jueves, 1 de octubre de 2026

EL SIGNIFICADO DE LA PARTÍCULA 'KUNI': ESTUDIO COMPARATIVO EN LENGUA YE’KUANA, EN EL VEDĀNTA Y EN EL BUDISMO ZEN

 


1. Introducción

Para el pensamiento ye'kwana (maquiritare), la realidad constituye un proceso dinámico de creación, decadencia y perseverancia articulado por la memoria y la espiritualidad. Su ciclo cosmogónico y mitológico —compilado por Jean-Marc de Civrieux (2025)— representa un complejo sistema metafísico, ético y epistemológico. La relevancia de este legado radica en que la cultura ye'kwana constituye una rama viva de la gran civilización caribe, asentada históricamente en vastas regiones del territorio venezolano. En consecuencia, sus códigos culturales han permeado el proceso de mestizaje nacional, dejando una impronta duradera en la identidad venezolana. A través del Watunna, esta obra recoge una cosmovisión fundamental que aquí analizamos desde dos ejes clave: el ontológico y el epistemológico.

Desde la perspectiva ontológica, en el principio de la filosofía Ye'kuana, está Waanadi: la luz del cielo primordial (Kahu), la conciencia pura, el pensamiento que sueña (el principio solar, la sabiduría y la vida). Waanadi crea mediante el Adakene: el ensueño consciente, el deseo profundo y el aliento. El universo visible es la exteriorización del pensamiento divino. Para los Ye’kuana, en primer lugar, el ser es emanación: Todo cuanto existe posee un arquetipo espiritual originario (damodede). Lo real es aliento condensado. Y, en segundo lugar, Waanadi se expresa a través de tres emanaciones de sí mismo para establecer la armonía entre cielo y tierra. La Divinidad actúa como un principio ordenador que intenta habitar su propia creación.

La tercera emanación de Waanadi expresa el mal, es decir, Odosha que representa la sombra, el principio de la entropía, el caos, la envidia, la enfermedad y la putrefacción. Odosha representa la imperfección inherente a la materia cuando esta se desconecta del espíritu. La condición humana queda definida por esta brecha: habitamos un cosmos donde el diseño original de Waanadi coexiste permanentemente con la distorsión introducida por Odosha.

En el plano epistemológico, el Watunna expresa la historización del mito al articular, de manera simultánea, el relato, el canto y la memoria acumulada de los ancestros. Preservar y cantar el Watunna constituye una práctica ontológica de resistencia y continuidad; la verdad se revela a través de una «memoria sagrada» que narra la arquitectura eterna del presente. En este horizonte, la desmemoria equivale a la disolución misma de la realidad.

El mito opera como una plataforma hermenéutica que vincula la metafísica con la vida cotidiana: cada acto humano reactualiza un orden primordial, de modo que la historia concreta solo resulta inteligible si se lee a través de estas categorías originarias. La palabra adquiere así una eficacia mágico-epistemológica, donde la verdad actúa como una fuerza viva que sostiene la realidad material a través de la memoria comunitaria. Desde la antropología filosófica, la existencia humana se concibe como un ejercicio de preservación: mantener fluido el canal entre la Tierra y el Cielo para sostener el equilibrio cósmico. Esta perspectiva determina que la relación de los Ye’kuana con su entorno sea —como señala Silva Monterrey (en Perera y Rivas, 2017)— una dinámica constante de negociación y mediación.

El carácter «mágico-epistemológico» del lenguaje Ye’kuana se evidencia en la partícula kuni, cuya presencia recurrente en el Watunna dota de carácter sagrado a cuanto existe, sea de forma directa o ritual. A partir de una investigación previa centrada en el término Edakuni y su coincidencia fonética con voces del Vedānta y el budismo Shingon, este trabajo profundiza en la relación entre dicho morfema y ambas tradiciones orientales, tomando la homofonía como una sugerente entrada de análisis. Para ello, se retoma el estudio de la voz Edakuni, se ofrece un examen comparativo de la partícula kuni en los tres contextos culturales y se concluye con un análisis del sufijo desde la filosofía del lenguaje.

2. Edakuni: Más allá de la coincidencia fonética entre India, Venezuela y Japón

Un trabajo previo examinó las convergencias lingüísticas, ontológicas y espirituales entre tres tradiciones distantes: el pueblo Ye’kuana (de filiación caribe en Venezuela y Brasil), la India védico-budista (con énfasis en Kerala) y el budismo esotérico Shingon en Japón. La investigación tomó la semejanza fonética de la palabra Edakuni como punto de partida para rastrear un trasfondo ontológico compartido sobre el origen del cosmos, la sacralidad de la tierra y el lugar del ser humano en el universo.

Para los Ye’kuana (quienes se autodefinen como So’to, «gente» o «seres humanos»), el término Edakuni (o edajkuni) designa la «luz central»: la esencia o fuente constitutiva del individuo. Etimológicamente, la raíz eda- refiere al centro físico, al acto de ver y a la «claridad interna», mientras que el sufijo -kuni funciona como un marcador de posesión o localización geográfica. Así, Edakuni se traduce como «el poseedor de la claridad interna» o «aquello que emana del centro». El citado estudio identifica tres ámbitos principales en la aplicación de esta voz sagrada:  

  • Identidad e Identificación Ontológica: Es el nombre verdadero que conecta al individuo con su linaje ancestral y con el Dios creador, Waanadi. No se usa abiertamente en la vida cotidiana para no exponer la integridad espiritual del sujeto. En la concepción Ye’kuana conviven dos almas: el Edakuni (alma interna y chispa divina) y el Akato (alma externa, sombra o imagen reflejada, susceptible a fuerzas malignas).
  • Toponimia Ancestral: Sirve para reclamar la geografía viva y los territorios sagrados (ríos, cerros y raudales) moldeados en los tiempos míticos.
  • Dimensión Ritual y Cánticos (Watunna): Forma parte de los relatos míticos e invocaciones de protección y curación dirigidas por los Jidiwa (sabios o chamanes), reconocidos como los «dueños de las palabras», capaces de equilibrar el orden cósmico (Rta en el contexto védico).

En la India y Japón existe la misma manifestación de este patrón fonético, con significados que convergen en la relación entre lo sagrado y la naturaleza. En la India (Kerala), la grafía local Edakkuni o Edaguni combina Eda («en medio de» o ‘interior’) y Kuni (‘colina’ o «valle sagrado»), traduciéndose como «el santuario en el centro del valle». En el distrito de Thrissur se erige el templo Edakkuni Sri Durga Bhagavathy, ligado a la energía divina femenina. Metafísicamente, en sánscrito, la unión de ‘Etad’ («todo esto» / Realidad Suprema) y ‘Guni’ («poseedor de virtudes») significa «el poseedor de las cualidades de todo el universo». En Japón, por su parte, se representa como 枝国 (Eda-kuni), denota al «país/provincia rama». Se vincula a las extensiones territoriales y propiedades (shōen) subordinadas al centro espiritual del Monte Kōya (Hon-i). Filosóficamente, representa la doctrina de la No-Dualidad (Advaya), donde el ‘tronco’ (monasterio) otorga protección espiritual y la ‘rama’ (provincia) brinda sustento material. En general, esta palabra resuena con las Dakinis (seres espirituales de sabiduría y protección en India y Japón). Asimismo, mediante la descomposición de los Dharani (cánticos sagrados), los fonemas expresan «la purificación de las cualidades que nacen del origen».

Desde la perspectiva de los seres espirituales, en los Ye’kuana también encontramos que la voz Edeñawadi, relacionada fonéticamente con Edakuni y el Dios creador Waanadi, representa al espíritu del tabaco, guardián de la salud y «dueño de las sombras o imágenes» (Akato). La voz Edeñawadi está relacionada con el mito ‘Marawaka’ recogido en el Watunna. En el Watunna, según Silva Monterrey, se relatan hechos extraordinarios, algunos de los cuales explican características particulares de la sociedad Ye’kuana (Perera y Rivas, 2017:110).

En la lengua Ye'kuana y a lo largo de la narrativa del Watunna, el sufijo ‘kuni’ designa en su aspecto primordial al agua, al río, al mar y a la masa fluida cosmos-creadora y, por tanto, como dijimos, constituye una categoría ontológica fundamental que articula la vida, la muerte, la distancia y la metamorfosis. Por ello vamos a hacer un análisis comparativo de ‘Kuni’, especialmente, en el Watunna, el Vedānta y el Zen.

3.- Análisis Filosófico de ‘Kuni’ en el Watunna y su comparación con el Vedānta y el Zen

La presencia del término Edakuni y sus equivalentes lingüísticos y conceptuales en lugares geográficamente distantes (Kerala en India, Yamaguchi/Monte Kōya en Japón y la Orinoquia venezolana) supera la mera eventualidad, como veremos a continuación. En el Watunna, ‘kuni’ se expresa bajo tres características principales: En primer lugar, sustancia matriz y caos primordial, es decir, antes de la consolidación de la tierra firme (dahi), el cosmos estaba dominado por las grandes aguas (‘Kuni’). ‘Kuni’ representa la potencialidad pura, la materia plástica no moldeada. De sus profundidades emergen las criaturas y en sus aguas suceden las catástrofes purificadoras o destructivas (los diluvios provocados para erradicar las aberraciones de Odosha). En segundo lugar, vector de metamorfosis y fluidez ontológica, en el sentido de que, en la ontología Ye'kwana, la realidad no es fija. Los seres cambian de forma (de humanos a animales, espíritus a piedras). ‘Kuni’ (el río/agua primordial) es el medio en el cual y mediante el cual se da el tránsito ontológico. Cruzar o sumergirse en el ‘kuni’ es disolver la forma actual para adoptar una nueva. Y, en tercer lugar, topografía sagrada y conector de dimensiones: para los grandes navegantes del Orinoco, Caura y Ventuari, el ‘Kuni’ conecta el mundo terrenal con el inframundo y con las moradas celestiales (Kahusha). Es la arteria por donde fluye la energía vital y la memoria histórica.

En relación con la filosofía hindú (especialmente el Advaita Vedānta de Ādi Śaṅkara), el agua y el océano desempeñan un papel conceptual fundamental: En primer lugar, el Océano Causal (Kāraṇodaka) y Prakṛti, al igual que ‘Kuni’ en el Watunna, el Vedānta postula un Océano Causal o la materia primordial no manifiesta (Prakṛti), desde la cual el poder ilusorio de Māyā proyecta el universo de nombres y formas (Nāmarūpa). Y, en segundo lugar, la metáfora de la Ola y el Océano que sirve para explicar la no-dualidad (Advaita): las olas parecen entidades individuales con forma propia, pero en esencia son solo agua. Cuando la ola comprende su naturaleza, la individualidad se disuelve en el Océano (Brahman). De manera análoga, en el Watunna, las formas individuales creadas por Waanadi corren el riesgo constante de disolverse o reabsorberse en el ‘Kuni’ primordial.

Con respecto al budismo Zen (derivada del budismo mahāyāna y el taoísmo chino), el agua es el símbolo supremo de la naturaleza de la realidad y de la mente despierta. Esto se observa, en primer lugar, en la fluidez y vaciedad (Śūnyatā), es decir, el agua no posee forma fija propia; adopta la forma del recipiente que la contiene. Esto encarna el concepto central de Śūnyatā (vaciedad de existencia intrínseca): las cosas no tienen una esencia estática, sino que existen de manera interdependiente. En el Watunna, ‘Kuni’ comparte esta falta de rigidez; es la antítesis de la petrificación y la rigidez mortal que a veces impone Odosha. En segundo lugar, la Mente como Agua (Suigetsu / Mushin), es decir, el Zen habla del «reflejo de la luna en el agua» (Suigetsu). El agua refleja la luna sin la intención de capturarla, y la luna brilla sobre el agua sin la intención de mojarla. Esto se vincula con Mushin (no-mente), el estado de fluidez absoluta sin apego. Y, en tercer lugar, la ‘Impermanencia’ (Anicca) en el sentido de que, en el Zen, el río es la metáfora del cambio constante. Nada permanece. Intentar congelar o aferrarse al momento genera sufrimiento (Dukkha).

Las diferencias fundamentales que encontramos entre el Watunna y las otras dos cosmovisiones son las siguientes: En el Vedānta, el Océano (Brahman) es la Única Realidad Absoluta y las formas son ilusión (Māyā), mientras que, en el Watunna, el agua no invalida la realidad del mundo físico, sino que la sostiene y la transforma. En el Zen, como disciplina epistemológica y meditativa que está centrada en la experiencia directa del presente ahistórico (Satori). ‘Kuni’ en el Watunna, en cambio, está cargado de memoria mítica, genealogía e historia comunitaria; no es solo una abstracción sobre la naturaleza del cambio, sino un espacio poblado por ancestros, monstruos y espíritus guardianes. Esto nos conduce al análisis lingüístico del sufijo ‘Kuni’ en sí.

4.- Análisis del sufijo ‘Kuni’

En el caso de la palabra ‘Edakuni’ encontramos que el análisis lingüístico y filosófico del fonema y partícula ‘kuni’ en las tradiciones del Vedānta (sánscrito) y del Budismo Zen (japonés) presenta, como ya hemos indicado, coincidencias etimológicas y resonancias simbólicas profundas al compararlas con la espiritualidad Ye'kuana. Vamos a examinarlas a continuación.

En el sánscrito antiguo Vedānta, el término ‘kuṇi’ (कुणि) y sus raíces asociadas (kuṇ- / kuṇḍ-) poseen significados específicos en la gramática (Vyākaraṇa) y en los textos literarios y filosóficos: por una parte, ‘Kuṇi’ significa ‘curvo’, ‘encorvado’, ‘torcido’ o «miembro/brazo doblado» y proviene de una familia léxica ligada al agua y la energía, en condiciones similares al Ye’kuana’, es decir, de la raíz emparentada surge ‘kuṇḍa’ (cuenca, pozo de agua o receptáculo ritual para el fuego) y ‘kuṇḍalinī’ (la energía latente ‘enroscada’ o replegada en forma de espiral). Por la otra, en la metafísica vedántic-advaita, el Ātman (la Conciencia Pura) es recto, infinito e indivisible. Cuando la luz del Ātman se filtra a través de la mente y los sentidos (Upādhis o limitaciones condicionales), la percepción del mundo se vuelve ‘kuṇi’ (torcida, fragmentada o distorsionada). La multiplicidad es una ‘curvatura’ ilusoria (Māyā) proyectada sobre la rectitud del Ser Único.

En la lengua japonesa (lectura kun'yomi de origen nativo), ‘kuni’ (国 / 邦) es la palabra para ‘tierra’, ‘país’, ‘reino’ o ‘dominio’. Significa en los textos del Zen (como el Shōbōgenzō del maestro Dōgen) y la poesía meditativa, ‘kuni’ refiere el ámbito de la realidad o estado mental desde dos perspectivas: (1) Honke no Kuni (本家の国) / Sōkyō (故郷) que denota la «Tierra Natal» o el «Reino Originario» y representa la mente antes del nacimiento de los pensamientos egoístas (Honrai no Menmoku o el «Rostro Original»); (2) Bukkoku (仏国 / Buddha no Kuni – el «Reino del Buda») que en el Zen es la percepción directa de la realidad tal como es en el instante presente (Tathātā).

Como se puede apreciar, se observan convergencias y divergencias en las tres formas de espiritualidad. La divergencia proviene de que, para el Vedānta, la ‘curvatura’ (kuṇi) representa la desviación o ilusión de la forma que oculta lo Absoluto, mientras que para los Ye'kuana, ‘Kuni’ es la fuente de la metamorfosis, es decir, el medio primordial que permite la transformación continua y la limpieza de la corrupción de Odosha.

La convergencia está relacionada con el «Retorno al Origen»: en el Budismo Zen, volver al ‘Kuni’ natal es regresar a la mente no-dual y pura, y en el Watunna, ‘Kuni’ es la conexión o la reconexión de la tierra con el cielo (Kahusha).

A pesar de esta convergencia y divergencia, debemos recordar que hemos expresado la coincidencia fonética entre tres universos lingüísticos genéticamente independientes ni un contexto espacial directo, al menos con la cuenca del río Orinoco, como ya hemos indicado.

En la lengua Ye'kuana, ‘kuni’ opera, según Meira (2000), como un formante nominal o posposición ligado a la hidronimia y a la morfología espacial/sustantiva sagrada dentro del ciclo mitológico Watunna (por ejemplo, en los nombres de ríos ancestrales donde ocurren las transformaciones demiúrgicas de Wanadi como Edakuni). En la literatura védica y en los comentarios exegéticos de la escuela Vedānta, no existe un sufijo -kuni. Existe el término nominal/adjetival ‘kuṇi’ (कुणि). Desde la perspectiva etimológica, deriva de la raíz sánscrita ‘kuṇ-‘. El sustantivo adjetivado ‘kuṇi’, según Mayrhofer (1992–2001), significa «aquel que tiene el brazo o la mano lisiada, deforme o paralizada», y se utiliza como un ejemplo ilustrativo (dṛṣṭānta) para argumentar que las limitaciones físicas no afectan la naturaleza inalterable del Ātman (el Ser puro). En el contexto del budismo Shingon (真言宗, Shingon-shū), el vocablo ‘kuni’ proviene del estrato léxico nativo del japonés antiguo (Yamato kotoba). Etimológicamente, ‘Kuni’ (escrito con el Kanji 国 o 國) es un sustantivo independiente que, según Frellesvig (2010), significa ‘tierra’, ‘país’, ‘provincia’ o ‘reino’ y combina el uso ceremonial del sánscrito (escritura Siddhaṃ / Shittan) para traducir conceptos clave del sánscrito como buddhakṣetra («campo o tierra búdica»), dando lugar a términos exegéticos como Butsu-koku o Buddha no kuni (仏の国, «El Reino/Tierra del Buda»).

Desde una perspectiva filológica e instrumental (un sistema de signos, etiquetas y reglas gramaticales que un ser utiliza para nombrar cosas que ya existen ahí fuera de sí), entendemos la existencia de una coincidencia fortuita, pero si consideramos que no hay «ser humano» antes del lenguaje, entonces creemos que esta coincidencia no es fortuita. Es el lenguaje que habitamos el que, según Heidegger (1990), abre la dimensión donde el mundo se vuelve inteligible para nosotros y quizás esta coincidencia nos está diciendo algo para los cuales nosotros aún no estamos preparados. Desde esta perspectiva: el lenguaje habla primero a través de nuestra cultura, historia y tradición con lo cual, el establecimiento de un ‘origen’ pasa a ser la orientación a seguir en una futura investigación.

En un plano intuitivo, navegamos de lo particular, la palabra ‘Edakuni’, para tratar de pensar en lo universal en un proceso creativo de desocultación donde ha estado en juego una palabra. En este sentido, hemos hecho una correlación a través de una palabra para acceder a través de sus míticos significados y usos al ser a partir del ser desde la perspectiva civilizacional[1]. En este sentido, Heidegger (1996), nos recuerda que

«El lenguaje no es sólo ni en primer lugar una expresión verbal y escrita de lo que ha de ser comunicado. El lenguaje no se limita a conducir hacia delante en palabras y frases lo revelado y lo oculto, eso que se ha querido decir: el lenguaje es el primero que consigue llevar a decir lo abierto a lo ente en tanto que ente».

Consideramos que la palabra conlleva la creación y la significación: es el puente entre el sujeto y aquello que le resulta trascendente o útil. Sin embargo, la expresión como tal es un instrumento, un medio orientado a un ‘para’. Este ‘para’ —el fin— es lo verdaderamente significativo y hemos encontrado desde una perspectiva mítico-religiosa. En este sentido, como se expresa en Lares et al. (2012), la expresión oral o escrita es una herramienta para alcanzar dicho fin: el ser-en-el-mundo.

No obstante, además de un instrumento, la palabra es también un fin en sí misma, pues mediante la comunicación se es y se está. Este ser-estar impulsa una reflexión sobre sí mismo, tanto en cuanto ser-en-el-mundo como ser-con-los-otros. ‘Edakuni’, en este contexto, es una palabra que nos está indicando una manera de ser-en-el-mundo que no ha sido valorada. Por ello, este estudio expresa la necesidad de descubrir y desvelar la expresión ancestral, convirtiendo este proceso en el rumbo para desocultarse a sí mismo y al mundo.

La palabra es, en definitiva, medio y fin. Es medio en tanto que desoculta, porta y traslada lo inexplicable a lo explicable presentando nuevas perspectivas. Es fin porque, para desocultar, la palabra también debe ser desocultada y asumida como significante y significado; en este acto creativo y totalizador, es la que permite ajustar lo significativo, lo posible y un nuevo horizonte para la trascendencia.

5.- Corolario

Si el lenguaje no es un mero instrumento de representación externa, sino la morada ontológica donde el Ser se desoculta y el mundo se vuelve inteligible, entonces la coincidencia fonética y simbólica de la partícula ‘kuni’ (y el término ‘Edakuni’) entre la cosmogonía Ye'kuana, el Advaita Vedānta y el Budismo Zen deja de ser un azar lingüístico para erigirse en un principio revelador de la condición humana.

Existe, entonces, una estructura mitopoética y ontológica compartida que busca nombrar el «Centro Originario», la masa fluida de metamorfosis y la conexión indivisible entre la tierra y lo sagrado. En consecuencia, la preservación del Watunna no constituye solo la salvaguardia de la memoria de un pueblo indígena, sino la custodia de un código metafísico universal —impreso en el horizonte cultural venezolano y sudamericano— cuya palabra (medio y fin) ofrece una vía imprescindible para desocultar nuevas formas de ser-en-el-mundo, mediar con la naturaleza y restaurar el equilibrio entre lo terrenal y lo trascendente frente a la entropía contemporánea.

6.- Referencias consultadas

Blanco, E. (2026). ‘Edakuni’: Más allá de la coincidencia fonética en India, Venezuela y Japón. Caracas. Festina Lente B.G. Documento en línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2026/03/edakuni-mas-alla-de-la-coincidencia.html y https://substack.com/home/post/p-196849473

Civrieux, Jean Marc de (2025). Watuna. Un ciclo de creación en el Orinoco. Caracas. Monteavila editores Latinoamericana. 306 p. Documento en línea. Disponible: https://monteavilaeditores.com/wp-content/uploads/2025/06/Watunna.-Jean-Marc-De-Civrieux-Libro-digital.pdf

Frellesvig, Bjarke. (2010). A History of the Japanese Language. Cambridge: Cambridge University Press

Heidegger, Martín (1990). De camino al habla. 2° ed. Barcelona. (T. Y. Zimmermann). Ediciones del Serbal. 245 p.

Heidegger, M. (1996). El Origen de la Obra de Arte. Madrid. (T. H. Cortés y A. Leyte). En: Heidegger, Martín, Caminos de bosque. Alianza Editorial.  62 p.

Lares, I., Llanes, G., Corro, P. y Blanco, E. (2012). Epistemología y complejidad: una aproximación a la cibernética de 3º orden. Caracas. Festina Lente BG. Documento en Línea. Disponible: https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2012/03/epistemologia-y-complejidad-una_05.html

Mayrhofer, Manfred. (1992–2001). Etymologisches Wörterbuch des Altindoarischen (EWAia). Heidelberg: Carl Winter Universitätsverlag.

Meira, Sérgio. (2000). A Reconstruction of Proto-Cariban Phonology and Lexicon. Anthropological Linguistics, 42(2), 187-230.

Perera, M. y Rivas, P. (ed.). (2017). Los aborígenes de Venezuela. Volumen V. Etnología Contemporánea III. Caracas. Fundación La Salle. 1033 p



[1] Ver: Lares et al. (2012).