martes, 9 de febrero de 2016

EVOLUCIÓN DEL PENSAMIENTO ESTRATÉGICO NAVAL VENEZOLANO: 1830-1869



En memoria de Francisco Javier Nieves-Croes


Este trabajo fue comenzado por iniciativa de Javier a finales del año 2014. Participamos en el mismo Jairo Bracho, Julio Chacón, Ramón Rivero-Blanco y Edgar Blanco. El propósito fue demostrar que a pesar de la opinión general en el país hubo una reflexión acerca de la estrategia de defensa nacional entre los años 1830 y 1900 y la orientación de esta defensa tenía un alto componente marítimo. Como observaran, el trabajo se completó en un 25 % por causas de fuerza mayor y aún se encuentra en fase de revisión y elaboración pero pensamos que podría ser de utilidad para los lectores...

INTRODUCCIÓN

Después del año 1830, al parecer de Parra-Pérez, Venezuela contó con una débil capacidad para la defensa nacional evidenciada en una notable disminución del ejército y de la marina de guerra. A pesar de este hecho, durante la denominada revolución de las reformas el gobierno nacional logró movilizar un importante contingente militar y naval que le permitió restituir el orden establecido. Seis años después de ese hecho, Codazzi en el año 1841, reflexionando acerca de la hipótesis de la agresión del país por una potencia extranjera expresó que el país no se podía defender en la costa porque las aguas adyacentes constituían un puerto natural que facilitaba las operaciones navales agresivas, por lo que se puede afirmar que la principal preocupación de este pensador venezolano fue que la defensa nacional estaba supeditada a una eventual amenaza proveniente del mar. Por tal motivo expresó que la defensa era posible desde el territorio interior a partir de tres líneas de defensa que iban de la sierra costera hasta la selva amazónica. Diez años después de la reflexión realizada por Codazzi, Castelli, en el año 1851 no sólo recordó en carácter hispánico del dispositivo de defensa nacional, sino también indicó la necesidad de potenciar el sistema de defensa costero y planteó la necesidad de mantener lo que hoy conocemos como un equilibrio estratégico en relación con los vecinos.
Esta génesis del pensamiento acerca de la defensa nacional y específicamente naval entre 1830 y 1869 se produjo a la par de una serie de acontecimientos bélicos desarrollados en nuestras costas como las guerras civiles, la diplomacia naval que afecto al país en el periodo y las acciones de guardacostas y de diplomacia naval realizadas por Venezuela que permiten hacer un examen para determinar las concordancias y discrepancias entre el pensamiento y la acción en el período considerado. De igual forma, en esta evolución se puede evidenciar, al menos en el pensamiento, cómo el mar pasó a ser considerado como un espacio de acción político-militar para la clase dirigente del país y permite explicar los esfuerzos que se hicieron a principios del siglo XX para desarrollar un poder naval hasta que Gómez en el año 1913 se consolidó en el poder[1].
Consecuentemente, la posibilidad de acceder a documentos inéditos en el Archivo General de la Nación y otras fuentes documentales originales sobre temas navales de la época y la constatación de que la manera de concebir la defensa naval entre los años 1830 y 1901 evolucionó al menos en el plano del pensamiento de una concepción epirocrática en Codazzi a una tendencialmente talasocrática en Díaz y Delgado-Chalbaud ha creado las condiciones de posibilidad para examinar la teoría y praxis de la defensa naval desde el inicio de la era republicana de modo de hacer histórica esa manera de pensar y hacer la guerra a partir de la consideración de una amenaza proveniente desde el mar para demostrar con ello las oscilaciones de la política marítima y naval venezolana a lo largo de nuestra historia republicana como eje fundamental del pensamiento estratégico nacional. Para tal fin nos hemos propuesto como Evaluar en pensamiento estratégico nacional venezolano en el período 1830-1869”. Para tal fin se describirán analíticamente las prácticas venezolanas de la guerra en el mar en el período 1835-1869~, desde la perspectiva de la teoría y la praxis.

1.     DE LA HERENCIA HISPÁNICA EN EL PLANO ESTRATÉGICO Y OPERACIONAL A LAS PRACTICAS MILITARES Y NAVALES EN EL PERÍODO INDEPENDENTISTA.

Jairo Bracho en su importante estudio acerca de la defensa marítima de las costas de Venezuela y su papel en el desarrollo del derecho del mar destacó una serie de aspectos estructurales del sistema de defensa español que es bueno recordar: en primer lugar, que este sistema estaba originalmente centralizado y compuesto, de manera general, por una flota del mar océano y unas flotas de defensa de costas tanto en la metrópoli así como en el mar caribe, en segundo lugar, un sistema de fortificaciones para garantizar la conexión marítima desde la metrópoli y hacia el interior del territorio continental para operar como punto de proyección hacia el hinterland americano, en tercer lugar, una estructura de normas que actuaban como especie de reglas de enfrentamiento[2]. Todos, en su conjunto, actuaban como un dispositivo que aseguraba el dominio español en América. En él, el mar desempeñaba un papel de importancia capital como medio de unión que facilitaba la integridad de la totalidad de su espacio. Franco (2009), en el mismo orden de pensamiento, expresó que la centralización de la defensa naval española de sus dominios heredada de Felipe II fue retomada a finales del siglo XVIII por Carlos III luego que España volviese a recuperar su papel de potencia marítima en los mares del mundo. La centralización y la descentralización de la defensa naval española, en este sentido, es un aspecto clave para entender la guerra de independencia en Venezuela y consecuentemente los proyectos de defensa naval venezolana por el resto del siglo XIX, pero para entender estos dispositivos hay que examinar el plano de referencia sobre el cual era visto los dominios españoles fuera de Europa.
El plano de referencia, para nuestros efectos, es el plano intuitivo sobre el cual se yergue la intención que permite la formulación de un concepto, es decir, es “la evaluación de las variables internas de enunciación relacionadas con el conjunto de las circunstancias” (Deleuze y Guattari, 2008). El plano intuitivo es, según estos autores el a priori del concepto y se fundamenta en un acontecimiento que se produce en un espacio y tiempo desarrollado mediante la constitución de “trazos diagramáticos” que actúan como direcciones absolutas de naturaleza fractal (1991/2005). En este contexto, espacio, tiempo y fractalidad son los aspectos que nos van a ayudar a entender el concepto estratégico naval español hasta los albores del siglo XIX.
El espacio y el tiempo están condicionados por el poder, entendido éste como la capacidad de mediar entre necesidades y satisfacciones. Un poder que desde el Tratado de Tordesillas hasta el Tratado de Paz de Westfalia estableció su naturaleza y alcance dado el papel que jugó España en ese período. Después de Westfalia, el tiempo y el espacio pasaron a ser relativos, es decir estuvieron condicionados por los poderes europeos que emergieron victoriosos del conjunto de guerras que orbitaron en torno a la Guerra de los Treinta Años acaecida en el centro de Europa. El alcance estaba determinado por la capacidad de ejercer el poder en sí y el horizonte de su ejercicio y su naturaleza estaba dada por la capacidad de excluir a otros en el espacio de dominio. 
Teniendo presente lo antes indicado, los territorios que hoy conforman Venezuela fueron un confín unido a la metrópoli por un mar entendido como medio de comunicación y fuente de recursos. El carácter de horizonte de Venezuela, es decir, de frontera, indicaba que su posesión dependía de la capacidad de mantenerlo y de extenderlo más allá del límite que había alcanzado. Esta afirmación, vista desde la perspectiva de un observador en Madrid, puede ser entendida como centró cuyo radio se extendía a una línea que indicaba hasta donde se ejercía la soberanía. Esta afirmación permite explicar cómo varió la estructura de defensa española durante el período colonial a partir de la instrumentación de círculos de interés que indicaba en un tiempo entendido como número de movimiento la capacidad de respuesta del soberano. Ahora si se considera que este observador estuviese frente a un plano de referencia que lo ayudase a ejercer su poder para asegurar sus dominios, este plano en sí expresa la estructura y la capacidad de representar ese poder de forma cartográfica.

Un observador observa estableciendo círculos de observación que en cierta forma constituyen círculos de comprensión. Para un observador español Venezuela era un confín aunque supiese que más allá de ese territorio hubiese otros dominios españoles como Perú, por ejemplo, y los dominios portugueses que pasaron a formar parte de una misma corona. El espacio entre el horizonte venezolano y los otros dominios españoles es lo que fraccionaba el círculo de comprensión. Este fraccionamiento no fue percibido como un problema debido a que al encontrarse entre dominios frente a un mismo tiempo del poder, sólo bastaba dilatar el espacio. El mismo tiempo del poder estaba referido a la sujeción de todos los seres del espacio de dominio a la dinámica del poder que, en nuestro caso, estaba relacionada con el establecimiento de un ciclo de producción que integró al territorio venezolano a la realidad europea. Esta integración es lo que hizo, por una parte, que para un colono en Venezuela, las decisiones, indiferentemente de la naturaleza de la misma, estuviesen condicionadas por España y, por la otra, que la extensión del espacio estuviese subordinada a lo que efectivamente pudiese ser defendido. Este modo de ser y hacer se mantuvo más o menos igual hasta el año 1648. Después de ese año se produjo una fragmentación desde el mismo momento que España reconoció la independencia de Portugal, por lo que siendo el país luso el que mediaba entre el confín venezolano y el resto de los dominios españoles continentales, pasó a ser considerado una potencial amenaza a la soberanía española.
Así pues, si volvemos a una concepción estratégica para la defensa de los dominios españoles basada en la manutención de las rutas marítimas de la flota de indias por intermedio de la flota de guerra del mar océano y los sistemas de defensa intermedio, es decir, los constituidos por los guardacostas (tanto en España como en América) y las fortificaciones construidas para cerrar los puntos de acceso al hinterland en cada caso en particular, para garantizar un ciclo económico esencialmente mercantilista[3], podemos entender que la fortaleza de este sistema estaba determinada por la capacidad de defensa y esta capacidad estaba condicionada a la productividad de dichos espacios. La capacidad productiva fue lo que determinó los límites del poder español.
Estos límites se hicieron patentes después del Tratado de Paz de Westfalia y sobre todo después de la guerra de sucesión que obligó a la nueva monarquía borbónica española a instrumentar los mecanismos que le permitieran restituir su poder militar en el mar y a fortalecer su sistema de defensa. Con esta necesidad, producto de la relativización del tiempo y el espacio generada por la existencia de otros poderes europeos competidores, la España borbónica reorganizó sus dominios siguiendo hoy en día un criterio que podríamos llamarlo fractal, es decir, una cosa, en nuestro caso la soberanía española, cuya estructura se repite a diferentes escalas (Deleuze y Guattari, 2008)[4]. Es decir, España reorganizó sus dominios de modo tal que la estructura política se repitiera a diferentes escalas para garantizar su integridad territorial. Pero esto se produjo dentro de un contexto determinado por una fragmentación porque la falta de conocimiento del espacio impidió que este fuese completamente integrado. La evidencia más palpable de este hecho es que si se observa las fortificaciones españolas en la Venezuela de 1750, estas iban en el norte desde San Carlos, en Maracaibo, pasaba por Puerto Cabello, la Guaira, Margarita, Cumaná y Puerto España y, en el sur, por Angostura y San Carlos y San Felipe Neri en el Río Negro, acotando que las fortalezas de Angostura estaban orientadas al mar y no al hinterland venezolano. A este punto es conveniente que nos detengamos un poco para examinar el dispositivo de defensa español en Venezuela y su importancia en relación con el resto de sus dominios en América.
Zapatero (1990) nos ha indicado que la corona española designó a una serie de enclaves como llaves “por ser decisiva política y militarmente su conservación para la seguridad y desenvolvimiento de un territorio”. Siguiendo a este autor, podemos acotar que de las veinte llaves que cerraban al Caribe para la protección de los dominios españoles, cinco se encontraban en lo que hoy es Venezuela (y Trinidad)[5]. Al conjunto del dispositivo venezolano se le denominó el caño de la Ymbernada o ruta de penetración de los navíos españoles que después de la travesía del océano, se internaban en busca de los abrigos de Tierra Firme[6]. Esta concentración de fortalezas en nuestro país nos permite afirmar que Venezuela se originó como un país fortificado o dicho de otra manera como un país fortaleza. La importancia de esta afirmación obedece a que la caída de una de estas llaves amenazaba completamente todo el dispositivo para quien fuese el soberano, tal como se demostró en el año 1634 con la pérdida de lo que hoy se conoce como Antillas Holandesas, en 1795 con la pérdida de Trinidad, en 1811 en Puerto Cabello y posteriormente, en el año 1817 con la liberación de Margarita, Cumaná y Angostura[7].
Este sistema de fortalezas estaba complementado por un eficaz sistema de guardacostas tal como nos lo ha indicado Bracho (2005) que estaba unido a España por la flota del mar océano. La eficacia fue demostrada por la efectiva defensa del espacio entre los años 1739-1743 y 1806 y en el esfuerzo por reprimir y contener la piratería, el corso, el contrabando y las incursiones armadas que sufrió la colonia. Esta eficacia evidencia que la erección de la Capitanía General de Venezuela, tal como fue reorganizada en el año 1776 fue posible a que ésta se constituyó como una eficaz estructura de contención, al menos frente a amenazas marítimas, dentro de un dispositivo defensivo de gran envergadura en el mar Caribe.
Desde otro punto de vista, la ya constituida Capitanía General, tal como la conocemos, se convirtió en un espacio productivo, en lo que concierne a la agricultura, dentro de un contexto monopólico español, pero pudo comerciar con el resto de los otros dominios españoles en una suerte de liberalización. La liberalización económica dentro de los dominios hizo que los territorios comenzasen a ser autónomos dentro de una perspectiva fractal en lo político y fragmentada en lo geográfico por desconocimiento y no integración al espacio productivo del resto de los territorios. Esta liberalización se produjo, tal como nos las indicó Franco, dentro de un contexto de centralización de la defensa naval, pero ello significó para Venezuela, siguiendo a Bracho, la institucionalización de una capacidad militar con implicaciones productivas como lo fue el Apostadero de Marina de Puerto Cabello. Así pues, la fractalización política tenía un cordón umbilical representado por la defensa naval de un territorio fragmentado por una dificultad generada por el hecho que la capacidad de expansión colonial española había llegado a un límite a pesar de no ser amenazado por otras comunidades políticas dentro de un contexto original de baja productividad y bajo crecimiento.


Además de la vulnerabilidad representada por la baja capacidad productiva y de crecimiento de los dominios españoles en América hasta mediados del siglo XVIII, estaba también el hecho de que este cordón se vio afectado por la naturaleza continental de la dominación española en América y el papel que jugaron las puertas marítimas representadas por Caracas y Buenos Aires tal como nos lo ha indicado Nweihed (2000), es decir, el carácter de llave o de puerta al hinterland continental indicaba que el territorio destinado a ser protegido no lo constituía la llave en sí, sino los dominios interiores desde donde España obtenía su riqueza y su poder. Este hecho tenía otra consecuencia, y es que estas llaves a pesar de su capacidad de auto-sostenerse, dependían de la seguridad que ofrecía la flota del mar océano, es decir, sin la posibilidad de defensa desde el mar, la capacidad de contención de las llaves dependían de una serie de factores internos como muy bien lo ha explicado Corbett (1911/2005), en su tratado de estrategia marítima. Por ello, a pesar de la alta intensidad de la guerra en el Caribe durante todo el siglo XVIII, la costa venezolana de Tierra Firme estuvo expuesta, en primer lugar, a la influencia extranjera y, en segundo lugar, a responder de forma recíproca a las acciones emprendidas contra el territorio que supuso también la adquisición del mismo lenguaje de los agresores tanto desde el punto de vista ideológico-teórico como práctico. ¿Qué implicaciones tiene esta afirmación?
El interés extranjero en los territorios de Tierra Firme estaba determinado, en primer lugar, por la necesidad de apropiarse de una parte correspondiente al ciclo de producción, específicamente de materias primas básicas, y en segundo lugar, el carácter monopólico del comercio español en relación con sus dominios. Este último aspecto es conveniente destacarlo debido a que el monopolio en sí mediaba entre las necesidades de las colonias y la posibilidad de satisfacción ubicada en muchos casos fuera de España. Al colocarse en el medio, la metrópoli, se lucraba en exceso de un bien que el comercio directo podía a un americano meridional adquirirlo a menor costo[8]. La posibilidad de comerciar de forma directa, en este contexto, fue una consecuencia de un hecho económico que fue explicado por muchos teóricos como liberalismo. El liberalismo fue entonces es aspecto ideológico que estaba subyacente en el contrabando y permite entender porque los americanos meridionales de Tierra Firme concordaban y aceptaban la ocurrencia de dicho fenómeno. La república liberal que se instituyó en el año 1811 en Venezuela, fue la resultante de este fenómeno dentro de un marco favorecido por un interés español ubicado en el hinterland del continente a pesar de la necesidad de mantener la conexión marítima. Así pues, el sistema defensivo español en Venezuela fue capaz de contener físicamente las amenazas de las otras potencias marítimas, mas no de las ideas que estaban subyacentes en los esfuerzos por romper el sistema de contención.
La pérdida de la conexión marítima de España con sus dominios como consecuencia de su derrota en Trafalgar se produjo en un contexto fractal/fragmentado y ello explica la guerra civil que se desencadenó en Venezuela entre los años 1811 y 1817. En el año 1811 se produjo en la parte fractal del país español una fragmentación política y geográfica que produjo, por una parte, un conjunto de necesidades derivadas como lo fueron la del apoyo marítimo y de contener la amenaza marítima y de asegurar la autosuficiencia del fracto en función de la posición política que asumió cada fragmento y consecuentemente de la defensa y, por la otra, la proyección marítima como expresión de necesidades derivadas de dicha defensa. En el primer caso estuvieron los patriotas expresados en la solicitud de apoyo a Londres y en la propia amenaza española representada por su debilitada capacidad naval y, consecuentemente, en la capacidad realista de actuar como poder restituidor del estatus político. En el segundo caso, la defensa y la proyección marítima se produjo para mantener el comercio en la primera fase de la guerra por parte de los independentistas y después para el sostenimiento y aseguramiento de las operaciones militares y navales de cada bando enfrentado. Ello explica la naturaleza de las operaciones militares y navales al inicio de la guerra de independencia en Venezuela en un espacio fraccionado, es decir, la de integrar fragmentos a los fractos dentro de un gran espacio fragmentado por la crisis que estaba viviendo la propia metrópolis como consecuencia de la invasión napoleónica.
Las operaciones navales que se realizaron en Costa Firme se desarrollaron, en primer lugar, en el espacio circunscrito a las fortificaciones, como ya hemos indicado en otros escritos[9] y, en segundo lugar, en el espacio fuera de las mismas. En el espacio fortificado, las operaciones fueron básicamente:

·      De bloqueo y contrabloqueo para intentar mantener abiertas las líneas de comunicaciones marítimas dentro del espacio fortificado y el espacio fragmentado.
·      Evacuación y transporte de tropas, que se realizaron durante casi todo el periodo de la guerra para dar continuidad a las operaciones.
·      Suministro de víveres y pertrechos, para sostener la guerra terrestre y para socorrer poblaciones civiles.
·      Enfrentamientos navales puros, cuyo nivel de intensidad fue baja en función de las fuerzas empeñadas como el abordaje del bergantín Intrépido o la captura de la corbeta Ceres por parte de las fuerzas republicanas.

El tipo de guerra que se desarrolló en este espacio fue de desgaste aunque esta manera de llevar la guerra, es decir, la estrategia no estuvo en la mente de ninguno de los adversarios. Este desgaste se observa en el agotamiento de la capacidad productiva de la antigua colonia por diferentes causas relacionadas con el tipo de antagonismo que se desarrolló en nuestro espacio, es decir, una guerra revolucionaria[10]. A pesar de haberse ejecutado en un contexto de alta movilidad, ésta tuvo un alto componente táctico explicando de suyo las derrotas patriotas de 1812 hasta 1817 e incluso, las operaciones ejecutadas antes de emprenderse el paso de los Andes. Así pues, las operaciones ejecutadas en el espacio fortificado estuvieron orientadas a disminuir las capacidades logísticas, si se puede llamar así, del adversario, por lo que, para el año 1815, el territorio nacional a pesar de los focos independentistas, había recuperado el estatus anterior al año 1810 pero con la vulnerabilidad de que su capacidad se había reducido al mínimo.
La conexión del fracto venezolano con la metrópoli se produjo en sólo tres momentos: 1815, 1817 y 1821[11]. En el año 1815, arribó a Carúpano una expedición conducida por el Brigadier de la Armada Pascual Enrile y Alsedo. Esta expedición condujo a tierra a 10.209 hombres en cuarenta y cinco transportes escoltados por un navío de línea, dos fragatas, una corbeta, una goleta una barca y doce obuseras. La importancia de esta expedición se evidenció en el hecho que este comandante español expresó que:

“… las marchas que el ejército expedicionario acaban de hacer prueban hasta la evidencia de que la posesión de Venezuela no es interés tanto solo por lo que vale sino por el papel que juega con respecto a la Nueva Granada y que sus frutos codiciados y recogidos en las haciendas de la costa, tientan a los extranjeros, y de allí nace el tener los insurgentes armas y los negros esclavos para soldados... Sin un cierto pie de marina no puede tranquilizarse Venezuela, y sin un aumento de marina en los momentos de las cosechas no florecerá Venezuela. Si Venezuela se perdiera, sucumbiría la Nueva Granada antes de seis meses, ocuparían el Centro de la América los rebeldes, y el Perú sería el primero que se emanciparía”(Pérez, 1992:191-222).

Después de la expedición 1815, siguió la expedición de Francisco de Paula Topete, que condujo a 1600 hombres en un convoy compuesto por nueve transportes escoltados por dos corbetas a Barcelona en el año 1817. La última expedición de apoyo a la bandera realista en Tierra Firme la condujo Ángel Laborde, quien trasladó 1500 hombres en cuatro transportes escoltados por dos fragatas, una corbeta y dos bergantines (Ibíd.). Esta expedición denominada la “División de Costa Firme”, arribó a Puerto Cabello[12] después de haber derrotado a las fuerzas navales patriotas en la citada plaza en el año 1823 (Díaz, 2009) antes de la batalla del lago de Maracaibo. Estas operaciones realistas evidencian la necesidad de detener la espiral de desgaste que produjo las operaciones dentro del cordón fortificado y expresan de por sí la existencia de un concepto de maniobra elaborado desde una perspectiva estratégica, como ya la había iniciado el Libertador con la liberación de Santa Fe de Bogotá.
Antes de examinar el espacio que estaba ubicado fuera de las fortificaciones es de destacar que este estaba constituido por el mar Caribe, el cinturón de islas que cubre el mar de Venezuela (con la excepción de Margarita), los territorios no ocupados al sur de Angostura, al sur del rio Arauca y Meta y el alto Orinoco. Los lugares de máxima vulnerabilidad española estuvieron representados por Trinidad y las Antillas Holandesas[13], y los lugares considerados como llaves estratégicas por su capacidad de proyección estaban representadas, como ya lo indicamos, por los lugares donde se encontraban las principales fortificaciones en el país, es decir, San Carlos en Maracaibo, Puerto Cabello, La Guaira, el eje Margarita-Cumana y Angostura. Este dispositivo nos indica que entre Angostura y la fortaleza de San Carlos viniendo desde el sur, no había una estructura de defensa debido a que era un territorio interior español resguardado por lo agreste de la geografía. De ahí la importancia de estas dos plazas, una vez pérdida Trinidad. Si caían en manos de potencias extranjeras quedaba amenazado todo el dominio. Pero este no fue el caso del año 1811. Ese año se produjo una fragmentación del territorio y Angostura pasó a ser, en primer lugar, un lugar de importancia estratégico para quién lo poseyera y, en segundo lugar, dada su importancia estratégica sería un lugar donde se producirían enfrentamientos que inclinarían la balanza de la guerra como lo demostraron, por una parte, la serie de combates fluviales que condujeron al enfrentamiento en Sorondo en 1811 donde las armas patriotas fueron severamente derrotadas después de haber desaprovechado la ventaja estratégica que habían logrado al inicio de las operaciones Díaz (2009) y, por la otra, la liberación de Angostura por parte de las armas patriotas en el año 1817[14].

El establecimiento de una base firme de operaciones en la llave estratégica de Angostura colocó a las fuerzas patriotas ante la posibilidad de operar en el interior del cordón fortificado y afuera del mismo porque esa llave conectaba los espacios marítimos, que en ese momento se encontraban en disputa, con el hinterland suramericano libre de la presencia de fuerzas organizadas realistas. Ello explica de por sí la campaña de los Andes y el propio Armisticio del año 1820. Al estar cortadas las líneas de comunicaciones terrestres realistas con el sur, y el mar encontrándose en una situación de control en disputa, la decisión de la guerra no estaría necesariamente en los campos de batalla terrestres, sino en la imposibilidad de que los realistas recibieran refuerzos[15]. En este contexto, la Batalla Naval del Lago de Maracaibo fue un enfrentamiento con resultados trascendentes debido a que redujo la capacidad de maniobra española fuera de los espacios fortificados, obligándolos, en consecuencia, a replegar su fuerza organizada de combate para una hipotética defensa de los territorios insulares que todavía formaban parte de sus dominios con los escasos medios disponibles para esta tarea[16]. Hipotéticamente debido, en primer lugar, a que en la mente de los conductores de la naciente república se percibía la posibilidad de un intento de invasión por parte de España, según Jiménez (2006)[17] y, en segundo lugar, a que la capacidad de proyección de la naciente república no estaba dada por su capacidad productiva sino por las posibilidades de conexión de la llama independentista existente en el resto del continente. Sin embargo, el hecho de encontrarse dentro de un fortaleza y con el dominio de las llaves que le permitiría proyectarse al hinterland del continente desde una posición, si se quiere central, le dio a Venezuela y posteriormente la Gran Colombia una ventaja estratégica insuperable como se demostró en la guerra contra el Perú.
Cinco años antes de la guerra contra el Perú, específicamente en el año 1824, la naciente república pudo proyectar su poder naval hacia las aguas cubanas e incluso a aguas metropolitanas españolas mediante la realización de operaciones de corso. La proyección se materializó, en el primer caso, en la captura de la corbeta “Ceres” y el intento de captura de la corbeta “Zafiro” en el año 1825[18] y, en el segundo, con la pérdida del pailebote “General Armario” en aguas de Trafalgar (Chaves, 2009:233-235). Hubo otros actos donde se buscó crear las condiciones de posibilidad de proyectar el poder contra España. Uno fueron los proyectos para liberar Cuba y las islas Filipinas y, el otro fue la constitución del congreso anfictiónico de Panamá. El primer permaneció como una idea. El segundo se materializó efectivamente en un congreso. Este congreso generaría una nueva dinámica que puede ser explicada de forma fractal
Contra el Perú fue que comenzó a visualizarse las debilidades marítimas debido a que sólo se pudo armar una fragata para la ejecución de operaciones navales de gran alcance. En esta guerra, Colombia envío la fragata “Colombia” al mando de R. Beluche para desbloquear el puerto de Guayaquil. A tal fin este buque circunnavegó el continente suramericano, sin embargo cuando llegó al área de operaciones, la guerra había terminado y el buque naufragó en la desembocadura del rio Guayas. (Jiménez, 2006). Esta situación plantea la necesidad de examinar qué fue el  apostadero de marina de Puerto Cabello desde que fue instaurado en el año 1803 hasta el año 1830.
Como hemos indicado el carácter de apostadero naval le dio a Puerto Cabello la condición de ser un lugar que le proporcionaba a España una importante capacidad de proyección y de permanencia en el área de operaciones del Caribe en un escenario de guerra general como estaba ocurriendo en Europa en ese momento. Esta capacidad estaba dada por las facilidades logísticas relativas a manutención, reparaciones y avituallamiento que suponen, no sólo una apreciable capacidad productiva, sino también tecnológica[19]. La acotación a la capacidad productiva se debe a que España padecía un retraso tecnológico en relación con el resto de las potencias europeas, pero este retraso no era tan notorio en el plano de la construcción naval, por lo que el desarrollo de una infraestructura logística de importancia en Puerto Cabello pudiera haber significado un acontecimiento de carácter trascendente para el quehacer marítimo venezolano si se considera, en primer lugar, que una de las fuentes importantes de tripulantes de la marina española provenían de la Nueva Andalucía, es decir, del oriente de Venezuela y, en segundo lugar, que la naturaleza del sistema productivo colonial limitó la posibilidad de desarrollar una industria y un comercio en la región. La batalla de Trafalgar y la invasión napoleónica interrumpieron inicialmente el proyecto español, posteriormente, el estallido de la guerra de independencia.
Así pues, la imagen que tenemos de Puerto Cabello durante la guerra más que la de un apostadero, según la visión española, ha sido la de una fortaleza que debía ser preservada y la de un puerto que debía ser usado o bloqueado. Pero si seguimos a Alamillo (2009), en lo concerniente a las perdidas navales españolas como consecuencia de la guerra podemos visualizar unos hechos que nos ayudarían a dar luces acerca del papel del apostadero naval de Puerto Cabello. Estos hechos son:

·      Desmantelamiento de las goletas españolas “Providencia”, “Ferroleña” y “Ninfa”. La “Providencia” fue varada, se le quitó su forro de bronce y se vendió su casco en el año 1819. En el caso de las otras dos, la causa de su desmantelamiento, en el año 1820, fueron por encontrarse en pésimo estado, (Díaz, 2009)
·      Habilitación de la corbeta “María Francisca” para ser enviada después de abril del año 1823, para reparar totalmente en La Habana[20].
·      Alistamiento de la fragata “Colombia” para la campaña contra el Perú. Sobre este alistamiento, Jiménez señaló citando fuentes originales que el Libertador ordenó “enviar sin pérdida de tiempo a Puerto Cabello…” una “de esas grandes fragatas” para aumentar sus provisiones y tripulación (2006:78). Para este alistamiento se hizo necesario buscar velas para colocar a la citada fragata en la más alta disponibilidad operativa con el fin de ejecutar la travesía sin inconvenientes (Ibíd.:105).

Estos hechos nos indican que ciertamente en Puerto Cabello hubo una estructura logística que garantizaba cierta capacidad de proyección, pero esta proyectabilidad estaba referida a un centro ubicado en Europa y a una capacidad productiva entendida como motor sobre el que se fundamenta la proyección. Pero la independencia generó una nueva referencionabilidad. Para los blancos criollos lo europeo fue durante un importante período lo no español ubicado más allá de nuestras aguas. El tema es que ese más allá se ubicaba por una parte en las Antillas Holandesas y por la otra en Trinidad. Por lo que “lo no español” se ubicaba en el mejor o peor de los casos a menos de seis millas náuticas de nuestras costas. En este sentido, Venezuela estaba cerca de Europa. El problema en todo caso no fue y no ha sido si estamos lejos o cerca de Europa. El problema pasó a ser primeramente en 1811 y después en 1817 y 1830 sí los venezolanos eran capaces de establecer no en un documento constitutivo sino en la praxis un marco de proyectabilidad a partir de un fundamento productivo, entendiéndose por productivo, la acepción que esta expresión tenía en latín, es decir, producir material e inmaterialmente.
El carácter constitutivo que en sí podría dar una idea de independencia no estuvo dado por la capacidad de autosostenimiento que en sí indica la posibilidad de autoreferencialidad y autoorganización. El carácter constitutivo de la venezolanidad en el año 1811 y después en 1817 y 1830 estuvo dado por el deseo de eliminar la mediación española para comerciar directamente con otros centros de poder indiferentemente de la naturaleza de sus intereses[21]. Los padres fundadores, por decirlo de una manera coloquial, pensaron en crear una estructura política auto-referenciada y auto-organizada, pero para ello era necesario que esta estructura fuera productiva, o mejor dicho auto-sostenible y auto-perpetuante en el más amplio sentido del término. Esta omisión creó las condiciones de posibilidad de reproducir un estado de dependencia agravado por el hecho que, se consideró al Reino Unido como un referente al que había que seguir por causas estratégicas y filosóficas relacionadas con el liberalismo en sentido económico. Así pues, la fortaleza Venezuela se constituyó en el año 1830 como un país dependiente.
Teniendo presente lo antes mencionado, se puede afirmar que la naciente república heredó una estructura de acción determinada por la evolución del dispositivo de defensa español en nuestro país durante la época colonial. Esta estructura de acción, como ya hemos demostrado partía de la visualización del país como una fortaleza. Las necesidades de la guerra de independencia obligaron a los republicanos a cambiar esa visión paradigmática lográndose con ello la adquisición de una capacidad de proyección marítima. Usamos la palabra adquisición y no desarrollo debido a que la necesidad no generó producción ni desarrollo de una capacidad productiva con el agravante que la capacidad existente quedó severamente afectada como consecuencia de la guerra. Así pues, la clase dirigente venezolana, desde el punto de vista marítimo, tuvo que enfrentar dos realidades, una determinada por lo que efectivamente el país era capaz de producir y lo que era capaz de defender. La necesidad de unir estas dos realidades en una sola fue lo que empezó forjar la conducta estratégica nacional sobre todo después de los años cuarenta del siglo XIX, pero en el año 1830, la república de Venezuela, resultante de la separación de Colombia la Grande no tenía la percepción de amenazas externas. 

II.- LAS PRÁCTICAS VENEZOLANAS DE LA DEFENSA NACIONAL EN EL PERÍODO 1835-1856~, DESDE LA PERSPECTIVA DE LA TEORÍA Y LA PRAXIS.

Julio Chacón ha sido enfático en afirmar que es muy difícil hablar de poder naval entre los años 1835 y 1890 debido, en primer lugar, a que este concepto surgió a finales del siglo XIX con los trabajos de Mahan y, en segundo lugar, a pesar del incremento del comercio marítimo y del impacto de la revolución industrial en la actividad marítima, en Venezuela esta actividad fue entregada a las casas comerciales extranjeras que operaban en el país. De igual forma agregó que también era problemático hablar de defensa nacional debido a que si bien, en la teoría hubo una preocupación por la defensa nacional en la praxis, las operaciones navales que se realizaron en el país fueron contra insurgentes y no contra potencias extranjeras, y ahí lamentablemente se fue desvaneciendo la visión ofensiva y defensiva estratégica venezolana, pasando a ser la armada un instrumento del ejército para resolver conflictos locales y sobre todo políticos dentro del territorio. Por este motivo, vamos a examinar, en primer lugar, la praxis de la guerra en el mar, en segundo lugar, cómo se manifestó la diplomacia naval en el país en el período, en tercer lugar, la conducta estratégica nacional desde el punto de vista teórico a la luz de los problemas marítimos venezolanos con las potencias navales del área y, en último lugar, vamos a describir y analizar los medios disponibles en el período.
a.     La Praxis venezolana de la guerra en el mar.
La débil capacidad productiva de la naciente república agravada por el tipo de guerra que se llevó a cabo en el país y la región determinaron la naturaleza y alcance de la defensa naval y la capacidad de proyección marítima venezolana en el mar después del año 1830. Para esa fecha, el país contó con una fragata, dos corbetas, un bergantín, cuatro goletas y tres balandras; pero la escasez de recursos redujo la escuadra a solo dos goletas en el año 1832 según Parra-Pérez (1957). Aun así, sólo en el período 1830-1850 se efectuaron dos grandes campañas navales de importancia[22]. La primera de estas campañas fue el Bloqueo de Puerto Cabello decretado por el General Páez en diciembre de 1835 contra una fuerza naval rebelde durante la Revolución de las Reformas. Este bloqueo se prolongó hasta marzo de 1836 y finalizó con la derrota de los insurgentes.
La otra campaña importante se ejecutó en el año 1848 luego de que las fuerzas que se oponían al gobierno del General Monagas se vieron obligadas a abandonar Maracaibo y refugiarse en el Castillo de San Carlos. Esta campaña se desarrolló desde la Goajira hasta Güiria efectuándose dos encuentros navales de consideración: uno en Los Frailes y otro en Caja Seca, y además se efectuaron operaciones de bloqueo y contrabloqueo y operaciones de proyección de poder sobre la costa desde Capana. La flotilla gubernamental estuvo comandada por el Capitán de Navío José María García, héroe de la Guerra de Independencia y estuvo compuesta por "cinco bergantines y cinco goletas con cuarenta y tres cañones, trescientos marineros y setecientos soldados". La flotilla revolucionaria estuvo comandada por el Capitán de Navío Nicolás Joly y estuvo compuesta por diez barcos "todos superiores a los del gobierno" (Ibíd.:205-213). Esta campaña se prolongó por diez meses y finalizó con la caída del Castillo San Carlos el 31 de diciembre de 1848 y consecuentemente con la derrota de las fuerzas rebeldes.
La pregunta que surge de todas estas operaciones es ¿cómo se pudieron realizar estas campañas navales con medios limitados desde el año 1832? A este respecto es conveniente afirmar que un buque hasta finales del siglo XIX, a no ser en casos específicos, cumplía funciones mercantiles y militares. Ello se debía a la escasez de medios y a que por mucho tiempo los buques que transitaron las aguas del Caribe tenían que disponer de sus propios medios de defensa frente a la piratería. Estos dos hechos comenzaron a producir una especie de especialización que tendría consecuencias en la doctrina y en especial en el adiestramiento naval, es decir, como la artillería era desmontable, generalmente los artilleros se comenzaron a formar con una finalidad dual (tierra y mar) y los marinos se comenzaron a formar sólo en las artes marineras.
La manifestación de esta dualidad en lo concerniente a los buques de la marina venezolana nos la indica Dallett al afirmar que con motivo de la traída de los restos del Libertador de Santa Marta, en el año 1842, la marina venezolana contó sólo con un mercante, la Goleta “Constitución”, a pesar del contexto de prosperidad económica en que se encontraba el país que pudiera haber considerado la necesidad de protección del tráfico marítimo (1970:261). Pero como este comercio internacional era llevado a cabo por las casas comerciales inglesa y estadounidense el mismo marco de liberalidad comercial y su relación con un país que a la sazón era la principal potencia marítima, le dio seguridad a la relación y al tráfico. Entre el período de 1843 y 1846, según Dallett se adquirió otro mercante, el “veintiocho de julio” y se dispuso también de una balandra y dos flecheras (Ibíd.). Los dos mercantes fueron eventualmente armados y usados como guardacostas y posteriormente como buques de guerra y de apoyo de las fuerzas federales usadas para sofocar la revuelta iniciada por José Antonio Páez contra el presidente José Tadeo Monagas. Posteriormente serían adquiridos otros buques como el “Restauración” (que sustituyó al “Constitución”) y junto con este mercante fueron incorporados el “Congreso”, el “Democracia”, el vapor “Libertador”[23]. Este buque elevaría en un peldaño la naturaleza de la guerra en función de los medios empleados dentro de un contexto global de transición tecnológica. El vapor “Libertador” pasaría a ser el buque insignia de la flota nacional y lograría capturar los principales buques de las fuerzas insurgentes paecistas, es decir, los vapores “Scourge” y “General Jackson” (Ibíd.). El acto final de la revolución paecista fue el envío del propio Páez a bordo del “Libertador” a Saint Thomas.

Los aspectos más concluyentes de esa confrontación civil fueron:
·      Para un poder menor desde el punto de vista continental, la maniobra es el único medio para garantizar su supervivencia como fuerza organizada de combate.
·      Esta maniobra en nuestro caso en particular sólo es efectiva si se desarrolla en el espacio marítimo.
·      Para poder derrotar una concepción de maniobra de esa naturaleza de debe contar con una fuerza naval adecuada

Para el año 1850, el país contó con una apreciable fuerza naval, pero Dallett precisó que la principal preocupación fue la manutención y alistamiento de los medios disponibles para que pudiese mantenerse el país en el rango de una nación marítima. Este hecho nos indica que la capacidad existente materializada en el apostadero naval de Puerto Cabello no era suficiente para los medios que estaba comenzando a adquirir el país desde la insurrección del 48. Aun así, Dallett señaló que el “Libertador” permaneció en dique seco de forma casi ininterrumpida lo cual indica de suyo que existió una capacidad instalada. La causa de mantener un alistamiento adecuado se basó en la presunción de la necesidad de vigilar las costas del país frente a una posible nueva intentona paecista. Además del “Libertador”, se contó hasta el año 1854 con los buques “Bolívar”, “Monagas”, “Sucre” e “Integridad” con diversas limitaciones relacionadas con el mantenimiento. Por ello el país comenzó a contratar marinos especializados y a alquilar también buques artillados para la vigilancia costera. Después del año 1854 la incapacidad para garantizar una razonable disponibilidad operacional limitó la capacidad venezolana de usar el mar. Ello hizo que en el año 1859 fuese adquirido el vapor “Venezuela”[24]. Siguiendo a Dallett se tiene que a partir del año 1860 y con la vuelta de Páez al poder se trató de estimular la construcción naval en el país, pero esta no produjo, en su momento, resultados inmediatos (Ibíd.:276). Para el año 1860, Venezuela contó con los vapores “Regeneración”, “Orinoco”, “Unión”, “Venezuela” y “Bolívar” que llegarían a participar en operaciones anti-subversivas contra fuerzas rebeldes federales en Golfo Triste en el año 1859.
El momento de inicio de la guerra federal estuvo marcado por el desembarco de Ezequiel Zamora en Coro en febrero de 1859 quien proveniente de Curazao planificó la toma del poder en Venezuela luego del agotamiento de la era paecista.  Junto con él estuvieron también Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco quienes desembarcaron en Palmasola, cuatro meses después. A parte de las maniobras de desembarco que movieron los medios navales disponibles con resultado favorable a las fuerzas institucionalistas, los combates de Santa Inés y Couplé, indican que el escenario de la guerra fue esencialmente terrestre. La guerra o revolución federal, como también se le conoce, se desarrolló en el espacio de maniobras de acuerdo con la tipología realizada por Codazzi.
Después de la guerra federal, el otro hecho de armas que involucró a la marina de guerra fue el movimiento independentista zuliano liderado por José Venancio Pulgar. A tal efecto, a finales del año 1869 la escuadra nacional fondeó en Maracaibo para pacificar la ciudad (Bracho, 2011:46). Al año siguiente, con la revolución de abril, se instalaría firmemente en el poder Guzmán Blanco, iniciando una nueva era política en el país.
Una vez hecho esta reseña histórica, podemos afirmar que la teoría de esta praxis venezolana en este período estuvo sustentada en una doctrina basada, en primer lugar, en una costumbre que tuvo como fundamento las prácticas navales españolas, en nuestro territorio, anteriores a 1810 y de aquellas operaciones navales que se desarrollaron durante la guerra de independencia y, en segundo lugar, en la experiencia en combate de muchos marinos veteranos de guerra. Para que se tenga una idea, al menos hasta 1848, los conductores de dichas operaciones navales fueron marinos veteranos de la gesta independentista. Por tal motivo Dallett (1970:260) expresó que estos veteranos le dieron a la naciente marina venezolana una tradición naval ante de poseer formalmente una marina de guerra.
Como se sabe, doctrina es una metodología normativizada que persigue la consecución de algún propósito específico. Teniendo este concepto en mente, podemos afirmar que desde el punto de vista marítimo, la doctrina estuvo circunscrita, como ya asomamos, a la práctica marinera y consecuentemente la enseñanza marinera tal como lo ha indicado Bracho en su Iconología Naval Venezolana. En esta obra Bracho (2011) señala entre otras cosas, el inicio de la escuela náutica y de pilotaje de Margarita y Maracaibo y la creación de la escuela naval de Guayana entre los años 1837 y 1843. En el año 1874 se establece la escuela náutica de Caracas (Ibíd.), pero, ¿Dónde y cómo se enseñaban los aspectos específicos de la táctica naval como el corso, el combate en línea o el bloqueo?. Estas interrogantes nos colocan en la posición de considerar las actividades marineras como arte y como ciencia, y nos podría ayudar a dar luces acerca de cómo se mantuvo la conducta operacional venezolana después de la guerra de independencia en el ámbito marítimo.

b.    La Teoría Venezolana de la Guerra en el mar.

Ya hemos indicado qué significa doctrina desde el punto de vista de la práctica marinera. Sin embargo, si consideramos la palabra ‘metodología’ en un sentido más amplio, esta se extiende a todas las actividades en el sentido de cómo éstas se desarrollan y alcanzan el propósito que se ha establecido. Es decir, si consideramos la práctica marinera como punto referencial, podemos decir que esta corresponde a un medio para alcanzar algo que a su vez es un medio cuya causa primera se encuentra en la república. Así pues, la asunción del libre comercio desde una perspectiva política liberal y la necesidad de preservar la integridad territorial y la autodeterminación que constituyeron el fundamento de la república en el año 1830 generó una serie de consecuencias que requieren de una metodología para dar respuestas adecuadas para la consecución del objetivo determinado. Para que se tenga una idea de lo que se está afirmando, la doctrina marítima británica incluye desde la determinación de los intereses marítimos susceptibles de ser defendidos hasta el modo de operar y mantener un sistema a bordo de un buque.  
Teniendo estos aspectos presentes se puede afirmar que Venezuela después del año 1830 contó en el mar con una considerable capacidad de proyección costera, es decir, cercana al espacio fortificado que se fue reduciendo paulatinamente y así como ha insistido Nieves-Croes, existieron un conjunto de instituciones marítimas que velaron por la seguridad de nuestros espacios que fueron producto tanto de la herencia española así como de la evolución necesaria generada como consecuencia del proceso independentista que le dio continuidad a la presencia venezolana en sus espacios marítimos y fluviales. En este contexto, se enmarca el pensamiento de Codazzi.
El pensamiento de Codazzi (1841/1960) fue esencialmente una reflexión acerca de las condiciones de posibilidad de defensa del país un lustro después de la derrota de la Revolución de las Reformas. Para este venezolano la defensa del país consistía en la defensa de su naturaleza, su clima, sus malos caminos, sus desiertos y el “pecho de sus hijos”. Y agregó además que no se podía defender las costas de Venezuela por su gran extensión, “por lo bonancible de sus mares, por los muchos puertos, ensenadas y puntos de anclaje por donde un enemigo puede desembarcar”. Por tal motivo la defensa tenía que hacerse desde el interior, “que ofrece en sus tres zonas, tres líneas de defensa que son la serranía, los llanos y los bosques”. La primera línea de defensa va desde la costa hasta el borde de las llanuras a través de toda la cordillera que va casi paralela a la costa

“Allí está la masa principal de la población, todo el comercio y la agricultura. Esta parte es la más interesante, la que tiene más puntos y posiciones militares, la que es imposible que un enemigo pueda ocupar en toda su extensión, y finalmente, la que ofrece más recursos: se puede llamar el verdadero teatro de la infantería venezolana” (Ibíd.)

La segunda línea de defensa va desde el pie de la serranía hasta el inicio de la selva conformado por las grandes sabanas y constituye el espacio de maniobra de la caballería venezolana. La tercera línea de defensa la constituye la selva que constituye una “barrera inexpugnable a todo enemigo”. Según Codazzi, la forma en que se desarrollaría la defensa se haría por intermedio del apoyo que recibiría la cordillera de la costa por parte de las sabanas y los llanos, un apoyo que no podría ser estorbado por ningún enemigo y los llanos tendrían sus espaldas cubiertas (Ibíd.). Dicho de otra manera podríamos indicar que la cordillera de la costa era percibida por este pensador como el espacio de defensa, las sabanas y los llanos como el espacio de maniobra y la selva como el espacio de resistencia. Con este criterio codazziano podemos examinar el desarrollo de las campañas militares desarrolladas por los oponentes venezolanos entre 1848 y 1850. 
La insurrección paecista del año 1848 comenzó con un repliegue a los llanos para concentrar sus fuerzas. Esta concentración no pudo efectivamente realizarse por la rapidez desplegada por Mariño al mando de las fuerzas monagistas, por lo que Páez buscó un punto de la costa que fungiera como punto de apoyo para lograr una base más eficiente para concentrar sus fuerzas en la segunda línea de defensa. Mientras ello ocurría usó al mar como espacio de protección por la dificultad del país de defender sus costas, por lo que Monagas se vio en la necesidad de desarrollar una capacidad marítima  para proyectarse sobre los insurrectos. De aquí se puede afirmar que Monagas y Páez concluyeron que la única manera de defender las costas fue por intermedio de una armada.
Después del año 1841, hubo además cuatro aspectos que llamaron la atención de las nuevas autoridades: en primer lugar, la necesidad de asegurar la soberanía de los espacios insulares fuera del cinturón fortificado como el archipiélago de Aves e isla Aves frente a los neerlandeses, en segundo lugar, el planteamiento del problema de cómo asegurar los espacios ubicados más allá de la llave estratégica representada por Angostura frente a Colombia y Brasil, en tercer lugar, la preocupación de cómo responder frente a aquel espacio continental ubicado fuera del cinturón fortificado y que había comenzado a ocupar el Reino Unido, específicamente en el territorio ubicado al oeste del rio Esequibo y, en cuarto lugar, la atención a las amenazas provenientes de venezolanos que buscaron subvertir el orden existente en el país. En parte de estas preocupaciones se circunscribe la exposición que dirige al Congreso el Secretario de Guerra y Marina Rafael Castelli en el año 1851[25].
Con respecto a isla Aves, en la exposición de Castelli del año 1851 no se hace ninguna mención. Los problemas se iniciarían formalmente en el año 1854 cuando el Reino de los Países Bajos reclamó su soberanía por formar parte, según sus pretensiones, de la isla de Saba ubicada a 100 millas náuticas aproximadamente.
En relación con el segundo aspecto, es decir, la situación de los vecinos Colombia y Brasil es de mencionar que Castelli, expresó que debe ser de preocupación el dispositivo militar neogranadino en la frontera del Táchira. A partir de esta preocupación este pensador venezolano planteó la necesidad de “igualar” las fuerzas “con el fin de inspirar y conservar el respeto recíproco”. Con respecto a Brasil, este autor señaló que siendo San Carlos el único punto de contacto con el vecino del sur y que los esfuerzos por poblar esa comarca no habían sido exitosos recomendaba el establecimiento de una colonia “semi-militar”. La necesidad de esta propuesta estaba dada por la importancia que estaba cobrando Guayana en relación con hallazgos de importantes lavaderos de oro en el río Caura, el Caroní y en la Corona que en el pasado la denominaron El Dorado.
La preocupación de Guayana permite abordar el tercer aspecto relativo al Esequibo. En este caso Castelli destaca la necesidad de proteger ese espacio y lo hace afirmando que en el pasado la sola mención de la palabra El Dorado, motivo la invasión del mismo. Este espacio no se perdió en ese entonces porque los invasores no habían conseguido nada. Como nos ha señalado Bracho, los invasores fueron Raleigh en 1595, Keymes en 1596, Keymes y Raleigh hijo en 1618, Janson en 1629 (Blanco, 2010), y los ingleses en el año 1739 dentro del marco de la denominada Guerra del Contrabando. Llama la atención que el Secretario de Guerra y Marina no hace ninguna alusión al Reino Unido en la exposición que realiza ante las cámaras en el año 1851 si se considera el tema de los territorios al oeste del río Esequibo. La causa de esta omisión pudo ser debido al papel que jugó la casa Boulton en cooperar para que el presidente Monagas lograra mantenerse en el poder.
Con respecto al último aspecto, el Secretario de Guerra y Marina de ese entonces planteó la necesidad de mantener, dentro de un contexto de limitaciones presupuestarias, la Comandancia de los castillos de San Carlos de Maracaibo y Libertador por un la “necesidad de conservación de la tranquilidad pública”. La importancia de San Carlos se debía a que era el,

“… guardián armado de la entrada del gran lago, comandancia al fin de un hermoso y fuerte castillo, hace de aquel puesto el mando militar más importante de toda la república…”

Igual acotación de importancia hizo de Sinamaica, por estar “continuamente amenazada y aun recientemente invadida por los feroces goajiros…”. La fortificación de esta plaza había quedado abandonada por la insurrección del año 1848 y planteaba la necesidad de retomar nuevamente los trabajos.
La concepción de Castelli (1851/1969), a pesar de la experiencia de la insurrección paecista era de carácter epirocrático. Este carácter se debía a que su foco apuntaba a la manutención del cordón fortificado mediante la propuesta de adquisición de fusiles de pistón y cañones paix-hence para la defensa de costa. En cierto sentido, de lo que se desprende de la exposición realizada al congreso es que mantiene la concepción Codazzi con un foco orientado a Brasil (por el río Negro) y el occidente del país frente a la Nueva Granada en algo que podríamos denominar disuasión estratégica convencional. En este sentido, Castelli comenzó su exposición afirmando lo siguiente:

“El que quiere la paz, debe prepararse para la guerra: esto se ha dicho en todos los tiempos con demasiado fundamento; y se puede añadir con no menos verdad: que las naciones como los individuos están sujeto a humillaciones y sufrimientos en razón inversa a sus fuerzas materiales; de aquí la necesidad en ellas de estar armadas en la proporción en que estén sus vecinos, en cuanto lo permitan su población y sus facultades; la de estarlo por lo menos con fuerzas iguales y de aun ostentar sus fuerzas” (Ibíd.).

Si bien es cierto la existencia de problemas presupuestarios heredados antes de la guerra y agravados como consecuencia de esta, la pregunta que surge al respecto es, ¿por qué no se hizo algún tipo de intento para impulsar el desarrollo de las capacidades marítimas del país y hubo que esperar al decreto de Páez del año 1860?.

Para el año 1860, Venezuela estaría sumergida en la guerra federal, por lo que la preocupación de la clase dirigente del país fue la de mantenerse o tomar el poder. Sólo en el año 1866 fue adquirido un vapor que se le dio el nombre de “Libertador” y en ese mismo año, el comandante y su tripulación, toda de origen inglés, desertó y llevaron el buque a Trinidad. El vapor sería devuelto posteriormente. Este vapor presumiblemente participaría en la pacificación de Maracaibo en el año 1869.
Con el nuevo desembarco de Guzmán Blanco en Falcón en el año 1860 podemos afirmar que lo que hemos denominado como la fortaleza Venezuela se comenzó a visualizar como vulnerable desde el punto de vista marítimo con el agravante de la existencia de dos enclaves extranjeros frente al territorio: uno en la desembocadura del rio Orinoco y otro frente a la cuenca del lago de Maracaibo. De igual forma se planteó la necesidad de redimensionar el papel de los ríos, en especial la red del Orinoco, entendidos como canales de movimiento al sur del país para asegurar la defensa nacional. Esta vulnerabilidad se corroboró en primer lugar, por la diplomacia naval practicada contra Venezuela por el Reino de los Países Bajos en el año 1849, y por Francia y el Reino Unido en las décadas subsiguientes. Estos actos tuvieron su origen en causas internas propiamente. En el caso neerlandés, sus acciones se iniciaron, en primer lugar, por las amenazas que sufrieron las islas holandesas por el apoyo que los insurgentes venezolanos habían recibido de sus gobernantes y, en segundo lugar, por el supuesto perjuicio que tuvieron comerciantes judíos radicados en la ciudad de Coro por parte de nacionales venezolanos, obligándolos supuestamente a recurrir ante el Gobernador de las islas holandesas para que intercediera ante el gobierno venezolano. Con esta justificación, los neerlandeses aprovecharon las circunstancias para reclamar la posesión de isla de Aves. A pesar del pago que tuvo que realizar el estado venezolano, después de haberse resuelto la disputa en un tribunal de arbitraje, Isla de Aves continuó siendo parte del territorio nacional asegurándole al país un amplio espacio de mar en el mediterráneo americano gracias a la evolución posterior que ha tenido el derecho del mar[26]. El acto de diplomacia de cañoneras realizado por Francia y el Reino Unido a partir del año 1858 se inició como consecuencia de la caída del presidente de Venezuela en ese entonces General José Tadeo Monagas. Este General se refugió en la legación francesa y luego de una serie de errores cometidos por el nuevo gobierno para tratar de apresarlo, los galos junto a representantes británicos solicitaron una satisfacción por la ofensa a las que fueron sometidos los primeros. Como los franceses e ingleses no obtuvieron respuesta, el puerto de La Guaira fue “visitado” por cinco buques de guerra y luego de detener varias embarcaciones, el gobierno venezolano dejó salir al depuesto presidente poniendo fin a ese problema (Blanco, 2004)[27]. Estas “visitas” se repetirían posteriormente para cobrar deudas contraídas por la república durante la guerra de independencia.
Los actos de diplomacia de cañoneras que comenzó a sufrir el país en ese período iniciarían el proceso de modelaje de la conducta estratégica venezolana. Las citadas acciones generaron una respuesta acorde con las capacidades disponibles, pero no se crearon o desarrollaron las condiciones productivas que evitaran o al menos redujeran la posibilidad de ocurrencia de una situación amenazante sobre todo si se tiene presente que ya en ese momento histórico existían problemas territoriales con importantes consecuencias marítimas. A este respecto, habría que examinar qué llegó a ser el apostadero de marina de Puerto Cabello después de la guerra de independencia en términos productivos para entender cómo esta entidad podría haber generado las condiciones de posibilidad de erigir una industria nacional que constituyera un trampolín para el desarrollo. Este examen nos va a permitir introducirnos en el tema de la conducta estratégica nacional y analizar consecuentemente, la evolución del pensamiento acerca de la defensa desde Codazzi hasta Castelli para finalizar describiendo y analizando los medios disponibles en el período. ….

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[1] En el texto de González Guinan aparece la expresión “poder marítimo”, pero si  se considera que su obra de quince tomos la comenzó en el año 1891 y la finalizó en el año 1915 y que la referencia usada corresponde a los últimos tomos es de suponer, al menos que se demuestre lo contrario, que lo escrito por González Guinan es contemporáneo con el realizado por Díaz.
[2] Ver al respecto: Bracho (2005 a y b).
[3]Los supuestos fundamentales del sistema mercantilista fueron, en general, los siguientes: los metales preciosos constituyen la medida más valiosa de la riqueza de una nación; aparte de la extracción de minerales, el comercio  es el medio principal de acumular metales preciosos en forma de numerarios; como consecuencia de lo anterior hay que favorecer las exportaciones y reducir las importaciones, establecer colonias para garantizar provisión de materias primas y asegurar mercados de productos terminados (Barnes, 1987:326)
[4] Los fractales son entidades matemáticas que están por todas partes. Por sus cualidades son difíciles de definir porque no todos cumplen con las mismas características. Sin embargo, poseen algo en común, es decir, son el producto de la repetición de un proceso geométrico elemental que da lugar a una estructura final de una complicación extraordinaria. Hay muchos objetos de la naturaleza que, debido a su estructura o comportamiento, son considerados fractales naturales aunque no lo parezcan: las nubes, las montañas, las costas, los árboles y los ríos. En lo que se diferencian de los fractales matemáticos es que éstos son entidades infinitas. El padre de esta nueva manera de concebir matemáticamente la naturaleza fue primeramente G. Julia y posteriormente, B. Mandelbrot. (DyG, 2008).
[5] Estas llaves abarcaban desde la Florida, las Antillas mayores, Centroamérica hasta Cartagena de Indias (Ibíd.:39).
[6] Ver también: Bracho (2005a) y Blanco (2004).
[7]Bracho al respecto ha hecho una importante recopilación acerca de las incursiones realizadas contra el territorio que hoy se conoce como Venezuela. En esa recopilación ha indicado que en al menos en veinticinco oportunidades nuestras costas fueron atacadas de forma localizada o simultánea por importantes fuerzas francesas, neerlandesas o inglesas. Ver al respecto: Bracho (Blanco, 2010:17). Sobre la pérdida de las Antillas Holandesas ver al respecto: ArteHistoria, “Holandeses: guerra de la Sal y contrabando” en http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/1591.htm.. Y sobre la pérdida de Trinidad ver: Zapatero (1990)
[8] Sin embargo, es de destacar que Dallett (1955) expresó que el comercio entre Filadelfia y la Guaira databa de 1797, “cuando Carlos IV ordenó que se abrieran los puertos de la Capitanía General de Venezuela para recibir los víveres y las municiones norteamericanas. Esta orden del monarca fué dada a raíz de la guerra europea, que afectaba sobremanera la economía española de aquellos tiempos. El primer barco que zarpara de un puerto venezolano llegó a Filadelfia en 1798. Venía de La Guaira y sus depósitos estaban cargados de algodón, azúcar y corcho peruano”.
[9] Ver al respecto: Blanco (2004) y Rivero-Blanco (2013).
[10]Esta afirmación sugiere la implantación de una estrategia acorde con las necesidades de guerra que bien podría categorizarse como de guerra prolongada y en este sentido es conveniente destacar que la guerra de corso fue una de las prácticas más empleadas según Franco (2009) y Pérez (1992). El corso patriota se caracterizó por enmarcarse dentro de tácticas dilatorias “fiados en la mayor movilidad de sus naves y la escasez de embarcaciones españolas...”,“...con el fin de que el tiempo y el mar dejasen a los españoles desprovistos de buques” (Ibíd.:264 y 268). Ciertamente los patriotas tuvieron plena conciencia de las limitaciones de los realistas en cuanto a medios, pero si se considera que los medios navales patriotas eran de proveniencia privada, institucionalizada por una patente de corso, la necesidad de preservar la empresa como medio de sustento era un imperativo funcional y de ahí se pudiera presumir la prudencia en realizar combates directos contra unos enemigos dispuestos a acabar la insurrección por cualquier medio.
[11] En el año 1813 la fragata Venganza, condujo a mil soldados a Puerto Cabello (Blanco, 2004).
[12] Ver también: Díaz (2009).
[13] Hay que recordar que para el momento del estallido de la guerra, se estaba constituyendo en Europa una importante coalición anti-napoleónica que tuvo en el mismo bando a España, el Reino Unido y los Países Bajos, por lo que estos territorios, para efectos de la guerra que se libraba en tierra firme eran más o menos neutrales. De ahí la importancia de Haití como lugar de proyección de las operaciones navales bolivarianas.
[14] Piar expresó que la Guayana era “la llave de los llanos, es la fortaleza de Venezuela... ella por su posición está en contacto con los países extranjeros y con todo el interior; ella está cubierta y defendida por un muro más fuerte que el bronce, por el Orinoco, ella, es en fin, el único territorio de Venezuela que exento de las calamidades de la guerra anterior nos ofrece recursos para proveernos de lo necesario, y el único punto de defensa que podemos elegir, así para establecer nuestros almacenes, como para tener un asilo seguro si la suerte nos redujese al último término. La ocupación de Guayana debe ser, pues, con preferencia, el objeto de nuestros esfuerzos. Sus ventajas son incalculables, y los males que produciría el dejarla a nuestra espalda  son conocidos de todos los venezolanos”. La importancia del corso fue tan relevante que el Contralmirante francés Jurien de la Graviere afirmó que esta guerrilla naval, hizo perder sólo a Francia veintitrés buques destinados al comercio en un solo año motivando la presencia de una escuadra francesa en Puerto Cabello para resolver “diplomáticamente”, estas perturbaciones al tráfico marítimo. Ver al respecto: Blanco (2004). Laborde, expresó que para corregir los problemas derivados del corso instrumentó a partir del año 1821 un sistema de convoyes entre Puerto Cabello, La Guaira, Puerto Rico y Saint Thomas para minimizar las posibilidades de pérdidas comerciales más allá de lo grave que ya fueron (Chaves, 2009:233).
[15]La campaña del sur se inició en Angostura, luego del Congreso Constituyente, para lo cual se remontó el río Orinoco y el Arauca, para cruzar la región más septentrional de los Andes. Luego de Boyacá, una parte de las fuerzas patriotas navegaron el río Magdalena dirigiéndose al norte ganando la costa, liberaron Cartagena de Indias y siguieron al este desembocando en el lago de Maracaibo por mar, mientras que otros lo hacían desde el este por tierra y mar.
[16] Ver al respecto: Rodríguez (2014).
[17] Si bien es cierto que pudo haber sido posible que la monarquía española pensase en recuperar sus dominios, también es cierto que el absolutismo monárquico entraría en crisis después del año 1817 y ello reduciría la capacidad militar ibérica para emprender grandes operaciones fuera de la península.
[18] El intento de captura lo realizó la corbeta “General Soublette”. Ver al respecto: Barroso (2002).
[19] En este sentido, hay que recordar que las costas venezolanas fungieron como un área de concentración de la escuadra combinada franco-española que iba a ejecutar la captura de Jamaica en el año 1782 (Blanco, 2004). Como se sabe esta operación no se llegaría a realizar por la derrota que sufriría una escuadra francesa de complemento en el estrecho de Los Santos. Al respecto, Mahan (1890/2011), señaló que con esta batalla, el Reino Unido se convertiría en la principal potencia marítima mundial hasta la elaboración, al menos, de su obra Influencia del Poder Naval en la Historia…
[20] Ver al respecto: “CNS María Francisca-1822”. [Documento en línea]. Disponible: http://oceania.pbworks.com
[21] Así se tiene que, para el año 1825-1827, Colombia comerciaba café con el Reino Unido, tal como se desprende de la reseña realizada por Cartay (1996) sobre la crisis económica mundial de 1825, que deprimió económicamente a la Gran Bretaña, reduciendo el precio del quintal del café en Venezuela de 11 pesos
a 7,50, cuando el costo de producción del quintal oscilaba en torno a los 9 pesos. De igual forma, Dallett (1955), por su parte indicó que para el año 1822 los puertos de La Guaira, Puerto Cabello y Maracaibo estaban repletos de comerciantes extranjeros, ingleses, alemanes, daneses, franceses y norteamericanos. En  ese año el joven John Dallett “ingresó en la firma Rivero, de Caracas, para vender los soldaditos de plomo, las
muñecas y el jabón que fabricaba su padre en Filadelfia. Para 1826 se trasladó a La Guaira, donde John Boulton comerciaba entre Venezuela e Inglaterra cognac, café, añil y cacao.
[22] También, en ese período se envió una fragata a Haití para persuadir, dentro del marco de la diplomacia de cañoneras, al gobierno de ese país para que dejase de apoyar a los insurrectos de la “Revolución de las Reformas” (Blanco, 2004).
[23] Según Dallett, este buque fue puesto fuera de servicio en el año 1850 y fue sustituido ese mismo año por otro vapor de 370 Toneladas (1970:272).
[24] Este buque contó con dos cañones giratorios de hierro de veinticuatro libras, ochenta largos chuzos de abordar, veinte cortos y cien machetes, según Dallett (1955).
[25] Ver al respecto: Presidencia de la República (1969).
[26] En 1854, la goleta de guerra “Falcón” desalojó de isla de Aves a las compañías de guano estadounidense (Ibíd.:46). En 1855 también se repitió el mismo episodio, agregándose además el desalojo del bergantín “Mary Elizabeth” por la goleta venezolana “Monagas” por explotar guano en “Los Monjes”. También ocurrió en el año 1859, pero en la Blanquilla. En 1863 se persiguió el barco neerlandés “Anna Elizabeth” por navegar en aguas territoriales a la altura de punta Macolla.
[27] Según Dallett, uno de los buques venezolanos fue hundido durante el bloqueo, pero no especificó su nombre (1970:276).