martes, 14 de noviembre de 2017

LOS BUFONES DE LA HISTORIA: SOCIALISMO Y COLABORACIONISMO, LA CRÓNICA DE UN RITORNELO


Hannah Arendt expresó que los soviéticos fueron los primeros en aplicar sistemática y deliberadamente el conjunto de hechos que siguieron a la revolución francesa para asegurar su supervivencia política y ello significó que el proceso ruso siguió el camino del terror que sólo se detuvo con la guerra con Japón en el año 1939 y con Alemania en el año 1941. Si bien todos sabemos cuáles fueron sus resultados en el año 1989, es de notar que esta acción deliberada rusa se convirtió en dogma para todos aquellos que trataron de emular la aventura soviética indiferentemente de si las causas que llevaron a ese acontecimiento se correspondían o no con la vivencia de los que intentaron reproducirla de alguna u otra manera en Rusia y en alguna u otra parte del mundo. Esta experiencia nos lleva a la situación venezolana actual.
En un escrito previo “ANALOGÍA ENTRE LA REVOLUCIÓN RUSA Y EL FIN DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA: ESCENARIOS PROSPECTIVOS”[1] expresé que la clase dirigente que conduce la tiranía venezolana con la fraudulenta asamblea constituyente ha comenzado a reproducir, cual manual de procedimiento, el proceso ruso lo cual significa que, además de la distorsiones presentadas por haber aplicado una idea a una realidad de un pasado que ya de suyo estaba distorsionada, se agrega el dogma aplicado a una ideología que los ha llevado voluntariamente a una trampa cuyo destino es la propia destrucción como lo hemos venido observando y padeciendo: abandono de la población por seguir un proyecto político histórico, default económico, sanciones de diferente naturaleza, etc., y, aún más grave que eso, impedir a los venezolanos que desarrollen libremente sus potencialidades para decidir su propio destino.
En esta reproducción han puesto en marcha, desde el 15OCT, una purga dentro del partido y en el seno de la Fuerza Armada Nacional (FAN) que ha continuado hasta ahora con el inconveniente de que, luego del fraude cometido el día antes indicado, dentro del marco de unas elecciones donde los partidos que conformaban la llamada mesa de unidad democrática (mud) fueron grotescamente burlados, ha producido un inesperado efecto dentro de sus filas en el sentido que, junto con la disolución de lo que fueron las fuerzas de unidad democrática, se ha iniciado una lucha interna por capturar la renta de los despojos de la estructura del Estado que en sí mismo se presenta como una dispersión. Esta lucha también se ha presentado también en el seno de la fraudulenta asamblea constituyente comunal y se ha evidenciado en las deserciones que han afectado dicha congregación. Hasta ahora, lo que se observa que aún mantiene la cohesión es la Fuerza Armada Nacional, pero esta cohesión funcionalmente depende de la capacidad logística que posea para sostener operaciones militares indiferentemente de cuál sea su naturaleza. Ahora, más que nunca esta entidad va a ser sometida a presión para cumplir aquella función que históricamente han cumplido los militares: la defensa del espacio geográfico.
Así pues, además de la completa desconexión de la clase partidista venezolana con la población se está observando una disolución de los ligamentos que unían sus estructuras estamentarias que ha sido acelerada por las previstas elecciones para la adjudicación de alcaldías. Todo esto se está produciendo dentro de un contexto de colapso institucional realizado en parte de forma deliberada. Este colapso institucional ha empobrecido al venezolano, lo ha sometido a una situación de soledad no deseada dentro de un contexto signado por la implantación de dispositivos de control basados en el terror y el riesgo altísimo y permanente de que nos alcance la muerte de manera no esperada de muchas y variadas formas. El carácter deliberado del colapso obedeció a que el manual de procedimientos aprehendido de la experiencia pasada indica que hay que destruir todo para poder construir un nuevo hombre y una nueva sociedad. Y no han podido lograrlo por la existencia de una sociedad que resiste más allá de la clase política.
En este sombrío contexto a la tiranía sólo le queda usar la coerción en sentido amplio como gestión de gobierno, en medio de una creciente presión internacional, con la finalidad de sostenerse hasta el año 2018 donde se realizarán elecciones en Colombia, Brasil, México y EEUU cuyos resultados pudieran paliar la situación venezolana. Los aliados cercanos de la tiranía venezolana, es decir, Cuba y la FARC también se encuentran en una situación parecida de inestabilidad crítica.
Cuba va a ser sometida a crecientes presiones por parte de EEUU que irán reduciendo su capacidad de maniobra internacional. Este hecho va a colocar a ese país ante un dilema existencial. El caso de la FARC es más complicado desde el mismo momento que existen, al menos, dos FARC, una que se acogió al oscuro acuerdo de la Habana sobre la cual pivotean políticamente el resto de los grupos que siguen en armas y la otra, o las otras, que se observa como la retaguardia estratégica de una estructura guerrillera policéntrica que actuará, como siempre lo han hecho, en caso de no lograr ‘electoralmente’ sus objetivos políticos. La situación colombiana es muy crítica. Su estabilidad, de por sí precaria, depende de que la situación venezolana se pueda mantener hasta que se concreten sus procesos electorales. La relación entre la FARC, el régimen cubano y la tiranía venezolana constituyen el foco de inestabilidad regional con incidencia en otros escenarios de conflicto a escala global a mediano plazo. Si se elimina a uno de los componentes de este triángulo la inestabilidad se va a propagar con graves consecuencias al resto de la región. Por ello, hay que  actuar de manera simultánea en cada uno de los tres lados y de forma inmediata. Por otra parte, Brasil se mantiene invariante[2] y Guyana también en el sentido que su política avanza a lograr dirimir su controversia con Venezuela en la Corte Internacional de Justicia.
En el análisis citado previamente indique que el escenario con mayor probabilidad de ocurrencia era aquel donde la oposición se mantenía activa y unida, se hacia la purga militar y dentro del partido que en la práctica significaría la instauración de un nuevo orden comunal. De igual forma alerté que este escenario sería muy desgastante para el país y el costo para ambos antagonistas muy alto. En la práctica los partidos de la antigua mud se desmovilizaron al ser catastróficamente burlados por la tiranía en las pasadas elecciones del 15OCT y la tiranía ha continuado sin aparente inconveniente las purgas antes señaladas, pero ¿Se desmovilizó la oposición venezolana más allá de la pobre estructura de representación? Si la respuesta es afirmativa nos encontramos en el escenario donde se desactivó o desunió la oposición y la purga en el seno de la tiranía se produce de manera secuencial de forma más o menos semejante a la realizada por Stalin. Este escenario favorece al régimen, pero no explica la reciente aprobación de la llamada ley contra el odio. Este hecho me indica que la verdadera oposición venezolana pasó a una fase de resistencia caracterizada por el reagrupamiento y la aparición de otros grupos de presión. La confluencia de todos estos grupos está en proceso por lo que se puede afirmar que NO se produjo la desmovilización sino que la verdadera oposición asumió un compás de espera para purgar a aquellos que se abrogaron el título de dirigentes políticos y han colaborado con el régimen para que este se pudiera sostener. Con lo cual la sedición y la conspiración son el estado.
Con lo antes indicado, se puede afirmar entonces que Venezuela se encuentra en una situación intermedia entre los escenarios antes citados en el sentido que la purga, antes referida, ha continuado, se desmovilizó la mud y la oposición se está reagrupando dentro de un contexto de colapso económico y humanitario. En estas circunstancias se circunscribe la nueva ronda de conversaciones en República Dominicana, la reunión en el consejo de seguridad de la ONU y el embargo de armas aprobado por la Unión Europea.
Las conversaciones en República Dominicana sólo tienen sentido para el gobierno y los partidos de la mud que buscan sobrevivir a costa de los venezolanos debido a que como dije unos, los bufones, buscan ganar tiempo y los otros, los colaboradores, acceder a la renta petrolera y minera en un hipotético cambio de gobierno, no de sistema. Qué extraña ópera bufa es la que viven los venezolanos, tragedia y comedia en un infinito ritornelo que sólo se presenta al público cuando los colaboradores son burlados. Este ritornelo es la reproducción infinita de iguales objetivos, iguales negociantes e iguales resultados.
Las conversaciones en el seno de la ONU en el marco de la formalidad (formula Arria) sirvieron para expresar situaciones que ya son conocidas por todos los miembros permanentes, su importancia radica en el acto en sí y los intereses que se negocian tras bastidores que están relacionados con deuda y recursos. En este ámbito creo que los intereses rusos y chinos en el país no van a poder ser garantizados por la tiranía desde el mismo momento que esta ya está solicitando (o declarando) la reestructuración de la deuda y estos países no van a poder defender sus intereses sin el concurso de Occidente y Cuba no va a estar en condiciones dentro de poco de sostener fuerzas desplegadas sin afectar su precaria economía y su seguridad. Aquí es que entra en juego UK y la Unión Europea. Ellos pueden ‘administrar’ una transición y mediar entre EEUU y Rusia y China.
El embargo de armas declarado por la Unión Europea afecta a la FAN en tres ámbitos básicos relacionados con lo que he denominado espacios abstractos de forma indirecta y directa[3]: de forma indirecta queda afectada parte de la aviación (aire) y la armada (mar) en lo concerniente a medios de transporte, y de forma directa parte de la estructura de comunicaciones que afecta el dominio estatal (espacio electromagnético) y la estructura represiva que incluye a la guardia nacional y el ejército. Dicho de manera práctica y haciendo las concesiones de rigor, las fronteras marítimas y fluviales van a estar desguarnecidas debido a que los pocos recursos disponibles van a estar dirigido a sostener la situación interna. Ello significa que la fachada Atlántica meridional y el Golfo de Venezuela van a estar expuesto dentro de un contexto determinado por la situación interna colombiana y el proceso que está conduciendo el país a la Corte Internacional de Justicia. Con respecto a las telecomunicaciones, si bien las medidas no afectan a la infraestructura civil, el control que se va a ejercer sobre esta para aplicar la ley contra el odio, va a suponer la militarización amparada por los conceptos de corresponsabilidad y movilización.
Teniendo esto presente se puede afirmar lo siguiente:
·         Va a ser difícil para la FAN sostener operaciones para cumplir con el mandato establecido en la disminuida constitución nacional, es decir, la defensa del espacio geográfico nacional por una creciente limitación de sus medios y de su estructura de comando y control. Ello la va a colocar en desventaja al país en el Atlántico meridional y en el Golfo de Venezuela obligándola a negociar o escalar en el empleo de la fuerza.
·         Desde el punto de vista interno la tiranía está llegando a un punto donde la fuerza va a ser insuficiente para sostenerse. La situación económico-social es el termómetro que va a indicar el estado de la situación.
·         El acto de visibilidad de la nueva y verdadera oposición va a ser, como ocurrió el 15OCT, la abstención y, consecuentemente, la aplicación de la estrategia del enjambre[4] dentro de un contexto de auctoritas situacional[5].
Como corolario quisiera expresar que a pesar de todo lo malo que vivimos los venezolanos y de tanta oscuridad que hemos tenido que sortear por bastante tiempo, esto que acabo de señalar representan destellos de luz en el largo túnel que hemos tenido que cruzar. En la medida en que los nuevos grupos que se han estructurado y se están estructurando conformen un tejido orgánico, en esa medida se crearán las condiciones de posibilidad de reconstituir la república.




[2] Los recientes ejercicios amazónicos realizados por EE.UU., Brasil, Colombia y Perú indican el nivel de preocupación existente y una de las áreas de propagación.
[3] Los espacios abstractos son aquellos donde un hombre no puede estar a no ser que sea mediante una plataforma adecuada. Ver al respecto: Blanco, E. (2011). Espacio-tiempo y la guerra. Reflexiones sobre política y estrategia marítima. Caracas. Editorial Panapo. 276 p.
[4] Ver al respecto: ACERCA DEL ‘PLAN ZAMORA’: DE LA UNICIDAD DE LA TIRANÍA A LA MULTIPLICIDAD DEL ENJAMBRE en http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/06/acerca-del-plan-zamora-de-la-unicidad.html
[5] Ver al respecto: AUCTORITAS SITUACIONAL, MULTITUD Y COLAPSO SISTÉMICO en http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/11/auctoritas-situacional-multitud-y.html

miércoles, 1 de noviembre de 2017

AUCTORITAS SITUACIONAL, MULTITUD Y COLAPSO SISTÉMICO


En el post relacionado con "Acerca del Plan Zamora: de la unicidad de la tiranía a la multiplicidad del enjambre"[1] trate de desarrollar un 'cómo' para hacer efectiva la restitución del orden político venezolano roto visiblemente en marzo del presente año 2017 como medio para reconstruir una nueva república venezolana. El propósito fue proponer la creación de una estructura aplanada que permitiera el máximo de flexibilidad e iniciativa para diseñar y ejecutar acciones de forma múltiple que provocasen un colapso sistémico. Sobre quién diseñaría y ejecutaría dichas acciones mencioné a las singularidades que operando en común conforman una multitud. Me faltó describir el carácter de estas singularidades y cómo lograr una coordinación horizontal entre ellas desde la perspectiva de la multitud para alcanzar el propósito que se establezca desde una perspectiva táctico-estratégica. Por ello vamos, en primer lugar, a describir algo que he denominado auctoritas situacional, luego su modo de articulación horizontal en algo que en principio denominaremos epistemología social y finalmente abordaremos cómo articular auctoritas situacional y epistemología social en algo que denominaremos flujo de destrucción por intermedio de una máquina de guerra.
Auctoritas situacional
En el ámbito de la gestión empresarial se ha desarrollado un concepto que se ha conocido como liderazgo situacional que nos va a servir para desarrollar el concepto de auctoritas situacional. Existe una amplia literatura sobre liderazgo situacional basada en la aplicación de un concepto a una estructura formal con el fin de hacerla más efectiva[2]. Mi propósito es examinar los conceptos que conforman la composición ‘liderazgo situacional’ es decir, 'liderazgo' y 'situacional' para conformar estructuras informales o ad hoc que incubadas en estructuras formales puedan provocar un colapso sistémico.
‘Liderazgo’ es una palabra que denota ‘condición de líder’ y ‘líder’ es una expresión que refiere, entre otras cosas, “director, jefe, guía o conductor… de un grupo”. Nos interesa destacar la palabra ‘conductor’. ‘Conductor´ es una composición de ‘con’ y ‘ductor’ que refiere “guiar o dirigir…, hacer seguir y llevar hacia”, lo cual supone que se haga tras del que conduce, a lo largo de un camino y/o por intermedio de una disposición. Esta conducción se logra tras una relación social que puede ser afectiva, racional o tradicional siguiendo al efecto los criterios de Weber (1922/1994) que explicaremos más adelante. Estas formas de relación social se expresan en una organización entendida como acto. Esta organización puede ser una empresa (para obtener fines de modo continuo), un Instituto (mediante ordenaciones otorgadas), una sociedad (polis) (mediante la complementación de intereses) y/o una república como expresión de un orden social donde todos sus miembros compartan funciones de gobierno.
En relación con la palabra ‘situacional’ es de mencionar que esta es también producto de una composición generada por adopción de un anglicanismo. Así pues, podemos descomponer esta palabra en ‘situación’ y ‘al’ para los efectos de la presente reinterpretación. En este sentido, ‘situación’ es efecto de ‘situar’ que es en sí un estado o constitución de las personas y las cosas. ‘Situar’ proviene de la expresión latina ‘situs’ y esta palabra con el prefijo ‘ex’ significa ‘originarse’ y ‘auto-referirse’. Esta palabra remite a la expresión ‘existencia’. La existencia es un estar siendo que remite a las intuiciones puras de tiempo y de espacio en sentido kantiano así como también a la idea de organización. Como organizar es un acto, este acto está referido al tiempo y al espacio porque indica una vivencia tanto desde la perspectiva existencial como organizacional.
El sufijo ‘al’ da una idea de movimiento. El movimiento, en tanto que acción, es un acto que recuerda la idea de organización (composición) que efectivamente se sostiene en un contexto dado. Un cuerpo es en tanto permanece la composición basada en la relación de reposo y movimiento según Spinoza (1677/1980). Esta idea se refiere también a un cuerpo social. En este contexto, una organización es un emprender, un instituir o un estructurarse a partir de un valor que se le da a algo basado en la posibilidad de extender la existencia y permite aumentar la potencia de la composición para perseverar en dicho acto.
El punto de unión entre ‘liderazgo’ y ‘situacional’ es el auctoritas que permite a alguien conducir para realizar algo que da valor a un cuerpo. Sin embargo, en este punto concordamos con Arendt (1996) que hay una crisis que afecta este concepto en el campo de la política debido a que este concepto no está relacionada con violencia ni con persuasión. Esta crisis es lo que me ha permitido hacer este cambio de orientación de los conceptos antes señalados en términos temporales[3]. Auctoritas proviene, en este sentido, de la palabra ‘auctor’ que denotaba originalmente “Autor, promotor, fundador, garante, modelo, maestro, que valora una acción o hecho y que impulsa a obrar” en el sentido de aquellos que inspiraban la construcción y hacían la vida diaria, y estaba emparentada, según Arendt, con el verbo augere (aumentar). Por ello agregó que “la autoridad o los que tienen autoridad aumentan constantemente es la fundación” de un cuerpo político ya creado (Ibíd.:133).
Esta auctoritas provenía, en parte, de la tradición generada a partir de una fundación, por lo que ésta “tenía sus raíces en el pasado”, pero en nuestro caso no está referido a un pasado en particular, sino a un ideal republicano que se inculcó en el pasado y ha estado en el espíritu de los venezolanos desde el momento en que empezaron a valerse por sí mismo, pero que nunca se ha concretado[4]. Arendt en su obra se está refiriendo a la autoridad de los fundadores, específicamente de Roma, nosotros aquí estamos pensando en producir algo nuevo haciendo efectivo el ideal con una nueva praxis política a partir del concepto de multitud siguiendo al efecto una concepción spinozista apartada de la visión hardtnegriana (Hardt y Negri, 2009). Aquí es donde comienza mi desplazamiento. Estoy buscando apelar, no a la tradición, sino al ideal no concretado gracias a la unión, o mejor dicho, la liga de saber teórico y praxis con el fin de producir una acción política efectiva que pueda sostenerse en el tiempo. Es decir, crear las condiciones de posibilidad de producir una trinidad conformada, en primer lugar, por el ideal republicano nunca alcanzado emparentado con un saber existente en sentido general a partir de una experiencia histórica común, en segundo lugar, por la praxis, en sentido aristotélico y spinoziano, para enfatizar en la necesidad de hacer pivotear esta trinidad sobre el concepto de excelencia, y, en tercer lugar, la liga de ambas con el fin de pensar en las condiciones de posibilidad de fundar un nuevo concepto de auctoritas en el país basado en una experiencia común que a pesar de las vicisitudes que hemos vivido no ha provocado todavía fragmentación y aislamiento y, posteriormente permitir la religa con los principios establecidos favoreciendo la convivencia y estabilidad de un nuevo orden político donde el poder vinculante descanse en esa trinidad y en la voluntad de no repetir los errores del pasado ya dentro de una perspectiva republicana.
Como este religarse no está relacionado con la iglesia y teniendo presente que la iglesia católica, siguiendo a Arendt, tomó el ideal fundacional romano que contenía la expresión ‘auctoritas’ generando con el tiempo la distinción entre autoridad (sagrada o espiritual) y poder (real), Weber, mucho antes, produjo una tipología del concepto de autoridad que evidenciaba la perdida de la autoridad que hemos presenciado en el campo de la política.   
Según Weber (1922/1994), la autoridad puede ser racional, tradicional y carismática. La racional descansa en la creencia en la legalidad de las ordenaciones estatuidas y de los derechos de mando de los llamados por esas ordenaciones a ejercer autoridad (Autoridad legal). Se obedece a ordenaciones impersonales y objetivas legalmente estatuidas, en un círculo de competencias. La tradicional descansa en la creencia cotidiana en la santidad de las tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa tradición para ejercer la autoridad (Autoridad tradicional). Se obedece a la persona del señor llamado por la tradición y vinculado por ella (en su ámbito) por motivos de piedad en el círculo de lo que es consuetudinario. La carismática, descansa en la entrega extra-cotidiana a la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas (Autoridad Carismática). Se obedece al conductor por razones de confianza personal, en un círculo en que la fe en su carisma tiene validez mientras esta exista (Ibíd.).
Teniendo esta tipología en mente, podemos decir que el concepto de  autoridad se fundamenta en la capacidad transformacional, organizacional, transaccional y formal o informal que está relacionada con un hecho fundacional caracterizado porque el que pasa a ser investido de auctoritas no tiene poder, sino que tiene un algo cuya no consideración impediría un ‘aumento’ en un sentido general del termino (vida, felicidad, libertad, etc.). La capacidad transformacional estaría focalizada en la trinidad antes indicada con el fin de establecer relaciones, de otorgar mayor significado a las actividades independientes y generar las condiciones para incluir más seguidores en un proceso de cambios dentro de un contexto cambiante. La organizacional está focalizada en el aprendizaje continuo dentro de un rol específico dentro de una organización. La transaccional en la relación entre conductores y conducidos a partir del reconocimiento de una situación contingente. Y la formal e informal está focalizada en la relación existente entre la autoridad racional y tradicional y la capacidad para ser efectivo y eficiente en el cumplimiento de un rol asignado.
Teniendo este análisis presente, podemos volver a los conceptos de ‘liderazgo’ y ‘situacional’. Así pues, hablar de liderazgo situacional es redundante debido a que ‘liderazgo’ refiere a un ser que conduce y ‘situacional’ a una situación existencial que proyecta a un hombre y/o un grupo en un horizonte espacio-temporal para asegurar su permanencia. Nosotros preferimos usar la expresión ‘auctoritas situacional’ debido a que el contexto espaciotemporal lo va a diferenciar de la autoridad carismática en el sentido que no va a estar concentrada en un individuo, desde la perspectiva schmittiana o laclauiana, sino en muchos auctores carismáticos de manera simultánea[5]
La auctoritas situacional es entonces una conceptualización dinámica para la conducción en múltiples contextos, de manera simultánea, donde la eficacia va a depender primordialmente del convencimiento personal del auctor sobre la importancia del cumplimiento de un rol determinado, en un contexto dado, para alcanzar un fin y el bienestar de los hombres que aceptan estar dentro de una estructura determinada por una situación que, como ya indicamos, puede hacer que la auctoritas cambie como consecuencia de la necesidad de preservar la estructura cooperativa. Consiste, consecuentemente, en la conducción y desarrollo de un ciclo, el cual se inicia con un diagnóstico sobre una situación y el nivel de apresto del individuo para emprender una tarea o misión, continua con la aplicación de un modo de conducción adecuado al diagnóstico hecho para cumplir la misión que se ha establecido y de ser posible, con la satisfacción de las expectativas de los miembros de la estructura cooperativa con el objeto de incrementar su potencia para perseverar en su propia existencia individual y organizacional.
Con esta tipología podemos afirmar que la auctoritas situacional se basa en mantener un equilibrio entre dos tipos de comportamiento que ejerce un auctor para adaptarse al nivel de desarrollo de una acción de un grupo dentro de una organización que en nuestro caso es ad hoc, es decir, el de inspirar y el de cooperar en función de sus capacidades. Para ello, siguiendo a Watkins (2012), un auctor debe ser:
        Especialista en generalizar para evaluar y poder autoevaluarse.
        Analista para posibilitar la generación de un conocimiento colectivo mediante una episteme social que permita la solución de problemas complejos.
        Capaz de percibir patrones en ambientes complejos para anticipar e influenciar las reacciones claves de agentes externos en una estructura cooperativa.
        Capaz de comprender y diseñar estructuras organizacionales adaptativas que se adecuen a un contexto de cambios.
        Capaz de solucionar problemas a partir del establecimiento de cursos de acción apropiados que permitan focalizar elementos claves.
        Capaz de actuar proactivamente de forma persuasiva en ambientes compartidos y de desarrollar y fomentar la iniciativa.
        Dar el ejemplo exhibiendo una conducta inspiradora dentro de los grupos de acción.
Estas características deben ser complementadas con la adopción de unos principios basados en la comunicación que nos permitirán más adelante introducir el concepto de stigmergy. Groysberg y Slind (2012) los han descrito como se mencionan a continuación:
     Obrar con la verdad y oír bien para posibilitar la cooperación.
     Interactividad, o sea promover dialogo.
     Inclusión, es decir, expandir (aumentar) los roles de los miembros y los miembros de la organización.
     Intencionalidad, es decir, actuar en función de la estrategia organizacional para alcanzar el objetivo propuesto.
La característica esencial de un auctor situacional es que crea y hace estable una organización dinámica indiferentemente del contexto en que se encuentre. Por ello vamos a referirnos ahora a la articulación horizontal para la conformación de organizaciones que persiguen un propósito específico de modo que sea posible hacer comprender la estabilidad a la cual me estoy refiriendo.
Articulación horizontal por intermedio de la epistemología social.
La articulación horizontal que describí como estrategia del enjambre en “Acerca del Plan Zamora…” hace necesario explicarla entonces desde la auctoritas situacional. Para ello vamos a comenzar con el concepto de ‘enjambre’. El concepto de enjambre fue desarrollado por Arquilla y Ronfeldt para denotar una forma de combatir que había sido producto de un proceso evolutivo de naturaleza histórica. Este término establece una analogía biológica que expresa la existencia de un patrón de ataque donde singularidades dispersas en un tejido dado convergen (en red) en un mismo blanco desde diferentes direcciones con el fin de mantener una presión sostenida[6]. Sus principios para la acción son: horizonte compartido e intercambio de acontecimientos y afectos que permiten actuar de forma cooperativa (Blanco, 2016).
Visto así, el enjambre es una forma de auto-organización que persigue asegurar la supervivencia de un grupo. Esta auto-organización se expresa mediante la conformación de paredes de protección que hace que un grupo actúe como un tejido que sostiene dichas paredes y permite a su vez, la construcción de nuevos patrones de comportamiento grupales (Ibíd.). La forma en que se produce la comunicación que permite la autoorganización se denomina stigmergy, es decir un modo de comunicación indirecta basado en la modificación del ambiente que permite que un cambio de conducta individual sea percibido por un grupo de modo que estos adapten sus acciones a las nuevas circunstancias. Aquí es donde se circunscribe el auctoritas situacional. Esta auctoritas generada mediante el stigmergy produce un testimonio, cooperación y espacio de reunión que comprenden en su conjunto lo que se ha denominado epistemología social (Ibíd.)[7]. Esta forma de epistemología social es una estructura cooperativa desarrollada de abajo hacia arriba, es decir, desde pequeños grupos hasta grandes conjuntos sociales que desde un orden impuesto puede observarse como un no-orden, caos, pero desde la perspectiva social tiene el germen de una democracia constitutiva.
Esta organización desde la perspectiva cooperativa es una organización informal que transversaliza una estructura formal, creando las condiciones de posibilidad de hacerla colapsar. Pero veamos ahora qué entiendo por organización desde una perspectiva cooperativa apoyándome al respecto en C. Barnard.
Barnard (1938/1968) ha afirmado que las organizaciones son un sistema social cooperativo, es decir, un sistema de actividades o fuerzas sociales, biológicas y físicas conscientemente coordinadas que se mantiene en equilibrio desde el punto de vista interno como externo para alcanzar un objetivo. Para que esta cooperación sea posible es necesario asegurar el equilibrio entre las restricciones que impone la organización formal y las demandas que provienen de grupos informales, que hemos señalado como organización informal. La organización informal se diferencia de la organización formal en que la cooperación entre los individuos es más inconsciente y espontánea. Es decir, es aquella relación social basada en un conjunto de interacciones que no tienen un propósito constituido a partir de una totalidad trascendente. Este tipo de organización se caracteriza por ser indefinida, es decir, a-significante, a-centrada y a-jerárquica en relación con la estructura formal y por ser de una densidad producida por los efectos de su relación con el entorno social del cual forma parte (Ibíd.:114-115). Este aspecto es el que nos interesa destacar debido a que una estructura cooperativa dentro de un contexto de cambios sólo es posible desde una perspectiva informal debido a que la estructura se va a conformar como una entidad actual, en sentido whiteheadano (Whitehead, 1928/1956) o un rizoma como nos lo ha indicado Deleuze y Guattari (2008), donde la auctoritas situacional y la comunicación van a ser claves para fomentar la cooperación. Estas estructuras se van a ir autoorganizando en base a la cooperación para autosostenerse en la medida en que se procede a alcanzar un fin dado o cuando cese una situación contingente.
Las organizaciones informales al ser ad hoc, su duración va a estar determinada por la duración de la contingencia. La cooperación, en este contexto, supone la acción frente a una situación contingente que puede dar origen a una estructura permanente mediante procesos de carácter abductivo tal como lo ha explicado Gil (2014) siguiendo a Peirce (1931/1994)[8] y Duggan (2007)[9]. Esta estructura permanente se enmarca en la praxis política entendida como aquella que tiene como fin la acción en sí misma, es decir, el acto organizativo. En este contexto, la auctoritas situacional no es fija, va a depender de las competencias de cada uno de los miembros de una estructura, por los que sus integrantes, es decir, la multitud, de alguna u otra manera van a ser expresión de la autoridad, en la medida en que cada miembro coopere en la solución de un problema solo posible de solucionarlo de manera grupal. Si ello es posible se puede hablar que se encuentra en gestación, desde una perspectiva fundacional vista como una entidad actual que debe buscar ser auto-perpetuante, una organización auto-sostenible.
Teniendo estos dos autores presentes, Gil (2014) ha expresado que la intuición estratégica tiene tres rasgos característicos que pueden ayudar a la solución de problemas: desde el punto de vista epistemológico se basa en la inferencia abductiva, desde la perspectiva anticipatoria se fundamenta en la lógica de la efectuación asociada al logro en función de los medios disponibles y, desde una mirada estructural, es de naturaleza sistémica, fundada en la posibilidad de actuar desde un punto de aplicación o apalancamiento que un auctor situacional es capaz de visualizar.
Al ser este tipo de organización un sistema auto-organizado y basado en la cooperación, su fortaleza se evidencia en la fuerza de voluntad de los sujetos integrados dentro de este sistema cooperativo para mantener la cooperación. En este sentido, la voluntad depende de la creencia de que el propósito va a ser alcanzado y en la fe en el camino seguido para alcanzar dicho propósito y de ello depende que un auctor situacional sea capaz de llevarla a cabo produciendo una dinámica que puede ser vista como un flujo producido por la abducción y la efectuación que genera una estructura sistémica. Vamos ahora a examinar la naturaleza de este flujo que para nuestros efectos deben ser destructivos y creativos.
Flujo de destrucción y máquina de guerra contra la tiranía
La estructura auto-organizada posibilitada por auctoritas situacionales actuando, gracias al stigmergy, como un flujo puede ser explicada de forma científica y fenomenológica. Veámoslo a continuación y lo que ello significa.
Desde el punto de vista científico, Boyd estableció unos patrones de acción en una situación de confrontación bélica siguiendo al respecto, en primer lugar, el Teorema de Gödel, en segundo lugar, el principio de indeterminación o incertidumbre de Heisenberg y, en último lugar, la primera y segunda ley de la termodinámica. En relación con el Teorema de Gödel[10], este pensador hizo una diferenciación entre la consistencia de un concepto y la consistencia de un hacer, es decir, hizo un emparejamiento entre realidad observada y el concepto que describe esa realidad. Él creyó que si se asumía como resultado previo un esfuerzo de deducción se podría obtener de forma no diferenciada una observación dentro de un contexto de experimentación. A partir de este criterio, siguiendo a Heisenberg, a nivel de partículas en un medio continuo, consideró que la distinción entre observador y lo observado comienza a desaparecer y el valor de incertidumbre representa la inhabilidad para determinar el carácter o naturaleza de un sistema dentro de sí. En estas circunstancias, el carácter y naturaleza de ese sistema puede ser determinada (aunque no exactamente) desde el mismo momento que el valor de incertidumbre no oscurece la conducta del fenómeno observado de una manera general (Blanco, 2016).
Según Boyd, siguiendo a Gödel, se puede determinar la consistencia de un sistema y por consiguiente su carácter y naturaleza en términos abstractos. Apoyándose entonces en Heisenberg y la segunda ley de la termodinámica consideró que cada esfuerzo por comprender la realidad nos expone a incertidumbre y a la generación de desorden. Tomados todos en conjunto, cada esfuerzo continuado y orientado hacia el interior de un sistema mejora el desarrollo de un concepto y, en este contexto, la incertidumbre y desorden generado por un sistema orientado al interior de otro puede ser desbalanceado hasta su colapso desde afuera creando un nuevo sistema. La validez del pensamiento de este autor radica en que con este criterio es posible generar una parálisis estratégica para evitar que un sistema (adversario) produzca flujos de destrucción o un efectivo sistema de contención. En este sentido, la parálisis estratégica es un modo de acción que consiste en operar en un tiempo o ritmo mayor o menor que el del adversario para hacer aparecer nuestras acciones como impredecibles generando con ello incertidumbre y desorden (Ibíd.). Un ejemplo del primer caso es la Blitzkrieg realizada mediante la aplicación del concepto de auftragtaktik[11]. Del segundo, la teoría de la guerra prolongada y sus variantes y actualizaciones.
Generar un flujo bélico, siguiendo a Boyd, es adecuar la relación de pérdida y aprovechamiento máximo de la energía de dicho flujo para reducir la fricción y vencer la resistencia que representa el sistema de contención o de contraflujo del adversario dentro de un contexto de acción recíproca. La dificultad que presenta la tesis de este autor radica en considerar la guerra dentro de un marco referencial delimitado por un sistema de coordenadas basado en el espacio y el tiempo cuando la realidad de este fenómeno está determinada por la misma entidad que establece el plano de referencia, es decir, la política. De igual forma y en nuestro caso, lo que se busca es crear las condiciones de posibilidad para crear una parálisis estratégica desde adentro que produzca un colapso sistémico.
De modo fenomenológico Deleuze y Guattari indicaron que un flujo de destrucción, entendido como una máquina de guerra, posee cuatro características que nos sirven para explicar cómo una multiplicidad basada en el auctoritas situacional puede operar como un enjambre. Para DyG, la máquina de guerra se caracteriza desde la perspectiva epistémica por ser expresión de un modelo: en primer lugar, “hidráulico”: el flujo es su realidad o consistencia, en segundo lugar, “de devenir y heterogeneidad”: es de una naturaleza atómica donde cada átomo opera a su libre albedrío, en tercer lugar, “turbulento”: porque es efecto del paso de “la turba al turbo”, es decir, del paso de “las bandas o manadas de átomos a las grandes organizaciones turbulentas” y en cuarto lugar, es “problemático” porque se parte de la superación de los obstáculos a partir de la consideración de estos en función de los afectos que producen (2008:368). La ventaja de esta tesis es que explica, a partir de una consideración histórica, cómo opera una multiplicidad que desde el punto de vista político puede actuar como una multitud.
Teniendo esto presente se puede afirmar que ninguna de las dos formas expresan el comportamiento de una tiranía. Una tiranía se comporta como una estructura de contención que busca evitar que se creen internamente o que se presenten externamente estos dos tipos de flujos tanto por exceso como por defecto debido a que se caracterizan por la a-rostridad, es decir, por la incapacidad de identificar un líder o una autoridad situacional. Por ello, la tiranía busca penetrar los grupos que pueden amenazarlos para corromperlos estructuralmente y hacerlos predecibles y en ello han sido altamente efectivos.
En nuestro caso, generando una sumatoria de flujos en pequeña escala de forma simultánea y sostenida por auctoritas situacionales, sin rostro, podrían ocasionar, operando como una multitud, una parálisis estratégica superior a la acaecida durante la ofensiva Tet que podría generar las condiciones de posibilidad de pensar en una trinidad, como la antes referida, que pueda constituir una república.
En este contexto, auctoritas situacional, estrategia del enjambre y voluntad para la cooperación y la acción política en sentido amplio son los fundamentos de la nueva venezolanidad.

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[2] Ver al respecto: Otero y González (2013).
[3] Para Arendt está relacionada con el pasado, mi intención es asociarla con entidades actuales en sentido whiteheadano.
[4] Aquí quiero destacar que este ‘valerse’ fue un proceso que se inició al menos efectivamente desde el año 1739 con la guerra hispano-inglesa y ha sido interrumpido en distintos momentos de nuestra historia desde el año 1811.  Uso esta fecha debido a que con el ataque a la Guaira y Puerto Cabello (dentro del marco de esta guerra) los habitantes de lo que hoy es Venezuela echaron a un lado sus diferencias para defenderse de un enemigo común. Con este hecho fue que comenzó la praxis política en Venezuela. Ver al respecto: “Los Ataques Ingleses a las costas de Venezuela entre 1739-1743 y los orígenes de la venezolanidad”. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2015/01/los-ataques-ingleses-las-costas-de.html
[5] Ver al respecto: Blanco (2014).
[6] El artífice de esta nueva concepción biológica fue J. J. Üxküll siguiendo al efecto la Crítica de la facultad de juzgar teleológica kantiana.
[7] La epistemología social es el estudio de las dimensiones sociales del conocimiento o información. Sobre este tema, ver también: (2015) “Comentarios sobre La Epistemología Social”. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2015/12/comentarios-sobre-la-epistemologia.html
[8] Para Peirce (1931/1994) la abducción se produce cuando se está enfrente de una situación que permanece oculta y debe ser develada y sólo se manifiesta bajo signos observables no necesariamente asimilados al efecto o a la causa permitiendo con ello introducir una idea nueva.
[9] Duggan, por su parte, cree que la intuición estratégica, entendida como acto de creación, está compuesta por cuatro elementos fundamentales: en primer lugar, conocimiento de la historia, en segundo lugar, una mente libre de todo prejuicio, en tercer lugar, capacidad para traer al presente las experiencias históricas combinándolas en un nuevo concepto y por último, capacidad para aplicar el nuevo concepto para resolver una situación problemática (2007:57-65).
[10] Este autor alertó sobre las limitaciones en el tratamiento del problema de la verdad en el proceso que se llevó a cabo para unificar las ciencias al indicar, en primer lugar, que no todo lo verdadero es demostrable, en segundo lugar, no había cálculo que supliera la semántica (hay lenguaje donde lo que se puede deducir es verdadero) y, en tercer lugar, la consistencia entre deducciones y razonamientos, en términos aristotélicos, sólo podría obtenerse si se especifica en qué lógica se está trabajando.
[11] Auftragstaktik es una forma de acción que reduce la fricción y la oposición para que un flujo bélico se mantenga como un medio continuo desde el punto de vista molecular, mediante la deducción rápida de todas las opciones posibles en una situación determinada a partir de la iniciativa y un control descentralizado. Desde esta perspectiva puede ser visto como una forma de stigmergy producido de forma artificial.

jueves, 12 de octubre de 2017

DERROTERO INTRODUCTORIO PARA UNA FILOSOFÍA DE LA PRAXIS. APUNTES...


Antes de examinar el o los conceptos de filosofía de la praxis es conveniente hacer distinción entre lo que es teoría, ciencia, teología y filosofía política. Para ello nos vamos a apoyar en el pensamiento de Leo Strauss.
Para Strauss la teoría política comprende el estudio comprensivo de la situación política que sirve de base a la construcción de una política en sentido amplio. Para este autor ese estudio está basado, en última instancia, en principios aceptados por gran parte de la opinión pública de forma dogmática y eventualmente pudieran ser puestos en duda por la propia población.
En relación con la ciencia política Strauss indicó que es un término ambiguo porque designa “las investigaciones sobre lo político realizadas bajo modelos tomados de las ciencias naturales y los trabajos realizados por los miembros de las cátedras de ciencia política”. Pero, en general se caracteriza por ser eminentemente a-filosófica. Solo necesitan filosofía de una determinada clase: metodología o lógica”. Por ser imparcial, por tener como foco el poder, y por prescindir de todo juicio moral en vista de un fin, la verdad, el método y el logos subyacente son los que van a determinar el criterio de verdad haciéndolo aplicable a cualquier comunidad política relativizando lo que esencialmente determinó la existencia de una cualquiera.
Pacheco, en este sentido, ha señalado que la ciencia política es empírica y rigurosamente ajena a criterios axiológicos, y se propone la misma investigación de la “verdad efectiva” que se propusieron los realistas políticos,  es decir, el estudio de las relaciones de fuerza que se dan entre los hombres, como es la típica y fundamental de autoridad y obediencia. Este pensador, interpretando a Passarin D’Entreves, ha indicado además que la ciencia política se ha orientado al estudio del poder, entendido como fuerza, en las relaciones sociales teniendo como foco al Estado. En este sentido agrega, citando al autor mencionado que  
“El Estado es fuerza, pero una fuerza revestida de un determinado carácter e investida de ciertas cualidades que la distinguen de otros tipos de fuerza. No es sólo fuerza, sino fuerza legal, fuerza legítima: poder, autoridad. Por consiguiente, debemos recurrir al análisis del poder para darnos cuenta de un aspecto del problema del Estado que escapa al realista político, pero no al jurista”.

Este realismo político se desenvuelve en un contexto social y se caracteriza por tener una idea pesimista de la naturaleza humana, es decir, aquella que considera al hombre como un ser malvado (Machiavelli) o caído por el pecado (San Agustín). Este carácter malvado es el que nos coloca en el plano de la ciencia, la teología y la filosofía política.
Con respecto a la teología política, Strauss la entiende por “las enseñanzas políticas que se apoyan en la revelación divina” y Schmitt indicó que la filosofía política se basa en conceptos teológicos secularizados. De aquí que Strauss haya afirmado que la filosofía política se limita solo a aquello a lo que puede acceder la mente humana por sí sola
Strauss ha expresado que lo político está sujeto por su naturaleza a la aprobación y desaprobación, aceptación y rechazo porque su esencia no está caracterizada por la neutralidad, es decir, exige de los hombre la obediencia y la lealtad y, además el decidir acerca de los tema fundamentales de la comunidad política dentro de una estructura de valoración que abarca lo justo y lo bueno. Por ello este autor ha afirmado que la filosofía política busca “sustituir el nivel de opinión por un nivel de conocimiento de la esencia de lo político”. En este sentido, la filosofía política es un intento de comprender la esencia de lo político y por lo tanto es a-científica y a-histórica. Por ello agrega que es esencial para la filosofía política “el tener como principio motor la impaciente percepción de la diferencia fundamental entre convicción o creencia y conocimiento”. Finalmente este autor señala que el adjetivo ‘política’ que designa a la filosofía
“… no designa tanto un tema de fondo como un sistema metodológico, desde este punto de vista,…, la expresión filosofía política no significa necesariamente un tratamiento filosófico de lo político, sino un tratamiento político o popular de la filosofía, o la introducción política a la filosofía, el intento de conducir a los ciudadanos cualificados… de la vida política a la vida filosófica. Este significado más profundo de la filosofía política concuerda perfectamente con su sentido ordinario, porque… viene a culminar en un canto de la vida filosófica. De todos modos, ese sentido es definitivo porque significa la justificación de la filosofía ante el tribunal de la comunidad política y, por tanto, al nivel de discusión política…”.
“En su filosofía política el filósofo arranca, por tanto, de aquel modo de entender lo político que es propio de la vida política prefilosófica. En principio, el hecho de que una cierta actitud habitual o un tipo determinado de conducta sean elogiados generalmente es una razón suficiente para considerar virtuosos esa actitud o ese tipo de conducta. Pero el filósofo pronto se siente obligado a superar la dimensión del entendimiento prefilosófico, planteando el problema crucial: ¿Qué es la virtud? El intento de solucionar este problema conduce a distinguir críticamente las actitudes generalmente alabadas que lo son con razón de las que no lo son, y esto a su vez, lleva al reconocimiento de una cierta jerarquización de las diferentes virtudes totalmente desconocidas en la vida prefilosófica… además, solamente se puede obtener una visión completa de los límites de la esfera político-moral en conjunto después de encontrar una solución al problema de la naturaleza de lo político. Este problema señala el límite de la filosofía política como disciplina práctica, aunque se trata de un problema eminentemente práctico, cumple la función de ser la puerta de entrada para aquellos cuyo propósito ya no es conducir a los demás, sino simplemente entender las cosas en su propia esencia”.

Con este límite señalado por Strauss podemos comenzar examinando los conceptos fundamentales de filosofía de la praxis, es decir, qué es teoría y praxis…
LOS CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE LA FILOSOFÍA DE LA PRAXIS.
Hay autores que han señalado que la relación teoría y praxis corresponde a la antropología y la ética. Por ello se hace necesario saber qué es filosofía de la praxis y cómo ha evolucionado este concepto para establecer un plano de referencia que permita ubicarnos en este curso. Hay diversas orientaciones en función del rumbo que se pretende seguir. En este sentido, Aristóteles señaló en la ética algo a tener presente: que la obra del hombre es el ser en obra del alma según un logos y en la política indicó otras dos que dan sentido a su discurso: que la felicidad es el ser en obra y un cierto uso perfecto de la virtud. Después integrando en una relación recíproca el ser-en-obra y el ser-en-uso desde una prospectiva ontológica y prospectiva ética señaló que el bien más perfecto es preservar la polis porque, ciertamente, ya es apetecible procurarlo para uno solo, pero es más hermoso y divino para un pueblo y para las ciudades, por tanto, el fin de la política no es el conocimiento, sino la acción (praxis) y el bien último al que aspira es la felicidad, algo que se busca por sí mismo y no como medio para alcanzar otro fin. Este fin en sí mismo es el bien humano, es decir, una actividad del alma conforme a la virtud.
Después del examen del pensamiento de un conjunto de autores desde una perspectiva genealógica que se va a iniciar con Kant para dar los lineamientos generales de lo que vamos a entender por praxis vamos a examinar qué entiende este filósofo alemán por praxis.
Kant comienza su teoría y praxis indicando que la teoría refiere un conjunto de reglas prácticas, siempre que estas sean pensadas como principios, con una cierta universalidad, y por tanto siempre hayan sido abstraídas de la gran cantidad de condiciones que concurren necesariamente en su aplicación, y la practica tiene que ver con aquellas realizaciones que tienen un fin pensado como parte del cumplimiento de ciertos principios representados con cierta universalidad. Con esta premisa, el pensador alemán dividió su obra en tres partes siguiendo la triple cualidad a los cuales suele juzgar su objeto un hombre de honor: como hombre privado con ocupaciones y responsabilidades que busca el bien desde el punto de vista moral, como hombre político en relación con el bien de los Estados y como cosmopolita, es decir, como ciudadano del mundo que busca el bien de la humanidad en su conjunto.
En relación con el primer aspecto el hombre debe separar el concepto de deber del anhelo de felicidad. El concepto de deber está sujeto a un imperativo categórico, por lo que todo lo que para la moral es correcto, lo debe ser también en la praxis y el problema es cómo debe ser instrumentado mejor.
Con respecto al segundo aspecto tiene que ver con el concepto de libertad en el estado civil. Este concepto se rige por los siguientes principios a priori que harían posible el establecimiento de un Estado:
       La libertad de cada miembro de la sociedad en cuanto hombre, está regida de acuerdo con la siguiente máxima: “Nadie me puede obligar a ser feliz a su modo (tal como él se imagina el bienestar de otros hombres), sino que es lícito a cada uno buscar su felicidad por el camino que mejor le parezca, siempre y cuando no cause perjuicio a la libertad de los demás para pretender un fin semejante, libertad que puede coexistir con la libertad de todos según una posible ley universal…”, lo contrario es despotismo que se diferencia del patriotismo en que este último refleja el deber de todos en comunidad.
       La igualdad de éste con cualquier otro, en cuanto súbdito, que se rige de acuerdo con esta máxima: “cada miembro de la comunidad tiene derechos de coacción frente a cualquier otro, circunstancia de la que solo queda excluido el jefe de dicha comunidad – por ser su creador o conservador – siendo el único que tiene la facultad de coaccionar sin estar él mismo sometido a las leyes de coacción”. En este contexto, todo el que está debajo de la ley es súbdito.
       La independencia de cada miembro de una comunidad, en cuanto ciudadano, es decir, en cuanto colegislador (derecho de dictar leyes). La co-legislación es la única que puede generar una voluntad general y para ello sólo se requiere ser propietario (incluyendo en este concepto toda habilidad, oficio, ciencia o arte) y sólo ofrecer sus servicios a la comunidad.
Para este autor, estos son elementos constituyentes del contrato originario y representan el fundamento sobre los cuales se puede erigir una comunidad. Esta idea de la razón, tiene para él una importante realidad (práctica), en el sentido de
“… obligar a todo legislador a que dicte sus leyes como si éstas pudieran haber emanado de la voluntad unida de todo un pueblo y a que considere a cada súbdito, en la medida en que éste quiera ser ciudadano, como si hubiera expresado su acuerdo con una voluntad tal”.

Por ello, no es justificable por ninguna causa el derecho de rebelión desde la perspectiva legislativa porque destruye los fundamentos de la comunidad desde el mismo momento que el súbdito no sigue teniendo “el derecho de emitir constantemente un juicio sobre cómo debe ser administrada una constitución”. A pesar de esta afirmación considera la libertad de expresión como un mecanismo regulador que podría evitar la disensión de los súbditos si se hace para el bien del contrato debido a que “lo que un pueblo no puede decidir sobre sí mismo, tampoco puede decidirlo el legislador sobre el pueblo”. Dicho de otra manera, para Kant,
“En toda comunidad tiene que haber una obediencia sujeta al mecanismo de la constitución estatal, con arreglo a leyes coactivas (que conciernen a todos), pero a la vez tiene que haber el espíritu de libertad, pues en todo lo que atañe al deber universal de los hombres todos exigen ser persuadidos racionalmente de que tal coacción es legítima, a fin de no incurrir en contradicción consigo mismos. La obediencia son este espíritu de libertad es la causa que da lugar a todas las sociedades secretas”.

La intercomunicación es una vocación natural de la humanidad. Gracias a ella se podría evitar que se generase ese tipo de sociedades. Con esto entramos en el tercer aspecto de la argumentación kantiana, puesto que permite la introducción de la idea de progreso. Como el género humano va en continuo avance en lo que respeta a la cultura “cabe concebir que progresa a mejor en lo que concierne al fin moral de su existencia”, de modo que este progreso podrá ser interrumpido, pero no roto. El modo en que este es materializado por intermedio de la providencia puesto que así como la violencia hizo que un pueblo haya decidido someterse a la coacción que la razón misma le ha prescrito como medio para someterse a una constitución civil, las continuas guerras entre Estados “ha de llevarlos finalmente,…, a ingresar en una constitución cosmopolita” bajo una situación jurídica de federación, donde sea cada pueblo y no sus jefes, los que dictaminen si han de exponerse o no a un peligro. Él no cree en un equilibrio de poderes, sino en la fuerza de las circunstancias que da la providencia para evitar el mal y seguir el bien…
El marxismo colocó a la praxis en el centro de su sistema filosófico. Para Marx el hombre ha llegado a ser hombre por intermedio de la praxis. Esta praxis está representada por el trabajo. Esta actividad humana representa no solo la base del conocimiento, de la teoría, sino también de la misma antropogénesis como puede ser visualizado en la ideología alemana. De igual forma, también considera que constituye el elemento fundamental de la transformación del mundo por vía de la revolución práctica. O sea que de la teoría se va a la praxis. El autor que desarrolla esta idea de la praxis dentro de esta corriente fue Gramsci.
Habermas al respecto en su obra Teoría y Praxis trató la idea de “una teoría de la sociedad concebida con intención práctica y delimitar su status frente a teorías de otro origen”. Teniendo eso en mente consideró que
“… la teoría incluye una doble relación entre teoría y praxis: investiga, por una parte, el contexto histórico de constitución de una situación de intereses a la que aún pertenece la teoría, por así decirlo a través del acto de conocimiento; y por otra parte, investiga el contexto histórico de acción sobre el que la teoría puede ejercer una influencia que orienta la acción. En un caso se trata de la praxis social que en tanto que síntesis social hace posible el conocimiento; en el otro, de una praxis política que conscientemente aspira a subvertir el sistema de instituciones existente. En virtud de la reflexión sobre su contexto genético la crítica se diferencia lo mismo de la ciencia que de la filosofía. Las ciencias obscurecen el contexto de constitución y se comportan respecto de su ámbito objetual de una manera objetivista; mientras que, por el contrario, la filosofía sólo podía asegurarse su origen ontológicamente como un primero”.

La praxis, es para Karol Wojtyla, el punto inicial de la teoría del hombre, desde una perspectiva cristiana, que conecta “el «operari» humano y el «esse» humano” bajo la figura del deber que condiciona el “obrar en la medida de su ser y del modo de su ser” a una ética centrada en Cristo y una moral en la iglesia. O sea que de la praxis se va a la teoría y viceversa en un sistema de ajuste continuo.
El profesor Herrera ha señalado por su parte que
“La filosofía de la praxis es una filosofía crítica de la historia, cuya estructura dialéctica exige que el conocimiento de sus principios no pueda ser ni exclusivamente filosófico ni exclusivamente histórico: más bien, tiene que ser, de un modo determinado y necesario, el reconocimiento de la recíproca compenetración de lo histórico y lo filosófico, inescindiblemente entramadas, al punto de afirmar que no puede haber filosofía sin historia, ni historia sin filosofía”.

Herrera concluye afirmando que la filosofía de la praxis es una “crítica de la razón histórica” o una “ontología del ser social”. Teniendo presente lo antes indicado podemos afirmar que la reflexión sobre el conjunto de actos que determinan en el hombre una realidad en un espacio-tiempo dado es lo que podríamos denominar, en principio, filosofía de la praxis.
ESTRUCTURA DE ANÁLISIS DEL CURSO
Teniendo presente la indicación dada por Habermas en el sentido de la dificultad inherente al objetivismo de las ciencias y de Strauss en relación con sus límites en la reflexión y la conducción, hemos anclado la estructura de este curso en el concepto kantiano de insociable-sociabilidad.
Kant formuló la idea de que es el conflicto, en la forma de una “insociable-sociabilidad” (Ungesellige Geselligkeit), el motor del cambio hacia formas mejores de convivencia social. En este sentido afirmó en la Historia Universal en sentido Cosmopolita:
 “Entiendo aquí por antagonismo la insociable sociabilidad de los hombres, esto es, el que su inclinación a vivir en sociedad sea inseparable de una hostilidad que amenaza constantemente con disolver esa sociedad. (...) El hombre tiene una tendencia a socializarse, porque en tal estado siente más su condición de hombre (...) Pero también tiene una fuerte inclinación a individualizarse (aislarse), porque encuentra simultáneamente en sí mismo la insociable cualidad de doblegar todo a su mero capricho (...) Pues bien, esta resistencia es aquello que despierta todas las fuerzas del hombre y le hace vencer su inclinación a la pereza, impulsándole por medio de la ambición, el afán de dominio o la codicia, a procurarse una posición entre sus congéneres, a los que no puede soportar, pero de los que tampoco es capaz de prescindir”.

En la Antropología Práctica afirma:

“¿ha sido el hombre creado para vivir en sociedad? El ser humano no ha sido creado para la colmena como la abeja, ni tampoco ha sido colocado en el mundo como un animal solitario. Por una parte, alberga una propensión hacia la sociedad, al ser sus necesidades mayores que las de cualquier otro animal; sin embargo, por otro lado, tampoco deja de inclinarse hacia la insociabilidad, ya que una sociedad demasiado grande le coarta, le incomoda y le obliga a estar ojo avizor”

Luego agregó que

“el hombre es insociable, y en el estado de naturaleza considera un enemigo a cualquier extraño… esta insociabilidad engendra en última instancia una sólida agrupación civil, promoviendo así la cultura y el refinamiento del gusto. Sin esta insociabilidad no existiría la sociedad civil en cuanto tal, sino, a lo sumo, una arcádica vida pastoril caracterizada por la indolencia y los mejores sentimientos; esta situación haría que el hombre no pudiera perfeccionarse y no mereciera mayor respeto que cualquier otra especie animal”

Para este filósofo la naturaleza conflictiva del ser humano no es necesariamente un aspecto negativo sino un elemento indispensable para su avance en la formación de principios prácticos para su vida en sociedad. El fin hacia el cual son impulsados los hombres por la insociable sociabilidad es el contrato fundacional del orden social o estado de derecho[1].
La insociable-sociabilidad nos coloca en el plano antropológico que constituye uno de los fundamentos de la filosofía política de Kant junto con los prolegómenos de la filosofía de la historia (1784/2002) y la Crítica de la facultad de juzgar teleológica.
La insociable-sociabilidad obliga a considerar el Ser al menos desde tres perspectivas: en su singularidad, en comunidad y como parte del conjunto de una polis o res-publica. Como Ser, en su singularidad, Kant considera que el fundamento de la posibilidad de un análisis pragmático del Ser comienza con la consciencia de sí, es decir, cuando podemos comenzar a preguntarnos qué soy y quién soy. Después de ahí el filósofo de Königsberg define el egoísmo. El egoísmo es la tendencia que podemos afirmar apunta a la insociabilidad y lo opone al pluralismo que lo impulsa a lo contrario.
Esta insociable-sociabilidad gira en torno a los conceptos de público y privado, conformando dos ejes con unos los límites que lo contornean que se basan en el concepto de justicia. Por qué. Por el carácter egoísta del hombre que asumimos, desde la perspectiva kantiana, y la necesidad de socializar a partir de la producción de sus medios para la vida.
Al respecto, Bobbio analizó la dicotomía entre lo público y lo privado a través del derecho. A partir de allí hace una serie de consideraciones que parten, en primer lugar, de la relación social entre iguales y desiguales. Desde el Estado, esta es vista como una relación de subordinación entre gobernantes y gobernados. Esta es una relación desigual. Por otra parte, la sociedad natural y la sociedad del mercado son caracterizadas por la relación de coordinación entre iguales. En segundo lugar de la fuente legal de la dicotomía, es decir, el derecho y el contrato. Modernamente esta distinción parte del concepto de derecho natural que se fundamenta en el estado de naturaleza y del derecho positivo. En tercer lugar, presenta la dicotomía a partir de las dos formas clásicas de justicia: la justicia distributiva y la justicia conmutativa. En la justicia conmutativa el orden de los intercambios, entendidos de manera general, deben ser considerados justo y las cosas cambiadas deben ser considerada de igual valor. En la justicia distributiva, el principio guía es la autoridad pública que distribuye honores y funciones de acuerdo con sus méritos y necesidades. En otras palabras, la justicia conmutativa es definida como la que tiene lugar entre las partes y la justicia distributiva como la que toma lugar entre el todo y las partes.
De acuerdo con estas consideraciones, Bobbio expresa que estas tienen un significado evaluativo en el sentido que en unos casos se da primacía a lo privado sobre lo público y en otras a lo público sobre lo privado. La primacía de lo privado sobre lo público pasó a convertirse en lo que se conocería como derecho natural y posteriormente en derecho positivo. Eso lo observa Bobbio incluso en el pensamiento de Hegel y Marx. La primacía del derecho privado sobre el derecho público se evidencia de manera consistente primeramente en Bodin y posteriormente en Locke.
Con respecto a la primacía de lo público, según Bobbio ha seguido diferentes formas de acuerdo a las varias vías a las cuales ha asumido en el siglo XX en relación a la concepción liberal del Estado. Está fundamentado en el contraste entre los intereses colectivos e individuales, en la necesaria subordinación y eventual supresión del segundo al primero, así como en la irreductibilidad del bien común a la suma del bienestar individual y por lo tanto en una crítica de una de las tesis recurrentes del utilitarismo. En este sentido, Bobbio coincide con Aristóteles y con Hegel de sus últimos escritos en que la totalidad tiene su fin que no puede ser reducido a la suma de los objetivos de cado uno de los individuos miembros que la componen, ni que el bien de la totalidad pueda ser transformado en el bien de cada una de sus partes. Él cree que el bien debe ser perseguido por la contribución de cada individuo en conjunto con el resto de acuerdo con las reglas que se imponga toda la comunidad en lo concerniente a lo que consideren sea el bien común por intermedio de los órganos que la rigen.
Sin embargo, la primacía de lo público puede incrementar la intervención del Estado en regulaciones coercitivas para los individuos y grupos dentro del Estado. Así pues, con el colapso de los límites de la acción del Estado que separa lo público de lo privado se puede arribar al Estado totalitario que entiende en el sentido que ‘total’ denota aquello donde no se deja ningún espacio fuera de su propia existencia.
La distinción público-privado, como se ha indicado, se duplica en la distinción política-economía con la consecuencia de que la primacía de lo público sobre lo privado ha llegado a ser interpretada como la primacía de la política sobre la economía es decir, de la organización vertical de la sociedad sobre su organización horizontal. Prueba de ello se evidencia en el proceso, que hasta ahora parecía irreversible, de la intervención de los poderes públicos en la regulación de la economía.
Así pues, en los dos procesos, la tendencia hacia lo público de lo privado y la privatización de lo público no es incompatible y se entrecruzan mutuamente. El conflicto o su posibilidad se presentan en esta relación recíproca donde se perturba el equilibrio entre sociabilidad e insociabilidad. En este contexto, el Estado puede correctamente ser visto como el lugar donde esos conflictos ocurren y se repiten obligando a instrumentar continuamente acuerdos que reactualicen la relación social para garantizar el mantenimiento de la comunidad política.
En relación con el segundo significado de la dicotomía, Bobbio hace una distinción entre lo que conceptualmente e históricamente considera como el problema de la publicidad del poder y su distinción en relación con la naturaleza pública del poder. Conceptualmente, el problema del poder público ha sido siempre usado para iluminar las diferencias entre dos formas de gobierno, la republicana caracterizada por el control público del poder y la libre formación de la opinión pública y la monarquía cuyo método de gobierno incluye el secreto de Estado que en las modernas constituciones solo es permitido solo en casos excepcionales. Esto nos lleva a otro aspecto que es considerado por dicho autor, es decir, la publicidad y el poder invisible. Aquí señala que la historia del poder político entendida como poder abierto al público comenzó con Kant, quien consideró el principio según el cual todas las acciones que afectan a los derechos de otros hombres son injustas si su máxima no es conciliable con el conocimiento público visto como la fórmula trascendental de la opinión pública. El significado de este principio se puede aclarar señalando que hay máximas que, una vez hechas públicas, generan tal reacción que su aplicación se hace imposible. Este principio de publicidad de la acciones es contrario a la teoría del secreto de Estado que fue dominante en la era del poder absoluto.
Así pues, esta dualidad de lo público y lo privado en el hombre que refleja la tensión perenne dentro de una comunidad política nos dice que el equilibrio que orbita en torno a la justicia marca los estados de concordia o discordia (stásis). A continuación se presenta un gráfico explicativo de la estructura de análisis:

Para ilustrar lo que estamos señalando, Hegel fue enfático en afirmar a propósito del colapso del imperio alemán frente a Francia que “la lucha por convertir al poder estatal en propiedad privada disuelve al Estado y acarrea la destrucción de su poder”. Como ha señalado Marcuse, en los estados alemanes prevalecía un orden feudal en un contexto donde los cambios sociales en esa región dieron primacía al individuo y por consiguiente al interés privado.
Los otros aspectos a los cuales vamos a hacer énfasis son, siguiendo nuestra línea argumentativa, en primer lugar, el tratamiento de la historia para los análisis realizados acerca de las formas de gobierno y por consiguiente, la idea de progreso y de decadencia que está subyacente, en segundo lugar, cómo las estructuras políticas han equilibrado o desequilibrado los ejes antes mencionados por su diferencia o no con respecto a la estructura original de la sociedad. En este sentido es conveniente tener presente que Deleuze y Guattari, siguiendo el pensamiento de Ibn Jaldún ha argumentado que la oposición básica e histórica ha sido originalmente entre civilizaciones nómadas y civilizaciones sedentarias para distanciarse de visiones deterministas de la historia dadas por Hegel y Marx. Este antagonismo fue relativizado por el antagonismo entre iglesia e imperio (Estado) y posteriormente entre Estados tanto de la perspectiva de las comunidades políticas como de los estamentos dentro de una misma sociedad, pero como hoy día se observa, la tendencia global apunta a un antagonismo que va más allá de la religión, el imperio y los Estados e incluye todas las formas en que se ha indicado. Así pues, la estructura de estos antagonismos podemos visualizarla por intermedio del siguiente gráfico: 

Dicho de otra manera, en la forma como penetre cualquiera de los vértices de este triángulo es que se va a observar el desequilibrio que va a permitir visualizar la insociabilidad (discordia) dentro de una comunidad política y cómo va a estar presente los conceptos de alienación, subjetividad, objetivación y subjetivación. Aquí es conveniente acotar que:
·    El antagonismo histórico entre nómadas y sedentarios sirve para entender los procesos políticos que hoy enfrenta la humanidad.
·       El antagonismo entre iglesia y Estado se ha traducido en el conflicto entre lo no secular y secular indiferentemente del credo o ideología determinada.
·       El antagonismo Estado-Estado no solo se refiere a comunidades políticas formalmente constituidas desde la perspectiva westfaliana, sino también a los estamentos existentes dentro de una misma comunidad política y que en el pensamiento de Hegel, por ejemplo, se evidencia en la separación y tensión existente entre la sociedad civil y el Estado.
·       El curso de la historia se inicia entre el antagonismo entre nómadas y sedentarios, sigue con el antagonismo entre Estados, continua con el antagonismo entre iglesia y Estado y finaliza en el presente con la presencia de las tres formas de antagonismo.
Esta singladura, en esta primera parte del curso, va a comenzar revisando, específicamente, el pensamiento de Tucidides, Platón, Aristóteles, Polibio, Cicerone, San Agustín, Juan de Salisbury, Santo Tomás de Aquino, Marsilio de Padova, Nicolás de Cusa, Maquiavelo, Hobbes, Spinoza, Locke, Vico, Montesquieu y Rousseau, con una orientación final específica basada en el pensamiento kantiano con el fin de determinar cuáles han sido los actos que han condicionado al hombre a una realidad en un espacio-tiempo dado que han permitido a su vez, siguiendo el pensamiento de Herrera, superar una situación histórica determinada, marcando con ello el signo indetenible del progreso.
Para finalizar, el carácter fundamentalmente kantiano de este curso obedece a que, como demostró Astorga en Una mirada a la filosofía y sus nexos con el pensar venezolano, la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela contó y aun cuenta con importantes filósofos influyentes, como Riu, Mayz, Heymann y Rosales que “alimentaron generaciones de profesores y estudiantes” en esa corriente de pensamiento.

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[1] Sobre este tema, ver también: Astorga, O (1999). El Pensamiento Político Moderno: Hobbes, Locke y Kant. Caracas. Ediciones de la Biblioteca UCV. 445 p.