sábado, 1 de agosto de 2020

¿QUÉ ES LA ‘GUERRA’?


Los autores chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui realizaron una obra que tradujeron al inglés como Unrestricted Warfare[1] que ya desde su traducción presenta un problema semántico en el sentido que ellos trataron de definir el fenómeno bélico en el mundo de hoy más allá de las normas existentes. O sea, ellos señalaron en esa obra que dicho fenómeno se estaba presentando por allá en el año 1999 y tiempo después más allá de todo convencionalismo jurídico o político que hace preguntarnos ¿qué es la guerra? Los autores chinos describieron, con esa obra, los límites del nomos que nos ha regido desde 1648 y 1945 y la crisis en que estos se encuentran por su caducidad. Las causas que esgrimieron estos autores estaban relacionadas con los cambios sociales y los avances tecnológicos que habían producido una brecha entre lo establecido y lo existente que obliga a pensar de nuevo a cerca de una de las expresiones de nuestra condición humana. La causa de esta afirmación obedece a que si entendemos como un acto violento aquel realizado para producir un ‘daño’, podemos decir que hay infinitas formas de hacer ‘daño’ de manera intencional y organizada cuyo efecto puede ser el mismo, desde la perspectiva política, al provocado por una confrontación violenta de forma inmediata (violencia en sí misma) o mediata (erosión, corrupción, etc.).

La problematicidad  a la cual hicimos mención en la obra de Qiao y Wang  tiene dos vertientes: por una parte, históricamente hemos tendido a visualizar la guerra según los chinos desde dos ángulos de análisis: en primer lugar, la obra de Sun Zi y, en segundo lugar, los escritos de Mao Zedong y, por la otra, desde un enfoque Occidental hemos indicado en trabajos anteriores la problemática que representa la palabra ‘guerra’ desde sus orígenes en relación con las palabras ‘polemos’ y ‘bellum’[2].

Desde la perspectiva china podemos decir que el conflicto violento se denota con las palabras ‘bing fa’[3], pero estas palabras refieren el arte de hacer daño, no denota al estado en que esto acaece. Las palabras que denotan dicho estado son: ‘zhan zheng’ que se deriva del yin yang y refieren al libro de las mutaciones, o sea que desde la perspectiva china no podemos entender el conflicto violento sin considerar el cambio tal como nos lo enseñó Heráclito el oscuro. Si consideramos a Mao Zedong podemos decir que él sintetizó ambas palabras para poder llegar al estado eirénico de paz con el fin del capitalismo[4]. La pregunta que surge en este momento es: ¿Por qué nosotros los Occidentales tenemos que expresar nuestra condición humana en ese campo aprendiendo cosas chinas? La respuesta a esta pregunta puede ser hecha simplemente usando un aforismo de Sun Zi, o sea, “conoce a tu enemigo…”, pero hay otra, Mao Zedong produjo una síntesis del pensamiento Occidental (Clausewitz, Lenin y Abdelkrim o T.H. Lawrence) con el Oriental y hoy en día estamos viviendo un ricorsi de esa síntesis.  

En Occidente, las palabras ‘polemos’, ‘bellum’ y ‘guerra’ sufrieron una síntesis producto de un proceso de institucionalización que tuvo aparejado el desplazamiento de significados que ocultaron el significado original de estas palabras e hicieron que se definiera convencionalmente qué se entendía por ‘guerra’ y qué se entendía por ‘paz’ a pesar de las mutaciones indicadas según el Tao Te King, de la armonía de los contrarios según los fragmentos heracleiticos o de la conflictividad global que estamos viviendo en un contexto donde hay un empeño de ajustar las cosas a conceptos que perdieron su consistencia para negar la realidad que tenemos en frente. Un ejemplo de ello es el empleo de la expresión ‘guerra de cuarta generación’. Pensar en una guerra de cuarta generación supone la subsunción de las formas anteriores, no su exclusión. Este hecho produce muchos equívocos en la toma de decisiones hoy en día, al menos en Venezuela. 

Ahora bien, esta situación no es nueva. Karl von Clausewitz comenzó su obra inconclusa Vom kriege haciéndose la pregunta con que titulamos estas reflexiones: Was ist der krieg? Este autor se hizo esta pregunta porque él vivió un periodo de conflictos en Europa producto de la revolución francesa que se salió de las convenciones existentes y su esfuerzo de racionalización inacabado buscó comprender el conflicto a la luz de la experiencia vivida y de los cambios que dicho fenómeno había sufrido. Por ello, no vamos a usar la palabra ‘guerra’ sino la palabra ‘bellum’ por considerarla más precisa con las normas existentes porque ello nos va a permitir entender a posteriori el significado real de la palabra ‘guerra’.

Así pues, la salida de los límites de una expresión de nuestra condición humana nos obliga a pensar fuera de los límites para tratar de entender la realidad que nos abruma, es decir, la guerra en el mundo de hoy teniendo presente que navegar más allá de dichos límites nos coloca en diferentes aguas, es decir, las teológicas y las estéticas vistas sólo desde la capacidad de juzgar reflexivamente. Para ello vamos a examinar las palabras que denotan el conflicto violento desde el punto de vista genealógico, luego vamos a analizar el conflicto violento desde el plano teológico y finalmente vamos a analizarlo desde la perspectiva estética trascendental, para poder crear las condiciones de posibilidad de pensar el conflicto violento en el mundo de hoy desde fundamentos más firmes que permitan actuar efectivamente para capear el temporal en que estamos inmersos.

1.- La semántica del conflicto violento

Si bien nosotros, desde la perspectiva de Occidente, nos hemos anclado semánticamente en conceptos como polemos o bellum, lo cierto es que no conocemos el origen de estas palabras. Sólo sabemos que el griego y el latín son dos lenguas cuyas raíces se remontan al sanscrito y se desarrollaron como consecuencia de su aislamiento con respecto a sus metrópolis originarias. Ahora si consideramos lo que denotaban nos encontramos que en latín bellum denotaba ‘duorum bellum’ o sea duelo de dos. Este duelo partía de la existencia de un acuerdo para iniciarlo y para cesarlo y unas reglas para llevarlo a cabo. La palabra ‘polemos’ que proviene de la raíz ‘pallò’ (lanzarse, tirarse) también tenía la misma acepción latina. El asunto que se nos presenta es por qué estas palabras perdieron su consistencia histórica, por qué en español, inglés, francés, italiano y portugués tiene la denotación del conflicto violento una raíz común muy distinta, es decir, ‘werra’[5] y en alemán esta diferencia es más notoria, es ‘krieg’[6].

Con respecto a la pérdida de consistencia de las palabras ‘polemos’ y ‘bellum’ podemos decir que su declive vino aparejado con las civilizaciones que usaron la palabra y la pusieron en práctica, me refiero al mundo griego y Roma. Aquí surge otro interrogante: cómo ‘bello’ pasó a denotar otra cosa diferente, es decir, cómo desplazó su significado. Creemos que la clave está en la palabra ‘proporción’. La palabra que denotaba algo perfecto que podía entenderse como hermoso, noble, famoso, ordenado, proporcionado era ‘pulchrum’. Ahora, ¿cómo bello desplazó su signo y su significado y dio paso al término “guerra”, una palabra de origen alemán? Y ¿cómo se convirtió la palabra “pulchrum” en la palabra “bello” como la conocemos hoy día?

Como ya indicamos la palabra guerra se introdujo por infiltración y pasó a ser una manera despectiva de los latinos para calificar las formas de lucha que no se ajustaban al bellum romano caracterizado por su ordenamiento, proporción y efectividad en el plano político. La mejor manera de visualizar la proporción entre bellum y otras formas de lucha se observa a inicios del film ‘Gladiador’ y la batalla de Germania[7]. Con el fin del imperio romano en Occidente, se perdió su forma de combatir y entró en desuso la palabra bellum, quedando en su lugar la palabra “guerra” en el lenguaje común por ser expresión de las prácticas habituales de hacer duelos como nos las describió Johan Huizinga en El Otoño de la Edad Media. Pulchrum, por su parte, mantuvo en la edad media, según Cassirer, un lazo con ‘bonum’ que mantuvo, a su vez, al arte sujeto “a una esfera teológica y metafísica” que comenzó a relajarse en el Renacimiento conquistando su autonomía tres siglos después[8]. La proporción, o sea, la medida va a ser uno de los elementos que va a distinguir bellum y guerra desde una perspectiva estética y va a impedir que se comprenda su naturaleza.

En relación con la palabra ‘werra’ ya hemos indicado que proviene de los territorios que hoy conforman Alemania. Para los antiguos alemanes esta palabra tuvo, al parecer, dos orígenes: el primero, “Gewerr” (enredo) o “gewirr” (caos) que denotaba los cambios imprevistos del rumbo de las cosas por los flujos y contraflujos producidos cuando dos torrentes de un río confluían en un mismo punto. En el segundo significado, muy relacionado con el primero, la palabra “werra” denotaba mezcla. Esta palabra a su vez provenía de la palabra (fir-) werran que significaba embarullar, enmarañar, confundir. La palabra “werra”, era entonces una expresión, un grito, usado por los germanos cuando combatían. En este modo de combate no había un inicio y un fin, sino era un estado donde los actos de fuerza se podían presentar en cualquier momento y en forma permanente. Posteriormente, los pueblos de la Europa Occidental modificarían la palabra “werra” y la derivarían en las expresiones “guerra” o “warre” (war) para expresar un estado y los actos que de ese estado de inseguridad se presentaban.

La importancia de la insistencia en cuanto a su acotación obedece a que ese era un estado que generaba angustia, miedo por la imprevisibilidad y terror que nos permite asociar las palabras ‘guerra’ con ‘Terrorismo’. Creemos que el terrorismo, una palabra introducida por Robespierre en el plano político y que adquirió relevancia con las formas de hacer daño en el siglo XX, es el punto de confluencia de ‘bellum’ y ‘guerra’ porque representa una expresión paradigmática de la violencia primigenia que podemos observar desde la existencia de armas de destrucción masiva hasta la ejecución de actos de violencia extrema con medios ilimitados y de bajo consumo según la tesis de Qiao y Wang, por lo que el terrorismo es el acto violento para producir daño realizado en un estado caracterizado por el terror (werra). En la palabra terrorismo confluye el azar, la naturaleza cambiante (“Der Krieg ist also… ein wahres Chamäleon”) y el odio, la enemistad y el instinto ciego primigenio en su esencia que señaló Clausewitz y nos indica su inconmensurabilidad desde una perspectiva estética.

Finalmente la palabra ‘krieg’ es la palabra con que históricamente se denota en alemán el conflicto violento. Creemos que su origen es indio. Proviene de la palabra kshatriyas (chatria) que denotaba administradores y guerreros. Esta palabra mutaría en ‘karja’ o ‘xarja’ (en indo-iranio) y otras derivaciones como el lituano y a Occidente evolucionarían en la palabra ‘krieg’ como se denota ‘guerra’ en alemán o ‘kata’ como las formas de combate en el karate japonés por citar sólo dos ejemplos extremos desde la perspectiva geográfica.

Así pues, bellum (terrorismo), en tanto que medio, es el acto que se realiza de manera declarada o no declarada en un estado de guerra (werra) o de terror. Estos elementos, es decir, bellum dentro de un estado de terror fueron los elementos que caracterizaron la guerra que dio origen a la Paz de Westfalia, esto es, la guerra civil alemana o Guerra de los Treinta Años que involucró a Europa y el Cercano Oriente y se extendió a gran parte del mundo. La mención a la guerra civil vista como una situación excepcional nos resulta pertinente debido a que Giorgio Agamben, yendo más allá y pensando el terrorismo como un modo de hacer la guerra, ha indicado que esta es la forma de enemistad que se corresponde con la stasis (discordia y quietud) que hemos venido indicando, con lo cual es posible pensar que la manera en que hoy en día se presenta el conflicto violento, desde otro ángulo de análisis, es mediante la ocurrencia de un fenómeno de este carácter interno indicado por Agamben y eventualmente la disolución de una comunidad política, pero con efectos en el nomos en una escala global[9]. Es decir, ‘lo interno’ dejó de ser la comunidad política en sí misma para ser hoy en día la sociedad de comunidades en condiciones que podríamos decir similares al mundo griego en la época de las guerras del Peloponeso.

Con lo antes mencionado podemos destacar varios hechos a tener en consideración. Estos son: acción más allá de los límites, desplazamiento de significados de las palabras que denotan el fenómeno y su inconmensurabilidad. Esto nos lleva al examen de lo que hay más allá de los límites.

2.- La teología del conflicto violento

Una de las palabras usadas en el parágrafo anterior para describir el conflicto violento fue el ‘daño’ deliberado (perjuicio o menoscabo que se recibe en hacienda, persona u honra). Esta palabra proviene del latín damno que significaba de forma compuesta condenar (cum damnar), es decir, desaprobar, declarar culpable judicialmente a alguien generándole una pena mediante un daño proporcional; y pasó al castellano en doble forma: como damno “condena, pena y castigo eterno a los condenados al infierno” y como daño, es decir, como habitualmente la usamos. La conjunción religiosa, jurídica y habitual del daño nos interesa destacar por sus aspectos morales y rituales desde el mismo momento que a través del mito, es decir, del tejido argumentativo originario, se condena y se hace de la agresión un acto benéfico a partir de la invocación al principio de conexión de lo múltiple ubicado en el plano de lo divino que justifica una acción determinada. A partir de ese criterio es que revisten importancia, en primer lugar, los mitos de Rex y Flamen, Indra Mitra-Varuna y sus diversas derivaciones desde la perspectiva indoeuropea y, en segundo lugar, la explicación posterior de dicho fenómeno a través de las expresiones: trimurti en indio, polemos según Heráclito, zhan zheng en chino, y de ãiãmoriwë (demonio de la guerra) en yãnomãmi.

La invocación al principio, en tanto que primera causa, tiene diversas connotaciones en lo concerniente a quién puede ejecutar una condena y cuáles son las causas que ameritan una condena. Esto nos lleva al concepto de ‘iustum bellum’ que al igual que ‘bellum’ sufrió un proceso de transformación en el tiempo. Cicerón fue el primer autor que usó la expresión ‘bellum iustum’. Él al respecto afirmó que

“son injustas las guerras que se acometen sin causa, pues no pueden haber guerras justas si no se hace a causa de castigo o para rechazar al enemigo invasor… y no es justa si no se ha declarado y anunciado, y si no se hace por reclamar la restitución de algo”.

 

Teniendo presente la conceptualización realizada por el pensador romano, San Agustín usó el término guerra justa, dentro de un contexto de descomposición del imperio romano en occidente y de la adopción del cristianismo como la religión oficial, para pensar en un dique, desde una perspectiva moral, que ayudara a reconstruir el orden político romano amenazado tal como puede ser observado en las páginas iniciales de la Ciudad de Dios. El filósofo de Hipona expresó que la guerra era justa porque era la lucha contra el pecado, es decir, era la lucha del género humano contra el mal, esto es, contra los que cuestionaban el orden de Dios. Según él, la guerra era tanto la consecuencia del pecado como el medio para su cura e invocada por la autoridad moral adecuada y de acuerdo con unos motivos justificados, no era sólo una acción de legítima, sino un acto moral beneficioso para todos.  

Si se tiene presente que la filosofía agustiniana fue la que marcó el pensamiento europeo hasta Santo Tomás de Aquino podemos afirmar que en ese tiempo transcurrido, en primer lugar, se mantuvo un estado de guerra (werra) frente a los invasores nómadas provenientes de Asia hasta que las cruzadas reafirmaron el concepto de bellum contra los no cristianos, es decir, los musulmanes, en segundo lugar, estos conflictos contra los musulmanes fueron adquiriendo una práctica que se hizo consuetudinaria generando un nuevo derecho donde bellum pasó a diferenciarse de los conflictos dentro de la cristiandad romana y, en tercer lugar, los conflictos dentro de la cristiandad romana fueron dirimidos de forma violenta de acuerdo con un criterio basado en la justificación moral hasta que comenzaron a ocurrir cambios notables en el seno de las sociedades. Dentro de este marco Santo Tomás de Aquino afirmó que la guerra era un obstáculo permanente para poder llevar a cabo una vida buena porque era ilícita, y era pecado en doble sentido: porque existía y porque se hacía. Ahora para que bellum fuese justo, para un autor que fue protegido por el rey cruzado Luis XII, tenía que cumplir con tres condiciones: debía se emprendida por un príncipe porque a él le competía defender el bien público, se requería una causa justa, es decir, responder a una injuria generada por un daño deliberado y se requería una recta intención, es decir, debía promover el bien o evitar el mal. De igual forma, él indicó los casos en que se podía resistir o deponer u asesinar un usurpador. La resistencia era justa si se hacía antes de que un usurpador se hiciese con el poder y su ejecución era posible sólo cuando no cabía “interponer recurso ante un superior que pudiese juzgarlo”.

Para tener idea de cómo fue el nuevo derecho que se fue gestando (ius ad y ius in bello), en relación con bellum, Huizinga nos ha indicado la fuerte influencia que tuvo el ideal caballeresco en las órdenes militares medievales sobre las prácticas bélicas. Esta influencia la observó en la medida en que en la concepción del conflicto en el derecho de gentes estaba “un elemento de juego”. Sin embargo, esta influencia perdió fuerza por la evolución del arte de hacer bellum, la naturaleza de la amenaza a enfrentar, en este caso, otomana y la conquista de América.

Los cambios sociales que hicieron ver el conflicto violento con una cara externa y una cara interna fueron visualizados por Machiavelli a la luz de los cambios sociales generados por el renacimiento. Después de él fue Francisco de Vitoria quien introdujo cambios importantes al concepto de iustum bellum. Él expresó que era lícito a los cristianos hacer bellum y la república era la que tenía autoridad para declararla y hacerla. La causa justa para hacer bellum no era sólo la defensa, “sino también para vengarse a sí y a los suyos, y perseguir injurias”. La diversidad de religión no era causa justa para hacer bellum, ni el ensanchamiento del Imperio, ni la gloria del príncipe. Su fin era la paz, y en este contexto, el que hacía Ius bellum le eran lícitas todas las cosas que fuesen necesarias para conseguir la paz y la seguridad. El cambio que empezó a producir Vitoria fue profundizado por Baltazar Ayala y Francisco Suárez. Ayala, consideró que la guerra era un acto que se realizaba entre iustus hosti, es decir, entre soberanos estatales reconocidos por el “derecho de gentes”. Él así hizo una diferenciación entre las guerras civiles y la represión contra bandidos, rebeldes y piratas teniendo como foco el levantamiento neerlandés contra España. El Iustum bellum era entonces bellum entre iusti hostes, es decir, que ‘justo’ equivalía a ‘ajustado a la forma’[10].

Francisco Suarez, por su parte, entendió iustum bellum como todo hecho de fuerza justificado en ciertas y determinadas circunstancias incluyendo la resistencia. En relación con la iustum bellum afirmó que era aquella que para realizarse debía reunir tres condiciones: que fuese declarada por una autoridad legítima, que hubiese una causa justa, es decir, “una grave injuria ya consumada que no [pudiese] ser devengada, ni reparada de otra manera” y, que hubiese proporcionalidad con la gravedad de la injuria. En este sentido, la defensa en tanto que un derecho natural: en primer lugar, era lícita y, en segundo lugar, el príncipe estaba obligado a defender a la comunidad política y el bien común. Con respecto a la resistencia, Suarez se focalizó en el examen de las condiciones de posibilidad de deponer un tirano que ha accedido al trono ilegítimamente o de forma legítima. En este sentido consideró que un pueblo puede “emprender… una [iustum bellum], es decir, [una] resistencia activa” al estar amenazado el bien común y la ley natural de una forma existencial y se puede cometer tiranicidio por ser el usurpador un enemigo que ha actuado de forma pública y manifiesta siempre y cuando se haga de forma proporcional con el daño y se restaure el bien común.

A pesar de este proceso evolutivo del derecho de gente, la reforma protestante fue una situación excepcional sumió a Europa en conflictos religiosos por más de cien años imponiendo un modo de ver la realidad que significó el ocultamiento y/o solapamiento, mediante conceptos, de prácticas políticas que habían estado confluyendo en el tiempo a pesar de los cambios sociales que sostenidamente se habían estado produciendo. En cuanto al modo de entender la guerra la bisagra entre la baja edad media y la modernidad la constituyó Hugo Grocio

Hugo Grocio expresó que el uso había hecho que la palabra ‘guerra’ indicase “no la acción, sino el estado”, y ello había determinado que este fenómeno haya sido entendido como “el estado de los que combaten por la fuerza”. Con ello produjo un solapamiento entre lo que entendimos entre estado de guerra y bellum para definir la paz en base al segundo concepto. Este autor neerlandés expresó que la causa justa para hacer bellum era la injuria y ésta se podía manifestar de varias formas: la defensa, la recuperación de las cosas y el castigo. Para que la guerra fuese justa, ius bellum, se requerían dos cosas: que se hiciera de ambas partes por el que en la comunidad política tenía el poder supremo y que se cumplieran ciertas formalidades. Él, al contrario que Santo Tomás y Suarez, no estuvo de acuerdo con que los súbditos de una comunidad se sublevaran en contra del soberano debido a que en cierta forma significaría volver a la stasis. En este marco se circunscribe el Tratado de Paz de Westfalia y el pensamiento de Hobbes.

En el Tratado de Paz de Westfalia se usó el concepto de bellum tal como la entendió Grocio y ésta expresión indicó una situación que consideraba el acto como estado para producir un cambio político. Pero en este tratado, iustum bellum sería aquella que se podía realizar entre iustus hostes, es decir, entre Estados únicamente. Esta ambivalencia sería recogida por Hobbes cuando definió su concepto de ‘Warre’. Teniendo presente este concepto, Omar Astorga tuvo dos visiones con respecto al tema de ‘warre’ en el pensador inglés: uno relacionado con la stásis y el otro relativo a la identificación “entre guerra y política”. Con respecto a la stásis afirmó que, además de ser un problema ideológico, en esta situación excepcional y potencial “en la medida en que no hay poder común que logre unificar a los hombres” permanecerá el estado de guerra y que es a través de esa unificación que es posible que se produzca la paz.

Benedicto de Spinoza, en una concepción realista cercana directamente al pensamiento de Hobbes e indirectamente al de Machiavelli y Suárez buscó que la comunidad política fuese lo suficientemente democrática para que en caso de necesidad de tomar una decisión de hacer bellum esta fuese algo decidido por la mayoría de modo que, el peso de las consecuencias fuese compartido por todos sus miembros. Como se puede observar, bellum en Europa vivió un proceso de cambios de significado donde se pasó de ser un asunto divino o teológico a un asunto racional o teológico-político en concordancia con el surgimiento del Estado-nación. Como la Paz de Westfalia fue un orden que se extendió a todo el mundo, la concepción de bellum con todos los problemas que trajo consigo ocultó también las concepciones y formas de bellum de los pueblos dominados generando, en consecuencia, un doble solapamiento y ocultamiento histórico que hizo del conflicto violento algo inconmensurable. Esta inconmensurabilidad se ha hecho más patente con la crisis del orden westfaliano explicando con ello la incapacidad de comprender la realidad del conflicto en el mundo de hoy en tanto que, en palabras de Xavier Zubirí, apertura del orden en que se encuentran inmersos las comunidades políticas, respectividad de los afectados por la situación, ‘suidad’ en tanto cómo lo real del conflicto afecta a cada comunidad y cada individuo y mundanidad en relación con otros individuos y comunidades.

3.- El conflicto violento desde la perspectiva del juicio estético

En el parágrafo anterior introducimos algunos aspectos estéticos relacionados con la proporcionalidad que permiten mesurar el conflicto bélico. Dijimos también la relación metafísica y teológica de lo bueno con que se sujetó al arte. Lo bueno, en este contexto de medida, es desde la perspectiva kantiana una expresión del juicio crítico reflexivo en la categoría de lo sublime. Lo sublime es una categoría de lo bello que se presenta de un modo en que la afección es provocada por cosas o acontecimientos casi informes o disformes, porque su magnitud sobrepasa cualquier posibilidad de medida provocando admiración o rechazo. Este carácter informe se genera por la incapacidad de sintetizar lo percibido por lo que tenemos que buscar la ley que permite dicha síntesis en la finalidad o teleología para dar cuenta de la realidad a pesar de que podemos percibir la totalidad de lo múltiple que nos afecta. La síntesis, según Kant consiste, en primer lugar, en limitar una diversidad en el espacio y en el tiempo, y una diversidad del espacio y del tiempo mismos para decir eso comienza, eso termina, etc. y, en segundo lugar, en reunir esto limitado con una categoría (cualidad, cantidad, modalidad, relación) de modo que la resultante, un concepto, le permita a un sujeto funcionar o a un decisor político tomar decisiones.

Desde el punto de vista político, para nuestros efectos, Kant reconoce en bellum algo de sublimidad si este se atenía a una serie de requisitos morales previos por el sentimiento que genera la propia posibilidad de representar a la propia naturaleza, desde el mismo momento que engrandece la mentalidad de un pueblo y este logra mantenerse valeroso. El problema que se presenta es cuando no se puede representar a la naturaleza impidiendo la valoración moral como ocurrió, por ejemplo, en la alta intensidad de los conflictos violentos que se generaron como consecuencia de la revolución francesa. Esta incapacidad de juzgar las consecuencias de la revolución francesa hizo que Kant posteriormente desarrollara su obra La Paz Perpetua y la Metafísica de las Costumbre como medio para lograr recuperar una forma de mesura para luego lograr la erradicación de esa forma violenta de dirimir los conflictos. En esta preocupación el filósofo prusiano plantearía dos conceptos de desmesura que obligarían a considerar el juicio reflexivo y serían desarrollados posteriormente: ‘enemigo injusto’ y ‘mal radical’.

El juicio reflexivo al cual hicimos mención fue para Kant, en principio, un juicio subjetivo sin una finalidad específica. Cuando había una finalidad él lo denominó objetivo. En esta objetividad se considera que la percepción de lo múltiple de la naturaleza se es posible determinar una finalidad que permite dar cuenta de la realidad. En este contexto la intuición juega un papel fundamental desde el mismo momento que la entendió en un doble sentido: En primer lugar, como una facultad de conocimiento que crea las condiciones de posibilidad para “la concordancia [contingente] de los caracteres de la naturaleza con nuestra facultad de [producir] conceptos”. Esta concordancia es lo que Clausewitz tratara de encontrar en un mecanismo de mesura frente a la guerra revolucionaria que vivió en lo personal hasta el año 1815. En segundo lugar, cuando se trata de encontrar esta finalidad de la naturaleza en un ser creador todopoderoso, Dios, que explica la armonía de los contrarios y justifica la ‘necesidad’ de obrar de una manera determinada que constituye en sí una forma de desmesura. 

Pero la desmesura se extendería por dos caminos, por el desarrollo de formas de hacer la guerra revolucionaria que harían Marx y principalmente Engels y seguidores (L. Trostky en cuanto al terrorismo, V. Lenin en relación con la guerra del pueblo y Mao Zedong con respecto a la guerra popular prolongada) y por la revolución industrial que permitió el desarrollo de armas cada vez más letales que permitieron la introducción del concepto de guerra total. La confluencia de estas dos formas de desmesura acaeció, por una parte, entre 1914 y 1945 trayendo sus consecuencias hasta el presente y, por la otra, entre 1948 y 1989 desde el mismo momento que a las desmesuras antes indicadas se le agregaron los solapamientos y ocultamientos del modo de entender el conflicto violento en un contexto en que la estructura westfaliana que los fijó se encuentra en crisis y junto con ella toda la estructura de conceptos y valoraciones.

Es importante acotar que Martin van Creveld expresó en The Transformation of War que estos procesos habían hecho que todo el pensamiento sobre bellum y guerra hubiese perdido su consistencia, en especial el clausewitziano. En cierta forma él coincide con nosotros en el sentido que estos fenómenos se han hecho inconmensurables. La diferencia es que nosotros estamos explicando a través del ocultamiento y el solapamiento las causas de la inconmensurabilidad y estamos ubicando ésta en un plano contemplativo o estético. Al respecto, Jürgen Habermas en Pasado como Futuro expresó a propósito de la segunda Guerra del Golfo que bellum se había transformado en una realidad producida, en la muestra de una acción militar “limpia”, desarrollada sin riesgos, eficaz desde el punto de vista técnico, rápida, precisa, realizada de modo de evitar el derramamiento de sangre realizado por una de las partes. Este hecho hizo que este autor pensase que bellum pudiese ser considerado como algo factible desde el punto de vista racional gracias a la estilización, fragmentación de la percepción y abstracción en tal grado que los sentimientos morales y la fantasía podrían ser sometidas a interpretaciones que se podían extender a dimensiones eminentemente políticas.

La ‘estilización’ nos remite a la proporción, o sea, a lo pulchrum o lo bello frente a algo, el oponente, que no estaba a la ‘moda’ produciendo las consecuencias del todo conocida en ese año 1991. Ahora bien la ‘fragmentación de la percepción’ remite a lo inconmensurable que en este caso puede causar miedo o terror a un espectador y lo puede disuadir de actuar de una manera determinada si observamos cuales fueron las consecuencias del oponente que experimentó esa forma de bellum. Pero el filósofo alemán se refirió a bellum, no se refirió a la conjunción que hemos descrito en lo concerniente a bellum y guerra como se observará después de la tercera guerra del golfo en esa región dentro de un contexto signado por la revolución de la información, el desarrollo de nuevas formas de hacer daño, la robótica y hoy en día la Inteligencia artificial. Esto nos trae de vuelta a Qiao y Wang.

Creemos que la incapacidad de mesurar el conflicto actual para poder definirlo y hablar de armonía de los contrarios, según Heráclito, o de progreso según Kant obedece a que los referentes sobre los cuales se hacía bellum se han deshecho por el colapso del referente en sí (orden westfaliano) y por los cambios sociales y desarrollos tecnológicos que ha vivido la humanidad. En palabras de Qiao y Wang estos elementos están haciendo que la tapa que cubre el cofre de Pandora actué como un péndulo que cuando cierra el cofre se progresa y cuando lo abre libera calamidades entendidas como infortunios provocados por causas conocidas o desconocidas. Es decir, podemos afirmar que cuando el cofre se mantiene cerrado el progreso, en la estructura del cosmos, permite el avance armónico de los contrarios, es decir, bellum y paz, y cuando se abre ocurren las calamidades que observamos se presentan de forma no deliberada y deliberada. De forma no deliberada cuando la acción del hombre produce de forma indirecta la calamidad y de forma deliberada cuando la provoca el hombre directamente o cuando acaeciendo la calamidad esta es direccionada intencionalmente con un propósito específico. Esto nos lleva de nuevo a la inconmensurabilidad.

Dijimos que el juicio reflexivo era producto de la capacidad de percibir la totalidad de lo múltiple pero debíamos buscar o producir la ley o categoría que permite producir la síntesis que nos permita dar cuenta del fenómeno o de la realidad. Dado el carácter subjetivo de este juicio pensamos que es desde este juicio reflexivo donde podemos pensar en una nueva mitosis que nos permita comprender la relación entre bellum y guerra desde una perspectiva histórica. Si consideramos el caso específico venezolano desde la respectividad de lo real deberíamos tener presente, para saber ¿qué es la ‘guerra’? lo siguiente:

·         Desde la mundanidad, el orden westfaliano que era el referente está en crisis y ello produjo una apertura de las formas de bellum que habían estado represadas como consecuencia dentro de un contexto signado por cambios sociales y desarrollos tecnológicos.

·         La crisis del orden westfaliano en sí se expresa en la oposición entre la aperturidad y la no-aperturidad generando la aparición de múltiples formas de injusticia y de mal rostrificadas mediante el totalitarismo, el control biopolítico y la segmentación social.

·         Desde la respectividad del venezolano como miembro de una comunidad debemos considerar los solapamientos de las formas de conflicto pre-hispánicas, hispánicas (coloniales, fratricidas, internacionales) y la stasis venezolana evidenciada en su anaciclosis desde la perspectiva histórica.

·         Desde el individuo en su ‘suidad’, es decir, en su realidad debe considerar cómo lo real es afectado por los tres aspectos indicados anteriormente y cómo este individuo es frente a eso real y su realidad. Este es el modo en que podrá entender qué es guerra, su guerra, qué es bellum, su bellum y cómo podría hacer bellum y resistencia.

Corolario: La desarmonía de los contrarios

Usando las palabras de los exégetas de Heráclito podemos decir que la realidad se expresa en el movimiento armónico y desarmónico de los contrarios.  Pero estamos considerando que este movimiento constituye una expresión del cosmos en que vivimos. El problema que estamos viviendo es que estamos haciendo una distinción entre Cosmos y Physis. El concepto de Physis que hemos  usado corresponde a la interpretación que hizo el profesor Francisco Bravo de la obra de Heráclito. Esta interpretación se basó en tres postulados fundamentales: que la unidad de los contrarios es el principio de todas las cosas,  que la dinamicidad como expresión de la unidad se construye mediante el cambio y el cambio mediante la unidad y, que unidad y dinamicidad son eternas.  A partir de estas premisas los profesores Francisco Bravo y Ángel Cappelletti afirmaron que, según el efesio, la paz y polemos eran divinas debido a que no había contrarios privilegiados y, consecuentemente, polemos era generadora de armonía puesto que si la acción y la reacción entre realidades opuestas cesaran, el vencedor establecería un dominio permanente y el mundo como tal quedaría destruido.

Creemos que en este mundo el Cosmos ha subsumido a Physis y en este estado la desarmonía de los contrarios se ha presentado porque además de las formas de daño que en sí se tiene en bellum creemos que se han creado las condiciones de posibilidad de usar Physis también para producir daño. Este hecho se evidencia en el hecho de que hoy en día estamos viviendo la misma realidad que hizo que en el Tratado de Paz de Westfalia se solaparan los conceptos de ‘guerra’ y ‘bellum’ en  un contexto signado por el hecho mismo de que la humanidad ha sido sometida a un proceso de objetivación para evitar que siga su propia realidad y su propio devenir. Así pues, el acto de objetivar al hombre es ‘bellum’ y la objetivación en sí misma es ‘guerra’.



[1] Ver al respecto: Qiao, L. y Wang X. (1999). Unrestricted Warfare. Beijing: PLA Literature and Arts Publishing House en https://www.c4i.org/unrestricted.pdf

[2] Ver al respecto: Blanco, E. (2014). De la guerra y la paz: una perspectiva hermenéutica. Madrid. Editorial Académica Española (EAE). 375 p y (2016). Ontología de la guerra. Crítica al concepto de guerra y resistencia en la obras de Hardt y Negri. Caracas. Editorial Rivero-Blanco. 476 p.

[3] Sun Zi. (500 a.C./1996). Arte de la Guerra. Beijing. Ediciones en Lengua Extranjera.  106 p. Para otra versión de la obra, ver: Sun Tzu (1998). El Arte de Guerra. Versión de Thomas Cleary. (T. A. Colodrón). Madrid. Editorial Edaf.  224 p

[5] En rumano se denota como ‘război’, es decir, lucha.

[6] A este punto podemos decir que las palabras que denotan el conflicto violento en indio es ‘yuddha’, en lengua aymará es ‘awqasiña’ y yãnomãmi es ‘nini tihetimapou’, pero esta última está más relacionada con el estado de conflicto que con los actos en sí mismo.

[7] Ver al respecto: Gladiador en https://www.youtube.com/watch?v=X8BZ-raMIJ0

[8] Ver al respecto: Cassirer, E. (1927/1951). El Individuo y el Cosmos en la Filosofía del Renacimiento. Buenos Aires. (T.A. Bixio). Emecé editores. 147 p.

[9] Ver al respecto: Agamben, G. (2015). Stasis. La guerra civile come paradigma político. Homo sacer II, 2. Torino. Bollati Boringhieri. 83 p.

[10] Hubo otro autor, Alberico Gentili que indicó que la guerra era un contencioso público armado que debía ser formalmente declarado una vez que la necesidad fuese probada, y la paz debía ser el fin de la confrontación. Él estableció tres tipos de causas para iniciarla: divinas, naturales y humanas. Como causa divina estaba la justificación de hacerla contra un pueblo que careciera de religión. Las relacionadas con derechos naturales tienen que ver con pasaje, comercio y navegación. Las causas humanas son la violación de un derecho garantizado por las leyes de los hombres.


viernes, 3 de julio de 2020

¿QUÉ ES LA PAZ?


Flor Izcaray hizo una reflexión sobre la paz que invita a detenerse un momento a preguntarse ¿qué es la realidad?https://twitter.com/FlorIzcaray/status/1269716709121970178?s=20, debido a que también nos encontramos frecuentemente con expresiones de parte de la tiranía que nos hacen dudar como, por ejemplo, que su propósito es ‘preservar y defender la paz’, pero ¿Qué es la paz cuando hemos estado viviendo las penurias de un estado de guerra al menos de manera efectiva en el ámbito político desde el año 2001 y de manera personal desde el año 2014? Para tratar de responder esta pregunta vamos a hacer una nota introductoria, luego haremos una genealogía del concepto de ‘paz’ y finalmente analizaremos cómo la paz westfaliana nos ha llevado hasta el presente.


Prolegómeno  [1]


El año 2000 fue declarado como el año internacional de la cultura de la paz, es decir, un año antes del inicio de la Guerra contra el Terrorismo y dos del inicio de la guerra más allá de las reglas en Venezuela. En ese entonces se definió la paz como “un concepto autónomo, en el sentido de la tranquilidad de espíritu, o en función de la condición política del hombre, equivalente a orden social y también en relación con su antónimo, es decir, ausencia de guerra”[2]. Aquí podemos observar que dicho concepto apunta en dos direcciones: al individuo en sí mismo (tranquilidad de espíritu) y a su relación con los otros (orden social). Lo que llama la atención es que la palabra orden social’ se presta a muchas y ambiguas interpretaciones debido a que, como veremos, una de las causas de conflicto entre comunidades políticas obedece al acaecimiento de problemas dentro de una comunidad que se propaga a la constelación de Estados. Esta circunstancia ha hecho que se entienda también la paz como concordia en el plano político o como “…pública tranquilidad y quietud de los Estados…”, pero cómo puede haber tranquilidad en un contexto de cambios sociales. Creemos, como veremos, que en un contexto de cambios sociales, la quietud es una causa de conflictos.


Desde esta perspectiva nos encontramos que antes de los griegos existieron dos referentes que nos permiten introducirnos en el tema de la paz: el Código de Manú y el Código de Hammurabi. El primero se orientaba a la tranquilidad de espíritu en relación con la comunidad política. El segundo se orientó a la seguridad de la comunidad en relación con las amenazas externas como se evidencia en este extracto:


“Yo soy Hammurabi, el rey perfecto... Les fui buscando lugares tranquilos, resolví las dificultades más duras, les hice salir la luz. Con el arma poderosa que me habían prestado el divino Zababa y la divina Ishtar, con la agudeza que me destinó el divino Ea, con la fuerza que me donó el divino Marduk, aniquilé a los enemigos arriba y abajo, extinguí la resistencia, y volví placentera la vida del País. Asenté a la gente aglomerada en regadíos, y no dejé pasar a nadie que los pudiera inquietar. Los Grandes Dioses me llamaron: yo soy el único Pastor Salvífico, de recto cayado, mi buena sombra se extiende por mi capital, llevé en mi regazo a la gente de Súmer y Acad, han prosperado por la Virtud mía, los he conducido en paz, los he resguardado con mi perspicacia. Para que el fuerte no oprima al débil, para garantizar los derechos del huérfano y la viuda, en Babilonia, la capital cuya cabeza exaltaron Anum y el divino Enlil…”.

 

Con lo antes indicado podemos afirmar que, en principio, ‘Paz’ se ha entendido históricamente como ausencia de guerra, pero guerra, como veremos es un concepto equivoco, por ello hablaremos de bellum. De acuerdo a la RAE la palabra ‘paz’ significa: Tranquilidad pública y quietud de los Estados; estado o condición de seguridad, justicia, tranquilidad, serenidad; virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego; tratado o convenio que se concuerda entre los gobernantes para poner fin a una guerra. Proviene del latín pax, pacis, pacem (que derivó: en alemán frieden, en inglés, peace, en francés paix y en italiano, pace) y proviene de la raíz `paç´ igual a `pag´ o `pak´, que significaba legar, unir, saldar y se usaba para denotar los acuerdos concluidos por los romanos con sus enemigos para finalizar bellum. Como se observa, así como bellum requería de una declaración para su inicio, `pax´ o `pacem´ era el acto que convertía el bellum, en otro estado de no-confrontación violenta. Esto nos lleva a examinar el devenir de la palabra ‘paz’ desde el mundo griego.


El devenir de la palabra ‘paz’


Para los griegos, existió una palabra que denotaba una situación de orden, bienestar y sosiego. Esta expresión era ειρήνη (eirene) y no excluia πóλεμον (polemos), es decir, el conflicto. Esta palabra eiréne designaba una relación entre griegos y excluía a los bárbaros con los cuales estaban en polemos de forma permanente y evocaba en la poesía griega la amistad entre los hombres y la felicidad, es decir, la belleza de la vida. Además de ello podemos decir, siguiendo a Ángel Cappelletti, que para Heráclito “polemos es paz, constituyendo éste el Cosmos donde se da la unidad de los contrarios, y paz el fuego, donde todos los contrarios se identifican, unificándose”. Más adelante, agregó que “la sociedad y la polis, como partes del Cosmos, pertenecen al dominio de polemos. Pero en cuanto el fuego es Cosmos, polemos es paz. Lo cual significa que polemos, al producir en los miembros de la sociedad cambios de posición y de condición, transforma a todos en todos, y establece entre ellos una unidad que equivale a la paz”. En este orden de ideas, Francisco Bravo afirmó que según el efesio, “la paz y la guerra eran divinas debido a que no había contrarios privilegiados y, consecuentemente, la guerra era generadora de armonía puesto que si la acción y la reacción entre sustancias opuestas cesaran, el vencedor establecería un dominio permanente y el mundo como tal quedaría destruido”. De aquí se infiere que la paz o eirene coexistía con polemos o bellum.


En Heráclito podemos decir entonces que `polemos´ era un estado que significaba `guerra´ o dicho de otra manera, cambios inesperados, y estaba asociaba con physis (jusiz). Fue, al parecer, durante el periodo que comprendió las denominadas Guerras del Peloponeso que la palabra eirene asumió el significado de paz tal como veremos fue entendida por los romanos. El estado de guerra que vivió el mundo griego lo denominó Tucidides como stasis (discordia) por lo que eirene, entendida como paz, comenzó a ser vista como una fuente potencial de posibilidades para la vida feliz, buena y por ende bella. Aquí se puede ir visualizando que la palabra `guerra´ la estamos usando en un sentido diferente a ‘polemos’ o ‘bellum’. Específicamente la estamos asociando a un estado que es similar a ‘stasis’.


Para Platón polemos era un estado natural y eirene sólo un nombre. Para Aristóteles la renuncia a polemos como la manera natural de resolver los problemas comunes es una condición de la polis debido a que el propósito de la vida es la abundancia y la riqueza. Pero Alberto Rosales hizo una conceptualización de la situación del hombre antes y en la polis que nos van a ayudar a entender polemos y el estado de discordia dentro de una comunidad política que nos permite dar consistencia a la diferenciación que hicimos entre bellum o polemos y estado de guerra. Rosales, interpretando a Aristóteles, definió stasis, en relación con el movimiento y el cambio, como discordia y quietud, es decir, como la praxis (política) no tiene límite, o sea, es un movimiento que en sentido amplio significa cambio, este cambio es lo que le permite a Rosales afirmar que praxis es ser-en-acto a pesar de que se extienda en el tiempo, por lo que ser en el tiempo es estar en armonía con el cambio como condición de posibilidad de ser oponiendo, en consecuencia, a la palabra práxis, como expresión de la polis, la palabra stasis, que interpreta como quietud y fuente de discordia[3]. En otras palabras, la quietud es desarmonía y en consecuencia, discordia. Esta quietud y discordia es lo que expresa una situación desarmónica en la polis que puede provocar cambios políticos, y polemos era el estado anterior a la polis. Polemos o bellum, una vez constituida la polis se hacía contra los que no eran miembros de la polis. Por otra parte, Aristóteles aun admitiendo que la vida de la polis y la de los individuos no fuese habitualmente la polémica, siempre es necesario hacerse temible a los potenciales enemigos. Así pues polemos no se hacía sino con la mira en la paz vista como condición de posibilidad de eirene.


Para los romanos la paz era un acuerdo que cesaba bellum, pero, cuál era la esencia de este acuerdo en un contexto donde la frase si quieres la paz prepárate para la bellum atribuida a Vegecio era la consigna que marcó el quehacer político en ese orden histórico. Al respecto, Hannah Arendt indicó que


“en Roma la virtud humana más alta estaba representada por la fundación de nuevos Estados o por la conservación y aumento de los ya fundados… por ello, el cambio y la permanencia aparecieron, para bien y para mal, indisolublemente unidos a lo largo de la historia de Roma, en la que el cambio sólo podía significar el incremento y la ampliación de lo antiguo”.

 

La importancia de esta citación se debe al hecho de que, para la filósofa, la “paz estaba predeterminada por una alianza de las partes en conflicto que se convierten en asociados en virtud de la nueva relación surgida de la propia lucha y confirmada por el derecho romano”. Así pues, el cambio, como estado fue entendido como una superación de una situación previa donde estaba subyacente el estado de guerra y bellum. Después con el advenimiento y consolidación del cristianismo, San Agustín hizo un aporte importante en relación con el concepto de ‘paz’ como se puede observar en su obra La Ciudad de Dios.  Si bien para el obispo de Hipona la paz verdadera sólo se podía alcanzar en la vida eterna, también era un bien que se podía alcanzar en la vida terrena.


Porque es tan singular el bien de la paz, que aún en las cosas terrenas y mortales no sabemos oír cosa de mayor gusto, ni desear objeto más agradable, ni finalmente podemos hallar cosa mayor”[4].

 

Pero la paz terrenal es precaria debido a que todo lo creado está expuesto a la corrupción, es decir, a la stasis como la interpretamos con el apoyo de Rosales, por lo que ese todo de las relaciones humanas va a depender de la propia actitud y disposición de los hombres desde el mismo momento que la paz terrena puede ser vista como la condición de posibilidad de la paz eterna en la medida en que posibilita las relaciones sociales y la sustentabilidad de un orden social y político donde bellum esencialmente era la lucha justa contra el mal y el pecado. De ahí la importancia que para él tuvo el Imperio Romano puesto que fue el medio que permitió de forma menos problemática que la palabra de Dios se propagara gracias a la expansión de la Iglesia.


El problema de la corrupción para San Agustín nos permite hacer una acotación con respecto a la palabra ‘guerra’. Como se sabe la justificación de la obra La Ciudad de Dios fue para exculpar a los cristianos de los desmanes que sufrieron Roma y, posteriormente, algunas ciudades estrechamente vinculadas al hiponense luego que las instituciones romanas de esa parte del imperio entraran en decadencia con el traslado de la capital a Constantinopla. Estas ciudades, especialmente Roma, estuvieron sometida a un estado de inseguridad permanente y fue en este estado de inseguridad en que entró en escena la palabra ‘guerra’. Según Corominas la palabra ‘guerra’ fue usada primeramente de forma despectiva por los latinos para calificar las formas de luchar que no se ajustaban al bellum romano. No ajustarse en un doble sentido: guerra no era un acuerdo para pelear y era un estado permanente. De dónde entonces viene la palabra guerra. De los territorios que hoy conforman Alemania.


Para los antiguos alemanes esta palabra tuvo, al parecer, diversos orígenes: el primero, “Gewerr” (enredo) o “gewirr” (caos), es decir, una metáfora relacionada con la palabra “wesser” que denotaba los cambios imprevistos del rumbo de las cosas por los flujos y contraflujos producidos cuando dos torrentes de un río confluían en un mismo punto. En el segundo significado, muy relacionado con el primero, la palabra “werra” denotaba mezcla. Esta palabra a su vez provenía de la palabra (fir-) werran que significaba embarullar, enmarañar, confundir. De ahí surgirían palabras como werre-man (guerre-man, gens d´ armes, guerrero, warrior) y wehr (landwehr, wehrmacht). La palabra “werra”, que era usada cuando combatían los germanos, refirió entonces a un diferente modo de combatir en relación con los romanos. En este modo no había un inicio y un fin, sino era un estado donde los actos de fuerza se podían presentar en cualquier momento y en forma permanente. Posteriormente, los pueblos de la Europa Occidental modificarían la palabra “werra” y la derivarían en las expresiones “guerra” o “warre” (war) para expresar un estado y los actos que de ese estado de inseguridad se presentaban.

Así pues, siguiendo con nuestra línea discursiva Santo Tomás de Aquino afirmaría que bellum era un pecado y era contraria a la paz. Hay que recordar que en su época las cruzadas estaban en declive y el mejoramiento de las condiciones de vida de los europeos incidió en una mayor exigencia de autonomía y ello fue fuente de conflictos en relación con Roma. La paz consecuentemente fue vista por el aquitense como concordia y tranquilidad del orden. Para Marsilio di Padova la tranquilidad era "la disposición óptima de la ciudad instituida según razón". El desorden, o sea la stasis, es interior, bellum es exterior. Así pues,


“la tranquilidad será la buena disposición de la ciudad o del reino, en la cual cada una de sus partes puede realizar perfectamente las operaciones convenientes a la naturaleza según la razón y su  constitución. Y como el que bien define, significa igualmente su contrario, la intranquilidad será la mala disposición de la ciudad o del reino, como la enfermedad del animal, por la cual están impedidos todos o algunos de sus miembros para hacer sus operaciones propias, tomados aparte absolutamente, o en un conjunto y funcionamiento total”.

 

Como se puede observar en esta cita de la obra El Defensor de la Paz, su preocupación estaba orientada a la constitución de la ciudad o el reino frente a Roma en un contexto signado por la represión, la censura que afectaría a otros contemporáneos como Dante, Eckhart y Ockham y por el conflicto entre Roma y el imperio que llevará más adelante a la reforma protestante. Para Marsilio entonces la paz estaba asociada con el buen ordenamiento de la ciudad.


Francisco Suárez entre el renacimiento y la modernidad se volcaría sobre el pensamiento aristotélico y las nuevas corrientes de pensamiento iniciadas, entre otros, por Francisco Vitoria, para asociar el concepto de paz con la ley. En este sentido expresó:


“…frente a la familia como sociedad embrionaria e imperfecta, hay que estudiar la sociedad civil o política como sociedad perfecta. Una sociedad que no tiene como fin formar hombre buenos, sino convertir a los hombres en buenos ciudadanos en la vida temporal, persiguiendo de consuno el bien común en justicia y en paz…, para que esta sociedad se pueda desarrollar y cumplir sus fines, se hace preciso contar con la autoridad legítima con capacidad para legislar y de hacer cumplir la ley… esa autoridad ha sido dada por Dios al pueblo o a la sociedad como su depositaria primigenia”

 

Esta concepción pre-moderna de la paz la vamos a observar también en el mundo islámico. El islam surgió como una revuelta ética contra la moralidad tribal y colocó al Estado y la sociedad al servicio de un individuo cuyo único deber era “superarse para ser digno de encarnar el ideal del que el Profeta ha sido ejemplo perfecto”. Dentro de este contexto, para el Corán la guerra, originalmente, era una obligación no deseada que sólo se hacía con propósitos defensivos y la paz era el camino para el encuentro con Dios en la tierra. Esta concepción de la paz en el mundo islámico entró en crisis con el avance mongol y selyúcida en el este y la decadencia de los reinos musulmanes en la península ibérica como la describió Ibn Rusd (Averroes) en La exposición de la República de Platón teniendo como foco la realidad de los reinos árabes en la península ibérica. Esta decadencia produjo una crisis del orden religioso en el mundo islámico que explicaría muy bien Ibn Jaldún. Esta crisis como indiqué también se presentó en el mundo cristiano.


La crisis del orden religioso cristiano se iniciaría en el siglo XIV y finalizaría en el siglo XVII y tendremos como autores a Nicolás de Cusa proponiendo una paz religiosa en su obra Defensor de la Fe luego de la caída de Constantinopla[5] y haría que la paz fuese vista de nuevo como ausencia de bellum en un autor clásico: Nicolás Machiavelli[6]. Fue en este contexto que Suárez intentó fortalecer la asociación de la paz con la ley antes indicada y Benedicto de Spinoza buscase que la concordia fuese el mejor camino para asegurar la tranquilidad de espíritu y el orden político a lo interno de la comunidad política y a lo externo frente a otras comunidades. Pero el conflicto religioso que se desencadenaría en Europa con la reforma y la contra-reforma sólo cesaría con el tratado de Paz de Westfalia en el año 1648. En este Tratado se declaró a la paz como ausencia de bellum tal como se observa a continuación:

“Sea notorio a todos, y a cada uno de aquellos a quienes toca, o de algún modo puede tocar. Después que las discordias, nacidas hace muchos años en el Imperio Romano, y los movimientos civiles, se han aumentado tanto, que no solo han comprendido a toda la Alemania, sino también a algunos reinos muy cercanos,..., de tal manera que se ha originado una continua y cruel –Bellum-..., de que se ha seguido gran efusión de sangre cristiana con la desolación de muchas Provincias. Finalmente la Divina Bondad ha dispuesto, que se haya pensado de ambas partes en una Paz universal”.

 

En este tratado se tomaron como principios de derecho una serie de propuestas realizadas por H. Grocio que regularon el comportamiento de las principales monarquías europeas y determinaron la naturaleza de los estados de paz cristiana y bellum dentro del contexto de la declaración o enunciación a la contraparte. Así pues, el derecho fue lo que determinó la diferencia entre un estado de paz y bellum, ocultando el estado de fuerra y este derecho al final de cuenta lo que hizo fue recoger una practica antigua y común en una espacio que se rigió bajo los dictámenes de Roma. Esta afirmación obedece a que en el artículo XVII (4) de dicho acuerdo se contempló que “… aquel que contraviniere esta paz pública, incurrirá ipso jure & facto‘ en la pena impuesta a los infractores de la paz y se demandará contra él la restitución y cumplimiento …” y el parágrafo (6) agregaba que “… si en espacio de tres años no se terminare la diferencia … estarán obligados a tomar las armas … para repeler la injuria … después de haber sido informado el agraviado de no haber seguido las vías de amistad y justicia …”.

Con este hecho se creo las condiciones de posibilidad de considerar la paz como un momento de la guerra, es decir, la paz era el momento de preparación para la guerra como lo denunciaría más tarde Kant en la Paz Perpetua y Clausewitz para delimitar su obra vom Kriege. Hobbes al efecto fue más radical al indicar que `warre´ no sólo consistía en el acto de luchar, sino que era un periodo en que la voluntad de confrontación violenta era suficientemente declarada. Todo otro tiempo era tiempo de paz. A este punto se puede entender ahora porque distingo las palabras ‘guerra’ de ‘bellum’: la guerra fue un estado permanente y bellum es un duelo entre individuos o entre comunidades políticas realizado por un acuerdo. Es decir, con el decaimiento del latín como lenguaje universal se fue produciendo un solapamiento de significados donde se ocultó un significado (estado de guerra) que nos permite ahora entender cómo habíamos vivido en paz con misiles balísticos estratégicos apuntándose de hemisferio a hemisferio por bastante tiempo para decirlo de una manera gráfica.

Creo que es suficiente aquí con indicar que el orden dictado por la Paz de Westfalia se extendió a todo el mundo. La Conferencia de Viena del año 1815 y la conferencia de Berlín de 1885 pueden ser vistas como mecanismos de ajuste sistémico para mantener la paz vista como ausencia de bellum entre sus miembros aunque ello no significase la paz para los que no eran miembros. Veamos ahora cómo evolucionó el concepto de paz teniendo como fundamento el orden westfaliano.

La paz westfaliana.

El esfuerzo más serio de erradicar la guerra antes de 1815 lo haría Kant en su obra La Paz Perpetua, una obra que estuvo muy presente en la mente de los autores que promovieron el mecanismo de la Sociedad de las Naciones en el año 1919 después de la Primera Guerra Mundial. En la Paz Perpetua Kant expresaría que

“La naturaleza humana en ninguna parte aparece menos digna de ser amada que en las relaciones mutuas de pueblos enteros. No hay un Estado que esté un instante seguro respecto a otro, en cuanto a su independencia o su propiedad. La voluntad de someterse o de disminuirse recíprocamente es constante; y el armamento defensivo, que a menudo hace que la paz sea más opresiva todavía y más ruinosa para la prosperidad interior que la guerra misma, jamás puede disminuir. Contra esto no hay otro medio posible que (por analogía con el derecho civil o político de los particulares) un derecho internacional fundado en leyes públicas apoyadas por la fuerza, a las que cada Estado tendría que someterse; -pues una paz universal duradera por medio de lo que se llama equilibrio de las fuerzas en Europa es como la casa de Swift, que había sido construida por un arquitecto tan perfectamente según todas las leyes del equilibrio que se vino abajo cuando un gorrión se posó en ella: es una mera quimera”.

 

Como se puede observar, Kant pensó la paz a partir de la relación entre Estados. Dentro del Estado, su apuesta fue una estructura moral basada en el imperativo categórico que estaba apoyada por dos vías: la religión racional y la fe en la ilustración. Kant realizó ese opúsculo la Paz Perpetua que sería complementado posteriormente en su Metafísica de las Costumbres luego que Europa se hubiese sumergido en las guerras de la revolución francesa y del imperio. La revolución francesa con el cambio, o mejor dicho con la reafirmación del paradigma suareciano de la soberanía popular que en la época ilustrada lo reedito Rousseau, inauguró lo que podríamos llamar la democratización de la guerra y/o de la paz desde el mismo momento que ‘los ciudadanos’ fueron los que teóricamente podían decidir la invocación y la asunción de cada estado (paz o guerra). En todo caso, entendidas así las cosas, la paz en ese entonces fue una abstracción. La `paz‘ fue un momentum de la guerra, de no-bellum, pero con miras ab bello. El concepto de `paz´ se mantuvo asociado a la idea romana de un acuerdo, por lo que se puede afirmar que los conceptos de `guerra´ y `paz´ no eran contrarios ni contradictorios, más los conceptos de `bellum´ y `paz´ si eran contrarios. En todos esos momentos, los individuos podían desplegar sus facultades para la felicidad, el bienestar y el sosiego (eirene) en función de sus necesidades.


Clausewitz buscó con su obra que bellum volviese a ser como era antes de la revolución francesa. Pero dos cosas acaecieron que hicieron imposibles este esfuerzo: en primer lugar, la irradiación de las guerras revolucionarias europeas en los procesos independentistas hispanoamericanos y su reculada posterior en los movimientos independentistas y nacionalistas europeos y, en segundo lugar, la revolución industrial que estaba acaeciendo en ese período. Ambos procesos hicieron inviable el concepto de paz como ausencia de bellum y sumergieron a la humanidad en un estado de guerra permanente en su acepción antigua de una forma tal que P. Proudhom en Guerra y Paz expresó que la paz obtenida por la espada no era más que una tregua y L Tolstoi nos mostrara la verdadera dimensión del sufrimiento de la gente y el valor de la tranquilidad espiritual en Guerra y Paz. La causa de esta afirmación obedeció a que Carlos Marx y posteriormente él junto con Engels entendieran la `paz‘ como más asociada con el significado original de la expresión `eirene´, pero el camino que concibieron para alcanzar esa paz-eirene estuvo condicionado por las interpretaciones que hicieron de la obra de Clausewitz, en especial, el capítulo referido al pueblo en armas[7]. Esto nos llevó al proceso que condujo al fin del orden westfaliano y al inicio de un nuevo estado de guerra cuyo inicio se ubica en la revolución rusa y el Tratado de Paz de Versalles en el año 1919 y padecemos hoy en día[8].


Como se sabe, la Primera Guerra Mundial terminó con procesos revolucionarios en Rusia y las potencias centrales. El estado de guerra que se produjo después hizo que la Segunda Guerra Mundial fuese bellum entre los grandes beligerantes a pesar de la iniciativa Briand-Kellogg de 1928 y stasis para el resto de los países. Este hecho posteriormente hizo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) fuese una estructura hecha para suprimir los conflictos entre Estados. De hecho, la paz no está definida en su Carta constitutiva sino en sentido negativo, como la ausencia de amenazas y de guerra. Es decir, los propósitos de las Naciones Unidas en su artículo 1º son: “Mantener la paz y la seguridad…, y con tal fin: tomar medidas… eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones… susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz…”. El Artículo 2 expresa que para la realización de los Propósitos consignados en el Artículo anterior, se procederá de acuerdo con los siguientes Principios: “… se arreglarán sus controversias por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad… ni la justicia” y los Estados “se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos” de la organización. De igual forma, en su Artículo 23, expresa la composición del Consejo de Seguridad y el Artículo 24 establece que “A fin de asegurar acción rápida y eficaz…, sus Miembros confieren al Consejo de Seguridad la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales, y reconocen que el Consejo de Seguridad actúa a nombre de ellos al desempeñar las funciones que le impone aquella responsabilidad”, y en el desempeño de dichas funciones, el Consejo de Seguridad procederá de acuerdo con los Propósitos y Principios de la ONU.


Sin embargo, el Articulo 51 estableció que “Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales”.


La legítima defensa indicada en esta carta es lo que nos dice que la paz que vivimos es un estado de guerra tal como nos lo indicó Hobbes. Esto no quiere decir que desde el mismo seno de la organización hayan surgido iniciativas para la paz, pero esta paz sigue vista como ausencia de guerra. Una iniciativa en este sentido la constituye la denominada como Paz sostenible concebida por Boutros Boutros-Ghali en 1992.


Este concepto en su acepción más común tiene que ver con las acciones para identificar y apoyar estructuras que tiendan a fortalecer y solidificar la paz, y evitar que una sociedad recaiga en un conflicto, pero ello supone la desaparición del estado de guerra a pesar de considerar, entre otros, el problema del desarrollo y la protección de los derechos humanos. Al focalizar este concepto de Paz sostenible en “una sociedad” para que no “recaiga en un conflicto” se está reconociendo que la estructura de la ONU concebida para evitar bellum entre Estados mantiene el estado de guerra en un contexto en que esta ha cambiado su naturaleza y, más aun, bellum se ha presentado como conflictos civiles internos donde eirene (griega) o la tranquilidad (cristiana medieval) no existe si entendemos estas como condición de posibilidad para la felicidad. Con ello podemos decir que la palabra ‘paz’ ocultó, al menos desde que se hizo la obra Paz Perpetua, el ‘estado de guerra’ y, hoy en día, como el estado de guerra ha mutado su naturaleza ha hecho imposible que exista eirene o tranquilidad a pesar de que, en algunos casos, como la tiranía en Venezuela pretendan ‘defender la paz’ como una manera de ocultar el estado de guerra.


En todo este periplou nos ha faltado incluir algo que observe la paz como condición de posibilidad para la felicidad. Pero, como hemos visto, esta condición de posibilidad no se puede disociar de la política y de las normas que la posibilitan. Al efecto, el papa Benedicto XVI consideró que la utilidad hace la paz, y está junto con el derecho y el justicia deben estar unidos entre sí como un principio válido para todas las personas y todos los tiempos indiferentemente de condición, raza o credo, es decir, debe ser un compromiso donde una forma de derecho que sea aceptado por todos garantice la justicia como camino a la felicidad y la trascendencia[9]. Como se puede observar, el Papa Emérito apostó por la justicia, pero esta justicia no tiene apellido porque busca ser universal con lo cual creemos que en esta justicia y en el deseo de establecer otra con apellido es que se evidencia la naturaleza del estado de guerra actual y su alcance global.


Teniendo todo lo antes expresado podría decir, a pesar de la dificultad, que paz, más allá de la relación entre comunidades políticas, es la condición de posibilidad de la felicidad desde una perspectiva utilitaria y depende de un derecho y de una justicia que sea aceptada por todos. Desde esta perspectiva podemos afirmar que podemos estar de paz de espíritu y en estado de guerra frente a la injusticia y de todo aquello que impida que podamos alcanzar la tranquilidad y la felicidad.


Corolario.


En este periplou que hemos realizado desde el Código de Manú y el Código de Hammurabi hasta el presente nos encontramos que la palabra ‘paz’ ha estado asociada con las palabras tranquilidad del espíritu, justicia, derecho, tratados, etc., sin embargo, en otras civilizaciones que viven actualmente en condiciones que podríamos decir anteriores a las del rey Hammurabi, es decir, los yãnomãmi denotaban ‘guerra’ con la palabra nini tihetimapou, es decir, un estado permanente porque para ellos es vital impedir que surja un orden opresivo que ponga fin al cosmos existente[10]. Teniendo esto presente creo que para nosotros en el día de hoy es importante considerar la ‘guerra’ como un estado permanente que no excluye la tranquilidad e eirene y que en este estado, el riesgo de bellum está siempre latente por lo que es un imperativo prepararse para ello.



[1] Ver al respecto: “DE LA GUERRA Y LA PAZ: UNA PERSPECTIVA HERMENÉUTICA” en https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2016/08/de-la-guerra-y-la-paz-una-perspectiva.html

[2] Sobre este tema ver al respecto: GARCIA MELERO, J.  (2000). Educación para la Paz. El 2000, Año Internacional de la Cultura de la Paz. UNED. Editorial Tagus. 200 p

[3] Ver al respecto: Rosales, A. (1971 [2018]). Dynamis y Energeia en Aristóteles. Caracas. Editorial Apuntes Filosóficos. 126 p

[4] Catedra de Filosofía de la Praxis. Caracas. UCV-FHE.

[5] Ver al respecto: LA SEGURIDAD DE LA NACIÓN DESDE UNA RE-LECTURA DEL PENSAMIENTO DE NICOLÁS DE CUSA en https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2015/11/nicolas-de-cusa-un-ejemplo-para-pensar.html

[6] Ver al respecto: IBN JALDÚN Y EL IMPACTO POLÍTICO DE LAS MIGRACIONES: DE MACHIAVELLI A DELEUZE Y GUATTARI. Reflexiones acerca de los procesos migratorios vistos como armas de destrucción de alcance global en https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2018/12/ibn-jaldun-y-el-impacto-politico-de-las.html

[7] Ver al respecto: CLAUSEWITZ: EL PUEBLO EN ARMAS (Volksbewaffnung) en https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2014/08/el-pueblo-en-armas-el-pueblo-en-armas.html

[8] Ver al respecto: La Anaciclosis en Venezuela y la crisis del orden westfaliano en https://edgareblancocarrero.blogspot.com/2020/06/anaciclosis-en-venezuela-y-la-crisis.html

[9] Ver al respecto: Benedicto XVI (2005). Deus Caritas Est. Ciudad del Vaticano: Editrice Vaticana

[10] Ver al respecto: Blanco, E. (2016). Ontología de la Guerra. Crítica a los conceptos de Guerra y Resistencia en las obras de Hardt y Negri. Caracas. Ediciones Rivero-Blanco. 476 p.