domingo, 8 de diciembre de 2013

VENEZUELA Y SU HISTORICIDAD MARÍTIMA: PASADO, PRESENTE Y FUTURO




Hablar de Venezuela y la geopolítica marítima durante cinco siglos de historia de acuerdo con las pautas establecidas por el seminario “El Mar en la Historia de Venezuela” de la Universidad Católica “Andrés Bello” comporta básicamente dos problemas desde la perspectiva ontológica y epistémica: el primero de ellos es referido al hecho que esa palabra comenzó a aparecer en el vocabulario analítico en el siglo XX y, el segundo, muy relacionado con el primero es que desde la perspectiva temporal se persigue aplicar un concepto a un período determinado, es decir, desde el momento en que el territorio que hoy constituye Venezuela comenzó a insertarse en Occidente desde el punto de vista político y económico. Por ello prefiero hablar de Venezuela y su historicidad marítima, intentando con ello hacer una revisión que permita indicar tendencias usando para ello la propuesta filosófica de Deleuze y Guattari..

En relación con el primer aspecto podemos afirmar que la geopolítica fue una expresión derivada de la geografía política y se diferencia de esta en su carácter intencional, es decir, la geografía política de la mano de Federico Ratzel se desarrolló como una ciencia encargada de estudiar la relación de una comunidad política con el espacio geográfico, en términos históricos, de acuerdo con postulados darwinistas y positivistas característicos de la época. La principal consecuencia de esta nueva ciencia fue que los estudiosos a posteriori comenzaron a asociar esta relación hombre y espacio con las ideas de evolución y progreso, ambas fundamentadas en una división internacional del trabajo. De esta nueva ciencia surgirían también tres determinismos que expresaron cómo la geografía podía influir gracias a los avances tecnológicos en las relaciones de poder existentes en el escenario internacional. Estas visiones fueron: una marítima preconizada por A. Mahan gracias al advenimiento de los buques a vapor y de acero, una terrestre desarrollada por H. Mackinder basada en los desarrollos de las comunicaciones ferroviarias y terrestres, y por último una aérea iniciada por Dohuet y perfeccionada por Seversky gracias al desarrollo de la aviación. Estas tres visiones deterministas de la geografía serían integradas en una sola después de la Segunda Guerra Mundial gracias a la visión estratégica global desarrollada por N. Spykman[1] y a los desarrollos conceptuales realizados posteriormente por S. Bernard Cohen.

Geopolítica es una expresión que refiere la causalidad espacial de los procesos políticos. Dicho de otra manera es la geografía en movimiento producida desde una perspectiva intencional. Podríamos decir que la geopolítica es un fenómeno intencional basado en el análisis de cómo la acción política afecta un espacio determinado. La intencionalidad está relacionada fenomenológicamente en cómo se expresa la acción política, es decir, si se expresa en términos antagónico (o competitivos), cooperativos o mixtos. La forma en que se expresa la acción política se evidencia en determinar si la relación, disminuye o aumenta la potencia de la comunidad política para mantener la relación que la une. Así pues como concepto del siglo XX que debe ser aplicado al pasado, al presente y al futuro se hace necesario ir a los antecedentes de esta expresión para tratar de crear un marco de análisis suficientemente flexible que permita aprehender la historia del movimiento geográfico producida por diversas conciencias intencionales en un período determinado y poder así indicar tendencias que permitan establecer hechos portadores de futuro.

Al respecto nos referiremos a cuatro antecedentes sobre el estudio de la geografía para propósitos políticos porque van a ayudar a emplear la expresión “geopolítica” en el período considerado. En primer lugar se tiene que el primer antecedente de la citada expresión lo encontramos con el trabajo del piamontés Giacomo Durando, quien realizó un trabajo sobre geoestrategia para demostrar el efecto que tenía la geografía en las operaciones militares (Coutau-Bégarie, 1999). Antes que el autor piamontés, en segundo lugar, Raleigh, quien visitó las costas de Tierra Firme con un propósito no amigable para la causa española, expresó en el año 1552 que aquel que controlase el mar controlaría el comercio y aquel que controlase el comercio mundial controlaría las riquezas del mundo. En tercer lugar, Cicerón describió la importancia de la ubicación de una polis para efectos de la defensa y, mucho antes que él, Kautilya (321 a. C. /2008), describió el Arthasastra como la ciencia que enseña cómo se adquiere y se preserva la tierra para la subsistencia de la humanidad. En cuarto y último lugar, me quiero referir al origen de la palabra estrategia. La palabra estrategia, en la Grecia clásica, y en especial en Atenas, proviene de la palabra ‘stratos’ que a su vez significaba codificación en diferentes planos, es decir, político, económico, etc.; ‘strato-agein’ significaba estratificación de un espacio y el ‘stratego’ era quien estratificaba espacios (Coutau-Bégarie, 1999). Así pues, Tucidides, Nicias, Alcibiades fueron strategos que mediante la guerra estratificaban espacios para los fines políticos de Atenas.

Con ello tenemos entonces que las palabras ‘geo-política’ y ‘geo-estrategia’ parecieran ser redundantes[2]. Ya en cierta forma hemos indicado los desplazamientos de significados de la expresión ‘geopolítica’ y cómo precisamos este concepto desde una perspectiva intencional. En la palabra ‘estrategia’ también se produjo un desplazamiento de significado. Hoy en día se conoce genéricamente como cualquier secuencia meditada anticipadamente de decisiones puntuales que tiene como fin un propósito específico. Si asociamos este concepto con la geografía y la intención de producir un efecto en un período que se expande de un presente dado a un futuro determinado podríamos afirmar que le hemos quitado a esta expresión una redundancia de origen etimológico. Ahora ¿por qué codificar espacios? Creemos que podríamos encontrar una respuesta mística en el Éxodo, pero es en el Arthasastra donde podemos visualizar una explicación racional de acuerdo con el significado que nos interesa porque plantea el tema del espacio en términos de supervivencia de una comunidad política sedentaria.

Así pues, codificar es apropiarse de un espacio para efectos de hacerlo parte de una estructura de producción y de subsistencia. Este aspecto es conveniente tenerlo en cuenta debido a que la comunidad política sedentaria se ha opuesto históricamente a la comunidad política nómada. El primer estudio de esta oposición se ubica en el siglo XIV con la obra de Ibn Jaldún (1377/1967) conocida en Occidente como los Prolegómenos para una Filosofía de la Historia[3]. Si analizamos los momentos de gran conflictividad global a lo largo de la historia encontramos que esta se produjo por la oposición o el antagonismo entre comunidades políticas sedentarias y comunidades políticas nómadas (Chaliand, 1994)[4]. En el siglo XV este nomadismo se trasladó a los océanos iniciándose una nueva era de conquista y apropiación de nuevos territorios. En América también sucedió algo parecido, por ejemplo, entre los aymará frente a los tiahuanacos y entre los caribes frente a los arahuacos. En este contexto, hablar entonces de Venezuela y la geopolítica marítima durante cinco siglos de historia es hablar de la oposición o el antagonismo entre:

1.- Pueblos nómadas y pueblos nómadas europeos y simultáneamente entre pueblos nómadas europeos contra pueblos sedentarios y pueblos semi-sedentarios.
2.- Pueblos sedentarios y pueblos sedentarios, y
3.- Pueblos sedentarios y pueblos nómadas.

De acuerdo con esta categorización podemos entender la geopolítica como el efecto de la relación entre pueblos nómadas y pueblos sedentarios y ello nos permite analizar los efectos de la intención política de actuar a través del mar y de la tierra siguiendo los antagonismos que se han producido por esa relación a partir de la capacidad de una comunidad política de autorganizarse en el espacio que ocupa, es decir, en el mar (poder marítimo), en la tierra (poder territorial) y en el aire (poder aéreo). Ibn Jaldún expresó que el curso de la historia no era cíclico, sino que se producía en forma de espiral. Teniendo esta afirmación presente, nuestro propósito es aplicar esta tesis para constatar su actualidad siguiendo al efecto la reinterpretación de la obra de este autor realizada por Deleuze y Guattari.   

1.- El antagonismo entre nómadas europeos y entre nómadas europeos y pueblos aborígenes.

 El antagonismo entre europeos se extendió con el proceso que condujo al Tratado de Tordesillas, es decir, el instrumento que le dio a España y Portugal la exclusividad para conquistar, colonizar y catequizar nuevos espacios políticos, es decir, recodificar nuevos espacios y finalizó primeramente cuando europeos lograron establecerse firmemente en el continente americano y finalmente con el Tratado de Paz de Westfalia en el año 1648.

Este período se caracterizó por el antagonismo entre europeos para lograr como españoles y portugueses el acceso al mar y para conquistar y recodificar nuevos espacios. También se presentó el antagonismo entre esos nómadas europeos contra pueblos sedentarios como los aztecas, los mayas, los incas y los chibchas y se presentó un antagonismo entre los nómadas europeos y otros pueblos nómadas o semi-sedentarios en el mar, en los ríos y en la tierra como los que habitaron lo que se conoció como Tierra Firme y hoy día se conoce como Venezuela.

En relación con el antagonismo entre pueblos nómadas europeos frente a la exclusividad dada a españoles y portugueses, es decir, un mare clausum  y un territorio sin límites nos detendremos un poco para examinar los actos intencionales que hicieron que la geografía marítima se moviera formalmente de un mare clausum a un mare liberum en el año 1648. Los actos intencionales realizados por ingleses[5], franceses[6] y holandeses[7] persiguieron demostrar mediante prácticas desarrolladas a tal fin sus derechos tanto en los espacios marítimos como en los espacios terrestres de ultramar que fueran encontrados a partir de la proyección marítima ¿cuál fue su fundamento y en qué consistieron estas prácticas? Consistieron en:

*    La posesión efectiva del espacio.
*    El uso continuo y pacífico del mismo, al menos en la relación entre europeos.
*    El comercio en condiciones exclusivas.

La importancia de este modo de proceder es que estas prácticas comenzaron a generar costumbre y la costumbre a dado títulos a lo largo de la historia. Hoy en día el concepto que recoge esa posibilidad de adquirir títulos, desde el punto de vista jurídicos, se cobija bajo la expresión ‘circunstancias especiales’. En el mar Caribe, los españoles lograron la posesión efectiva en los grandes territorios. Dejaron de manera deliberada los pequeños aún a pesar de que desde el principio de la conquista tuvieron la certeza de que ese mar era un mar Mediterráneo con el cual se dificultaría el control absoluto del espacio. Las prácticas continuas y pacíficas de navegación (y otros usos) y comercio, la lograron los españoles en relación con los otros europeos efectivamente con una política de exclusión por un período considerable, es decir, en el período en que lograron mantener la supremacía marítima. El enfrentamiento entre europeos, en ese entonces, se produjo en el mar primeramente de forma asimétrica y limitada por el modo en que se realizaba el combate naval, es decir, mediante el abordaje y porque estos combates no amenazaron la existencia de las comunidades políticas europeas, y posteriormente, con los cambios tecnológicos la guerra en el mar se produjo de forma simétrica gracias al desarrollo de la artillería y la aparición de naves más maniobrables, pero se mantuvo su carácter limitado porque el objeto de los otros europeos fue el acceso a los nuevos espacios para su re-codificación y no la aniquilación del adversario.

Con respecto al antagonismo que se presentó entre los nómadas europeos (españoles y alemanes en nuestro caso)[8] y los pueblos aborígenes nómadas o semi-sedentarios en mar, ríos y tierra es de indicar que este se produjo de forma asimétrica y absoluta. Asimétrica por la diferencia tecnológica de los medios empleados entre antagonistas. Absoluta porque la lucha fue planteada por los europeos para imponer una nueva codificación del espacio, es decir, un estado basado en un tipo de relación político-económica y por los aborígenes como una lucha contra ese estado que al final les sería impuesto (Clastres, 1977)[9]. La forma en que se expresó el estado fue mediante el mantenimiento efectivo del nuevo espacio. En este contexto los aborígenes pasaron a resistir ese poder en la medida de sus posibilidades.

La codificación del nuevo espacio se expresó, en primer lugar, en una estratificación social fundamentada en un tipo de producción basada en la extracción, es decir, perlas, oro, sal, azúcar y en la producción agrícola de las áreas que fueron de interés para los españoles y, en segundo lugar, en el hecho que la idea de la historia pasó a ser la visión del pasado impuesta por los vencedores. Este aspecto es conveniente tenerlo en cuenta debido al mismo nombre que se le ha dado al tema geográfico de una especial área del Caribe como lo que hoy constituye Venezuela en este seminario del “Mar en la Historia de Venezuela”, debido a que el antagonismo que se presentó fue entre pueblos con historia (los europeos) y los pueblos sin historia, es decir, los pueblos que se negaron a someterse a un poder que se hiciera histórico. La paradoja de esta situación es que si seguimos la tesis de Cocco (2006-2008:305-310), con el mestizaje, se produjo una especie de antropofagia guerrera donde los vencedores adoptaron las formas y usos de los vencidos no sólo para adaptarse a la nueva geografía, también para explotar sus ventajas en todos los campos del quehacer político[10]. Es decir la recodificación impuesta por los europeos en nuestro espacio supuso la necesidad de adoptar los códigos con que los aborígenes vivieron y aun viven en el mismo. Por ello, donde no hubo aborígenes, la presencia española y/o alemana en los primeros tiempos fue muy escasa. Ello explica la perdida en 1632 de lo que hoy se conoce como las Antillas Holandesas a pesar de que cuarenta años atrás Simón Bolívar “el viejo” codificó el espacio marítimo ubicado entre Tierra Firme y las islas adyacentes bajo el nombre de Mar de Venezuela.

Este año de 1632 nos permite ubicarnos de nuevo en el contexto histórico europeo. Entre el año 1618 y 1648 se desarrollo en Europa la denominada Guerra de los Treinta Años (GdlXXXa) una guerra civil alemana que conectó de forma rizomática una serie de guerras que estaban acaeciendo en ese continente convirtiéndose al final una lucha por la supremacía europea (Blanco, 2012). En el mar, esta lucha se desarrolló dentro del marco de la lucha realizada por los otros europeos para abolir el famoso tratado de Tordesillas. Una de las guerras que conectaron con la guerra alemana fue la guerra hispano-holandesa. Este enfrentamiento por la independencia neerlandesa se desarrolló en Europa, América y en el mar. En tierras europeas y americanas los holandeses obligaron a los españoles a desplegar medios navales para defender Brasil entre 1625 y 1641 y para sostener el esfuerzo de guerra en el centro de Europa. Por ello, para los españoles, Aruba, Curazao y Bonaire eran objetivos menores que podrían recuperarse en una mesa de negociaciones si el resultado de la guerra les era favorable. En el mar, el momento culminante de la guerra lo constituyó la batalla naval de las Dunas (1639) porque marcó, en la práctica, el agotamiento del poder naval español. Esta batalla se produjo por el intento hispano de reforzar a sus fuerzas terrestres en el Flandes. Si bien lograron el objetivo, a partir de ese momento, el país ibérico no tendría la misma fuerza en el mar para defender su tráfico marítimo.

El agotamiento español y el agotamiento de los Habsburgos en el centro de Europa generaron las condiciones para la concreción del Tratado de Paz de Westfalia. Ese tratado de paz significó el fin de más de cien años de hegemonía española y el establecimiento de un orden político multipolar que finalizó con el fin de la Segunda Guerra Mundial. De este tratado nos interesan sus implicaciones marítimas debido a que en él se consagró el principio de libertad de los mares y el libre comercio, aspectos fundamentales para entender la realidad marítima del mundo de hoy[11]. El Tratado de Paz de Westfalia suplantó las cláusulas establecidas en el Tratado de Tordesillas mediante la realización de una serie de actos intencionales que tuvieron a la guerra en el mar como medio para el logro de un fin, es decir, asegurar la posibilidad de navegar, conquistar y comerciar en igualdad de condiciones que portugueses y españoles.  Las consecuencias de estos actos intencionales que se consagraron en un derecho positivo nos indican la estrecha relación que ha existido entre guerra, derecho y producción en el sentido que la violencia deliberada, tal como nos los ha indicado Benjamin (1921/1998) es la forma en que se ha materializado la apropiación de una capacidad productiva y se ha mantenido mediante un forma de codificación normativa para efectos de un orden político determinado. La “liberalización” de los espacios marítimos hizo que la soberanía de un Estado quedase circunscrita al buque que navega en Alta Mar en un contexto en que la navegación comportaba un riesgo generado no sólo por el desconocimiento del espacio marítimo en sí, también por la dificultad de conocer a plenitud las actividades que allí se ejecutaban (eso aun sucede hoy en día) tanto en el buque como el espacio que navega. En estas circunstancias, la soberanía de los Estados en el mar se rigió, en primer lugar, precariamente por ese derecho positivo y, en segundo lugar, por la costumbre. Esta relación entre costumbre y derecho pasó a ser el baremo que comenzó a determinar los estados de paz y de guerra si nos atenemos a las prácticas depredadoras realizadas por europeos contra los buques españoles y portugueses que intentaban llegar a sus metrópolis con sus cargamentos de minerales preciosos extraídos gracias a otro acto depredador en el continente americano.

En vista que el derecho positivo en el mar pasó a ser el baremo que podía identificar un estado de paz y un estado de guerra era necesario demostrar que un acto de fuerza no fuese un acto de guerra. ¿Por qué esta afirmación? Porque dado que la guerra, una actividad focalizada en la apropiación como se evidenció en la GdlXXXa y las luchas por el control de espacios específicos en América, era necesario generar prácticas de derecho que fuesen aceptadas a fin de asegurar el espacio geopolítico. Este proceso será analizado a continuación.

2.- El Antagonismo entre pueblos sedentarios.

A partir del año 1648, es decir, desde el inicio de la era de la libertad de los mares, comenzó una forma de antagonismo entre pueblos europeos que se habían hecho sedentarios en los lugares que colonizaban que en cierta forma se ha mantenido hasta el presente de acuerdo con la tesis de A. Quijano de la Colonialidad del Poder[12], es decir, un antagonismo entre americanos de origen europeo y un antagonismo realizado bajo la forma de resistencia de los aborígenes frente a las poblaciones de origen europeo. Este largo período puede ser dividido en varias etapas, a saber: Primera etapa entre 1648 y 1782, la segunda etapa entre 1782 y 1901 y la última etapa entre 1901 y el presente. A continuación vamos a hacer un análisis de cada una de estas etapas.

a.- Etapa de 1648 a 1782.

Esta primera etapa se caracterizó, entre europeos, en que el mar se convirtió un espacio en disputa que produjo hasta inicio del siglo XVIII el agotamiento de neerlandeses y españoles. Este hecho es pertinente tenerlo en cuenta debido a que, en primer lugar, generó un entendimiento hispano-neerlandés que se reflejó en el Caribe y, en segundo lugar, planteó a los españoles la necesidad de reorganizar sus dominios a fin de que fueran estos autodefendibles[13]. Esta capacidad de autodefensa evidenciada como consecuencia de la nueva organización demostró su eficacia en la Guaira, Puerto Cabello, Cartagena, San Juan de Puerto Rico e incluso en el morro de la Habana a pesar del revés sufrido por los españoles.

Con respecto a la relación de europeos y la población aborigen y la población negra traída por la fuerza de África se puede afirmar que, a pesar de la estratificación social, se produjo un proceso de integración a occidente a partir del perfeccionamiento de la estructura de producción. Este hecho fue de importancia capital debido, en primer lugar, a que esta integración social a una actividad económica supuso una división colonial e internacional del trabajo y, en segundo lugar, la efectividad demostrada en la defensa del espacio a ataques provenientes desde el mar entre 1739 y 1743 creó las condiciones para la generación de una comunidad política autónoma que se denominaría Capitanía General de Venezuela tal como se comenzó a designar gran parte del espacio que hoy se denomina Venezuela.

Este perfeccionamiento de la relación producción y defensa le permitió a España recuperar una importante posición de poder en el hemisferio occidental y le permitió además intentar cerrar espacios marítimos con el fin de asegurar espacios continentales. Las consecuencias de estas prácticas administrativas, como muy bien ha señalado Bracho (2005a), no sólo estuvo en que han sido fuentes del derecho del mar actual a partir de una costumbre, también, la eficacia, aunque baja, le dio títulos a los españoles por el reconocimiento tácito de los infractores y le dio títulos a Venezuela para asegurar la posesión de importantes espacios marítimos gracias a los acuerdos de límites suscritos con Estados Unidos, Francia y el Reino de los Países Bajos entre 1978 y 1982.

Puesto que la costumbre pasó a ser la fuente básica para declarar un derecho[14], esta se conceptualizó como un hábito adquirido para ejecutar una misma cosa continuadamente. Este hábito pasa a ser un fuero o ley no escrita que tiene la misma fuerza y produce el mismo efecto que la propia ley, siempre y cuando se aplique en las circunstancias o solemnidades prevenidas por derecho para que:
 
• sea sobre el punto o cosa que se pueda seguir algún bien.
• su uso y ejercicio sea público.
• se admita con voluntad de todas las personas que componen el pueblo.
• no se oponga o contravenga a los derechos o leyes escritas.
• la permita o tolere autoridad constituida.

Así pues, si tomamos como ejemplo la instrumentación de la teoría de los rumbos sospechosos (Bracho, 2005 a) podemos afirmar que ésta comenzó a revertir la tesis de la libertad de los mares desde su implantación a mediados del siglo XVIII. Otro aspecto que se derivó de la recuperación de la capacidad de proyección española, fue el desarrollo de nuevas capacidades navales dadas por la liberalización del comercio intercolonial. Sin embargo, la rebelión de las colonias británicas en América del norte produciría un reacomodamiento de la relaciones de poder a escala global con efectos en la región. Como se sabe, la guerra de independencia estadounidense fue un momento aprovechado por España y Francia para recuperarse de las pérdidas sufridas en el Caribe durante la Guerra de los Siete Años. Para España, con la excepción de su fracaso en recuperar Gibraltar, la guerra fue favorable. El golpe final franco-español al poder británico en el Caribe iba a ser la invasión de Jamaica, pero la fuerza naval francesa fue interceptada en el estrecho de Los Santos siendo derrotada por una fuerza similar británica. Esta batalla le daría al Reino Unido una supremacía marítima, ratificada en Trafalgar, hasta el año 1923 fecha en que se celebraría el Tratado de Washington. Este tratado fue un instrumento creado para controlar la producción de buques de guerra de modo de evitar un desequilibrio estratégico en perjuicio del Reino Unido[15].

b.- Etapa de 1782 a 1901.

Con la independencia estadounidense, la lucha planteada en términos de apropiación cambió de sentido puesto que, además del territorio conquistado y aún por conquistar se buscó adquirir, desarrollar o crear una capacidad productiva. Esta intencionalidad se haría más patente con la revolución francesa, la revolución haitiana y posteriormente con la revolución de las colonias hispanoamericanas. En lo que concierne a Francia, el estallido de la revolución en el año 1789 propició las condiciones para esparcir las ideas revolucionarias a escala global, generando al efecto dos consecuencias: En primer lugar, hizo que se reprodujera la revolución en el continente americano, primeramente, en Haití y posteriormente en todo el continente. En segundo lugar, limitó la capacidad de maniobra española en el Caribe. Para compensarla asumió una actitud anti-revolucionaria en relación con los franceses, pero el costo de esta actitud a mediano plazo comenzó a ser alto y por ello trató de restablecer la entente franco-española. En este vaivén de la política española fue que se produjo la perdida de la isla de Trinidad y el apoyo británico a la expedición mirandoniana del año 1806.

Así pues, la perdida de la isla de Trinidad en el plano geopolítico puso a Inglaterra dentro de una estrategia preconcebida unas décadas antes (Plan Naitland y Plan Vansittart) en disposición de una plataforma de proyección para penetrar el hinterland venezolano vía río Orinoco. Por esta razón, las operaciones navales que culminaron en Trafalgar tuvieron como pivote esta isla caribeña (Castex, 1937). Pivotear sobre Trinidad con una capacidad de proyección marítima desde Puerto Cabello hubiese sido suficiente para que España recuperara la citada isla. Ya desde 1800 había desde Caracas planes para la citada recuperación, pero la crisis que afectaría a España en la propia metrópoli y el fracasado intento de Francisco de Miranda de libertar la América meridional indicó un cambio de circunstancias que abrió las condiciones de posibilidad para la recodificación, en términos fácticos, a la América hispánica.

La invasión de España por parte de Napoleón produjo un cambio de la situación estratégica en Europa, con consecuencias en Hispanoamérica y en especial en el Caribe, es decir, favoreció la recodificación de la América Meridional y posteriormente portuguesa. Pero la génesis de este proceso de recodificación que en sí se materializó en la liberación americana de la península ibérica, se produjo desde el mismo proceso de colonización. Kaldone Nweihed para explicar la atracción mutua que históricamente ha existido entre Caracas y Buenos Aires, ha afirmado que esta atracción ha obedecido a consideraciones de orden geopolítico. Esta consideraciones estuvieron relacionadas con: 1.-) el trato secundario que le dio España a estos dos polos en relación con las principales fuentes de riquezas del continente en la época colonial y 2.-) por la visión continental del proceso colonizador sobre todo a partir del siglo XVIII que relegó al océano Atlántico, canal de comunicación entre la metrópoli y sus posesiones americanas (2000:379-388). Desde el punto de vista geopolítico, estas dos ciudades se caracterizaron por su desarrollo de cara al mar, produciendo una situación discordante entre los principales puntos de interés geoeconómico españoles por lo que se crearon las condiciones para que fuesen estos dos lugares los centros de irradiación de los procesos revolucionarios que emanciparían a todo el continente del dominio ibérico. Ya hemos indicado que la capacidad de proyección desde Tierra Firme se inició con los caribes. Esta capacidad se recuperó en Venezuela temporalmente con la compañía Guipuzcoana, pero fue sólo en el año 1804 que se institucionalizó con la creación del apostadero de marina de Puerto Cabello (Bracho, 2005b). La creación de este apostadero de marina formalizó una realidad, es decir, la proyección marítima de una venezolanidad constitutiva.

El intento de Miranda de libertar la América meridional y su propuesta de organización política para el estrato americano representó una línea de fuga que tenía como propósito convertir a la región en una entidad política que proyectase una nueva manera de entender el mundo, pero dentro de un contexto liberal desde la perspectiva de la creación de condiciones materiales para la vida. Esta línea de fuga sería seguida por Bolívar unos años después aunque en unas condiciones diferentes por la misma naturaleza de una liberalidad consagrada en el Congreso de Viena en el año 1815. En el Congreso de Viena, más allá del tema de la restauración monárquica europea, se ratificó el artículo establecido en la Paz de Westfalia relacionado con el libre comercio, pero las circunstancias eran diferentes[16]. En el año 1648 había varias potencias europeas compitiendo en el mar, por el contrario, en el año 1815 había una sola potencia hegemónica que convertía el libre comercio a escala global en una actividad cuyas condiciones sólo lograba mayores beneficios quién tuviera una apreciable presencia en los espacios marítimos. Si se consideran los planes ingleses de desintegración del poder colonial español mostrados en el cuadro denominado “El Proceso Independentista y la estructuración del orden Liberal” se pueden encontrar, en primer lugar, coincidencias entre los planes ingleses y cómo fue el proceso de liberación y liberalización suramericano, y en segundo lugar, se pueden hacer inferencias a cerca del liberalismo como realidad económica dentro de un contexto ideológico gestado gracias a la contribución, entre otros del pensamiento de B. Benthan.

Antes del año 1830, en el Caribe, la prioridad estuvo dada por la percepción de una amenaza generada como consecuencia de la restauración europea. Ello explica la realización del Congreso Anfictiónico de Panamá convocado por el Libertador Simón Bolívar. Sólo cuando se comenzó la fragmentación de la Gran Colombia gracias a las garantías de libre comercio y el apoyo naval británico a los secesionistas encabezado por el Almirante Fleeming, fue que se logró comprender que el “libre comercio” en condiciones desventajosas era prácticamente un monopolio que sólo beneficiaba a quién pudiese transportar lo producido.

Si bien, el libre comercio no constituiría originalmente una fuente de conflictos, la fragmentación geográfica generaría en los nuevos Estados problemas de delimitación de la propiedad cuya solución en principio se ajustó a lo que las administraciones coloniales pudieron defender efectivamente y el referente usado fue el instrumentado por el Reino Unido y el Reino de España para acabar con la denominada guerra de la Oreja de Jenkins, es decir, lo poseído continuará bajo posesión (utis possidetis juris) (Allinson et alli, 2003 y Bracho, 2005a). Con ello, territorios que los españoles por alguna u otra razón no ocuparon en tierra y mar pasaron a tener una gran importancia dentro de la percepción de los dirigentes de las recientes repúblicas pasando a constituir, en consecuencia, en fuente de conflictos. Los otros problemas que el utis possidetis juris no pudo resolver, fueron medianamente solucionados con la aplicación en nuestra región de las prácticas normativas europeas consagradas en el Congreso de Viena, en especial las relacionadas con límites y navegación fluvial. Así pues de este proceso se puede destacar, en 3el caso venezolano, un aspecto marítimo relativo a la posesión en sí y otro fluvial que implicaba además de la posesión, otros usos cuyo fin era disminuir los riesgos de conflictos en condiciones desventajosas.

En relación con la determinación de la posesión efectiva en el escenario marítimo se tiene lo siguiente: En el Siglo XIX, en primer lugar, las disputas por la soberanía de isla de Aves y el archipiélago de Los Roques entre Venezuela y el Reino de los Países Bajos y, en segundo lugar, isla de Patos entre Venezuela y el Reino Unido. Con respecto a la navegación fluvial se tienen, en primer lugar, los casos del río Catatumbo y río Guainía entre Venezuela y Colombia y, en segundo lugar, el río Orinoco entre Venezuela y Colombia y el Reino Unido. En el espacio costero/ribereño podemos mencionar, en primer lugar, la Goajira entre Venezuela y Colombia y, en segundo lugar, la Guayana Esequiba entre Venezuela y el Reino Unido.

El resultado de todas estas disputas es del todo conocido. En todas ellas, la diplomacia naval jugó un papel preponderante. Nos interesa destacar que la posesión efectiva significa en si la ocupación y/o uso del espacio. En este contexto, si bien el Estado hizo esfuerzos materializados en la realización de actos de soberanía con sus fuerzas navales en varios momentos en la segunda mitad del siglo XIX, fue la actividad de los privados aseguradas desde el punto de vista público a partir de un proceso de estratificación desarrollado mediante una estructura de producción lo que determinó la propiedad del espacio. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX se hicieron esfuerzos desde el Estado para desarrollar un poder marítimo. Al respecto Bracho ha destacado, por una parte, el papel de Guzmán-Blanco y, por la otra, Bracho y Rivero-Blanco (2013) han destacado los esfuerzos realizados por Cipriano Castro.

Sobre el origen del desarrollo del poder marítimo podemos mencionar que en algunos casos ha sido privado, como el caso español, inglés, italiano, neerlandés y estadounidense; en otros ha sido público como el caso francés, alemán, ruso, hindú y actualmente chino; y, por último, ha sido mixto, como el caso japonés, surcoreano, por citar sólo algunos ejemplos. En el caso venezolano, los esfuerzos fueron privados en todo el siglo XVIII y públicos desde la independencia y por el resto del siglo XIX. Quizás ese fue un error que se arrastró desde el establecimiento de las ordenanzas navales de Carlos III y Carlos IV. Habría que repensar la actividad marítima a partir de las enseñanzas que nos dejó la Compañía Guipuzcoana, en el siglo XVIII, a partir del impulso desde el Estado de la actividad marítima privada. En todo caso, a pesar de los esfuerzos realizados por Guzmán-Blanco, en el Caribe se estaban produciendo unos cambios políticos generados por el expansionismo estadounidense generando un cambio de circunstancias que se sintieron en todo el hemisferio occidental. Este expansionismo se materializó con la expulsión de España del Caribe y la apropiación de la construcción del canal de Panamá que significó a su vez la desmembración de una parte de Colombia. Estos hechos junto con la amenaza de guerra en Europa y el desgaste que provocó en el Reino Unido la guerra Boer, permitió la concreción del tratado Hay-Pauncefote en el año 1901 iniciándose con ello una nueva época en la región.

c.- Etapa de 1901 hasta el presente.

La pérdida de capacidad del Reino Unido de influir en la región no la limitó a actuar en momentos culminantes de nuestra historia como lo fueron el combate naval de Río Hacha en 1901 y el bloqueo anglo-germano-italiano de 1902-1903. El poder estadounidense se materializó en el papel de árbitro que jugó en los endémicos conflictos internos en el país y en las crisis internacionales que se presentaron a inicios del siglo XX. La creciente presencia estadounidense en la región tuvo dos momentos de alta intensidad en el Caribe, es decir, durante la Segunda Guerra Mundial y a inicios de la década de los años noventa con la guerra contra el narcotráfico. Por esta razón podemos analizar este último período a partir de la consideración de tres sub-etapas: la primera que va de 1901 a 1982 caracterizada por los esfuerzos venezolanos en resistir la influencia estadounidense y la irrupción del pensamiento geopolítico en el país, la segunda que va de 1982 a 1991 caracterizada por el desvelamiento de una crisis manifestada en las formas de pensamiento que en el país se materializó en el estancamiento de las capacidades marítimas y en la adopción de las tesis propugnadas en lo que se denominó Consenso de Washington, y la última desde 1991 hasta el presente caracterizada por un proceso de fragmentación del orden internacional ocasionado por el declive estadounidense y el surgimiento de nuevos actores políticos en un contexto signado por una grave crisis social que afecta a una gran parte de la humanidad. La determinación de ese período obedece a las siguientes causas:

*    Si bien el año 1901 marcó el ascenso formal de EE.UU. como potencia continental, ese año se produjo el único combate naval que empeñó a las fuerzas navales venezolanas con fuerzas extranjeras provenientes de Colombia, Francia y el Reino Unido (Bracho, 2011) y 1982 fue el año en que se aprobó la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar, acuerdo en el que Venezuela no formó parte por reservas realizadas al citado tratado.
*    En el año 1991 ocurrieron dos hechos notables que marcaron el reformulamiento de las funciones de nuestras fuerzas navales. El primero fue la segunda guerra del Golfo Pérsico liderada por EE.UU. para liberar Kuwait, un importante país petrolero a escala mundial y el segundo fue el desmembramiento de la Unión Soviética. En el medio de estos acontecimientos, el Ministro de la Defensa de Venezuela, a la sazón el Vicealmirante Jurado Toro expresó públicamente que el país se había preparado para defender todo el complejo industrial petrolero venezolano y los buques de guerra estaban patrullando el Golfo de Venezuela para prevenir cualquier tipo de interrupción del tráfico en vista del aumento de los precios del petróleo. Este hecho indica que la estructura de defensa nacional no estaba orientada solamente a satisfacer las necesidades defensivas dentro del marco del conflicto este-oeste, también, que el país tenía y tiene unos intereses que defender más allá del tema ideológico.

c.1 La Irrupción del pensamiento geopolítico en Venezuela.

Si bien es cierto que F. Ratzel fue el fundador de la geografía política, la connotación intencional que nos permite usar la expresión geopolítica fue un proceso que tuvo varias vertientes. Estas vertientes tuvieron sus orígenes, como ya se señaló, en los trabajos de Mahan, Kjellen y Mackinder. Un análisis histórico acerca de las datas en que estos autores dieron a la luz sus más importantes obras nos indica claramente que en términos de ideas basadas en la geografía, fue el pensamiento de Mahan el primero que entró en el país gracias a los escritos de Ramón Díaz en el año 1908[17]. Esta afirmación obedece a que la teoría de Mackinder sobre el Heartland se esboza en el año 1911 y el término geopolítica creado por Kjellen apareció por primera vez en el año 1916. Las causas por las cuales fue el pensamiento naval el que entró tempranamente al país obedece a que, en primer lugar, Venezuela se comportó como un país marítimo hasta que se inició el proceso independentista, en segundo lugar, fue severamente afectada por el bloqueo naval anglo-germano-italiano del año 1903 obligando a sus dirigentes a recuperar las prácticas hispánicas en todo lo referente al quehacer marítimo y, en tercer lugar, Japón se había convertido en un modelo a seguir luego de su victoriosa guerra contra los rusos en el año 1904 y 1905 (Blanco/Rivero-Blanco, 2013).

Como se sabe, Venezuela experimentó, en esos años, un importante crecimiento de su capacidad de autoorganizarse hacia el mar. Este proceso fue detenido en el año 1913 debido al deseo del principal caudillo del país Juan Vicente Gómez de perpetuarse en el poder (Ibíd.). Gómez asumió el poder absoluto en ese año e instauró una política epirocrática (es decir, continental) que en la práctica aisló al país del resto del mundo dejando sólo como elemento de conexión el cordón representado por el creciente desarrollo de la industria petrolera de manos de empresas neerlandesas, inglesas y estadounidenses que harían del país más dependiente de las comunicaciones marítimas. Las desavenencias con estas empresas, en especial con las estadounidenses, el crecimiento de la capacidad productora petrolera nacional y el aumento del poder naval (en mares y ríos) colombiano como consecuencia de su victoriosa guerra contra Perú hizo que en la década de los años treinta del siglo XX la clase dirigente comenzara nuevamente a preocuparse de los asuntos marítimos (Ibíd.). Esta preocupación se evidenció tanto desde el punto de vista educativo como material. Desde el punto de vista educativo, Venezuela acudió a Argentina para formar nuevos cuadros de oficiales navales (Blanco, 2013a). Desde el punto de vista material buscó el apoyo del Reino de Italia para desarrollar una estrategia naval y adquirir medios que le permitieran al país hacer una efectiva defensa de sus intereses en el mar (Blanco, 2012)[18].

El estallido de la Segunda Guerra Mundial interrumpió el desarrollo del poder naval venezolano y ello obligó al país, en primer lugar, a negociar en desventaja con Colombia trayendo como consecuencia la firma del acuerdo del año 1941 donde Venezuela reconoció en la práctica la decisión del laudo Arbitral y los resultados del proceso de delimitación realizado a posteriori con la salvedad de que todo lo relativo a la materia fluvial sería tratado en otro acuerdo y, en segundo lugar, a asumir una posición política en la guerra que la alejó de la neutralidad quedando inmersa dentro de la esfera de influencia estadounidense. Esta influencia estadounidense se materializó tanto en los aspectos políticos como marítimos. Como aspectos positivos de ese período se pueden mencionar el cambio de circunstancias que significó la realización, a escala global, del primer tratado de delimitación de áreas marinas y submarinas en el Golfo de Paria. Este hecho que significó también el reconocimiento inglés de la soberanía venezolana de isla de Patos produciría un efecto en cascada con la declaración unilateral realizada por EE.UU. sobre su soberanía sobre la Plataforma Continental adyacente al territorio estadounidense y consecuentemente la realización de conferencias internacionales para determinar el alcance de la soberanía del Estado en el mar. Así pues, con el ímpetu iniciado antes de la guerra mundial, las diferencias con Colombia que se acrecentaron con el cuestionamiento de la soberanía venezolana sobre el archipiélago de Los Monjes y las necesidades derivadas del surgimiento de un nuevo concepto de mare clausum, Venezuela instrumentó una política de desarrollo del poder marítimo y naval en la década de los años cincuenta del siglo XX que aumentó su poder de negociación a escala internacional evidenciada, en lo político, en la extensión del Mar Territorial a doce millas náuticas y en su participación naval en la crisis que representó la instalación de misiles rusos en Cuba en el año 1962 y, en lo económico, en el desarrollo de la marina mercante y de facilidades marítimas a lo largo de nuestras costas para satisfacer las necesidades de una creciente industria petrolera.

El enfrentamiento ideológico que dio origen a la crisis en Cuba se inició en los finales de la Segunda Guerra Mundial y ello produjo el desarrollo de una estrategia de contención basada en una nueva concepción de la geografía consistente, según Spykman, en el establecimiento de un anillo (rimland) de defensa para impedir el control soviético de la masa continental euroasiática (Bernard Cohen, 1980 y Chaliand, 1994). Dentro de este marco de confrontación este-oeste apareció, cuarenta años después del escrito de Ramón Díaz, el primer escrito de geopolítica venezolano que se tenga noticia. Se trata de los “Fundamentos de Geopolítica” de L. Llovera Páez. Esta obra planteó, en términos prospectivos, la necesidad de Suramérica de prepararse para el conflicto de Occidente con Oriente debido a que la Europa de ese entonces no podía hacer frente al despertar de Asia y, en este contexto, “los bárbaros invadirían el occidente utilizando esta vez la técnica que de él han aprendido”(1949:142-148). También hizo referencia a la inmadurez geopolítica de la región suramericana y su dependencia de EE.UU. Otro pensador venezolano coincidió con lo afirmado por Llovera Páez. Nos referimos al caso de Fernández Bolívar. Este autor expresó que “La China constituye a lo largo… de éste ciclo histórico un gran peligro para el mundo libre, un peligro inmediato y mediato” (1963/2009:112). La relevancia del pensamiento de estos dos autores radica en que se diferenciaron de la corriente de pensamiento imperante en ese entonces basada en la confrontación este-oeste[19].

La estrategia de contención dividió al mundo en este y oeste y la necesidad de abstraerse de ese conflicto dividió el mundo a su vez en norte y sur. El límite entre este y oeste estuvo determinado por lo que se conoció como el rimland de la masa continental euroasiática. El límite entre norte y sur estuvo determinado por el grado de desarrollo de los países y por el límite de la capacidad de proyección de Occidente. Así pues el Atlántico norte para Occidente llegaba hasta el trópico de Capricornio y el Atlántico sur empezaba para los pensadores geopolíticos brasileños, por citar un ejemplo, en el trópico de Cáncer. Esta división se expresó también en el Caribe: para unos autores esta región está conformada por todos los países bañados por sus aguas incluyéndose el Golfo de México, para otros no lo incluye, y por último, para otros autores, el Caribe incluye a los países y colonias ubicadas entre el este de Venezuela  y el norte de Brasil. Para Venezuela, la separación entre el mar Caribe y el océano Atlántico la marcaron las denominadas Antillas menores, es decir, el cordón insular que va de la isla Trinidad al sur hasta Puerto Rico en el norte, pero la división entre norte y sur no fue un tema de consideración política debido a que el país se encontraba al norte del Ecuador y por consiguiente en el hemisferio norte. La geografía sería considerada por Venezuela de forma más explícita en la década de los años noventa cuando se definió Caribe, Atlántico, amazónico y andino-llanero, pero las implicaciones geopolíticas de la división norte y sur no recibiría una debida importancia, hasta que se planteó, en primer lugar, la necesidad de asumir una estrategia política más independiente sobre todo después de la guerra de Yom Kippur/Ramadan y, en segundo lugar, cuando aparecieron las tesis ambientalistas que obligaron a realizar un gran esfuerzo por integrar el sur del país al espacio funcional del Estado[20].

En esta estrategia de contención el conflicto global produjo una serie de cambios relacionados con la necesidad de cada contendiente de mantener las alianzas existentes trayendo como consecuencia que estos conflictos se presentaran bajo la forma de guerras civiles. Venezuela se vio afectada por esta situación y la consecuencia fue que se perdió el impulso para desarrollar el poder marítimo (Blanco, 2004). Este sería retomado, en primer lugar, con el desarrollo del derecho del mar y las pretensiones colombianas de acceder al Golfo de Venezuela, el bajo Orinoco y el brazo Casiquiare, y en segundo lugar, por necesidad de desarrollar una capacidad de proyección marítima debido a que dentro del marco del conflicto ideológico este-oeste, Cuba había desarrollado una capacidad de proyección que amenazaba al territorio venezolano. El desarrollo del derecho del mar permitió al país crecer en el mar gracias a los acuerdos de delimitación de áreas marinas y submarinas suscritos con EE.UU., el Reino de los Países Bajos, República Dominicana, Francia y por último, en 1990, con Trinidad y Tobago. Este crecimiento fue en el fondo la recuperación fáctica de la proyección marítima de la Capitanía General de Venezuela en la última etapa de la dominación española y desplazó el centro geográfico del país de nuevo hacia la región norte-costera, en concordancia, en primer lugar, con las áreas más habitadas del país y, en segundo lugar, con el espacio funcional del Estado. Entre los artífices de este logro se encuentra Isidro Morales Paul.

Venezuela no formó parte de la citada convención por su negativa a reconocer el concepto de isla desarrollado en ese instrumento, por la forma de delimitación y por no aceptar dirimir sus controversias territoriales ante terceros. Así pues, cuando se concretó la Convención de la Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en el año 1982, nuestro país estaba en una importante posición de negociación por la posesión de espacios y su capacidad de defenderlos aunque la orientación en la adquisición de medios de defensa estuvo dirigida a dar respuesta a los problemas marítimos pendientes. La eficacia de esta capacidad defensiva en el mar estuvo amparada por el hecho que la guerra fría se había acercado a la región específicamente Centroamérica y este hecho permitió al Estado maniobrar desde el punto de vista político hasta que se produjo el fin del conflicto este-oeste, pero la crisis de la deuda iniciada en el año 1983 y la aparición de teorías desarrollistas y ambientalistas basadas en el mantenimiento de la división internacional del trabajo produjo un cambio de circunstancias cuyas consecuencias se harían patentes en el país a partir del año 1991.

c.2 La crisis en las formas del pensamiento.

El crecimiento de Venezuela hacia el mar no significó la consideración de la necesidad de crear una capacidad de permanencia en los espacios marítimo, es decir, de desarrollar un poder marítimo. Ello habría supuesto el desarrollo de la industria naval como medio para asegurar esta capacidad de permanencia. Y el desarrollo de esta industria dependía de la conciencia política del país y la orientación de los planes de desarrollo. Así pues, mientras el conflicto este-oeste estaba en parte de los territorios bañados por el mar Caribe y mientras el poder marítimo venezolano pudo dar respuesta a las necesidades políticas y económicas en función de la relativa estabilidad política presente, no hubo necesidad de pensar en función de unas servidumbres derivadas de la alta dependencia del mar, pero cuando cesó el conflicto este-oeste y la crisis de la deuda limitaba la capacidad de acción del Estado se optó cómodamente por seguir el nuevo orden impuesto por una serie de políticas desarrolladas en EE.UU. que se conocieron con el nombre de consenso de Washington (Casilda, 2004). Con el adormecimiento que supuso en la clase dirigente nacional un nuevo orden caracterizado por lo que se conoció en ese entonces como el fin de las ideologías, según F. Fukuyama, se produjo no sólo el Caracazo, el asalto de la plaza Tian'anmen y la caída del muro de Berlín en el año 1989, sino también se comenzó a producir un reordenamiento de la comunidad internacional basado en unas consideraciones económicas que recuerdan la tesis de los espacios económicos compensados de Norman Dix. De acuerdo con este reordenamiento se trató de circunscribir las funciones de las fuerzas militares a tareas policiales y las capacidades marítimas venezolanas comenzaron a disminuir drásticamente por efectos de las citadas políticas. El punto de inicio de este declive se produjo después de la crisis de la corbeta “Caldas” que expresó el alto grado de apresto operacional de la Armada frente a una agresión colombiana. Luego de este suceso las capacidades marítimas del país comenzaron a decaer por circunstancias económicas y se trató de resolver los problemas fronterizos por otras vías no militares.

A partir de este proceso de declive relativo, pasó a segundo plano la alta dependencia del mar y el tema de los límites marítimos y pasó a cobrar más importancia la lucha contra el narcotráfico. Consecuentemente, el vacío llenado en el mar comenzó a ser llenado por las potencias marítimas presentes en el área, es decir, EE.UU. Francia, Reino Unido y el Reino de los Países Bajos. La consecuencia de este hecho fue que se comenzó a generar un movimiento intelectual en el ámbito naval para concientizar a la clase dirigente de las necesidades derivadas de la alta dependencia marítima de Venezuela.

Si bien es de destacar los trabajos de Ramiro Pérez Luciani, Ricardo Sosa Ríos, Armando De Pedraza, Julio Romero Yánez, Isabel Bacalao Römer y Elías Daniels (Blanco, 2010), en ese período se produjo muy poca concientización marítima en el ámbito político generándose, en consecuencia, un vacío que en el país tendría graves consecuencias políticas entre los años 1992 y 1994, debido a que el desarrollo del poder marítimo pudo haber generado prosperidad y progreso a la sociedad venezolana evitándose así la crisis primero social y después política determinada por el agotamiento del modelo político impuesto después del año 1958. 
 
c.3 La fragmentación del orden internacional y el surgimiento del orden postwestfaliano.

Con el colapso soviético, la implantación del consenso de Washington y el germen de la crisis social puesto en evidencia a partir del año 1989 se produjo en Venezuela un período de inestabilidad política que en el mar se tradujo en un retroceso de la presencia política aunque se mantuvo la actividad económica acrecentada esta por el incremento de la actividad pesquera tanto en nuestros espacios marítimos como en el océano Pacífico y Atlántico. En este período se detuvo en parte el declive debido a la acción de individualidades que lograron convencer, aunque tarde, a la clase dirigente del país de la importancia de la geografía. Este hecho supuso un gran esfuerzo material e intelectual. Desde el punto de vista material se adquirieron nuevos buques de apoyo tanto para la marina de guerra como la marina mercante. Desde la perspectiva intelectual, además de la reflexión teórica realizada para adecuarse a las realidades de un mundo cambiante se destacan un conjunto de acciones realizadas en los planos político, histórico y estratégico. Desde el punto de vista político es de mencionar el trabajo realizado por el CA Quintero Torres quién logró la aprobación de la primera Concepción Estratégica Nacional en el año 1998 y las reflexiones realizadas por J. Chacón (2000) en su obra Poder Marítimo venezolano. Desde el punto de vista histórico, se destacan las investigaciones realizadas por J. Bracho en el Archivo General de Indias y, desde la perspectiva estratégica, es de mencionar los trabajos realizados por el Estado Mayor General de la Armada entre los años 1996-2000 a partir de prospecciones realizadas para construir un futuro desde ese presente ya histórico[21].

Junto con estos esfuerzos se produjo en el año 1998 la declaración del Mar de Venezuela, retomándose con ello la intención del Estado de proyectarse nuevamente hacia el mar, sin embargo, el cambio de la visión del Estado producto de los cambios políticos producidos a partir del año 1999 significaron el retorno del país a un concepción epirocrática a pesar de la retórica gubernamental expresada en la anunciación de proyectos marítimos de gran envergadura (Isla Caribe, puertos de aguas profundas en oriente y occidente, etc.). Esta concepción epirocrática se evidenció, en primer lugar, en las respuestas políticas realizadas con motivo del paro petrolero del año 2002. En ese evento se constataron las vulnerabilidades marítimas del país y, en segundo lugar, con el abandono del plan de desarrollo de las Fuerzas Armadas elaborado en el año 2007 que perseguía crear desde el punto de vista marítimo las condiciones de posibilidad para hacer una defensa marítima posible mediante la creación de una infraestructura que facilitara el uso de los espacios marítimos. En este período, el país fue objeto también de la diplomacia naval estadounidense y de la presencia de fuerzas navales de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) dentro del marco de ejercicios navales (Joint Caribbean Lion) conducidos por el Reino de los Países Bajos en el mar Caribe una vez que comenzó a hacerse patente la orientación política del gobierno venezolano.

Si bien es cierto que se han adquirido medios navales y marítimos, estas adquisiciones no han venido aparejadas con el desarrollo de una industria naval, ni de la capacidad portuaria[22] y de mantenimiento que aseguren una alta disponibilidad operacional y no han estado en concordancia con unas necesidades derivadas de una mayor dependencia del mar para la existencia de un Estado enmarcado dentro de un contexto político internacional caracterizado por el antagonismo ideológico y geopolítico. Desde el punto de vista ideológico, la estrategia estadounidense postguerra fría ha sido, no sólo de la contener el crecimiento y desarrollo de Rusia, también: 1.-) la de prevenir que cualquier país imponga su propia particular ideología en áreas ubicadas en las cercanías de las fronteras estadounidenses u otro país que reciba su asistencia, y 2.-) la de monitorear las consecuencias de las nuevas actividades económicas originadas por la globalización y la difusión de tecnologías en las áreas de mayor inestabilidad global. Este esfuerzo se está produciendo dentro de un contexto de un declive relativo ocasionado por la crisis económica que afecta a ese país desde el año 2008.

Este declive estadounidense ha estado acompañado por un importante esfuerzo por controlar el tráfico marítimo a escala global a pesar de los importantes esfuerzos que han hecho un relevante grupo de países para hacer una mayor presencia naval en los espacios marítimos de todo el globo (Blanco, 2010). Esta intención de controlar y de hacer presencia ha incrementado las posibilidades de conflicto en el escenario marítimo (Blanco, 2013c). Con respecto a Venezuela, el antagonismo con EE.UU. es ideológico, pero la línea política de contener ideologías que se le opongan genera un alto riesgo de escalada si este antagonismo se conecta con otros escenarios de conflictos presentes en el globo.

Por otra parte, desde el punto de vista geopolítico, se están produciendo una serie de actos intencionales que tienen una carga de futuro importante que pueden ser clasificados desde una perspectiva regional y que afecta indirectamente a Venezuela y una serie de hechos provocados de manera intencional generados por Venezuela y/o sus aliados regionales que eventualmente podrían tener consecuencias regionales. Los hechos con carga de futuro que están afectando a la región e inciden indirectamente en la realidad venezolana son:

*    La ampliación del canal de Panamá.
*    El proyecto chino de apertura de un nuevo canal interoceánico en Nicaragua
*    La realización de un moderno puerto de aguas profundas en San Vicente y en La Habana.
*    La delimitación de áreas marinas y submarinas en la fachada Atlántica.
*    Los proyectos de interconexión de infraestructura de transportes en Suramérica.
*    La autosuficiencia petrolera estadounidense a corto plazo.

La ampliación del canal de Panamá va a generar un incremento del tráfico marítimo en la región. Este incremento sería aun mayor si se construye el canal nicaragüense. Al efecto, la preocupación de los planificadores chinos, dentro del marco de la estrecha relación con Venezuela es la de aumentar la capacidad de las instalaciones portuarias, especialmente petroleras, para adecuarse a los efectos de los cambios por venir. El puerto de aguas profundas en San Vicente va a generar un cambio del sentido del tráfico y frente a este hecho Cuba, usando como instrumento a Venezuela, logró en fecha reciente concretar un acuerdo marco para la construcción de un puerto cuyo propósito está dirigido a posicionar a ese país para cuando se produzca él cambio político. De lograrse este posicionamiento, esa isla va a ocupar el rol estratégico que jugó durante la dominación española en relación con Panamá e incluso Cartagena de Indias. Sobre este tema es de mencionar que Venezuela ha jugado, a sus expensas, un importante papel en el desarrollo del poder marítimo cubano. En este sentido es importante destacar, la adquisición venezolana de una flotilla de buques multipropósitos (cuatro hasta el momento), fabricados en la isla caribeña, cuyo propósito es conectar marítimamente con el Caribe insular, especialmente con Cuba. Estos buques podrían fungir como complementadores del tráfico que va a ser direccionado desde San Vicente. Además de estas construcciones se prevé la construcción de tres patrulleros y la asesoría en la modernización del sistema portuario venezolano. De estos dos aspectos trataremos más adelante.

Junto con la ampliación del canal de Panamá, está el proyecto de construcción de un nuevo canal interoceánico a través de Nicaragua con ayuda china. Este proyecto, de concretarse porque ha sufrido un retardo, en conjunto con el puerto habanero representará un desafío marítimo de las potencias emergentes a las potencias marítimas tradicionales. Este hecho permite también relacionar los problemas marítimos que ha tenido este país centroamericano con Colombia agravados por el impacto del proyectado canal y su relación con Venezuela.

Las disputas marítimas entre Colombia y Nicaragua, al parecer, han congelado en cierta forma las pretensiones colombianas en el Golfo de Venezuela y la red fluvial venezolana. Desde la perspectiva marítima Nieves-Croes, como miembro de la comisión de negociación, hizo abortar en el año 2009 un proyecto de acuerdo de delimitación que lesionaba los intereses marítimos venezolanos[23]. Como este diferendo se ha desarrollado, hasta ahora, en los predios de la Corte Internacional de Justicia, la actitud de Venezuela debería propender a la realización de un monitoreo de lo que sucede desde el punto de vista de la negociación que trae en si el juego jurídico en ese escenario legal porque este hecho constituye una posibilidad que debe ser manejada de que el diferendo colombo-venezolano se resuelva por esa vía u otra que no están acordes con la línea política adoptada por Venezuela desde inicios del siglo XX. Ello supone que debemos prepararnos para fortalecer los actos administrativos realizados y por realizar en nuestros espacios marítimos fronterizos y aumentar la capacidad de negociación jurídica y política teniendo presente las otras delimitaciones pendientes, en especial en la Zona Económica Exclusiva frente a las Antillas menores de origen anglosajón y en la fachada Atlántica.  Dicho de otra manera, Venezuela debe poseer medios que aseguren una presencia permanente en esos espacios de posibles disputas en un futuro próximo.

En relación con la Zona Económica Exclusiva que proyecta isla de Aves y las islas que conforman la cara exterior del Mar de Venezuela y se agrupan en parte en el Territorio Insular Miranda es de mencionar que siendo el espacio donde se va a percibir con mayor énfasis el incremento de la navegación como consecuencia de la ampliación del canal de Panamá y el desarrollo del puerto de aguas profundas en San Vicente, se hará necesario ejercer un mayor control del espacio para efectos de la seguridad física y política marítima y ello hará necesario desarrollar nuestra presencia en el mar mucho más allá de nuestras capacidades actuales debido a que constituirán actos políticos-administrativos que reforzaran nuestro poder de negociación a mediano plazo.

Sobre la delimitación de áreas marinas y submarinas en la fachada Atlántica llevada a cabo por países vecinos  es de mencionar que este proceso se está desarrollando con la mediación de la Corte Internacional de Justicia de la Haya. La importancia de este hecho es que el foco de atención está dirigido a la Plataforma Continental Extendida y Venezuela mantiene una controversia con Guyana por territorio y espacios marítimos. Hasta el presente, ya se ha producido la delimitación de áreas marinas y submarinas hasta la Zona Económica Exclusiva entre Barbados y Trinidad y Tobago, entre Guyana y Surinam y entre Surinam y la República Francesa. Como se sabe, este espacio es rico en recursos pesqueros de los cuales históricamente (circunstancias especiales) los pescadores venezolanos se han aprovechado y se estima que existen altas posibilidades de existencia de recursos no vivos en el suelo y el subsuelo explotables hasta 300 millas náuticas de la costa continental e insular. Este último aspecto ha sido el foco de interés de los países que bordean la región, pero este interés ha sido promovido por empresas transnacionales, especialmente petroleras que han usado a los países interesados (en especial, Trinidad y Tobago, Barbados y Guyana como cabezas de turco para tener acceso a los potenciales recursos allí existentes[24].

La fachada Atlántica fue el efecto de un proceso de reorganización del espacio nacional que se concretó formalmente con la aprobación del Concepto Estratégico Nacional del año 1998. Esta fachada ha sido considerada como el espacio de proyección venezolana hacia el Alta Mar, pero esta proyección no ha sido valorada en su justa dimensión en el sentido que hasta fecha reciente se consideró sólo como un espacio de acceso comunicacional al mar abierto, pero la realidad actual es que esa fachada es el espacio de proyección territorial soberana del Estado venezolano hacia el Alta Mar gracias a la extensión de la Plataforma Continental, es decir, lo que se ha denominado Plataforma Continental Extendida. Este hecho permite redefinir el océano Atlántico como un espacio dividido entre norte y sur, y ayudaría a otorgarle al concepto de fachada un mayor carácter intencional en el sentido que, Venezuela no sólo es Atlántica por la proyección marítima de sus costas, también por la proyección que genera la difluencia Casiquiare-Orinoco que permite acceder al Atlántico por el eje río Negro-Amazonas.

Gracias al Tratado de Tordesillas, los hispano-americanos fueron conocidos hasta la independencia como hispanos provenientes de la América meridional, por ello sería conveniente repensar nuestra fachada Atlántica como parte de un nuevo espacio geopolítico denominado Atlántico Meridional para extender el área de actuación venezolana más allá de las doscientas millas náuticas correspondientes a la Zona Económica Exclusiva permitiendo así aumentar el poder de negociación en lo que concierne a lo que se ha denominado Ocean Governance de la que haremos mención en los próximos párrafos. Ello impulsaría el desarrollo del poder marítimo y naval venezolano y aumentaría nuestra presencia en ese nuevo espacio para el ejercicio de nuestras funciones gubernamentales. Como se sabe, el proceso de conquista y colonización de América se produjo como consecuencia de una línea abstracta que separó las aspiraciones de España y Portugal. Esta forma abstracta de separar actos intencionales desde el mar, es la que se han servido las potencias marítimas desde el siglo XV primeramente para dominar espacios y actualmente para ejercer desde el mar el control de los espacios continentales.

Con este marco, es de conocimiento público que tanto Guyana como Barbados han otorgado concesiones para la exploración del área y ello ha despertado la conciencia nacional venezolana sobre un tema álgido, un asunto que el gobierno no ha encarado como se debe, debido a que los hechos que han ocurrido en ese espacio tienen una importante carga de futuro desde el punto de vista prospectivo que pueden lesionar los intereses venezolanos en el área. Si bien es cierto que el 12OCT2013 fue detenido un buque de exploración en aguas venezolanas[25], se evidencia que esta acción fue llevada a cabo por iniciativa de la Armada (como ha sido desde el pasado reciente) y no como consecuencia de una estrategia nacional articulada como se intentó hacer en el año 1999 y que han indicado algunos actores políticos en fecha reciente. Ante estas circunstancias podemos afirmar que la dirigencia nacional no se ha percatado que se está planteando en la fachada Atlántica un antagonismo entre Venezuela y empresas transnacionales que están usando a un pequeño grupo de países para sus fines dentro del marco de una realidad internacional caracterizada por encontrarse en un proceso de reacomodamiento que está oponiendo lo privado contra lo público.

Esta oposición de lo privado contra lo público siempre ha existido. Se acrecentó con el colapso soviético indicando con ello la naturaleza del orden postwestfaliano en el sentido que, en primer lugar, se está buscando reducir el poder del Estado en términos de autonomía, plenitud y capacidad de competencias sobre sus medios materiales de subsistencia y, en segundo lugar, se está dejando al Estado sólo como estructura de contención de las poblaciones que aglutina. Como en los espacios marítimos los Estados poseen una relativamente baja capacidad de autoorganización se está usando éste para recodificarlo en función de la naturaleza de este nuevo orden global como se evidencia en el conjunto de normas adoptadas por la Organización Marítima Internacional (OMI) y tienen efectos políticos sobre todo en lo concerniente a la denominada guerra contra el terrorismo (Blanco, 2013c). La recodificación está determinada también por un cada vez más creciente control de los buques que navegan en Alta Mar[26] bajo la figura de la Ocean Governance[27] y por la apropiación de recursos, bienes y servicios en una escala global. Ello explica el desarrollo naval y marítimo acelerado de un conjunto de países ya citados en otros trabajos[28] y hace incomprensible que Venezuela no haya seguido un camino parecido a pesar de su presencia en algunos foros internacionales.

La fragmentación del orden postwestfaliano se evidencia entonces en la tendencia a la configuración de un orden estatal multipolar que se opone a una tendencia oligopólica de alcance global basada en la apropiación de los medios materiales para la vida que usa al mar y otros espacios no codificados completamente como el espacio aéreo y ultraterrestre, el espacio electromagnético e incluso el continente Antártico para sus propios fines (Blanco, 2010). A estos espacios lo hemos denominados espacios abstractos porque el hombre sólo puede estar en él por intermedio de plataformas adecuadas para tal fin. La apropiación de estos espacios está siendo realizada actualmente por empresas transnacionales que se valen aun de la fuerza militar de las actuales potencias militares tradicionales de Occidente, pero que cada día cuentan con el apoyo de empresa de seguridad que están supliendo el papel de las fuerzas militares de los Estados.

En el ámbito fluvial, Sainz-Borgo (2011) siguiendo la estela dejada por Isabel Bacalao, ha hecho recientemente una detallada relación del estado actual de nuestros temas fluviales. El tema en la actualidad apunta a la interconexión suramericana. Un proyecto a largo plazo que está tratando de desarrollar bajo los auspicios de La Iniciativa para la Integración de Infraestructura en Suramérica (IIRSA), sin embargo, en este esfuerzo es donde más se evidencia las tensiones geopolíticas de un espacio amazónico que ha sido declarado patrimonio de la humanidad y que los países de la región por diferentes caminos han tratado de integrar a sus espacios funcionales[29]. Estas tensiones han estado relacionadas con el modelo de desarrollo que se pretende imponer para producir la integración y supone que esta, la integración en sí, se ha constituido en la forma de expansión no violenta de los Estados con capacidades para ello. Lo que es cierto en este caso es que cualquier proyecto de integración fluvial debe partir del desarrollo fronterizo de todos los Estados que comparten vías fluviales de modo que la forma de integración, liberal o comunitaria no se constituya en un elemento de fragmentación local y regional como indica tendencialmente la creación en Venezuela del Estado Comunal como analizaremos más adelante.

La reciente autosuficiencia estadounidense en el tema de los combustibles fósiles ha sido gracias al desarrollo de una nueva tecnología que permite extraer la materia prima de pozos que ya han sido explotados. El método conocido como fractura (fracking) usando al efecto arena y agua le ha permitido a este país una gran capacidad de maniobra estratégica a escala global y por consiguiente se la ha disminuido a los tradicionales productores. El inconveniente de esta tecnología está relacionado con los efectos colaterales puesto que ha sido causa de terremotos en una escala importante. Estos efectos que han sido causa de protestas en varios lugares del globo han permitido a estudiosos del tema pensar en el uso de esta tecnología para fines militares no convencionales[30]. En todo caso, la ventaja estratégica que está alcanzando EE.UU. gracias a la nueva tecnología le ha servido para suplir su consumo interno, exportar el excedente y ejercer un mayor control del mercado energético mundial. También le ha permitido aumentar sus reservas estratégicas en previsión de potenciales conflictos.

Las acciones emprendidas directamente por Venezuela y que también constituyen hechos con carga de futuro han estado orientadas hacia dos direcciones: Una dirección apunta a la concepción del Estado como una entidad convencional basada en la autonomía, plenitud y capacidad de competencias sobre un territorio y una población de acuerdo con una estructura de gobierno también convencional y aceptada por la comunidad internacional. La otra dirección apunta a la implantación de un Estado comunal basado en concepciones marxistas fundadas en una materialidad dada por la capacidad productiva de la población y la complementariedad generada a partir de los intercambios de lo producido en un espacio determinado por el nuevo Estado. De acuerdo con la concepción convencional estatal se tienen los siguientes hechos que poseen una importante carga de futuro:

*  La creación del Territorio Federal Insular Miranda y la situación de la proyección marítima venezolana.
*    El engrandecimiento de la flota mercante y en especial la flota petrolera.
*    La modernización del sistema portuario nacional.
*    La adquisición de buques guardacostas.
*    La adquisición de transportes multipropósitos.
*    El incremento de la producción de combustibles fósiles (petróleo y gas).
*    La estrecha relación con China entendida como motor del movimiento marítimo.

En relación con el reordenamiento territorial evidenciado en la creación del Territorio Insular, se ha buscado integrar las islas que protegen al mar de Venezuela a la realidad funcional del Estado de modo que actúen como plataformas de proyección marítima. Sin embargo, la estructura creada se ha topado con importantes óbices creados por el mismo Estado para su desarrollo. Ello se evidenció en la poca efectividad en la aplicación del Primer Plan Socialista 2007-2013 en relación con los espacios marítimos. Sobre el engrandecimiento de la flota mercante y, en especial la flota petrolera es de mencionar que ello ha constituido la punta de lanza del desarrollo de la actividad marítima nacional y es aquí donde se evidencia que este crecimiento no ha estado a la par de la creación de una infraestructura que garantice una alta disponibilidad operacional de los medios que se están adquiriendo. Igual está sucediendo con el sector portuario. A pesar de los esfuerzos de modernización y de la ampliación de algunos puertos existentes, a la fecha los proyectos de desarrollo de puertos de aguas profundas en el oriente y occidente del país se han quedado sólo en la fase de proyectos. Ha sucedido igual con el sistema de puertos fluviales en el sur del país.

Con respecto al crecimiento de la capacidad de vigilancia gracias a la adquisición de buques guardacostas construidos en Cuba se puede afirmar que es un hecho positivo, pero la disponibilidad operacional de estos buques va a estar condicionada a la infraestructura de mantenimiento y de servicios que como ya hemos indicado no ha crecido a la par del crecimiento del número de buques disponibles. Este aspecto es grave debido a que, en primer lugar, en un escenario futuro de gran tráfico y de problemas limítrofes con los países vecinos la presencia permanente es la que va a crear circunstancias especiales que ayudarán a reforzar los títulos de soberanía que poseemos en esos espacios y, en segundo lugar, la disminución del poder marítimo nacional, para beneficio cubano va a generar un tutelaje no sólo político, sino también una dependencia en cuanto a medios. Esta vulnerabilidad es evidente en el caso de la fachada Atlántica, la Zona Económica Exclusiva adyacente a isla de Aves y las áreas marinas y submarinas que proyecta el Golfo de Venezuela. De igual forma, la adquisición de transportes multipropósito para conectar a Venezuela con las Antillas menores y mayores, como ya indicamos, puede ser interpretado como un esfuerzo concebido no sólo para integrar espacios, sino también para compensar las deficiencias generadas por el retraso del país para hacer frente a los retos que representan la ampliación del canal de Panamá, el proyectado canal interoceánico de Nicaragua y el puerto de aguas profundas en San Vicente y en la Habana, sin embargo, llama la atención que estos buques, construidos en Cuba, hayan sido hechos por la empresa neerlandesa que ha construido en Venezuela un remolcador de altura actualmente en servicio. Aquí se evidencia el poco interés nacional en desarrollar un poder marítimo.

Lo que sí ha sido ampliamente publicitado ha sido el proyecto de incrementar la producción petrolera y de diversificar los intercambios con otros países en especial China y la India. Este interés tiene un gran impacto marítimo en lo concerniente al desarrollo de facilidades e industrias conexas que suponen el desarrollo de una importante capacidad industrial a mediano plazo. Pero este interés que tiene sus orígenes en el primer Plan Socialista 2007-2013 no se ha materializado efectivamente en acciones concretas por lo que el desarrollo del poder marítimo, al menos en lo concerniente al tema de los combustibles fósiles no ha salido de la fase de las buenas intenciones. En este contexto, la relación con China, que para nosotros reviste un carácter estratégico y debería ser objeto del desarrollo de una capacidad marítima que se corresponda con la intensidad de la relación bi-nacional no está suficientemente en conocimiento de la sociedad venezolana y no es transparente en el Plan Socialista 2013-2019.

En vista de lo antes mencionado se puede afirmar que el esfuerzo de la clase dirigente por autoorganizar el país hacia el mar, desde el punto de vista convencional ha estado muy por debajo de los planes elaborados y muy por debajo de las necesidades de la sociedad. Por otra parte, de acuerdo con la concepción comunal se tienen los siguientes hechos con una importante carga de futuro:

·      El fracaso del intento, por intermedio de una reforma constitucional, de implantar una nueva forma de ordenar el territorio en base a una nueva geometría del poder de acuerdo con la concepción materialista de la historia iniciada por Marx a mediados del siglo XIX[31] (MPPCI, 2007).
·      La institucionalización del sistema de comunas mediante la creación de una Ministerio del Poder Popular para las Comunas.
·      La propuesta para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019 (Plan de la Patria), es decir, “un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica” mediante un nuevo ordenamiento territorial a pesar de que fue rechazado en el año 2007[32].

En relación con una nueva manera de ordenar el territorio de acuerdo con una nueva geometría del poder en el intento de reforma Constitucional del año 2007 es de mencionar que esta ordenación se concibió a partir de la propuesta de establecimiento de una unidad política primaria basada en la ciudad, es decir, un asentamiento poblacional integrado por “áreas o extensiones geográficas denominadas comunas” (2007:87). De acuerdo con esta propuesta,

“las comunas serían las células geo-humanas del territorio y estarían conformadas por comunidades… donde los ciudadanos,… comunas, tendrían el poder para construir su propia geografía y su propia historia… A partir de la comunidad y la comuna… se desarrollarán formas de agregación comunitaria” (Ibíd.).

Sobre esta propuesta hay que tener presente, en primer lugar, que la comuna es la consecuencia de la implantación de un modelo económico productivo “fundado en los valores humanistas de la cooperación y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales… que garanticen la satisfacción de las necesidades sociales y materiales del pueblo” a partir del desarrollo y fomento de actividades productivas de propiedad social comunal o estatal (Ibíd.:94). En segundo lugar, como la comuna, así como las comunidades son expresión del poder popular, estas se constituyen en los depositarios de la soberanía (Ibíd.:97). Estos dos aspectos nos indican que, en caso en que se hubiese aprobado esta reforma, en la medida en que estas comunas existan efectivamente, en tanto que entidades productivas, en esa medida se hubiese podido afirmar que el ejercicio de la soberanía sería efectivo.

Con respecto al Ministerio del Poder Popular para las Comunas se puede afirmar que fue un órgano creado en el año 2009 para potenciar el desarrollo de la economía comunal. Su propósito ha sido articular y conformar la comuna “como estrategia ofensiva Revolucionaria para la liberación del país de la pobreza material y espiritual” para lograr el Estado Comunal[33]. Desde el punto de vista práctico, éste órgano público, ha logrado crear una importante cantidad de entidades comunales, pero si se tiene presente que su fundamento es la productividad en un espacio geográfico determinado, entonces, su eficacia está cuestionada debido a que el país hoy día es más dependiente de una economía de puertos basada en importaciones. Este cuestionamiento ha sido la base por medio del cual en el año 2012 se propuso un nuevo Plan que supone la imposición de un nuevo modelo de desarrollo socialista basado en un nuevo ordenamiento del territorio.

El Segundo Plan Socialista para el período 2013-2019, que pasó a ser ley del Estado en fecha reciente, es para sus promotores la carta estratégica que guiará al país “por la ruta de la transición al socialismo bolivariano del siglo XXI”. Desde esta perspectiva, este plan es el segundo Concepto estratégico realizado en el país, diferenciándose del primero por el hecho que está por encima de la constitución como veremos a continuación. Este plan en su segundo gran objetivo persigue continuar la construcción del socialismo mediante la implantación de la geometría del poder que no fue aprobada en el año 2007 y la economía comunal que no se ha podido desarrollarse desde el año 2009 teniendo presente el esfuerzo cooperativista que se instrumento desde el año 2005 aproximadamente. El modo en que se piensa imponer el nuevo modelo de desarrollo es mediante “la generación de tejido productivo bajo un nuevo metabolismo…” entendiéndose por metabolismo como una especie de “injerto productivo” que permita sintetizar la estructura productiva existente y producir así unidades productivas más simples. La forma en que se piensa operacionalizar este concepto no está descrita pero la tendencia ha apuntado a la nacionalización de los modos privados de producción y su reconversión en entidades socialistas. Pero, hasta la fecha estas unidades socialistas creadas como consecuencia de una sistemática política de expropiaciones no han podido alcanzar el nivel de productividad previo a la estatización o comunalización.

Desde la perspectiva marítima, la situación es más crítica en el nuevo Plan. Como se indicará en el cuadro que se muestra a continuación, el aspecto marítimo está sólo relacionado con la industria petrolera a no ser que se haga un importante ejercicio de abstracción que permita deducir planes en ese espacio en el proceso de operacionalización del citado plan.

Objetivos establecidos en el Plan 2013-2019
Observación
“Construir un terminal de aguas profundas en el estado Sucre para recepción y despacho de crudos y productos con una capacidad de exportación de 2,0 MMBD, así como tres terminales fluviales de sólidos y líquidos en el río Orinoco”
Este objetivo es una reducción del proyecto de construcción de los puertos de aguas profundas en oriente y occidente del país contemplado en el plan 2007-2013.
Construcción de “06 bases petro-industriales en la faja petrolífera del Orinoco para desarrollar actividades de metalmecánica, servicio a pozos, naval…”
El objetivo es tan genérico que requiere su sistematización y operacionalización.
“Desarrollar las reservas del cinturón gasífero en nuestro Mar Territorial”, fachada Atlántica y Mar de Venezuela.
Supone desde el punto de vista deductivo el desarrollo de una infraestructura de sostén logístico marítimo en una parte importante de nuestros espacios marítimos.
“Expandir la infraestructura de transporte… de petróleo y gas”
Supone la adquisición de buques y la creación de una infraestructura de apoyo que permita asegurar una alta disponibilidad operacional
“Fortalecer los procesos de construcción en Venezuela de plataformas de perforación y producción de los yacimientos costa afuera”
El objetivo es tan genérico que requiere su sistematización y operacionalización sobre todo en lo concerniente a la expresión “fortalecer los procesos de…”
“Construcción de un amplio tejido industrial asociado a una arquitectura de redes de sinergia productiva, orientado a bienes esenciales de consumo final y/o generación de valor”
El objetivo es tan genérico que requiere su sistematización y operacionalización
“Generar una estructura de sostén productivo, redes regionales, infraestructura de apoyo a la producción logística y distribución”
Supone desde el punto de vista deductivo el desarrollo de una infraestructura de sostén logístico marítimo. 
“Potenciar el eje fluvial Apure-Orinoco”
Es un proyecto que ha estado vigente desde los años noventa del siglo pasado pero hasta la fecha no se ha desarrollado una infraestructura de puertos y transportes adecuados a pesar de existir proyectos relacionados con el tema.
“Integrar el territorio nacional mediante corredores multimodales”
Se contempló el empleo de buques a colchón de aire para articular espacios fluviales afectados por la variación del cauce y el caudal y los proyectos fueron abandonados en el año 2007.
“Acelerar el desarrollo de un sistema que permita la navegación del río Orinoco y el rio Apure sin depredar el ambiente”
“Defender los derechos territoriales y la soberanía del Estado venezolano en las negociaciones relacionadas con la administración de los espacios marinos y oceánicos, así como de la diversidad biológica marina más allá de la jurisdicción nacional”[34]
Se requieren de la posesión de medios navales capaces de operar más allá de la Zona Económica Exclusiva sobre todo en la fachada Atlántica para disponer el poder de negociación creíble. Los proyectos relacionados con el tema fueron abandonados en el año 2007.

Si se compara lo reseñado en el cuadro con las tendencias regionales en lo concerniente al canal de Panamá y el proyectado canal nicaragüense, el Puerto de aguas profundas de San Vicente y por consiguiente el crecimiento del tráfico marítimo, y además se agregan otros temas como la necesidad de la presencia naval en las áreas en litigio y el mar de Venezuela, llama la atención la poca importancia que el proyecto socialista le da al tema. Desde esta perspectiva, se puede afirmar que para el Plan de la Patria Socialista 2013-2019, con la excepción de las actividades petroleras, Venezuela es un país mediterráneo.

Consecuentemente se puede afirmar que si en el país se está tratando de imponer un modelo de desarrollo basado en una nueva geometría del poder que fue rechazado en el año 2007 que se sustenta a su vez en un reordenamiento territorial focalizado en la producción comunal a pesar de que han fallado todos los intentos de hacerlo desde al menos el año 2005, en un contexto signado por el hecho que la capacidad productiva nacional se ha reducido a un nivel tal que ha reforzado a la economía venezolana en su condición de economía de puertos y por consiguiente altamente dependiente de las comunicaciones marítimas, entonces desde el punto de vista prospectivo se va a producir un quiebre político que hará necesario un llamado de conciencia de la sociedad como un todo que invite a los venezolanos a dejar en pensar en el pasado para construir un nuevo futuro.

Por otra parte, un Estado comunal, es una especie de síntesis entre una concepción política basada en el territorio con otra concepción materialista focalizada en el espacio de producción e intercambios. En esta síntesis los promotores de esta nueva concepción del Estado no han considerado las consecuencias que ello supone en lo que concierne al ejercicio de soberanía de unas comunidades productivas inexistentes o en el mejor de los casos en proceso de gestación con lo cual los conceptos venezolanos de frontera y límite se van a disolver en beneficio de una ideología que para poder subsistir va a tener que negar todos los postulados que justificaron su implantación a pesar del desacuerdo de la mayoría de los venezolanos. Por lo que en caso de imponerse efectivamente el Estado comunal, el quiebre político al que se ha hecho mención va a significar también que el país, en primer lugar, se dirigirá a una situación de grave inestabilidad con importantes consecuencias transfronterizas por la necesidad de las comunas de apropiarse de cualquier capacidad productiva que le permita al régimen subsistir a cualquier precio y, en segundo lugar, representará una postergación al menos de seis años más de una política marítima de alcance nacional que beneficie a todos los venezolanos. Estas necesidades comunales convertirán a los sujetos que la conforman en unos nómadas organizados que se enfrentarán necesariamente con pueblos sedentarios aquende y allende la frontera.

Hasta ahora no se ha hecho mención a lo que hemos denominado poder aéreo. La causa es que si bien los aviadores venezolanos han hecho un importante esfuerzo intelectual por insertar al país en la era espacial, la importancia del poder aéreo no estriba en la posibilidad de hacer presencia en el espacio aéreo y ultraterrestre, sino en su relación con la tierra y los otros espacios abstractos, es decir, el mar, el espacio electromagnético y el continente Antártico para efectos de control y defensa en tanto que totalidad. De igual forma, el poder aéreo venezolano al igual que el poder marítimo necesita de una infraestructura que pueda asegurar una capacidad de proyección y de presencia permanente y eso hasta el presente no ha pasado.

3.- El Antagonismo entre pueblos sedentarios y pueblos nómadas.

Como ya hemos señalado, desde el punto de vista histórico, los pensadores geopolíticos venezolanos (De Nogales, Llovera y Fernández) alertaron sobre el papel ascendiente de China como factor desencadenante del próximo conflicto mundial. Pero esta visión, prospectiva desde la perspectiva de lo que estamos viviendo hoy en día se fundamenta en una concepción estatal de las relaciones internacionales. El tema del nomadismo, una reflexión realizada por Deleuze y Guattari (DyG) e indicada al inicio de este opúsculo a partir de la obra de Ibn Jaldún ha sido analizada por Hardt y Negri (HyN) como un esfuerzo para destruir al capital representado por el Estado en su nueva manifestación política tendencial que según ellos denominan Imperio. Este nomadismo ha sido considerado bajo el concepto de Máquina de Guerra, es decir, un vector que produce cortes, escisiones, uniones y mezclas, de las estructuras abstractas que configuran los espacios que tiene como fin “destruir la forma-Estado y la forma-ciudad con las que se enfrenta…”(2008:416-451). De una manera más amplia, se puede decir que es un tipo de agenciamiento que tiene una línea vital abstracta que se transforma en línea de destrucción y muerte cuando es apropiada por el Estado (1985:42 y 2008:421).

Para DyG, la máquina de guerra se caracteriza desde la perspectiva epistémica por ser expresión de un modelo: en primer lugar, “hidráulico”: el flujo es su realidad o consistencia, en segundo lugar, “de devenir y heterogeneidad”: es de una naturaleza atómica donde cada átomo opera a su libre albedrío, en tercer lugar, “turbulento”: porque es efecto del paso de “la turba al turbo”, es decir, del paso de “las bandas o manadas de átomos a las grandes organizaciones turbulentas” y en cuarto lugar, es “problemático” porque se parte de la superación de los obstáculos a partir de la consideración de estos en función de los afectos que producen (2008:368). Normalmente estos flujos están asociados a operaciones militares siendo la más emblemática la blitzkrieg instrumentada por una nueva concepción de la política, pero desde el fin de la Segunda Guerra Mundial sólo se ha puesto en práctica exitosamente en contadas ocasiones (Inchon, los Seis Días, segunda y tercera guerra del Golfo y Afganistán). La causa es que la guerra cambio su naturaleza haciendo que las únicas entidades legalmente reconocidas para emplear la fuerza, es decir, los Estados se hayan convertido, como ya se señaló, en estructuras de contención de flujos de destrucción (originalmente ideológicos) para asegurar su supervivencia. Por tal motivo Deleuze y Guattari han establecido una categoría de flujos de destrucción que tienen que ver con: materia-energía (guerra convencional), población (migraciones), bienes y servicios (contrabando, dumping, etc) y finanzas (burbujas, etc) (2008:472). Estas categorías han sido ampliadas por Qiao y Wang (1999) incluyendo, entre otras, la ecología, el narcotráfico, ayudas de cualquier género, etc. La preocupación del Estado en este contexto es canalizar, contener y limitar espacial y temporalmente dichos flujos. Desde el punto de vista nómada, una máquina de guerra sería entonces aquella que fuese capaz de proyectar todas estas categorías de flujo para producir una nueva relación política.

Para entender cómo funciona una máquina de guerra desde la perspectiva nómada hay que tener presente que Jaldún[35] conceptualizó la existencia de dos estructuras sociales, es decir, (1) la sociedad urbana entendida como orden estatal, y (2) la sociedad nómada entendida como una forma de organización social incomprensible para un ser urbano. Junto a estas dos formas Hardt y Negri están planteando una tercera (3) forma de organización social que podríamos denominarla como semi-nómada la cual, según ellos, es la organización que se constituye dentro de una sociedad urbana pero como sociedad excluida o segregada dentro de ese mismo orden social del urbano estatal. Por ello, su forma de constituirse en máquina de guerra es dentro de un mismo Estado a partir de un proceso revolucionario. Como Jaldún afirmó que inexorablemente las sociedades nómadas (y para nosotros también las denominadas semi nómadas) tendían a destruir el orden estatal urbano, se explica entonces la insistencia que hace DyG sobre el concepto de máquina de guerra. La máquina de guerra, reinterpretando a Jaldún, sería entonces la existencia o creación de “un cúmulo de hechos que las sociedades producen y han producido como expresión de su natural existencia” que conduce a la creación, conservación y destrucción de un orden establecido.

Con este criterio si consideramos el nomadismo y el semi-nomadismo analizado por estos autores contemporáneos con el nomadismo que se generará de forma deliberada por parte del Estado venezolano nos encontramos frente a dos concepciones dinámicas para producir cambios políticos de repercusiones regionales e incluso globales. Vamos a analizar en qué consisten estas dos formas de nomadismo partiendo de la lógica de su origen, es decir, la originada autónomamente contra el Estado y la que es creada por el propio Estado.

a.- La Máquina de Guerra originada autónomamente.

En su concepción postmoderna, un nómada es aquel cuya vida está determinada por trayectos donde el movimiento es extensivo y la velocidad es intensiva. Movimiento extensivo porque el trayecto determina los puntos que transita en un espacio liso o poco codificado y que hemos denominado espacios abstractos. Velocidad intensiva porque el nómada llena un “espacio liso a la manera de un torbellino, con la posibilidad de surgir en cualquier punto” incluso espiritualmente (DyG, 2008:385-386). Así pues, como el movimiento del nómada es absoluto por producirse en un lugar no determinado, HyN proponen reproducir este movimiento para eliminar los límites impuestos por el Estado a partir de la estructuración de unos regímenes de violencia que sujetan a la población y le impiden desarrollar su potencia para perseverar en su propia existencia. Las preguntas que surgen al respecto son ¿quiénes podrían ser los nómadas hoy en día y cómo constituir una máquina de guerra? Estas preguntas han tratado de ser respondidas por Hardt y Nagri.

Hardt y Negri han expresado que los cambios sociales en la actualidad han sido importantes fuentes de antagonismo debido a la insuficiencia de las constituciones republicanas modernas, en particular de sus regímenes de trabajo, propiedad y representación en satisfacer las necesidades de la población. Entre las causas que ambos autores han esgrimido se destacan, en primer lugar, al mal funcionamiento de la relación acceso a la renta y los derechos básicos de ciudadanía para quienes han estado fuera del mercado de trabajo normal. En segundo lugar, el hecho que la propiedad privada sea el segundo pilar fundamental de las constituciones republicanas representativas, importantes movimientos sociales han impugnado los regímenes nacionales y globales de gobierno neoliberal debido a que el capital está acumulando cada vez más riqueza principalmente por medio de formas de renta, casi siempre organizadas mediante instrumentos financieros, a través de los cuales capturan el valor que es producido socialmente y con independencia de su poder excluyendo, en consecuencia, a la mayor parte de la humanidad de sus potenciales beneficios. En tercer y último lugar, las constituciones republicanas actualmente vigentes a escala global aíslan los mecanismos de toma de decisión democrática de las potencias y los deseos de la población. Según estos autores esta realidad ha planteado racionalmente la necesidad de la revuelta en tanto que punto de partida para la construcción de otro modo de entender la política. Este nuevo modo de entender la política es concebido a partir del advenimiento de nuevas formas de vida y de organización social basadas, a su vez, en nuevas relaciones de producción e intercambio debido a que el capital está buscando mantener su poder y extenderlo a escala global mediante la guerra justificada como un acto defensivo, acto de conservación. Esta guerra, en este contexto, se ha constituido en un fin en sí mismo y se ha expresado en la implantación sistemática de dispositivos de disciplina y control que le han dado un carácter ontológico existencial por amenazar a la humanidad misma en su condición.

Para evitar estas circunstancias Hardt y Negri se han propuesto como propósito hacer la guerra contra la guerra mediante una triple acción simultánea basada en lo que denominan Éxodo, resistencia y vaciamiento de la estructura de poder del Estado. Ello es posible, según ambos autores en el hecho que la globalización ha generado un mundo común donde no hay un afuera. El Éxodo, en este contexto consiste en la generación de un flujo que alejándose de la estructura de poder del Estado persigue el socavamiento de sus unas bases fundamentadas en la mediación entre necesidad y satisfacción de los sujetos que aglutina gracias a los cambios generados en las relaciones de producción dadas por el advenimiento de un tipo de trabajo que no se puede medir temporalmente y por consiguiente no se puede capturar mediante la aplicación de impuestos u otras medidas impositivas. Como el daño que produce esta acción es realizado de manera deliberada, el acto deliberado en sí constituye el vaciamiento de la estructura de poder del Estado. La resistencia, por su parte, es el acto de contención que realizan los sujetos libres contra la acción conservativa que realiza el Estado mediante el uso de la fuerza.

Según ambos autores, estas acciones han sido el patrón de los principales movimientos de protestas que se han presentado a escala global desde finales del siglo XX, pero el propósito de Hardt y Negri ha sido determinar las condiciones de posibilidad de que se presenten en forma de red a escala global. Los movimientos de protestas, en este contexto, han sido realizados por singularidades que actuando en común han podido eliminar la mediación que ejercía el Estado entre sus necesidades y las formas de satisfacerlas. Estas singularidades que operan en común con una finalidad política las han denominado Multitud porque son expresión del acto de recuperar su derecho natural de perseverar en su propia existencia mediante la expansión de su espacio de libertad. Este proceso iniciado con el advenimiento de lo que denominaron trabajo inmaterial y que puede servir para destruir el Estado lo han interpretado HyN como una forma de nomadismo debido a que estos nuevos nómadas no ven nada como permanente por lo que están en condiciones de trazar nuevas sendas de vida a través de su propia existencia material.

Con este criterio estos autores creen que es posible que se produzca una conexión en red de protestas a escala global a partir de ese nuevo nomadismo como las producidas en el pasado con el denominado mayo francés y en pasado en reciente en Túnez y Egipto que puedan provocar cambios políticos a escala global que conduzcan, a su vez, al establecimiento de una democracia constituyente en sentido cosmopolita.

Con la crisis financiera iniciada en EE.UU. y extendida a Europa, Hardt y Negri creyeron que era posible que sucediera esta conexión pero para que esta se produzca, la trinidad Éxodo, resistencia y vaciamiento de las estructuras del Estado entendida como acto deliberado, deben operar de forma simultánea y eso hasta el presente no sólo no ha ocurrido, sino también que los Estados han podido capear el temporal político adaptándose a las nuevas circunstancias. De igual forma, estos autores no han logrado establecer las características de ese sujeto que va a desencadenar la guerra contra la guerra explicando con ello el por qué, aunque según ellos existen las razones, no se haya producido dicho fenómeno.

b.- La máquina de Guerra creada por el Estado contra el Estado

La máquina de Guerra que ha estado construyendo el Estado venezolano, de acuerdo con el criterio de Deleuze y Guattari no ha estado relacionada necesariamente con la reforma militar institucionalizada a partir del año 2004. En realidad la clase dirigente ha estado construyendo un dispositivo caracterizado por la estructuración de un aparato normativo que integra un conjunto de normas, específicamente la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, la Ley Orgánica de Comunas y el Plan de la Patria 2013-2019 que el gobierno ha convertido en ley en fecha reciente. Como se sabe, la Ley Orgánica de Comunas no tiene fundamentos constitucionales, ha sido la intención del proyecto político instaurado en el año 1998 de imponer al país, de forma práctica, un nuevo modelo de desarrollo[36]. Este modelo de desarrollo declarado socialista y que está contenido de forma explícita en el proyecto de Plan de la Patria fue rechazado, como ya se señaló, en la reforma constitucional del año 2007. La pregunta que surge es cómo se articularían dos instrumentos extra-constitucionales con la ley Orgánica de Seguridad de la Nación.

La respuesta a esta pregunta está relacionada con el objeto de la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación. Este instrumento está fundamentado, tal como lo señala el artículo 2, en “el desarrollo integral” el cual consiste, según su artículo 4 en “la ejecución de planes, programas, proyectos y procesos continuos de actividades y labores que acordes, con la política general del Estado y en concordancia con el ordenamiento jurídico vigente, se realicen con la finalidad de satisfacer las necesidades individuales y colectivas de la población…”. Consecuentemente, la defensa integral es “el conjunto de sistemas, métodos, medidas y acciones de defensa, cualesquiera sean su naturaleza e intensidad, que en forma activa formule, coordine y ejecute el Estado… con el objeto de salvaguardar… el desarrollo integral de la Nación”. En este contexto, el “Proyecto Nacional Simón Bolívar” Plan de la Patria 2013-2019, en tanto que “programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica” es la continuación del “Primer Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013”.

Como se sabe, el Plan de la Patria contempla cinco grandes objetivos estratégicos que orbitan en torno en el “pleno desarrollo” de las capacidades  nacionales, para crear las condiciones “para el desarrollo de un modelo innovador, transformador y dinámico” y “construir un modelo productivo eco-socialista” a partir de la aceleración de la transición al modelo “económico productivo socialista” y de la “consolidación y expansión del poder popular a través… del autogobierno en poblaciones y territorios específicos conformados como Comunas…”[37]. Estos propósitos están orientados dentro del plan para impulsar “la Alianza Bolivariana…” y la dinamización de “los nuevos espacios regionales…”.

Si bien esta estructura normativa se está imponiendo en el país, el camino al Estado comunal en Venezuela se está siguiendo, desde unos años atrás, a la par en que se está reduciendo la capacidad productiva. El método seguido para alcanzar este Estado comunal y que hoy en día está mencionado en el plan es la “metabolización” de la capacidad productiva. Esta consiste, como ya se indicó, en descomponer la capacidad productiva existente en unidades de producción simples. Este proceso que se inició con el proceso de expropiaciones y de creación de cooperativas unos años atrás no ha permitido el desarrollo de nuevas capacidades productivas en el país por lo que el comunalismo más que una intención política de crear unas nuevas relaciones entre los venezolanos y entre el hombre y el medio geográfico en que se desenvuelve, pareciera que estuviese generando un vacío conformado por un conjunto de venezolanos que no producen dirigidos por un Estado benefactor dentro de un contexto de escasez creando las condiciones política para extender ese vacío a donde las necesidades los impulsen “en el nuevo espacio regional”. Es decir, como este Estado comunal se sustenta en un espacio de producción y de intercambio de lo producido y no de un territorio basado en la concepción del Estado-nacional moderno, éste va a generar conexiones afectivas fomentadas por el Estado venezolano, en tanto que ente benefactor, haciendo que se extienda esta afectividad a otros territorios transfronterizos caracterizados porque la presencia del Estado es baja y poseen altos niveles de conflictividad. Este vacío entonces puede ser visualizado desde dos perspectivas, es decir, desde el Estado territorial y desde el nuevo Estado comunal. Desde el Estado territorial es una forma en que se manifiesta la pérdida de soberanía en el sentido de la autonomía, plenitud y capacidad de competencias en sentido amplio, porque va a ser consecuencia de un flujo de destrucción provocado en un plano diferente al que se realiza la guerra y que también puede ser denominado guerra.

Desde la perspectiva del Estado comunal, las comunas actuaran como una forma de crear agrupamientos humanos conectados afectivamente bajo una nueva idea de lo que se entiende por producción, es decir, producción no sólo se refiere a fabricar, engendrar o crear cosas o servicios de valor económico. Producir proviene etimológicamente del latín pro-ductum que significaba llevar, conducir hacia delante, avanzar, alargar, extender, hacer crecer, educar, formar, elevar. Por lo que se puede afirmar que en cierta manera es la acción de un Ser que se extiende material e inmaterialmente. Materialmente a partir de un cuerpo y de lo que de él emana como producido e inmaterialmente a partir de las ideas que se hacen códigos de prácticas individuales que permiten a este Ser extenderse en el tiempo y en el espacio afectando por esas dos vías a otros seres haciendo que se produzca comunidad debido a que con ello se garantiza la supervivencia individual y la del grupo que conforma.

Paradójicamente, en el único espacio donde se podría crear un espacio comunal a partir de una capacidad productiva es en los espacios marítimos gracias a la actividad pesquera artesanal que en nuestro país tiene una importante proyección en el mar Caribe y en el océano Atlántico, pero como ya se señaló, a no ser por los esfuerzos que se estarían realizando en el Territorio Insular Miranda y eventualmente en el estado Nueva Esparta, el Plan de la Patria no contempla el desarrollo de una proyección marítima.

En este contexto, no se puede decretar un espacio público comunal, como en el caso venezolano, para luego hacerlo productivo y capaz de ser defendido. Así pues, con el Estado comunal lo que se está creando son las condiciones de posibilidad para que las comunas que conformen dicho Estado se apropien de los espacios productivos hasta agotar sus capacidades para luego trasladarse a otro para generar el mismo efecto. Este traslado a los lugares donde hay producción sin generar excedentes es lo que le va a dar a la comuna venezolana el carácter de nómada constituyendo así una nueva máquina de guerra.  Para que se tenga una idea de lo que se está afirmando, la intervención francesa en Mali fue para detener el avance islamista proveniente del norte del país en un contexto en que había colapsado el Estado por la inestabilidad política creciente originada por la existencia de movimientos secesionistas y nacionalistas en ese territorio. La máquina de guerra en Mali se constituyó a partir de una idea política desarrollada a partir del islam y ello ha provocado la guerra. En nuestro caso, la máquina de guerra venezolana va a ser creada por el Plan de la Patria.

Las comunas venezolanas entendidas como entidades depredadoras (máquinas de guerra) estarán constituidas en principio en los espacios ocupados del antiguo Estado territorial y se irán expandiendo a otros espacios ocupados en la medida en que se presente la necesidad de procurar productos para su supervivencia. Este hecho afectará los conceptos de frontera y límite vigentes en Venezuela en el sentido que dejaran de ser expresiones sinónimas para recuperar sus originales significados, es decir, frontera entendida como confín y límite como línea de separación, trayendo, en consecuencia, en primer lugar que los límites terrestres pasarán a ser áreas de tensión geopolítica en el sentido que donde la frontera sea punto de intercambio transfronterizo promoverá la comunalización, en segundo lugar, donde el límite esté constituido por ríos navegables, la comunalización se extenderá a los espacios transfronterizos que unen estas vías de comunicación, en tercer lugar, donde hayan espacios no ocupados, se promoverán las condiciones para que otros entes políticos hagan presencia al margen de la dinámica generada por el cambio al Estado comunal y, en cuarto lugar, se convertirá al Estado en un espacio mediterráneo conectado al mar sólo por el petróleo y por la necesidad de importar lo necesario para la supervivencia del régimen político. En estas circunstancias, la tendencia que marcará las relaciones políticas entre el viejo Estado convencional a nivel nacional y a escala regional y el nuevo Estado comunal va a ser el conflicto generalizado. Aun cuando este proyecto no se concrete, desde el punto de vista normativo, el potencial de conflicto es sumamente alto debido a la existencia de grupos irregulares que están haciendo la guerra en la frontera y esperan estratégicamente la profundización del Plan de la Patria 2013-2019.

Para que se profundice efectivamente este proyecto del Estado Comunal en Venezuela faltará saber si la población estará dispuesta a asumir los compromisos que significan operar para los fines de una abstracción así comporte su propio sacrificio. Si bien se puede asumir que sólo se necesita una masa crítica de población para lograrlo en realidad no hay y no habrá imposición que dure mucho tiempo tal como lo demostró la experiencia del socialismo real a todo lo largo del siglo XX.

c.- Estado, Máquina de guerra y espacio de maniobra.

Frente a las ideas de máquinas de guerra que hemos señalado que operan contra el Estado está el Estado que busca permanecer en tanto que orden político. La posibilidad de existencia del Estado está dada por su capacidad de expandir su estructura de producción y de ejercer un efectivo control de la misma. Pero como los Estados se han convertido en estructuras de contención estos han buscado expandirse a aquellos espacios donde la posibilidad de estar está condicionada a la disposición de plataformas adecuadas a tal fin. Estos espacios son el Alta Mar, el continente Antártico, el espacio electromagnético y el espacio ultraterrestre y por ello los hemos denominado espacios abstractos (Blanco, 2010). Este ha sido su espacio de maniobra. La carrera de los Estados con mayores potencialidades ha apuntado a ejercer un mayor control de esos espacios debido a que por intermedio de ellos es posible asegurar su supervivencia y ejercer indirectamente control la producción a escala global y sobre territorios estatales. Para ello en sus orígenes capturaron una maquina de guerra que llegó a convertirse con el transcurrir del tiempo en las fuerzas armadas de los Estados nacionales modernos, pero en el presente, los Estados han podido crear su propia máquina de guerra en el sentido que han podido abstraerse de las limitaciones humanitarias pudiendo usarla efectivamente en guerra de corta duración.

Frente al Estado se opone, en primer lugar, la máquina de guerra que están proponiendo Hardt y Negri a partir de los espacios productivos que no han podido controlar el Estado por el advenimiento de nuevas formas de producción. Estos espacios productivos se superponen al espacio de maniobra del Estado pudiendo crear las condiciones de posibilidad para producir un colapso dentro de un o del Estado tendencial que denominan Imperio. La ventaja de esta propuesta es su carácter cosmopolitista. Su desventaja es que aun no existen las condiciones materiales para su gestación y su instrumentación a escala global. En segundo lugar, está la intención del Estado venezolano de metabolizar la capacidad productiva aun existente dentro del territorio para crear nuevas unidades productivas socialistas en un contexto improductivo y bajo la tutela de un nuevo Estado basado en el control monopólico de la actividad petrolera. En este marco, la capacidad de existencia del nuevo Estado va a estar determinada por su capacidad para metabolizar la capacidad productiva donde existan relaciones de producción e intercambio. Este será su espacio de maniobra. Las posibilidades para que la clase dirigente nacional alcance su objetivo van a estar condicionadas a que logren producir un cambio de subjetividad de la población que permita que se cumpla el Plan de la Patria, es decir que se construya o se apropie de capacidades productivas.

En este contexto, si se tiene presente que el Estado está operando en espacios abstractos y que las nuevas formas de nomadismos encarnadas en el concepto de Multitud y de Estado comunal están operando bajo un concepto basado en unas nuevas formas de producción generadas por un cambio de conciencia podemos afirmar que el conflicto actual se está presentando en un espacio de maniobra abstracto y se va a desarrollar en términos absolutos entre los actores políticos que pueden operar en los citados espacios. Desde esta perspectiva, a la oposición entre sedentarios y nómadas representada, en nuestro caso por el Estado y por la acción del Estado comunal que se va a intentar imponer en Venezuela ha surgido otra idea de nomadismo que representa una nueva tendencia que puede ser entendida como una línea de fuga que no sólo podría romper el carácter cíclico basado en el sedentarismo y el nomadismo con el cual se ha estudiado la historia de la humanidad tal como lo ha cuestionado Jaldún. Esta línea de fuga nos indica, la existencia de un alejamiento que permite pensar en la imagen de una espiral que en cierta forma podría indicar progreso y la no posibilidad de ocurrencia de una guerra que nos pueda afectar a todos.

4.- Reflexión final.

Lo que ha determinado el carácter nómada o sedentario de un pueblo ha sido su capacidad para producir. En un contexto donde cada día se hacen los recursos más escasos, el mar está cobrando cada vez mayor importancia desde el punto de vista político porque cada día se convierte en un espacio de producción. Desde esta perspectiva llama la atención la poca capacidad de autoorganización venezolana hacia el mar a pesar de la creciente dependencia del país de los espacios marítimos a lo largo de la historia y resulta incomprensible que en un contexto signado por la existencia de problemas de límites marítimos y de la creciente importancia del mar para asegurar incluso la supervivencia de la clase dirigente, se le haya dado la espalda para poder imponer un modelo de desarrollo que sólo podría ser exitoso si fuese expresión voluntaria de una sociedad que ha evolucionado a otra forma de organización política. Pero eso aún no ha ocurrido. De igual forma, no se puede imponer un modelo de producción basado en la metabolización de la capacidad productiva en un contexto donde se está reduciendo las condiciones materiales para la subsistencia. En este contexto, el Plan de la Patria no va a crear productores, va a crear pobres que van a estar sometidos por la ideología de una clase dirigente que los va a empujar al sacrificio.

Imponer un modelo de desarrollo que ni siquiera posee el consenso de la totalidad de la población ni bases constitucionales evidencia que la clase dirigente no es expresión de la sociedad como un todo y por ello para garantizar su supervivencia se ha apropiado de forma creciente de la capacidad productiva de los medios que garantizan su orden frente a la sociedad.  Esta apropiación ha convertido al Estado a lo largo de la historia de su existencia en una epirocracia en que el mar ha sido sólo un espacio de interés sólo cuando el orden instituido ha sido amenazado.

En una nueva Venezuela este aspecto es el que habría que cambiar para pensar reconstruir la maritimidad de una sociedad que fue interrumpida por las luchas por el poder que han afectado a la república desde su constitución en el año 1811. Esta maritimidad le podrá dar a la nueva república el fundamento material e intelectual para proyectarse sobre el mismo territorio y sobre el resto de los espacios abstractos a partir de una productividad entendida a partir de la reinvención de este concepto. Se la dará porque una talasocracia se fundamenta en un pensamiento complejo puesto que en el mar, parafraseando a Heráclito, lo único seguro es el cambio... 

El reencuentro con el mar será, en consecuencia, el acontecimiento que les podrá dar a los venezolanos el camino de la paz y del progreso.

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[1] Ver al respecto: Geopoliticus (2012) e “Historia Naval en Imágenes”, una página ubicada en la red social facebook que trata sobre temas navales venezolanos organizada por Julio Chacón Hernández.
[2] Ver también: Blanco (Rivero-Blanco, 2013).
[3] Ver también: Vivancos (2000).
[4] Ver también: Deleuze y Guattari (2008).
[5] Para Inglaterra su conducta estratégica se fundamentó en exigir que:
• A cada Estado le correspondía el derecho al libre comercio y la navegación.
• Cada Estado sólo podía prohibir el comercio a súbditos de otros soberanos en su propio territorio, y que si bien ello era legal, no obstante era injusto.
• Posesión efectiva.
• El mar y el aire están a disposición de todos para uso común
[6] Para Francia, su conducta estratégica se basó en una actitud monopólica que exigía:
• Efectividad de la posesión
• Referidas a los territorios recién descubiertos
• Comercio libre y mar abierto. Libre navegación para ganarse el pan
[7] Para los neerlandeses su enfoque estuvo dado por exigir:
• Libertad de comercio y navegación.
• Comercio supeditado a la realización de tratados
• No podía ser derogado el principio de libertad de los mares excepto por declaración unánime de todos los Estados.
[8] Ver al respecto: Oviedo y Baños (1982/1722) y Balza (2009).
[9] Ver también: Deleuze y Guattari (2008).
[10] Ver también: Viveiro de Castro (2002).
[11] Ver al respecto: artículos IX 1 y 2. [Documento en línea]. Disponible: www.pax-westphalica.de.
[12] La colonialidad del poder es uno de los elementos constitutivos y especícos del patrón mundial de poder capitalista y se fundaba en “la imposición de una clasicación racial/étnica de la población del mundo como piedra angular de dicho patrón de poder y opera en cada uno de los planos, ámbitos y dimensiones, materiales y subjetivas, de la existencia social cotidiana y a escala societal”. Esta forma de colonialidad determinó una relación jerárquica del poder desde la conquista de América y sólo empezó a cambiar a finales del siglo XX.
[13] Ver al respecto: Vivas (1998) en relación a las actividades realizada por la Compañía Guipuzcoana, y Bracho (2005a) en relación con el impacto jurídico que tuvieron los actos administrativos españoles en el mar Caribe venezolano.
[14] Además de los tratados, los actos unilaterales de los Estados y los estudios realizados por especialistas en un tema en específico.
[15] Este tratado perdió su vigencia con el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
[16] El otro aspecto a tener en consideración sobre este congreso es el relacionado con la navegación fluvial puesto que allí se establecieron unos principios de aplicación universal como los relativos a las formas de delimitación y la navegación en sí.
[17] Ver al respecto: Blanco (Rivero-Blanco, 2013).
[18] Ver también: Rivero-Blanco (2011 y 2012).
[19] Hay un antecedente a la obra de estos autores. Está representado por el trabajo realizado por Rafael De Nogales Méndez, El Saqueo de Nicaragua. En esta obra este venezolano expresó: “Miremos más hacia el futuro y podremos ver la probable diversión del comercio de América Latina con los Estados Unidos y hacia Europa y Asia. China se avizora como el más grande competidor. Ya el capital chino se encuentra detrás de los grandes sindicatos en India, Java, Sumatra, traficando en seda, café, metales. Esos sindicatos llevan nombres europeos. La China que despierta, laborando en modernas industrias en gran escala —con sus millones de trabajadores baratos que colaboran buscará su material primitivo y venderá sus refinados productos a América Latina, es casi seguro. ¿Cómo podrían los Estados Unidos competir con ella? Con altos salarios en los Estados Unidos y bajos salarios en China, podrán los comerciantes chinos vender su mercancía en América Latina en cualquier Mercado” (1932/2007:208).
[20] Este esfuerzo de denominó “la Conquista del Sur” y fue iniciado y conducido en la década de los años setenta del siglo pasado.
[21] Ver al respecto: Blanco (2010).
[22] Hay que reconocer que se ha emprendido un esfuerzo por modernizar la infraestructura existente, sobre todo entre los años 2011 e inicios del año 2013.
[23] Ver al respecto: Reyes (2009). “Venezuela abandona posición histórica frente al Golfo". Caracas. En El Universalhttp://www.soberania.org/Articulos/articulo_4852.htm
[24] Este hecho igualmente sucede con el conjunto de islas ex-colonias británicas de las Antillas menores que no han establecidos límites marítimos con Venezuela. En este contexto, no son las islas, sino los intereses coloniales que están detrás de sus acciones políticas. Esta es la cara anglosajona de la colonialidad del poder descrita por Quijano.
[25] El buque detenido en aguas de la fachada atlántica venezolana por el Guardacostas pesado de la Armada venezolana "Yekuana" fue el “RV Teknik Perdana” de bandera panameña. Este buque panameño fue contratado por la trasnacional Anadarko y pretendía realizar labores de exploración petrolera por orden de Guyana. El buque detenido iba a una velocidad de 7 nudos, en posición geográfica, latitud: 1Ø°20'3Ø"N y longitud: Ø57°3Ø'Ø7"W, en espacio marítimo correspondiente a nuestra Zona Económica Exclusiva. Ver al respecto: http://www.eluniversal.com/nacional-y-politica/131012/armada-detuvo-a-barco-enviado-por-guyana Por otra parte, según el autor del reportaje, T. Reyes, “Fuentes de la Armada comentaron que el patrullaje en la fachada atlántica venezolana, que estaba suspendido desde hace un año, se reinició desde el lunes pasado tras una labor de convencimiento de parte del componente al alto Gobierno, que accedió”.
[26] Este control ha llegado a los puertos bajo la figura de la necesidad de protección contra el terrorismo. Ver al respecto: Blanco (2013c).
[27] La Ocean Governance es un concepto surgido en el seno de la Organización de las Naciones Unidas a finales del siglo XX, para hacer de los océanos un gran laboratorio para la construcción de un nuevo orden internacional basado en un nueva forma de cooperación internacional y de la organización de una nueva teoría económica y de una nueva filosofía. Su principio se basa en el carácter holístico de los océanos y del reconocimiento que los problemas que padece están estrechamente relacionados y deben ser considerados como un todo. Este gobierno implica la consideración de aspectos legales, institucionales (en el marco de la ONU y otros organismos multilaterales establecidos dentro del marco de la Carta de Jamaica) y de niveles de instrumentación (local, nacional, regional e internacional) (Bailet, 2002).
[28] Ver al respecto: Blanco (2010 y 2013c).
[29] Ver al respecto: El Proyecto de Interconexión Fluvial de Sur América, en www.oas.org.
[30] La afectación del proyecto nuclear iraní por dos terremotos ocurridos a mediados del presente año y las negociaciones que condujeron a la disminución de la amenaza de guerra en el golfo Pérsico podrían ser la evidencia de lo que se ha estado afirmando, no obstante hay muy poca información sobre ese tema. 
[31] Ver al respecto: Marx (1844/2001) y (1846/2001).
[32] Este Plan fue promulgado en ley por la Asamblea Nacional en Gaceta Oficial Nº 6118 del 04DIC2013.
[33] Ver al respecto: www.mpcomunas.gob.ve. 
[34] Este tema ha sido reseñado bajo el concepto de Ocean Governance.
[35] Ver: Jaldún (1377/1967) y Vivancos (2000:29-42).
[36] De acuerdo con la Ley Orgánica de Comunas artículo 4, el Estado comunal es “la forma de organización político-social,…, en la cual el poder es ejercido directamente por el pueblo, a través de los autogobiernos comunales, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno y sustentable” a partir de una célula fundamental constituida por la “Comuna”.
[37] La comuna, de acuerdo con el artículo 5 de la Ley Orgánica de Comunas es “un espacio socialista… definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento, y sobre el cual ejercen principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación”.