domingo, 29 de enero de 2012

VENEZOLANOS DE HIERRO, BUQUES...



“Hombres de hierro…”, ha sido un notable esfuerzo de Jairo Bracho por hacer históricas las vivencias publicas de un grupo de marinos venezolanos que prestaron servicios desde los años finales del siglo XIX hasta el inicio de la década de los años sesenta del siglo XX. Las virtudes personales de estos hombres dejaron una huella tal que a pesar que los avatares de la política ocultaron sus acciones públicas en olas sucesivas de sedimentos de demagogia, la consistencia de estos sedimentos ha sido tan débil que permitió su fácil remoción para hacer que se mantenga presente su labor y su legado a las nuevas generaciones. En este sentido este libro es un levantamiento arqueológico de gran alcance tal como se desprende del revisionismo que ha surgido del mismo seno de la Armada venezolana. Al respecto, los miembros de la marina de guerra venezolana han intentado, de manera general, entender el por qué de las vivencias del presente y qué nos espera en el futuro por venir echando primeramente una ojeada al pasado cercano de nuestro país para posteriormente hacer una reflexión de naturaleza ontológica que permita mejorar su función pública dado los retos que actualmente estamos enfrentando.

De manera particular, el autor ha destacado como virtudes, después de un riguroso proceso de revisión de expedientes, documentos oficiales y otras fuentes históricas, el ser-guerrero, ser-revolucionario, ser-servidor público, ser-conductor de militares y civiles. Para Bracho estas virtudes pueden ser tenidas como dignas de ejemplo para las nuevas generaciones. Pero, ¿Cómo estas cualidades que en el pasado sirvieron en un país que estaba en proceso de constitución pueden ser destacadas hoy en día si las circunstancias son diferentes? ¿Por qué la acción pública de estos hombres en un periodo histórico turbulento puede ser resaltada cuando las turbulencias del presente indican que las concepciones del mundo que hoy día nos determinan y no están circunscritas a un espacio geográfico especifico denominado Venezuela?

Aquí habría que hacer un paréntesis.

Venezuela desde sus inicios revolucionarios en los tempranos días del siglo XIX siguió un proceso que onticamente la condujo de una república a un Estado cuya clase dirigente representada emblemáticamente por el gomecismo redujo los focos de resistencia de grupos de venezolanos que lucharon por rescatar en cierta forma el origen republicano del país. Esta lucha parece mantenerse aun vigente pero gracias a la asociación de los conceptos de república y democracia.

El Ethos en una sociedad republicana es la virtud. Este hecho se evidencia en las obras de la  mayoría de los autores de obras políticas desde la antigüedad. En el presente, Paolo Virno tomo las categorías políticas desarrolladas por Arendt para tratar de entender el significado actual del concepto de virtud a partir del carácter público y no publico del virtuosismo.

Como se sabe la expresión virtud denotaba originalmente a todo ser humano capaz de permanecer entre el más y el menos, es decir, en la moderación prudente tanto en la poiesis como en la praxis. En la modernidad esta expresión ha sido entendida como el ánimo y el coraje para obrar bien. Teniendo en cuenta lo precedentemente señalado, Virno expreso que la actividad de los virtuosos se caracteriza por ser "una actividad que se cumple -que tiene sus propio fin - en si misma sin objetivarse en una obra perdurable, sin depositarse en un producto terminado, o sea algo que sobrevive a la interpretación. En segundo lugar, es una actividad que exige la presencia de los otros, que existe solo a condición de que haya un público". Para este autor, la acción política es virtuosa por ser productiva y todo virtuosismo es esencialmente político. Pero, por otro lado existe otro tipo de actividad que aun siendo virtuosa y está relacionada con la producción, no es pública.

La importancia de esta acotación estriba en el hecho que en "Venezolanos de hierro, buques..." estamos frente a la presencia de unos hombres virtuosos que ejecutaron acciones políticas y otros que ejecutaron acciones cuyo efectos políticos se puede visualizar en un segundo o tercer grado que podríamos denominar no-publicas. Así pues, Delgado-Chalbaud, Vegas, Larrazabal entre otros, realizaron actos políticos enmarcados en la poiesis cuyo alcance fue de conocimiento público. Y Picardi, Palmieri, Rivero Núñez, Ghersi Gómez, por ejemplo, fueron hombres públicos que ejecutaron obras políticas no-publicas pero cuyos actos fueron trascendentes. En el medio de la acción pública y no-publica se encuentran otro grupo de profesionales como Pellicer, Sosa Ríos, Taylhardat, Pérez Alcántara, por citar algunos, cuyos actos políticos fueron netamente militares. Es posible que Bracho haya omitido sin querer otros profesionales, pero se intuye que, en primer lugar, los mencionados en esta obra obedecen a una intencionalidad sobre la que se tratara más adelante, en segundo lugar, esta libro de por sí, se presenta como una obra no acabada.

Ahora, ¿Que tienen en común estos hombres que actuaron públicamente en momentos distintos de una historia venezolana caracterizada por la consolidación del Estado, es decir, la consolidación en el poder de una clase dirigente que actuó a expensas de la comunidad política llamada Venezuela?

La respuesta a esta interrogante es muy controversial. Estos hombres han estado conscientes de la naturaleza marítima del ser-venezolano y fueron consecuentes al luchar por el retorno a ese origen desde sus diversos campos de batalla. Sus formas de lucha fueron actos de resistencia que variaron desde los intentos por construir una república hasta el de crear una plataforma marítima para recuperar un espacio marítimo que fue cedido por las clases dirigentes de turno para perpetuarse en el poder.

La intención de Bracho en este contexto es entonces rescatar del olvido la labor de estos marinos venezolanos que en circunstancias adversas lograron hacer una contribución para el bienestar de la polis venezolana y hacer, en consecuencia, que su memoria sirva como horizonte para la acción de los marinos del presente y del futuro. En el plano moral esta intención persigue proponer un "deber ser" que sirva de guía para la acción. ¿Por qué Bracho abordó este tema en las circunstancias que hoy día estamos viviendo? ¿Por qué es necesario rescatar del olvido la labor de estos hombres? Al parecer, el autor está observando carencias que la acostumbrada apelación a los mitos de nuestra gesta independentista no puede subsanar y están relacionadas con una pérdida de rumbo que nos ha apartado de la esencia de nuestra profesión: el mar. Como la armada venezolana no se construyó en una década, habría que hacer un diagnostico de cómo se produjo ese proceso de desviación que ha obligado a traer al presente las vivencias de treinta y ocho venezolanos.

Esta intencionalidad permite entonces retomar las preguntas realizadas al inicio de este prologo relacionadas con la pertinencia actual de "Venezolanos de hierro, buque..."

El aumento de la asertividad de los venezolanos ha venido aparejado con el aumento de la conciencia política de una gran parte de la humanidad que esta clamando por un mundo mejor. Los venezolanos a los cuales Bracho se ha dignado de destacar fueron hombres normales que estuvieron entre el más y el menos. Ellos siguieron una línea de universo que se hizo diferente por estar sumidos en un contexto de cambios que hicieron de su obra algo trascendente. Las líneas de universo de estos hombres en algún momento de nuestra historia se cruzaron o se acercaron lo suficiente para crear planos de consistencia que favorecieron la constitución de rizomas, estructuras a-centradas, sin jerarquía unidas por un nexo, una afiliación común: los espacios acuáticos.

La armada venezolana es producto de la constitución de un plano de consistencia establecido en los mismos orígenes de nuestra venezolanidad que en un periodo de nuestra historia se convirtió en raíz a partir de una idea de trascendencia de diferentes tonalidades que creó una estructura de poder que ha regido el país durante dos siglos en perjuicio de todos. Los hombres aquí recordados fueron hombres normales cuya parusía se produjo cuando entendieron la significación de los espacios acuáticos para Venezuela por efectos de su profesión naval. El evento trascendente se produjo cuando, desde diferentes estaciones de combate, estos marinos entendieron en el tiempo el divorcio histórico de la clase dirigente nacional con nuestra esencia marítima.

La gravedad de esta situación, y esta parece ser otra de las preocupaciones de Bracho, es que los espacios marítimos, así como el aéreo y el de las ondas son los espacios donde hoy en día se juega el futuro de la humanidad debido a que la tendencia es que tengan dueños, dejen de ser espacios libres, comunes, para convertirse en lugares privados. Esta tendencia es la que permite conectar a los espacios marítimos con la idea de la cosa pública, res-publica, republica y la democracia debido a que la condición sine qua non de una cosa pública es su pertenencia a todos. La lucha por la que se empeñaron estos treinta y ocho venezolanos fue la de construir una plataforma por medio del cual pudiéramos ser-estar en los espacios acuáticos. El ser-estar es lo que permite afirmar que esos espacios son comunes y por lo tanto de todos y para ser-estar en los espacios comunes hay que conocerlos. Así pues, si la esencia de la venezolanidad es lo acuático, las virtudes destacadas en esta obra son actos de fe en aras de construir un mundo mejor.

Entonces, lo que es de destacar de estos venezolanos cuya memoria ha rescatado Bracho, es su pro-fesión en y para el mar y no hay nada más normal que hacer un acto de fe por lo inconmensurable, lo desconocido, ligarse a algo que signifique la construcción de algo común.

La acción pública de estos hombres debe ser destacada como ejemplo a seguir porque así como sus actuaciones fueron efecto de un acto de fe, pro-fesión, esta profesión se externalizo como un modo de ser y hacer que ha permitido a los marinos venezolanos de hoy en día ser-estar en los espacios acuáticos y es un deber moral hacer que en el futuro este ser-estar sea posible para las nuevas generaciones.

Consecuentemente, el propósito de Bracho con esta obra es invitar a los marinos venezolanos y a los venezolanos, en general, a religarse con el mar para tener futuro. Para ello se ayudó de una expresión, al parecer, surgió en una hora menguada de la España marítima: “Hombres de hierro, buques de madera…”, pero lo que precedió a esta expresión fue otra no menos significativa: “honor sin barcos”… la esencia de las armadas no son los buques… es el espíritu que hace que esos buques nos permitan ser-estar en los espacios acuáticos.