martes, 8 de agosto de 2017

NEGOCIACIÓN: EL APAGA FUEGO DE LA REBELIÓN VENEZOLANA

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La teoría de la guerra revolucionaria de Lenin y en especial de Mao Zedong estaban planteadas en términos absolutos, es decir, buscaban la aniquilación de la organización político-administrativa del adversario como medio para instaurar su concepción de la política. Este aspecto hay que tenerlo presente en la crisis venezolana desde el año 2002 y en especial entre los años 2014-2017 para comprender por qué la tiranía logró mantenerse de manera efectiva debido a que la izquierda internacional ha construido un cuerpo doctrinario desde el siglo XIX que le ha permitido construir una estructura de acción que ha sido puesta en práctica desde que el Foro de São Paulo se apropió de Venezuela de manera efectiva desde el año 2004 y le ha permitido negociar en una posición de fuerza frente a una clase política histórica que actúa en base a la obtención de objetivos limitados. Este corpus teórico puede ser observado en www.marxists.org. Por ello vamos examinar, en primer lugar, cómo ha operado históricamente este corpus teórico, en segundo lugar, analizar cómo ha sido aplicado en Venezuela y, finalmente, vamos a analizar los inconvenientes que ha presentado la doctrina izquierdista en su aplicación a Venezuela. El objeto es demostrar el inconveniente de negociar con una estructura de acción de esa naturaleza si no se posee una fuerza equiparable.
Los esfuerzos que el comunismo ha empleado para alcanzar el poder en sus diferentes variantes (local o global) datan de la segunda mitad del siglo XIX. El Manifiesto Comunista puede ser considerado el horizonte de comprensión para marcar un punto de inicio de ese esfuerzo sostenido teniendo presente que ya habían o estaban aconteciendo procesos revolucionarios en Europa con esa ideología. Teniendo esto presente, esa izquierda tuvo que aprender de los fracasos para lograr sostenerse efectivamente en el poder en Rusia sobre todo después de su guerra civil. Con ese logro y por intermedio de los congresos internacionales que se iniciaron también en la segunda mitad del siglo XIX se comenzó a producir una doctrina que se fue alimentando de errores y aciertos con el transcurrir del tiempo. Primeramente se consideró esta doctrina como el medio para que cada sociedad pudiese construir el socialismo en cada país y después de la Segunda Guerra Mundial, como medio de generar un nuevo orden fuera del capital y el Estado tal como lo había concebido Marx siguiendo su particular visión filosófica de la historia.
Los aciertos en este corpus teórico se observaron primeramente en China y fueron perfeccionados en Argelia y en Vietnam y posteriormente en Cuba y Nicaragua, pero no fue exitoso en el resto de Iberoamérica ni ha demostrado ser exitoso en la conservación del nuevo orden ni en alcanzar el objeto que supuestamente motivó la destrucción del orden antiguo, es decir, una sociedad sin clases dentro de un contexto de abundancia. Esto se evidenció en el hecho que los supuestos marxistas ni sus consecuencias se produjeron en la Unión Soviética ni en el resto de los países donde se puso en práctica, al contrario han provocado el despliegue de desgracias a un ritmo temiblemente acelerado. Ello explica porque, en todos los casos, han asumido un carácter totalitario.
En relación a la aplicación de este corpus teórico en Venezuela podemos afirmar que esto se produjo en tres fases históricas: la primera acaeció en la década de los años sesenta cuando se pensó, de forma errónea, que los éxitos en Argelia y Cuba podían ser repetidos en el país. La segunda, cuando se inició el proceso de infiltración de la FF.AA.NN aprovechándose de su carácter pretoriano, es decir, del grado de politización existente en los cuadros militares[1]. La tercera se inició a partir del año 2005 cuando se instrumentó la “Nueva Doctrina Militar venezolana” una vez que se había logrado el control de la FF.AA. después del año 2002. Sobre la primera y segunda fase hay que comentar lo siguiente: el hecho decisivo que impidió la instauración de un sistema totalitario fue la movilidad social que hubo en el país entendido por la posibilidad de mejora de las condiciones sociales de los venezolanos. En estas fases los interesados en subvertir el orden no poseían el poder de negociación suficiente para producir un cambio político. Cuando se comenzó la desaceleración de la movilidad social fue que se comenzaron a crear las condiciones de posibilidad de aplicar el corpus teórico de la izquierda internacional. Ello ocurrió a partir del año 1989.
No obstante lo señalado, hay que mencionar lo siguiente: si bien, parte de  la subversión se acogió a la política de pacificación iniciada a principios de los años setenta, la izquierda siguió planteando el cambio político en términos absolutos mientras que el orden venezolano instaurado con el Pacto de Punto Fijo lo planteó en términos limitados desde la perspectiva clausewitziana. Para la izquierda había una guerra revolucionaria que las circunstancias la obligaron a aceptar unas condiciones para ganar tiempo e ir construyendo su nueva estructura de fuerzas.
La revuelta de Tiananmén, el colapso soviético y yugoslavo y el aislamiento cubano obligaron a la izquierda internacional a reagruparse y revisar su corpus teórico para adecuarse a las nuevas circunstancias del conflicto global. De ahí el surgimiento del Foro de São Paulo para replantear el conflicto a escala global y la adopción no sólo de medidas surgidas de las críticas realizadas a la doctrina existente, sino también la de nuevas formas de hacer la guerra hechas por pensadores post-estructuralistas y chinos. ¿Qué buscó este foro? Aumentar su poder de negociación a escala global que logró efectivamente con el cambio político iniciado en el país a partir del año 1998.
¿Por qué, luego de diecinueve años, no se ha podido concretar el proyecto político en Venezuela?
La respuesta a este interrogante tiene dos vías: en primer lugar, los venezolanos han resistido ese proyecto político desde sus orígenes tempranos y en segundo lugar, no ha generado una sociedad de la abundancia como este proyecto preconizaba. Esto nos lleva finalmente, a analizar los inconvenientes que ha presentado la doctrina izquierdista en su aplicación a Venezuela. Esto lo vemos a hacer examinando primeramente la realidad global, seguidamente la tiranía entendida como instrumento de una organización transnacional y posteriormente la oposición venezolana.
La realidad global ha estado sujeta a la sucesión de grandes cambios sociales que se han acelerado en las últimas décadas del siglo pasado. Estos cambios han sido posibles por la existencia de un ciclo determinado por la producción y el consumo que a pesar de sus implicaciones ambientales no se ha detenido. Este aspecto es el que solo me interesa destacar en el sentido que la izquierda ha buscado detener ese ciclo y ello se ha traducido en retraso donde se ha aplicado. Ello explica que la visión del mundo de la sociedad norcoreana esté suspendida en la guerra fría, la sociedad cubana en la década de los años cincuenta y la sociedad venezolana en la década que marcó el fin y el inicio del tercer milenio. Por ello siempre he creído que un cambio político debería producirse para estar en sintonía con el mundo entendido como una totalidad. No para producir un desfase cuya acentuación produzca calamidades de todo orden debido a que pasa a ser un sinsentido como el que estamos viviendo en el país.  
El elemento a favor que han tenido los izquierdistas venezolanos que han sido instrumentos del foro de São Paulo es que tienen conciencia de que forman parte de un proyecto global. La parte siniestra del proyecto internacional en Venezuela es que ya están conscientes de que su esfuerzo fracasó por no comprender la lógica del desfase de los cambios sociales y, como hemos indicado, están usando como instrumento a los venezolanos. El foro de São Paulo al haberse apropiado de los recursos venezolanos dispone de un alto poder de negociación porque le permite acceder a medios de canje en cualquier parte del mundo. Este poder de negociación lo mantiene aún en una posición de fuerza. En Venezuela este poder de negociación se complementa por el hecho de disponer de los instrumentos de violencia del Estado. El elemento en contra que ha tenido la izquierda, además de la incomprensión antes indicada está dado por el hecho que se ha visto obligada a someter a toda la población para preservar el poder. Este acto de fuerza ha generado una atemporalidad en relación con el mundo que en el país se evidencia en carestía y pérdida de la posibilidad de procurarse su modo de trascendencia. Ello explica la rebelión.
Con respecto a la ‘oposición’ venezolana me han preguntado qué entiendo por ella y he dicho que tendencialmente es una multitud, es decir, un conjunto de singularidades y grupos minoritarios que han operado más o menos en común. Ello empezó a verse de forma más clara en la rebelión ciudadana que se inició en marzo del presente año. Esta oposición está o estaba conformada por grupos de diferentes tendencias (partidos, asociaciones, individuos) cuyo plano de inmanencia está dado por su rechazo a la tiranía. Pero repasemos un poco los acaecimientos para determinar su consistencia. Entre enero y marzo del presente año la preocupación de los partidos políticos congregados en la Mesa de la Unidad (MUD) era las elecciones regionales dentro de un contexto de deslegitimación generado por las negociaciones que realizaron a espaldas de la población y permitieron que la tiranía se sostuviera. El inicio de la protesta realizado por los estudiantes se produjo por la conjunción de una serie de factores que para simplificar estuvieron determinados por un conjunto de sentencias realizadas por el Tribunal Supremo de Justicia. Luego que se iniciaron estas protestas se integraron los partidos agrupados en la MUD y otros sectores de la sociedad venezolana.
El poder de negociación de esta multitud estaba dado en su capacidad de destruir el orden político en la medida en que no fuese canalizada ni domesticada. Este fue su punto a favor. Para poder destruir se necesitada una estructura, no una conducción personificada, por ello propuse una estrategia del enjambre debido a que se observaba como un medio, un principio democrático, para generar una unidad de criterio a partir del plano de inmanencia antes indicado y evitar la domesticación mediante la rutinización[2]. Eso fue lo que hizo la MUD. Un proceso de domesticación de la protesta para erigirse como representante. Este fue su punto en contra. ¿Por qué? Porque la MUD no tiene poder de negociación. Esta organización se montó en una situación para lograr lo que aspiraban, es decir, las elecciones regionales. La tiranía ha negociado con la MUD porque la ha visto como un instrumento para amainar la protesta no porque desease negociar. Aquí entra de nuevo el corpus teórico.
La izquierda transnacional solo negocia en situaciones simétricas, es decir, cuando la mutua destrucción es posible o cuando se encuentran en desventaja y solo para aumentar su poder de negociación pero manteniendo su norte de alcanzar objetivos absolutos. La MUD perdió su poder de negociación en octubre de 2016 y se prestó para alcanzar fines partidistas usando a la población venezolana que dio su vida en las calles en estos meses del año 2017. Claro, hay sus excepciones dentro de ese grupo partidista. Para mi estas excepciones estaban dadas por los que protestaban con escoltas y los que no.
Con ello, puedo afirmar que la rutinización de la rebelión y la negociación en la que participaron dirigentes de la MUD solo sirvieron para apagar la rebelión. La MUD o mejor dicho, parte de ella, negoció sin la autorización de los protestantes y sin tener poder para ello y, en este sentido, es conveniente enfatizar que no se puede negociar en condiciones de desventaja. La multitud no opera bajo una estrategia erosiva sino de choque y la dirección no la da la jefatura sino una estructura pluridireccional y multidimensional. Por ello se puede afirmar que la multitud es una hidra de múltiples cabezas que operando en común es altamente destructiva. Solo de aquí puede surgir, como se dijo, un principio democrático que vaya más allá de la tiranía y la MUD.
Para finalizar podemos afirmar que los partidos de la MUD que se prestaron a esa maniobra están entrampados. Luego de la movilización internacional en apoyo a los venezolanos y de certificar que los poderes de la tiranía están desacreditados quieren ayudar a legitimar a la tiranía pasando por encima del esfuerzo de todos los venezolanos. Creo que este va a ser su fin debido a que, al no poseer poder de negociación, necesitan de migajas para garantizar su supervivencia. Esto plantea dos interrogantes: ¿Qué títulos se abrogaron los “negociadores” de la oposición para negociar? y ¿Cuál fue el contexto de la negociación?
Sobre el primer interrogante el título que se abrogaron los “negociadores” de la oposición fue el carisma y la evidencia fue la domesticación de la rebelión. Pero si se analizan las situaciones y los discursos sobre todo en estos tres últimos meses lo que se observa es ambigüedad con la sola excepción de María Corina Machado que, a mi parecer, necesita urgentemente adquirir una visión estratégica de amplio alcance. La arenga de Leopoldo López apuntó a las elecciones regionales. De los demás, ni hablar: ‘Negociaron’ a los venezolanos. Con respecto al segundo interrogante, el contexto de la negociación fue una rebelión con muertos, heridos y detenidos. Después del 01MAY una parte de la multitud buscó escalar y otra parte se quedó expectante para ver hasta cuánto se podía sostener la revuelta.  Ahí fue donde se observó la fractura de la cohesión de los dirigentes de la MUD que acompañaron la protesta. Mientras los jóvenes dirigentes partidistas se mantuvieron empeñados fueron usados para la ‘negociación’. Luego aparecieron los discursos ‘pacifistas’ como preludio a la estrategia de domesticación. Negociar bajo el argumento de ser pacifista en medio de una rebelión es incongruente a menos que el juego fuese domesticar o no se tuviese la suficiente confianza en sí mismo para seguir adelante con la rebelión. Aquí fue donde operó el corpus teórico que sustenta la tiranía: manipularon a los “negociadores” que mental y físicamente estaban amarrados. Por ello se puede afirmar que no existe negociación cuando no existe un equilibrio de fuerzas. Cuando no hay eso que se denominó en el pasado destrucción mutua asegurada, el contexto de la negociación es un espejismo cuando la otra parte, la tiranía, está buscando alcanzar objetivos absolutos.  
Por su parte, la tiranía está operando con un corpus teórico suministrado por la izquierda transnacional. Su temor no fue la MUD sino la multitud y utilizó a la MUD para contener a la multitud. Pero este cuerpo no ha sido capaz de dar cuenta de los cambios sociales que ha vivido la humanidad y aquí es donde se encuentra su vulnerabilidad, es decir, la a-sincronía entre teoría y realidad. Por ello, su doctrina se ha convertido en un dogma que no ha sido considerado por la oposición como un todo por la arrogancia que han tenido en subestimar a sus oponentes y a la multitud. Esta es el foco al cual debe apuntar la multitud para ejecutar su próximo turno.
Venezuela no se rinde…




[1] Ver al respecto: “El Nuevo Ser-Militar venezolano en la Nueva Venezuela Republicana”. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/06/el-nuevo-ser-militar-venezolano-en-la.html
[2] Ver al respecto: Acerca del ‘Plan Zamora’: De la unicidad de la tiranía a la multiplicidad del enjambre. Caracas. [Documento en Línea]. Disponible: http://edgareblancocarrero.blogspot.com/2017/06/acerca-del-plan-zamora-de-la-unicidad.html

martes, 1 de agosto de 2017

EL G-20 Y VENEZUELA: PARA COMPRENDER EL CONFLICTO GLOBAL EN QUE SE ENCUENTRA INMERSO EL PAÍS



La reunión del G-20 realizada en Hamburgo en fecha reciente dio mucho que hablar. De lo que se habló o decidió se ha dicho muy poco. Solo nos quedan las acciones y las omisiones que han permitido hacer inferencias de diferente naturaleza. Para nosotros los venezolanos esa reunión fue importante porque se discutió acerca de la crisis que enfrentamos y sus repercusiones internacionales que ya de suyo son conocidas. Pero esta reunión hamburguesa permite también examinar otra serie de aspectos que fueron muy visibles, tan visibles que ocultan un hecho que para nosotros los venezolanos quizás no ha revestido la importancia del caso y, sin embargo, nos puede ayudar a comprender la naturaleza del conflicto en que estamos inmersos a escala global, como lo es la relación entre propiedad y riqueza que está y estuvo en la discusión en ambos acontecimientos. Por ello vamos a examinar: la naturaleza de las protestas en Hamburgo, la naturaleza de la insurrección venezolana, la relación de la propiedad y la riqueza desde una perspectiva aredntiana y, finalmente, determinaremos sus aspectos coincidentes y discrepantes para entender la naturaleza del conflicto global.
En Hamburgo hubo fuertes protestas contra el capitalismo y el nuevo orden global. Una elocuente mirada de estas protestas pueden ser observadas en el siguiente link producido por la revista Bild: https://youtu.be/yqWCiSJJRjs. Estas protestas tuvieron una alta intensidad y una limitada duración y provocaron muchos heridos (inclusive dentro de las fuerzas del orden), detenciones y daños materiales contra medios del Estado y la propiedad privada realizados por los protestantes. Como se sabe, el G-20 es un foro integrado por los 20 países más ricos del mundo. Estos países representan el 85% de la economía mundial[1]. El foro es “un espacio de cooperación y consultas” entre los integrantes en temas relacionados con el sistema financiero internacional y las economías emergentes[2]. Como este grupo en sí mismo representa a los países ricos los ataques a la propiedad observados en Hamburgo fueron una manera de expresar un rechazo a la riqueza que esta propiedad representa y trae consigo. El ataque a la propiedad en el caso alemán no significó un ataque a la riqueza. Fue solo una oposición simbólica a una realidad que se está produciendo debido a que la destrucción de bienes se da en un contexto signado por la existencia de un ciclo determinado por la producción y el consumo que en sí expresa la dinámica de la economía alemana y, en general, la de los miembros del grupo que, en su caso, no detiene el ciclo, más bien lo acelera.
En Venezuela, en cambio, la insurrección ha sido contra la tiranía y la ruptura del orden político. Esta ha tenido una alta intensidad, una escala geográfica muchísimo mayor, una relativa larga duración (más de cien días) ha habido más de una centena de muertos, medio millar de heridos, miles de detenidos y daños a la propiedad generados mayormente por el Estado o por grupos paramilitares financiados por el Estado. Pero el ataque a la propiedad realizado, hasta ahora puntualmente por parte del Estado, no está dirigido contra la riqueza que eventualmente se produce a partir de la propiedad, sino a la propiedad en sí generando en consecuencia empobrecimiento debido a que en nuestro país no hay producción y el consumo se ha venido reduciendo de forma sistemática por la acción del gobierno. Para atacar a la riqueza habría que hacerlo a los representantes de la tiranía. Eso es lo que está haciendo el gobierno estadounidense hasta el presente bajo la figura y la relación existente entre el enriquecimiento ilícito y la legitimación de capitales.
Este enfrentamiento en Venezuela es mucho más complejo y evidencia el crimen que está cometiendo la tiranía contra los venezolanos. Al respecto Víctor Maldonado ha señalado que además de los ataques a la propiedad que se han observado en estos últimos 100 días “en los últimos veinte años el régimen se ha valido de una legislación espuria, cuando no de la fuerza bruta, para confiscar ilegalmente bienes privados, activos productivos, y cuanto les ha parecido”[3]. El tema de la propiedad es entonces el punto de aplicación a donde se dirigen los esfuerzos de la tiranía para alcanzar una forma de dominación de naturaleza totalitaria. Por ello Maldonado apoyándose en Ayn Rand indicó que la propiedad privada es “esencial a la vida de los seres humanos [porque les] confiere dignidad y sentido a su existencia”. Significa, en palabras de Hannah Arendt (1993) “tener un sitio de uno en alguna parte concreta del mundo y por lo tanto pertenecer al cuerpo político”. Ahora bien, hacia dónde va dirigido el ataque a la propiedad. Esta autora indicó que la distinción entre la esfera privada y la esfera pública de la vida correspondía al campo familiar y político. Ello significa, para ella, que ser propietario era alguien que tenía cubiertas las necesidades de la vida y, por lo tanto, podía trascender su propia vida y entrar en el mundo que todos tenemos en común[4]. Por ello es que la tiranía se ha dirigido contra la familia y lo político en términos de necesidad y trascendencia para imponer un modelo totalitario que le permita perpetuarse en el poder.
Esta diferencia cuyo pivote se centra en la propiedad y la riqueza nos da luces acerca de la naturaleza del conflicto global en que nos estamos sumergiendo debido a que este conflicto orbita, entonces, en torno a dos ejes: lo público y lo privado. Por ello vamos a examinar qué nos dice Hannah Arendt al respecto.
Esta autora nos indicó que la relación entre lo público y lo privado se manifiesta en su nivel más elemental en la cuestión de la propiedad privada, y consecuentemente en la ecuación de propiedad y riqueza tanto en lo correspondiente a la tenencia como en la carencia. De ahí señaló que la propiedad privada históricamente ha sido sagrada, la riqueza no. Lo sagrado de lo privado tenía que ver con lo sagrado de lo oculto, es decir, del desconocimiento de dónde se viene y a dónde se va: nacimiento y muerte. Por ello esta autora examinó varios aspectos que tienen que ver con esta relación entre lo público y lo privado que nos va a permitir entender qué está en juego en Venezuela dentro del marco del conflicto global. Estas son: los social y lo privado, el lugar de las actividades humanas y la labor como expresión categórica de las necesidades básicas de la vida. Vamos a abordarlos a continuación.
Con respecto a lo social y lo privado señaló que únicamente cuando la riqueza se convirtió en capital, “la propiedad privada igualó o se acercó a la permanencia inherente a un mundo comúnmente compartido”. Sin embargo, esta permanencia la entiende a partir de la existencia de un proceso de acumulación. Por ello es que ha considerado que la riqueza es estrictamente privada. Ello explica porque las protestas en Alemania fueron simbólicas. No están en capacidad de interrumpir el proceso. En este contexto la mayor amenaza no es, para ella, la abolición de la propiedad de la riqueza, sino la abolición de la propiedad privada en el sentido de la posesión concreta. Eso es lo que se evidencia en Venezuela, pero la amenaza en sí no apunta solo a lo tangible como se ha observado en las violaciones realizadas por el Estado, sino a la propia fuerza del cuerpo como han venido realizando con la instrumentación de medidas como los claps, tal como ha indicado Maldonado, que nos está hundiendo “en el foso de la miseria”.
En relación con el lugar de las actividades humanas Arendt se focaliza en la bondad para alertar que “esta solo existe cuando no es percibida ni siquiera por su actor”. Por lo que ésta usada para mitigar al hombre de la necesidad puede destruir la esfera pública. Esta alerta es lo que nos permite explicar en Venezuela el papel ‘benefactor’ de un Estado populista y totalitario para los fines de su propia conservación que se observa no sólo en los claps, sino también en las asignaciones de vivienda, vehículos, etc. Por ello se puede afirmar que la tiranía ha hecho grandes esfuerzos por destruir los restos de la esfera pública venezolana.
Finalmente la Labor Arendt la relaciona con el proceso biológico del cuerpo humano ligado a las necesidades vitales producidas y alimentadas en el proceso de la vida e implica crecimiento, metabolismo y decadencia y, la considera como “la fuente de la propiedad, de la riqueza…”. Esto significa, para ella, que la labor es una servidumbre inherente a las condiciones de la vida humana que ha pasado a cobrar relevancia por la distinción entre productividad e improductividad. Esta Labor, la autora la observa desde diferentes ángulos que nos interesa destacar, en relación con la vida, la fertilidad y con respecto a lo privado de la propiedad y la riqueza.
En lo concerniente a la vida señaló que las cosas menos duraderas son las necesarias para el proceso de la vida. Este proceso es un interminable ciclo determinado por la necesidad impuesta por la naturaleza que dura del nacimiento a la muerte y que solo puede ser rota con la fertilidad. En relación con la fertilidad, parte del hecho que el excedente del ser vivo es su potencial de multiplicación. Por ello afirmó que “la fuerza de la vida es la fertilidad”. Pero en Venezuela, la tiranía ha intervenido el ciclo de la necesidad de la vida en lo concerniente a la alimentación y consumo en general y ha intervenido la fertilidad desde el mismo momento que los nacimientos se están produciendo de forma inadecuada y las condiciones de vida en términos de salud, alimentación y seguridad se han estado haciendo precarias. 
En lo concerniente a lo privado de la propiedad y la riqueza indicó que en la época moderna lo que se ha defendido es la búsqueda sin restricciones de más propiedad o apropiación. ¿Por qué ocurre esto? Porque la propiedad mitiga la no-relación con el mundo debido a que genera seguridad mundana. Dentro de este marco es que se circunscribe el deseo de abundancia. El deseo de abundancia es lo que ha hecho que la humanidad se oriente al placer y a tratar de eliminar el dolor que supone la fatiga. Su significado es que esta vivencia es antipolítica desde el mismo momento que hace de esta un medio para satisfacer necesidades y no la de trascender por intermedio de la Acción que para Arendt corresponde con lo político, es decir, la condición humana de la pluralidad que permite iniciar, de crear un mundo nuevo. Por ello, en esta condición de debilidad determinada por la satisfacción de la necesidad de evitar el dolor, la tiranía logró dominar a los venezolanos cuando dispuso de los recursos para ello, pero no pudo dominarse a sí misma, generando, por una parte, una distorsión más que antipolítica, criminal que se ha evidenciado en acumulación y abundancia de una clase dirigente como hemos observado de forma clara desde marzo de 2017 y, por la otra, un empobrecimiento de la población el reducir su posibilidad de trascendencia.
Como el tema ha pasado a ser el crecimiento de la riqueza porque esta es entendida como posibilitadora de la abundancia, se explica entonces porque en Venezuela se ha luchado por controlar la fuente de riqueza y explica el rentismo consecuente que posibilitó ambas (riqueza y abundancia) desde mediados del siglo XX. Ello explica también porque la izquierda internacional representada por el Foro de São Paulo y los partícipes de la nomenclatura socialista, como señaló Maldonado, tomó el control de esa fuente representada, en nuestro caso, por la industria petrolera.
Podemos indicar entonces que el totalitarismo que quiere implantar la tiranía en Venezuela está destruyendo la propiedad privada para reducir toda oposición, está interviniendo el ciclo vital de la existencia al acortar la vida de los venezolanos que vivieron otra forma de relacionamiento político, ha buscado reducir la fuerza de los venezolanos para laborar y para trascender llevándola a niveles de improductividad absoluta interviniendo la vida y la fertilidad y se apropió de las fuentes de riqueza del país para dar continuidad al proyecto político transnacional. Aquí es que se puede observar, en una nueva dimensión lo señalado por Maldonado cuando afirma que la negación de los derechos de propiedad disuelve la posibilidad de disfrutar “ninguna libertad plausible” en relación con la producción y uso, la disposición de los producido y consecuentemente, “la riqueza, la prosperidad y la capacidad de legar a hijos y herederos los esfuerzos de toda una vida”. Esta afirmación nos lleva al punto final de nuestro análisis, es decir, los aspectos coincidentes y discrepantes de las protestas hamburguesa y venezolana.
El aspecto coincidente de las protestas hamburguesa y venezolana, apoyándonos en la tesis arendtiana, es que se estaba atacando la propiedad que ha sido históricamente sagrada y no la riqueza que históricamente no lo ha sido. Esta coincidencia llama la atención porque evidencia la existencia de un acuerdo tácito entre la diversidad de actores que están en esa confrontación global. Este acuerdo se explica en el sentido que al ser el G-20 un foro conformado con una finalidad financiera, la estabilidad es el objeto primordial de esa congregación. Pero esta estabilidad es frágil, puede ser corrompida de forma erosiva o golpeada por un acontecimiento inesperado. En ese juego es que entra Venezuela, uno de los temas de la pasada reunión. La capacidad productiva del país y el cambio político que se ha llevado a cabo desde el año 1998 ha permitido, por una parte, la introducción en la economía global, de forma erosiva, de un germen basado en la legitimación de capitales, que es el símbolo de la riqueza mal habida, que ha estado corrompiendo el sistema financiero internacional por intermedio de la industria petrolera nacional al usarla como vehículo de legitimación de capitales, y, por la otra, la destrucción de la economía venezolana y la crisis humanitaria que padece la población puede producir un acontecimiento, de golpe, que afecte el equilibrio financiero internacional. Esto nos lleva al segundo aspecto.
De manera discrepante si bien en Alemania el daño ha sido simbólico porque no ha afectado la estructura de producción, en Venezuela el daño ha sido efectivo porque el Estado, como hemos indicado, ha destruido gran parte de la capacidad productiva y de las condiciones de posibilidad para que ella sea posible. Ello ha sido posible por la necesidad de mantener un bien, el petróleo, que le da al Foro de São Paulo capacidad de maniobra. En este contexto, para esa entidad transnacional es importante que la tiranía se mantenga para garantizar, por una parte, la transición colombiana al socialismo de manos de los grupos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia que controlan el negocio del narcotráfico y entraron al juego político gracias a la permisividad del gobierno de ese país y, por la otra, la continuidad política cubana cuando se produzca el cambio generacional. Ambas acciones dirigidas a continuar con su proyecto político que no es otro que la destrucción del orden financiero internacional como paso previo para la destrucción del actual orden global tendencialmente post-westfaliano.
La otra diferencia a considerar es que en Alemania se estaban enfrentando dos poderes de alcance global en un juego simbólico. En Venezuela no. Y en esta confrontación cómo quedamos los venezolanos. La tiranía tomó partido por los que persiguen la destrucción del actual orden global sin importar los venezolanos. Los venezolanos, más allá del orden existente, creen en la propiedad y la riqueza mediante la labor y el Trabajo creativo, pero tienen una estructura de mediación representada por la clase política derrotada en el año 1998 y sus derivaciones partidistas que hoy se integran a la llamada mesa de la Unidad (MUD) que impiden una acción política que pueda constituir una república bien ordenada que cree, a su vez, las condiciones de posibilidad para producir prosperidad. En este contexto el conflicto es entre la tiranía transnacional y la sociedad venezolana, por lo que el reto que hemos estado encarando los venezolanos desde finales del año 2016 y de manera clara y distinta a partir del 16 de julio del presente año ha sido dimensionar la verdadera naturaleza del conflicto para poder encararlo efectivamente.
Una vez que se logre ello se entenderá que la acción político-estratégica fundamental de los venezolanos es impulsar la consolidación de una base productiva que no esté capturada por la tiranía que permita a su vez la reconstitución de una esfera púbica. Esta esfera pública que en principio va asemejar a una multitud que opera en común deberá actuar consecuentemente como un enjambre y erosionar la estructura organizacional que sostiene la tiranía hasta hacerla caer por su propio peso.




[1] Está conformado por: 19 países y la Unión Europea. Los países son: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudita, Suráfrica, Corea del Sur, Turquía, Reino Unido y EE.UU. ver al respecto: https://www.g20.org/Webs/G20/EN/G20/g20_node.html
[2] Ver al respecto: ¿Qué es el G-20 y qué países lo componen?, en http://rpp.pe/mundo/actualidad/que-es-el-g-20-y-que-paises-lo-componen-noticia-992143
[3] Ver al respecto: Maldonado, V. (2017). El derecho a la propiedad. Caracas. En Finanzas Digital. [Documento en Línea]. Disponible: http://www.finanzasdigital.com/2017/07/derecho-la-propiedad/
[4] Ver al respecto: Arendt, H. (1993). La Condición Humana. Barcelona. (T. R. Gil). Editorial Paídos. 366 p.

domingo, 30 de julio de 2017

TOLSTOI Y LA RESISTENCIA VENEZOLANA


Tolstoi fue un pacifista que vivió la experiencia de la guerra y un entusiasta defensor de la desobediencia civil contra cualquier forma de opresión. Me interesa destacar su relato de la vivencia de la sociedad rusa durante la invasión napoleónica de 1812 de la mano de uno de los personajes de su novela Guerra y Paz, el general Kutuzov por la cercanía que en la actualidad tenemos con Rusia por circunstancias contrarias. El punto culminante del drama ruso fue la defensa de Moscú. Pero los rusos no estaban en capacidad de derrotar al ejército francés. Aun así presentaron batalla en Borodino. El resultado de este enfrentamiento fue indeciso, pero ante la posibilidad de perder su fuerza organizada de combate decidió retirarse con sus medios de combate y abandonó la capital rusa. Las descripciones de la captura de la capital, signadas por un vacío que marca la inacción, el posterior saqueo e incendio de la ciudad fueron acaecimientos descritos de una manera que permite imaginar el caos que se produjo por ese acontecimiento: heridos, enfermos, fugitivos, hambrientos, pillaje, saqueos, represión y abusos de todos orden... Pero había que conservar la fuerza organizada de combate porque el acto de conservar la capacidad de hacer daño es una forma de producir daño.
Kutuzov salvó el resto de su fuerza de combate colocándola en una posición defensiva inexpugnable y se dedicó a esperar. Él comenzó a jugar con la fuerza y con el tiempo con el fin de lograr que se desgastara el invasor por no tener un resultado decisivo. El resto de la historia ya se sabe. En Venezuela la fuerza organizada de combate es la resistencia conformada por la multitud. No hay un general Kutuzov que guíe esa fuerza. La resistencia la guía la propia multitud bajo un plano de inmanencia signado por la intuición y la intención de destruir el tejido organizacional que sustenta a la tiranía. Por ello hay que conservar la fuerza organizada de combate representada por la resistencia y mantenerla unida y activa. El 30 de julio no es el fin de los venezolanos, después de horas de inacción, estamos presenciando el fin de la ‘república bolivariana de venezuela’.
La resistencia venezolana así como lo hicieron los rusos en el año 1812 debe mantener la unidad de propósito y actuar como un enjambre dentro de un marco continuado de desobediencia civil. En la medida en que sea una fuerza existente cohesionada en el tiempo por venir, va a ser una amenaza creciente a la tiranía debido a que solo disponen de la fuerza para mantenerse en el poder. Esta es la lección que nos ha enseñado el escritor ruso y podemos aplicar efectivamente. El 30 de julio no es el fin sino el inicio de otra forma de lucha a la cual se debe actuar de forma consciente reconociendo nuestras fortalezas y vulnerabilidades para decidir formas de acción que correspondan con nuestras capacidades.
Ya no se puede confinar a la multitud para que se comporte como un rebaño. Es el momento para que la multitud dirija ataques puntuales de forma multidimensional y omnidireccional para producir daños a los símbolos y la estructura organizacional de la represión de forma sostenida y a bajo costo.

Venezuela no se rinde…


lunes, 17 de julio de 2017

CONSIDERACIONES DE ORDEN ESTRATÉGICO QUE ENMARCARON EL INTENTO DE FRANCISCO DE MIRANDA DE INDEPENDIZAR LA AMÉRICA DEL SUR



Las Expediciones realizadas por Francisco de Miranda para independizar las colonias españolas de la América meridional en el año 1806 se produjeron en un momento crítico para España en el sentido que el cordón que la unía con sus provincias de ultramar había quedado roto como consecuencia de la batalla naval de Trafalgar ocurrida el 21 de octubre del año 1805. Es decir, había sido severamente dañada su flota del mar océano. Este hecho limitó la capacidad de respuesta de la metrópoli para asegurar el control del mar en los espacios que estaban bajo su soberanía y jurisdicción y por consiguiente la defensa de sus dominios americanos. No obstante ello, Miranda fracasó en sus intentos no tanto por la debilidad de sus fuerzas (hay que recordar que su pequeña fuerza fue interceptada en su primer intento en Ocumare de la Costa), sino por la recepción que tuvo por parte de los individuos que iban a ser independizados.

El problema que se presenta entonces es cómo se pudieron producir estos intentos revolucionarios, cuando monarquías conservadoras estaban luchando contra un restaurador (Napoleón Bonaparte), que usaba las ideas de la revolución francesa para imponer el universalismo francés al resto del mundo. Para ello se hace necesario hacer mención a cómo evolucionó la realidad europea, desde el momento en que se instauró el equilibrio de poderes en detrimento de la hegemonía española y las consecuencias que se derivarían de ello en lo que se conocía como sistema internacional.

La Paz de Westfalia en 1648 determinó un equilibrio de poderes en Europa que solo fue perturbado en una primera instancia por Luis XIV, hasta que finalizó en el año 1715 la guerra de sucesión española. Este equilibrio significó también el fin de la hegemonía mundial española. Otros aspectos que fueron consecuencia de estas conversaciones de paz fueron la tolerancia religiosa, el advenimiento del concepto estado-nación y la consagración del principio de libertad de los mares que trajo un impacto directo en la expansión del comercio a escala mundial.

La libertad de comercio fue un asunto que condicionó y ha condicionado las relaciones entre las nacientes naciones-estado puesto que, en un principio, se asoció acumulación de numerarios[1] con grandeza nacional. En este sentido, el mercantilismo como tal tenía como principio fundamental la regulación de toda la actividad económica para conseguir el objetivo público deseado. Esta acotación es pertinente en el sentido que fue en Inglaterra donde se comenzó una férrea oposición al mercantilismo por su relación con el absolutismo real y los obstáculos que esto representaba para la prosperidad. A partir de este momento se inició la lucha para eliminar y/o reducir la interferencia estatal[2].

Esta lucha favoreció el advenimiento de una filosofía general y social conocida como fisiocracia que argumentaba que el hombre debería desarrollar acciones para lograr que el orden natural de las cosas gobernara su vida social, política y económica; y ello implicó la aparición de una serie de postulados que son de uso común en el mundo de hoy[3], esto son:

a.         que los Estados deberían apartarse de toda actividad económica más allá del mínimo de interferencia necesario para asegurar la protección de la vida o de la propiedad y el cumplimiento de los contratos.
b.         que debería cesar toda regulación pública de la actividad económica.
c.         que debería ser instituido un régimen de individualismo, competencia y libertad comercial.

La expresión más elaborada de este pensamiento fue la de Adam Smith, cuya obra An Inquire into the nature and causes of the Wealth of Nations (1776), influyó profundamente en el parlamento inglés hasta los inicios de la revolución francesa, hecho que frenó la implantación de esta doctrina que hoy día se conoce como economía clásica.

La importancia de esta digresión se deriva del hecho que cuando Miranda se entrevistó con William Pitt el 16 de enero de 1798, para retomar el asunto de la liberación de las colonias españolas en el continente americano, este le preguntó cuál sería la forma de gobierno de los pueblos liberados, Miranda contestó que un sistema liberal semejante al de Inglaterra[4] y para evitar el contagio de los principios revolucionarios franceses proponía anticiparse rápidamente y establecer una alianza con EE.UU. e Inglaterra. Si se considera que Miranda presentó en varias oportunidades sus proyectos independentistas a parlamentarios ingleses y que la dirigencia inglesa pensaba asegurar más mercados, el problema inglés se resumía en buscar la manera de obtener nuevas colonias a expensas de los imperios existentes o ayudar a producir nuevos movimientos independentistas, para asegurar de una manera indirecta esos nuevos mercados.

 Aunque la ayuda se concretaría posteriormente y en otras circunstancias y que además Miranda evitó en su duro trajinar que otra potencia se adueñase de la América Meridional Española, faltaría preguntarse si él estaba consciente de la significación de las ideas económicas liberales en boga en ese momento y el impacto que tendría en los países liberados las relaciones asimétricas de índole comercial, teniendo presente el desarrollo industrial de Inglaterra y otros países europeos.

Pero así como las ideas del liberalismo económico estaban en proceso de consolidación, existían otras ideas de orden político-social que derribarán los gobiernos absolutistas y darían lugar a otras formas de gobierno basadas en la voluntad general, la igualdad ante la Ley, la libertad individual y un derecho natural racionalista. Estas ideas fueron implantadas en Francia, por miembros del tercer estado, beneficiarios de las concepciones fisiocráticas que buscaban tener poder político, luego de haber alcanzado el poder económico[5]. Así pues, la concepción del mundo que se comenzó a labrar a partir del siglo XVII, se comenzaría a concretar por un doble proceso revolucionario: el político y el industrial. El primero logró cambiar las formas de gobierno de los Estados, el segundo cambió las relaciones sociales dentro de los Estados y entre Estados catalizando los procesos políticos que sobrevendrían en el futuro por venir.

Siendo el Reino Unido, Francia y posteriormente EE.UU. los afectados por estos procesos que estaban cambiando las formas de pensar y de hacer, en España durante gran parte del siglo XVIII se harían grandes esfuerzos para incluirlas en los procesos que estaban ocurriendo en Europa y mantenerse incluida como un garante del equilibrio si se quiere westfaliano. Así las cosas, hay muchos autores que han sostenido que la decadencia española estuvo dada en el hecho que este país le dio más prioridad a los asuntos europeos[6] que a los asuntos marítimos cuando su riqueza provenía de ultramar en un momento crucial de su historia, es decir, cuando Portugal[7], Francia, Inglaterra y el Flandes luchaban por su independencia o por acabar con la hegemonía española y para ello España tenía que mantener asegurada sus líneas de comunicaciones marítimas con Europa en detrimento de las americanas. Consecuentemente, el fracaso de la Armada Invencible fue más un golpe moral que un golpe definitivo al dominio del mar por parte de España. Un golpe moral puesto que a pesar de que nuevas técnicas y nuevos procedimientos lograron que el Marqués de Medina Sidonia no alcanzara su objetivo en condiciones de superioridad material y militar[8], los ingleses tuvieron que afrontar tres intentos posteriores de invasión hasta que aceptaron los dictámenes de la España Imperial. La derrota sufrida en la batalla naval de las Dunas si fue la expresión de una decadencia que en principio fue moral y trascendió a sus fuerzas materiales, por lo que a partir de 1648, el escenario marítimo se dispuso para que Holanda e Inglaterra primero y posteriormente Francia e Inglaterra se disputaran el dominio del mar, utilizando el principio de “libertad de los mares” para aumentar su comercio y establecer nuevas colonias, favoreciendo el advenimiento de otros grandes imperios comerciales que en la medida en que se fueron desarrollando buscaron nuevos mercados y nuevas fuentes de materias primas.

            Además de lo anteriormente expuesto, hay que destacar que el desarrollo del comercio en España fue mucho más lento que en Inglaterra, Holanda y Francia, dado que mantuvieron las prácticas mercantilistas de acumulación, en momentos que el resto de los países aumentaron su poder gracias al comercio de sus productos. Así pues, cuando Francisco de Miranda propuso el libre comercio y la industria a las colonias que serían liberadas, lo hacía porque pensaba que ello permitiría el progreso de la nueva nación, de una manera más rápida, sin considerar quizás que la estructura de valores heredadas de España no fomentaba el creciente capitalismo.

A pesar de que España fue literalmente expulsada del mar para el año 1714, los nuevos reyes borbónicos actuaron con celo para restituir su poder militar en el mar, fuente de prosperidad para esa y otras naciones. Ante este nuevo escenario España tuvo que lidiar sólo con el Reino Unido[9]. El Reino Unido, como principal rival de España y principal interesado en asegurar el dominio del mar; con pretextos políticos, económicos y religiosos intentó suplantar el dominio español por el suyo propio[10] en una región que le había permitido a España ser el Estado más poderoso de Europa. Por tal motivo Inglaterra intentó cortar las líneas de comunicaciones marítimas de España con la América Meridional apoderándose en una primera instancia de las islas del Caribe oriental.

Esta situación obligó a España a fortificar su sistema defensivo en América teniendo en consideración los lugares estratégicos  que eran puertas de entrada a los territorios  interiores a sus dominios. Estos lugares estratégicos fueron denominados “llaves por ser decisiva política y militarmente su conservación para la seguridad y desenvolvimiento”[11] de los territorios de ultramar. Estas llaves eran, entre otras se encontraban en: Tierra Firme, los territorios de la Nueva Andalucía y en el Virreinato de la Nueva Granada, y estaban representada por: Cumaná, La Guayana, la Guaira y Puerto Cabello, que protegían al “Mítico Dorado” y al “Reino del Perú”; y también protegían al “caño de la Ymbernada”, o ruta de penetración de los navíos españoles que después de atravesar el océano se internaban en busca de los abrigos de Tierra Firme.

La estrategia que se propusieron los ingleses en el año 1740, fue cortar la unidad territorial y política de los virreinatos españoles a través de la destrucción de la Guaira, la conquista de Portobelo y el apoderamiento de Cartagena de Indias, para usarla como plataforma de operaciones para conquistar Perú. El resultado de esta maniobra no fue exitoso, si bien Portobelo fue arrasado, los otros objetivos no fueron alcanzados gracias a la fuerte defensa organizada en cada una de las citadas plazas. Hubo otros ataques a los dominios españoles en 1740 y 1741, corsarios ingleses y franceses remontaron el río Orinoco y diezmaron a San Tomé de Guayana. Los ataques previstos para el sur del continente no llegaron a realizarse, de acuerdo a lo que los ingleses habían contemplado.

A pesar del fracaso inglés de ese periodo, la guerra de los siete años le dio notorias ventajas estratégicas en el Caribe que fueron pérdidas durante la guerra de independencia de EE.UU.[12]. Sin embargo la situación desventajosa inglesa fue en parte compensada por la victoriosa acción naval del estrecho de los Santos[13] debido a que según Mahan, este país aseguraría el dominio del mar por más de cien años, específicamente hasta la Primera Guerra Mundial[14].

Esta guerra reveló la gran importancia que significaba para España, la posesión de las islas de barlovento en el Caribe Oriental, puesto que desde el golfo de Paria podían enviarse a las costas de Cumaná, Cartagena de Indias, Portobelo, Mobile, Panzacola, la Habana y San Juan de Puerto Rico, refuerzos de cualquier naturaleza desde Trinidad. La pérdida de esta plaza significaba no sólo la pérdida de un comercio estimado en 87 millones de pesos para 1787, las rutas del contrabando hacia Guayana y Cumaná, la intercepción de los buques que navegaran el caño de la Ymbernada[15] y el control del río Orinoco, sino también la posibilidad de penetrar en el corazón de la Capitanía General de Venezuela y del Virreinato de la Nueva Granada. De igual forma esta guerra colocó a España en una situación comprometida puesto que se ha afirmado que las consecuencias más importantes de la Guerra de Independencia estadounidense fueron: la Revolución Francesa y la independencia de la América hispánica.

La revolución francesa produjo cambios políticos-estratégicos pero los vaivenes de la política española, bajo la égida de Godoy, Príncipe de la Paz, hicieron que Inglaterra reforzara su determinación de continuar su estrategia con respecto a la América española, pero con objetivos más limitados luego de los fracasos de 1740. Estos objetivos precisamente fueron Puerto Rico y Trinidad aunque evaluaron la posibilidad de atacar las posesiones ubicadas al sur del continente. Ambas islas fueron atacadas en el año 1797, la primera pudo resistir, de manera heroica la envestida inglesa, la segunda cayó por la negligencia de sus defensores.

Dada la gravedad de la perdida, España pensó en una expedición de reconquista, pero los acontecimientos políticos que estaban acaeciendo en Europa, estaban haciendo que su estrategia de defensa quedase subordinada a los intereses políticos de la Francia Napoleónica, quedando limitada para el acometimiento de semejante tarea; posteriormente, la situación política de la metrópoli y en sus dominios acabaron con el citado proyecto, esto es la guerra de independencia en la península y la independencia de la América Española.

El momento formal en que Miranda decide dedicar todos sus esfuerzos a la independencia de las colonias españolas de la América Meridional  fue al parecer el año 1789, esto es cuando se entera que hay un proceso en su contra, en el Tribunal de Indias de Sevilla por haber ejecutado actos ilícitos cuando cumplió una delicada misión ante las autoridades de Jamaica. A partir de esta fecha, hasta su arribo a la Francia revolucionaria, estableció contactos con prominentes figuras de la política inglesa con el objetivo de solicitar ayuda para concretar sus proyectos. Él fue absuelto finalmente de estas acusaciones, pero no pudo evitar que fuese un perseguido político hasta que fue entregado en la Guaira y conducido a la Carraca[16]. Las acciones de inteligencia emprendidas por España y las contramedidas empleadas por Miranda para evitar su captura son dignas de ser usadas como ejemplo, en lo que debería ser los orígenes de las actividades de Inteligencia de lo que sería la República de Venezuela. No obstante ello, a pesar de las fallas en las operaciones de seguimiento españolas, el resultado final fue favorable a España en función de que lograron actuar con antelación para repeler la maniobra mirandoniana. 

Como es conocido, Miranda sirvió a las órdenes de la Francia revolucionaria y se destacó en Valmy, Maestrich y en la derrota de Neerwinden, pero se negó a participar en operaciones represivas como la que se previó para someter Haití envuelta en un proceso independentista.  Miranda es obligado a huir de Francia en la época del Directorio, pero su decisión definitiva de abandonar Francia se debió a Fouché en momentos cuando Napoleón se había consolidado en el poder.

Así pues cuando Miranda decide abandonar Francia y dedica todos sus esfuerzos para lograr la independencia de la América Española, se encuentra con varios hechos consumados que en un momento determinado lo ayudarían a llevar a cabo sus esfuerzos pero que contribuyeron a favorecer el nacimiento de unas repúblicas en unas condiciones de debilidad tal que les limitaría su accionar en el futuro por venir. Para Miranda, la alianza franco-española de 1796 constituyó una excelente oportunidad para llevar a cabo sus proyectos puesto que se habían unido un país cuya revolución se había comenzado a desviar de sus principios iniciales y otro cuyo gobierno había entrado en una fase terminal que se concretaría con la materialización de los sucesos de Bayona y la imposición de un Rey francés.

Hay que tener muy presente que una de las razones que motivaron la presencia de Miranda en Francia, fue el conocimiento de que los franceses habían pensado en “revolucionar la España, y cuando menos las Colonias Españolas de la América Meridional”[17]. Pero estas acciones no tenían como propósito, liberar al resto de América en el sentido estricto del término. Talleyrand[18] se llegó a entrevistar con William Pitt, para intentar una alianza anglo-francesa, o por lo menos la neutralidad inglesa en caso de que Francia invadiera Bélgica (cosa que hizo posteriormente) y para ello propuso entre otras: “la acción común destinada a abrir al comercio de los dos países, las colonias españolas”[19], o “...fijar su atención o reunir sus esfuerzos comunes-para- la independencia de las colonias españolas en Perú, México, etc...”[20].

Como las gestiones de Talleyrand ante los ingleses no fueron exitosas, un Almirante francés, Kersaint propuso un plan para conquistar las colonias americanas en caso de guerra con España, y repartirlas entre Francia, Inglaterra, EE.UU. Holanda y acaso Prusia, Suecia y Dinamarca, para pagar con ello a los enemigos de la Revolución e interesar a las potencias en el mantenimiento de una paz fundada en los despojos de España. En este plan no se pretendía liberar, sino de repartir y a este respecto Miranda, aunque al parecer, desconocía estos planes, fue recto y honrado al enfatizar su lucha para liberar la América Española “... no para entregarla a cualquiera ...”. Como se expresará más adelante. A pesar de que Francia y España lograron establecer una nueva alianza anti-británica de carácter ofensivo, la inteligencia francesa no descansó en socavar las bases del imperio español, influyendo en los españoles-americanos e inculcando ideas independentistas. Este esfuerzo se toparía posteriormente con el problema de colocar a un francés en el trono español puesto que la reacción independentista americana tendría en un principio más un talante anti-francés que anti-español.

El problema que se presentó para Inglaterra fue que a pesar de valorar la oportunidad que se presentaba con este patriota de la América Meridional, su objetivo era abrir nuevas rutas comerciales y eventualmente suplantar a España y no precisamente liberar unos territorios por los que tenía ya tanto tiempo luchando. Por tal motivo, Miranda permanece en Londres y sus dudas lo hacen pensar en retornar a la Francia del Consulado de Napoleón, pero este al evaluar la imposibilidad de realizar una guerra colonial, concentra todos sus esfuerzos para doblegar a Inglaterra mediante la ocupación del territorio metropolitano, con lo cual hizo que Miranda desistiera de ese propósito. Este concepto de maniobra, resultado de los cambios políticos generados por la revolución francesa hicieron que las guerras subsiguientes tendieran hacia los extremos, de acuerdo a los postulados de Clausewitz, siendo la España Imperial, el actor europeo más expuesto a sufrir las consecuencias de dicha vorágine, con el agravante que, en lo concerniente a sus provincias americanas, ya había enfrentado brotes independentistas.

            De igual manera, hay que tener presente que, dada la existencia de la ancestral rivalidad anglo-franco-española, el proceso revolucionario francés, se presentó para los ingleses como una excelente oportunidad de disminuir el poder de uno de sus rivales o de los dos, en función a como variaran las circunstancias. Con el fortalecimiento del régimen revolucionario, el problema ingles consistió en debilitar el poder francés aprovechando que su marina había sido notoriamente afectada por dicho proceso. Esta situación involucró más a España en el conflicto y su única carta era su poderosa flota[21], pero al España concentrar su mirada en Europa, aliándose a la Francia del directorio y luego a la Francia de Napoleón, el cordón umbilical que la unía a las colonias quedó amenazado.

El aspecto más interesante de la alianza franco-española fue que mientras España  ponía a disposición de los franceses su flota del mar océano,  “los franceses trabajaban secretamente para ayudar a los americanos a  hacer imposible no sólo el establecimiento de la Corona española en América sino también que los ingleses, los rusos y los americanos del norte extendieran el mapa de sus ambiciones político-militares”[22]. Francia, intentó por razones de índole estratégico, con cierto éxito, evitar que otras potencias hicieran en América Meridional lo que ella no había podido hacer y por tal motivo su servicio secreto consideró a los propios americanos responsables intelectuales y materiales del fin del dominio español en América. El dilema español consistió en tratar de seguir siendo actor, cuando los otros poderes ya lo percibían como objeto.

Así las cosas, los planes franceses antes de la Paz de Amiens[23] en 1802 establecían como objetivo principal, a corto plazo, doblegar a Inglaterra mediante una invasión; Inglaterra por su parte, teniendo como uno de sus principales baluartes al Almirante Nelson, se estableció como propósito, a corto plazo, la destrucción de la fuerza naval combinada franco-española, como medio para emprender nuevas conquistas, aislar a la Francia napoleónica y abrir nuevos mercados mediante el establecimiento de nuevas colonias o el apoyo de las corrientes independentistas que se estaban produciendo en la América Meridional, utilizando para ello a Francisco de Miranda y a otros americanos[24] que pensaban que independientes lograrían aumentar el grado de bienestar y prosperidad de sus connacionales. A largo plazo Inglaterra perseguía como objetivo fundamental debilitar a los únicos poderes restantes en Europa que eran capaces de desafiar su supremacía.

España, por su parte, intentó evitar un daño semejante, pero apostó a la ya tradicional alianza con Francia para intentar recuperar Gibraltar y los territorios recientemente perdidos. Aquí se produjo un cambio de la política llevada a cabo por Carlos III, que consistía en mantener una neutralidad armada[25], como única manera de garantizar la integridad de su territorio. A pesar de que esta política fue continuada por Carlos IV, la capacidad de desestabilización de Francia a nivel continental y la recelosa actitud inglesa fueron determinantes en los cambios de política que se produjeron.  Así las cosas, la Paz de Amiens puede ser entendida como una tregua que les permitió a Inglaterra, España y Francia, reforzar sus capacidades para la nueva envestida[26]. Esta paz duró hasta el año 1803 y en principio España permaneció neutral, pero la captura de fragatas[27] con tesoros provenientes de la América, por parte de los ingleses, la empujó de nuevo a la guerra.

Como ya se mencionó, el plan francés era invadir Inglaterra asegurando el paso del ejército conducido por la flotilla de Boulogne y protegiendo este movimiento por la acción de las fuerzas de alta mar, una vez adquirido el control local y temporal del mar. Para ello concentra las fuerzas navales franco-españolas en el mar Caribe con la finalidad de lograr una situación favorable, es decir, fingir una operación contra una posesión inglesa[28], pero en realidad, lo que se buscaba era ganar el tiempo suficiente para desembarcar cien (100) mil soldados[29] y poder así concretar sus planes. La amenaza de invasión hizo que Inglaterra organizara cuerpos de voluntarios y preparativos generales de defensa hasta tal punto que Miranda en carta enviada al Coronel Rutherfurd, que se encontraba destinado en Trinidad expresó:”la atención del gobierno y de toda la nación está en este momento ocupada de tal modo con la invasión de los franceses, que mi asunto principal está retardado”. Esta carta, en parte, refleja la creencia de Miranda de que había un fuerte movimiento independentista en su tierra.

Por otro lado, hay que tener presente también, que  para el año 1804, en Inglaterra se tenía la presunción de que los franceses podrían obtener la concesión de los puertos en Tierra Firme, dado el estrechamiento de las relaciones franco-españolas y ello determinó un plan de ataque a las posesiones españolas para conjurar dicha amenaza. El plan ingles fue aprobado aproximadamente a inicios del año 1805, y se consideró a Miranda en función de sus proyectos presentados años atrás, no obstante, había que conjurar la amenaza de invasión y ello la obligaba a concentrar sus fuerzas. En este contexto, la maniobra franco-española, concebida por Napoleón, llegó a tener grandes posibilidades de ser coronada por el éxito siempre y cuando los marinos franceses estuviesen convencidos de su factibilidad. Esta maniobra se inicio el 30 de marzo de 1805 y mantuvo en suspenso a los ingleses hasta su desenlace final: la batalla naval de Trafalgar, un fracaso franco-español, producto de la determinación del Almirante Nelson, el mal equipamiento de la fuerza combinada y la indecisión de su jefe, el Almirante Villenueve.

Miranda dejó Londres en otoño de 1805 (aunque provisto con dinero inglés) tal vez del conocimiento de esa madeja de situaciones que lo obligaban a emprender un proyecto en condiciones desventajosas, por lo que la parte del plan fue temporalmente inaplicable en el sentido que la ayuda finalmente sería otorgada por EE.UU.. Durante el tránsito hacia ese nuevo destino se produjo la batalla de  Trafalgar. Es importante aclarar que la Armada española, a pesar de encontrarse en mal estado, reflejo de la situación de todo el reino, se comportó con gran intrepidez y valentía, ejemplo de ello se evidencia en las actuaciones de Gravina, Escaño, Churruca y Alcalá-Galiano. Pero su derrota, hizo que España tuviera que defender un imperio sin contar con los medios idóneos para ello.[30], En otras palabras, los efectos de la perdida de parte de su flota se harían sentir, de manera contundente, en las respuestas dadas a los brotes independentistas surgidos a partir del año 1810. 

            El problema español se podría sintetizar en el hecho que con la llegada de los borbones a su país, se produjo un fuerte proceso de afrancesamiento que socavó las instituciones y al territorio del reino en los años subsiguientes[31]. Esta situación se agravó con la fractura que produjo la caída de los borbones franceses en Varennes entre los españoles que eran afrancesados borbones y los que eran afrancesados liberales. En las colonias la situación sólo era compleja en aquellas regiones que eran vecinas a territorios no españoles, como fue el caso de Tierra Firme. Es decir, con el contrabando, uno de los males que tenía que enfrentar la corona en esa región, llegaban más rápidamente las ideas liberales provenientes del racionalismos francés y el utilitarismo inglés, trayendo como consecuencia que la sociedad se polarizara de tal forma que la guerra de independencia posterior alcanzara características diferentes a la de otras provincias que luchaban con la bandera de la libertad.

España al perder su flota, perdió su poder de negociación frente a los franceses y la consecuencia de ello fue la cruenta guerra de independencia que no sólo le redujo al país la capacidad de maniobra necesaria para afrontar el problema de sus colonias americanas, también produjo una profunda crisis entre absolutistas y reformadores, que obligó a la dirigencia española a tratar de resolver sus problemas en el ámbito metropolitano.

            Las ideas liberales que se propagaron al resto de las provincias americanas provenían básicamente de Londres y de Cádiz[32], por tal motivo, los franceses estimaron que el proceso de independencia americano era un producto más autóctono de sus habitantes que de la influencia de otras potencias en obtener ventajas de la crisis que vivía la España de ese entonces. En este contexto, la masonería jugaría un papel importante en el desarrollo de las acontecimientos por venir[33].

Como ya se había mencionado con anterioridad, a los ingleses les inquietaba la creciente influencia que estaba ejerciendo Napoleón en la Corte de Madrid y su posibilidad de que esta influencia se extendiera a las colonias americanas. En este sentido, él gobierno inglés estimaba que si se inducía a los pueblos americanos a que considerasen a Francia como una libertadora, habría que adoptar disposiciones para “dirigir el espíritu revolucionario de manera tal que Francia no lo pervirtiera y excluyera a las manufacturas ingleses en América del sur[34]. De igual forma, puesto que Inglaterra estaba en guerra con sus dos tradicionales enemigos, y que la amenaza de invasión había cesado, era lógico pensar que su estrategia para el resto de la guerra era desgastar a los dos países desde la base de su poder, ello significaba que sus próximas líneas de actuación estarían dirigidas a las colonias españolas y a buscar alianzas en el continente europeo que desbarataran los planes de Napoleón. El problema en cuestión era que había una lucha entre los grandes poderes de Europa por la supremacía, esto es lograr ser lo que había sido España en otra época.

En este sentido, hay que destacar que la política de expansión inglesa se elaboraba con una sabia mezcla de audacia y prudencia. La audacia que dicta la codicia inmediata y feroz, y la prudencia de los políticos más cautos que pensaban en el largo plazo más que en saciar a cualquier precio los apetitos de tesoros y botines. Intereses públicos y privados convergían según las circunstancias. Por otro lado, los estrategas británicos, pensaban que una manera de hacer frente a las ambiciones de Napoleón consistía en extender el imperio británico.

La maniobra inglesa para 1806, luego de asegurar el control absoluto del mar consistía en realizar un ataque a Tierra Firme utilizando a Trinidad como base de operaciones y un ataque directo contra el Virreinato del Río de la Plata, específicamente a Buenos Aires[35] y otras regiones costeras en el océano pacífico. La región de Tierra Firme ofrecía grandes posibilidades puesto que la inteligencia aseguraba que existían fuertes brotes independentista y se estimó que, con un pequeño apoyo se podrían lograr grandes resultados. El ataque a Buenos Aires se haría en principio sin una plataforma de apoyo y utilizarían a Montevideo como plataforma de operaciones para garantizar el éxito de la operación.

Los orígenes del ataque a Buenos Aires se remontan a fines del siglo XVIII cuando se rompe las hostilidades contra la alianza entre España y Francia. Para esta empresa se elaboraron dos planes el de Nicholas Vansittart y el del general Tomas Naitland. Ambos tenían en común la idea de una invasión "en arco" que tomara Buenos Aires avanzara hacia Chile y se desplazara posteriormente hacia el Perú. El plan de Naitland de 1800 era una versión perfeccionada del plan anterior y exigía coordinar con fuerzas que en Chile derrotarían a los españoles y emanciparían Perú y Quito. Pero Henry Dundas entonces secretario de Guerra pensaba que para los intereses permanentes de Inglaterra el objetivo principal era la conquista de nuevos mercados en América del Sur, no el dominio de dichos espacios. La invasión no se concretó pero el interés inglés siguió vigente. Cinco años más tarde a mediados de 1804 tres hombres se reúnen para desempolvar esos proyectos archivados: El primer lord del Almirantazgo Henry Melville, el primer Ministro William Pitt y el astrónomo y explorador Comodoro Home Riggs Popham. Popham propuso no conquistar la América del Sur, aunque se esforzó en demostrar que, sin embargo, ella debía ser el comienzo de su plan de "dominar todos sus puntos prominentes" aislándolos de sus conexiones con España. La ocupación militar, sostenía Popham, debía servir de apoyo a la expansión comercial[36].

El Comodoro Popham recibe, a mediados de 1805, la orden de escoltar la expedición del general David Baird a Ciudad del Cabo. Las fuerzas inglesas zarpan a fines de agosto con 6.300 hombres, y a comienzos de enero de 1806 los británicos recuperan el puerto de Ciudad del Cabo, entonces ocupado por los holandeses aliados de Napoleón. Mientras permanecen en el puerto, Popham se entera de la victoria inglesa en la batalla de Trafalgar y reflexiona sobre la posibilidad de acometer en Buenos Aires una empresa similar a la realizada en El Cabo aprovechando la oportunidad que con esta victoria se presentaba. Obtiene la autorización de su comando superior y zarpa de El Cabo el 14 de abril de 1806. A pesar de que logra desembarcar sin mayor problema, los ingleses no lograron sostener sus posiciones gracias a la férrea resistencia que hicieron los criollos argentinos.

Al contrario de la expedición contra Buenos Aires, y considerando la coincidencia en fechas con la maniobra de Miranda, la prensa inglesa como la norteamericana, prefirieron dar gran cobertura a la expedición Mirandoniana. La razón era obvia: Miranda iba a liberar, Popham a dominar. Esta buena acogida fue debida al apoyo que le prestaron los liberales de entonces a Miranda, a su bien ganada fama como militar y político, a las ventajas que se obtenían con el proyecto de liberación hispanoamericana, y al conocimiento que tenían estas potencias sobre su prestigiosa figura. Por otra lado, en la península, a parte de los problemas que estaba enfrentando el reino, los americanos, hijos de españoles residentes en Cádiz, comenzaron a interesarse  por los problemas españoles, en función de los intereses ingleses y franceses y advirtieron que “en todos los discursos políticos de las potencias europeas, la mención de las colonias españolas en América, se reiteraba con llamativo cuidado e inevitables suspicacias, como alternativa para el nuevo asiento del poder español en caso del probable derrumbe de los borbones, y también como mera moneda de rescate en el supuesto de una derrota total”[37]. El interés generado en Europa por las colonias hispánicas hizo que los españoles-americanos se preocuparan más por el destino de la América meridional que de la España misma en momentos en que los españoles comenzaron a luchar por su propia independencia.

            El intento independentista de Miranda fue un fracaso, puesto que en ese momento eran muy poco los focos independentistas y el patriota venezolano era visto como un individuo que tenía unas ideas revolucionarias francesas en un momento en que se respiraba fobia de lo francés, mezcladas con ideas liberales provenientes de Inglaterra, país que estaba en guerra con España. El segundo intento de Miranda de liberar la América Meridional fue apoyado directamente por Inglaterra y más allá del fracaso que este tuvo habría que considerar las razones del apoyo inglés. En este sentido este apoyo directo estuvo determinado por el hecho que la expansión francesa en Europa era indetenible y ante los dos males: el francés y el inglés, Miranda opto por el inglés porque este le dejaba la posibilidad de que siendo las repúblicas libres pudiesen elegir en mejores condiciones.

El ataque a Buenos Aires fue un rotundo fracaso inglés, teniendo presente que los bonaerenses, súbditos de España se defendieron eficazmente de la agresión inglesa. Luego de cuarenta y seis días de gobierno, los ingleses tuvieron que abandonar el territorio, pero ello no impidió que grandes carros, con toneladas de pesos de plata, fueran paseados por la ciudad de Londres y depositados en el Banco de Inglaterra. Otro intento de ocupación realizado unos meses después, obtuvo los mismos resultados. Pero hubo una diferencia sustancial en el ataque inglés realizado contra Buenos Aires y el apoyo realizado a Miranda: el primero fue resueltamente hecho para dominar y el segundo para “liberar”. El primero, estuvo abalado por las instrucciones dadas por el ministro Windham al comandante de las fuerzas de invasión que estipulaban que Buenos Aires debía quedar bajo el dominio inglés[38]. Las últimas fuerzas inglesas salieron de la región en el mes de agosto. En el segundo caso los ingleses estuvieron limitados por la presencia del mismo Miranda que con su presencia obligaba a los ingleses a seguir sus planes originales.

Para ilustrar con mayor claridad el espíritu inglés de la época, el fiscal militar que juzgó a los responsables de la fallida operación en el Río de la Plata, expresó que: "Con este desgraciado suceso, se han desvanecido todas las esperanzas que, con razón y uniformidad, se acariciaban de descubrir mercados para nuestras manufacturas, de abrir un horizonte nuevo a la inclinación y actividad de nuestros comerciantes, de hallar nuevas fuentes para el Tesoro y nuevos campos para los esfuerzos, de surtir las rústicas necesidades de países que salían de la barbarie o los pedidos artificiales y creciente, de lujo y refinamiento en aquellas apartadas comarcas del globo". Más que el pensamiento de un fiscal militar, estas palabras parecen sintetizar la visión de una potencia europea que no atina a comprender por qué los habitantes de una ciudad donde una incipiente conciencia de nación empezaba a gestarse renunciaban a una opresión burdamente disfrazada de amistad[39].

A pesar de los fracasos de Miranda y Popham, el impacto que sus acciones produjeron en España y en Europa, en general, fueron lo suficientemente profundo como para considerar viable la desaparición del imperio español en América. A este respecto, los ingleses por un lado y los franceses por otro, obraron activamente a través de sus servicios secretos para influir en los americanos que tanto en Londres como en Cádiz estaban gestando las ideas que provocarían las olas de independencia que se iniciarían a partir de 1810.  En este sentido, los ingleses promoverían la independencia para abrir más rutas comerciales amparadas en la protección de la Royal Navy y los franceses, buscarían abrir también esas regiones a su comercio, pero valiéndose de otros artilugios para alcanzar sus objetivos. Bajo este contexto, los patriotas americanos iniciarían el proceso de independencia, en las provincias españolas, sin conocer a plenitud esa nueva forma de colonialismo que representaba el libre comercio en su forma primigenia.

No obstante, hay que destacar que el proceso independentista que se inició en Tierra Firme, fue realizado por venezolanos que se encontraban tanto fuera como dentro del dominio español y por su parte, la expulsión de los ingleses de Buenos Aires fue concebida y realizada por criollos, cosa que preocupó enormemente a los peninsulares, por que constituía una amenaza a su autoridad. Estos actos positivos (la iniciativa de los criollos bonaerenses) y negativos (la iniciativa de los criollos venezolanos), evidenciaron un cierto grado de madurez política que las circunstancias europeas y americanas obligarían a considerar.

            Estos acontecimientos ocurridos en América y la situación que comenzó a vivir España con la invasión napoleónica favorecieron el acercamiento de un grupo de americanos provenientes de Cádiz con otros provenientes de Caracas, Londres[40] y otros americanos de diversas regiones en función de un mismo propósito. El resultado de este acercamiento fue el advenimiento de una logia (la número 7), que tendría una decisiva actuación en la independencia de la América del Sur y el establecimiento de las ideas políticas y económicas imperantes en la Europa de ese entonces que harían necesario posteriormente que los individuos de estas regiones americanas entendieran su particularidad como una esencia y buscaran con ideas propias establecerse su propio destino.





[1] Los supuestos fundamentales del sistema mercantilista fueron aproximadamente los siguientes: los metales preciosos constituyen la medida más valiosa de la riqueza de una nación; aparte de la extracción de minerales, el comercio  es el medio principal de acumular metales preciosos en forma de numerarios; como consecuencia de lo anterior hay que favorecer las exportaciones y reducir las importaciones; establecer colonias para garantizar provisión de materias primas y asegurar mercados de productos terminados
[2][2] BARNES, Harry E. Historia de la Economía del Mundo Occidental, hasta principios de la Segunda Guerra Mundial. México. UTEHA. 1987. Pag. 326
[3][3] IBID
[4][4] RODRÍGUEZ DE ALONSO. Op. Cit. Pag 147
[5] Realmente, estas ideas de carácter liberal centradas en el individuo comenzaron a implantarse en Inglaterra durante la revolución realizada por Oliver Cromwell
[6] BORDEJE, Fernando de. España, poder marítimo y estrategia naval. Madrid, editorial naval. Segunda edición. 1982. Página 46-55.
[7] Portugal, en su afán de dejar de estar bajo dominio español actuó de tal manera que a final de cuentas terminó bajo la tutela inglesa.
[8] La forma de combate predominante hasta ese entonces era muy similar al combate terrestre lo que implicaba que la decisión iba a estar determinada por el combate cuerpo a cuerpo y por consiguiente, la manera como eran usadas las reservas. El navío español estándar era el galeón capaz de transportar tropas para el asalto. La nuevas tácticas implantadas primero por los holandeses y luego por los ingleses estaba basadas en impedir el combate tradicional y para ello fortalecieron la artillería de sus embarcaciones para combatir a distancia evitando el contacto.
[9] Con la unión de la corona de Holanda e Inglaterra a principios del siglo XVIII el primero dejó de ser un competidor por el dominio del mar, aunque continuó siendo una potencia comercial. Francia, por su parte, luego de los esfuerzos realizados por Colbert para convertir a su país en la potencia hegemónica, tuvo que pasar a una actitud defensiva en el escenario marítimo, teniendo como objetivo primario la conservación de la flota. De acuerdo a varios autores, en especial Raoul Castex y Phillie Mason, los franceses tenían dos (02) escenarios de capital importancia: el terrestre y el marítimo. El escenario terrestre, luego de haberse conjurado la amenaza española tenía como centro el río Rhin; y el marítimo que tenía como principal amenaza a Inglaterra por su afán de dominar el mar. Por esta circunstancia las tácticas de combate navales francesas tendían a evitar los enfrentamientos, si las circunstancias no eran excesivamente favorables. Ello trajo como consecuencia que la necesidad de preservar la flota se convirtiera en un objetivo importante.
[10] ZAPATERO, Juan Manuel. La Guerra del Caribe en el siglo XVIII. Madrid. Servicio Histórico y Museo del Ejército. 1990. Pag. 37.
[11] Ibid.
[12] RODRÍGUEZ DE ALONSO, Josefina. Vida Militar del General Miranda. San Sebastián. 1986. Pag 08. Esta guerra que marcó la vida de Francisco de Miranda permitió que este prócer venezolano participara en la recuperación para España de Panzacola y en la expedición que permitió la conquista de las islas Bahamas.
[13] La operación más importante que tenían previsto realizar las fuerzas franco-españolas en el Caribe era la captura de la isla Jamaica. Para el desarrollo de esta operación era imprescindible la unión de las fuerzas navales de España y Francia, pero ello no logró concretarse debido a que los ingleses interceptaron a la flota francesa en el estrecho de Los Santos, entablándose un decisivo combate.
[14] POTTER, E. B. y NIMITZ, CH. Sea Power. A Naval History. Prentice-Hall. Englewood Cliffs. 1960. Pag. 107
[15] ZAPATERO, Juan Manuel. Op. Cit. Pag. 204
[16] JIMÉNEZ LÓPEZ, Hadelis. La Armada de Venezuela en la guerra de independencia. Armada de Venezuela. Caracas. 2001. Pag. 34 – 45. Miranda para sortear los seguimientos a los que fue sometido por parte de España, por subversión se valió de múltiples identidades: en Roma, Martín de Maryland; en los Países Bajos, Merod; en Hamburgo, Señor de Meran; en Suiza, Señor de Meirat; en Rusia, Mirandow; en Francia, Monsieur de Meroud. A su llegada final a Nueva York, usó el nombre de George Martín
[17] RODRÍGUEZ DE ALONSO, Josefina. Op. Cit. Pag 147
[18] Paralelamente a esta misión, el señor de Bourgoing se dirigió a España para mantener la alianza franco-española, “salvaguardia mutua contra su enemigo común, que es la Gran Bretaña”.
[19]PARRA-PÉREZ, Caracciolo. Miranda y la Revolución Francesa. Tomo I. Caracas. Ediciones culturales del Banco del Caribe. 1966. Pag 160-186 
[20] IBID.
[21] CERVERA PERY, José. La Marina de la Ilustración. Editorial San Martín. Madrid. 1986. Pag 114-124.
[22]PEREZ PARDELLA, Agustín. José de San Martín. El Libertador cabalga. Una biografía. Planeta Tercera edición. Buenos Aires. 1998. Pag 25-45.
[23] Mediante este acuerdo, Inglaterra aseguró la conquista de la isla de Trinidad
[24]La ayuda a Miranda para apoyar la independencia de las colonias americanas era una carta a jugar en la guerra que estaban sosteniendo Francia e Inglaterra.
[25] Hay que aclarar que los esfuerzos por mantener la neutralidad de España no significó que no participase en las guerras anglo-francesas; la actitud en todos los casos fue defensiva y orientada a mantener abiertas sus líneas de comunicaciones marítimas. Ello le permitió a España recuperar todos sus territorios a excepción de Gibraltar.
[26] La marina real británica sufrió graves motines en ese periodo.
[27] Fueron las fragatas Medea, Fama, Mercedes y Clara, que transportaban plata y otros enseres. La acción fue hecha sin declaración de guerra y en ella murieron numerosas mujeres y niños.
[28] El efecto que intentaron lograr los franceses fue tan efectivo que el 07 de junio de 1805, la flota inglesa comandada por el Almirante Nelson llega a la isla de Trinidad, con la esperanza de sorprender a los franceses. Los ingleses valoraron desde un principio la importancia de la citada isla.
[29] CASTEX, Raoul. Teorías Estratégicas. Tomo Segundo: La Maniobra Estratégica. Buenos Aires. Escuela de Guerra naval. 1938. Pag 113-165.
[30] PEREZ TURRADO, Gaspar. La Marina Española en la Independencia de Costa Firme. Madrid. Editorial Naval. 1992. Pag 37. La batalla naval de Trafalgar “le dio un golpe al poder naval español”. La mayoría de los grandes buques fueron hundidos o puestos fuera de servicio dejándola imposibilitada de defender efectivamente a su imperio. Con la excepción de la expedición Mirandina y el ataque a Buenos Aires, realizados ambos en el año 1806, España tuvo un tiempo muerto hasta el año 1815, puesto que el enfrentamiento con la Francia Napoleónica colocó a este país en el mismo bando que Inglaterra, dándole un tiempo para prepararse a enfrentar los nuevos retos que significaban la independencia de sus dominios..
[31] En tal sentido, el Almirante de la Armada española Eliseo Álvarez-Arena Pacheco, expresó que, los Borbones se encontraron con una marina española incorpórea y desalmada y aún con el proceso de reformas a que fue sometida “se siente la impresión de que el alma de la Marina anda en veredas de menoscabo entre las páginas del programa borbónico”. “... la reforma de lo español con aires franceses referida a la Marina no se percata de la esencial dualidad de este importante elemento del poder naval, consistente aquella  en cuerpo y alma”. En consecuencia, a principios del siglo XIX, la Armada Española era la segunda más poderosa del mundo, pero habían perdido su manera de hacer, a la española, en sentido metaestrategico.
[32] PEREZ PARDELLA, Agustín. José de San Martín. El Libertador cabalga. Una biografía. Planeta Tercera edición. Buenos Aires. 1998. Pag 25-45
[33] IBID.
[34]PARRA-PÉREZ, Caracciolo. Op. Cit. Tomo II. Pag 378
[35] Es importante destacar que José de San Martín, en su visita a Londres tuvo dudas sobre la participación intelectual de Francisco de Miranda “en las invasiones inglesas a Buenos Aires”, concebidas inicialmente en 1798.  Estas dudas fueron aclaradas, en parte, por el venerable de la Logia de Cádiz, Don Carlos de Alvear; aunque sería ilógico pensar que esto hubiese ocurrido si se tiene presente que Miranda buscaba crear un solo país en toda la América del sur, de nombre Colombeia.
[36] http://webs.sinectis.com.ar/mcagliani/inva.htm
[37] PÉREZ PARDELLA, Agustín. Op. Cit. Pag 37
[38] Cosa que contradice las sospechas de San Martín relativas a Miranda y su contribución a la operación inglesa en el Río de la Plata. Miranda buscaba independizar la América del Sur.
[40] Entre los reunidos se encontraban: Carlos de Alvear, José de San Martín, Luís López Méndez y Andrés Bello