mayor debilidad del mundo moderno. Ello es así debido a
que Stengers afirmó que el sentido común tal y como es “ha sido derrotado”
cuando la física comenzó a ejercer la autoridad, cuando destruyó las certezas
de lo que fue caracterizado comúnmente como sentido común a pesar de que ella
ha necesitado de él para llegar hasta dónde ha llegado. Las teorías modernas se
glorifican en descalificar el sentido común, en convencerlo de remitirse a la
autoridad de «los que saben» con lo cual se comenzó a cuestionar la capacidad
de objetar y hasta de imaginar que lo que sabemos podría
permitirnos objetar, y eso significa la pérdida de aquello sin lo cual no puede
haber rumia. La ciencia y la tecnología, en este sentido, con su infatigable
insistencia en la especialización y la expertez, vinieron a cerrar una con otra
un círculo, quedando aprisionadas y convertidas en un sacerdocio como cualquier
otro de la historia. Markus Gabriel (2017) hizo una lectura parecida de esta
conversión. Si el sacerdote se volvía al ritual comunal para convalidar su
visión de la realidad, los expertos científicos han tenido que recurrir cada
vez más a la aprobación profesional de autoridades autonombradas para
convalidar su conocimiento mucho más esotérico como hemos vivido en toda la
polémica del cambio climático o como se vivió durante la pandemia del COVID 19.
La paradoja en ambos casos es que parece que la experticia ha fallado por
exceso (hoy en día se requiere de un mayor consumo de energía y se busca
fuentes sin importar su origen. Solo basta observar la crisis ucraniana) o por
defecto (las decisiones de obligar a inyectarse con un agente sintético no
probado durante la pandemia).
Por ello, Stengers expresó que “deshacer el sentido
común remite a volver impotente la rumia, a separarla de cualquier capacidad de
objetar en contra del orden de cosas, a reducirla a un imaginario quejumbroso
que sueña, en el mejor de los casos, con un mundo en el que «la gente» no fuera
tan egoísta, irresponsable, influenciable” (2022:19-20). Para la filósofa
rumiar es rechazar perder confianza en el valor de la experiencia, aunque sea
difícil de ponerla en palabras o aunque una teoría pueda descalificarla y
ponerla en dificultad. Esta preocupación de la filósofa belga en cierta forma
ya la había expresado Hans-Georg Gadamer.
Gadamer (2003) apeló al sentido común como
concepto fundamental del humanismo y saber históricamente heredado y
circunscrito a los límites de una tradición debido a la generalizada
metodización de la ciencia para construir una teoría hermenéutica que buscase
dar cuenta del tipo de experiencia propio de las ciencias del espíritu del
siglo XX (2003:48). En esta preocupación humanista Mungaray y Núñez (2016)
expresaron que la Organización de las Naciones Unidas realizó el documento “El
humanismo, una nueva idea” (2011) donde se considera el sentido común, desde
una perspectiva crítica y práctica, “como un ejercicio de las comunidades de
seres vivos, que buscan entre sí un entorno para asimilar el sentido humanista
de la cultura”. A partir de esta consideración Mundaray y Núñez (2016)
plantearon que
“el sentido común se construye por una parte desde la conciencia de las
determinaciones sensibles comunes también a varios; y por otra parte, por una
visión que varía en el tiempo a la luz de los consensos paradigmáticos. Estos
elementos permiten visualizar una estructura de conocimiento posible que
formula a su vez los marcos de referencia necesarios para cimentar la validez
del conocimiento”.
Desde esta perspectiva, ambos autores creen que el
sentido común puede seguirse como el sentido de la comunidad, que remite al
hábito, al gusto, al modo común de vivir o a las formas de hacer propio el uso
de la realidad. Esto nos remite al contexto neoconservador actual porque el sentido común es el término que
está presente en su discurso político. Vamos a examinarlo desde dos
perspectivas: en primer lugar, como herramienta retórica y política, es decir,
cómo se usa el término en el discurso público y, en segundo lugar, como
concepto filosófico y moral, es decir, qué entienden los neoconservadores por
"sentido común".
Como Herramienta
Retórica y Política el sentido común ha sido un medio, en primer lugar, de establecer
formas de identificación y deslegitimación frente a aquellos que tratan de
imponer una realidad (élites liberales/progresistas, burócratas, académicos,
etc.) y, en segundo lugar, de buscar anclarse en valores tradicionales
(familia, nación, orden, mérito) que se presentan como atemporales y probados
por la experiencia frente a lo que han sido percibido como dudosos y
perniciosos experimentos de ingeniería social dentro de un contexto
biopolítico.
Como concepto
filosófico y moral el sentido común ya hemos expresado que es un conjunto
de principios morales y sociales que se consideran evidentes por sí mismos y
universales que, en la actualidad, están sirviendo para hacer frente al relativismo
postmoderno desde una lectura que entendemos como conservatista que parte de la
existencia de verdades morales y naturales que son accesibles para cualquier
persona racional. Una idea de ello lo constituye el sexo biológico o las dudas
acerca de las causas y efectos del cambio climático. Esto nos permite examinar
eso que denominamos ley natural y el pragmatismo como actitud de vida frente a
la implantación de proyectos de ingeniería social. En el primer caso, muchos pensadores
conservadores (desde Edmund Burke y sus Reflexiones en 1790 sobre la
Revolución en Francia, pasando por Roger Scruton y el significado del
conservatismo de 1980 hasta el presente representado por Jordan B. Peterson y
sus 12 Reglas para la vida: Un Antídoto para el Caos de 2018) relacionan
el "sentido común" con la tradición de la ley natural desde una
perspectiva orgánica e histórica. Es decir, parten de la idea de que hay un
orden moral inherente a la realidad humana capaz de evitar la tiranía en
cualquiera de sus formas que la razón práctica puede descubrir gracias a la
existencia de un contrato intergeneracional que se va renovando evolutivamente.
Las instituciones tradicionales (como la familia), en este sentido, serían el
depósito de esta sabiduría acumulada a lo largo del tiempo.
En el segundo caso, se valora
positivamente el pragmatismo y las soluciones que han demostrado funcionar en
el pasado y se valora negativamente a aquellas que no han funcionado en el
presente. Se desconfía profundamente de los grandes proyectos de ingeniería
social que buscan transformar la sociedad desde cero basándose en abstracciones
ideológicas (como la Revolución Francesa y rusa, y tienen a Venezuela como un
ejemplo paradigmático contemporáneo). El "sentido común", en este
sentido, prefiere la implantación de reformas graduales, a pesar del contexto
de aceleración que estamos viviendo, que respeten la complejidad orgánica e
intergeneracional de la sociedad. Por ello más que conservadurismo hablamos de
conservatismo que en cierta forma nos remite, por una parte, a la visión
reformista kantiana que encontramos en Teoría y praxis frente a los
excesos de la revolución francesa y a la Crisis de la República y el
intento de plantear una nueva manera de hacer política mediante la ingeniería
social que realizó Hannah Arendt.
En los Orígenes del
Totalitarismo Hannah Arendt planteó el conflicto entre lo que hay que
conservar y lo que hay que cambiar. Kant se inclinó por el reformismo, es
decir, el cambio evolutivo y no, digamos, la ingeniería social. Ese conflicto
enmarcado en la revolución industrial condujo, según ella, a las guerras
mundiales del siglo XX. Creemos que en el siglo XXI este conflicto se ha hecho de
nuevo presente y que el conservatismo fundamentado en el sentido común es el
remedio frente al conservadurismo y el progresismo frente a la situación de
crisis de la idea de republica que estamos viviendo. Pero hay que seguir la
huella dejada por la citada autora.
Referencias consultadas
Arendt, H.
(1971 [1984]). La Vida del Espíritu. El Pensar,
la Voluntad y el Juicio en la Filosofía y la Política. Madrid. (T. R.
Montoro y F. Vallespín). Centros de Estudios Constitucionales. 541 p.
Arendt, H.
(2015). Crisis de la República. Madrid. (T. G. Solana). Editorial
Trotta. 182 p.
Arendt, H.
(2004). Los Orígenes del Totalitarismo. 4° ed. Madrid. (T. G. Solana).
Santillana ediciones generales. 618 p
Eastman, T (2020). Untying the
Gordian Knot Process Reality and Context. Maryland.
Editorial Lexington Books.
Gabriel,
Markus (2017). Sentido y existencia. Una ontología realista. (Sinn und
Existenz - Eine realistische Ontologie). Barcelona (T. R. Gabás). Editorial
Herder. 515 p
Gadamer,
Hans-Georg (2003). Verdad y método. Tomos I y II. 10° ed.
Salamanca. (T. A. Aparicio y R. de Agapito). Editorial Sígueme.
Heidegger, Martín (1938). La Época de la imagen del Mundo, Trad. H. Cortés
y A. Leyte, Madrid, Alianza Editorial, Caminos de bosque, 1996. disponible en: http://www.fadu.edu.uy/estetica-diseno-i/files/2015/08/heidegger_epoca_imagen_mundo.pdf
Kant, I. (1790/1963). Kritik der Urteilskraft. Stuttgart. [Documento en Línea].
Disponible: http://gutenberg.spiegel.de/buch/kritik-der-urteilskraft-3507/1
Versión en español (2005). Crítica del Juicio. (T. J. Rovira). Buenos
Aires. Editorial Losada. 368 p.
Kant, I. (1793[1986]). Teoría
y Práctica. Madrid. (T. J. Palacios, M. Pérez y R. Rodríguez) Editorial
Tecnos. 68 p.
Omnès, R. (1999).
Quantum
Philosophy, Understanding and Interpreting Contemporary Science. Princeton,
Princeton University Press.
Reid, T.
(2003). La filosofía del sentido común. Breve antología de textos de Thomas
Reid. México. (T. J. Hernández Prado). Amalgama Arte Editorial. 372 p.
Whitehead,
A. (1938). Modes of
thought. New York,
The Macmillan company. 175 p. Documento en línea. Disponible:
https://altexploit.wordpress.com/wp-content/uploads/2017/09/alfred-north-whitehead-modes-of-thought-fireside-1938.pdf
Whitehead, A. N. (1929 [1978]).
Process and Reality. New York. Editorial MacMillan Co. Documento en
línea. Disponible: https://ia801908.us.archive.org/34/items/AlfredNorthWhiteheadProcessAndReality/Alfred%20North%20Whitehead%20-%20Process%20and%20Reality.pdf
