martes, 14 de julio de 2015

PROLOGO DEL LIBRO: ANTONIO PAREDES. UN GUERRERO IDEALISTA ESCRITO POR GUSTAVO SOSA LARRAZABAL

 


Pensar la vida y muerte del General Antonio Paredes en la Venezuela de inicios del siglo XXI, es traer al presente nuevamente la vivencia de un sujeto en un país que asemejando a Sísifo ha intentado hacerse república en varios momentos históricos. La vivencia de este venezolano se caracterizó por su esfuerzo en contribuir a la reconstrucción de un país cuyo orden se encontraba en crisis debido a que el modelo que lo rigió se encontraba en una fase de descomposición política. Esta situación histórica en nuestro país a finales del siglo XIX permite examinar la vivencia de ese venezolano para tratar de comprender por qué Gustavo Sosa ha hecho un importante esfuerzo intelectual para traer de nuevo al presente la vida de este personaje.

 Antonio Paredes. Un Guerrero Idealista es una obra que puede ser examinada desde tres perspectivas, en primer lugar, la del carácter de ese venezolano para emprender acciones que tuvieron la política como objeto,  la de las causas que lo llevaron a su muerte prematura el 15 de febrero de 1907 y la del énfasis del autor en hacer histórica la vida de un venezolano en un momento trágico en la historia del país como el que estamos viviendo hoy en día.
 
            En relación con su carácter, Sosa nos muestra en Antonio Paredes una formación republicana cultivada por el hecho de ser descendiente de unos de los héroes de nuestra gesta independentista como lo fue el General en Jefe José de la Cruz Paredes. Esta herencia marcó la vida de nuestro personaje en el hecho que tanto su padre como él fueron, por una parte, inspirados por la vida y obra de este héroe decimonónico y, por la otra, se consideraron llamados a mantener y reconstruir un orden político que le habían legado. El momento culminante que destaca el autor en la vida de nuestro personaje lo constituyó la defensa y posterior caída de Puerto Cabello ante las fuerzas castristas debido a que pasó de ser un militar leal y defensor del orden existente a la de un militar-político que frente al desmoronamiento moral de la clase gobernante tuvo que convertirse en un sujeto constituyente para tratar de darle al país un referente que evitara la tragedia que el castrismo-gomecismo representó para el país en las décadas subsiguientes.

Muchos autores han afirmado que un estoico es un amo de sí mismo, pero con una libertad sin realidad y a pesar de que puede alzar su Ser hasta alcanzar el infinito, normalmente pierde su sustancia en el camino por los avatares del destino, es decir, esa infinitud que Sosa ha tratado de resaltar. El propósito que marcó el hecho de que Antonio Paredes se convirtiera en un ‘sujeto constituyente’ me obliga a explicar qué significa esta expresión para ayudar a entender cómo ese ser infinito que Sosa ha traído al presente tiene pertinencia para nosotros los venezolanos en la actualidad.

Un ‘sujeto constituyente’, es un Ser que al mismo tiempo es un productor, es un político y a su vez un guerrero. Un Ser-productor es aquel que es capaz de producir y reproducir sus medios para la vida. Ahora, qué refiere la expresión ‘producir’. Producir proviene de la palabra pro-ductum que significaba llevar, conducir hacia delante, avanzar, alargar, extender, hacer crecer, educar formar, elevar. Era, originalmente y en cierta manera un Ser extendido material e inmaterialmente. Materialmente a partir de un cuerpo y de lo que de él emana como producido, es decir, bienes de cualquier naturaleza e inmaterialmente a partir de las ideas que se hacen códigos de prácticas individuales que permiten ex – sistere, en el sentido heideggeriano o hacer presencia si se quiere en el sentido spinoziano del término, afectando por esas dos vías a otros seres que permiten con ello hacer comunidad.

Producir es crear entonces las condiciones materiales e ideales, en el sentido espiritual-racional del término, para perseverar en la propia existencia individual y en un espacio público. El espacio público es el espacio donde se desenvuelve la comunidad política. Este espacio debería coincidir con la república y esto fue lo que intentó reconstruir Paredes de acuerdo con lo señalado por Sosa. Paredes, de lo que se desprende del trabajo que se está presentando, produjo ideas y ejecutó acciones para generar comunidad, por lo que se puede afirmar que nuestro personaje fue un ser meditativo y de acción característico de un hombre virtuoso cultivado no sólo en el espíritu republicano tal como ya hemos indicado, sino también por un proceso auto-formativo que lo llevó a Europa y Estados Unidos. Este proceso auto-formativo, expresión de un cultivo de sí, en concordancia con la sabiduría estoica, estuvo orientado a la comprensión de las implicaciones entre los acontecimientos que llevaron a su patria al estado de descomposición política en que se encontraba y aprehender la aquiescencia existente entre naturaleza y adhesión a un bien referido, en nuestro caso, al alma y a su tierra natal.

Un Ser-político es aquel que es capaz de coadyuvar a crear y sostener una comunidad política dentro de una contextualidad determinada por la necesidad de ser con otros (con-ser). El planteamiento de Paredes, como Ser-político no fue el de un ser que buscó reconstruir un Estado que se estaba deshaciendo como consecuencia del fin del liberalismo amarillo. De lo que se desprende del escrito de Sosa es que Paredes repensó a Venezuela como el espacio político republicano donde cada integrante pudiese expandir sus potencialidades para producir nuevas formas de vida desde la perspectiva material e inmaterial y la incapacidad de lograrlo hizo que se expresara en nuestro personaje el Ser-guerrero. Esta incapacidad que se comenzó a evidenciar antes de la derrota de Puerto Cabello al no poder convencer al presidente de Venezuela sobre las amenazas que se cernían sobre la república se hizo patente cuando entre 1903 y 1907 no pudo persuadir a la población para acompañar su proyecto político.

Esta incapacidad nos coloca en el segundo aspecto de nuestro examen, es decir, las causas que llevaron a la muerte a nuestro personaje. Si bien es cierto que Paredes gozó de una libertad que sólo era posible en un espíritu estoico, la realidad sobre la cual meditó y actuó para hacerla acorde con un ideal que las luchas fratricidas habían pulverizado nos demuestran que nuestro personaje fue un asceta del acontecimiento que llevó a nuestro país a una senda que nos ha colocado en la crisis que hoy día estamos viviendo. Así pues, si la sabiduría estoica se fundamenta sobre una ética de la ascesis que se resume en una expresión de Epicteto que contiene tres palabras: ανεχον και απεχου (“abstente y soporta”) para vivir conforme a la razón y en armonía con la naturaleza, Sosa ha logrado establecer un punto cero para la realización de un análisis histórico acerca de lo militar y lo político en la Venezuela de inicios del siglo XX con miras a pensar en el militar venezolano de las próximas generaciones. Esta afirmación nos lleva a examinar a Paredes como un Ser-guerrero.

Pero, ¿por qué Ser-guerrero y no ser militar? En la Venezuela de inicios del siglo XX esa diferencia era imperceptible debido a que el país existía una guerra entre venezolanos, a pesar de que en ese momento funcionaban escuelas de formación militar para los venezolanos garantes del orden instituido. Pero un guerrero utiliza la guerra como instrumento de la política dentro de un contexto determinado por la producción de nuevas formas de vida y un militar es aquel que es formado para la guerra convirtiéndose ipso facto en instrumento del Estado. Con esta diferenciación podemos entender eso que históricamente se ha llamado despectivamente como "montonera", es decir una manera directa de opacar al guerrero mediante la institucionalización formal realizada por el Estado. De ahí la importancia de atribuirle a Gómez el papel de fundador del ejército nacional en sentido moderno aunque la propia historia del país ha demostrado que eso no fue así como se ha querido inculcar. No era posible destacar la figura de un guerrero republicano frente a un militar institucional formado en el más puro sentido pretoriano para servir a una tiranía para su propia conservación. Más que fundador del ejército nacional, Gómez fundó el partido militar que gobernó el país hasta el año 1945 y retornó al poder en el año 1998.

Un guerrero era y es formado a partir de una capacidad productiva que determina la forma de hacer política y se autoforma en la medida en que de manera autodidacta adquiere los conocimientos relativos a la guerra desde esa capacidad productiva. Este aspecto relacionado con la formación y la auto-formación es importante tenerlo en cuenta debido a que la formación militar como una actividad estaba en proceso de cristalización a escala mundial y este proceso se estaba gestando en un contexto de cambios sociales generados por la revolución industrial. Por ello, podemos consentir, en concordancia con Sosa, que Paredes en el país, encarnaba el zeitgeist de la época, en lo que concierne al ideal del soldado republicano, pero, en unas circunstancias adversas y ello en sí mismo lo convirtió a él en un auctor, es decir, un autor, un modelo, un maestro que valoró una acción y situación impulsando a obrar, y un hombre que trató de promover y fundar una república. Estas cualidades que generaron no sólo aceptación para gobernar las acciones de otros venezolanos, al menos en el campo militar, también generó auctoritas en el sentido que el kairos que produjo a partir del cultivo de si y de su resolución frente a la adversidad, paso a ser una perturbación en las relaciones de poder existentes en el momento histórico considerado, por lo que el poder imperante buscó suprimir las causas que provocaban los desequilibrios existente significando, en consecuencia, la supresión de las anomalías existentes. Antonio Paredes fue una anomalía en la Venezuela de inicios del siglo XX y su sacrificio fue expresión del conocimiento del plan que le había asignado la providencia.

El kairos, que hoy día se conoce como carisma era, dentro de un contexto signado por la formación republicana de Antonio Paredes, expresión de un virtuosismo porque comprendiéndose al ser como ser-productor-político-guerrero, en el caso del Paredes de Sosa, éste constituyó una amenaza para los antagonismos presentes en ese momento histórico debido a que significaba la gestación de otra manera de entender la política en Venezuela. Ello permite explicar porque la vida de este personaje fue interrumpida y explica además, porque Sosa se ha empeñado efectivamente no solo en hacer histórica la vida de Paredes, sino también, y ello es lo que se desprende de la lectura de este ensayo, establecer un concepto de virtud en la Venezuela del siglo XXI basada en la capacidad para producir los medios para la vida como condición de posibilidad para la creación de formas de hacer políticas y formas de defensa por intermedio del cuidado de sí mismo desde lo que podríamos denominar un cultivo de sí orientado a la producción de formas de vida, y consecuentemente, formas de defensa material e inmaterial.

De lo que se desprende del escrito de Sosa es que por intermedio de la imagen de Antonio Paredes se puede visualizar cómo comenzó a cambiar, en primer lugar, la forma de hacer la guerra producto de la revolución industrial y, en segundo lugar, la figura del militar, que pasó a ser visto como un sostenedor de un orden político indiferentemente de que su naturaleza pase a estar cuestionada por la dinámica de las circunstancias, como actualmente hoy en día estamos viviendo. Entender a Paredes como un Ser-guerrero desde la reflexión de Sosa es preguntarse ¿qué es ser militar y qué es ser político en el mundo de hoy?

Por último, Sosa en la introducción de su ensayo explica por qué ha buscado hacer histórica la vida de un venezolano en un momento trágico en la historia del país como el que hoy en día estamos viviendo. Es ilustrativa la signatura que para el autor representó la obra de Ramón J. Velázquez, La Caída del Liberalismo Amarillo – Tiempo y Drama de Antonio Paredes. Nuestro autor al efecto ha destacado tres fechas que marcan los periodos de memoria y olvido en relación con nuestro personaje histórico. La primera es 1972, relacionada con la pacificación del país luego de una década de lucha subversiva y un año antes del inicio de lo que se llegaría a conocer como la Venezuela saudita durante el gobierno de Rafael Caldera. La segunda el año 1993, un año después de los intentos de golpes de Estado que sacudieron al país y año en que después de un turbulento proceso político Rafael Caldera regresara al poder. La tercera fue el año 2010, momento en que el país después de un década de gobierno militarista y autoritario, y disponiendo aun de la mayor bonanza económica, estaba comenzando a vivir su hora menguada por la incomprensión del espíritu de la época que padeció la clase gobernante venezolana de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

¿Cuál ha sido la naturaleza de esta incomprensión? Todos los cambios políticos acaecidos en Venezuela, con muy pocas excepciones, han sido denominados revolucionarios. Una revolución en sí significa regresar a un origen o iniciar algo nuevo como nos lo ha indicado Hannah Arendt. Pero revolucionar en un mundo en constante cambios, como lo ha demostrado nuestra historia, es fijar en un punto una realidad cuando todo el mundo más allá de esa miope realidad marcada se está moviendo. Esa es la naturaleza de la incomprensión: querer fijar una sociedad por ansias de poder cuando la dinámica de los tiempos está signada por el movimiento en un contexto de co-implicación que permite expresar complejidad.
 
El cultivo de si le permitió a Paredes comprender la naturaleza del tiempo histórico que estaba viviendo la humanidad y el lugar que Venezuela ocupaba en ese proceso y una inteligencia acuciosa como la de Velázquez pudo captar en el año 1972 la encrucijada en que el destino había colocado a Venezuela. No en balde fue este Velázquez el venezolano que le entregó el poder a Caldera en el año 1993 en la mayor soledad que puede tener un hombre que sabe el rol histórico que está desempeñando como tuve la oportunidad de percibir, en lo personal, de forma directa en una conversación que tuve con él en Puerto Cabello antes de las elecciones presidenciales de ese año casualmente acerca de la obra que motivó a nuestro autor. Quizás, Velázquez estuvo buscando en ese entonces un Paredes, así como Sosa casi veinte años después emprendió su propia búsqueda. El caso es que los resultados alcanzados por Sosa, como ya hemos asomado, han creado las condiciones de posibilidad para pensar el perfil del militar y del político venezolano una vez se inicie el proceso de reconstrucción de la república. Por ello no queda más que invitar a navegar dentro de sus páginas para que usted, lector se forme su propio juicio de una realidad venezolana signada por el eterno retorno.