sábado, 7 de marzo de 2026

‘EDAKUNI’: MÁS ALLÁ DE LA COINCIDENCIA FONÉTICA EN INDIA, VENEZUELA Y JAPÓN

      Navegando en internet me topé por casualidad con un video que explica cómo los Yekuana construyen sus curiaras (Kudiyada o Ku-diada)[1]. Según ese video Kenú Kenú creó un Edakuni. Edakuni creó la primera curiara que llamó Kayaje. A los remos los llamó Edatuweni. Los Yekuana se hacen llamar Deyaruá que quiere decir ‘dueño y señor de la selva’. Pero observando otras fuentes no usaban las palabras ‘Kenú Kenú’, sino ‘Kushi-kushi’ (o Kuchi-kuchi)[2] con lo cual me he encontrado con variantes escritas de la fonética de un mismo ente. Junto con la palabra ‘Edakuni’ conseguí con otra voz yekuana, es decir, Edeñawadi que es el nombre de la esposa de Kamaso Wochi quien fue la llamada a plantar el árbol ‘Dodoima’.

La coincidencia fonética la consideramos el marco referencial debido a que la escritura sanscrita en la India es de alrededor del siglo III a.C. y ello significa que esa cultura se sostuvo a través de la tradición oral por más de un milenio, así como observamos en los Yekuana y en otras civilizaciones aborigen en Venezuela.

A este punto al considerar que los Yekuana ejecutan un rito inicial para talar el árbol para hacer la curiara me focalice en la palabra ‘Edakuni’, vamos a examinar qué denota esta palabra, después vamos a examinar si existen palabras fonéticamente semejantes en otras culturas y, finalmente, vamos a analizar el papel que juega la palabra ‘Edeñawadi[3] para comprender la conexión sagrada que pudiera existir con otras culturas.

Esta orientación arqueológica investigativa obedece a que desde la perspectiva de la explicación histórica estamos buscando un anclaje ontológico más firme que pueda estar a la par del pensamiento europeo de origen greco-romano. Por ello nos hemos apoyado, por una parte, en los criterios de Gilles Deleuze y Félix Guattari (2008) en lo concerniente al uso de la pareja de dioses védicos Mitra y Varuna, desde una perspectiva estructural y a-histórica, que le sirvió para demostrar la soberanía sagrada a partir del pensamiento del lingüista y antropólogo Georges Dumézil (1988) y, por la otra, la propuesta de Giorgio Agamben (2008) en el sentido de establecer un anclaje ontológico último que permita comprender al ser-venezolano como un campo de tensiones esencialmente históricas.

1.- Edakuni en voz Yekuana

Los Yekuana son un pueblo de filiación lingüística caribe que actualmente habita en las cuencas de los ríos del Escudo Guayanés entre Venezuela y Brasil luego de haberse replegado hacia la selva por el avance de los europeos. Se hacen llamar a sí mismo como So’to (‘Gente’ o ‘Seres humanos’). Para los Yekuana un So’to es aquel ser que posee un Edakuni, es decir, una fuente o “luz central” plena. En este contexto, el término Edakuni (o edajkuni) se produce en un mundo donde el lenguaje no es solo una herramienta de comunicación, sino un vehículo de poder espiritual y memoria ancestral. Esto nos permite comprender cómo fue el proceso que condujo a la primera curiara según su cosmogonía. Etimológicamente, Edakuni proviene de la raíz ‘eda-’ (que en ocasiones varía a ede- o edi- según el contexto fonético) está intrínsecamente ligada a dos campos semánticos que para ellos son uno solo: el centro físico (o receptáculo de la vida) y la percepción luminosa en el sentido de que edai refiere ‘ver’ y el sustantivo edano denota ‘luz’ o ‘claridad’. Se podría afirmar que ‘Eda’ denota “lo que brilla en el centro" o "la claridad interna”. Por su parte, la partícula ‘-kuni’ es un sufijo de “esencia posesiva” que tiene la función de indicar que algo "posee la cualidad de" o es “el dueño de” algo. Por lo tanto, al unirlo, Edakuni, se traduce etimológicamente como “el poseedor de la claridad interna” o “aquello que emana del centro”. Esta palabra tiene esencialmente tres usos que examinaremos a continuación.

En primer lugar, la palabra ‘Edakuni’ se asocia directamente con la identidad y la pertenencia, es decir, el Edakuni es el nombre propio que es observado como una parte esencial e intrínseca de un individuo que lo vincula con un linaje específico y lo conecta con sus antepasados. En la vida social se usa de forma restringida debido a que puede considerarse una falta de respeto o incluso una vulnerabilidad ante fuerzas espirituales negativas. Por ello en lugar de usar el Edakuni se refieran a las personas por su relación de parentesco para proteger la integridad espiritual del individuo. Esto hace que el nombre, como veremos, tienda a ser más estático y sagrado debido a que una vez que se establece el vínculo con un antepasado o un espíritu a través del nombre, este define la esencia de la persona para toda la vida. Es, en este sentido, un ancla que conecta al individuo con el linaje y el territorio.

En segundo lugar, Edakuni se usa también, desde la perspectiva toponímica, para reclamar un territorio ancestral. Por ello vimos en la introducción la relación de la palabra con la curiara y el río. Los Yekuana son conocidos como "la gente de la curiara" y su geografía está viva. El Edakuni de un lugar (un río, un cerro o un raudal) cuenta la historia de cómo ese sitio fue creado por Waanadi (el ser creador) o cómo fue transformado durante los tiempos míticos.

En tercer lugar, la palabra Edakuni está relacionada con el Watunnwa (el ciclo de cantos y narraciones ancestrales) que se invoca en los rituales de curación, en la construcción de una Atta (casa comunal)[4] y en la protección de los niños al nacer para asegurar que su alma esté anclada al mundo de los vivos. Aquí debemos tener presente que el ser humano tiene dos almas que expresa la existencia de los dos nombres: Por una parte, Edakuni “alma interna” que, como hemos dicho, es la chispa divina, la parte del ser que está conectada directamente con el Creador, Waanadi. Y, por la otra, Akato, es decir, “alma externa” o la sombra. Es la imagen que vemos reflejada en el agua o la silueta que proyectamos en el suelo. Es vulnerable y puede ser robada por entes maléficos (odoyos). Vamos a detenernos un momento aquí porque nos encontramos aquí la relación entre el ser y el no-ser debido a que las sombras tienen alma.

Las palabras Akato u odoyos, en este sentido, son vehículos que conectan el espíritu de los Jidiwa (sabios o chamanes) con los espíritus del más allá. Es un modo de actuar que implica, según Viveiros de Castro (2002), un modo de conocer. Conocer para los Yekuana es personificar. Ahora, conocer verdaderamente es, para ellos, lograr atribuir la interpretación de una observación de forma acertada y proporcional a un estado acontecimental o a predicados intencionales de algún agente.

La palabra posee componentes divinos debido a que, además de la conexión entre los dos mundos, tienen caracteres proféticos. Por este motivo los Yekuana hablaban y hablan poco ya que los Jidiwa eran los únicos que podían lograr que el uso de la palabra produjera el efecto a que está destinada. Con estas palabras pronunciadas por las personas adecuadas se podía, según Bracho (2019) “detener el tiempo y el río, petrificar los árboles” para lograr algo que fuese de beneficio para el grupo. Esto lo observaremos más adelante con el mito Marawaka. A estos Jidiwa se les denomina, según Bracho (2019), “gobernador o dueño de las palabras” puesto que, con ellas, dichas adecuadamente, se aseguraba el mantenimiento del orden existente desde todos los puntos de vista. Por el contrario, existen otros individuos que denominan “saco de palabras”, es decir, palabras vacías de contenido que denominan “La sombra de las Palabras” que podían ser perjudiciales cuando eran pronunciadas de forma inadecuada. Así pues, la pérdida del espíritu de la trascendencia se produce, según los Yekuana, cuando las palabras son vaciadas de divinidad.

‘Edakuni’ dentro de esta perspectiva es el ‘entre’ entre lo humano y el orden cósmico que en los vedas se entiende bajo el nombre de ‘Rta’.

Para finalizar, en la antropología contemporánea se considera que el nombre proviene del Watunnwa (el corpus mítico) y, por tanto, al ser un acto de recuperación histórica están predeterminados por la tradición y la historia de la creación. Para los Yekuana la palabra Edakuni es entonces la “Esencia Ontológica Universal” cuya raíz los sostiene en la tierra de sus ancestros y, por tanto, el nombre pasa a ser uno de los “soportes de la memoria”. Por tal motivo, se observa que ellos tienen una estructura social centralizada y ritualista, que hace que el conocimiento sea poder y deba ser resguardado. En este sentido, sin el Edakuni, el individuo está perdido en el cosmos, sin raíces ni destino. Esto nos conduce a la búsqueda de la existencia de esta palabra en otras culturas por su connotación ontológica y religiosa.

2.- Edakuni en otras culturas

Me encontré en la primera singladura con la palabra Edakuni en Japón y una variante fonética en la India, ‘Edaguni’. En ambos casos con aparentes orígenes y significados diferentes.

En la India, específicamente en el estado de Kerala (al sur del país), existe una localidad llamada ‘Edaguni’ (a veces transcrita como Edakuni debido a la fonética local como veremos más adelante). Hay que agregar que en las lenguas dravídicas (como el malayalam que se habla en Kerala) los nombres de lugares generalmente describen características geográficas. En el idioma malayalam, la raíz Eda o Edaykku (ഇട) significa "entre" o "en medio de". Es un prefijo muy común en nombres de lugares de la región (como Edappally o Edakkad). Por su parte, la raíz ‘Guni’ o ‘Kuni’ denota a una pequeña colina, depresión o terreno bajo. Así nos encontramos que el significado de Edaguni o Edakuni pudiera ser “El lugar en medio de las colinas”.

En Japón la palabra Edakuni (枝国) es de origen clánico y administrativo, nacido durante la era en la que las familias comenzaron a adoptar apellidos fijos. Al parecer, en la antigüedad la partícula "Kuni" (), refiere a provincias que así denominaban. Cuando una familia se mudaba de su provincia de origen para establecer una "rama" en un nuevo territorio, generalmente incorporaban el carácter de "rama" (Eda) y "país/provincia" (Kuni) con lo cual denotaba “Rama de la provincia” o “La rama de la nación”. El uso de la palabra Edakuni en Japón está asociado, por una parte, con los extensos territorios y fincas (shōen) que estaban bajo la jurisdicción directa del Monte Kōya (Osaka) y, por la otra, con la región sur como la prefectura de Yamaguchi, donde era común que los clanes locales usaran el sufijo -kuni para denotar su lealtad o posesión de tierras.

Hasta ahora encontramos aquí una coincidencia evolutiva lingüística paralela, pero como el origen de la inquietud en el caso Yekuana tiene una vertiente religiosa la siguiente singladura siguió esa orientación en el caso indio y japones considerando el papel que jugaron las migraciones en términos culturales y teniendo presente el budismo como vehículo cultural. Debemos tener presente que muchas palabras japonesas actuales tienen un origen indio con lo cual el tronco común, según la IA Gemini, se encuentra en el Sánscrito y Pali. Ya hemos dicho que el sufijo "-kuni" / "-ghuni", en Japón, Kuni (), significa provincia, país o tierra. En la India, especialmente en contextos religiosos o antiguos, existe la raíz “Guni” o “Guna”, que en sánscrito significa "cualidad", "virtud" o "atributo espiritual". Así pues, la palabra Eda-Kuni tiene una resonancia con términos budistas. Kerala, en este sentido, tiene una historia muy antigua de contacto con el budismo antes de que el hinduismo se volviera predominante allí y, por tanto, muchos nombres de lugares en Kerala que terminan en sonidos similares a "-kuni" o "-guni" eran antiguamente asentamientos o monasterios budistas. Si bien en Japón hubo un sincretismo[5] religioso hasta ahora observamos una coincidencia fonética potenciada por el hecho de que ambos idiomas (japonés y malayalam/sánscrito) utilizan sonidos muy similares para describir conceptos de pertenencia, tierra y origen que guardan reminiscencia con el Yekuana. Esto nos condujo a una nueva singladura.

En este nuevo derrotero dirigimos nuestras velas teniendo como norte una etimología espiritual y lingüística para determinar si es posible conectar los textos sagrados (Sutras) o el sánscrito y el budismo que conecte todos estos mundos. Encontramos, como veremos, una conexión a través de la filosofía del lenguaje y la estructura del cosmos.

En sánscrito existen los términos ‘Etad’ y ‘Guni’ por lo que podemos descomponer la sonoridad “Edakuni” bajo una nota religiosa india. Allí encontramos lo siguiente: En los textos sagrados como los Upanishads[6], la palabra ‘Etad’ (एतद्) significa ‘Esto’ o ‘Todo esto’ y se usa para referirse a la Realidad Suprema o al Brahman cuando el maestro de la ceremonia religiosa señala el universo y dice: Etad vai tat (“Esto es, en verdad, aquello”). Por su parte, Guni (गुणि) significa “Aquel que posee las cualidades” o “El poseedor de virtudes” y refiere a la divinidad o al alma que se manifiesta con atributos en el mundo físico como observamos en Yekuana. La combinación de ambas palabras significaría “El poseedor de las cualidades de todo esto (el universo)” con lo cual observamos una estructura metafísica que describe la unión entre la tierra y lo divino.

En el budismo existen las palabras ‘Eda’ (Ida) y ‘Kunda’ que están relacionadas también con lo esotérico (el budismo Shingon - la “Palabra Verdadera”)[7]. En las tradiciones yóguicas y budistas tántricas ‘Ida’ es uno de los canales energéticos principales del cuerpo (el canal lunar) y ‘Kunda’ refiere a un recipiente o estanque sagrado donde se hacen rituales de fuego. En ambas culturas hay un ritual común que en la India denominan ‘Homa’ y en Japón ‘Goma’ que consiste en quemar maderas sagradas en un recipiente. Ese recipiente se llama Kunda en sánscrito. La palabra Edakuni refiere, entonces, a un lugar destinado a estos fuegos sagrados (el "Sitio del Kunda"). Debemos tener presente aquí que en el proceso ritual de construcción de la curiara (Kudiyada o Ku-diada) Yekuana se usa el fuego para darle forma al receptáculo de los navegantes[8]. Así pues, en India, Japón y los Yekuana ‘Kunda’ refiere cosas sagradas que posee referencias botánicas y mitológicas que son importantes para los ritos, cultos y la purificación espiritual.

Aquí empezamos a encontrar algo más allá que una coincidencia fonética en relación con la palabra Edakuni es la Tierra de la Rama Sagrada (el significado japonés) y es el “Lugar entre las colinas sagradas” (el significado en la India). Ambas comparten una raíz conceptual: el lugar donde lo divino se manifiesta en la naturaleza. Ecos de este carácter sagrado lo vamos a encontrar en el mito Yekuana de Marawaka o Mará’huaka. Desde esta perspectiva, el “tronco común” no es solo fonético, sino algo que nos remite a una visión del mundo compartida que apunta a algo mucho más grande y sagrado que nos pudiera decir algo más.

Edakuni se presenta también como una vibración específica en la fonética de los mantras y los textos sagrados que une el sánscrito antiguo (India) con la liturgia budista esotérica (Japón). Dentro de este marco se destaca la palabra ‘Dakini’ (en sánscrito डाकिनी. En la India esta palabra estaba asociada con seres espirituales femeninos, guardianas de la sabiduría secreta, de la energía transformadora y ayuda, además, a la iluminación. En el sur de la India estas figuras están relacionadas con los lugares sagrados en la naturaleza (colinas, lugares ubicados en medio de ellas y cuevas). En Japón, por su parte, con la introducción del budismo esotérico, las Dakinis en un proceso sincrético adoptaron el nombre de ‘Dakini-ten’ (荼枳尼天), es decir, una deidad relacionada con la protección de la agricultura, la riqueza y la fecundidad. Ahora, si se le agrega el prefijo ‘E-’ que en sánscrito puede funcionar como un llamado o una dirección (‘Hacia’), la combinación ‘E-Dakini’ (Hacia la energía sagrada) suena semejante a Edakuni, pero que nosotros vamos a asociar con Edeñawadi que examinaremos en el próximo parágrafo.

De igual forma, en la India y Japón, específicamente en los cantos rítmicos sagrados Dharani, los sonidos individuales tienen significados propios: ‘E’ () denota el origen de todos los fenómenos, el estado de vacuidad del que nace la vida; ‘Da’ (दा) es la raíz de "Dar" o "Purificar" y; ‘Kuni’ (o Guni), como hemos visto, es “Cualidad” o “Virtud”. Si un monje antiguo cantara estos fonemas en un mantra el significado espiritual sería: “La purificación de las cualidades que nacen del origen”. ‘Edakuni’ en India y Japón tiene, entonces, un tronco común religioso que tiene su raíz en el sánscrito. Este hallazgo nos obligó a hacer otra singladura para precisar aquellos lugares sagrados en Kerala con ese nombre.

En el distrito de Thrissur se encuentra una población llamada Edakkuni (esta es la grafía más precisa en los registros locales según IA Gemini). Thrissur es conocida como la "Capital Cultural de Kerala" y es el corazón de la espiritualidad védica y budista antigua de la región. En ese lugar se encuentra el famoso templo Edakkuni Sri Durga Bhagavathy donde se le rinde culto a la diosa Durga (la energía femenina divina) que está relacionada con las Dakinis. En el contexto de este templo y su población, Edakkuni en la lengua local (malayalam) denota: Eda: "En medio" o "Interior" y Kuni: "Lugar bajo" o "Valle sagrado". En conjunto significa desde la perspectiva espiritual "El santuario en el centro del valle". El templo de Edakkuni es un centro de poder espiritual donde se realizan rituales de fuego y cánticos de mantras. Por otra parte, en Japón el Monte Kōya o Tronco de la Iluminación[9] es el Hon-i (el lugar de origen o base) que en la cosmología Shingon constituye el centro del Mandala del Reino del Útero. Su conexión con la realidad material concreta proviene de su relación con el concepto de Edakuni. Aquí los Edakuni refieren a las emanaciones de ese centro. Son tierras consagradas al Buda Mahavairocana a través de su representante, el templo Kongōbu-ji. Edakuni expresa la doctrina de la No-Dualidad (Advaya). El "Tronco" (el monasterio) proporciona el mérito espiritual y la protección ritual, mientras que las "Ramas" (las provincias subordinadas) proporcionan el sustento material que permite la continuidad del rito eterno.

A este punto se puede afirmar que la palabra ‘Edakuni’ expresa la confluencia de tres culturas que geográficamente son distantes. Así pues, tanto en la India como en Japón es una misma palabra que sirve para describir un “centro de energía en la tierra”. Cómo queda el mito Marawaca o Mará’huaka anteriormente nombrado. Esto nos obliga a volver sobre los Yekuana y en especial, el mito Marawaka para constatar que Marawaka es otro de esos centros.

2.- Edañawadi

Para examinar el mito Marawaka vamos a considerar el papel de Edeñawadi y la cestería Yekuana como preservadora de los mitos de esa civilización antigua.

Para el pueblo Yekuana el término Edeñawadi (o Ede-ñawadi) es fundamental por su relación con la salud, la naturaleza y la protección espiritual. Su significado puede ser observado desde dos ángulos de análisis: En primer lugar, es el nombre que recibe el espíritu del tabaco y, por extensión, el "doble" o la fuerza vital que se libera mediante el uso ritual de esta planta. Ello significa que, por una parte, actúa como un puente entre el mundo humano y el mundo espiritual de las divinidades y, por la otra, se usa para diagnosticar enfermedades, negociar con los espíritus de la selva o proteger a la comunidad. Y, en segundo lugar, es el guardián de la salud y la vida espiritual, es decir, Edeñawadi es, por una parte, un guardián que “limpia” el aire y el cuerpo y, por la otra, es invocado para extraer los “dardos invisibles” que causan algún tipo de malestar. Ahora bien, la relación de Edeñawadi con Edakuni no es solo lingüística, sino que define la estructura misma del universo y del alma de los Yekuana. Si descomponemos la palabra Edeñawadi, es decir, ‘Edeña’ y ‘wadi’ podemos pensar que esta última tiene una relación con la palabra ‘Waanadi’ que denota al Dios creador de los Yekuana. Así que ‘wadi’ tiene cercanía con ‘Waanadi’. Y ‘Edeña’ tiene una cercanía con la partícula ‘Eda’ que ya dijimos que está relacionada con “lo que brilla en el centro” o “la claridad interna”. Pudiéramos atrevernos a decir que es “la claridad interna que provee Waanadi”. Esto nos conduce a tres planos: el mítico, el onírico y el ritual debido a que nos va a permitir responder la pregunta ¿quién es Edañawadi?

En el plano mítico Edeñawadi es el “Dueño”, es decir, si consideramos que para los Yekuana el mundo fue creado por Waanadi, Edeñawadi es uno de los tres momentos de su manifestación que permanece en el mundo invisible, en el Kahuña (el cielo más alto). En este sentido es el “Dueño de las Sombras” o el “Dueño de las Imágenes”. Se relaciona con Edakuni en el hecho de que, por una parte, en la mitología del Watunnwa, Edeñawadi es quien posee los “nombres verdaderos” (Edakuni) de todas las cosas (plantas, animales, piedras, personas) y, por la otra, nada existe plenamente en el mundo Yekuana hasta que Edeñawadi le asigna su Edakuni. Así pues, cuando en la introducción dijimos que “Edakuni creó la primera curiara que llamó Kayaje”, estamos diciendo que el acto de nombrar es un acto de crear y si bien quien nombre es un ser divino que no es Edeñawadi, es decir, Kenú Kenú, veremos cómo esta divinidad cumple un rol dentro de la cosmogonía Yekuana.

En el plano onírico, Edeñawadi es el guardián de todas las sombras o dobles espirituales (Akati) del que ya hemos hecho mención. En este sentido, el Edakuni es la "llave" verbal para acceder a ese Akati. Cuando un niño nace y se le asigna su Edakuni, los ancianos están, en efecto, pidiendo permiso a Edeñawadi para "anclar" una sombra espiritual a ese cuerpo físico. Si pierdes tu nombre o si un enemigo lo usa mal, tu sombra (Akati) se desprende y vuelve al reino de Edeñawadi, lo que provoca la enfermedad o la muerte como también ya hemos mencionado.

En el plano ritual el entrelazamiento se vuelve práctico en la figura del Jidiwa cuando invoca los Edakuni para sanar. Es por esto que los Yekuana son tan celosos con sus nombres; revelar un Edakuni es dejar tu “sombra” expuesta ante el mundo invisible que Edeñawadi gobierna. A pesar de lo hasta aquí expresado hemos dicho en la introducción que Edeñawadi era la esposa de otro personaje mítico, es decir, Kamaso Kochi. Por tanto, vamos a hacer una exposición sucinta del mito para su posterior análisis

“… para comer hay que ir hasta la montaña Dodoima, está muy retirado de nosotros. Pensó en lo que podían hacer y entonces Kamaso Wochi envió a una mujer llamada Edeñawadi para que hablara con Kuchi sobre el inconveniente de haber sembrado el árbol de yuca en la montaña, ya que estando el árbol en su territorio (Oriente) solo los más cercanos a él podrían comer, pero los … que ocupaban territorio en el poniente, no lo podrían hacer fácilmente. Kuchi, que no era egoísta, le regaló a Edeñawadi una estaca de yuca para que la plantara en su territorio, pero le advirtió que debería sembrarla esa misma noche. Edeñawadi regresó a su territorio, pero como era lejano, le llegó la noche en un lugar llamado Uai-anti, (Auyan-tepuy), que es una zona de roca, pero para no desobedecer las orientaciones de Kuchi, tuvo que sembrar la estaca de yuca allí en Auyan-tepuy, y allí mismo se durmió. Mientras dormía soñaba con el gran árbol de yuca, pero su sorpresa fue tan grande que al despertarse se encontró con una matica de yuca muy débil que apenas había retoñado. Esa tierra rocosa no era buena para la siembra. Edeñawadi muy triste arrancó la matica para continuar su viaje… hasta que al fin logró llegar hasta las tierras de Kamaso Wochi, lugar de donde había salido, y le entregó la matica a Kamaso Wochi. Como allí había bastante gente, todos se reunieron con alegría y gritaban: Ya tendremos comida, ya habrá comida. Kamaso Wochi, que también era chamán, tomó la matica y cantó y sopló sobre ella. Luego durante la noche la sembró y pasó la noche esperando que creciera, pero al amanecer, solo había un retoño y no había producido ningún fruto. Kamaso Wochi explicó que esa tierra no era buena, y toda la gente regresó a sus casas muy triste a buscar lombrices de tierra para comer. La noticia corrió y así llegó a oídos de una mujer chamán llamada Maduñawe. Esta vino a hablar con Kamaso Wochi y le dijo que ella conocía el lugar donde había tierra negra, pero que esa tierra solo se encontraba en la región del Dwida (Duida), lugar intermedio a la región donde vivía Kuchi. Recomendó que tenían que sembrarla allá, y así lo decidieron. Se dirigieron hacia los territorios del Dwida y a través de un largo viaje, la matica fue plantada allá. Maduñawe la sembró en tierra Negra. Al amanecer, el árbol estaba altísimo. Maduñawe lo llamó Marawaka…” (Velásquez, 2022:47-48).

Como se puede observar el mito está relacionado con los bosques, la agricultura y el bienestar. Estamos hablando también de que cuando este gran árbol Dodoima fue cortado empezó a ser llamado tepuy o montaña Roraima, es decir, una montaña sagrada que permite el contacto con lo divino (Velásquez, 2022:46). Creemos que su constitución elevada similar en el caso indio permitía que el agua fluyese de forma canalizada con lo cual se preserva su estatus de templo y de la conexión de los creyentes. Si se considera que la expresión ‘Mahāvairocana Tantra’ (o Dainichi-kyo) en los sutras de la revelación están relacionados con la compasión y en cómo la iluminación se manifiesta en el mundo fenoménico, habría que examinar si más allá de lo fonético existe algún tipo de relación con la palabra ‘Marawaka’ debido a que al ser entendido como un tronco puede ser observado como un monasterio que remite a una teología de la sustentación, es decir, así como la yuca es el alimento base de los Yekuanas (y otras etnias aborigen en Venezuela), en Japón (y otros países orientales) es el arroz. Debemos tener presente que en el pensamiento de Kūkai el cultivo del arroz en un Edakuni es un acto litúrgico y los campesinos y administradores de esas tierras los considera parte de la familia del Buda que se sustentan en una “extensión” del jardín sagrado del Kōya con lo cual existe una protección ritual que asegura la armonía del cosmos local y una soberanía espiritual que también observamos en el mito fundacional Yekuana. Esto nos conduce a la palabra ‘Edañawadi’.

Edañawadi, en este sentido, la podríamos asociar aquí con las Dakinis y con la capacidad de visualización profunda, ‘Samadhi’, en India y Japón debido a que estamos hablando de un ser mítico que estaba tratando de resolver un problema de siembra. Ahora bien, sabemos que en estos dos países existen templos relacionados con la expresión Edakuni, en nuestro caso Yekuana los templos sagrados están relacionados con su artesanía. Dadas sus características iterativas las asociamos con los mantras.

La remisión a lo sagrado en esta singladura nos condujo de nuevo a los ‘mantras’. Un mantra es una palabra sagrada de origen sánscrito ("man" – mente - y "tra" - instrumento o liberación) que aparece en textos antiguos como el Rigveda y es común en el hinduismo y el budismo y más allá de ello los mándalas[10]. El mantra se repite rítmicamente para enfocar la mente, meditar y lograr estados de calma o iluminación. Para tal fin actúa como un “instrumento de la mente” para protegerla y guiarla, generando vibraciones que benefician cuerpo y espíritu, reduciendo estrés y promoviendo la conciencia plena. Los mándalas (círculo o centro en sanscrito) o la geometría de la Iluminación es un diseño que simboliza el cosmos y sirve como herramienta espiritual para la meditación, enfocando la mente, reduciendo el estrés y conectando con el yo interior, representando la totalidad y el universo de forma simbólica. En los Yekuana las iteraciones se observan, como dijimos, en su artesanía, especialmente sus cestas wajas o guapas, que tienen connotaciones sagradas e históricas que nos recuerdan los mándalas[11]. Su tejido constituye

“un reservorio de sabiduría, cultura y espiritualidad. En su mayoría son represen­taciones gráficas de los héroes culturales de su pasado mítico ... El tejido de la waja es una actividad diaria para el hombre… que representa un espacio de meditación sobre la naturaleza de la realidad, aun cuando simultáneamente se hable con los ancianos o se comparta una reunión y conversación del grupo familiar”[12].

Al respecto Alessandra Caputo (2018) expresó que la cestería, y en general, la artesanía de los Yekuana, constituyen prácticas estéticas que reproducen la memoria de Waanadi y reflejan el orden social, desde una perspectiva histórica, educando a los miembros de la comunidad sobre su entorno social, sobrenatural y natural (pág., 118). Esto es debido a que son “libros” tejidos donde se escribe, registra y enseña su historia. Tejer, para ellos, es una forma de meditación y educación. La forma circular de la cesta representa el mundo. Cuando un joven aprende a tejer, no solo está aprendiendo una técnica manual, está aprendiendo a “ordenar el mundo”. En este sentido, el Centro representa el origen, el lugar de donde se concibió a la humanidad y los Bordes representan las montañas que rodean el territorio Yekuana y los límites del universo conocido. Como se puede observar la cestería Yekuana está a medio camino entre los templos budistas indios y los clanes japoneses, pero su efectividad como medio de expresión de lo sagrado ha sido la misma que en las otras culturas.

Con lo antes indicado no podemos finalizar de forma conclusiva esta pesquisa debido a que la coincidencia fonética nos condujo a una coincidencia de naturaleza sagrada que hace necesario investigar mucho mas para tratar de conocer qué más une a estas tres civilizaciones y por qué. De hecho, las filosofías vedānta y budista que remiten al concepto de la nada ha sido abordada en otra investigación y aquí se le da una fundamentación más sólida para desplegar nuevas velas para llegar a un puerto seguro[13].

4.- Escolio

En orden hicimos mención a India, Yekuana y Japón en ese orden, pero nos preguntamos: ¿Es ese el orden? Caputo (2018) expresó que las sociedades orales como la Yekuana han demostrado ser más flexibles al cambio de lo que se ha creído. Pero su permanencia, en los límites en que ahora se encuentra ha sido posible porque se replegó en la selva para resistir la influencia externa. Ello no sólo la alejó de algunos de sus lugares sagrados, también le ha permitido adaptarse a los acontecimientos e incluir en sus ‘libros’ los momentos históricos trascendentales junto a los relatos fundacionales (pág., 127-128). En todo caso las coincidencias que hemos encontrado con respecto a Kerala, Yamaguchi y los Yekuana podría hacer que lo lejano se haga cercano más allá del auge de las tecnologías de información y comunicación actualmente disponible.

Otras referencias documentales

Agamben, G. (2008). Signatura Rerum. Sobre el Método. Buenos Aires. (T.F. Costa y M. Ruvituso). Editora Adriana Hidalgo. 162 p.

Blanco, E. (2025). “Nihilismo, Martin Heidegger, la Escuela de Kioto y la Filosofía del Organismo: Una Lectura Caraqueña”. Caracas. Festina Lente B.G y Open Horizon. Documento en línea: Disponible: https://www.openhorizons.org/nihilism-martin-heidegger-the-kyoto-school-and-process-philosophy-dr-edgar-blanco-carrero.html y https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2025/06/nihilismo-martin-heidegger-la-escuela.html

Blanco, E. (2019). Prólogo a la obra Muana Ïmajana (El Alma de la Sombra) de Jairo Bracho. Caracas. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2019/11/muana-imajana.html

Caputo Jaffe, Alessandra. (2018). “Entretejidos ye’kuana: oralidad, mito, artesanía”. Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología 31: pp 109-130. https://doi.org/10.7440/antipoda31.2018.06

Deleuze, G y Guattari, F. (2008). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. 8º éd. Valencia. (T. J. Vásquez y U. Larraceleta).  Editorial Pre-Textos. 522 p.

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Moore, Ch. (org.) (1944[1978]). Filosofia: Oriente, Ocidente. São Paulo. (T. A. Soares dos Santos). Editorial Cultrix – EDUSP. 348 p

Pandit Satyakam Vidyalankar (2005). The Holy Vedas. A Golden Treasury. New Delhi. Clarion Books. 546 p

Torres, D. y Bermúdez, B. (2008). Curiara y cesta Yekuana. Caracas. Editorial El perro y la rana.  66 p. Documento en línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2017/08/curiara_y_cesta_yekuana.pdf

Velásquez, R. (2022). Mitos de creación de la cuenca del Orinoco. Caracas. Fundación Editorial El perro y la rana. 152 p. Documento en línea. Disponible: http://www.elperroylarana.gob.ve/wp-content/uploads/2022/11/Mitos-de-creaci%C3%B3n-DIGITAL.pdf

Viveiros de Castro, E. (2002). A Inconstância da Alma Selvagem. São Paulo. Editorial Cosac Naify. 549 p

 



[2] Velásquez (2022:45).

[3] Vamos a decir aquí también que podría asociarse esta palabra ‘Edeñawadi’ con la palabra ‘Edelweiss’ (“blanco noble”) el nombre de una planta que denota ‘dedicación’.

[4] Vivir en una Atta construida bajo la guía de un Edakuni es, para un Yekuana, vivir "dentro de la protección de Dios".

[5] Ver al respecto: Moore (1944[1978]).

[6] Ver al respecto: Anónimo. (400 a. C. [2015]). Los Upanishads. Buenos Aires. (T. J. Abeleira). Editorial‎ Penguin. 272 p. Documento en línea. Disponible: https://www.sociedadteosoficaba.org.ar/panel/materiales/11_27_02Upanishads%20-%20Anonimo.pdf

[7] Para un filósofo del Shingon, la "fuente" no es solo un libro de papel, sino la vibración misma de la realidad a pesar de que, según Heisig (2013), la orientación de esta filosofía tendía al laicismo (pág., 21). Ver al respecto los tratados filosóficos de Kūkai (Kōbō-Daishi). Para él el Shingon tiene varias características: En primer lugar, los seis elementos (tierra, agua, fuego, aire, espacio y conciencia) son la esencia tanto del Buda como de los seres humanos, permitiendo la unión inmediata. En segundo lugar, el lenguaje no solo describe la realidad, sino que es la realidad. Cada sonido es una vibración del Buda. Y, en tercer lugar, el esoterismo es la comunicación directa del Buda desde su propio estado de meditación. Finalmente, el Shingon sostiene que la verdad más profunda no se puede leer, debe ser transmitida de maestro a discípulo de forma ininterrumpida desde Mahavairocana. Ver al respecto Heisig (2013).

[8] Ver al respecto: Torres y Bermúdez (2008:19-21).

[9] El monte Kōya está situado en un valle rodeado de los ocho picos de la montaña del mismo nombre, junto al pueblo de Kōya, en un lugar que se creía sembrado de lotos. Esto nos recuerda al valle rodeado de montañas en Kerala.

[10] Ver al respecto: Pandit Satyakam Vidyalankar (2005).

[11] “Nuestras cestas se ven muchas veces adornadas con las formas de aquéllos que en el principio estuvieron aquí con nosotros. Son nuestros antepasados, los mensajeros de Waanadi que trajeron saber a la gente. Nuestros padres tejen en las cestas sus figuras para mantener viva esa memoria. En las cestas está nuestra historia, nuestras creencias. Las cestas son un tributo sagrado a todo aquello que ha hecho y hace posible nuestro alimento. Por eso, entre nosotros los Yekuana, sólo aquel que es excelente maestro hacedor de cestas, sabio conocedor de Watunna, apreciado y respetado por todos, gracias a su buen juicio y saber, puede ser nuestro jefe” (pág., 48-49).

[12] Ver al respecto: Fundación Empresas Polar. “La cestería Ye´kwana en la artesanía indígena”. Documento en línea. Disponible: https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/media/1280499/es_ciencia_13_i_cesteria_ye_kwana.pdf

[13] Ver al respecto: Blanco (2025).

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