Gustavo Sosa Larrazabal
Libro escrito por Max
Horkheimer y Theodor W. Adorno durante la Segunda Guerra Mundial y publicado
originalmente en 1944; una versión revisada apareció en 1947. Es una obra
fundamental de la Escuela de Frankfurt, y su tesis central puede
expresarse de manera sencilla: La razón, que debía liberar al ser humano,
puede convertirse en un mecanismo de dominación cuando se transforma en razón
puramente instrumental.
Horkheimer y Adorno
parten de una pregunta inquietante: ¿cómo fue posible que una civilización
que había alcanzado un enorme desarrollo científico, tecnológico y racional
produjera al mismo tiempo el nazismo, el fascismo, la guerra mundial y
Auschwitz? La respuesta que desarrollan es que existe una contradicción
interna en la Ilustración.
La Ilustración pretendía
liberar al hombre del miedo, de la superstición y de la ignorancia mediante la
razón. El ser humano empezó a comprender y dominar la naturaleza mediante la
ciencia. Pero, según los autores, esa razón fue transformándose progresivamente
en una herramienta para calcular, controlar y dominar, en lugar de
preguntarse por el bien, la justicia o el propósito de la acción.
Así aparece lo que
llaman razón instrumental: lo importante deja de ser “¿qué
debemos hacer?” y pasa a ser “¿cuál es el medio más eficaz
para conseguirlo?”. El problema es que una sociedad puede llegar a ser
extraordinariamente racional en sus medios y profundamente irracional
en sus fines.
Por ejemplo, una
administración puede organizar de manera extremadamente eficiente un sistema de
transporte, producción o burocracia. Pero la eficiencia no nos dice si aquello
que estamos haciendo es justo o moral.
Ese razonamiento conduce
a una de las ideas más fuertes del libro: la racionalidad técnica puede
ponerse al servicio de la dominación. La tecnología, la burocracia, la
organización industrial y hasta la ciencia pueden ser utilizadas para emancipar
al hombre, pero también para controlarlo.
Para Horkheimer y Adorno
existe una paradoja histórica: el hombre ilustrado quería destruir los mitos
porque consideraba que estos explicaban el mundo mediante el miedo y la superstición.
Sin embargo, al intentar dominar completamente la naturaleza, termina creando
nuevas formas de sometimiento. Por eso sostienen que la Ilustración puede
regresar al mito que pretendía superar. En otras palabras:
Mito → miedo → búsqueda
de dominio → razón → dominio racional → nuevo mito.
La humanidad sustituye la
superstición por una racionalidad que puede terminar convirtiéndose en otra
forma de sometimiento.
Uno de los capítulos más
conocidos del libro es “La industria cultural: Ilustración como engaño de
masas”.
Aquí Horkheimer y Adorno
sostienen que la cultura moderna —cine, radio, música popular, entretenimiento,
etc.— se convierte progresivamente en una industria. La cultura deja de ser
únicamente una expresión artística y pasa a producirse como cualquier otra
mercancía. El resultado, según ellos, es que el entretenimiento puede
convertirse en un mecanismo de conformismo social: las personas
consumen productos aparentemente diferentes, pero estructurados según fórmulas
repetitivas que reducen su capacidad crítica. Esta parte resulta
sorprendentemente actual si pensamos en la televisión, la publicidad, las redes
sociales, los algoritmos y el entretenimiento digital.
La conclusión que la
sociedad puede controlarse sin utilizar la fuerza es probablemente una
de las ideas más interesantes del libro. Puede conseguirse mediante el entretenimiento,
el consumo, el conformismo, la publicidad, la repetición de ideas, la
estandarización cultural y la presión social. La dominación puede resultar más
eficaz cuando el individuo cree que está actuando libremente.
La gran paradoja del
libro podría resumirse así: La humanidad desarrolló la razón para liberarse del
miedo y de la dominación, pero una razón reducida a instrumento de poder puede
convertirse ella misma en un instrumento de dominación. Sin embargo, hay algo
importante que suele perderse cuando se resume el libro: Horkheimer y
Adorno no están simplemente rechazando la razón ni proponiendo regresar a la
ignorancia o al pasado. Su propósito es hacer que la razón sea autocrítica.
Quieren una razón capaz de preguntarse no solamente cómo conseguir
algo, sino también para qué, con qué consecuencias y si aquello es
justo. Dicho fuerte y claro, la Dialéctica de la Ilustración sostiene
que el progreso científico, económico y tecnológico no garantiza por sí
mismo una sociedad libre y justa; sin una razón crítica y moral, el progreso
puede proporcionar medios cada vez más eficaces para ejercer la dominación.

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