sábado, 15 de junio de 2019

EL INTERÉS DE JORGE LUIS BORGES EN EL QUIJOTE DESDE LA CRÍTICA DE ADORNO A KANT.



Las conmemoraciones que se realizaron con motivo del cuarto centenario del Quijote de Miguel de Cervantes permiten hacer la pregunta de si esta conmemoración estuvo dirigida a recordar la obra como una expresión artística capaz de desocultar algo desde la perspectiva de la contemplación o por el contrario se está recordando la obra por el proceso que produjo en la lengua castellana, en otras palabras, por el proceso que produjo en tanto que objeto artístico convertido en un utensilio cuya connotación ha tenido significados tanto históricos como sociales. Sobre el primer aspecto José Saramago expresó en el prologo de la edición venezolana que
“entre el <<poco dormir y el mucho leer >> que fue la razón dada por el autor para que a Quijano se le hubiese secado el cerebro, y el <<mucho leer y mucho imaginar>>, la diferencia no es grande… Verdaderamente, no creo… que alguien se haya vuelto loco por haber leído, aunque mucho, y por haber imaginado, aunque en exceso. Al contrario, leer e imaginar son dos de las tres puertas principales (la curiosidad es la tercera) por donde se accede al conocimiento de las cosas… La cuarta es la libertad”.
“Admitido que Alonso Quijano fingió estar loco, habrá que responder… ¿por qué, para qué…?... Arthur Rimbaud expresó- en este sentido-: <<la vida autentica está por allí>>, en otro lugar, no en este… A Alonso Quijano… no le bastaba ir en busca de otros lugares donde quizá le estuviera esperando la vida auténtica, era necesario que se convirtiera en otra persona, que, al ser él mismo otro, fuese también otro el mundo…”

Sobre el primer y segundo aspecto, Mario Vargas Llosa, expresó en el prologo de la versión producida por la Real Academia Española que
“la modernidad del Quijote está en el espíritu rebelde, justiciero, que lleva el personaje a asumir como responsabilidad personal cambiar el mundo para mejor, aun cuando, tratando de ponerla en practica, se equivoque,… Pero también es una novela de actualidad porque Cervantes, para contar la gesta quijotesca, revolucionó las formas narrativas de su tiempo y sentó las bases sobre las que nacería la novela moderna…”.
“Esta revolución formal que significó el Quijote ha sido estudiada y analizada desde todos los puntos de vistas posibles, y,…, nunca se agota, porque... ella evoluciona con el paso del tiempo y se recrea a si misma en función de la estética y los valores que cada cultura privilegia, relevando que es una verdadera caverna de Alí Baba, cuyos tesoros nunca se extinguen”.

Estas dos visiones del Quijote, es decir, en tanto que obra de arte y en tanto que utensilio generador de un proceso fueron sintetizadas y expuestas previamente por Jorge Luis Borges en una conferencia dictada en Estados Unidos denominada “Mi entrañable señor Cervantes”. En esta conferencia Borges destacó la habilidad de Cervantes para introducirse y salirse del relato, la naturaleza de la narración en si, la sencillez del lenguaje con que fue escrito y el impacto que tuvo Don Quijote en la lengua castellana. Pero hay que destacar que, esta admiración no sólo se evidenció en esta conferencia: En una parte significativa de su obra, la presencia de Cervantes y del Quijote fue evidente[1].
A partir de esa conferencia se va a intentar extraer “lo bello” como representación y creación de lo que percibió Borges de Cervantes y de lo que representó el Quijote y Cervantes para Borges y lo que creó Borges a partir del Quijote para determinar así la naturaleza del interés de Borges en esa obra. Para tal fin vamos a examinar: “Lo bello” como representación y creación en el Quijote según Borges, “Lo bello” como representación y creación en Borges a partir del Quijote de Cervantes y la naturaleza del interés borgiano a partir del Quijote.

“LO BELLO” COMO REPRESENTACIÓN Y CREACIÓN EN EL QUIJOTE SEGÚN BORGES.

Lo bello del Quijote pareciera no provenir del hecho en si del gusto universal que le es reconocido, ni de la inexistencia de la representación de un fin o concepto que de esta obra emana. La belleza del Quijote tanto de lo que se puede extraer de los juicios estéticos de Saramago y Vargas Llosa, en una primera instancia, y de Borges se evidencia en el empleo de metáforas para expresar algo que en ellos está y que muestran, como pueden y quieren, de tal manera que otros lectores puedan sentir y conocer, en esa obra, lo que estos autores han sentido de ella. Las alusiones a “Rimbaud”, “Alí Baba”, o como Borges expresa: “mi entrañable amigo”, son expresiones de lo que estos autores percibieron del Quijote como una obra de arte. El hecho que estos tres autores no definan lo bello sino que declaren lo bello los enmarcan dentro de las percepciones que tenían Kant y Adorno sobre lo bello, es decir, “lo bello no puede definirse”.
Los prologuistas Saramago y Vargas Llosa fueron separados de Borges debido a que ambos escritores destacan la libertad, como representación, como aquello que les permite juzgar lo bello del Quijote. En otras palabras, la forma de cómo es mostrada la libertad es lo que a estos autores les permite juzgar el Quijote como bello.
Pero destacar a la libertad como un proceso de desocultamiento “hacia”, refleja una intencionalidad que muy fácilmente podría ser interpretada como una finalidad, con lo que se podría afirmar, según estos autores, que lo bello del Quijote está en cómo fue destacado lo bueno, es decir, la libertad, pero si se tiene presente que para Kant, la libertad es la que determina el juicio, entonces se puede afirmar en una primera aproximación que ambos prologuistas del Quijote la juzgaron, cada uno a su manera como una bella obra, debido a que desde el punto de vista kantiano, sin concepto, esta obra ha sido reconocida como “un objeto de un placer necesario”.
En la conferencia dictada por Borges, en cambio, no se evidenció que el interés por la obra parta de la representación de un fin o de un concepto, sino más bien del orden de cómo fue hecho el relato, es decir, a partir de cómo fueron predispuestos los relatos y del entrecruzamiento de esos relatos en la obra en general, es decir, el Quijote es para Borges la sumatoria de un conjunto de relatos que relacionados armoniosamente en un relato mayor confirman la noción aristotélica de lo bello como magnitud y orden. Así se destaca lo siguiente:
“... cuando Cervantes pensó escribir…, supongo que consideró la idea del conflicto entre los sueños y la realidad,...”
“...Cervantes era un hombre demasiado sabio como para no saber que, aun cuando opusiera los sueños y la realidad, la realidad no era, digamos, la verdadera realidad, o la monótona realidad común. Era una realidad creada por él; es decir, la gente que representa la realidad en Don Quijote forma parte del sueño de Cervantes tanto como Don Quijote y sus infladas ideas de la caballerosidad, de defender a los inocentes y demás. Y a lo largo de todo el libro hay una suerte de mezcla de los sueños y la realidad”.
“... también tenemos en Don Quijote el hecho de que muchas historias están entrelazadas. ... yo creo que –la- razón sería que esas historias,..., son otras historias. Y por eso está esa relación de sueños y realidad,… Por ejemplo, cuando el cautivo nos cuenta su cautiverio, habla de un compañero. Y ese compañero,…, es... nada menos que… Cervantes,... Así hay un personaje que es un sueño de Cervantes y que, a su vez, sueña con Cervantes y lo convierte en un sueño. Después, en la segunda parte del libro, descubrimos, para nuestro asombro, que los personajes han leído la primera parte y que también han leído la imitación del libro que ha escrito un rival. Y no escatiman juicios literarios y se ponen del lado de Cervantes. Así que es como si Cervantes estuviera todo el tiempo entrando y saliendo fugazmente de su propio libro…”.
“Entonces tenemos en Don Quijote… Realidad y sueño. Pero al mismo tiempo Cervantes sabía que la realidad estaba hecha de la misma materia que los sueños. Es lo que debe haber sentido. Todos los hombres lo sienten en algún momento de su vida. Pero él se divirtió recordándonos que aquello que tomamos como pura realidad era también un sueño. Y así todo el libro es una suerte de sueño. Y al final sentimos que, después de todo también nosotros podemos ser un sueño”.

Como se observa en la conferencia, Borges no tiene que declarar la libertad como una finalidad, sino que la libertad se declara a si misma a partir de lo que Borges expresó en dicha conferencia. En Borges no se puede decir que el Quijote es bueno, sino más bien que es bello, y de ahí podría partir el interés en invitar a conocer el Quijote, en conocer el Quijote, lo que es el Quijote, lo que representa el Quijote. Borges no dice para qué sirve el Quijote, sino qué le gusta del Quijote y en que le seguirá ayudando a los hombres.
Tanto Saramago como Vargas Llosa dan a entrever, uno de una manera más oscura que el otro, que el Quijote es bello y bueno, y dan a entrever que es bueno porque están partiendo del hecho que saben que es el Quijote, tienen un concepto de él, Borges, en cambio, declara, muestra lo bello que es el Quijote para él sin más ni más, es algo que cada vez que lo lee le dice, le muestra, según él, algo nuevo, aún a pesar de que cualquiera puede suponer que tiene un concepto. Con ello se podría afirmar que la noción de gusto que emana de Borges se mantiene incólume, en sentido kantiano, pulcra de toda intencionalidad benéfica. Esta afirmación se debe a que Borges comienza su disertación afirmando que las razones por las cuales el Quijote fue elogiado por gramáticos y académicos fueron equívocas debido a que “Cervantes se burló de los proverbios” y fue alabado por la gran cantidad de proverbios y no le interesó “para nada la escritura ornamental”. No obstante, al asegurar al final de la conferencia que el Quijote le seguiría agradando a los hombres, desde el punto de vista lógico Borges le dio también a esa obra un carácter universal y en consecuencia una idea del bien.
Así pues, en una primera instancia se puede afirmar que teniéndose como referente al Quijote, dos escritores alabaron su tratamiento para expresar la libertad y uno de ellos hizo mención a su impacto en la narrativa universal y otro autor, desdeñando el impacto del Quijote como utensilio, alabo el juego que hizo Cervantes para mezclar sueño y realidad. Sin embargo, en todos estos autores está presente la idea de lo bueno y de lo bello en el Quijote.

 “LO BELLO” COMO REPRESENTACIÓN Y CREACIÓN EN BORGES A PARTIR DEL QUIJOTE DE CERVANTES.

Como ya se hizo mención en la primera parte de este ensayo, Borges, quizás más que cualquier otro autor tuvo presente a Cervantes y al Quijote en sus obras. Estas circunstancias colocan a Borges como un autor que usando a otro autor muestra una obra que puede ser catalogada de bella o no, pero desde la perspectiva de Borges como un autor influido por Cervantes y que habla del Quijote desde la perspectiva estética permiten hacer el intento de entender al autor argentino a partir del concepto kantiano de lo sublime. Kant expresó que lo bello encanta y lo sublime conmueve. Si se tiene presente que Borges, al final de su conferencia, expresa:
Siento que no he hecho justicia al tema,…, estoy un poco conmovido. Y tal vez ese sentimiento ha superado lo que siento por Cervantes y por Don Quijote. Creo que los hombres seguirán pensando en Don Quijote porque después de todo hay una cosa que no queremos olvidar: una cosa que nos da vida de tanto en tanto, y que tal vez nos la quita, y esa cosa es la felicidad. Y, a pesar de los muchos infortunios de Don Quijote, el libro nos da como sentimiento final la felicidad. Y sé que seguirá dándoles felicidad a los hombres”.

Se puede afirmar en una primera instancia que el concepto de lo sublime está presente. Ahora bien, Kant expresó que lo sublime “sólo está en nuestro espíritu, en cuanto somos capaces de adquirir conciencia de ser superiores a la naturaleza en nosotros y, con ello a la naturaleza fuera de nosotros. Todo cuanto suscita en nosotros este sentimiento, contando entre ello la potencia de la naturaleza que provoca nuestras fuerzas, se llama entonces sublime, y sólo presuponiendo en nosotros esta idea, y con respecto a ella, seremos capaces de llegar a la idea de la sublimidad de aquel ser que no sólo provoca en nosotros intimo respeto por su potencia de que hace gala en la naturaleza, sino más aún, por la capacidad existente en nosotros de juzgar aquella potencia sin temor y nuestra destinación como superior a ella” (Kant. 2005. 111 p.). De estas dos citaciones se puede afirmar que la superioridad está determinada por la razón que en este caso está representada por la escritura y que teniendo presente que lo sublime puede ser entendido como una extensión de lo bello, es decir, magnifico, a la reconocida sublimidad del Quijote, se podría agregar también el entendimiento que da a conocer Borges de esa obra en términos que abarcan lo bello y lo sublime. La sublimidad, Borges la asocia con la felicidad y la felicidad es buena. Al ser la felicidad buena, lo sublime puede ser asociado con lo bueno y esto nos coloca de nuevo en las categorías kantianas. Partiendo de esta premisa se puede traer a colación nuevamente la manera como es representada la libertad en Saramago y Vargas Llosa. En los dos prologuistas la belleza del Quijote está en cómo se representa la libertad y en Borges la belleza y sublimidad del Quijote está en la felicidad que da (siempre desde la perspectiva del cómo). Como la libertad y la felicidad son dos manifestaciones del bien, se podría afirmar que también para los dos prologuistas de las referidas ediciones de Don Quijote, la obra es sublime, pero la manera como la expresan no reflejan esta sublimidad. Borges, entonces, expresa que le gusta el Quijote y dice, además, que el Quijote, a pesar de su temática, da felicidad, o sea es bueno y lo expresa en una armoniosa relación de magnitud y orden.   
Teniendo esto presente podemos agregar que la felicidad en las obras de arte, según Adorno, es una fuga precipitada que no contiene nada “de aquello de lo que el arte se escapa”. Bajo esta perspectiva los prologuistas se encuentran tan distantes de la obra, y esta distancia se evidencia en una crítica de la obra cervantina, en cambio Borges huye, pero esta huida no es hacia el goce, es más bien una huida hacia delante, para crear a partir de ella, tal vez en un nivel donde el interés, desde la perspectiva de Adorno, se aleja del concepto de obra de arte, pero desde la perspectiva del teórico alemán, porque la evidencia ha demostrado que teniendo como referente la obra de Borges, el arte no se encuentra en vías de extinción.
Ahora bien, la sublimidad destacada en el Quijote destacada en Saramago y Vargas Llosa si bien contrasta con la sublimidad borgiana por decirlo de una manera hay que tener presente que aunque se afirmó que Borges no hace mención de la libertad, esta se irradia en toda la conferencia, pero esta afirmación es contraria a lo que entiende kant por sublime. Según el filosofo alemán el placer por lo sublime es negativo debido a que “es un sentimiento de privarse a si misma de libertad la imaginación al ser determinada teleológicamente por otra ley que la del uso empírico” (Kant, Op. Cit.:116), en cambio, el placer por lo bello es positivo debido a que se está “emancipado del mero goce sensual del placer”, o sea, hay libertad con respecto a la determinación de algo sujeto a una ley.
Con respecto a esta noción kantiana de la libertad como condicionante en los concepto de lo bello y lo sublime en el caso especifico de Borges, la sola posibilidad de trascender la noción de lo bello determinado por la pasividad dada al ser receptor de un placer, la creación artística a partir del mismo Quijote y Cervantes tal como se extrae de la conferencia y de otras obras escritas por este autor[2] hacen que la noción de lo sublime adquiera otra visión. Esta es una superación de la circularidad que en cierta medida se mantiene en los prólogos de las ediciones aniversarias del Quijote.

LA NATURALEZA DEL INTERÉS BORGIANO A PARTIR DEL QUIJOTE.

Lo que se destaca de los dos prólogos citados en la introducción es el énfasis en la idea de libertad. Este énfasis no se observó en Borges, pero está subyacente en su conferencia. Como se recordará, en Borges la idea de la felicidad es la que declara al final de su disertación. Así pues libertad y felicidad permitieron usar la expresión “sublime” para categorizar los juicios estéticos que emitieron los autores antes citados, y aunque declaran la libertad y la felicidad a partir de la razón y teniendo presente que el juicio estético de lo sublime se caracteriza por ser un juicio producido por una determinación según Kant, falta considerar esta afirmación de acuerdo a la critica que hace Theodor Adorno a Kant, teniendo presente que este filosofo contemporáneo a pesar de la critica que hace no cuestiona el concepto de libertad kantiano en los juicios estéticos. Hay que tener presente que, según Kant, “no hay ciencia de lo bello, sino sólo crítica” y esta es sólo posible mediante argumentación.
Si se tiene presente la observación que hizo Francisco Bravo sobre el equilibrio que en Kant está presente entre felicidad y moral, y que este equilibrio está determinado por la prudencia y que la moral kantiana está determinada por un sentido de libertad que es negativo, la percepción que se ha tenido sobre sus conceptos de bello y sublime está determinada por el equilibrio dado por esa misma idea de libertad y de ahí la presunta ambigüedad que cuestiona Adorno. Siendo esto así, faltaría conocer las razones por las cuales, en su Teoría Estética, este autor no cuestiona la moral y por consiguiente la libertad kantiana.
Bajo esta premisa lo que se puede presumir de Adorno es que su concepto de goce estético, su concepto de lo bello se corresponde con lo sublime de Kant, siempre y cuando no afecte a otro. Dentro de esta perspectiva parece que el Quijote, como objeto de arte, entra dentro de esta categoría puesto que, como Adorno afirmó y se puede extraer de lo dicho tanto por Saramago, Vargas Llosa y Borges: “las obras de arte son imitaciones de lo empíricamente vivo, aportando a esto lo que fuera le está negando. Así lo liberan de aquello en lo que lo encierra la experiencia exterior y cosista”.
Ahora bien, habría que preguntarse ¿qué significa no afectar al otro en cuanto al goce estético teniendo presente la presunción hecha en lo concerniente a la eliminación de la frontera de lo bello y de lo sublime, de acuerdo a lo que se puede entender en Adorno? Si se tiene presente la cita previamente hecha se tiene que la eliminación de la frontera entre lo bello y lo sublime libera al que juzga de todo atavismo para el goce involucrando al individuo con la obra en un contexto de enajenación. En tal sentido, el filosofo alemán expresó que “la fuerza de la negatividad de la obra de arte es la que mide el abismo entre praxis y felicidad. Kafka no excita ciertamente un deseo pasional. Pero la angustia real que crean sus obras… tiene más que ver con la pasión que con el antiguo desinterés que él recoge y que tras él perdura. Pero el interés es groseramente inadecuado para dar cuenta de sus escritos”. Esta afirmación permite hacer indagaciones para saber si la tesis de Adorno es aplicable a Borges y eventualmente a Saramago y Vargas Llosa.
En relación con Saramago y Vargas Llosa se puede afirmar que su situación de prologuistas los coloca fuera de la obra a pesar de que se haya afirmado que sus juicios estéticos entran en el ámbito de lo sublime, pero como la distancia hace que la fuerza de negatividad del Quijote sea atenuada, sus juicios estéticos se corresponden con un proceso donde la obra se ha ido transformando y adquiriendo contenidos que no tenía. De ahí es pertinente la acotación de Adorno de que “el arte podría tener su contenido en su propia transitoriedad”.
En Borges se puede afirmar que ha acontecido el mismo proceso, pero su identificación con el Quijote podría evidenciar enajenación por las mismas razones que él ha expuesto en relación con esa obra y que se puede evidenciar en una parte considerable de su producción literaria. Esta realidad permite constatar, según Adorno, que “la doctrina de la complacencia desinteresada es pobre ante el fenómeno estético, lo reduce a lo formal, algo tan cuestionable en su aislamiento, o a los llamados objetos sensibles de la naturaleza”. Ahora bien, esta misma producción borgiana indica que se produjo otro proceso dentro del proceso antes aludido y este proceso borgiano que ha tenido su corolario en la conferencia “Mi entrañable Señor Cervantes” permite la pregunta: ¿Se está enfrente a una obra de arte o ante juicio estético?[3] Por una parte se puede afirmar que es un juicio estético que entra en el plano de lo bello y de lo sublime, pero su conferencia, desde el punto de vista estético guarda un equilibrio entre magnitud y orden, y en este sentido se puede inferir que el juicio que hace Borges de Cervantes y el Quijote, es un juicio estético hecho de manera estética, es decir, dio agrado leer y escuchar a Borges emitiendo un juicio sobre Cervantes y el Quijote. Por ello, se puede concluir que Borges le ha dado reglas al arte.
El agrado que produce Borges, ahora, pudiera estar relacionado con la manera en que Borges se identifica con Cervantes y el Quijote, es decir, con la identificación del autor con el otro autor y con su obra. En tal sentido se puede afirmar también que Borges no objetiviza al Quijote, ni a Cervantes. Los mantiene dentro del ámbito de la subjetividad. Pero manteniéndose dentro de este ámbito se expresa en un contexto de generalidad y esa generalidad es lo que permite constatar su sublimidad[4], la sublimidad a partir de lo bueno, con lo cual ese interés puede ser entendido desde una perspectiva universal.
Estas tres referencias al Quijote permiten afirmar entonces de alguna manera lo bueno del Quijote, y a partir de lo bueno se pudo extraer lo bello de esa obra, pero ¿se podría extraer de dichas referencias lo bello del Quijote para a partir de allí extraer lo bueno del Quijote? Como ya se indicó, todos los autores referidos apelan a metáforas para dar su percepción de esa obra desde el punto de vista estético. Esto no fue necesario para que los lectores conocieran sus percepciones sobre lo bueno del Quijote. ¿Por qué sucede esto si estas personas podrían simplemente haber dicho me gusta el Quijote o me apasiona dicha obra?, ¿Por qué la necesidad de un “por qué”?
La necesidad de un porque contiene consideraciones estéticas a partir de lo que Kant denomina sentido común. El sentido común, en este contexto, puede ser entendido como la bisagra que une lo moral con lo estético y ya se hizo mención de los elementos constituyentes de la bisagra (es decir, el equilibrio entre felicidad y moral sustentado en la prudencia y en la libertad negativa), en consecuencia, se puede afirmar que lo prologuistas intentaron destacar el contenido moral del Quijote, al igual que Borges, pero a pesar de que esta moralidad en los tres autores asume un rasgo de universalidad, el sentido de universalidad de la libertad es diferente al de la felicidad aunque todos los individuos persigan ambos objetivos. La libertad es pública y la felicidad es privada. El día en que la felicidad pase a ser pública, desaparece la palabra felicidad.
El carácter público del Quijote entonces es para dos autores la visión de libertad y para Borges la felicidad. ¿La libertad para ellos contiene la felicidad o la felicidad para Borges contiene la libertad? Estos términos no son excluyentes, reflejan dos visiones del mundo, una que refleja una posibilidad y otra que refleja un estar.
Por otra parte, ya se sabe que los prologuistas destacaron la libertad y que Borges destacó la felicidad: ¿Estos énfasis podrían evidenciar una intencionalidad enmarcada dentro de un contexto moral y consecuentemente una base fundacional específica para la emisión de juicios estéticos? La respuesta a este interrogante nos daría luces para releer el Quijote con un interés diferente

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

ADORNO, Theodor W. Teoría Estética. Barcelona. Ediciones Orbis, S.A. 1983. 346 p.

BLANCO CARRERO, Edgar. Borges en una Perspectiva Heideggeriana. Caracas. UCV-FHE. Cátedra de la Estética en Schopenhauer, Nietzsche y Heidegger. Profesor: Ruperto Arrocha. 2005. 15 p.
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BORGES, Jorge Luís. Mi entrañable señor Cervantes. Papel literario de El Nacional: Centenario de Borges, 1º de agosto de 1999. 6 p. http://www.el-nacional.terra.com.ve.
 
BORGES, Jorge Luis. El hacedor. www.literatura.us/borges/hacedor.html
 
CERVANTES, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Madrid. Real Academia Española. Edición IV Centenario. 2004. 1249 p.
 
CERVANTES, Miguel de. Don Quijote de la Mancha. Caracas. Editorial Santillana. Alfaguara. 2005. 400 p. 
 
KANT, Immanuel. Crítica del Juicio. Buenos Aires. Editorial Losada. 2005. 365 p. 
 
KANT, Immanuel. Observaciones sobre el Sentimiento de lo Bello y lo Sublime. Mexico. FCE. Universidad Nacional Autonoma de Mexico. 2004. 138 p. 
 
ODIFREDDI, Piergiorgio Jorge Luis Borges Il Labirinti Dello Spirito. Sep. 1992. 19 p. http://www.vialattea.net/odifreddi/borges2.htm. 



[1] La admiración que Borges tuvo por Cervantes se evidenció, de acuerdo a su propia expresión, en las lecturas que hizo del Quijote desde la niñez y por la presencia del Quijote en toda su producción literaria donde se destacan: Cervantes: Novela Ejemplar (II.791), y Alberto Gerchunoff: Retorno a Don Quijote (II.815); Sobre Borges y Alonso Quijano (Otras Conversaciones, p. 112), Pierre Menard, autor del Quijote (I.649), y Parabola de Cervantes y Don Quijote (I.1151); Sueña Alonso Quijano II.697.
[2] En otras obras de Borges, como ya se indicó estuvo viva la presencia del Quijote y de Cervantes. Aquí se incluye la Parábola de Cervantes y del Quijote (www.literatura.us/borges/hacedor.html ) como una muestra del sentido de sublimación que aquí se quiere expresar:

Harto de su tierra de España, un viejo soldado del rey buscó solaz en las vastas geografías de Ariosto, en aquel valle de la luna donde está el tiempo que malgastan los sueños y en el ídolo de oro de Mahoma que robó Montalbán.
En mansa burla de sí mismo, ideó un hombre crédulo que, perturbado por la lectura de maravillas, dio en buscar proezas y encantamientos en lugares prosaicos que se llamaban el Toboso o Montiel.
Vencido por la realidad, por España, Don Quijote murió en su aldea natal hacia 1614. Poco tiempo le sobrevivió Miguel de Cervantes.
Para los dos, para el soñador y el soñado, toda esa trama fue la oposición de dos mundos: el mundo irreal de los libros de caballerías, el mundo cotidiano y común del siglo XVII.
No sospecharon que los años acabarían por limar la discordia, no sospecharon que la Mancha y Montiel y la magra figura del caballero serían, para el porvenir, no menos poéticas que las etapas de Simbad o que las vastas geografías de Ariosto.
Porque en el principio de la literatura está el mito, y asimismo en el fin.
[3] Al respecto, Kant expresó que “la exposición empírica de los juicios estéticos puede servir siempre de comienzo que proporcione la materia para una investigación superior” (Kant, Op. Cit.:127)
[4] Al respecto Kant expresó que “en sentido estético, se llama espíritu el principio vivificante del animo… y este principio no es otra cosa que la facultad de expresar ideas estéticas, pero entendiendo por idea estética  aquella representación de la imaginación que mueve mucho a pensar, sin que pueda tener, no obstante, ningún pensamiento determinado…”.

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