viernes, 25 de agosto de 2017

REFLEXIONES REPUBLICANAS. LUGAR COMÚN: SOBRE EL SER-MILITAR VENEZOLANO


Antes que nada tengo que agradecer a Lugar Común la oportunidad de conversar con ustedes acerca de un espinoso tema, el militar. Lo hago en honor a un colega de la escuela de filosofía de la UCV, el profesor Jorge Machado que actualmente es un preso político así como todos los presos políticos que al menos desde el año 2014 tratan de reconstituir la república, incluyendo entre ellos a Luis Ojeda Pérez a la luz de los últimos acontecimientos que hemos estado presenciando.
Antes que nada quiero aclarar que las fuerzas armadas venezolanas tal como actualmente existen deben desaparecer. Ahora si deben crearse otras o no dentro del contexto nacional o global actual o "encerrarlas en los cuarteles" como han dicho algunos voceros políticos son aspectos que me parece deben ser reflexionados serenamente debido a nuestra particular condición en tanto que seres humanos y a la misma realidad que nos determina. Por ello, mi propósito es abrir a la comprensión el ser-militar en Venezuela, si se quiere desde una perspectiva ontológica, para introducir otro enfoque en las discusiones que hasta el presente se han generado acerca de qué debe ser un militar en la nueva Venezuela republicana.
Para ello voy a dividir el conversatorio en cuatro partes: 1) tratar de responder qué refiere la expresión 'militar' desde el punto de vista etimológico y cómo ha sido su evolución, 2) examinar la relación del militar con la política y cómo se ha presentado esta relación en Venezuela, 3) explicar cuáles son las tendencias globales: militar post-heroico, profesional de seguridad y finalmente 4) cómo se podría pensar el ser-militar en una nueva Venezuela republicana.
Sobre la expresión ‘militar’.
Qué refiere las palabras milicia, militar o milico, dicho de manera despectiva. La palabra militar proviene del latín ‘militia’ que proviene de la palabra 'miles'. Esta palabra es la raíz de 'milite'. 'Milite' es el acusativo de 'mille' que tiene una connotación numérica y que en los orígenes de Roma indicaba la organización cívica para la defensa: 1000 hombres a pie. Pero además de esta connotación 'mille' refiere el número con que un herbáceo, el 'millo' era sembrado dentro de su estructura productiva. Con lo cual de la organización de la producción de un medio para la vida se derivó otra relacionada con la defensa. La ocurrencia de los actos de defensa determinó si esta estructura era temporal o más o menos permanente. Es decir, la temporalidad de la amenaza indicaba si se organizaba una milicia o se mantenía organizada una milicia armada de forma permanente.
Como se puede inferir ahora las poblaciones sedentarias se defendían de otras. La forma en que lo hacían ha sido difícil de precisar en la historia. Hay autores como John Keegan que se han dedicado al estudio de poblaciones guerreras como los yanomamis para comprender los orígenes de las formas de hacer la guerra. La guerra en este sentido se produce como un acto de defensa frente a una agresión para evitar o minimizar un daño deliberado.
Aquí podemos tomar dos aspectos que van a marcar la naturaleza de la organización militar: por una parte, producción y defensa y, por la otra, organización temporal relativa a la milicia y organización permanente relacionada con las fuerzas armadas que podemos llamar regulares.
Los romanos tuvieron fuerzas armadas regulares de forma permanente, pero cuando desapareció el imperio se retornó a la figura de las milicias. En España las milicias operaron cuando estaban realizando la reconquista e incluso la forma en que se organizó la conquista del nuevo mundo fue en base a la organización de milicias denominadas 'fecho de mar'. Esta organización de milicias permaneció en Venezuela hasta el inicio de la independencia. Las organizaciones militares permanentes resurgieron a partir de las órdenes de caballería. De estas órdenes surgirían los emprendimientos militares y el cuerpo de oficiales. En España se establecieron cuando comenzó a asumir un rol imperialista en Europa y en el resto del mundo.
Me interesa destacar este momento histórico porque frente a las organizaciones militares permanentes y agresivas, Maquiavelo propuso una organización de milicias para la defensa dentro de una organización política renovada tendencialmente republicana que estaba en concordancia con la estructura de producción de la época. Como se sabe, Maquiavelo reflexionó dentro de un contexto renacentista donde las instituciones políticas no habían sido capaces de adecuarse a los cambios sociales que estaban acaeciendo. Pero en el otro lugar donde floreció el renacimiento en Europa fue en los Países Bajos. En los Países Bajos por necesidades derivadas de la revuelta contra los españoles, la defensa se organizó también de acuerdo con la estructura de producción en unas condiciones ambientales muy adversas que favorecieron la conjunción de saber teórico y el saber práctico. Según Wiep van Bunge uno de los artífices de esta conjunción fue Mauricio de Nassau. El tercer elemento que fue integrado a esta relación entre saber teórico y práctico fue la instrucción.
En paralelo al conflicto hispano-neerlandés estaba acaeciendo otro acontecimiento de gran significación como lo fue la Guerra de los Treinta Años (GdlXXXa) alemana, que el año 2018 su inicio cumple su cuarto centenario. Su importancia fue que, además de consolidarse el Estado-nacional moderno con el Tratado de Paz de Westfalia en 1648,
·         Surgieron las fuerzas armadas nacionales permanente en contraposición a los cuerpos de milicias y los cuerpos mercenarios. Su artífice fue Gustavo Adolfo de Suecia.
·         Se articuló la producción y la defensa mediante el sistema de aprovisionamiento. Sus artífices fueron los franceses Dubois y Letelier. 
Así pues, la estructura de defensa del Estado-nación fue el efecto de la articulación de la producción y la conformación de cuerpos militares permanentes instruidos y profesionalizados dentro de una unidad política más o menos uniforme. Con la excepción de la revolución francesa que en sí inició la democratización del proceso de decisión de ir a la guerra, esta situación se mantuvo más o menos estable hasta que se prohibió que la guerra fuese usada para la solución de controversias a nivel internacional y surgiera la guerra revolucionaria planteando la necesidad de entender la relación de los militares con la política.
En Venezuela, la génesis de la formación militar se produjo en el año 1810 con la creación de la escuela de matemáticas y la escuela náutica. Su matriz hispánica es incuestionable. La formación se sistematizó a partir del año 1813 cuando se adoptaron los principios doctrinarios napoleónicos del General P. Thiébault y cuando se asimiló la doctrina militar anglosajona. Posteriormente, la fuerza armada nacional con los criterios de unidad nacional e instrucción se establecería firmemente a partir del año 1911 en pleno régimen gomecista. Pero la articulación de la instrucción y profesionalización en una fuerza armada nacional no se relacionó con la producción en el país por diferentes causas. Con este hándicap se puede inferir el papel que jugaron los militares venezolanos en el desarrollo del país sobre todo después del año 1945. Con esto podemos pasar al segundo punto de la disertación.
La relación del militar con la política y cómo se ha presentado esta relación en Venezuela.
Después de la Segunda Guerra Mundial Samuel Huntington reflexionó en su obra El Soldado y el Estado acerca de la relación de los militares con la política y al efecto concluyó afirmando que ellos eran unos administradores de la violencia para los fines del Estado. Su foco estuvo centrado en la subordinación de los militares a la política. Posteriormente, Amos Perlmutter usó los conceptos huntingtoneanos para establecer unas categorías que nos van a permitir entender la situación en Venezuela.
Según este autor existen tres tipos de militares: el profesional, el pretoriano y el revolucionario. Esta tipología se fundamenta esencialmente en la relación del tipo de militar con la política. El profesional tiene una baja inclinación a la participación en política, su adhesión es al Estado y es conservador. El pretoriano tiene una inclinación permanente y continua a participar en política, su adhesión es a la nación, el partido, al Estado y es materialista. El revolucionario tiene una inclinación a participar en política, y tiene la ideología del partido. La tendencia es que el revolucionario se convierta en profesional. Y este junto con el profesional tiende a ser los más eficaces en la guerra.
Con esto podemos afirmar ahora que la fuerza armada nacional venezolana, al menos desde el año 1835, fue pretoriana en el sentido que participó directamente en la política. A partir del año 1958 y hasta el año 2005 siguió siendo pretoriana pero bajo la figura de guardián y árbitro de la política. Con ello la pregunta que surge es ¿por qué los militares tienen que preservar o cambiar el orden político y no los ciudadanos?
En el año 2005 se produjo un giro con lo que se denominó “Nueva doctrina militar venezolana” que buscó de forma deliberada convertirla en una fuerza armada revolucionaria. Su objeto fue constituir un cuerpo militar eficaz para la defensa. Pero cómo quedó la producción. Para hablar de este tema hay que aclarar que aparte de los problemas fronterizos y el bloqueo que sufrió el país en el año 1902, la articulación producción y defensa sólo se comenzó a considerar cuando en la Segunda Guerra Mundial se instalaron en el país dispositivos de defensa aeronavales estadounidenses para proteger la incipiente industria petrolera, por lo que podemos decir que la relación Estado y fuerza armada nacional se mantuvo en el país para mantener el orden y la defensa de la capacidad productiva quedó a manos de la estructura de defensa de occidente. Claro hubo momentos en la década de los años sesenta y ochenta del siglo pasado en que la fuerza armada nacional formó parte de esa estructura.
A partir del año 2002 comenzó a cambiar todo cuando se publicó la ley Orgánica de Seguridad de la Nación debido a que la seguridad y la defensa se orientaron al modelo de desarrollo. En el año 2007 se declaró que el modelo de desarrollo es socialista y eso se ratificó con el denominado Plan de la Patria actualmente en curso con el apoyo del fraudulento proceso constituyente comunal.
Así pues, con una fuerza armada venezolana altamente politizada y un modelo de desarrollo orientado a la construcción del socialismo, la seguridad y la defensa nacional quedan circunscritas a la construcción y defensa del modelo. Por ello, los militares venezolanos construyen el modelo al participar en la actividad productiva y la defienden con sus medios. Sabemos que este modelo de desarrollo es producto de la iniciativa de un proyecto transnacional cuyo foco se encuentra en el Foro de São Paulo. Ello explica porque hay personas que han indicado que la fuerza armada nacional actúa como una fuerza militar de ocupación para la defensa de intereses extranjeros.
La participación de los militares en la actividad productiva de la manera como acaece en el país no es nueva. Fue aplicada de forma intensiva en Rusia después de la guerra civil y sistematizada en el proceso constituyente que finalizó en el año 1924. En China mediante la simbiosis del soldado y campesino y en la actualidad en Cuba al tener casi la exclusividad de la actividad de servicios. Pero hay que aclarar que el tipo de guerra que libraron los dos primeros países antes indicados estaba en concordancia con la estructura de producción y sus fuerzas armadas en la actualidad están profesionalizadas y orientadas hacia el exterior. En Cuba no es así. Ese país históricamente ha sido un satélite que ha operado en concordancia con intereses transnacionales y hacia el interior actúa como una fuerza pretoriana. Por otra parte, si volteamos la mirada hacia Occidente nos encontramos con la tendencia a la constitución de fuerzas armadas profesionales, altamente tecnificadas y en un contexto político severamente limitado. Esto nos lleva al tercer aspecto de nuestra disertación.
Las tendencias globales en el quehacer militar: militar post-heroico, profesional de seguridad y finalmente.
La crisis de Kosovo del año 1998 marcó para mí el inicio formal de una tesis que surgió en el mundo anglosajón que se ha denominado la del militar post-heroico. El iniciador de esta tesis fue Edward N. Luttwak y se le agregó después Martin van Creveld. La causa de esta tesis estuvo relacionada con la baja proclividad de los países en embarcarse en conflictos bélicos en un contexto postwestfaliano signado por: 1.-) la emergencia de otros actores políticos más allá de los Estados, 2.-) la crisis de la política como posibilitadora de la creación de espacios públicos que permitan la libertad y la trascendencia desde el individuo y 3.-) la transformación de las formas de hacer la guerra así como la reaparición de formas prewestfalianas como el resurgimiento de empresarios de seguridad.
Si examinamos estos cambios a la luz de las categorías indicadas de Perlmutter podemos afirmar la ocurrencia de unas tendencias que permiten explicar el comportamiento de los Estados y de sus cuerpos militares y específicamente la relación de lo militar y lo político desde una perspectiva postwestfaliana:
·         Desde el militar profesional: surgimiento de cuerpos militares que podemos denominar para-estatales, empresarios de seguridad o mercenarios.
·         Desde el militar pretoriano: utilización de la fuerza armada para sostener el orden político dentro de un contexto de deslegitimación del espacio político.
·         Desde el militar revolucionario: militarización de la sociedad.
Frente a estas tres tendencias los Estados se encuentran en el medio de lo westfaliano y postwestfaliano. Unos Estados mucho antes y otros en fechas recientes. Si examinamos esta realidad desde la producción nos encontramos que el militar profesional está siendo absorbido por la estructura de producción dentro de un contexto signado por cambios tecnológicos y de la estructura económica global de gran envergadura, el militar pretoriano mantiene unas relaciones de producción que pueden ser entendidas como tradicionales a la luz de los cambios antes mencionados indiferentemente de los beneficiarios. Y el militar revolucionario tiende a capturar la estructura productiva del Estado como una respuesta basada en la interpretación ideológica de la realidad.
¿Cómo se encuentra Venezuela? Nuestro país, como todos los Estados se encontraba en un punto intermedio entre lo westfaliano y postwestfaliano, pero en la actualidad se encuentra en una situación intermedia entre lo pretoriano y revolucionario dentro de un contexto postwestfaliano. ¿Qué significa eso? Que los militares, por una parte, defienden unas relaciones de producción que en nuestro caso orbitan esencialmente en torno a la producción de combustibles fósiles y en el futuro cercano otras materias primas de importancia estratégica. Estas relaciones de producción han sido de naturaleza histórica, pero hoy día están afectadas por el hecho que esta relación ha sido capturada por una organización transnacional liderada, como ya dijimos, por el Foro de São Paulo que busca destruir el orden global aun marcadamente westfaliano. Por la otra, los militares han capturado sectores productivos, de por sí atrasados, de la sociedad y el Estado venezolano en un contexto de cambios acelerados de la estructura productiva a escala global gracias a importantes desarrollos tecnológicos.
En estas circunstancias, confinar a los militares a los cuarteles es postergar un problema, al igual que eliminar las fuerzas armadas debido a que la militarización de la sociedad ha generado la aparición de cuerpos para-militares dentro de un contexto estatal signado por la no disposición de fronteras y límites seguros. El otro aspecto a considerar es que desde el inicio de esta disertación se ha hecho énfasis en la relación entre producción y defensa. A estas alturas, se puede observar con más claridad que la estructura productiva nacional focalizada en el tema petrolero nunca fue tema de seguridad nacional a pesar de que muchas individualidades alertaron sobre el problema. Cuando en el año 2002 fue capturada la industria petrolera la acción se hizo como un problema de seguridad no del Estado, sino de la supervivencia del proyecto político transnacional. A partir de ese momento se cambió la cabeza y se inició un proceso de depuración de la estructura de defensa para crear las condiciones de producir la desviación que hoy día estamos observando. Esto propiamente comenzó después del año 2005. ¿En qué consiste la desviación? La desviación se observa, como ya dijimos en la militarización de la sociedad y en la participación activa en el desarrollo nacional. Ambas persiguen la defensa del modelo de desarrollo pasando a segundo plano “la defensa militar del espacio geográfico” como lo dice también la constitución.
La militarización de la sociedad comenzó por dos vías: con la creación de un cuerpo de milicias altamente politizadas que no se corresponde con lo que hemos estado hablando, en sentido histórico, y la constitución de cuerpos combatientes paramilitares: eso aparece en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.
La participación activa en el desarrollo nacional explica la constitución de empresas militares que no se corresponden con la función específica de defensa, es decir, la creación de condiciones logísticas para hacer una defensa eficaz. La pregunta ahora es por qué se produjeron estas desviaciones. Si observamos la estructura normativa que se comenzó a instrumentar en el año 1999 se habla de la elaboración de un concepto estratégico nacional y este concepto debe ser producido por el Consejo de Defensa de la Nación y su elaboración ha sido omitida formalmente. Este es el centro de gravedad para el ejercicio de un control político de la fuerza armada nacional y para la determinación de las verdaderas necesidades de defensa.
Con ello quiero indicar que esta omisión se produjo por la histórica separación de lo ‘civil’ y lo ‘militar’ y esta separación fue aprovechada por la clase dirigente después del año 1998 para producir lo que hoy en día estamos padeciendo. Con ello se puede afirmar que la relación militar e instrucción se consolidó formalmente en el país, pero al margen de la estructura de producción. Esto nos lleva al último punto de nuestra disertación
Pensar el ser-militar en una nueva Venezuela republicana.
Para pensar en un ser-militar en una nueva Venezuela republicana se hace necesario primero definir qué país queremos. Lo que estamos observando hasta el presente es que unos aspiran a volver a la situación anterior al año 1998 en unas condiciones que podríamos decir que “mejoradas”, otros aspiran al perfeccionamiento del modelo instaurado en el año 1998 y otros aspiramos a la constitución de una república bien ordenada. ¿Por qué? Volver a la situación anterior a 1998 significa crear las condiciones de posibilidad de repetir los mismos errores que nos llevaron a esta situación. El perfeccionamiento del modelo de país instaurado en el año 1999 supone un abanico de escenarios que van de la aplicación del modelo ruso en el fraude constituyente a la repetición del modelo sandinista. Aquí me quiero detener un poco.
Me imagino que la constitución que nos van a tratar imponer ya está elaborada. Estamos hablando de un proyecto trasnacional que ha sido constante y consistente en su actuación. Me imagino que al cuerpo de milicias le van a dar un rango constitucional para iniciar el desmontaje definitivo de la fuerza armada nacional y asegurar que su fin incluya la defensa del modelo socialista como característica distintiva de un modelo totalitario. Seguir el modelo sandinista es mantener el paradigma de lo ‘civil’ y lo ‘militar’ y el uso de expresiones como “a los militares hay que volverlos a los cuarteles”. Eso sería un error catastrófico debido a que seguiríamos manteniendo una estructura pretoriana.
Ahora para pensar en una Venezuela republicana quiero introducir dos imágenes: una del pasado y otra más reciente: en el pasado Maquiavelo trató de pensar en una nueva manera de entender la política y la defensa en función de los cambios sociales que estaba viviendo la Florencia de ese entonces. Él buscó, en primer lugar, la creación de un orden político estable y duradero y, en segundo lugar, y muy estrechamente ligado al primer aspecto evitar la contratación de cuerpos mercenarios y extranjeros para la defensa de la república por ser contraproducente. De ahí su obra El Arte de la Guerra.
La otra imagen que les quiero mostrar es la de Noruega. Los noruegos fueron y creo que son amantes de la paz. Pero su ubicación estratégica, sus recursos, sus paisajes, etc., la convirtieron en un campo de batalla en el año 1940 de dos potencias extranjeras. Con esa amarga experiencia se alineó durante la Guerra Fría en la Organización del Tratado del Atlántico Norte y se ha mantenido así hasta el presente. No obstante, un autor, teniendo presente la realidad transicional de un mundo westfaliano al postwestfaliano se ha preguntado qué tipo de militar debe haber en su país. Este autor es Anders Sookermany. Él está pensando en un militar que pueda defender los intereses de su país y no pongan a sus nacionales en contradicciones que lo coloquen en un plano post-heroico y postwestfaliano.
Estas dos imágenes que les he mostrado indican que mi propuesta de  la nueva república venezolana debe apuntar a dar un salto que minimice la posibilidad de distorsiones que generen un ritornelo focalizando la nueva estructura a la defensa de la capacidad productiva y de las condiciones geográficas que la hace posible. Esto es difícil, pero después de ver una sociedad venezolana que pudo sostener efectivamente tres meses de protestas en función de una capacidad productiva disponible es posible. Ello me plantea una pregunta: ¿si los venezolanos produciendo armamentos caseros han podido resistir por qué no pueden tener otros tipos de armas como una milicia en sentido histórico? Eso amerita una sosegada discusión. Como han observado, hay que articular defensa de la capacidad productiva, producción e instrucción. Esa es mi propuesta. Pero por lo pronto hay que pensar en una transición.
La transición, en este sentido, debe considerar dos aspectos sobre los cuales esta podrá ser viable: el primero es la reducción de la separación entre lo ‘civil’ y lo ‘militar’, mediante la realización y aprobación del concepto estratégico nacional debido a que allí se tendrán que considerar hipótesis de conflicto, amenazas y cómo atender a esas contingencias. Si consideramos el tema de fronteras y límites no asegurados, guerrilla, narco-tráfico ya son bastantes los problemas a encarar. El segundo es el control de las armas para evitar la reversión de la transición.
Finalmente la pregunta que surge en el plano militar es: ¿necesitamos ayuda internacional? Si se tiene presente que el proyecto instaurado en el país es transnacional y está relacionado estrechamente con el fraudulento proceso de paz colombiano claro que sí. El problema es el tipo de ayuda. El plebiscito del 16J dan unas respuestas, pero faltan pensar otras acciones.
Si bien es cierto que a nivel discursivo se introdujo por parte del gobierno estadounidense la expresión ‘opción militar’, esta abarca un conjunto de acciones que van de la ayuda humanitaria hasta el empleo de armas nucleares. De hecho, la misma expresión ya es una acción que obliga a la consideración de mecanismos de respuesta que en un contexto de escasez resultan altamente costosos y erosivos. En la situación que estamos viviendo la ayuda debería apuntar a lo siguiente:
·         Forzar la salida de los cubanos castristas debido a que, como representantes del Foro de São Paulo, sostienen la estructura política existente.
·          Aclarar en Colombia la relación que tienen los grupos subversivos pacificados y disidentes con el negocio del narcotráfico y con el Foro de São Paulo para neutralizar las acciones desestabilizadoras del proyecto transnacional.

·         Volver a la situación de neutralización de facto que vivió el país desde el 30ENE1942 hasta 1998, con observación internacional, para evitar que sea espacio de conflicto de intereses transnacionales.