lunes, 18 de septiembre de 2017

DOS LECTURAS ACERCA DEL ESTABLECIMIENTO DE UN NUEVO ORIGEN EN VENEZUELA: HANNAH ARENDT Y ANTONIO NEGRI



En la rebelión venezolana que se inició a finales de marzo de 2017 la palabra que más escuche fue ‘libertad’: Liberase de la opresión, liberar a los presos políticos, restituir el orden que había sido roto, determinar responsabilidades y constituir una república ordenada. Estas palabras dentro del pensamiento de Hannah Arendt corresponden a las pronunciadas en el origen de un proceso revolucionario. La paradoja es que en Venezuela se produjo dentro de un proceso político llamado ‘revolucionario’ que tiene como paradigmas a los procesos políticos ruso y cubano y además está siendo soportado por una imagen de la política del pasado que busca preservar al menos cuotas de poder. Por ello vamos a examinar el concepto de revolución de Hannah Arendt, en segundo lugar, vamos a analizar la posición de uno de sus críticos, específicamente, Antonio Negri por su visión de la revolución entendida como proceso constituyente y finalmente, consideraremos la posibilidad de que se produzca en el país un nuevo comienzo desde la perspectiva arendtiana. El objetivo final es reflexionar acerca de la situación política venezolana actual a la luz del pensamiento de estos dos autores contemporáneos para determinar las condiciones de posibilidad de establecer un nuevo origen en Venezuela que siente las bases de una república bien ordenada.
El concepto de revolución en Hannah Arendt.
En la obra Sobre la Revolución la autora examinó cinco aspectos que le han permitido comprender dicho fenómeno. Estos son: el significado de la revolución, la cuestión social, la búsqueda de la felicidad como fin del proceso político, la fundación de una nueva comunidad política y, finalmente, la tradición revolucionaria y su tesoro perdido. Vamos a describir a continuación de forma sucinta todos estos aspectos.
Después de haber analizado el surgimiento del totalitarismo Arendt observó que se había abandonado la única causa que había determinado desde el comienzo de la historia la propia existencia de la política, es decir, la lucha contra la tiranía (2006:11). Dentro de este marco circunscribe la revolución, un acontecimiento que históricamente ha tenido como fin la libertad. En principio, la libertad la entiende, según Kohn (2010), como la “posibilidad de trascender, capacidad de decisión, de participar en los asuntos públicos”.
Acerca del significado de la revolución expresó que estos eran los únicos acontecimientos políticos que nos ponían directamente en contacto con el problema del origen. La palabra revolución, en este contexto, a finales del siglo XVIII comenzó a aplicarse únicamente a los hechos políticos novedosos cuyo objetivo fue la libertad (Arendt, Op. Cit.:36).
En el carácter novedoso de estos fenómenos la autora señaló que la idea de libertad debía coincidir con la experiencia de un nuevo origen porque, en sí, en ella se expresaba la novedad. La causa de esta asociación obedece a que la idea de libertad constituye, para ella, el criterio último para valorar las constituciones de los cuerpos políticos (Ibíd.:37). Pero advierte que liberación y libertad no son la misma cosa. La primera es la condición de la segunda, pero no necesariamente conduce a ella y la segunda la entiende desde una perspectiva política, es decir, la libertad política relacionada con “la serie más o menos amplia de actividades no políticas que son permitidas y garantizadas por el cuerpo político a sus miembros” (Ibíd.). Esta experiencia de lo nuevo, presentado de forma irresistible durante un periodo determinado por una situación histórica, la observó claramente en las revoluciones estadounidense y francesa.
Teniendo esto presente, las ideas de libertad, irresistibilidad, nuevo origen y temporalidad son para la autora los elementos fundamentales para la comprensión de un proceso histórico que tenía su propia dinámica. Con ello podemos examinar la cuestión social presente en las revoluciones del siglo XVIII.
Para hacer mención de la cuestión social, Arendt primeramente indicó que la pobreza la entendía como un estado de constante indigencia y miseria extrema que colocaba a los hombres bajo el dictado absoluto de la necesidad. Teniendo esto presente señaló que el problema de la revolución francesa fue que abandonaron la dirección que conducía a la libertad por la felicidad del pueblo, es decir, para focalizarse en los derechos de seres que necesitaban vestido, alimentación y reproducción. Este cambio de alcanzar la libertad por la satisfacción de necesidades tendría su principal teórico en Marx quien identificó la necesidad con las urgencias para la satisfacción de necesidades vitales para liberar a la sociedad de las cadenas de la escasez. Con este foco relacionó necesidad y violencia concluyendo que la opresión se debía a factores económicos (Ibíd.:81).
La causa que produjo esta desviación en Francia Arendt la relacionó con la compasión. Para ella, la compasión consistía en que abría el corazón del que padece los sufrimientos de los demás, por lo que establecía y confirmaba el vínculo natural entre los hombres que los más establecidos económicamente habían perdido (Ibíd.:97-98). Esto nos lleva al tema de la felicidad.
Para hablar de la búsqueda de la felicidad Arendt hizo énfasis en dos aspectos que deben ser tenidos en consideración: en primer lugar, que ninguna revolución ha sido nunca iniciada por las masas, a pesar de que su propósito haya sido liberar a los pobres, nunca ha sido resultado de una sedición y nunca se ha producido donde la autoridad del cuerpo político se ha mantenido intacta. En segundo lugar, después de decir que en América y Francia, la revolución buscó la fundación de un cuerpo político que garantizase la existencia de un espacio donde pudiese manifestarse la libertad (Ibíd.:165), indicó que el acto de fundación se había identificado con la elaboración de una constitución, y la convocatoria de asambleas constitucionales con la particularidad de que se usó la expresión ‘búsqueda de la felicidad’, no sólo como prosecución del bienestar privado, sino también como un modo de indicar que este sólo era posible en la medida en que se participase del poder público (Ibíd.:166-168). Como se sabe, ella indicó que ello no ocurrió en Francia produciendo una desviación para satisfacer las necesidades de la población significando su perdición. Esta forma de satisfacción es la que han usado los regímenes totalitarios, desde la revolución rusa, para ofrecer abundancia y consumo ilimitado que son, en sí, los ideales de los pobres (Ibíd.:186-185). En EE.UU sólo se preservó en la esfera privada porque se creó una estructura estanca de representación que se ha alejado de la población.
Con respecto a la fundación destacó que a los líderes estadounidenses les preocupó la creación de un gobierno que hiciera posible la libertad, a diferencia del caso francés que establecieron derechos con independencia y al margen del cuerpo político con la Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano. Con esta declaración se identificaron estos derechos con los derechos de los ciudadanos (Ibíd.:200). Esto colocó a la autora en el plano de reflexionar acerca de los términos correlativos de ‘poder’ y ‘autoridad’ debido a que la recuperación de las libertades antiguas fue acompañada con el restablecimiento de estas dos expresiones del quehacer político. Esta recuperación, desde esta perspectiva, estuvo determinada por el tipo de gobierno que se iba a derrocar. Por ello cuando los revolucionarios franceses depusieron al rey colocaron al pueblo como la fuente y el fundamento del poder y el origen de todas las leyes constituyéndose en fuente de inestabilidad. En el caso estadounidense, por el contrario, el asiento del poder lo colocaron en el pueblo, pero la fuente del derecho fue la constitución, por lo que su problema fue el establecimiento de la autoridad con el fin de garantizar una estabilidad duradera (Ibíd.:210-213).
Finalmente, en lo concerniente a la tradición revolucionaria y su tesoro perdido indicó que la revolución francesa fue el acontecimiento que rompió los lazos entre el nuevo mundo y Europa. Con ello, América dejó de ser el lugar de la libertad para convertirse en la tierra prometida para los pobres (Ibíd.:296-297). Así, lo que quedaría como legado de esas experiencias históricas fueron las libertades civiles, el bienestar individual del mayor número y la opinión pública como la fuerza más importante para gobernar una sociedad democrática e igualitaria.
Esta transformación no fue posible en los países que siguieron la estela dejada por la revolución francesa debido a que, como ha destacado la autora, ninguna fundación de un cuerpo político nuevo era posible donde la población estuviese agobiada por la miseria (Ibíd.:306). De ahí que los revolucionarios de los siglos XIX y XX lograran sus objetivos de alcanzar el poder atrayendo a masas de desesperados, pero sin lograr establecer un mundo de abundancia y de igualdad. Ello explica el esfuerzo de Negri, como veremos más adelante, para dar una respuesta satisfactoria a esta enfática conclusión.
Dado que en toda revolución el acontecimiento más importante es el acto de fundación, el espíritu revolucionario debía ser visto como depositario de dos elementos que le parecieron irreconciliables e incluso contradictorios. Por una parte, el acto de fundar un nuevo cuerpo político trae consigo la preocupación por la estabilidad y durabilidad de la nueva estructura. Por ello, para los revolucionarios la forma republicana fue vista como la más recomendable debido a que garantizaba estabilidad. Por otra parte, los llamados a establecer la fundación de un nuevo orden político debían poseer un elevado espíritu acorde con las circunstancias de cambio. La oposición de estos dos elementos ha sido para Arendt el síntoma de la crisis de la política actual como veremos seguidamente en relación con el caso venezolano.
De ahí que consideró que el error fatal del proceso estadounidense fue no saber incorporar y fundar de nuevo las fuentes originales de su poder, que estimó se encontraba en los municipios, produciendo un vacío entre el pueblo y sus representantes. Ese ha sido el problema que históricamente ha tenido Venezuela hasta el presente a pesar del esfuerzo de descentralización que se hizo en la década de los ochenta del siglo pasado y se evidenció tanto en la crisis de 1998, como en el 2005, en octubre de 2016 y en el dialogo que se inició en República Dominicana el 13SEP2017. Esto es lo que ha impedido que la clase dirigente que fue desplazada en el año 1998 recupere el poder, tanto desde la perspectiva de quienes actualmente lo poseen como de aquellos que ven como un problema el establecimiento de un origen que repita los errores del pasado.
En el caso francés, el conflicto planteado entre el gobierno y las sociedades revolucionarias se libró en tres frentes. El primero fue la lucha por la libertad pública frente al peso agobiante de la miseria. El segundo frente de lucha fue de los intereses de partido contra el bienestar común. Y el tercer frente de lucha fue el del Estado nacional contra los principios de una república auténtica (Ibíd.:339). En la tiranía que rige a Venezuela en la actualidad se padecen no sólo estos tres problemas de forma más o menos similar, sino también, en el hecho que los principios de autonomía, plenitud y exclusividad de competencias del mismo Estado desaparecieron por la acción de poderes transnacionales que desde Cuba dominan el país.
Otro fenómeno que destaca la autora en el caso francés fue la aparición del revolucionario profesional. Para ella, el papel de los revolucionarios profesionales ha consistido en llegar al poder una vez que la revolución se ha producido (Ibíd.:359). Sin embargo, su influencia sobre su curso real ha demostrado históricamente ser muy grande debido a su estudio y reflexión, produciendo una imitación consciente y nociva del pasado francés con las mismas consecuencias. Además de este hecho agrega otro no menos pernicioso y es que la política, en general, se ha convertido en una profesión donde los llamados “son elegidos de acuerdo con normas y criterios que no son políticos por naturaleza” (Ibíd.:384). Este último aspecto, está relacionado con los canales de representación. En Venezuela la crisis que la afecta está relacionada con la representación: hay unos individuos que, desde unos partidos políticos, se oponen al gobierno en función de sus intereses partidistas y una tiranía que gobierna en nombre del socialismo para perpetuarse en el poder tutelada por agentes extranjeros.
La causa de lo señalado precedentemente según Arendt se debe a que el gobierno representativo se ha convertido en un gobierno oligárquico, en el sentido que lo que ahora llamamos democracia es una forma de gobierno donde los pocos, se suponen, gobiernan en interés de las mayorías. Por ello consideró que las conmociones profundas del siglo XX han producido el más importante y pernicioso de todos los fenómenos, es decir, la identificación que se ha establecido entre ‘pueblo’ y masas, dando paso al advenimiento de formas totalitarias como tendió a ocurrir en la Francia revolucionaria y luego se repitió en Rusia y China y en el resto de los países que han seguido ese modelo de hacer política. Esa es la estela que ha seguido la clase dirigente venezolana desde el año 1998. Veamos ahora la visión de Antonio Negri un marxista crítico que ha construido una estructura de pensamiento teniendo presente el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
La visión revolucionaria de Antonio Negri y el poder constituyente.
He escuchado a varios formadores de opinión, en los únicos medios de comunicación medianamente libres en el país, la asociación del fraudulento proceso constituyente comunal de la tiranía venezolana con el pensamiento de Antonio Negri, un autor que estuvo en el país en el año 1999 y en el año 2008. No es mi interés mostrar su visión del proceso venezolano aunque sé que se desencantó del autoritarismo que tuvo la oportunidad de presenciar. También me interesa aclarar que no soy seguidor de su pensamiento. Mi pretensión es examinar la consistencia de la asociación de la dictadura comunal soberana instaurada en el país después del inicio del proceso constituyente fraudulento con el pensamiento de este autor contemporáneo a la luz de la propuesta arendtiana.
Para Negri el poder constituyente es la revolución misma, es decir, un procedimiento absoluto (omnipotente y expansivo, ilimitado temporal y espacialmente y no finalizado) característico de un gobierno democrático cuya potencia constitutiva no debe concluir nunca en el poder constituido.
Para este autor italiano, Hannah Arendt había comprendido esta verdad del poder constituyente, pero llegó a ella siguiendo una vía equivocada aunque no por eso menos eficaz como lo fue la comparación de las revoluciones estadounidense y francesa. Negri destacó de la autora judío alemana que, innovando profundamente en la ciencia política, se focalizó en la oposición de la revolución política y revolución social. Él observó también la revolución como un comienzo cuyo principio constituyente es la libertad. Pero se preguntó ¿Qué es esa libertad? De acuerdo con la interpretación que hace de la autora afirma que es un nuevo comienzo que pone sus propias condiciones, pero considera que la libertad no se reduce, ni es sucesiva a la liberación. Por ello, para Negri el error de Arendt fue considerar lo social como un aspecto pre-político. Este hecho para el autor italiano hizo que el enfoque de la autora se revelase como conservador puesto que hizo del acto político emancipador un hecho limitado conceptual, espacial y temporalmente y, por consiguiente, ambiguo a pesar de mantener su carácter originario e innovador. La conceptualidad porque lo limitó a la política desde una perspectiva liberal, espacial por acaecer en un espacio determinado y temporal por finalizar en un poder constituido. Aquí es conveniente aclarar que según expresión de la propia Arendt, ella buscó evitar la dicotomía de poder constituyente y poder constituido con lo cual la crítica de Negri, en este aspecto, no tiene sentido.   
Por ello el pensador italiano en su obra Poder Constituyente insistió en la radicalidad originaria del poder constituyente y su carácter ilimitado y trató de analizar su estructura y el sujeto llamado a ponerla en ejecución. Con esta insistencia aclaró que el problema del poder constituyente no podía ser resuelto haciendo de la singularidad el límite de su carácter absoluto (temporal, espacial y procedimental). Este carácter absoluto no es para este autor totalitarismo porque su esencia es democrática. A este punto antes de abordar estos dos aspectos (es decir, su carácter totalitario y el sujeto adecuado) y su implicación en Venezuela vamos a señalar lo que observamos como inconsistencia de la crítica realizada por Negri a Arendt[1].
Tal como indicamos en el resumen de Sobre la Revolución, la idea de temporalidad que indica que el proceso constitutivo termina con el acuerdo no está en el espíritu de Arendt si se revisa con detenimiento el capítulo correspondiente a la tradición revolucionaria y su tesoro perdido. El problema de la autora fue indicar la necesidad de la preservación del espíritu revolucionario para asegurar una estructura de representación en todas las escalas organizacionales de la nueva entidad política. Esto ha sido lo que ha debilitado la política estadounidense y ha permitido a Negri hablar de un conservadurismo. Pero es muy difícil sostener una tesis conservadurista cuando el foco de atención de la autora se centró en un ‘origen’ visto como un ‘nacimiento’ que es capaz siempre de producir algo nuevo en todos los estratos de un cuerpo político.
Por ello Negri y Hardt, posteriormente, volvieron sobre el planteamiento arendtiano acerca de la diferencia de entre los procesos revolucionarios estadounidense y francés en Multitud y en Commonwealth. En Multitud, ambos autores vieron como un error, en la autora, separar lo ‘político’ y lo ‘social’ porque en el siglo XVIII esa distinción era difícil. En Commonwealth se focalizaron en lo ‘social’ y lo ‘político’ para explicar los inconvenientes de su separación dentro de un contexto de cambios sociales globales para justificar su concepción de la biopolítica. Ellos definieron biopolítica de dos maneras: en primer lugar, como la forma como la sociedad de control se expresa en “el conjunto del cuerpo social que se desarrolla en su virtualidad” haciendo que el poder se hunda “en las profundidades de las conciencias y los cuerpos de la población y, al mismo tiempo, …en la totalidad de las relaciones sociales”, poniendo en tensión el equilibrio existente entre los conceptos de libertad y seguridad y, en segundo lugar, como el poder de vida para resistir y determinar una alternativa producción de subjetividad[2].
Teniendo esto presente, la relación de lo social y lo político que marca la concepción de la biopolítica en Negri y Hardt nos permite retornar a la crítica que ha realizado Arendt de los procesos políticos que han seguido la estela dejada por la revolución francesa, porque nos permite retomar el aspecto totalitario. El cambio de rumbo de la revolución francesa se produjo por la situación social que vivió ese país y ese hecho condujo al terror, la dictadura, la restauración monárquica y una historia de inestabilidad política. Igual lo han vivido las sociedades en Rusia y China después de haber seguido un curso similar. En Cuba y Corea del Norte se vive una estabilidad producida por una implacable represión y por la adopción de dispositivos biopoliticos que han convertido a esos países en regímenes totalitarios. Por ello es que se puede afirmar que los revolucionarios profesionales a posteriori han repetido la misma receta y de alguna u otra manera han obtenido los mismos resultados. Pero en Venezuela la falsa promesa de la mitigación de la miseria y las necesidades hecha por estos individuos no sólo ha generado más miseria y necesidad llevándonos a una crisis humanitaria, también ha acabado con la república por la sola necesidad de una camarilla de preservar el poder e instaurar un proyecto político transnacional. Este esfuerzo de conservación ha tenido su máxima expresión, como hemos indicado, en la fraudulenta asamblea constituyente comunal, un instrumento que persigue instaurar legalmente el totalitarismo que ya se ha puesto en práctica de forma sucesiva al menos desde el año 2007. Con ello podemos examinar ahora al sujeto de ese fraude a la luz del pensamiento negriano.
El problema que consideró Negri en su obra Poder Constituyente fue el de determinar el sujeto adecuado para ejecutar el procedimiento absoluto que en si representa el poder constituyente. Y para ello se apoyó en el pensamiento de Foucault debido a que, según él, este autor vio al sujeto como potencia y producción y no reducido a ser un fantasma contenido por la represión. Estas dos cualidades, es decir, potencia en el sentido creativo y producción vista como producción de subjetividad permite ver este sujeto, según el pensador italiano, como abierto, proyectado a una totalidad sin encerrarse a sí mismo con una característica esencial: la temporalidad. Esta temporalidad puede ser entendida como un ser relacionado con si mismo que, según él, remite a la visión Heidegger-arendtiana basada en la indistinción de un fundamento absoluto (forma del ser) y otra radicada en la capacidad productiva del hombre, en una ontología de su propio devenir, desde una perspectiva marxista, focalizada en lo social que él lo entiende como tiempo social porque lo considera como el dispositivo sobre al cual se cuantifica y cualifica el mundo.
Con esta característica Negri inicia, en su obra, un recorrido histórico para finalizar en una crítica de la modernidad por haber capturado al poder constituyente en los principales acontecimientos de la historia moderna. La causa de esta crítica ha obedecido al hecho que la única forma en que el sujeto constituyente puede desplegar su potencia y productividad de forma articulada es, para este autor, en multitud. La multitud la entiende como un conjunto de singularidades que operan en común desde un mismo plano de inmanencia. Esta captura es la que se ha observado en Venezuela con la fraudulenta asamblea constituyente comunal. ¿Cómo se observa esta captura de acuerdo con nuestra interpretación de la obra de Negri?: 1) En limitar y establecer medidas del proceso en sí (temporalidad dos años, sólo modificación de unos cuantos artículos a la antigua constitución, etc.), 2) existencia de un dispositivo de control constitucional para garantizar el objetivo ‘revolucionario’, 3) establecimiento de 'privilegios' en una clase que en si expresa la aplicación de dispositivos de control biopolitico que actúan de forma tal que favorece la exclusión (carnet de la patria, adhesión al partido, claps), 4) uniformización de la sociedad vista de la perspectiva de la concepción cívico-militar y 5) comando y control.
Este aparato de captura que ha aplicado la tiranía para preservar el poder, como se puede observar, no se corresponde con el pensamiento de Negri. Pensar en una multitud, es para el filósofo italiano, pensar en términos democráticos, aunque, como se podrá observar en Commonwealth siempre va a ocurrir una transición que debe ser dirigida. Esta dirección es lo que conduce al totalitarismo cuando la población se resiste a ser sometida a esa forma de entender la política, es decir, a imponer una realidad que no se ajusta a las necesidades de cada individuo. Por ello el carácter totalitario que ha aplicado la tiranía en Venezuela desde el punto de vista del establecimiento de controles biopolíticos evidencia que la propuesta de Negri es inconsistente, desde una perspectiva marxista, por el tema del direccionamiento de la transición que de suyo tiende a hacerla totalitaria.
Teniendo esto presente, pudo haberse dado el hecho de que la tiranía en Venezuela haya tomado de Negri alguno de sus conceptos sin tomar en cuenta su fundamento y su intención. En este caso los sujetos constituyentes de la fraudulenta asamblea constituyente comunal son sombras producidas por el reflejo de unas ideas que lograron penetrar dentro de una caverna forjada por una voluntad de poder. En esta cueva las sombras son producidas por unas marionetas operadas por unos constructores que se rigen por una doctrina que ha sido perfeccionada en más de doscientos años. Por ello es que se ha afirmado que aplican el modelo ruso de 1922-23 con la esperanza de lograr los mismos resultados[3]. Este hecho en sí confirma la tesis arendtiana. En este sentido las marionetas en Venezuela están dirigidas por fantasmas invocados por individuos que han sido incapaces de superar sus limitaciones sin perjudicar al prójimo.
Lo otro que pudo haber ocurrido, y es lo que creemos, es que aplicando el modelo ruso los conductores de la tiranía en Venezuela han reproducido la experiencia de sus antecesores europeos siguiendo una particular concepción de la historia. Al respecto Arendt señaló que...
“Fue la historia, no la acción, lo que los hombres de la revolución rusa habían aprendido de la revolución francesa... Habían adquirido la habilidad de interpretar cualquier papel que el drama de la historia pudiera asignarles, y si no hubo otro papel disponible que el de villano, ellos prefirieron aceptarlo antes que dejar de tomar parte en la función”

“Hay una grandiosa ridiculez en el espectáculo de estos hombres…capaces de someterse… con toda humildad y sin ningún grito de protesta, a la llamada de la necesidad histórica, por absurda e incongruente que les pareciera la forma de manifestarse esta necesidad. No fueron engañados porque las palabras de Danton… Robespierre… resonasen aún en sus oídos; fueron engañados por la historia y, en ese sentido, han llegado a ser los bufones de la historia” (2006:77).

Esta afirmación que tristemente estamos viviendo en Venezuela y confirma la visión arendtiana por las dos vías antes indicadas nos lleva finalmente al tercer punto de esta reflexión.
Venezuela: hacia un nuevo comienzo.
La validación de la tesis arendtiana nos lleva de nuevo a la palabra más citada durante la rebelión venezolana e indicada al inicio de esta reflexión, es decir, 'libertad'. Libertad entendida como condición de posibilidad para trascender desde la perspectiva individual y la de participar en los asuntos públicos. No observé a los venezolanos protestando para que le fuesen satisfechas sus necesidades inmediatas relacionadas con el proceso de la vida a no ser que fuesen vistos como posibilitadores de la trascendencia. La rebelión fue contra el empobrecimiento, la soledad no deseada y la muerte no esperada. Ello sucedió de la misma manera en el año 2014[4]. En ese momento indique que sólo podrían convertirse en sujetos constituyentes, en el sentido hardtnegriano, aquellos que fuesen capaces de producir sus medios para la vida. En términos  arendtianos son aquellos que su vida no está limitada a la satisfacción de necesidades vitales (labor), ni los inmersos en el proceso de fabricación (trabajo) sino aquellos que no estaban sujetos a las dos condiciones anteriores.
Por ello, la estrategia de la tiranía ha sido capturar a los venezolanos y someterlos al imperio de la necesidad. Ello fue posible mientras contó con la renta petrolera. Pero desde el año 2014 hasta el presente se han producido varias tendencias: 1.-) La sociedad venezolana ha podido establecer sus propias condiciones productivas en el sentido que ha logrado que al menos más de medio millón de venezolanos se hayan integrado a la economía global, 2.-) la tiranía se ha visto cada vez incapaz de independizarse de la renta petrolera y se encuentra a su vez agobiada por pesadas deudas y, 3) de igual forma la tiranía se ha visto obligada a aplicar la violencia y el terrorismo de forma creciente debido a que ha perdido la capacidad de capturar a más venezolanos agobiados por las necesidades.
Estas tres tendencias indican algo que si bien puede ser observado en las obras de Hardt y Negri, es decir, Multitud y Commonwealth y otro autor que sigue una línea similar (Paolo Virno), en realidad puede ser visto en la obra arendtiana La Vida del Espíritu. Me refiero al Éxodo. En Venezuela se está produciendo un Éxodo de la estructura de poder del Estado que puede ser entendido también como un vaciamiento que va a hacer colapsar a la tiranía y va a arrastrar en dicho colapso a todos aquellos que la han soportado. Por ello es muy difícil retornar a una imagen de la política del pasado, pero esa es la única opción que tenemos: crear algo nuevo. No podemos regresar al orden instaurado en el año 1999 debido a que este constituye la bisagra de dos modelos fallidos que están enfrentados con un espíritu de la política que tiene como norte la libertad.
Las manifestaciones públicas no se detuvieron por desánimo, al contrario, los venezolanos estamos esperando que se destruyan las clases políticas que han conducido el país los últimos sesenta años para establecer un nuevo origen y fundar una república bien ordenada basada en libertad. De ahí la importancia del Éxodo.
Este Éxodo no está referido a la emigración, sino a personas que se han integrado a la economía global en cualquier parte del mundo e incluso en nuestro propio país y, sin embargo, están ayudando a la sociedad venezolana que resiste con firmeza. Esos son los que están creando, de forma acelerada, las condiciones de posibilidad para establecer un nuevo origen en Venezuela y hacer un nuevo comienzo. ¿Cómo va a ser posible ello? La orientación de la tiranía apunta a mantener el país con una economía extractiva de recursos primarios y consumista, en el sentido en que va a mantener sometida a la población al imperio de la necesidad, en la medida que se mantenga una estructura de las importaciones donde sólo se benefician los que ostentan el poder. Frente a esta intención, que coloca al país ante un riesgo de bancarrota permanente, hay una realidad global caracterizada por una alta innovación, tecnificación, cambio y mejoramiento de procesos que están produciendo nuevas formas de relación, es decir, asociación y cooperación. Por ello puedo afirmar que la voluntad de lucha de los venezolanos se encuentra intacta. La rebelión está pasando a una nueva fase.
Ello significa que en la medida en que los venezolanos que hayan salido y estén saliendo de la estructura de poder de la tiranía y sus colaboradores puedan establecer nuevas formas de asociación y cooperación para fines individuales y colectivos, en esa medida se crearan las condiciones de posibilidad para producir un nuevo comienzo y, consecuentemente, una república bien ordenada.
Bibliografía consultada
ARENDT, H. (2006). Sobre la Revolución. Madrid. (T. P. Bravo). Ediciones de la Revista de Occidente. 343 p.

ARENDT, H. (1971/1984). La Vida del Espíritu. El Pensar, la Voluntad y el Juicio en la Filosofía y la Política. Madrid. (T. R. Montoro y F. Vallespín). Centros de Estudios Constitucionales. 541 p.

BLANCO, E. (2016). Ontología de la Guerra. Crítica al concepto de guerra en las obras de Hardt y Negri. Caracas. Ediciones Rivero-Blanco. 452 p.

HARDT, M y NEGRI, A. (2004). Multitude: War and Democracy in the Age of Empire. New York. Penguin Press. Edición en Castellano: Madrid. Editorial Random Hause Mondadori. 462 p

HARDT, M y NEGRI, A. (2009). Commonwealth. Cambridge. Belknap Press of Harvard University Press. 434 p.

KOHN, C. (2010). “Condiciones para una Ciudadanía Democrática: La Praxis de la Libertad Política según Hannah Arendt”. México. En Labatida y Arechiga (coords). Indentidad y Diferencia Vol I. La Política y la Cultura. Siglo XXI editores. Pp 126-139.

NEGRI, A. (2002). Il Potere Costituente. Saggio sulle alternative del moderno. Roma. Manifestolibri. 462 p.



[1] Sobre el totalitarismo en Venezuela siguiendo la conceptualización realizada por Arendt, ver al respecto: La tiranía en Venezuela y el Mal Radical: Análisis político desde la perspectiva de Hannah Arendt, en http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/07/la-tirania-en-venezuela-y-el-mal.html
[2] Ver al respecto: Blanco (2016).
[3] Ver al respecto: Analogía entre la Revolución Rusa y el fin de la República Bolivariana de Venezuela: Escenarios Prospectivos, en: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/05/analogia-entre-la-revolucion-rusa-y-el_43.html
[4] Sobre lo que denominé la intifada venezolana, ver al respecto: Blanco (2014). La Intifada Venezolana a la luz del concepto de guerra en las obras de Hardt y Negri, en: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2014/04/la-intifada-venezolana-la-luz-del.html

viernes, 25 de agosto de 2017

REFLEXIONES REPUBLICANAS. LUGAR COMÚN: SOBRE EL SER-MILITAR VENEZOLANO


Antes que nada tengo que agradecer a Lugar Común la oportunidad de conversar con ustedes acerca de un espinoso tema, el militar. Lo hago en honor a un colega de la escuela de filosofía de la UCV, el profesor Jorge Machado que actualmente es un preso político así como todos los presos políticos que al menos desde el año 2014 tratan de reconstituir la república, incluyendo entre ellos a Luis Ojeda Pérez a la luz de los últimos acontecimientos que hemos estado presenciando.
Antes que nada quiero aclarar que las fuerzas armadas venezolanas tal como actualmente existen deben desaparecer. Ahora si deben crearse otras o no dentro del contexto nacional o global actual o "encerrarlas en los cuarteles" como han dicho algunos voceros políticos son aspectos que me parece deben ser reflexionados serenamente debido a nuestra particular condición en tanto que seres humanos y a la misma realidad que nos determina. Por ello, mi propósito es abrir a la comprensión el ser-militar en Venezuela, si se quiere desde una perspectiva ontológica, para introducir otro enfoque en las discusiones que hasta el presente se han generado acerca de qué debe ser un militar en la nueva Venezuela republicana.
Para ello voy a dividir el conversatorio en cuatro partes: 1) tratar de responder qué refiere la expresión 'militar' desde el punto de vista etimológico y cómo ha sido su evolución, 2) examinar la relación del militar con la política y cómo se ha presentado esta relación en Venezuela, 3) explicar cuáles son las tendencias globales: militar post-heroico, profesional de seguridad y finalmente 4) cómo se podría pensar el ser-militar en una nueva Venezuela republicana.
Sobre la expresión ‘militar’.
Qué refiere las palabras milicia, militar o milico, dicho de manera despectiva. La palabra militar proviene del latín ‘militia’ que proviene de la palabra 'miles'. Esta palabra es la raíz de 'milite'. 'Milite' es el acusativo de 'mille' que tiene una connotación numérica y que en los orígenes de Roma indicaba la organización cívica para la defensa: 1000 hombres a pie. Pero además de esta connotación 'mille' refiere el número con que un herbáceo, el 'millo' era sembrado dentro de su estructura productiva. Con lo cual de la organización de la producción de un medio para la vida se derivó otra relacionada con la defensa. La ocurrencia de los actos de defensa determinó si esta estructura era temporal o más o menos permanente. Es decir, la temporalidad de la amenaza indicaba si se organizaba una milicia o se mantenía organizada una milicia armada de forma permanente.
Como se puede inferir ahora las poblaciones sedentarias se defendían de otras. La forma en que lo hacían ha sido difícil de precisar en la historia. Hay autores como John Keegan que se han dedicado al estudio de poblaciones guerreras como los yanomamis para comprender los orígenes de las formas de hacer la guerra. La guerra en este sentido se produce como un acto de defensa frente a una agresión para evitar o minimizar un daño deliberado.
Aquí podemos tomar dos aspectos que van a marcar la naturaleza de la organización militar: por una parte, producción y defensa y, por la otra, organización temporal relativa a la milicia y organización permanente relacionada con las fuerzas armadas que podemos llamar regulares.
Los romanos tuvieron fuerzas armadas regulares de forma permanente, pero cuando desapareció el imperio se retornó a la figura de las milicias. En España las milicias operaron cuando estaban realizando la reconquista e incluso la forma en que se organizó la conquista del nuevo mundo fue en base a la organización de milicias denominadas 'fecho de mar'. Esta organización de milicias permaneció en Venezuela hasta el inicio de la independencia. Las organizaciones militares permanentes resurgieron a partir de las órdenes de caballería. De estas órdenes surgirían los emprendimientos militares y el cuerpo de oficiales. En España se establecieron cuando comenzó a asumir un rol imperialista en Europa y en el resto del mundo.
Me interesa destacar este momento histórico porque frente a las organizaciones militares permanentes y agresivas, Maquiavelo propuso una organización de milicias para la defensa dentro de una organización política renovada tendencialmente republicana que estaba en concordancia con la estructura de producción de la época. Como se sabe, Maquiavelo reflexionó dentro de un contexto renacentista donde las instituciones políticas no habían sido capaces de adecuarse a los cambios sociales que estaban acaeciendo. Pero en el otro lugar donde floreció el renacimiento en Europa fue en los Países Bajos. En los Países Bajos por necesidades derivadas de la revuelta contra los españoles, la defensa se organizó también de acuerdo con la estructura de producción en unas condiciones ambientales muy adversas que favorecieron la conjunción de saber teórico y el saber práctico. Según Wiep van Bunge uno de los artífices de esta conjunción fue Mauricio de Nassau. El tercer elemento que fue integrado a esta relación entre saber teórico y práctico fue la instrucción.
En paralelo al conflicto hispano-neerlandés estaba acaeciendo otro acontecimiento de gran significación como lo fue la Guerra de los Treinta Años (GdlXXXa) alemana, que el año 2018 su inicio cumple su cuarto centenario. Su importancia fue que, además de consolidarse el Estado-nacional moderno con el Tratado de Paz de Westfalia en 1648,
·         Surgieron las fuerzas armadas nacionales permanente en contraposición a los cuerpos de milicias y los cuerpos mercenarios. Su artífice fue Gustavo Adolfo de Suecia.
·         Se articuló la producción y la defensa mediante el sistema de aprovisionamiento. Sus artífices fueron los franceses Dubois y Letelier. 
Así pues, la estructura de defensa del Estado-nación fue el efecto de la articulación de la producción y la conformación de cuerpos militares permanentes instruidos y profesionalizados dentro de una unidad política más o menos uniforme. Con la excepción de la revolución francesa que en sí inició la democratización del proceso de decisión de ir a la guerra, esta situación se mantuvo más o menos estable hasta que se prohibió que la guerra fuese usada para la solución de controversias a nivel internacional y surgiera la guerra revolucionaria planteando la necesidad de entender la relación de los militares con la política.
En Venezuela, la génesis de la formación militar se produjo en el año 1810 con la creación de la escuela de matemáticas y la escuela náutica. Su matriz hispánica es incuestionable. La formación se sistematizó a partir del año 1813 cuando se adoptaron los principios doctrinarios napoleónicos del General P. Thiébault y cuando se asimiló la doctrina militar anglosajona. Posteriormente, la fuerza armada nacional con los criterios de unidad nacional e instrucción se establecería firmemente a partir del año 1911 en pleno régimen gomecista. Pero la articulación de la instrucción y profesionalización en una fuerza armada nacional no se relacionó con la producción en el país por diferentes causas. Con este hándicap se puede inferir el papel que jugaron los militares venezolanos en el desarrollo del país sobre todo después del año 1945. Con esto podemos pasar al segundo punto de la disertación.
La relación del militar con la política y cómo se ha presentado esta relación en Venezuela.
Después de la Segunda Guerra Mundial Samuel Huntington reflexionó en su obra El Soldado y el Estado acerca de la relación de los militares con la política y al efecto concluyó afirmando que ellos eran unos administradores de la violencia para los fines del Estado. Su foco estuvo centrado en la subordinación de los militares a la política. Posteriormente, Amos Perlmutter usó los conceptos huntingtoneanos para establecer unas categorías que nos van a permitir entender la situación en Venezuela.
Según este autor existen tres tipos de militares: el profesional, el pretoriano y el revolucionario. Esta tipología se fundamenta esencialmente en la relación del tipo de militar con la política. El profesional tiene una baja inclinación a la participación en política, su adhesión es al Estado y es conservador. El pretoriano tiene una inclinación permanente y continua a participar en política, su adhesión es a la nación, el partido, al Estado y es materialista. El revolucionario tiene una inclinación a participar en política, y tiene la ideología del partido. La tendencia es que el revolucionario se convierta en profesional. Y este junto con el profesional tiende a ser los más eficaces en la guerra.
Con esto podemos afirmar ahora que la fuerza armada nacional venezolana, al menos desde el año 1835, fue pretoriana en el sentido que participó directamente en la política. A partir del año 1958 y hasta el año 2005 siguió siendo pretoriana pero bajo la figura de guardián y árbitro de la política. Con ello la pregunta que surge es ¿por qué los militares tienen que preservar o cambiar el orden político y no los ciudadanos?
En el año 2005 se produjo un giro con lo que se denominó “Nueva doctrina militar venezolana” que buscó de forma deliberada convertirla en una fuerza armada revolucionaria. Su objeto fue constituir un cuerpo militar eficaz para la defensa. Pero cómo quedó la producción. Para hablar de este tema hay que aclarar que aparte de los problemas fronterizos y el bloqueo que sufrió el país en el año 1902, la articulación producción y defensa sólo se comenzó a considerar cuando en la Segunda Guerra Mundial se instalaron en el país dispositivos de defensa aeronavales estadounidenses para proteger la incipiente industria petrolera, por lo que podemos decir que la relación Estado y fuerza armada nacional se mantuvo en el país para mantener el orden y la defensa de la capacidad productiva quedó a manos de la estructura de defensa de occidente. Claro hubo momentos en la década de los años sesenta y ochenta del siglo pasado en que la fuerza armada nacional formó parte de esa estructura.
A partir del año 2002 comenzó a cambiar todo cuando se publicó la ley Orgánica de Seguridad de la Nación debido a que la seguridad y la defensa se orientaron al modelo de desarrollo. En el año 2007 se declaró que el modelo de desarrollo es socialista y eso se ratificó con el denominado Plan de la Patria actualmente en curso con el apoyo del fraudulento proceso constituyente comunal.
Así pues, con una fuerza armada venezolana altamente politizada y un modelo de desarrollo orientado a la construcción del socialismo, la seguridad y la defensa nacional quedan circunscritas a la construcción y defensa del modelo. Por ello, los militares venezolanos construyen el modelo al participar en la actividad productiva y la defienden con sus medios. Sabemos que este modelo de desarrollo es producto de la iniciativa de un proyecto transnacional cuyo foco se encuentra en el Foro de São Paulo. Ello explica porque hay personas que han indicado que la fuerza armada nacional actúa como una fuerza militar de ocupación para la defensa de intereses extranjeros.
La participación de los militares en la actividad productiva de la manera como acaece en el país no es nueva. Fue aplicada de forma intensiva en Rusia después de la guerra civil y sistematizada en el proceso constituyente que finalizó en el año 1924. En China mediante la simbiosis del soldado y campesino y en la actualidad en Cuba al tener casi la exclusividad de la actividad de servicios. Pero hay que aclarar que el tipo de guerra que libraron los dos primeros países antes indicados estaba en concordancia con la estructura de producción y sus fuerzas armadas en la actualidad están profesionalizadas y orientadas hacia el exterior. En Cuba no es así. Ese país históricamente ha sido un satélite que ha operado en concordancia con intereses transnacionales y hacia el interior actúa como una fuerza pretoriana. Por otra parte, si volteamos la mirada hacia Occidente nos encontramos con la tendencia a la constitución de fuerzas armadas profesionales, altamente tecnificadas y en un contexto político severamente limitado. Esto nos lleva al tercer aspecto de nuestra disertación.
Las tendencias globales en el quehacer militar: militar post-heroico, profesional de seguridad y finalmente.
La crisis de Kosovo del año 1998 marcó para mí el inicio formal de una tesis que surgió en el mundo anglosajón que se ha denominado la del militar post-heroico. El iniciador de esta tesis fue Edward N. Luttwak y se le agregó después Martin van Creveld. La causa de esta tesis estuvo relacionada con la baja proclividad de los países en embarcarse en conflictos bélicos en un contexto postwestfaliano signado por: 1.-) la emergencia de otros actores políticos más allá de los Estados, 2.-) la crisis de la política como posibilitadora de la creación de espacios públicos que permitan la libertad y la trascendencia desde el individuo y 3.-) la transformación de las formas de hacer la guerra así como la reaparición de formas prewestfalianas como el resurgimiento de empresarios de seguridad.
Si examinamos estos cambios a la luz de las categorías indicadas de Perlmutter podemos afirmar la ocurrencia de unas tendencias que permiten explicar el comportamiento de los Estados y de sus cuerpos militares y específicamente la relación de lo militar y lo político desde una perspectiva postwestfaliana:
·         Desde el militar profesional: surgimiento de cuerpos militares que podemos denominar para-estatales, empresarios de seguridad o mercenarios.
·         Desde el militar pretoriano: utilización de la fuerza armada para sostener el orden político dentro de un contexto de deslegitimación del espacio político.
·         Desde el militar revolucionario: militarización de la sociedad.
Frente a estas tres tendencias los Estados se encuentran en el medio de lo westfaliano y postwestfaliano. Unos Estados mucho antes y otros en fechas recientes. Si examinamos esta realidad desde la producción nos encontramos que el militar profesional está siendo absorbido por la estructura de producción dentro de un contexto signado por cambios tecnológicos y de la estructura económica global de gran envergadura, el militar pretoriano mantiene unas relaciones de producción que pueden ser entendidas como tradicionales a la luz de los cambios antes mencionados indiferentemente de los beneficiarios. Y el militar revolucionario tiende a capturar la estructura productiva del Estado como una respuesta basada en la interpretación ideológica de la realidad.
¿Cómo se encuentra Venezuela? Nuestro país, como todos los Estados se encontraba en un punto intermedio entre lo westfaliano y postwestfaliano, pero en la actualidad se encuentra en una situación intermedia entre lo pretoriano y revolucionario dentro de un contexto postwestfaliano. ¿Qué significa eso? Que los militares, por una parte, defienden unas relaciones de producción que en nuestro caso orbitan esencialmente en torno a la producción de combustibles fósiles y en el futuro cercano otras materias primas de importancia estratégica. Estas relaciones de producción han sido de naturaleza histórica, pero hoy día están afectadas por el hecho que esta relación ha sido capturada por una organización transnacional liderada, como ya dijimos, por el Foro de São Paulo que busca destruir el orden global aun marcadamente westfaliano. Por la otra, los militares han capturado sectores productivos, de por sí atrasados, de la sociedad y el Estado venezolano en un contexto de cambios acelerados de la estructura productiva a escala global gracias a importantes desarrollos tecnológicos.
En estas circunstancias, confinar a los militares a los cuarteles es postergar un problema, al igual que eliminar las fuerzas armadas debido a que la militarización de la sociedad ha generado la aparición de cuerpos para-militares dentro de un contexto estatal signado por la no disposición de fronteras y límites seguros. El otro aspecto a considerar es que desde el inicio de esta disertación se ha hecho énfasis en la relación entre producción y defensa. A estas alturas, se puede observar con más claridad que la estructura productiva nacional focalizada en el tema petrolero nunca fue tema de seguridad nacional a pesar de que muchas individualidades alertaron sobre el problema. Cuando en el año 2002 fue capturada la industria petrolera la acción se hizo como un problema de seguridad no del Estado, sino de la supervivencia del proyecto político transnacional. A partir de ese momento se cambió la cabeza y se inició un proceso de depuración de la estructura de defensa para crear las condiciones de producir la desviación que hoy día estamos observando. Esto propiamente comenzó después del año 2005. ¿En qué consiste la desviación? La desviación se observa, como ya dijimos en la militarización de la sociedad y en la participación activa en el desarrollo nacional. Ambas persiguen la defensa del modelo de desarrollo pasando a segundo plano “la defensa militar del espacio geográfico” como lo dice también la constitución.
La militarización de la sociedad comenzó por dos vías: con la creación de un cuerpo de milicias altamente politizadas que no se corresponde con lo que hemos estado hablando, en sentido histórico, y la constitución de cuerpos combatientes paramilitares: eso aparece en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.
La participación activa en el desarrollo nacional explica la constitución de empresas militares que no se corresponden con la función específica de defensa, es decir, la creación de condiciones logísticas para hacer una defensa eficaz. La pregunta ahora es por qué se produjeron estas desviaciones. Si observamos la estructura normativa que se comenzó a instrumentar en el año 1999 se habla de la elaboración de un concepto estratégico nacional y este concepto debe ser producido por el Consejo de Defensa de la Nación y su elaboración ha sido omitida formalmente. Este es el centro de gravedad para el ejercicio de un control político de la fuerza armada nacional y para la determinación de las verdaderas necesidades de defensa.
Con ello quiero indicar que esta omisión se produjo por la histórica separación de lo ‘civil’ y lo ‘militar’ y esta separación fue aprovechada por la clase dirigente después del año 1998 para producir lo que hoy en día estamos padeciendo. Con ello se puede afirmar que la relación militar e instrucción se consolidó formalmente en el país, pero al margen de la estructura de producción. Esto nos lleva al último punto de nuestra disertación
Pensar el ser-militar en una nueva Venezuela republicana.
Para pensar en un ser-militar en una nueva Venezuela republicana se hace necesario primero definir qué país queremos. Lo que estamos observando hasta el presente es que unos aspiran a volver a la situación anterior al año 1998 en unas condiciones que podríamos decir que “mejoradas”, otros aspiran al perfeccionamiento del modelo instaurado en el año 1998 y otros aspiramos a la constitución de una república bien ordenada. ¿Por qué? Volver a la situación anterior a 1998 significa crear las condiciones de posibilidad de repetir los mismos errores que nos llevaron a esta situación. El perfeccionamiento del modelo de país instaurado en el año 1999 supone un abanico de escenarios que van de la aplicación del modelo ruso en el fraude constituyente a la repetición del modelo sandinista. Aquí me quiero detener un poco.
Me imagino que la constitución que nos van a tratar imponer ya está elaborada. Estamos hablando de un proyecto trasnacional que ha sido constante y consistente en su actuación. Me imagino que al cuerpo de milicias le van a dar un rango constitucional para iniciar el desmontaje definitivo de la fuerza armada nacional y asegurar que su fin incluya la defensa del modelo socialista como característica distintiva de un modelo totalitario. Seguir el modelo sandinista es mantener el paradigma de lo ‘civil’ y lo ‘militar’ y el uso de expresiones como “a los militares hay que volverlos a los cuarteles”. Eso sería un error catastrófico debido a que seguiríamos manteniendo una estructura pretoriana.
Ahora para pensar en una Venezuela republicana quiero introducir dos imágenes: una del pasado y otra más reciente: en el pasado Maquiavelo trató de pensar en una nueva manera de entender la política y la defensa en función de los cambios sociales que estaba viviendo la Florencia de ese entonces. Él buscó, en primer lugar, la creación de un orden político estable y duradero y, en segundo lugar, y muy estrechamente ligado al primer aspecto evitar la contratación de cuerpos mercenarios y extranjeros para la defensa de la república por ser contraproducente. De ahí su obra El Arte de la Guerra.
La otra imagen que les quiero mostrar es la de Noruega. Los noruegos fueron y creo que son amantes de la paz. Pero su ubicación estratégica, sus recursos, sus paisajes, etc., la convirtieron en un campo de batalla en el año 1940 de dos potencias extranjeras. Con esa amarga experiencia se alineó durante la Guerra Fría en la Organización del Tratado del Atlántico Norte y se ha mantenido así hasta el presente. No obstante, un autor, teniendo presente la realidad transicional de un mundo westfaliano al postwestfaliano se ha preguntado qué tipo de militar debe haber en su país. Este autor es Anders Sookermany. Él está pensando en un militar que pueda defender los intereses de su país y no pongan a sus nacionales en contradicciones que lo coloquen en un plano post-heroico y postwestfaliano.
Estas dos imágenes que les he mostrado indican que mi propuesta de  la nueva república venezolana debe apuntar a dar un salto que minimice la posibilidad de distorsiones que generen un ritornelo focalizando la nueva estructura a la defensa de la capacidad productiva y de las condiciones geográficas que la hace posible. Esto es difícil, pero después de ver una sociedad venezolana que pudo sostener efectivamente tres meses de protestas en función de una capacidad productiva disponible es posible. Ello me plantea una pregunta: ¿si los venezolanos produciendo armamentos caseros han podido resistir por qué no pueden tener otros tipos de armas como una milicia en sentido histórico? Eso amerita una sosegada discusión. Como han observado, hay que articular defensa de la capacidad productiva, producción e instrucción. Esa es mi propuesta. Pero por lo pronto hay que pensar en una transición.
La transición, en este sentido, debe considerar dos aspectos sobre los cuales esta podrá ser viable: el primero es la reducción de la separación entre lo ‘civil’ y lo ‘militar’, mediante la realización y aprobación del concepto estratégico nacional debido a que allí se tendrán que considerar hipótesis de conflicto, amenazas y cómo atender a esas contingencias. Si consideramos el tema de fronteras y límites no asegurados, guerrilla, narco-tráfico ya son bastantes los problemas a encarar. El segundo es el control de las armas para evitar la reversión de la transición.
Finalmente la pregunta que surge en el plano militar es: ¿necesitamos ayuda internacional? Si se tiene presente que el proyecto instaurado en el país es transnacional y está relacionado estrechamente con el fraudulento proceso de paz colombiano claro que sí. El problema es el tipo de ayuda. El plebiscito del 16J dan unas respuestas, pero faltan pensar otras acciones.
Si bien es cierto que a nivel discursivo se introdujo por parte del gobierno estadounidense la expresión ‘opción militar’, esta abarca un conjunto de acciones que van de la ayuda humanitaria hasta el empleo de armas nucleares. De hecho, la misma expresión ya es una acción que obliga a la consideración de mecanismos de respuesta que en un contexto de escasez resultan altamente costosos y erosivos. En la situación que estamos viviendo la ayuda debería apuntar a lo siguiente:
·         Forzar la salida de los cubanos castristas debido a que, como representantes del Foro de São Paulo, sostienen la estructura política existente.
·          Aclarar en Colombia la relación que tienen los grupos subversivos pacificados y disidentes con el negocio del narcotráfico y con el Foro de São Paulo para neutralizar las acciones desestabilizadoras del proyecto transnacional.

·         Volver a la situación de neutralización de facto que vivió el país desde el 30ENE1942 hasta 1998, con observación internacional, para evitar que sea espacio de conflicto de intereses transnacionales. 

martes, 8 de agosto de 2017

NEGOCIACIÓN: EL APAGA FUEGO DE LA REBELIÓN VENEZOLANA

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La teoría de la guerra revolucionaria de Lenin y en especial de Mao Zedong estaban planteadas en términos absolutos, es decir, buscaban la aniquilación de la organización político-administrativa del adversario como medio para instaurar su concepción de la política. Este aspecto hay que tenerlo presente en la crisis venezolana desde el año 2002 y en especial entre los años 2014-2017 para comprender por qué la tiranía logró mantenerse de manera efectiva debido a que la izquierda internacional ha construido un cuerpo doctrinario desde el siglo XIX que le ha permitido construir una estructura de acción que ha sido puesta en práctica desde que el Foro de São Paulo se apropió de Venezuela de manera efectiva desde el año 2004 y le ha permitido negociar en una posición de fuerza frente a una clase política histórica que actúa en base a la obtención de objetivos limitados. Este corpus teórico puede ser observado en www.marxists.org. Por ello vamos examinar, en primer lugar, cómo ha operado históricamente este corpus teórico, en segundo lugar, analizar cómo ha sido aplicado en Venezuela y, finalmente, vamos a analizar los inconvenientes que ha presentado la doctrina izquierdista en su aplicación a Venezuela. El objeto es demostrar el inconveniente de negociar con una estructura de acción de esa naturaleza si no se posee una fuerza equiparable.
Los esfuerzos que el comunismo ha empleado para alcanzar el poder en sus diferentes variantes (local o global) datan de la segunda mitad del siglo XIX. El Manifiesto Comunista puede ser considerado el horizonte de comprensión para marcar un punto de inicio de ese esfuerzo sostenido teniendo presente que ya habían o estaban aconteciendo procesos revolucionarios en Europa con esa ideología. Teniendo esto presente, esa izquierda tuvo que aprender de los fracasos para lograr sostenerse efectivamente en el poder en Rusia sobre todo después de su guerra civil. Con ese logro y por intermedio de los congresos internacionales que se iniciaron también en la segunda mitad del siglo XIX se comenzó a producir una doctrina que se fue alimentando de errores y aciertos con el transcurrir del tiempo. Primeramente se consideró esta doctrina como el medio para que cada sociedad pudiese construir el socialismo en cada país y después de la Segunda Guerra Mundial, como medio de generar un nuevo orden fuera del capital y el Estado tal como lo había concebido Marx siguiendo su particular visión filosófica de la historia.
Los aciertos en este corpus teórico se observaron primeramente en China y fueron perfeccionados en Argelia y en Vietnam y posteriormente en Cuba y Nicaragua, pero no fue exitoso en el resto de Iberoamérica ni ha demostrado ser exitoso en la conservación del nuevo orden ni en alcanzar el objeto que supuestamente motivó la destrucción del orden antiguo, es decir, una sociedad sin clases dentro de un contexto de abundancia. Esto se evidenció en el hecho que los supuestos marxistas ni sus consecuencias se produjeron en la Unión Soviética ni en el resto de los países donde se puso en práctica, al contrario han provocado el despliegue de desgracias a un ritmo temiblemente acelerado. Ello explica porque, en todos los casos, han asumido un carácter totalitario.
En relación a la aplicación de este corpus teórico en Venezuela podemos afirmar que esto se produjo en tres fases históricas: la primera acaeció en la década de los años sesenta cuando se pensó, de forma errónea, que los éxitos en Argelia y Cuba podían ser repetidos en el país. La segunda, cuando se inició el proceso de infiltración de la FF.AA.NN aprovechándose de su carácter pretoriano, es decir, del grado de politización existente en los cuadros militares[1]. La tercera se inició a partir del año 2005 cuando se instrumentó la “Nueva Doctrina Militar venezolana” una vez que se había logrado el control de la FF.AA. después del año 2002. Sobre la primera y segunda fase hay que comentar lo siguiente: el hecho decisivo que impidió la instauración de un sistema totalitario fue la movilidad social que hubo en el país entendido por la posibilidad de mejora de las condiciones sociales de los venezolanos. En estas fases los interesados en subvertir el orden no poseían el poder de negociación suficiente para producir un cambio político. Cuando se comenzó la desaceleración de la movilidad social fue que se comenzaron a crear las condiciones de posibilidad de aplicar el corpus teórico de la izquierda internacional. Ello ocurrió a partir del año 1989.
No obstante lo señalado, hay que mencionar lo siguiente: si bien, parte de  la subversión se acogió a la política de pacificación iniciada a principios de los años setenta, la izquierda siguió planteando el cambio político en términos absolutos mientras que el orden venezolano instaurado con el Pacto de Punto Fijo lo planteó en términos limitados desde la perspectiva clausewitziana. Para la izquierda había una guerra revolucionaria que las circunstancias la obligaron a aceptar unas condiciones para ganar tiempo e ir construyendo su nueva estructura de fuerzas.
La revuelta de Tiananmén, el colapso soviético y yugoslavo y el aislamiento cubano obligaron a la izquierda internacional a reagruparse y revisar su corpus teórico para adecuarse a las nuevas circunstancias del conflicto global. De ahí el surgimiento del Foro de São Paulo para replantear el conflicto a escala global y la adopción no sólo de medidas surgidas de las críticas realizadas a la doctrina existente, sino también la de nuevas formas de hacer la guerra hechas por pensadores post-estructuralistas y chinos. ¿Qué buscó este foro? Aumentar su poder de negociación a escala global que logró efectivamente con el cambio político iniciado en el país a partir del año 1998.
¿Por qué, luego de diecinueve años, no se ha podido concretar el proyecto político en Venezuela?
La respuesta a este interrogante tiene dos vías: en primer lugar, los venezolanos han resistido ese proyecto político desde sus orígenes tempranos y en segundo lugar, no ha generado una sociedad de la abundancia como este proyecto preconizaba. Esto nos lleva finalmente, a analizar los inconvenientes que ha presentado la doctrina izquierdista en su aplicación a Venezuela. Esto lo vemos a hacer examinando primeramente la realidad global, seguidamente la tiranía entendida como instrumento de una organización transnacional y posteriormente la oposición venezolana.
La realidad global ha estado sujeta a la sucesión de grandes cambios sociales que se han acelerado en las últimas décadas del siglo pasado. Estos cambios han sido posibles por la existencia de un ciclo determinado por la producción y el consumo que a pesar de sus implicaciones ambientales no se ha detenido. Este aspecto es el que solo me interesa destacar en el sentido que la izquierda ha buscado detener ese ciclo y ello se ha traducido en retraso donde se ha aplicado. Ello explica que la visión del mundo de la sociedad norcoreana esté suspendida en la guerra fría, la sociedad cubana en la década de los años cincuenta y la sociedad venezolana en la década que marcó el fin y el inicio del tercer milenio. Por ello siempre he creído que un cambio político debería producirse para estar en sintonía con el mundo entendido como una totalidad. No para producir un desfase cuya acentuación produzca calamidades de todo orden debido a que pasa a ser un sinsentido como el que estamos viviendo en el país.  
El elemento a favor que han tenido los izquierdistas venezolanos que han sido instrumentos del foro de São Paulo es que tienen conciencia de que forman parte de un proyecto global. La parte siniestra del proyecto internacional en Venezuela es que ya están conscientes de que su esfuerzo fracasó por no comprender la lógica del desfase de los cambios sociales y, como hemos indicado, están usando como instrumento a los venezolanos. El foro de São Paulo al haberse apropiado de los recursos venezolanos dispone de un alto poder de negociación porque le permite acceder a medios de canje en cualquier parte del mundo. Este poder de negociación lo mantiene aún en una posición de fuerza. En Venezuela este poder de negociación se complementa por el hecho de disponer de los instrumentos de violencia del Estado. El elemento en contra que ha tenido la izquierda, además de la incomprensión antes indicada está dado por el hecho que se ha visto obligada a someter a toda la población para preservar el poder. Este acto de fuerza ha generado una atemporalidad en relación con el mundo que en el país se evidencia en carestía y pérdida de la posibilidad de procurarse su modo de trascendencia. Ello explica la rebelión.
Con respecto a la ‘oposición’ venezolana me han preguntado qué entiendo por ella y he dicho que tendencialmente es una multitud, es decir, un conjunto de singularidades y grupos minoritarios que han operado más o menos en común. Ello empezó a verse de forma más clara en la rebelión ciudadana que se inició en marzo del presente año. Esta oposición está o estaba conformada por grupos de diferentes tendencias (partidos, asociaciones, individuos) cuyo plano de inmanencia está dado por su rechazo a la tiranía. Pero repasemos un poco los acaecimientos para determinar su consistencia. Entre enero y marzo del presente año la preocupación de los partidos políticos congregados en la Mesa de la Unidad (MUD) era las elecciones regionales dentro de un contexto de deslegitimación generado por las negociaciones que realizaron a espaldas de la población y permitieron que la tiranía se sostuviera. El inicio de la protesta realizado por los estudiantes se produjo por la conjunción de una serie de factores que para simplificar estuvieron determinados por un conjunto de sentencias realizadas por el Tribunal Supremo de Justicia. Luego que se iniciaron estas protestas se integraron los partidos agrupados en la MUD y otros sectores de la sociedad venezolana.
El poder de negociación de esta multitud estaba dado en su capacidad de destruir el orden político en la medida en que no fuese canalizada ni domesticada. Este fue su punto a favor. Para poder destruir se necesitada una estructura, no una conducción personificada, por ello propuse una estrategia del enjambre debido a que se observaba como un medio, un principio democrático, para generar una unidad de criterio a partir del plano de inmanencia antes indicado y evitar la domesticación mediante la rutinización[2]. Eso fue lo que hizo la MUD. Un proceso de domesticación de la protesta para erigirse como representante. Este fue su punto en contra. ¿Por qué? Porque la MUD no tiene poder de negociación. Esta organización se montó en una situación para lograr lo que aspiraban, es decir, las elecciones regionales. La tiranía ha negociado con la MUD porque la ha visto como un instrumento para amainar la protesta no porque desease negociar. Aquí entra de nuevo el corpus teórico.
La izquierda transnacional solo negocia en situaciones simétricas, es decir, cuando la mutua destrucción es posible o cuando se encuentran en desventaja y solo para aumentar su poder de negociación pero manteniendo su norte de alcanzar objetivos absolutos. La MUD perdió su poder de negociación en octubre de 2016 y se prestó para alcanzar fines partidistas usando a la población venezolana que dio su vida en las calles en estos meses del año 2017. Claro, hay sus excepciones dentro de ese grupo partidista. Para mi estas excepciones estaban dadas por los que protestaban con escoltas y los que no.
Con ello, puedo afirmar que la rutinización de la rebelión y la negociación en la que participaron dirigentes de la MUD solo sirvieron para apagar la rebelión. La MUD o mejor dicho, parte de ella, negoció sin la autorización de los protestantes y sin tener poder para ello y, en este sentido, es conveniente enfatizar que no se puede negociar en condiciones de desventaja. La multitud no opera bajo una estrategia erosiva sino de choque y la dirección no la da la jefatura sino una estructura pluridireccional y multidimensional. Por ello se puede afirmar que la multitud es una hidra de múltiples cabezas que operando en común es altamente destructiva. Solo de aquí puede surgir, como se dijo, un principio democrático que vaya más allá de la tiranía y la MUD.
Para finalizar podemos afirmar que los partidos de la MUD que se prestaron a esa maniobra están entrampados. Luego de la movilización internacional en apoyo a los venezolanos y de certificar que los poderes de la tiranía están desacreditados quieren ayudar a legitimar a la tiranía pasando por encima del esfuerzo de todos los venezolanos. Creo que este va a ser su fin debido a que, al no poseer poder de negociación, necesitan de migajas para garantizar su supervivencia. Esto plantea dos interrogantes: ¿Qué títulos se abrogaron los “negociadores” de la oposición para negociar? y ¿Cuál fue el contexto de la negociación?
Sobre el primer interrogante el título que se abrogaron los “negociadores” de la oposición fue el carisma y la evidencia fue la domesticación de la rebelión. Pero si se analizan las situaciones y los discursos sobre todo en estos tres últimos meses lo que se observa es ambigüedad con la sola excepción de María Corina Machado que, a mi parecer, necesita urgentemente adquirir una visión estratégica de amplio alcance. La arenga de Leopoldo López apuntó a las elecciones regionales. De los demás, ni hablar: ‘Negociaron’ a los venezolanos. Con respecto al segundo interrogante, el contexto de la negociación fue una rebelión con muertos, heridos y detenidos. Después del 01MAY una parte de la multitud buscó escalar y otra parte se quedó expectante para ver hasta cuánto se podía sostener la revuelta.  Ahí fue donde se observó la fractura de la cohesión de los dirigentes de la MUD que acompañaron la protesta. Mientras los jóvenes dirigentes partidistas se mantuvieron empeñados fueron usados para la ‘negociación’. Luego aparecieron los discursos ‘pacifistas’ como preludio a la estrategia de domesticación. Negociar bajo el argumento de ser pacifista en medio de una rebelión es incongruente a menos que el juego fuese domesticar o no se tuviese la suficiente confianza en sí mismo para seguir adelante con la rebelión. Aquí fue donde operó el corpus teórico que sustenta la tiranía: manipularon a los “negociadores” que mental y físicamente estaban amarrados. Por ello se puede afirmar que no existe negociación cuando no existe un equilibrio de fuerzas. Cuando no hay eso que se denominó en el pasado destrucción mutua asegurada, el contexto de la negociación es un espejismo cuando la otra parte, la tiranía, está buscando alcanzar objetivos absolutos.  
Por su parte, la tiranía está operando con un corpus teórico suministrado por la izquierda transnacional. Su temor no fue la MUD sino la multitud y utilizó a la MUD para contener a la multitud. Pero este cuerpo no ha sido capaz de dar cuenta de los cambios sociales que ha vivido la humanidad y aquí es donde se encuentra su vulnerabilidad, es decir, la a-sincronía entre teoría y realidad. Por ello, su doctrina se ha convertido en un dogma que no ha sido considerado por la oposición como un todo por la arrogancia que han tenido en subestimar a sus oponentes y a la multitud. Esta es el foco al cual debe apuntar la multitud para ejecutar su próximo turno.
Venezuela no se rinde…




[1] Ver al respecto: “El Nuevo Ser-Militar venezolano en la Nueva Venezuela Republicana”. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/06/el-nuevo-ser-militar-venezolano-en-la.html
[2] Ver al respecto: Acerca del ‘Plan Zamora’: De la unicidad de la tiranía a la multiplicidad del enjambre. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/06/acerca-del-plan-zamora-de-la-unicidad.html