domingo, 1 de febrero de 2026

DEL LEVIATÁN DIGITAL A LA NUEVA CIBER-BENSALEM. Crítica a la República Tecnológica de Karp y Zamiska

 



Karp y Zamiska (2025) en su obra The Technological Republic han hecho un llamamiento moral y político a los empresarios, especialmente del sector tecnológico de Occidente, para que abandonen la “complacencia” y el “foco estrecho en productos de consumo triviales” debido a que, por una parte, las estructuras de poder, la participación ciudadana y la gestión de la sociedad están siendo radicalmente transformadas por la tecnología digital, dando lugar a una nueva forma de organización política y, por la otra, se ha estado produciendo un “vaciamiento” de la mente del estadounidense que está amenazando ese orden político. Por ello, exhortan a que asuman su obligación cívica de colaborar con el Estado-nación en la innovación tecnológica teniendo como norte el bien común y la defensa de los valores occidentales.

Esta orientación basada en el poder por parte de los autores estadounidenses fue considerada originalmente siguiendo la estela de Immanuel Kant y Martin Heidegger por Ernesto Mayz Vallenilla en su Esbozo de una Crítica de la razón técnica. Mayz Vallenilla (1974) expresó que el origen de la técnica proviene de un impulso más profundo y metafísico: el ansia de poder para dominar a la naturaleza y superar sus propias limitaciones y su propósito es expandir y prolongar las capacidades naturales y finitas del ser humano, es decir, movernos más rápido, golpear más fuerte o manejar grandes volúmenes de información de manera más rápida y eficiente. Además, agregó que la fusión de la ciencia moderna con la técnica produjo una gran ruptura que nosotros hoy en día estamos viviendo bajo la expresión de ‘tecnociencia’. Esto el filósofo venezolano lo denominó Ratio Technica, es decir, una razón que no busca el Ser o la verdad, sino la eficacia, la función y el dominio a través de la aplicación de un método que se ha ido perfeccionando desde el inicio de la modernidad y que está trayendo como consecuencia que la técnica no solo haya dejado de ser un instrumento del hombre para convertirse en su hábitat, sino también está haciendo que la técnica entendida como imagen del mundo sea objeto para que el hombre se represente a si mismo convirtiéndose en un ente objeto de manipulación en vista de una razón económica[1].

La razón técnica, en este sentido, ha significado que todo en el mundo se ha organizado teleonómicamente como parte funcional de un sistema de acuerdo con la capacidad de lograr resultados esperados dentro del mismo. Esto, según Mayz Vallenilla (1974), ha provocado que la propia transformación en un “homo technicus” (hombre técnico) sea la expresión del hombre moderno, como ya hemos alertado, debido a que está dejando de ser un ser autónomo para convertirse en un engranaje dentro de un sistema tecnológico que él mismo ha creado, perdiendo su condición humana para devenir en un ente sustituible. Esta sustituibilidad ha llegado a un máximo grado cuando observamos que el hombre se ha convertido en un dato, es decir, una materia prima dentro de un engranaje económico que está socavando las bases de las comunidades políticas, digamos tradicionales, para enfrentarnos a una utopía sin tener clara sus consecuencias. Esto, que hemos estado indicando en ensayos que retomaremos en esta reflexión es, en parte, el marco de la obra de Alexander Karp y Nicholas Zamiska dentro del contexto geopolítico actual caracterizado por la conformación de un mundo multipolar que se está sirviendo de la alta tecnología para la consolidación del nuevo nomos de la tierra[2]. Para analizar esta obra vamos a examinar, en primer lugar, qué es un tecno-leviatán para comprender el contexto de la obra de los autores estadounidenses, en segundo lugar, qué proponen Karp y Zamiska y cuál podría ser la utopía que pudiéramos enfrentar y, en tercer lugar, vamos a reflexionar acerca de cómo Ser-en-el-mundo en la era de la alta tecnología desde una perspectiva filosófica.

1.- De la razón técnica al tecno-Leviatán.

El contexto de aceleración social que estamos viviendo ha acrecentado la brecha política generando inestabilidad en lo que se conoce como Occidente. Esta inestabilidad tiene una vertiente interna y una vertiente externa. Desde el punto de vista interno se cuestiona a los sistemas políticos representativos del siglo XX por ser lentos, anacrónicos y vulnerables a la manipulación, incapaces de procesar la complejidad de la sociedad moderna y la velocidad de la información. En vista de esta situación se ha observado una tendencia a proponer que la toma de decisiones políticas (desde la asignación de recursos hasta la creación de leyes) se delegue a sistemas de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) que analicen big data, minimizando así la irracionalidad humana, la corrupción y el cortoplacismo, es decir, lograr más transparencia, inclusión, eficiencia, "objetividad" y predictibilidad. Ello obligaría a que se desarrollen nuevas formas de participación directa y permanente a través de plataformas digitales (plebiscitos continuos, deliberación en redes, evaluación de políticas en tiempo real), redefiniendo el concepto de “voluntad general” y de soberanía en el plano digital[3]. Esta tendencia, que se presenta como un ideal deseable para actualizar el Estado a través de las actuales plataformas tecnológicas y evitar así que los ciudadanos terminen convirtiéndose en una multitud dentro de un estado de naturaleza en sentido hobbesiano (un estado de desconfianza, de inseguridad y de guerra efectiva o potencial) y se mantenga el estado civil en nuevas circunstancias[4]. Eso es lo que hemos denominado, siguiendo a Gray (2024), un tecno-Leviatán.

Aquí es dónde empiezan los problemas porque esta tendencia por alcanzar un ideal deseable está generando ya la consolidación de una élite formada por ingenieros, científicos de datos, CEOs de Big Tech y expertos en ciberseguridad, quienes están detentando el poder real por su control sobre la infraestructura crítica tecnológico-científica y el conocimiento técnico como Francis Bacon (1627 [2016]) visualizó bajo el nombre de Bensalem y que está afectando las relaciones políticas dentro de una comunidad debido a que está promoviendo, más allá de un tecno-Leviatán, la vigilancia masiva, la ingeniería social a gran escala, la erosión de la privacidad y la autonomía, bajo una idea del bien que pudiera ser expresión de un tecno-totalitarismo[5].

En un escenario tendencial de constitución de una nueva Bensalem se hace necesario un diseño ético y jurídico para evitar que la tecnología consolide nuevas formas de tiranías y, en cambio, se utilice para materializar el bien común. Esta nueva tiranía sería entonces la consecuencia: en primer lugar, de la falacia de la neutralidad tecnológica, en segundo lugar, de la coacción de la eficiencia y pérdida de lo político, en tercer lugar, de la pérdida de agencia y libertad humana, en cuarto lugar, de la delegación masiva de decisiones públicas en sistemas opacos (black boxes), en quinto lugar, de la vigilancia y control social y, en sexto lugar, se reduce al ser humano a materia prima[6].

Teniendo todo esto presente se infiere que pensar en una república tecnológica comporta riesgo que deben ser considerados para evitar que una ciber-Bensalem sea expresión de un nuevo leviatán en condiciones más elaboradas. La tecnología, en ese sentido, debe ser una herramienta al servicio de la república y no su sustituto. Desde esta perspectiva, el reto que se nos presenta en el horizonte no es construir una república gobernada por máquinas, sino fortalecer nuestras repúblicas humanas para que puedan regular, dominar y orientar la tecnología hacia fines verdaderamente justos y liberadores, preservando espacios humanos de deliberación, conflicto y decisión no cuantificable. Esto es debido a que hay una creencia poco consistente de que para cualquier problema social, político o humano complejo (la corrupción, la política, la educación, la felicidad) existe una “solución” tecnológica. Al contrario, como hemos visto en el pasado reciente en lo que concierne al sistema automatizado electoral estadounidense puede ser fuente de conflictos[7].

Desde el punto de vista externo, la tecnología en el momento histórico actual nos ha conducido a un estado de naturaleza digital desde dos perspectivas: por una parte, el control multinivel que nos afecta a nivel local y global porque ha roto la separación entre lo público y lo privado[8] y, por la otra, el estado de naturaleza entre leviatanes ha reconceptualizado la tecnología dentro de la lucha geopolítica afectado la seguridad de las comunidades políticas. Esto lo explicaremos más ampliamente en el siguiente parágrafo.

2.- La república tecnológica de Karp y Zamiska como una ciber-Bensalem.

La obra de Karp y Zamiska (2025), como indicamos en la introducción, es la respuesta al discurso publicitario, acrítico y mercantilista de Silicon Valley que ha socavado, según ellos, las bases de la fortaleza de Occidente y generado una vulnerabilidad estratégica frente a adversarios antioccidentales. En esta obra se desarrollan cuatro temas de actualidad que tienen que ver con el impacto político de la aceleración social relacionada con los desarrollos tecnológicos. Los temas centrales de esta obra están relacionados con la primacía de lo político, la amenaza de la IAG, la creencia de la necesidad de renovación de un contrato social tecnológico y el papel de la agencia humana y la confrontación ideológica. Vamos a examinarlas sucintamente a continuación.

En relación con la primacía de lo político ambos autores sostienen que el Estado-nación sigue siendo el estrato más alto donde las afiliaciones cívicas pueden cumplirse razonablemente. La tecnología, por lo tanto, no solo no puede ser “neutral”, sino también los conductores políticos deben usarla como medio para defender “los valores que sustentan el Occidente liberal” y evitar lo que denominaron “pesadilla orwelliana” o que adversarios antiliberales establezcan las reglas dentro del contexto de crisis en que se encuentran como hemos indicado. Aquí es dónde se evidencia que la defensa de estos valores, en ese espacio político, además de no estar claramente especificados puede conducir a una tiranía como ya muchos autores están denunciando (Byung Chul-An, Agamben, Morozov, etc.). Además, no sólo están proponiendo un sesgo específico, sino también pueden determinar quien tendrá acceso o no a la tecnología o a la información por lo que el problema que salta a la vista está relacionado con la seguridad nacional. Por ello, el foco de atención de la citada obra está orientado a la defensa y a la colaboración entre sectores públicos y privados.

La amenaza de la IAG y otras tecnologías autónomas para Karps y Zamiska (2025) ha generado una nueva carrera armamentista. Por esta causa se han basado en la siguiente premisa: “en un mundo peligroso, el software es la espada y el escudo de Occidente” (Arjona, 2026). Si se considera que en Davos (2026) se está escribiendo el epitafio del orden de Yalta de 1945 para dar paso a una especie de Yalta 2.0[9] es relevante la propuesta de Karp y Zamiska porque: Por una parte, están considerando, según Arjona (2026), a la guerra desde una perspectiva cognitiva aplicada en función de la calidad de un software de gestión de batalla que fusiona petabytes de datos gracias a la IAG lo cual supone la racionalización total de la violencia afectando la naturaleza del nuevo orden mundial porque la disuasión estratégica se está empezando a medir no solo por el número de armas de destrucción masiva que puede disponer un país, sino también por la alta calidad de los modelos de visión por computadora y de la velocidad de los ciclos de actualización de la realidad a través de la capacidad del software disponible (y que están perfeccionando) en un teatro de operaciones. Esto plantea interrogantes, en primer lugar, acerca de la soberanía en el siglo XXI debido a la brecha tecnológica existente entre países donde se desarrolla esa tecnología y los que no y, en segundo lugar, expone una nueva dimensión del geoderecho donde la jurisdicción digital se impone sobre la físico-territorial. Y, por la otra, Europa Occidental se está comportando como el Imperio Austrohúngaro en el año 1914 con lo cual se evidencia no sólo una actitud de los autores de apoyar a su país en la carrera armamentista que la humanidad está presenciando, sino el de prepararse ante cualquier contingencia dado el alto riesgo de que acaezca una guerra de importantes proporciones para asegurar su posición como potencial mundial bicéfala: Europa occidental (una reedición del sacro imperio romano germánico)[10] y el mundo anglosajón. 

La renovación de un contrato social tecnológico en función de la necesidad de hacer frente a los desafíos más urgentes (incluyendo la seguridad nacional) que enfrenta Occidente, en general, y al gobierno estadounidense a adoptar la mentalidad tecnocrática y la eficacia que ha impulsado el éxito de Silicon Valley. Pero, aunque no plantean la forma ideal de organizar la sociedad y el pueblo, en sí, para la era de la IAG creemos que el imaginario de la república que están concibiendo es aquella, que como dijimos, pensó Francis Bacon y denominamos Ciber-Bensalem. Esta nueva Ciber-Bensalem, en este sentido, debe, por una parte, mejorar los procesos burocráticos de los gobiernos en términos de velocidad y eficacia para competir con la velocidad de desarrollo de sus adversarios y, por la otra, desarrollar una IAG ética y legal que permita a Occidente establecer normas globales y presionar a sus adversarios para que se adhieran a estándares más altos, o al menos exponer su falta de respeto por los derechos humanos. Pero el problema es que en esta ciber-Bensalem que sería la reproducción de una sociedad ideal, como concibió Francis Bacon (1627 [2016]) en La nueva Atlántida estaría, por una parte, caracterizada por su avance científico, su sabiduría y su “profunda piedad” y, por la otra, gobernada por un grupo de científicos e intelectuales que formarían parte de lo que sería una nueva Casa de Salomón, determinarían lo que es bueno para la comunidad y es allí donde los riesgos de una tiranía totalitaria se tornan más amenazantes.

La agencia humana y la confrontación ideológica son aspectos que Karp y Zamiska (2025) consideraron para preservar la autonomía individual y los valores fundamentales de las democracias liberales. Esto significa que mantienen a los seres humanos en el centro en la palestra pública insistiendo en que todavía tenemos opciones para la autonomía individual a pesar del poder cada vez mayor que está adquiriendo la tecnología. En este sentido, han afirmado que si Occidente se retira de la carrera por el desarrollo de la IAG va a perder la capacidad de darle forma para que sirva a estos fines defensivos y ello hace necesario, como dijimos, la colaboración entre las empresas más avanzadas (del mundo privado) y el Estado (la esfera pública). Por ello, como dijimos al principio, rechazan la “fragilidad intelectual” argumentando que la voluntad de arriesgarse como emprendedores es fundamental para lograr un alto rendimiento tecnológico y económico. Para ambos autores, la IAG es “la prueba definitiva de la capacidad de Occidente para defenderse a sí mismo y a sus valores” y, en consecuencia, abogan por el desarrollo de lo que se podría llamar un "poder duro" tecnológico, es decir, la capacidad de usar la IAG como una ventaja competitiva para protegerse militar y estratégicamente.

En general, Karp y Zamiska (2025) plantearon un modelo de renovación nacional a través de la herramienta tecnológica a partir de la creencia en la reafirmación de la validez del proyecto occidental frente al nihilismo y la “fragilidad intelectual” que, según ellos, impera en las juntas directivas y los campus universitarios en el mundo Atlántico.   

3.- Ser-en-el-mundo en la era de la alta tecnología

En función de lo examinado en los parágrafos anteriores se puede observar que mientras Mayz Vallenilla plantea la tecno-ciencia desde una perspectiva existencial del ser humano, Karp y Zamiska plantean una crisis existencial desde la perspectiva de Occidente dentro de un contexto geopolítico competitivo y multipolar que, según ellos, se debe superar. El centro de gravedad en ambos casos es la lucha por el poder: en el primer caso, para mantener la condición humana y, en el segundo caso, “para defender los valores liberales occidentales”. Todos los autores coinciden en que la tecnología no es apolítica o neutral, pero las orientaciones que siguen son diferentes desde el punto de vista ético y en cómo observan la tecnología como herramienta.

Desde la perspectiva ética el foco de atención de Mayz Vallenilla a partir de una reflexión ontológica no es solo la superación y/o impedimento de la alienación dentro de un contexto signado por la crisis de la civilización moderna Occidental que se extiende a los fundamentos de la filosofía, la ciencia, el derecho y la ética con un fenómeno unitario que ya había sido alertado por Martin Heidegger en 1938: la emergencia de una racionalidad tecnológica que disuelve los antiguos códigos de creencias. Además, el filósofo venezolano hizo también un llamado de atención acerca de los abusos del uso incontrolable de estos medios y los excesos de este poder debido a que se corre el riesgo de que el hombre devenga irónicamente “libre” dentro del sistema técnico solo en la medida en que cumpla su función perfectamente. Y, el foco de atención para Karp y Zamiska, como dijimos, es la élite tecnológica de Occidente que está fallando en su deber cívico de proteger a la república liberal de amenazas externas y, por tanto, proponen la elección y responsabilidad cívica para que esta nueva aristocracia defienda los valores de Occidente a partir de lo que creemos sería una ciber-Bensalem.

En términos instrumentales para Karp y Zamiska el problema es quién usa la herramienta (IAG y/o las tecnologías avanzadas) y con qué propósito político. Desde esta perspectiva, como dijimos, observan esos medios como la palanca que Occidente debe tomar para sobrevivir. Ahora si pensamos en Mayz Vallenilla en función de las tecnologías que ofrece Palantir y han irrumpido en la humanidad a la luz del raid del 03ENE2026 en Caracas, siguiendo a Arjona (2026), podríamos afirmar que el riesgo no es solo acerca de quién usa la herramienta, sino también la Ratio Technica que la crea con una finalidad política. La IAG, en este sentido, es la resultante de una razón que prioriza la eficiencia absoluta y que inevitablemente trata al hombre y al mundo como materia funcionalmente disponible, por tanto, podemos observar la IAG como el espejo que podría estar reflejando nuestra propia alienación como seres funcionales. Usar la Razón Técnica para “defender” los valores de Occidente, para Mayz Vallenilla, es un sin sentido debido a que se está creando una Tecnópolis que es alienante y está convirtiendo a un individuo para que sólo exista para formar parte de una estructura, independientemente de si esta operará bajo una bandera republicana o autoritaria dentro de un contexto competitivo. Ello explica por qué usamos la palabra ciber-Bensalem, porque estamos observando la emergencia de múltiples ciber-Bensalem dentro de un orden multipolar altamente competitivo. Esto nos conduce a la superación de la técnica a través de la meta-técnica.

En el libro Fundamentos de la metatécnica Mayz Vallenilla (1990) siguiendo la estela dejada por su maestro Martin Heidegger[11] planteó el tránsito de una Técnica antropomórfica y geocéntrica (que toma al hombre como modelo y opera en la Tierra) hacia un nuevo logos metatécnico que se despliegue desde una alteridad que es trans-racional y trans-humana y que se constituya en el fundamento del saber tecnocientífico que opera con recursos y límites distintos a los de la razón tradicional. Esto resulta pertinente cuando se considera que Elon Musk expresó en Davos (2026)[12] que la IAG va a superar a toda la humanidad combinada al inicio de la próxima década a partir de una praxis disruptiva. Así pues, mientras Karp y Zamiska abogan por una reunificación del Estado y la industria del software para salvar al Occidente y Musk en Davos 2026 expone la materialización empírica de estas teorías en un horizonte incierto, Mayz Vallenilla describe este proceso como la culminación de la Ratio Technica, una racionalidad que tiende a la alienación absoluta del sujeto en favor de la función dentro de un sistema. 

Por ello, así como la “República Tecnológica” de Karp y Zamiska es el intento de dotar de un “logos” político a los desarrollos tecnológicos que está comenzando a vivir la humanidad caracterizada por la existencia de una realidad autónoma que ya no depende de la presencia física o los fines biológicos del hombre que trasciende, a su vez, al espacio terrestre obligándolo a ajustarse a la lógica funcional de la técnica, la metatécnica, en este sentido, sería “el esfuerzo por desentrañar el significado esencial y el papel de la técnica en la configuración de la realidad, y en última instancia, del Ser mismo”. Este significado pareciera apuntar a lo que se ha dado en denominar como "aptitud atípica" (outlier aptitude) dentro de un contexto signado por el énfasis que se hace en la creatividad y la innovación. Creemos que este es el camino para preservar la condición humana y sobrevivir a la técnica dentro de un contexto tecnológico competitivo donde la tecnología hará la inmigración "obsoleta", nacionalizará el mercado laboral y generará una autarquía productiva.

Este proceso está generando tensión en todos los órdenes convirtiéndose en el núcleo del conflicto filosófico contemporáneo debido a que, por una parte, Karp y Zamiska podrían estar, sin saberlo, acelerando la "funcionalización" del ser humano, haciendo que la estructura de creencias se convierta en otro parámetro optimizable dentro del sistema y, por la otra, Musk al definir a la conciencia como una "pequeña vela en una vasta oscuridad" intentando justificar, al igual que Karp y Zamiska todo su proyecto tecnológico como un esfuerzo por asegurar que esa luz no se extinga podría hacer que el hombre dejase de ser humano en una “tentación faustiana” al transmutarse más allá de la propuesta metatécnica.

4.- Escolio

La obra de Karp y Zamiska es el manifiesto político de una era que Mayz Vallenilla ya había cartografiado metafísicamente por lo que podemos afirmar que nos encontramos ante el nacimiento de una nueva metafísica del poder dentro de un contexto signado por el hecho de que nuestro hábitat se está haciendo más artificial y el espacio público se está observando como un sistema automatizado. En este contexto, como la República Tecnológica o mejor dicho ciber-Bensalem parece ser el destino inevitable de un Occidente que ha decidido correr el riesgo de ser una sociedad de expertos sin sabiduría y que su futuro se escribe en código, la supervivencia como res-publica dependerá de cómo transmutar el logos metatécnico en una nueva forma de humanismo que, aun siendo consciente de su propia obsolescencia funcional, se niegue a extinguir la luz de su original y radical expectativa.   

Referencias Bibliográficas

Arjona, D. (2026). “Del Valle a Caracas: este filósofo es el arma militar más mortífera de Donald Trump”. Documento en línea. Disponible: https://elarjonauta.substack.com/p/del-valle-a-caracas-este-filosofo

Bacon, F. (1627 [2016]). La Nueva Atlántida. 50 p. Documento en línea. Disponible: https://archive.org/details/bacon-francis.-la-nueva-atlantida-1627-2016 

Blanco, E. (2024b). “La Inteligencia Artificial Generativa como imagen del mundo”. Caracas. Revista Episteme NS. Vol. 44 N° 2. Instituto de Filosofía UCV. pp. 01-32

Blanco, E. (2024a). “Inteligencia Artificial Generativa y Estado de Naturaleza”. Caracas. Revista X Colosenses año 1. Edición 1. Pontificia Universidad Católica Santa Rosa

Blanco, E. (2021). “Geo-derecho y la territorialización del espacio en el siglo XXI”. Caracas. Festina Lente B.G. Conferencia dictada en el doctorado en Seguridad de la Nación IAESEN. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2021/06/geo-derecho-y-la-territorializacion-del.html

Gray, J. (2024). Los nuevos leviatanes. Reflexiones tras el liberalismo. México. (T. A. Santos Mosquera). Editorial Sexto Piso. 221 p

Heidegger, M. (1938). “La Época de la imagen del Mundo”, Trad. H. Cortés y A. Leyte, Madrid, Alianza Editorial, Caminos de bosque, 1996. disponible en: http://www.fadu.edu.uy/estetica-diseno-i/files/2015/08/heidegger_epoca_imagen_mundo.pdf

Karp Alexander C. y Zamiska, Nicholas W. (2025). The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West. Editorial Crown Currency. 320 p

Mayz Vallenilla, E. (1990). Metatécnica: Sobre la técnica y su fundamentación. Caracas: Universidad Simón Bolívar. 158 p

Mayz Vallenilla, E. (1974). Esbozo de una Crítica de la razón técnica. Caracas. Equinoccio, Ediciones de la Universidad Simón Bolívar. 249 p. Documento en línea. Disponible: https://docs.enriquedussel.com/txt/Textos_200_Obras/Filosofos_Venezuela/Esbozo_critica_r.tecnica-Mayz_Vallenilla.pdf

Morozov, Evgeny (2013). To Save Everything, Click Here: The Folly of Technological Solutionism. New York. PublicAffairs. 415 p. Documento en línea. Disponible: https://archive.org/details/tosaveeverything0000moro



[1] Ver al respecto: Blanco (2024b).

[2] Ver al respecto: Blanco (2021).

[3] Ver al respecto: Blanco (2024b).

[4] Ver al respecto: Blanco (2024 a).

[5] Esto lo desarrollamos en: Geofilosofía: espacio, tierra y territorio en el Instituto de Filosofía de la UCV.

[6] Ver También: Morozov (2013). Este autor ha destacado entre otras críticas: el uso de la tecnología como una ideología y su uso como medio para el activismo político.

[7] Ver al respecto: voter fraud en https://www.breitbart.com/tag/voter-fraud/

[8] Ver al respecto: Blanco (2024 a).

[9] Ver al respecto: «Construir algo mejor»: el discurso completo de Mark Carney en Davos. Documento en línea. Disponible: https://legrandcontinent.eu/es/2026/01/21/construir-algo-mejor-el-discurso-completo-de-mark-carney-en-davos-x/ y Blanco, E. (2025). Moscú, 09 de mayo de 2025: Yalta 2.0. Caracas. Festina Lente BG. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2025/03/moscu-09-de-mayo-de-2025-yalta-20.html

[10] Ver al respecto: Gray (2024).

[11] Heidegger, M. (1953 [1997]). “La pregunta por la técnica”. 3° ed. Santiago (T. F. Soler). Universidad de Chile. En Filosofía, Ciencia y Técnica. 306 p. Documento en línea. Disponible: https://olimpiadadefilosofiaunt.files.wordpress.com/2012/02/heidegger-tecnica_ocr.pdf

[12] Ver al respecto: Elon Musk en el Foro Económico Mundial de Davos el 22 de enero de 2026. Documento en línea. Disponible: https://www.youtube.com/watch?v=xNE96r8FOSw

jueves, 15 de enero de 2026

5 IDEAS QUE CAMBIARÁN TU FORMA DE PENSAR SOBRE SER UN "CIUDADANO DEL MUNDO"


Desde el punto de vista espacial la palabra ‘cosmopolitismo’ en principio se limitó con Diógenes al mundo griego, luego con Roma se extendió al espacio que dominaba, luego se sustituyó con el cristianismo y ampliando sus confines hasta llegar al presente que abarca el planeta como un todo. Sin embargo, las implicaciones de esta palabra son mucho más extraños, complejos y contradictorios de lo que podemos imaginar. Lejos de ser un simple llamado a la unidad global, el concepto de cosmopolitismo o ciudadanía mundial es un campo de batalla filosófico lleno de rebeldes, prejuicios inesperados y preguntas radicales sobre el futuro.

Desde este ángulo de análisis, el cosmopolitismo es una realidad espacial constatable si se observa que desde el espacio ultraterrestre la tierra es un esferoide que no tiene líneas divisorias en su seno. Esto se conoce como el overview effect que experimentan los astronautas. El cosmopolitismo visto desde la perspectiva espacial puede entenderse como una ontología universal que nos hace reconocer que navegamos en la nodriza del destino en el inmenso cosmos y nos obliga a repensar la alteridad. En la era de los telescopios como el James Webb, que escrutan las fronteras del universo, debemos ampliar nuestro horizonte al cosmos entero considerando que el silencio en estos espacios infinitos es aterrador y la tecnología es limitada para acceder a él. La tecnología es el mediador ontológico entre lo humano y lo universal, desde tres perspectivas.

·         La tecnología como desterritorializadora radical ha roto la prisión de la perspectiva terrestre (la que Heidegger llamaba la «tierra» en su sentido más fundamental) y nos obligan a habitar, aunque sea por instantes, la visión desde fuera. El overview effect no es solo psicológico: es tecnológicamente producido. La tecnología desnacionaliza la mirada antes de que la ética siquiera lo intente.

·         La tecnología como infraestructura de la hospitalidad cósmica porque posibilita cohabitación ampliada y una especie de cosmopolitismo práctico. Basta pensar en un buque o en la Estación Espacial Internacional como plataformas que fomentan la interdependencia mutua no solo nos lleva al cosmos, sino también reescribe el cosmos en nosotros mismos

·         La tecnología puede observarse como un medio de unión de cosmos y técnica, plural, abierta a múltiples formas de habitar el universo (cosmotécnica) o un uniformador, donde una sola racionalidad instrumental (la de la eficiencia, la extracción, la aceleración) se impone como la única forma legítima de relación con lo real (tecno-cosmos).

En el fondo, la tecnología es el gran filtro cosmopolita de nuestra época: 
Puede hacernos más pequeños y más unidos o puede agrandar nuestro ego colectivo hasta convertirnos en una especie que se cree dueña del cosmos en vez de huésped precario del mismo. Teniendo todo esto presente, vamos a explorar
cinco ideas que desvelan la profunda y conflictiva historia de lo que realmente significa pertenecer al mundo.

1.    El primer "ciudadano del mundo" era un rebelde que rechazaba la sociedad

Contrario a la creencia popular, el concepto de ciudadanía mundial no nació de un ideal de armonía global, sino de un acto de rebelión. El término kosmopolitēs ("ciudadano del mundo") fue acuñado por Diógenes el Cínico, un filósofo griego exiliado de su ciudad natal, Sinope. Para él, declararse ciudadano del mundo era una forma de negar su ciudadanía local y repudiar las convenciones de su comunidad política.

Su cosmopolitismo era una declaración de independencia radical. Sostenía que no estaba sujeto a las leyes y costumbres de una ciudad en particular, sino únicamente a la “ley superior de la naturaleza”. En esencia, se elevaba a sí mismo por encima de la sociedad. Resulta profundamente contraintuitivo que el cosmopolitismo no comenzara como un movimiento de inclusión para unir a la humanidad, sino como un acto de repudio y auto-elevación por parte de un marginado social que veía las leyes de la comunidad como una limitación a su libertad personal.

2. El cosmopolitismo no siempre fue universal: sus grandes pensadores tenían prejuicios

Es desconcertante descubrir que muchos de los defensores históricos del cosmopolitismo, a pesar de promover ideales universales, mantenían puntos de vista profundamente excluyentes. Un ejemplo paradigmático es Immanuel Kant, uno de los pilares del pensamiento ilustrado y actual. Aunque defendía la existencia de una única comunidad moral de seres racionales, sus escritos políticos proyectaban un orden mundial futuro legislado por Europa. Más allá de su eurocentrismo, Kant sostuvo puntos de vista explícitamente racistas, sexistas y colonialistas. Esta contradicción no era una anomalía. Como señala la Stanford Encyclopedia of Philosophy:

Indeed, numerous authors combined their moral cosmopolitanism with a defense of the superiority of men over women, or that of “whites” over other “races.” A notable example is Kant... (Traducción: "En efecto, numerosos autores combinaron su cosmopolitismo moral con una defensa de la superioridad de los hombres sobre las mujeres, o la de los 'blancos' sobre otras 'razas'. Un ejemplo notable es Kant...").

Esta paradoja revela que incluso las ideas más nobles pueden estar limitadas por los prejuicios de su tiempo. Nos enseña que para que el universalismo sea verdaderamente inclusivo, debe ser capaz de criticarse a sí mismo y superar las inconsistencias de sus propios defensores.

3. Ser cosmopolita no significa traicionar a tu país

Una de las críticas más comunes al cosmopolitismo es que nos obliga a elegir entre ser leales a nuestro país o a la humanidad. Sin embargo, esto es un falso dilema. Los filósofos estoicos, como Epicteto, ya habían resuelto esta aparente contradicción con el concepto de "doble ciudadanía". Para ellos, el deber hacia la propia ciudad se fundamenta precisamente en el hecho de ser ciudadano del mundo —ya que nuestra capacidad compartida para la razón, que nos une a toda la humanidad, es la que nos hace aptos para la vida cívica en primer lugar—, no en oposición a ello.

Esta línea de pensamiento continúa vigente. La filósofa contemporánea Martha Nussbaum argumenta que no es necesario renunciar a los afectos particulares y locales —el amor por la familia, la comunidad o la nación— para ser cosmopolita. Ella aboga por un “patriotismo crítico” que sea compatible con un “cosmopolitismo afirmativo”. La idea se ilustra perfectamente con la antigua metáfora de los círculos concéntricos de Hierocles: “nuestras lealtades se expanden desde el yo hacia la familia, la comunidad local, el país y, finalmente, hacia toda la humanidad. Un círculo no anula al otro; más bien, el más amplio contiene y contextualiza a los más pequeños”.

4. La próxima frontera de la ciudadanía mundial podría incluir a la naturaleza

Durante milenios, ser "ciudadano del mundo" fue una idea exclusivamente antropocéntrica. Ahora, esa frontera fundamental se ha erosionado desde una lectura spinozista al considerar que todos somos modos de la naturaleza. La conclusión es clara: el cosmopolitismo filosófico debe transformarse para incluir a los seres no humanos. Este cambio expande radicalmente el significado de "mundo" y "ciudadanía", planteando profundas cuestiones éticas sobre cómo compartimos el planeta.

5. La "ley cosmopolita" ya no es una utopía: está transformando nuestros derechos

El cosmopolitismo, como hemos dicho, ha recorrido un largo camino desde ser un ideal puramente moral en la antigüedad hasta convertirse en una realidad legal y política en la era moderna. El punto de inflexión fue la Segunda Guerra Mundial, cuyo horror impulsó la creación de una "ley cosmopolita" diseñada para trascender la soberanía absoluta de los estados.

El filósofo Jürgen Habermas identifica la categoría legal de "crímenes contra la humanidad" como el ejemplo paradigmático. Este concepto limita la soberanía de una nación sobre sus propios ciudadanos, convirtiendo a los individuos en sujetos del derecho internacional. En otras palabras, este principio establece que usted, como individuo, tiene derechos que su propio gobierno no puede violar sin tener que responder ante el mundo. Por primera vez en la historia, la persona se convierte en un sujeto del derecho internacional, no solo el Estado. Instituciones como las Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional (CPI) son manifestaciones concretas de este principio, donde los derechos humanos individuales pueden, en teoría, prevalecer sobre la soberanía estatal. Aunque imperfecto, politizado y poco eficaz, este desarrollo ya tiene un impacto tangible en la política global y ha redefinido para siempre los límites del poder estatal y el alcance de nuestros derechos.

¿Qué Significa Ser Ciudadano de un Mundo en Construcción?

Como hemos visto, ser un “ciudadano del mundo” es un concepto mucho más dinámico, conflictivo y profundo de lo que su uso popular sugiere. No es un destino al que se llega con un pasaporte, sino un camino filosófico lleno de contradicciones históricas y dilemas futuros. Es una idea que se ha transformado desde la rebelión de un exiliado hasta un principio legal que juzga a los tiranos, y que ahora se enfrenta a la pregunta de si su comunidad debe expandirse más allá de la especie humana y del propio planeta tierra.

Al final, ser ciudadano del mundo puede que no se trate de tener las respuestas correctas, sino de atreverse a hacer las preguntas correctas. Si nuestra comunidad moral se expande para incluir a toda la humanidad (y quizás más allá), ¿cuáles son nuestras verdaderas responsabilidades en un mundo que aún estamos aprendiendo a compartir?

 

jueves, 8 de enero de 2026

ELEGÍA NAVAL PARA UN MARINO VENEZOLANO: ALMIRANTE CARLOS GIACOPINI, PENSADOR NAVAL Y REPUBLICANO

 


Si bien Carlos Giacopini y yo somos compañeros de promoción la relación personal se forjó en las fragatas de la clase “Mariscal Sucre” poco después de que la fragata “General Soublette” regresase de Italia. La relación orbitó en el campo profesional como tripulantes tanto en la escuadra como en guardacostas participando en ejercicios y operaciones navales, y como profesores de geopolítica y estrategia, en el campo de la historia naval, militar y venezolana, y en el campo familiar, él es el padrino de mi hija Isabella. Este devenir me permite recordar su memoria en el campo de la táctica, la estrategia, la política y la teología en un experimento de elegía naval.

En el campo de la táctica quiero recordar dos momentos relacionados con la táctica naval y la táctica militar.

Desde la perspectiva de la táctica naval dos fueron las conversaciones más recordadas que incluso he utilizado en seminarios y conferencias a bordo de la fragata “General Soublette” y de la Guardacosta “General Moran”: la primera anécdota, estuvo relacionada con el papel de la intuición y la razón en la campaña de Guadalcanal a propósito de la mentalidad del estadounidense y del venezolano a través de dos oficiales: William Mussberger y Arleigh Burke. El primero tuvo una acción destacada al intuir la forma de acción del enemigo previo al combate logrando impedir la destrucción del aeropuerto de Guadalcanal en la 3ª batalla de la isla de Savo improvisando contramedidas de defensa, el segundo logro desarrollar la doctrina de operación de destructores. Siempre tratamos de imaginarnos cómo debieron haber sido esas noches sin luna en que se realizaron esos duelos de torpedos y cañones. Vale decir que para nosotros más importante fue el primero por nuestra cultura, para los estadounidenses el segundo. Ambos oficiales tuvieron carreras brillantes. Un día me contó que fue ayudante del comandante de una fuerza de tarea japonesa que visitó la Guaira en la década de los ochenta. El comandante era de apellido Yamamoto… no era familia del celebre almirante japones, pero como los oficiales vieron que estaba muy interesado en la historia naval le presentaron a un nieto del almirante Raizo Tanaka.

La segunda anécdota fue a propósito de dos libros que consiguió el CN Emilio de Rogatis uno de los artífices de esta reunión: el primero llamado "entre minas y torpedos" un libro que nos permitió hablar mucho acerca de las impresionantes operaciones Navales de escolta de la Regia Marina Militare Italiana y de la participación del recordado profesor Luciano Furlan como segundo comandante de submarinos especialmente en las operaciones contra el convoy inglés “Pedestal” en agosto de 1942, así como de las acciones de la X flotilla MAS en el mar Mediterráneo y el mar Negro entre 1941 y 1943. El protagonista del libro era un guardiamarina que estaba haciendo pasantías en plena guerra. A Carlos le impresionó porque él así como Iriza Contreras y otros venezolanos que estudiaron en Livorno les tocó lo propio. El segundo libro fue el diario de operaciones del príncipe negro de la X flotilla MAS extraído de los archivos históricos italianos que me hace recordar en este momento el plan de desarrollo de la marina de guerra venezolana antes de la Segunda Guerra Mundial.

En el plano de la táctica militar además de las conversaciones que tuvimos de las guerras napoleónicas y las guerras mundiales del siglo XX en el octubre del año 1993, en un atribulado momento de la historia venezolana contemporánea tuvimos, en Puerto Cabello, la visita del presidente de Venezuela Ramón J. Velázquez y ante la soledad que lo embargaba por los avatares de la misma política Carlos y yo nos acercamos a él y hablamos acerca de momentos históricos en la obra La caída del liberalismo amarillo. Para Giacopini, además del tema del bloqueo naval del que pudimos hablar con detalles, esa obra le traía recuerdos familiares: la batalla de la Victoria y la carga final a la bayoneta de los restauradores entre quienes se encontraba su tío Francisco Linares. Ese fue un momento especial que rememoró otra vez a la partida de su padre un poco más de una década después. Enfrentar lo inexorable da una paz espiritual.

En el plano estratégico debo recordar cuatro momentos donde compartimos conocimientos: el primero en las cátedras de geopolítica y estrategia en la Escuela Superior de Guerra Naval y en el Centro de Estudios Militares Avanzados. En ambos, a través de una lectura exegética de la historia, desde una perspectiva hermenéutica, quisimos introducir nuevos ángulos de análisis en dichos campos. Aquí de alguna u otra manera pusimos en práctica un proyecto de prospectiva estratégica que, junto con Alberto Monagas, denominamos Verba Omnia Significat (VOS) y no pudimos concretar. Carlos también introdujo los Principios Matemáticos-históricos y la Evolución de la Libertad del coronel Víctor Fernández Bolívar para ayudar a pensar en términos prospectivos.

En el segundo momento no compartimos conocimientos, pero operamos bajo la misma lógica histórica: por una parte, ambos luchamos para evitar la minimización de la armada en la construcción del comando estratégico operacional. La resultante fue el desarrollo de la región estratégica de defensa integral marítima que pudo concretar Giacopini a pesar de las limitaciones de medios. El logos para él que justificó la ubicación en Margarita de dicho comando fue la equidistancia en términos marítimos y la autonomía funcional de la propia institución considerando la experiencia histórico-política venezolana de la que él estaba muy bien versado. Por la otra, tuvo una destacada participación en la elaboración del concepto estratégico militar del año 2004 que se caracterizó por tratar de mantener la conducta estratégica venezolana que se había mantenido a todo lo largo del siglo XX sobre todo en lo concerniente a la defensa del espacio geográfico. La tercera fue la elaboración e instrumentación, junto con otras competentes personas, de la directiva estratégica del Instituto Nacional de los Espacios Acuáticos. Esta fue una muy bonita experiencia debido a que una larga travesía profesional pudimos poner en práctica muchas cosas que habíamos compartido. La cuarta fue la elaboración del proyecto del Observatorio Nacional de los Espacios Acuáticos que, aunque no ha sido instrumentado, su consistencia ha permitido favorecer el incremento de la importancia de los asuntos marítimos, fluviales y lacustres.

En el plano político podemos mencionar también tres momentos que deben ser recordados: en el primero trabajamos en el proyecto original de la Ley Orgánica de los Espacios Acuáticos, un instrumento que lo tratamos de construir hasta dónde pudimos pensando en el beneficio de todos los venezolanos. En el segundo tratamos de ayudar a construir un nuevo orden republicano a partir de la Constitución del año 1999 que valorara los asuntos marítimos a pesar de las intensas presiones que apuntaron a lo contrario. Y en el tercero, cuando Giacopini fue nombrado secretario del Consejo de Estado traté desde una lectura crítica alertar sobre la deriva que había seguido el país allá por el año 2012, sin embargo, las gigantescas olas que se levantaron en la turbulencia que estábamos viviendo nos hicieron incapaces de contribuir a enderezar el rumbo del país. Ya convaleciente hablamos mucho de la situación de Venezuela después del 28 de julio. Decíamos que estábamos viendo los toros dentro de la barrera sin poder hacer nada, solo tratar de que no nos embistiera. En esos momentos me dijo que cuando saliera del trance en que se encontraba iba a estudiar teología, pero entendí que no era por un tema de religiosidad a pesar de que él era un católico practicante. Aquí hubo un tema de trascendencia.

Por teología de forma utilitaria la entendemos como cualquier declaración coherente sobre cuestiones de interés último que reconozca que la perspectiva por la que se rige esta proviene de una comunidad de fe. En esta definición, que estamos asumiendo, hay tres cosas que hablamos en esos momentos finales: en primer lugar, además de religión hablamos de Dios, el hombre, la historia, la naturaleza, la cultura, los orígenes, la moralidad y el destino, en segundo lugar, consideramos que esas conversaciones no se diferenciaban por su contenido de todas las demás formas de pensamiento a pesar de la convulsa transición política que vive la humanidad y, en tercer lugar, buscamos observar la realidad a través de lo real concreto y lo potencial.

De alguna u otra manera nos dejamos llevar e hicimos reflexiones críticas de todo lo que habíamos conocido tratando de superponer dos círculos, el teológico de sus inquietudes y el filosófico a partir de la experiencia vivida. En todo caso orbitamos en torno a una visión cristiana de la realidad pensando en cómo ayudar al país a pesar de sus circunstancias personales. Ya reestablecido de la última crisis que padeció me dijo sintiéndose derrotado que oyó cuando le estaban haciendo la extremaunción. Ya era la hora de la carga a la bayoneta. Sólo se me ocurrió decirle en ese crucial momento que el filósofo neerlandés Benedicto de Spinoza había dicho que el propósito último del ser humano era perseverar en su propia existencia, le agregué, que hasta que Dios quisiera y que a pesar de las circunstancias serias que vivía tenía cuidarse a sí mismo y seguir perseverando, no mirar a más nadie, ni siquiera a las personas que tenía a su alrededor. Claro, siguió pensando en su familia y en el país porque en su espíritu se mantuvo inquebrantable la fe, la esperanza y la caridad. Tres virtudes que aseguraban su comunión con Dios en esta tierra.

Hasta aquí hemos seguido una derrota marcada por la superación y la trascendencia. La vida es la superación de las contingencias. Me recuerdo un pasaje del libro segundo de la República de Platón que trataba sobre la amistad y un dialogo comenzó con la pregunta ¿he vivido bien? En el ocaso de la vida, con familia, con comodidades, con amigos no había, según ese dialogo, ningún tipo de objeción para no sentirse satisfecho. Pero en Platón siempre había algo que le inquietaba. Así es como comienza esa gran obra. En nuestro caso la vida nunca tiene finalidad a no ser la de vivir. Vivir como dije es superar contingencias. Trascender es lograr que esta lucha por la superación de las contingencias sirva como enseñanza para las generaciones venideras. Carlos Giacopini y ninguno de nosotros hemos podido reposar como guerreros porque las contingencias no nos han dejado, pero a la pregunta de ¿Giacopini vivió bien?

Esa pregunta no merece respuesta porque no sólo fue un maestro para sus amigos y sus subalternos también con su ejemplo irradió formas de ser que deberían ser emuladas. Él encarnó el ideal de la virtud republicana a pesar, en primer lugar, de las turbulencias que hemos vivido, es decir, exteriorizó valor, prudencia, justicia, fortaleza y templanza, entre otras, en segundo lugar, de ser tolerante ante una realidad signada por la existencia de una diversidad de los valores. En ambos casos vivió y actuó siguiendo una creencia cuya verdad no podemos conocer, pero con la seguridad de que la experiencia general de la humanidad revelaba una verdad cristiana que reafirmaba sus convicciones.

Para finalizar Carlos, como hemos dicho, cuando despidió a su padre hizo una alegoría de la carga final de las fuerzas restauradoras en la batalla de la Victoria del año 1902. Si mal no recuerdo, al increpar los subalternos a su tío, el general Francisco Linares Alcántara, de que se habían acabado las municiones mandó a cargar a la bayoneta. En nuestro caso, el papa de Giacopini debía cargar a la bayoneta hacia la eternidad. Carlos los hizo también. Pero nosotros debemos cargar a la bayoneta para que, con los pocos recursos que tenemos, llevar el pensamiento sobre los asuntos del mar y de nuestros ríos y lagos a un estadio más alto de trascendencia como intentó Carlos...

Muchas gracias… Señores