martes, 8 de agosto de 2017

NEGOCIACIÓN: EL APAGA FUEGO DE LA REBELIÓN VENEZOLANA

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La teoría de la guerra revolucionaria de Lenin y en especial de Mao Zedong estaban planteadas en términos absolutos, es decir, buscaban la aniquilación de la organización político-administrativa del adversario como medio para instaurar su concepción de la política. Este aspecto hay que tenerlo presente en la crisis venezolana desde el año 2002 y en especial entre los años 2014-2017 para comprender por qué la tiranía logró mantenerse de manera efectiva debido a que la izquierda internacional ha construido un cuerpo doctrinario desde el siglo XIX que le ha permitido construir una estructura de acción que ha sido puesta en práctica desde que el Foro de São Paulo se apropió de Venezuela de manera efectiva desde el año 2004 y le ha permitido negociar en una posición de fuerza frente a una clase política histórica que actúa en base a la obtención de objetivos limitados. Este corpus teórico puede ser observado en www.marxists.org. Por ello vamos examinar, en primer lugar, cómo ha operado históricamente este corpus teórico, en segundo lugar, analizar cómo ha sido aplicado en Venezuela y, finalmente, vamos a analizar los inconvenientes que ha presentado la doctrina izquierdista en su aplicación a Venezuela. El objeto es demostrar el inconveniente de negociar con una estructura de acción de esa naturaleza si no se posee una fuerza equiparable.
Los esfuerzos que el comunismo ha empleado para alcanzar el poder en sus diferentes variantes (local o global) datan de la segunda mitad del siglo XIX. El Manifiesto Comunista puede ser considerado el horizonte de comprensión para marcar un punto de inicio de ese esfuerzo sostenido teniendo presente que ya habían o estaban aconteciendo procesos revolucionarios en Europa con esa ideología. Teniendo esto presente, esa izquierda tuvo que aprender de los fracasos para lograr sostenerse efectivamente en el poder en Rusia sobre todo después de su guerra civil. Con ese logro y por intermedio de los congresos internacionales que se iniciaron también en la segunda mitad del siglo XIX se comenzó a producir una doctrina que se fue alimentando de errores y aciertos con el transcurrir del tiempo. Primeramente se consideró esta doctrina como el medio para que cada sociedad pudiese construir el socialismo en cada país y después de la Segunda Guerra Mundial, como medio de generar un nuevo orden fuera del capital y el Estado tal como lo había concebido Marx siguiendo su particular visión filosófica de la historia.
Los aciertos en este corpus teórico se observaron primeramente en China y fueron perfeccionados en Argelia y en Vietnam y posteriormente en Cuba y Nicaragua, pero no fue exitoso en el resto de Iberoamérica ni ha demostrado ser exitoso en la conservación del nuevo orden ni en alcanzar el objeto que supuestamente motivó la destrucción del orden antiguo, es decir, una sociedad sin clases dentro de un contexto de abundancia. Esto se evidenció en el hecho que los supuestos marxistas ni sus consecuencias se produjeron en la Unión Soviética ni en el resto de los países donde se puso en práctica, al contrario han provocado el despliegue de desgracias a un ritmo temiblemente acelerado. Ello explica porque, en todos los casos, han asumido un carácter totalitario.
En relación a la aplicación de este corpus teórico en Venezuela podemos afirmar que esto se produjo en tres fases históricas: la primera acaeció en la década de los años sesenta cuando se pensó, de forma errónea, que los éxitos en Argelia y Cuba podían ser repetidos en el país. La segunda, cuando se inició el proceso de infiltración de la FF.AA.NN aprovechándose de su carácter pretoriano, es decir, del grado de politización existente en los cuadros militares[1]. La tercera se inició a partir del año 2005 cuando se instrumentó la “Nueva Doctrina Militar venezolana” una vez que se había logrado el control de la FF.AA. después del año 2002. Sobre la primera y segunda fase hay que comentar lo siguiente: el hecho decisivo que impidió la instauración de un sistema totalitario fue la movilidad social que hubo en el país entendido por la posibilidad de mejora de las condiciones sociales de los venezolanos. En estas fases los interesados en subvertir el orden no poseían el poder de negociación suficiente para producir un cambio político. Cuando se comenzó la desaceleración de la movilidad social fue que se comenzaron a crear las condiciones de posibilidad de aplicar el corpus teórico de la izquierda internacional. Ello ocurrió a partir del año 1989.
No obstante lo señalado, hay que mencionar lo siguiente: si bien, parte de  la subversión se acogió a la política de pacificación iniciada a principios de los años setenta, la izquierda siguió planteando el cambio político en términos absolutos mientras que el orden venezolano instaurado con el Pacto de Punto Fijo lo planteó en términos limitados desde la perspectiva clausewitziana. Para la izquierda había una guerra revolucionaria que las circunstancias la obligaron a aceptar unas condiciones para ganar tiempo e ir construyendo su nueva estructura de fuerzas.
La revuelta de Tiananmén, el colapso soviético y yugoslavo y el aislamiento cubano obligaron a la izquierda internacional a reagruparse y revisar su corpus teórico para adecuarse a las nuevas circunstancias del conflicto global. De ahí el surgimiento del Foro de São Paulo para replantear el conflicto a escala global y la adopción no sólo de medidas surgidas de las críticas realizadas a la doctrina existente, sino también la de nuevas formas de hacer la guerra hechas por pensadores post-estructuralistas y chinos. ¿Qué buscó este foro? Aumentar su poder de negociación a escala global que logró efectivamente con el cambio político iniciado en el país a partir del año 1998.
¿Por qué, luego de diecinueve años, no se ha podido concretar el proyecto político en Venezuela?
La respuesta a este interrogante tiene dos vías: en primer lugar, los venezolanos han resistido ese proyecto político desde sus orígenes tempranos y en segundo lugar, no ha generado una sociedad de la abundancia como este proyecto preconizaba. Esto nos lleva finalmente, a analizar los inconvenientes que ha presentado la doctrina izquierdista en su aplicación a Venezuela. Esto lo vemos a hacer examinando primeramente la realidad global, seguidamente la tiranía entendida como instrumento de una organización transnacional y posteriormente la oposición venezolana.
La realidad global ha estado sujeta a la sucesión de grandes cambios sociales que se han acelerado en las últimas décadas del siglo pasado. Estos cambios han sido posibles por la existencia de un ciclo determinado por la producción y el consumo que a pesar de sus implicaciones ambientales no se ha detenido. Este aspecto es el que solo me interesa destacar en el sentido que la izquierda ha buscado detener ese ciclo y ello se ha traducido en retraso donde se ha aplicado. Ello explica que la visión del mundo de la sociedad norcoreana esté suspendida en la guerra fría, la sociedad cubana en la década de los años cincuenta y la sociedad venezolana en la década que marcó el fin y el inicio del tercer milenio. Por ello siempre he creído que un cambio político debería producirse para estar en sintonía con el mundo entendido como una totalidad. No para producir un desfase cuya acentuación produzca calamidades de todo orden debido a que pasa a ser un sinsentido como el que estamos viviendo en el país.  
El elemento a favor que han tenido los izquierdistas venezolanos que han sido instrumentos del foro de São Paulo es que tienen conciencia de que forman parte de un proyecto global. La parte siniestra del proyecto internacional en Venezuela es que ya están conscientes de que su esfuerzo fracasó por no comprender la lógica del desfase de los cambios sociales y, como hemos indicado, están usando como instrumento a los venezolanos. El foro de São Paulo al haberse apropiado de los recursos venezolanos dispone de un alto poder de negociación porque le permite acceder a medios de canje en cualquier parte del mundo. Este poder de negociación lo mantiene aún en una posición de fuerza. En Venezuela este poder de negociación se complementa por el hecho de disponer de los instrumentos de violencia del Estado. El elemento en contra que ha tenido la izquierda, además de la incomprensión antes indicada está dado por el hecho que se ha visto obligada a someter a toda la población para preservar el poder. Este acto de fuerza ha generado una atemporalidad en relación con el mundo que en el país se evidencia en carestía y pérdida de la posibilidad de procurarse su modo de trascendencia. Ello explica la rebelión.
Con respecto a la ‘oposición’ venezolana me han preguntado qué entiendo por ella y he dicho que tendencialmente es una multitud, es decir, un conjunto de singularidades y grupos minoritarios que han operado más o menos en común. Ello empezó a verse de forma más clara en la rebelión ciudadana que se inició en marzo del presente año. Esta oposición está o estaba conformada por grupos de diferentes tendencias (partidos, asociaciones, individuos) cuyo plano de inmanencia está dado por su rechazo a la tiranía. Pero repasemos un poco los acaecimientos para determinar su consistencia. Entre enero y marzo del presente año la preocupación de los partidos políticos congregados en la Mesa de la Unidad (MUD) era las elecciones regionales dentro de un contexto de deslegitimación generado por las negociaciones que realizaron a espaldas de la población y permitieron que la tiranía se sostuviera. El inicio de la protesta realizado por los estudiantes se produjo por la conjunción de una serie de factores que para simplificar estuvieron determinados por un conjunto de sentencias realizadas por el Tribunal Supremo de Justicia. Luego que se iniciaron estas protestas se integraron los partidos agrupados en la MUD y otros sectores de la sociedad venezolana.
El poder de negociación de esta multitud estaba dado en su capacidad de destruir el orden político en la medida en que no fuese canalizada ni domesticada. Este fue su punto a favor. Para poder destruir se necesitada una estructura, no una conducción personificada, por ello propuse una estrategia del enjambre debido a que se observaba como un medio, un principio democrático, para generar una unidad de criterio a partir del plano de inmanencia antes indicado y evitar la domesticación mediante la rutinización[2]. Eso fue lo que hizo la MUD. Un proceso de domesticación de la protesta para erigirse como representante. Este fue su punto en contra. ¿Por qué? Porque la MUD no tiene poder de negociación. Esta organización se montó en una situación para lograr lo que aspiraban, es decir, las elecciones regionales. La tiranía ha negociado con la MUD porque la ha visto como un instrumento para amainar la protesta no porque desease negociar. Aquí entra de nuevo el corpus teórico.
La izquierda transnacional solo negocia en situaciones simétricas, es decir, cuando la mutua destrucción es posible o cuando se encuentran en desventaja y solo para aumentar su poder de negociación pero manteniendo su norte de alcanzar objetivos absolutos. La MUD perdió su poder de negociación en octubre de 2016 y se prestó para alcanzar fines partidistas usando a la población venezolana que dio su vida en las calles en estos meses del año 2017. Claro, hay sus excepciones dentro de ese grupo partidista. Para mi estas excepciones estaban dadas por los que protestaban con escoltas y los que no.
Con ello, puedo afirmar que la rutinización de la rebelión y la negociación en la que participaron dirigentes de la MUD solo sirvieron para apagar la rebelión. La MUD o mejor dicho, parte de ella, negoció sin la autorización de los protestantes y sin tener poder para ello y, en este sentido, es conveniente enfatizar que no se puede negociar en condiciones de desventaja. La multitud no opera bajo una estrategia erosiva sino de choque y la dirección no la da la jefatura sino una estructura pluridireccional y multidimensional. Por ello se puede afirmar que la multitud es una hidra de múltiples cabezas que operando en común es altamente destructiva. Solo de aquí puede surgir, como se dijo, un principio democrático que vaya más allá de la tiranía y la MUD.
Para finalizar podemos afirmar que los partidos de la MUD que se prestaron a esa maniobra están entrampados. Luego de la movilización internacional en apoyo a los venezolanos y de certificar que los poderes de la tiranía están desacreditados quieren ayudar a legitimar a la tiranía pasando por encima del esfuerzo de todos los venezolanos. Creo que este va a ser su fin debido a que, al no poseer poder de negociación, necesitan de migajas para garantizar su supervivencia. Esto plantea dos interrogantes: ¿Qué títulos se abrogaron los “negociadores” de la oposición para negociar? y ¿Cuál fue el contexto de la negociación?
Sobre el primer interrogante el título que se abrogaron los “negociadores” de la oposición fue el carisma y la evidencia fue la domesticación de la rebelión. Pero si se analizan las situaciones y los discursos sobre todo en estos tres últimos meses lo que se observa es ambigüedad con la sola excepción de María Corina Machado que, a mi parecer, necesita urgentemente adquirir una visión estratégica de amplio alcance. La arenga de Leopoldo López apuntó a las elecciones regionales. De los demás, ni hablar: ‘Negociaron’ a los venezolanos. Con respecto al segundo interrogante, el contexto de la negociación fue una rebelión con muertos, heridos y detenidos. Después del 01MAY una parte de la multitud buscó escalar y otra parte se quedó expectante para ver hasta cuánto se podía sostener la revuelta.  Ahí fue donde se observó la fractura de la cohesión de los dirigentes de la MUD que acompañaron la protesta. Mientras los jóvenes dirigentes partidistas se mantuvieron empeñados fueron usados para la ‘negociación’. Luego aparecieron los discursos ‘pacifistas’ como preludio a la estrategia de domesticación. Negociar bajo el argumento de ser pacifista en medio de una rebelión es incongruente a menos que el juego fuese domesticar o no se tuviese la suficiente confianza en sí mismo para seguir adelante con la rebelión. Aquí fue donde operó el corpus teórico que sustenta la tiranía: manipularon a los “negociadores” que mental y físicamente estaban amarrados. Por ello se puede afirmar que no existe negociación cuando no existe un equilibrio de fuerzas. Cuando no hay eso que se denominó en el pasado destrucción mutua asegurada, el contexto de la negociación es un espejismo cuando la otra parte, la tiranía, está buscando alcanzar objetivos absolutos.  
Por su parte, la tiranía está operando con un corpus teórico suministrado por la izquierda transnacional. Su temor no fue la MUD sino la multitud y utilizó a la MUD para contener a la multitud. Pero este cuerpo no ha sido capaz de dar cuenta de los cambios sociales que ha vivido la humanidad y aquí es donde se encuentra su vulnerabilidad, es decir, la a-sincronía entre teoría y realidad. Por ello, su doctrina se ha convertido en un dogma que no ha sido considerado por la oposición como un todo por la arrogancia que han tenido en subestimar a sus oponentes y a la multitud. Esta es el foco al cual debe apuntar la multitud para ejecutar su próximo turno.
Venezuela no se rinde…




[1] Ver al respecto: “El Nuevo Ser-Militar venezolano en la Nueva Venezuela Republicana”. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/06/el-nuevo-ser-militar-venezolano-en-la.html
[2] Ver al respecto: Acerca del ‘Plan Zamora’: De la unicidad de la tiranía a la multiplicidad del enjambre. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/06/acerca-del-plan-zamora-de-la-unicidad.html

martes, 1 de agosto de 2017

EL G-20 Y VENEZUELA: PARA COMPRENDER EL CONFLICTO GLOBAL EN QUE SE ENCUENTRA INMERSO EL PAÍS



La reunión del G-20 realizada en Hamburgo en fecha reciente dio mucho que hablar. De lo que se habló o decidió se ha dicho muy poco. Solo nos quedan las acciones y las omisiones que han permitido hacer inferencias de diferente naturaleza. Para nosotros los venezolanos esa reunión fue importante porque se discutió acerca de la crisis que enfrentamos y sus repercusiones internacionales que ya de suyo son conocidas. Pero esta reunión hamburguesa permite también examinar otra serie de aspectos que fueron muy visibles, tan visibles que ocultan un hecho que para nosotros los venezolanos quizás no ha revestido la importancia del caso y, sin embargo, nos puede ayudar a comprender la naturaleza del conflicto en que estamos inmersos a escala global, como lo es la relación entre propiedad y riqueza que está y estuvo en la discusión en ambos acontecimientos. Por ello vamos a examinar: la naturaleza de las protestas en Hamburgo, la naturaleza de la insurrección venezolana, la relación de la propiedad y la riqueza desde una perspectiva aredntiana y, finalmente, determinaremos sus aspectos coincidentes y discrepantes para entender la naturaleza del conflicto global.
En Hamburgo hubo fuertes protestas contra el capitalismo y el nuevo orden global. Una elocuente mirada de estas protestas pueden ser observadas en el siguiente link producido por la revista Bild: https://youtu.be/yqWCiSJJRjs. Estas protestas tuvieron una alta intensidad y una limitada duración y provocaron muchos heridos (inclusive dentro de las fuerzas del orden), detenciones y daños materiales contra medios del Estado y la propiedad privada realizados por los protestantes. Como se sabe, el G-20 es un foro integrado por los 20 países más ricos del mundo. Estos países representan el 85% de la economía mundial[1]. El foro es “un espacio de cooperación y consultas” entre los integrantes en temas relacionados con el sistema financiero internacional y las economías emergentes[2]. Como este grupo en sí mismo representa a los países ricos los ataques a la propiedad observados en Hamburgo fueron una manera de expresar un rechazo a la riqueza que esta propiedad representa y trae consigo. El ataque a la propiedad en el caso alemán no significó un ataque a la riqueza. Fue solo una oposición simbólica a una realidad que se está produciendo debido a que la destrucción de bienes se da en un contexto signado por la existencia de un ciclo determinado por la producción y el consumo que en sí expresa la dinámica de la economía alemana y, en general, la de los miembros del grupo que, en su caso, no detiene el ciclo, más bien lo acelera.
En Venezuela, en cambio, la insurrección ha sido contra la tiranía y la ruptura del orden político. Esta ha tenido una alta intensidad, una escala geográfica muchísimo mayor, una relativa larga duración (más de cien días) ha habido más de una centena de muertos, medio millar de heridos, miles de detenidos y daños a la propiedad generados mayormente por el Estado o por grupos paramilitares financiados por el Estado. Pero el ataque a la propiedad realizado, hasta ahora puntualmente por parte del Estado, no está dirigido contra la riqueza que eventualmente se produce a partir de la propiedad, sino a la propiedad en sí generando en consecuencia empobrecimiento debido a que en nuestro país no hay producción y el consumo se ha venido reduciendo de forma sistemática por la acción del gobierno. Para atacar a la riqueza habría que hacerlo a los representantes de la tiranía. Eso es lo que está haciendo el gobierno estadounidense hasta el presente bajo la figura y la relación existente entre el enriquecimiento ilícito y la legitimación de capitales.
Este enfrentamiento en Venezuela es mucho más complejo y evidencia el crimen que está cometiendo la tiranía contra los venezolanos. Al respecto Víctor Maldonado ha señalado que además de los ataques a la propiedad que se han observado en estos últimos 100 días “en los últimos veinte años el régimen se ha valido de una legislación espuria, cuando no de la fuerza bruta, para confiscar ilegalmente bienes privados, activos productivos, y cuanto les ha parecido”[3]. El tema de la propiedad es entonces el punto de aplicación a donde se dirigen los esfuerzos de la tiranía para alcanzar una forma de dominación de naturaleza totalitaria. Por ello Maldonado apoyándose en Ayn Rand indicó que la propiedad privada es “esencial a la vida de los seres humanos [porque les] confiere dignidad y sentido a su existencia”. Significa, en palabras de Hannah Arendt (1993) “tener un sitio de uno en alguna parte concreta del mundo y por lo tanto pertenecer al cuerpo político”. Ahora bien, hacia dónde va dirigido el ataque a la propiedad. Esta autora indicó que la distinción entre la esfera privada y la esfera pública de la vida correspondía al campo familiar y político. Ello significa, para ella, que ser propietario era alguien que tenía cubiertas las necesidades de la vida y, por lo tanto, podía trascender su propia vida y entrar en el mundo que todos tenemos en común[4]. Por ello es que la tiranía se ha dirigido contra la familia y lo político en términos de necesidad y trascendencia para imponer un modelo totalitario que le permita perpetuarse en el poder.
Esta diferencia cuyo pivote se centra en la propiedad y la riqueza nos da luces acerca de la naturaleza del conflicto global en que nos estamos sumergiendo debido a que este conflicto orbita, entonces, en torno a dos ejes: lo público y lo privado. Por ello vamos a examinar qué nos dice Hannah Arendt al respecto.
Esta autora nos indicó que la relación entre lo público y lo privado se manifiesta en su nivel más elemental en la cuestión de la propiedad privada, y consecuentemente en la ecuación de propiedad y riqueza tanto en lo correspondiente a la tenencia como en la carencia. De ahí señaló que la propiedad privada históricamente ha sido sagrada, la riqueza no. Lo sagrado de lo privado tenía que ver con lo sagrado de lo oculto, es decir, del desconocimiento de dónde se viene y a dónde se va: nacimiento y muerte. Por ello esta autora examinó varios aspectos que tienen que ver con esta relación entre lo público y lo privado que nos va a permitir entender qué está en juego en Venezuela dentro del marco del conflicto global. Estas son: los social y lo privado, el lugar de las actividades humanas y la labor como expresión categórica de las necesidades básicas de la vida. Vamos a abordarlos a continuación.
Con respecto a lo social y lo privado señaló que únicamente cuando la riqueza se convirtió en capital, “la propiedad privada igualó o se acercó a la permanencia inherente a un mundo comúnmente compartido”. Sin embargo, esta permanencia la entiende a partir de la existencia de un proceso de acumulación. Por ello es que ha considerado que la riqueza es estrictamente privada. Ello explica porque las protestas en Alemania fueron simbólicas. No están en capacidad de interrumpir el proceso. En este contexto la mayor amenaza no es, para ella, la abolición de la propiedad de la riqueza, sino la abolición de la propiedad privada en el sentido de la posesión concreta. Eso es lo que se evidencia en Venezuela, pero la amenaza en sí no apunta solo a lo tangible como se ha observado en las violaciones realizadas por el Estado, sino a la propia fuerza del cuerpo como han venido realizando con la instrumentación de medidas como los claps, tal como ha indicado Maldonado, que nos está hundiendo “en el foso de la miseria”.
En relación con el lugar de las actividades humanas Arendt se focaliza en la bondad para alertar que “esta solo existe cuando no es percibida ni siquiera por su actor”. Por lo que ésta usada para mitigar al hombre de la necesidad puede destruir la esfera pública. Esta alerta es lo que nos permite explicar en Venezuela el papel ‘benefactor’ de un Estado populista y totalitario para los fines de su propia conservación que se observa no sólo en los claps, sino también en las asignaciones de vivienda, vehículos, etc. Por ello se puede afirmar que la tiranía ha hecho grandes esfuerzos por destruir los restos de la esfera pública venezolana.
Finalmente la Labor Arendt la relaciona con el proceso biológico del cuerpo humano ligado a las necesidades vitales producidas y alimentadas en el proceso de la vida e implica crecimiento, metabolismo y decadencia y, la considera como “la fuente de la propiedad, de la riqueza…”. Esto significa, para ella, que la labor es una servidumbre inherente a las condiciones de la vida humana que ha pasado a cobrar relevancia por la distinción entre productividad e improductividad. Esta Labor, la autora la observa desde diferentes ángulos que nos interesa destacar, en relación con la vida, la fertilidad y con respecto a lo privado de la propiedad y la riqueza.
En lo concerniente a la vida señaló que las cosas menos duraderas son las necesarias para el proceso de la vida. Este proceso es un interminable ciclo determinado por la necesidad impuesta por la naturaleza que dura del nacimiento a la muerte y que solo puede ser rota con la fertilidad. En relación con la fertilidad, parte del hecho que el excedente del ser vivo es su potencial de multiplicación. Por ello afirmó que “la fuerza de la vida es la fertilidad”. Pero en Venezuela, la tiranía ha intervenido el ciclo de la necesidad de la vida en lo concerniente a la alimentación y consumo en general y ha intervenido la fertilidad desde el mismo momento que los nacimientos se están produciendo de forma inadecuada y las condiciones de vida en términos de salud, alimentación y seguridad se han estado haciendo precarias. 
En lo concerniente a lo privado de la propiedad y la riqueza indicó que en la época moderna lo que se ha defendido es la búsqueda sin restricciones de más propiedad o apropiación. ¿Por qué ocurre esto? Porque la propiedad mitiga la no-relación con el mundo debido a que genera seguridad mundana. Dentro de este marco es que se circunscribe el deseo de abundancia. El deseo de abundancia es lo que ha hecho que la humanidad se oriente al placer y a tratar de eliminar el dolor que supone la fatiga. Su significado es que esta vivencia es antipolítica desde el mismo momento que hace de esta un medio para satisfacer necesidades y no la de trascender por intermedio de la Acción que para Arendt corresponde con lo político, es decir, la condición humana de la pluralidad que permite iniciar, de crear un mundo nuevo. Por ello, en esta condición de debilidad determinada por la satisfacción de la necesidad de evitar el dolor, la tiranía logró dominar a los venezolanos cuando dispuso de los recursos para ello, pero no pudo dominarse a sí misma, generando, por una parte, una distorsión más que antipolítica, criminal que se ha evidenciado en acumulación y abundancia de una clase dirigente como hemos observado de forma clara desde marzo de 2017 y, por la otra, un empobrecimiento de la población el reducir su posibilidad de trascendencia.
Como el tema ha pasado a ser el crecimiento de la riqueza porque esta es entendida como posibilitadora de la abundancia, se explica entonces porque en Venezuela se ha luchado por controlar la fuente de riqueza y explica el rentismo consecuente que posibilitó ambas (riqueza y abundancia) desde mediados del siglo XX. Ello explica también porque la izquierda internacional representada por el Foro de São Paulo y los partícipes de la nomenclatura socialista, como señaló Maldonado, tomó el control de esa fuente representada, en nuestro caso, por la industria petrolera.
Podemos indicar entonces que el totalitarismo que quiere implantar la tiranía en Venezuela está destruyendo la propiedad privada para reducir toda oposición, está interviniendo el ciclo vital de la existencia al acortar la vida de los venezolanos que vivieron otra forma de relacionamiento político, ha buscado reducir la fuerza de los venezolanos para laborar y para trascender llevándola a niveles de improductividad absoluta interviniendo la vida y la fertilidad y se apropió de las fuentes de riqueza del país para dar continuidad al proyecto político transnacional. Aquí es que se puede observar, en una nueva dimensión lo señalado por Maldonado cuando afirma que la negación de los derechos de propiedad disuelve la posibilidad de disfrutar “ninguna libertad plausible” en relación con la producción y uso, la disposición de los producido y consecuentemente, “la riqueza, la prosperidad y la capacidad de legar a hijos y herederos los esfuerzos de toda una vida”. Esta afirmación nos lleva al punto final de nuestro análisis, es decir, los aspectos coincidentes y discrepantes de las protestas hamburguesa y venezolana.
El aspecto coincidente de las protestas hamburguesa y venezolana, apoyándonos en la tesis arendtiana, es que se estaba atacando la propiedad que ha sido históricamente sagrada y no la riqueza que históricamente no lo ha sido. Esta coincidencia llama la atención porque evidencia la existencia de un acuerdo tácito entre la diversidad de actores que están en esa confrontación global. Este acuerdo se explica en el sentido que al ser el G-20 un foro conformado con una finalidad financiera, la estabilidad es el objeto primordial de esa congregación. Pero esta estabilidad es frágil, puede ser corrompida de forma erosiva o golpeada por un acontecimiento inesperado. En ese juego es que entra Venezuela, uno de los temas de la pasada reunión. La capacidad productiva del país y el cambio político que se ha llevado a cabo desde el año 1998 ha permitido, por una parte, la introducción en la economía global, de forma erosiva, de un germen basado en la legitimación de capitales, que es el símbolo de la riqueza mal habida, que ha estado corrompiendo el sistema financiero internacional por intermedio de la industria petrolera nacional al usarla como vehículo de legitimación de capitales, y, por la otra, la destrucción de la economía venezolana y la crisis humanitaria que padece la población puede producir un acontecimiento, de golpe, que afecte el equilibrio financiero internacional. Esto nos lleva al segundo aspecto.
De manera discrepante si bien en Alemania el daño ha sido simbólico porque no ha afectado la estructura de producción, en Venezuela el daño ha sido efectivo porque el Estado, como hemos indicado, ha destruido gran parte de la capacidad productiva y de las condiciones de posibilidad para que ella sea posible. Ello ha sido posible por la necesidad de mantener un bien, el petróleo, que le da al Foro de São Paulo capacidad de maniobra. En este contexto, para esa entidad transnacional es importante que la tiranía se mantenga para garantizar, por una parte, la transición colombiana al socialismo de manos de los grupos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que controlan el negocio del narcotráfico y entraron al juego político gracias a la permisividad del gobierno de ese país y, por la otra, la continuidad política cubana cuando se produzca el cambio generacional. Ambas acciones dirigidas a continuar con su proyecto político que no es otro que la destrucción del orden financiero internacional como paso previo para la destrucción del actual orden global tendencialmente post-westfaliano.
La otra diferencia a considerar es que en Alemania se estaban enfrentando dos poderes de alcance global en un juego simbólico. En Venezuela no. Y en esta confrontación cómo quedamos los venezolanos. La tiranía tomó partido por los que persiguen la destrucción del actual orden global sin importar los venezolanos. Los venezolanos, más allá del orden existente, creen en la propiedad y la riqueza mediante la labor y el Trabajo creativo, pero tienen una estructura de mediación representada por la clase política derrotada en el año 1998 y sus derivaciones partidistas que hoy se integran a la llamada mesa de la Unidad (MUD) que impiden una acción política que pueda constituir una república bien ordenada que cree, a su vez, las condiciones de posibilidad para producir prosperidad. En este contexto el conflicto es entre la tiranía transnacional y la sociedad venezolana, por lo que el reto que hemos estado encarando los venezolanos desde finales del año 2016 y de manera clara y distinta a partir del 16 de julio del presente año ha sido dimensionar la verdadera naturaleza del conflicto para poder encararlo efectivamente.
Una vez que se logre ello se entenderá que la acción político-estratégica fundamental de los venezolanos es impulsar la consolidación de una base productiva que no esté capturada por la tiranía que permita a su vez la reconstitución de una esfera púbica. Esta esfera pública que en principio va asemejar a una multitud que opera en común deberá actuar consecuentemente como un enjambre y erosionar la estructura organizacional que sostiene la tiranía hasta hacerla caer por su propio peso.




[1] Está conformado por: 19 países y la Unión Europea. Los países son: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudita, Suráfrica, Corea del Sur, Turquía, Reino Unido y EE.UU. ver al respecto: https://www.g20.org/Webs/G20/EN/G20/g20_node.html
[2] Ver al respecto: ¿Qué es el G-20 y qué países lo componen?, en http://rpp.pe/mundo/actualidad/que-es-el-g-20-y-que-paises-lo-componen-noticia-992143
[3] Ver al respecto: Maldonado, V. (2017). El derecho a la propiedad. Caracas. En Finanzas Digital. [Documento en Línea]. Disponible: http://www.finanzasdigital.com/2017/07/derecho-la-propiedad/
[4] Ver al respecto: Arendt, H. (1993). La Condición Humana. Barcelona. (T. R. Gil). Editorial Paídos. 366 p.