jueves, 31 de enero de 2013

IDEAS SOBRE LA TÁCTICA EN EL ÁMBITO NAVAL VENEZOLANO DE LUDWIG VERA ROJAS


Articulo publicado en el Correo de la Armada y en la revista Ambito Cívico MIlitar. El propósito del autor es fomentar la discusión de temas navales.



La idea es una producción de la razón en su intento por encontrar explicaciones a lo que ocurre, a lo que se observa y tales explicaciones surgen con la experiencia. La idea puede basarse en la sensación (lo que se percibe desde el exterior) o en la reflexión que genera información en nuestra mente (González, 2001). En este sentido, lo que se trata con este artículo es tomar como base teórica ideas sobre la táctica para que a través de un análisis hermenéutico se logre que el lector llegue a una idea de la táctica -sea por sensación o por reflexión-, que no pretende ser concepto sino una orientación del conocimiento y de la racionalidad al momento de pensar para el hacer, es decir, planificar y que en el caso de la Armada Bolivariana tal idea tenga sustento en la definición de táctica que plantea su Concepción Estratégica de febrero del 2008.

Táctica de flota, un texto que fue y sigue siendo referencia

A decir de Hughes (1986), a raíz de los grandes avances tecnológicos acaecidos en el siglo XX, algunos sistemas navales quedaron obsoletos como consecuencia de la innovación tecnológica. El almirante Hayward, quien escribió el prólogo del libro de Hughes afirma que “(…) tal como en la época de Nelson, todos los elementos tácticos deben combatir como equipos cohesionados, y las tácticas deben integrar en conjunto la mejor forma de acción posible a ser aplicada por unidades individuales” (P. xii). Esto implicaba -para este almirante- tomar en cuenta medios basados en tierra y en el espacio; sin embargo, más allá de los problemas para mantener y disponer de complejos sistemas de armas listos para el combate (adquisición, actualización, mantenimiento de sistemas  y el apresto militar apropiado), hay que tener conciencia de las lecciones que lo histórico puede brindar para servir cual “segundo violín”[1] ante cualquier necesidad.
En virtud de lo anterior, plantea interrogantes como: qué sería la profesión del marino de guerra si no fuese táctica, táctica y más táctica, pues, “nada inspira más excitación en el marino que la oportunidad de manifestar su conocimiento sobre el buque y los sistemas de armas para demostrar su potencial máximo de combate”. Estas palabras muestran la importancia que tiene para el marino de guerra el hacer en concreto como expresión de sus habilidades y destrezas.
Ahora bien, al relacionar esta perspectiva con la idea de táctica establecida en febrero del 2008  en la Concepción Estratégica de la Armada venezolana, se puede inferir que el empleo de medios -cualesquiera se tengan disponibles y sin limitaciones- está referido a la maniobra, y ésta debe requerir del toque innovador del hombre táctico para propiciar acciones dentro de un marco racional distinto al que el enemigo normalmente usa. Lo antes expuesto entrelaza los conceptos de estrategia y de táctica con la visión de Hughes; entrelazamiento que resulta coherente, concordante entre ideas sobre la táctica, por lo que resultan versiones compatibles del asunto.
También plantea Hughes “Cinco piedras angulares”, es decir, cinco aspectos cruciales acerca de la guerra en el mar, pues según este autor estos han afectado tanto de manera general como en lo particular las tácticas navales de acuerdo al análisis histórico que realiza en su libro. A continuación una síntesis de éstas piedras angulares, realizada por quien escribe para sus clases y conferencias.

El gráfico anterior plantea lo siguiente:
a.               El ser humano es lo más importante (Hughes, Ob. Cit.: P. 26), ya que la táctica es un asunto de la mente que la concibe y la ejecuta, en el que “debajo de la razón está la pasión y el daño mortal” (Ibídem), a lo que se le suma el caos que en el campo de batalla se produce. A raíz de esto es que se requiere del liderazgo y de otros aspectos que menciona como descriptores de una de las piedras (aspectos claves).
b.               La doctrina como guía de la táctica (Op. Cit.: P. 28-32). Sobre este aspecto plantea Hughes que la doctrina es una manera -en el ejercicio del comando- de controlar las fuerzas con la escritura antes de la acción militar. Aquí es claro que se refiere al pensar para hacer (planificar) en procura de unos objetivos físicos y efectos deseados que se les asocian (la acción que recae sobre lo físico y sus consecuencias); pensar para hacer que se plantea bajo una unidad de criterios, políticas y procedimientos que deben gobernar la acción en procura de garantía de éxito. Sin embargo, este autor considera que dos puntos importantes deben tenerse siempre presente: el primero, que la doctrina es vital y el segundo, que a pesar de ello no debe convertirse en un dogma.
En relación con esto último, Blanco (Op. Cit.: P. 196), expresa que hechos históricos y navales resultan ser casos en los que el manejo de medios se hizo partiendo de un enfoque centrado en la doctrina, entendida ésta “a partir de cómo el  hacer condicionaba el pensar en función de una conducta estratégica normativizada” en situaciones de conflictos que considera convencionales. Blanco explica que no siempre lo previsto en manuales -como medios de comunicación de la doctrina- y su aplicación rigurosa, va a producir el cambio de una situación según se desea; es decir, hay que tener presente que la doctrina no siempre es la mejor respuesta o la orientación correcta hacia la forma de acción que resuelve un problema militar-naval. Agrega que la doctrina puede predecir resultados cuando se opera “dentro del mismo lenguaje y bajo un mismo esquema de racionalidad” (Ibídem).
Lo importante de esta piedra angular -la doctrina- y que coincide con Blanco, es que “la doctrina es el procedimiento de operación estándar que el comandante creativo adapta a las exigencias del combate” (Hughes, Ob. Cit.: P. 31). En este caso, el de la visión de Hughes sobre la táctica, la creatividad está relacionada con la adaptación de la doctrina según la circunstancia, mientras que para la Armada Bolivariana según su Concepción Estratégica (Op. Cit.: P. 13), la creatividad está relacionada con ese ámbito que genera el concebir la estrategia como el “aprovechamiento deliberado” de circunstancias en un escenario dado, generando nuevos marcos de racionalidad”; lo que equivale a decir que es necesaria la creatividad para concebir el aprovechamiento de una oportunidad porque se obtiene una solución a partir de un enfoque distinto al del enemigo y que para Blanco es el real origen de la asimetría.
c.               Todo táctico debe dominar el conocimiento sobre los sistemas de armas de los que dispone como medios para el combate. Es razonable que esto también implique conocer los del enemigo -los medios del adversario- para determinar de la mejor manera posible sus capacidades; algo que es vital en la determinación de las Posibilidades del Enemigo (PEN), durante la fase de análisis de la situación del Planeamiento Naval Operativo.
d.               La historia naval revela que las batallas navales entre flotas son raras (Hughes, Ob. Cit.: P. 33), siendo más común el empleo de las flotas para operaciones de desembarco, soporte de operaciones en tierra (proyección del poder naval a tierra), y la protección del tráfico marítimo. Por esto, el objetivo final siempre está en tierra.
e.               Cómo la gran máxima de la táctica está “atacar efectivamente primero” (Op. Cit.: Pág.: 34-39). Ésta es más que un principio de la ofensiva (ataque); ella “debe ser considerada la verdadera esencia de una acción táctica de suceso[2] en el combate naval” (P. 35). Hughes explica que un ataque efectivo es el que produce una superior concentración de fuego sobre el enemigo, lo cual hay que hacerlo antes que el enemigo y mediante armas de mayor alcance, sacando ventaja con la maniobra o en una hábil sincronización sobre la base de una buena exploración. También expresa que lograr esto ha sido “enredo y queja” en todas las tácticas navales, es decir, no ha sido fácil (algo que Clausewitz denominó la neblina de la guerra).
En cuanto a los Principios de la Guerra, cabe plantear que un principio es una “idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta”, pues, es razón fundamental sobre la cual procede (DRAE, 2002: en línea), y sobre estos Hughes expresa que presentan debilidades, por tanto:
a.               Los principios deben tener excepciones ya que muchos de ellos están en conflicto entre sí (concentración con economía de fuerza, seguridad con sorpresa, etc.), además, son pocas las listas de principios según la nación y su Fuerza Armada, que están en orden de prioridad.
b.               Normalmente estos están reducidos a una  “palabra clave”, como por ejemplo “concentración”, “seguridad”, entre otros; pero, una palabra no es un principio; éste es un “un enunciado de verdad general” (Ibídem).
c.               Los principios de la guerra, sin ser interpretados, no distinguen la estrategia de la táctica.
d.               Tampoco distinguen estos entre el combate terrestre y el naval.

La táctica desde el nivel de la Estrategia Operacional

Para Pertusio (Op. Cit.: P. 12), en el nivel táctico los procedimientos militares -de origen empírico- tienen cabida en un cien por ciento. Agrega también este autor que la formación de los oficiales es táctica (casi que exclusivamente), además, estos a lo largo de su carrera adquieren una cultura táctica con la que se desempeñan en su profesión[3].
Sobre este particular Vera (2009), expresa en su investigación doctoral que siendo la táctica -es decir, el hacer en concreto- lo que inicialmente ocupa el oficial y por un relativo largo tiempo, resulta que al planificar y hacerlo a los niveles estratégico-operacional y estratégico, tiende a entrar en especificidades en el plan que van más allá de lo que es necesario conocer por parte del comandante subalterno, a quien corresponde pensar tácticamente para ejecutar las acciones. Esta tendencia implica -en la praxis- poner limitaciones a los comandantes subordinados al momento de generar ideas, imaginar, considerar formas de acción para cumplir la misión del superior.
Cabe mencionar que Pertusio expresa -en concordancia con la postura de Hughes- que la evolución de los sistemas de armas se “mide sustancialmente en lo táctico, imponiendo nuevos procedimientos, modificando los existentes, o, cuando menos, invitando a su revisión” (Ibídem). A lo cual agrega que los nuevos sistemas de armas no impactan de la misma manera en la estrategia operacional y mucho menos en el nivel estratégico.
En relación con lo antes expuesto Pertusio (Op. Cit.), manifiesta que en el nivel táctico impera el comportamiento algorítmico, en virtud de lo cual quien planifica compara cuantitativamente los medios que dispone; pero, debiese incluir valoraciones cualitativas, las cuales abarcan un espectro muy amplio “que va desde la moral del combatiente a los aspectos de conservación de material y grado de complejidad  de los sistemas de armas” (P. 18), sin que se descuide la idoneidad y el adiestramiento. En este sentido, este autor afirma que “el comportamiento táctico es una especie de lenguaje que se corresponde con una combinación gramatical numérica y cualitativa” (Ibídem), a lo que agrega que los principios y modelos tácticos son formulados conforme a los resultados que da la experiencia, por lo que el comportamiento táctico adquiere así -en su estructura y diálogo- cierta rigidez condicionante.
Cabe señalar que el Comandante Operacional, quien es el superior del Comandante Táctico, “inventará una maniobra” (Ibídem) estratégica operacional (que a su vez deriva de una maniobra estratégica), que resulta la esencia de la estrategia operacional y expresa el despliegue inicial de fuerzas para el combate conforme a un plan. Esto lleva a preguntarse cómo se relaciona la estrategia operacional, como nivel intermedio, con la táctica.

La táctica en relación con la generación de nuevos marcos de racionalidad

Una “acción táctica” es una acción a ser llevada a cabo por una fuerza, grupo o unidad de acuerdo a una doctrina específica (Pertusio, Ob. Cit.: P. 32). Tal acción, en el marco de una operación, resulta ser un evento, y con ello se hace mención del espacio-tiempo como concepto en su aplicación en la guerra. Sobre este aspecto Blanco (Op. Cit.), acota que un evento es cualquier fenómeno que ocurre en el espacio-tiempo y éste define un cono de luz en ese espacio-tiempo representado matemáticamente en cuatro dimensiones; lo anterior, desde el punto de vista militar-operacional, el espacio y el tiempo se expresan en lo que se ha denominado “espacio de combate”, el cual, por cierto, ha tendido a hacerse global (P. 137).
Lo anterior implica que en lo táctico, es decir, en el hacer en concreto, en la acción específica que conseguirá un fin, el espacio-tiempo se manifiesta en la separación del espacio geográfico y del tiempo para maniobrar. Así, en una acción bélica, táctica, en la que ella junto a otras representan una operación y ésta, a su vez, a una maniobra operacional, la cual obedece -también, a su vez- a una maniobra estratégica, se impone que el espacio-tiempo tanto en lo estratégico como en lo operacional y táctico es todo totalmente delimitado, pues el espacio-tiempo está constreñido por la secuencia y la duración; es decir, se impone desde lo estratégico hacia lo táctico el orden[4] en que deben suceder los eventos, así como el tiempo horario en el que deben desarrollarse, lo que define el “espacio de combate”.
Partiendo de la interrogante -planteada por Blanco (Op. Cit.: P. 138)-, sobre “cómo entender al hombre tanto que generador de eventos”, equivale a considerar al ser humano en lo táctico como un generador de eventos; vale decir, el hombre táctico es un generador de eventos. Esto resulta congruente con lo afirmado por Blanco cuando expresa que “un evento (el hombre) es capaz de producir otros eventos para su conservación” (Op. Cit.: P. 143).
Aunado a lo anterior, el ritmo[5], la cadencia[6] y la duración [7] de un acto de guerra están condicionados en la actualidad a la posibilidad de controlar el espacio donde se pretende o permite doblegar la voluntad de un adversario mediante la liberación de la energía necesaria, donde el esfuerzo que conduzca al logro del objetivo de una guerra es limitado en virtud de la gran cantidad de medios que deben ser desplegados en un espacio específico (Blanco, Ob. Cit.: P. 156). Esto es parte del condicionamiento de todo acto, evento. Así se tiene que:
La liberación de energía está condicionada por la combinación de movimiento y armas de proyección y su propósito es destruir o dislocar la organización para el combate del adversario. De ahí expresiones como guerra de movimiento o guerra relámpago (…)
(…) el espacio de combate es la expresión de la delimitación de un espacio, donde en un tiempo determinado se va a liberar la cantidad de energía necesaria para provocar un cambio de circunstancias que facilite la obtención de un fin político mediante la destrucción de toda forma organizada de combate y ello puede implicar la destrucción del espacio que la contiene (Blanco, Ob. Cit.: P. 158).
Es a partir de lo anterior que se llega a la idea de táctica expresada en la Concepción Estratégica de la Armada (febrero 2008). Así, la mente es el primer espacio de combate que actúa y responde en función de los medios existentes. Tal espacio de maniobra es el mundo todo; mundo éste construido a partir de un sistema de referencias donde la comparación hace el juego entre el más y el menos[8]. De la mente la guerra se expande al espacio geográfico como trabajo y hacia el resto de los espacios abstractos como actos de coerción y destrucción (Blanco, Ob. Cit.: P. 159). Lo anterior ocurre al pensar para hacer, es decir, planificar.
Metaestrategia y metatáctica: reflexiones
Blanco (Op. Cit.: P. 174), explica  que las expresiones “estrategia” y “táctica” si bien tienen su origen en la Grecia antigua, fue en realidad a inicios del siglo XIX que pasaron a adquirir los significados que mantienen en la actualidad; significados que obedecen a los “modos de ser” -lo que implica los “modos de pensar y hacer”- de quienes habiéndolos instituidos habían perseguido alcanzar objetivos de diversa índole. Lo anterior para Blanco (Ibídem), es una evidencia de “un proceso de evolución e interiorización de conceptos en función de la historicidad del cómo estos han pasado a ser parte de las vivencias de quienes lo han aplicado históricamente”. Pero, sobre la base de lo expresado por Hardt y Negri (referidos en la Ob. Cit.), Blanco manifiesta que ambos conceptos pueden haber perdido su significación moderna y contemporánea. A continuación se presenta una síntesis del las reflexiones que hace este autor sobre el particular, reflexiones que tienen como fondo los cambios que ha sufrido la comunidad internacional y el contexto turbulento que caracteriza al mundo actual.
Fue en 1998 que en la Armada venezolana se concretó la primera Concepción Estratégica Naval a raíz de “inquietudes personales relacionadas con la esencia de la profesión naval” (Op. Cit.: P. 176). Los esfuerzos que esta concepción orientó permitieron que para el año 2000 fuese aprobado un Plan Estratégico de la Armada (PLESAR) para ser ejecutado en los siguientes diez años, que si bien para el año 1996 ya existía un plan estratégico, es este del 2000 el que se concibió a partir del cómo se concebía el accionar de la Armada y sus lineamientos estratégicos para tal fin a partir de una nueva carta magna que supone un cambio en las estructuras del Estado. Sin embargo, este PLESAR del 2000 se había planteado a partir de “la conservación de los medios navales existentes dentro de un escenario internacional que era discrepante con lo enunciado en los conceptos estratégicos naval y nacional” (Ibídem), así como discrepantes con los cambios políticos que ocurrieron en Venezuela a partir de 1999. Otro problema que subyacía en tales cambios fue que el país “pasó a ser un escenario de confrontación política en momentos en que se estaba operando también un cambio de la naturaleza de la guerra” (Ibídem).
Hechos ocurrieron en los años 2002, 2003 y 2004, en los que el gobierno logró victoria político-estratégicas que lo obligaron a instrumentar políticas y estrategias que permitieran generar una doctrina para la acción que facilitara la concreción de la defensa de la nación en cualquiera de sus formas y a partir de ello es que surge un Concepto Estratégico Militar (2004), un Concepto Estratégico de Defensa Integral (2004) y la Concepción estratégica Naval del 2005. También surgió una nueva Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional (2005), la cual se modificó en el 2008.
Sobre la base de los aspectos antes referidos y otros hechos, Blanco afirma que una evidencia de lo anterior es que “la estructura de defensa que se está instrumentando es para defender el territorio continental dejando en segundo plano el tema de los intereses marítimos” (Op. Cit.: P. 177). Lo anterior equivale a expresar que la importancia del mar para Venezuela como exportador de petróleo, entre otras cosas dependientes del mar, no es tal o no es coherente con la forma en que se está concibiendo la maniobra de defensa del territorio, que si bien -como afirma Hughes- el objetivo final siempre está en tierra, también resulta una afirmación el que cualquier proyección de fuerza sobre el territorio venezolano seguramente tendrá un componente naval, quizás, más que desde cualquier frontera terrestre.
Si bien lo antes descrito pareciese tener connotación estratégica, es decir, ser algo estratégico, el plano del hacer en concreto -el nivel táctico- no escapa de la influencia de lo antes descrito, ya que, por una parte, la mente es campo de batalla y con ello el modo de pensar y de hacer del hombre táctico resulta un objetivo físico sobre el cual habrá un efecto deseado y, por otra parte, lo que hace el hombre táctico supone que se derive de un plan definido a priori[9], en el que se plantea la maniobra estratégica, los objetivos estratégicos y se establece un espacio-tiempo para la acción (lo que se concibe a nivel estratégico condiciona al hombre-táctico)
Vera (Op. Cit.), en su estudio sobre la planificación en la Armada desde la perspectiva de la complejidad, plantea que ésta -la complejidad- se vive esencialmente en el análisis de la situación porque es precisamente allí que en el equipo de planificadores-investigadores se plantea una dialéctica que intenta describir la realidad en la cual y para la cual se planifica con el fin de lograr un cambio expresado en una misión (el efecto deseado -objetivo abstracto- que recae sobre un objetivo físico a través del cumplimiento de una tarea o acción). Ese proceso dialéctico puede tener resultados distintos en términos de planteamiento de Formas de Acción Propias (FAPs) para lograr el cambio y de selección de la mejor Forma de Acción que lo lograría.
Lo anterior plantea que al planificar, sea en el nivel que sea, durante el análisis de la situación o diagnóstico lo que ocurre es precisamente lo expresado por Blanco y que dio por resultado que como estrategia ésta sea definida como “el aprovechamiento deliberado de los acontecimientos ocurrentes en un escenario de actuación dado generando nuevos marcos de racionalidad” (Blanco, Ob. Cit.: P. 198).
Ahora bien, cómo sería la táctica desde una lógica compleja lo define Blanco a partir del significado original del término, que en griego estaba relacionado con “ordenar o poner en orden una cosa” y que en el ámbito militar era el arte o la técnica de formar, ordenar, disciplinar un ejército y desplazarlo en presencia del enemigo de manera efectiva en función de los fines de la guerra (Ibídem). A partir de lo anterior, si la estrategia es el arte de concebir nuevos marcos de racionalidad, entonces la táctica es a partir de ello “el uso de los medios en ese ámbito creativo donde no hay límites en el uso de dichos medios, ni límites de medios” (Op. Cit.: P. 199).
Ambas definiciones nos llevan a que la doctrina se entienda de manera más flexible; es decir, las técnicas establecidas para operar puedan dar cabida a nuevos usos de los medios y al empleo de nuevos medios en un esquema que también da cabida a la intuición; todo esto en el contexto de un marco referencial que es distinto al del enemigo y que, en consecuencia, saca a éste de un modelo o esquema de movimiento y de un espacio-tiempo distinto. Es aquí donde realmente está la asimetría.
Los conceptos anteriores son los que se manejan en la Concepción Estratégica de la Armada de febrero del 2008 (construyendo lo social). Lo que plantea el uso de ideas sobre estrategia y táctica que se enmarcan en un intento por conocer, desarrollar y asumir un nuevo pensamiento militar venezolano que se adapte a la realidad del Estado y del mundo.
En este sentido cabe preguntarse cómo generar nuevos marcos de racionalidad. Lo anterior implica pensar para hacer -planificar- a partir de improntas culturales distintas (diferenciadoras); pero, en esencia, distintas a las del enemigo, ya que en la práctica de lo que se trata es de dislocar el sistema de referencia de éste, tanto en lo estratégico como en lo táctico. El asunto es que la estrategia y la táctica son la misma cosa y éstas deben facilitar la movilidad y generar más movilidad a partir de una nueva subjetividad.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Armada Bolivariana: Concepción Estratégica de la Armada, febrero 2008 (Construyendo lo social). Comandancia General de la Armada Bolivariana. Caracas, febrero 2008.
Blanco, E. (2010): Espacio-tiempo y la guerra. Ensayos sobre política y estrategia marítima. Editorial Panapo. Caracas.
Comando Estratégico Operacional: Concepto Estratégico Militar para la Defensa Integral de la Nación. Ministerio del Poder Popular para la Defensa. Caracas, agosto 2011.
González, Juan Carlos (2004): Diccionario de Filosofía. Editorial EDAF, S.A. (2ª edición). Madrid.
Hughes, W. (1986): Táctica de flota, teoría y práctica. Instituto Naval de Publicaciones. Annapolis.
Real Academia Española (2001): Diccionario de la Lengua Española. Vigésima segunda edición. Disponible: http://buscon.rae.es/draeI/.
Pertusio, Roberto (2000): Estrategia Operacional. Instituto de Publicaciones Navales. Buenos Aires.
Vera, L. (2009): La planificación en la Armada venezolana desde la perspectiva del pensamiento complejo [Tesis doctoral]. Universidad Yacambú. Barquisimeto.



[1] Posibilidad alterna o que secunda
[2] Éxito.
[3] El hombre con experiencia en combate, en el hacer en concreto, en la ejecución de las acciones que conducen al logro de un objetivo según un plan, se hace en esencia “táctico”; lo que influirá en su pensar para hacer, especialmente cuando debe hacerlo estratégicamente.
[4] La secuencia.
[5] La velocidad en que suceden las acciones.
[6] La secuencia.
[7] El tiempo calendario en que ocurren las acciones.
[8] Lo que se asemeja, se aproxima a un modelo, patrón, norma o descripción que establece un deber ser o un ser.
[9] Un plan estratégico-militar, con una maniobra estratégica ya definida.