Navegando en internet me topé por casualidad con un video que explica cómo los Yekuana construyen sus curiaras (Kudiyada o Ku-diada)[1]. Según ese video Kenú Kenú creó un Edakuni. Edakuni creó la primera curiara que llamó Kayaje. A los remos los llamó Edatuweni. Los Yekuana se hacen llamar Deyaruá que quiere decir ‘dueño y señor de la selva’. Pero observando otras fuentes no usaban las palabras ‘Kenú Kenú’, sino ‘Kushi-kushi’ (o Kuchi-kuchi)[2] con lo cual me he encontrado con variantes escritas de la fonética de un mismo ente. Junto con la palabra ‘Edakuni’ conseguí con otra voz yekuana, es decir, Edeñawadi que es el nombre de la esposa de Kamaso Wochi quien fue la llamada a plantar el árbol ‘Dodoima’.
La
coincidencia fonética la consideramos el marco referencial debido a que la
escritura sanscrita en la India es de alrededor del siglo III a.C. y ello
significa que esa cultura se sostuvo a través de la tradición oral por más de
un milenio, así como observamos en los Yekuana y en otras civilizaciones
aborigen en Venezuela.
A este punto al considerar que los Yekuana ejecutan un
rito inicial para talar el árbol para hacer la curiara me focalice en la
palabra ‘Edakuni’, vamos a examinar qué denota esta palabra, después vamos a
examinar si existen palabras fonéticamente semejantes en otras culturas y,
finalmente, vamos a analizar el papel que juega la palabra ‘Edeñawadi’[3] para comprender la
conexión sagrada que pudiera existir con otras culturas.
Esta orientación arqueológica investigativa obedece a
que desde la perspectiva de la explicación histórica estamos buscando un
anclaje ontológico más firme que pueda estar a la par del pensamiento europeo
de origen greco-romano. Por ello nos hemos apoyado, por una parte, en los criterios
de Gilles Deleuze y Félix Guattari (2008) en lo
concerniente al uso de la pareja de dioses
védicos Mitra y Varuna, desde una perspectiva estructural y
a-histórica, que le sirvió para demostrar la soberanía sagrada a partir
del pensamiento del lingüista y antropólogo Georges
Dumézil (1988) y, por la otra, la propuesta de Giorgio Agamben (2008) en el
sentido de establecer un anclaje ontológico último que permita comprender al ser-venezolano como un campo de
tensiones esencialmente históricas.
1.- Edakuni en voz Yekuana
Los Yekuana
son un pueblo de filiación lingüística caribe que actualmente habita en las
cuencas de los ríos del Escudo Guayanés entre Venezuela y Brasil luego de
haberse replegado hacia la selva por el avance de los europeos. Se hacen llamar
a sí mismo como So’to (‘Gente’ o ‘Seres humanos’). Para los Yekuana un So’to
es aquel ser que posee un Edakuni, es decir, una fuente o “luz central”
plena. En este contexto, el término Edakuni (o edajkuni) se
produce en un mundo donde el lenguaje no es solo una herramienta de
comunicación, sino un vehículo de poder espiritual y memoria ancestral. Esto
nos permite comprender cómo fue el proceso que condujo a la primera curiara
según su cosmogonía. Etimológicamente, Edakuni proviene de la raíz ‘eda-’
(que en ocasiones varía a ede- o edi- según el contexto fonético)
está intrínsecamente ligada a dos campos semánticos que para ellos son uno
solo: el centro físico (o receptáculo de la vida) y la percepción
luminosa en el sentido de que edai refiere ‘ver’ y el sustantivo edano
denota ‘luz’ o ‘claridad’. Se podría afirmar que ‘Eda’ denota “lo que brilla en
el centro" o "la claridad interna”. Por su parte, la partícula ‘-kuni’
es un sufijo de “esencia posesiva” que tiene la función de indicar que algo
"posee la cualidad de" o es “el dueño de” algo. Por lo tanto, al
unirlo, Edakuni, se traduce etimológicamente como “el poseedor
de la claridad interna” o “aquello que emana del centro”. Esta
palabra tiene esencialmente tres usos que examinaremos a continuación.
En primer
lugar, la palabra ‘Edakuni’ se asocia directamente con la identidad y la
pertenencia, es decir, el Edakuni es el nombre propio
que es observado como una parte esencial e intrínseca de un individuo que lo
vincula con un linaje específico y lo conecta con sus antepasados. En la
vida social se usa de forma restringida debido a que puede considerarse una
falta de respeto o incluso una vulnerabilidad ante fuerzas espirituales
negativas. Por ello en lugar de usar el Edakuni se refieran a las
personas por su relación de parentesco para proteger la integridad espiritual
del individuo. Esto hace que el nombre, como veremos, tienda a ser más estático
y sagrado debido a que una vez que se establece el vínculo con un antepasado o
un espíritu a través del nombre, este define la esencia de la persona para toda
la vida. Es, en este sentido, un ancla que conecta al individuo con el linaje y
el territorio.
En segundo
lugar, Edakuni se usa también, desde la perspectiva toponímica, para
reclamar un territorio ancestral. Por ello vimos en la introducción la relación
de la palabra con la curiara y el río. Los Yekuana son conocidos como "la
gente de la curiara" y su geografía está viva. El Edakuni de un
lugar (un río, un cerro o un raudal) cuenta la historia de cómo ese sitio fue
creado por Waanadi (el ser creador) o cómo fue transformado durante los
tiempos míticos.
En tercer
lugar, la palabra Edakuni está relacionada con el Watunnwa (el
ciclo de cantos y narraciones ancestrales) que se invoca en los rituales de
curación, en la construcción de una Atta (casa comunal)[4]
y en la protección de los niños al nacer para asegurar que su alma esté anclada
al mundo de los vivos. Aquí debemos tener presente que el ser humano tiene dos
almas que expresa la existencia de los dos nombres: Por una parte, Edakuni
“alma interna” que, como hemos dicho, es la chispa divina, la parte del
ser que está conectada directamente con el Creador, Waanadi. Y, por la
otra, Akato, es decir, “alma externa” o la sombra. Es la imagen que
vemos reflejada en el agua o la silueta que proyectamos en el suelo. Es
vulnerable y puede ser robada por entes maléficos (odoyos). Vamos a
detenernos un momento aquí porque nos encontramos aquí la relación entre el ser
y el no-ser debido a que las sombras tienen alma.
Las palabras
Akato u odoyos, en este sentido, son vehículos que conectan el
espíritu de los Jidiwa (sabios o chamanes) con los
espíritus del más allá. Es un modo de actuar que implica, según Viveiros de Castro
(2002), un modo de conocer. Conocer para los Yekuana es personificar. Ahora,
conocer verdaderamente es, para ellos, lograr atribuir la interpretación de una
observación de forma acertada y proporcional a un estado acontecimental o a
predicados intencionales de algún agente.
La palabra
posee componentes divinos debido a que, además de la conexión entre los dos
mundos, tienen caracteres proféticos. Por este motivo los Yekuana hablaban y
hablan poco ya que los Jidiwa eran los únicos que podían lograr que el uso de
la palabra produjera el efecto a que está destinada. Con estas palabras
pronunciadas por las personas adecuadas se podía, según Bracho (2019) “detener
el tiempo y el río, petrificar los árboles” para lograr algo que fuese de
beneficio para el grupo. Esto lo observaremos más adelante con el mito Marawaka.
A estos Jidiwa se les denomina, según Bracho (2019), “gobernador o dueño de las
palabras” puesto que, con ellas, dichas adecuadamente, se aseguraba el
mantenimiento del orden existente desde todos los puntos de vista. Por el
contrario, existen otros individuos que denominan “saco de palabras”, es decir,
palabras vacías de contenido que denominan “La sombra de las Palabras” que
podían ser perjudiciales cuando eran pronunciadas de forma inadecuada. Así
pues, la pérdida del espíritu de la trascendencia se produce, según los
Yekuana, cuando las palabras son vaciadas de divinidad.
‘Edakuni’
dentro de esta perspectiva es el ‘entre’ entre lo humano y el orden cósmico que
en los vedas se entiende bajo el nombre de ‘Rta’.
Para
finalizar, en la antropología contemporánea se considera que el nombre proviene
del Watunnwa (el corpus mítico) y, por tanto, al ser un acto de recuperación
histórica están predeterminados por la tradición y la historia de la creación. Para
los Yekuana la palabra Edakuni es entonces la “Esencia Ontológica
Universal” cuya raíz los sostiene en la tierra de sus ancestros y, por
tanto, el nombre pasa a ser uno de los “soportes de la memoria”. Por tal motivo,
se observa que ellos tienen una estructura social centralizada y ritualista,
que hace que el conocimiento sea poder y deba ser resguardado. En este sentido,
sin el Edakuni, el individuo está perdido en el cosmos, sin raíces ni
destino. Esto nos conduce a la búsqueda de la existencia de esta palabra en
otras culturas por su connotación ontológica y religiosa.
2.- Edakuni en otras culturas
Me encontré en la primera singladura con la palabra Edakuni
en Japón y una variante fonética en la India, ‘Edaguni’. En ambos casos con
aparentes orígenes y significados diferentes.
En la India,
específicamente en el estado de Kerala (al sur del país), existe una localidad
llamada ‘Edaguni’ (a veces transcrita como Edakuni debido a la fonética
local como veremos más adelante). Hay que agregar que en las lenguas dravídicas
(como el malayalam que se habla en Kerala) los nombres de lugares generalmente describen
características geográficas. En el idioma malayalam, la raíz Eda
o Edaykku (ഇട) significa
"entre" o "en medio de". Es un prefijo muy común en nombres
de lugares de la región (como Edappally o Edakkad). Por su parte,
la raíz ‘Guni’ o ‘Kuni’ denota a una pequeña colina, depresión o
terreno bajo. Así nos encontramos que el significado de Edaguni o Edakuni
pudiera ser “El lugar en medio de las colinas”.
En Japón la
palabra Edakuni (枝国) es de origen clánico y administrativo, nacido
durante la era en la que las familias comenzaron a adoptar apellidos fijos. Al
parecer, en la antigüedad la partícula
"Kuni" (国), refiere a provincias que así denominaban. Cuando
una familia se mudaba de su provincia de origen para establecer una
"rama" en un nuevo territorio, generalmente incorporaban el carácter
de "rama" (Eda) y "país/provincia" (Kuni) con
lo cual denotaba “Rama de la provincia” o “La rama de la nación”. El uso de la
palabra Edakuni en Japón está asociado, por una parte, con los extensos
territorios y fincas (shōen) que estaban bajo la jurisdicción directa
del Monte Kōya (Osaka) y, por la otra, con la región sur como la prefectura de
Yamaguchi, donde era común que los clanes locales usaran el sufijo -kuni
para denotar su lealtad o posesión de tierras.
Hasta ahora
encontramos aquí una coincidencia evolutiva lingüística paralela, pero como el
origen de la inquietud en el caso Yekuana tiene una vertiente religiosa la
siguiente singladura siguió esa orientación en el caso indio y japones
considerando el papel que jugaron las migraciones en términos culturales y teniendo
presente el budismo como vehículo cultural. Debemos tener presente que muchas
palabras japonesas actuales tienen un origen indio con lo cual el tronco común,
según la IA Gemini, se encuentra en el Sánscrito y Pali. Ya hemos dicho
que el sufijo "-kuni" / "-ghuni", en Japón, Kuni
(国), significa provincia, país o tierra. En la India,
especialmente en contextos religiosos o antiguos, existe la raíz “Guni”
o “Guna”, que en sánscrito significa "cualidad",
"virtud" o "atributo espiritual". Así pues, la palabra Eda-Kuni
tiene una resonancia con términos budistas. Kerala, en este sentido, tiene una
historia muy antigua de contacto con el budismo antes de que el hinduismo se
volviera predominante allí y, por tanto, muchos nombres de lugares en Kerala
que terminan en sonidos similares a "-kuni" o "-guni" eran
antiguamente asentamientos o monasterios budistas. Si bien en Japón hubo un
sincretismo[5] religioso
hasta ahora observamos una coincidencia fonética potenciada por
el hecho de que ambos idiomas (japonés y malayalam/sánscrito) utilizan sonidos
muy similares para describir conceptos de pertenencia, tierra y origen que
guardan reminiscencia con el Yekuana. Esto nos condujo a una nueva singladura.
En este
nuevo derrotero dirigimos nuestras velas teniendo como norte una etimología
espiritual y lingüística para determinar si es posible conectar los textos
sagrados (Sutras) o el sánscrito y el budismo que conecte todos estos mundos. Encontramos,
como veremos, una conexión a través de la filosofía del lenguaje y la
estructura del cosmos.
En sánscrito
existen los términos ‘Etad’ y ‘Guni’ por lo que podemos
descomponer la sonoridad “Edakuni” bajo una nota religiosa india. Allí
encontramos lo siguiente: En los textos sagrados como los Upanishads[6],
la palabra ‘Etad’ (एतद्) significa
‘Esto’ o ‘Todo esto’ y se usa para referirse a la Realidad Suprema
o al Brahman cuando el maestro de la ceremonia religiosa señala el
universo y dice: Etad vai tat (“Esto es, en verdad, aquello”). Por su
parte, Guni (गुणि) significa “Aquel
que posee las cualidades” o “El poseedor de virtudes” y refiere a la divinidad
o al alma que se manifiesta con atributos en el mundo físico como observamos en
Yekuana. La combinación de ambas palabras significaría “El poseedor de las
cualidades de todo esto (el universo)” con lo cual observamos una
estructura metafísica que describe la unión entre la tierra y lo divino.
En el
budismo existen las palabras ‘Eda’ (Ida) y ‘Kunda’ que están
relacionadas también con lo esotérico (el budismo Shingon - la “Palabra
Verdadera”)[7].
En las tradiciones yóguicas y budistas tántricas ‘Ida’ es uno de los
canales energéticos principales del cuerpo (el canal lunar) y ‘Kunda’
refiere a un recipiente o estanque sagrado donde se hacen
rituales de fuego. En ambas culturas hay un ritual común que en la India
denominan ‘Homa’ y en Japón ‘Goma’ que consiste en quemar maderas sagradas en
un recipiente. Ese recipiente se llama Kunda en sánscrito. La palabra Edakuni
refiere, entonces, a un lugar destinado a estos fuegos sagrados (el "Sitio
del Kunda"). Debemos tener presente aquí que en el proceso ritual de
construcción de la curiara (Kudiyada o Ku-diada) Yekuana se usa el fuego para
darle forma al receptáculo de los navegantes[8].
Así pues, en India, Japón y los Yekuana ‘Kunda’ refiere cosas sagradas que
posee referencias botánicas y mitológicas que son importantes para los ritos, cultos
y la purificación espiritual.
Aquí
empezamos a encontrar algo más allá que una coincidencia fonética en relación
con la palabra Edakuni es la “Tierra de la Rama Sagrada”
(el significado japonés) y es el “Lugar entre las colinas sagradas” (el
significado en la India). Ambas comparten una raíz conceptual: el lugar
donde lo divino se manifiesta en la naturaleza. Ecos de este carácter
sagrado lo vamos a encontrar en el mito Yekuana de Marawaka o Mará’huaka. Desde
esta perspectiva, el “tronco común” no es solo fonético, sino algo que nos
remite a una visión del mundo compartida que apunta a algo mucho más grande y
sagrado que nos pudiera decir algo más.
Edakuni se presenta
también como una vibración específica en la fonética de los mantras
y los textos sagrados que une el sánscrito antiguo (India) con la liturgia
budista esotérica (Japón). Dentro de este marco se destaca la palabra ‘Dakini’
(en sánscrito डाकिनी. En la
India esta palabra estaba asociada con seres espirituales femeninos, guardianas
de la sabiduría secreta, de la energía transformadora y ayuda, además, a la
iluminación. En el sur de la India estas figuras están relacionadas con los
lugares sagrados en la naturaleza (colinas, lugares ubicados en medio de ellas
y cuevas). En Japón, por su parte, con la introducción del budismo esotérico,
las Dakinis en un proceso sincrético adoptaron el nombre de ‘Dakini-ten’
(荼枳尼天), es decir, una deidad relacionada con la
protección de la agricultura, la riqueza y la fecundidad. Ahora, si se le agrega
el prefijo ‘E-’ que en sánscrito puede funcionar como un llamado o una dirección
(‘Hacia’), la combinación ‘E-Dakini’ (Hacia la energía sagrada) suena semejante
a Edakuni, pero que nosotros vamos a asociar con Edeñawadi que
examinaremos en el próximo parágrafo.
De igual
forma, en la India y Japón, específicamente en los cantos rítmicos sagrados Dharani,
los sonidos individuales tienen significados propios: ‘E’ (ए) denota el
origen de todos los fenómenos, el estado de vacuidad del que nace la vida; ‘Da’
(दा) es
la raíz de "Dar" o "Purificar" y; ‘Kuni’ (o Guni), como hemos
visto, es “Cualidad” o “Virtud”. Si un monje antiguo cantara estos fonemas en
un mantra el significado espiritual sería: “La purificación de las
cualidades que nacen del origen”. ‘Edakuni’ en India y Japón tiene,
entonces, un tronco común religioso que tiene su raíz en el sánscrito. Este
hallazgo nos obligó a hacer otra singladura para precisar aquellos lugares
sagrados en Kerala con ese nombre.
En el
distrito de Thrissur se encuentra una población llamada Edakkuni (esta
es la grafía más precisa en los registros locales según IA Gemini). Thrissur es
conocida como la "Capital Cultural de Kerala" y es el corazón
de la espiritualidad védica y budista antigua de la región. En ese lugar se encuentra
el famoso templo Edakkuni Sri Durga Bhagavathy donde se le rinde culto
a la diosa Durga (la energía femenina divina) que está relacionada
con las Dakinis. En el contexto de este templo y su población, Edakkuni en
la lengua local (malayalam) denota: Eda: "En medio" o
"Interior" y Kuni: "Lugar bajo" o "Valle
sagrado". En conjunto significa desde la perspectiva espiritual "El
santuario en el centro del valle". El templo de Edakkuni es un centro de
poder espiritual donde se realizan rituales de fuego y cánticos de mantras. Por
otra parte, en Japón el Monte Kōya o Tronco de
la Iluminación[9]
es el Hon-i (el lugar de origen o base) que en la cosmología Shingon
constituye el centro del Mandala del Reino del Útero. Su conexión con la
realidad material concreta proviene de su relación con el concepto de Edakuni.
Aquí los Edakuni refieren a las emanaciones de ese centro. Son tierras
consagradas al Buda Mahavairocana a través de su representante, el templo
Kongōbu-ji. Edakuni expresa la doctrina de la No-Dualidad (Advaya).
El "Tronco" (el monasterio) proporciona el mérito espiritual y la
protección ritual, mientras que las "Ramas" (las provincias
subordinadas) proporcionan el sustento material que permite la continuidad del
rito eterno.
A este punto
se puede afirmar que la palabra ‘Edakuni’ expresa la confluencia de tres
culturas que geográficamente son distantes. Así pues, tanto en la India como en
Japón es una misma palabra que sirve para describir un “centro de
energía en la tierra”. Cómo queda el mito Marawaca o Mará’huaka anteriormente
nombrado. Esto nos obliga a volver sobre los Yekuana y en especial, el mito
Marawaka para constatar que Marawaka es otro de esos centros.
2.-
Edañawadi
Para
examinar el mito Marawaka vamos a considerar el papel de Edeñawadi y la
cestería Yekuana como preservadora de los mitos de esa civilización antigua.
Para el
pueblo Yekuana el término Edeñawadi (o Ede-ñawadi) es fundamental por su
relación con la salud, la naturaleza y la protección espiritual. Su significado
puede ser observado desde dos ángulos de análisis: En primer lugar, es el
nombre que recibe el espíritu del tabaco y, por extensión, el
"doble" o la fuerza vital que se libera mediante el uso ritual de
esta planta. Ello significa que, por una parte, actúa como un puente entre el
mundo humano y el mundo espiritual de las divinidades y, por la otra, se usa
para diagnosticar enfermedades, negociar con los espíritus de la selva o
proteger a la comunidad. Y, en segundo lugar, es el guardián de la salud y la vida
espiritual, es decir, Edeñawadi es, por una parte, un guardián que “limpia” el
aire y el cuerpo y, por la otra, es invocado para extraer los “dardos
invisibles” que causan algún tipo de malestar. Ahora bien, la relación de
Edeñawadi con Edakuni no es solo lingüística, sino que define la
estructura misma del universo y del alma de los Yekuana. Si descomponemos la
palabra Edeñawadi, es decir, ‘Edeña’ y ‘wadi’ podemos pensar que esta última
tiene una relación con la palabra ‘Waanadi’
que denota al Dios creador de los Yekuana. Así que ‘wadi’ tiene cercanía con
‘Waanadi’. Y ‘Edeña’ tiene una cercanía con la partícula ‘Eda’ que ya dijimos
que está relacionada con “lo que brilla en el centro” o “la claridad interna”.
Pudiéramos atrevernos a decir que es “la claridad interna que provee Waanadi”. Esto
nos conduce a tres planos: el mítico, el onírico y el ritual debido a que nos
va a permitir responder la pregunta ¿quién es Edañawadi?
En el plano mítico
Edeñawadi es el “Dueño”, es decir, si consideramos que para los Yekuana
el mundo fue creado por Waanadi, Edeñawadi es uno de los tres momentos de su
manifestación que permanece en el mundo invisible, en el Kahuña (el
cielo más alto). En este sentido es el “Dueño de las Sombras” o el “Dueño
de las Imágenes”. Se relaciona con Edakuni en el hecho de que, por
una parte, en la mitología del Watunnwa, Edeñawadi es quien posee los “nombres
verdaderos” (Edakuni) de todas las cosas (plantas, animales, piedras,
personas) y, por la otra, nada existe plenamente en el mundo Yekuana hasta que
Edeñawadi le asigna su Edakuni. Así pues, cuando en la introducción
dijimos que “Edakuni creó la primera curiara que llamó Kayaje”, estamos
diciendo que el acto de nombrar es un acto de crear y si bien quien nombre es
un ser divino que no es Edeñawadi, es decir, Kenú Kenú, veremos cómo esta
divinidad cumple un rol dentro de la cosmogonía Yekuana.
En el plano
onírico, Edeñawadi es el guardián de todas las sombras o dobles espirituales
(Akati) del que ya hemos hecho mención. En este sentido, el Edakuni
es la "llave" verbal para acceder a ese Akati. Cuando un niño
nace y se le asigna su Edakuni, los ancianos están, en efecto, pidiendo
permiso a Edeñawadi para "anclar" una sombra espiritual a ese cuerpo
físico. Si pierdes tu nombre o si un enemigo lo usa mal, tu sombra (Akati)
se desprende y vuelve al reino de Edeñawadi, lo que provoca la enfermedad o la
muerte como también ya hemos mencionado.
En el plano
ritual el entrelazamiento se vuelve práctico en la figura del Jidiwa cuando
invoca los Edakuni para sanar. Es por esto que los Yekuana son tan
celosos con sus nombres; revelar un Edakuni es dejar tu “sombra”
expuesta ante el mundo invisible que Edeñawadi gobierna. A pesar de lo hasta
aquí expresado hemos dicho en la introducción que Edeñawadi era la esposa de otro
personaje mítico, es decir, Kamaso Kochi. Por tanto, vamos a hacer una
exposición sucinta del mito para su posterior análisis
“… para comer hay que ir hasta la montaña Dodoima, está muy retirado de
nosotros. Pensó en lo que podían hacer y entonces Kamaso Wochi envió a una
mujer llamada Edeñawadi para que hablara con Kuchi sobre el inconveniente de
haber sembrado el árbol de yuca en la montaña, ya que estando el árbol en su territorio
(Oriente) solo los más cercanos a él podrían comer, pero los … que ocupaban
territorio en el poniente, no lo podrían hacer fácilmente. Kuchi, que no era
egoísta, le regaló a Edeñawadi una estaca de yuca para que la plantara en su
territorio, pero le advirtió que debería sembrarla esa misma noche. Edeñawadi
regresó a su territorio, pero como era lejano, le llegó la noche en un lugar
llamado Uai-anti, (Auyan-tepuy), que es una zona de roca, pero para no
desobedecer las orientaciones de Kuchi, tuvo que sembrar la estaca de yuca allí
en Auyan-tepuy, y allí mismo se durmió. Mientras dormía soñaba con el gran
árbol de yuca, pero su sorpresa fue tan grande que al despertarse se encontró
con una matica de yuca muy débil que apenas había retoñado. Esa tierra rocosa
no era buena para la siembra. Edeñawadi muy triste arrancó la matica para
continuar su viaje… hasta que al fin logró llegar hasta las tierras de Kamaso
Wochi, lugar de donde había salido, y le entregó la matica a Kamaso Wochi. Como
allí había bastante gente, todos se reunieron con alegría y gritaban: Ya
tendremos comida, ya habrá comida. Kamaso Wochi, que también era chamán,
tomó la matica y cantó y sopló sobre ella. Luego durante la noche la sembró y
pasó la noche esperando que creciera, pero al amanecer, solo había un retoño y
no había producido ningún fruto. Kamaso Wochi explicó que esa tierra no era
buena, y toda la gente regresó a sus casas muy triste a buscar lombrices de
tierra para comer. La noticia corrió y así llegó a oídos de una mujer chamán
llamada Maduñawe. Esta vino a hablar con Kamaso Wochi y le dijo que ella
conocía el lugar donde había tierra negra, pero que esa tierra solo se
encontraba en la región del Dwida (Duida), lugar intermedio a la región donde
vivía Kuchi. Recomendó que tenían que sembrarla allá, y así lo decidieron. Se
dirigieron hacia los territorios del Dwida y a través de un largo viaje, la
matica fue plantada allá. Maduñawe la sembró en tierra Negra. Al amanecer, el
árbol estaba altísimo. Maduñawe lo llamó Marawaka…” (Velásquez, 2022:47-48).
Como se
puede observar el mito está relacionado con los bosques, la agricultura y el
bienestar. Estamos hablando también de que cuando este gran árbol Dodoima fue
cortado empezó a ser llamado tepuy o montaña Roraima, es decir, una montaña
sagrada que permite el contacto con lo divino (Velásquez, 2022:46). Creemos que
su constitución elevada similar en el caso indio permitía que el agua fluyese
de forma canalizada con lo cual se preserva su estatus de templo y de la
conexión de los creyentes. Si se considera que la expresión ‘Mahāvairocana
Tantra’ (o Dainichi-kyo) en los sutras de la revelación están
relacionados con la compasión y en cómo la iluminación se manifiesta en el
mundo fenoménico, habría que examinar si más allá de lo fonético existe algún
tipo de relación con la palabra ‘Marawaka’ debido a que al ser entendido como
un tronco puede ser observado como un monasterio que remite a una teología de
la sustentación, es decir, así como la yuca es el alimento base de los Yekuanas
(y otras etnias aborigen en Venezuela), en Japón (y otros países orientales) es
el arroz. Debemos tener presente que en el pensamiento de Kūkai el cultivo del
arroz en un Edakuni es un acto litúrgico y los campesinos y
administradores de esas tierras los considera parte de la familia del Buda que
se sustentan en una “extensión” del jardín sagrado del Kōya con lo cual existe
una protección ritual que asegura la armonía del cosmos local y una soberanía
espiritual que también observamos en el mito fundacional Yekuana. Esto nos
conduce a la palabra ‘Edañawadi’.
Edañawadi,
en este sentido, la podríamos asociar aquí con las Dakinis y con la capacidad
de visualización profunda, ‘Samadhi’, en India y Japón debido a que
estamos hablando de un ser mítico que estaba tratando de resolver un problema
de siembra. Ahora bien, sabemos que en estos dos países existen templos
relacionados con la expresión Edakuni, en nuestro caso Yekuana los
templos sagrados están relacionados con su artesanía. Dadas sus características
iterativas las asociamos con los mantras.
La remisión
a lo sagrado en esta singladura nos condujo de nuevo a los ‘mantras’. Un mantra
es una palabra sagrada de origen sánscrito ("man" – mente - y
"tra" - instrumento o liberación) que aparece en textos antiguos como
el Rigveda y es común en el hinduismo y el budismo y más allá de ello los
mándalas[10]. El
mantra se repite rítmicamente para enfocar la mente, meditar y lograr estados
de calma o iluminación. Para tal fin actúa como un “instrumento de la mente”
para protegerla y guiarla, generando vibraciones que benefician cuerpo y
espíritu, reduciendo estrés y promoviendo la conciencia plena. Los
mándalas (círculo o centro en sanscrito) o la geometría de la Iluminación es un
diseño que simboliza el cosmos
y sirve como herramienta espiritual para la meditación, enfocando la mente, reduciendo el estrés y conectando con
el yo interior, representando la totalidad y el universo de forma simbólica. En los
Yekuana las iteraciones se observan, como dijimos, en su artesanía,
especialmente sus cestas wajas
o guapas, que tienen connotaciones sagradas e históricas que
nos recuerdan los mándalas[11].
Su tejido constituye
“un reservorio de sabiduría, cultura y espiritualidad. En su mayoría son representaciones gráficas
de los héroes culturales de su pasado mítico ... El tejido de la waja es una
actividad diaria para el hombre… que representa un espacio de meditación sobre
la naturaleza de la realidad, aun cuando simultáneamente se hable con los
ancianos o se comparta una reunión y conversación del grupo familiar”[12].
Al respecto Alessandra
Caputo (2018) expresó que la
cestería, y en general, la artesanía de los Yekuana, constituyen prácticas
estéticas que reproducen la memoria de Waanadi y reflejan el orden social, desde una perspectiva
histórica, educando a los miembros de la comunidad sobre su entorno social,
sobrenatural y natural (pág., 118). Esto es debido a que son “libros”
tejidos donde se escribe, registra y enseña su historia. Tejer, para ellos, es
una forma de meditación y educación. La forma circular de la cesta representa
el mundo. Cuando un joven aprende a tejer, no solo está aprendiendo una técnica
manual, está aprendiendo a “ordenar el mundo”. En este sentido, el Centro representa
el origen, el lugar de donde se concibió a la humanidad y los Bordes representan
las montañas que rodean el territorio Yekuana y los límites del universo
conocido. Como se puede observar la cestería Yekuana está a medio camino entre
los templos budistas indios y los clanes japoneses, pero su efectividad como
medio de expresión de lo sagrado ha sido la misma que en las otras culturas.
Con lo antes
indicado no podemos finalizar de forma conclusiva esta pesquisa debido a que la
coincidencia fonética nos condujo a una coincidencia de naturaleza sagrada que
hace necesario investigar mucho mas para tratar de conocer qué más une a estas
tres civilizaciones y por qué. De hecho, las filosofías vedānta y budista que
remiten al concepto de la nada ha sido abordada en otra investigación y aquí se
le da una fundamentación más sólida para desplegar nuevas velas para llegar a
un puerto seguro[13].
4.- Escolio
En orden
hicimos mención a India, Yekuana y Japón en ese orden, pero nos preguntamos: ¿Es
ese el orden? Caputo (2018) expresó
que las sociedades orales como la Yekuana han demostrado ser más flexibles al
cambio de lo que se ha creído. Pero su permanencia, en los límites en que ahora
se encuentra ha sido posible porque se replegó en la selva para resistir la
influencia externa. Ello no sólo la alejó de algunos de sus lugares sagrados,
también le ha permitido adaptarse a los acontecimientos e incluir en sus
‘libros’ los momentos históricos trascendentales junto a los relatos
fundacionales (pág., 127-128). En todo caso las coincidencias que hemos
encontrado con respecto a Kerala, Yamaguchi y los Yekuana podría hacer que lo
lejano se haga cercano más allá del auge de las tecnologías de información y
comunicación actualmente disponible.
Otras referencias documentales
Blanco, E. (2025). “Nihilismo,
Martin Heidegger, la Escuela de Kioto y la Filosofía del Organismo: Una Lectura
Caraqueña”. Caracas. Festina Lente B.G y Open Horizon. Documento en línea:
Disponible: https://www.openhorizons.org/nihilism-martin-heidegger-the-kyoto-school-and-process-philosophy-dr-edgar-blanco-carrero.html y https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2025/06/nihilismo-martin-heidegger-la-escuela.html
Blanco, E. (2019). Prólogo
a la obra Muana Ïmajana (El Alma de la Sombra) de Jairo Bracho. Caracas.
Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2019/11/muana-imajana.html
Caputo Jaffe,
Alessandra. (2018). “Entretejidos ye’kuana:
oralidad, mito, artesanía”. Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología 31:
pp 109-130. https://doi.org/10.7440/antipoda31.2018.06
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G y Guattari, F. (2008). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8º éd.
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Editorial Pre-Textos. 522 p.
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Barcelona. Editorial Herder. 409 p.
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Soares dos Santos). Editorial
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línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2017/08/curiara_y_cesta_yekuana.pdf
Velásquez,
R. (2022). Mitos de creación de la cuenca del Orinoco. Caracas.
Fundación Editorial El perro y la rana. 152 p. Documento en línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2022/11/Mitos-de-creaci%C3%B3n-DIGITAL.pdf
Viveiros
de Castro, E. (2002). A Inconstância da Alma Selvagem. São Paulo.
Editorial Cosac Naify. 549 p
[1] Ver al
respecto: Construcción de la curiara yekuana - Ye'kwana Kudiyada tödödö en:
https://www.youtube.com/watch?v=NpA-HmEoBGA
y https://es.globalvoices.org/2019/02/18/dijaawa-wotunnoi-un-corto-animado-para-la-revitalizacion-del-idioma-yekuana/
[2] Velásquez
(2022:45).
[3] Vamos a
decir aquí también que podría asociarse esta palabra ‘Edeñawadi’ con la palabra
‘Edelweiss’ (“blanco noble”) el nombre de una planta que denota ‘dedicación’.
[4] Vivir en una Atta construida bajo la guía de un Edakuni es, para un
Yekuana, vivir
"dentro de la protección de Dios".
[5] Ver al
respecto: Moore (1944[1978]).
[6] Ver al
respecto: Anónimo. (400 a. C. [2015]). Los Upanishads. Buenos Aires. (T.
J. Abeleira). Editorial Penguin. 272 p. Documento en línea. Disponible: https://www.sociedadteosoficaba.org.ar/panel/materiales/11_27_02Upanishads%20-%20Anonimo.pdf
[7] Para un filósofo del Shingon, la
"fuente" no es solo un libro de papel, sino la vibración misma de la
realidad a pesar de que, según
Heisig (2013), la orientación de esta filosofía tendía al laicismo (pág., 21). Ver
al respecto los tratados
filosóficos de Kūkai (Kōbō-Daishi). Para él el Shingon tiene varias
características: En primer lugar, los seis elementos (tierra, agua, fuego, aire, espacio y conciencia)
son la esencia tanto del Buda como de los seres humanos, permitiendo la unión
inmediata. En segundo lugar, el lenguaje no solo describe la realidad, sino que
es la realidad. Cada sonido es una vibración del Buda. Y, en
tercer lugar, el
esoterismo es la comunicación directa del Buda desde su propio estado de
meditación. Finalmente, el Shingon sostiene que la verdad más profunda no se puede leer, debe
ser transmitida de maestro a discípulo de forma ininterrumpida desde
Mahavairocana. Ver al respecto Heisig (2013).
[8] Ver al
respecto: Torres y Bermúdez (2008:19-21).
[9] El
monte Kōya está situado en un valle rodeado de los ocho picos de la montaña del
mismo nombre, junto al pueblo de Kōya, en un lugar que se creía sembrado de
lotos. Esto nos recuerda al valle rodeado de montañas en Kerala.
[10] Ver al
respecto: Pandit Satyakam Vidyalankar (2005).
[11] “Nuestras
cestas se ven muchas veces adornadas con las formas de aquéllos que en el
principio estuvieron aquí con nosotros. Son nuestros antepasados, los
mensajeros de Waanadi que trajeron saber a la gente. Nuestros padres tejen en
las cestas sus figuras para mantener viva esa memoria. En las cestas está nuestra
historia, nuestras creencias. Las cestas son un tributo sagrado a todo aquello
que ha hecho y hace posible nuestro alimento. Por eso, entre nosotros los Yekuana,
sólo aquel que es excelente maestro hacedor de cestas, sabio conocedor de
Watunna, apreciado y respetado por todos, gracias a su buen juicio y saber, puede
ser nuestro jefe” (pág., 48-49).
[12] Ver al
respecto: Fundación Empresas Polar. “La cestería Ye´kwana en la artesanía
indígena”. Documento en línea. Disponible: https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/media/1280499/es_ciencia_13_i_cesteria_ye_kwana.pdf
[13] Ver al
respecto: Blanco (2025).

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